Por Juan Ramón Morales

El otro día, leyendo la prensa, me encontré con un curioso artículo que me hizo pensar que, a lo largo y ancho del mundo, se va extendiendo poco a poco, una campaña orquestada por los medios de comunicación social y respaldada por grandes intereses económicos, políticos y sociales, que busca desprestigiar la persona de Jesús, y crear alrededor de la Iglesia un manto de sospecha y una actitud de rechazo. Los católicos, que ya estamos siendo perseguidos en multitud de lugares del mundo (podríamos preguntar a los coptos) no podemos, de ninguna manera, quedarnos callados frente a este hecho que ofende nuestra fe. Todo lo contrario, es importante que tomemos conciencia de lo que está sucediendo, y que adoptemos una postura y una acción decididas, en su contra. Me refiero a la creciente aparición de libros, películas, “investigaciones”, “documentales”, conferencias, disertaciones, ahora también leyes, en los cuales se busca dar una nueva interpretación, pretendidamente histórica y científica, aunque muy pretendidamente social, a la persona de Jesús de Nazaret, y a todo lo que tiene que ver con él, entre lo último, la aparición del evangelio de Judas que, no aporta nada nuevo y que, además, es carente de toda posibilidad histórica. Una nueva interpretación que reduce significativamente su importancia, porque lo trata como un simple hombre, un “iluminado”, un hombre especial, un héroe, un súper hombre, al que le fue posible un sinfín de acciones extraordinarias, un maestro del amor y del respeto, de la tolerancia y de la paz, pero un hombre y nada más. Lo que se busca, en definitiva, no es otra cosa que socavar los cimientos de nuestra fe cristiana, que ve en él, en Jesús de Nazaret, el hijo de María, no un mero hombre, sino también, un Dios; el Hijo de Dios encarnado, hombre como nosotros, y Dios como su Padre; una verdad que aprendimos desde pequeños y que ha sido para nosotros luz y guía a lo largo de nuestra vida; una verdad que no podemos negociar ni cambiar por nada de lo que el mundo nos ofrece hoy, porque la verdad y la fe no son de ninguna manera negociables. Es sorprendente, lo fácilmente que todas estas “nuevas teorías”, van penetrando en nuestra sociedad, históricamente cristiana, pero en el fondo materialista y descreída.

 

 

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