Por África Crespo

El 11 de marzo anuncian por los medios de comunicación que a partir del día siguiente cerraban los colegios en la Comunidad de Madrid. Desde ese momento todos los grupos de profesores de WhatsApp empiezan a emitir notificaciones. Todos estamos desconcertados. Jamás pensábamos que aquello del coronavirus podía llegar tan lejos. Ya empezábamos a escuchar la ausencia de algún compañero con síntomas de la enfermedad. Queríamos tomárnoslo a broma. Tal vez para maquillar la realidad. Cuando hubo el primer familiar fallecido de algún compañero aquello ya dejaba de hacer gracia.

Acudimos varios días al centro para organizar aquella quincena en la que los niños se quedarían en casa sin acudir presencialmente al centro. Organizamos tareas de repaso, comentarios de texto, lecturas obligatorias. Todo aquello que consideramos que podrían hacer sin nosotros.

Cuando a la semana se anunció quince días más de prórroga en el estado de alarma nos dimos cuenta de que aquello podía dilatarse más en el tiempo, era muy probable que no fuésemos a volver y no queríamos que nuestros niños perdieran el curso.

Nos pusimos manos a la obra para organizar el tercer trimestre a distancia. Nunca habíamos hecho algo así. Ni profesores ni alumnos estábamos preparados para ello. Nos faltaba material. Nos faltaban conocimientos. Nos faltaban plataformas de educación online que fueran eficaces. Desde el centro se facilitaron ordenadores tanto a alumnos como profesores. Aquello se había convertido en el medio fundamental para continuar con el proceso de enseñanza y aprendizaje.

Google classroom, drive, dropbox, Jitsi meet, Google meet, Zoom, Teams… todo aquello que jamás habíamos utilizado pasaron a formar parte de nuestro día a día.

Poco a poco, pasamos del caos a la organización. Preparaba mis clases los fines de semana para que mis alumnos se pudieran organizar. Me he grabado en audio lecciones de gramática y de literatura con el fin de que les llegara de la mejor manera posible. Pensaba en actividades que pudieran resolver. Y me citaba con ellos en alguna plataforma para hacer una videoconferencia para resolver dudas.

Los profesores hemos mantenido nuestro horario de reuniones. Viéndonos desde casa dándonos ánimos y enseñándonos los unos a los otros.

Nos hemos dado cuenta de que las evaluaciones pueden ser mucho más rápidas haciéndolas por plataformas como Teams, trabajando alumno a alumno de antemano y profesor por profesor.

Los alumnos han respondido de manera asombrosa. Han sido conscientes de la importancia del profesor. De la necesidad de su figura en nuestra ausencia. Han trabajado como nunca. Han aprendido que Internet sirve para mucho más que mandar mensajes o jugar a videojuegos. Han utilizado los recursos que tenían. Alguno de mis alumnos tan solo contaba con el móvil de su madre o padre al final del día. Y han visto su esfuerzo recompensado.

Muchos me preguntan sobre el futuro de las aulas. Sobre el qué pasará en septiembre. Y, sinceramente, no creo que nadie lo sepa. Todo dependerá de la evolución de la pandemia.

De momento, creo que ha quedado claro que los niños necesitan volver al colegio, recuperar su rutina y disciplina de estudio. Y que el profesor es una figura fundamental en el desarrollo de niños y adolescentes.

Estos últimos días de curso, alguno de mis alumnos me han contado cómo han vivido esta situación:

 

Estos últimos meses escolares han sido bastantes difíciles en diferentes aspectos, uno de ellos es que algunos de nosotros nos cuesta utilizar las plataformas virtuales y esto puede frustrarnos ya que en esta ocasión nuestras notas dependen de los trabajos realizados por estas. Además, no todos tenemos los materiales adecuados, un libro de texto, folios o un ordenador. A muchos de nosotros nos ha costado mucho entender los temas y, sinceramente, no todos los profes han dado una clase virtual para ayudarnos a comprender: al contrario, solo mandaban deberes. Sin embargo, hemos desarrollamos una parte autónoma como estudiantes, hemos podido medir el tiempo de estudio dándonos los descansos que necesitábamos y organizándonos de la manera que mejor nos parecía hasta hemos desarrollado habilidades tecnológicas y hemos aprendimos a valorar lo importante que es el instituto.

A., 3º ESO IES Domenico Scarlatti (Aranjuez)

 

Este último trimestre ha sido bastante raro, pero a la vez muy interesante. Desde mi experiencia he aprendido a organizarme mejor ya que había fechas límites para entregar los trabajos. También he aprendido a utilizar mejor las plataformas digitales al igual que nuevas aplicaciones que nos ayudaban a comunicarnos de una forma más cómoda de comunicarnos con los profesores, que siempre han estado dispuestos a ayudarnos y resolvernos las dudas.

Al principio organizarse fue un poco difícil ya que era una experiencia nueva, y lo nuevo a veces da miedo. Pero poco a poco me fui acostumbrando hasta que se hizo una situación normal.

M., 3º ESO IES Domenico Scarlatti (Aranjuez)

 

 ¿Que cómo estoy? Tengo 14 años y llevo tres meses encerrada en casa. He pasado de ver a mis amigas todos los días a tener que verlas por una pantalla, de madrugar para ir al instituto, a dormirme tarde porque no estaba cansada, del ambiente ruidoso de clase y los empujones en los pasillos al terrible silencio de casa, así es cómo me siento.

Al principio, las cosas eran bastante difíciles, ya que tenía unos horarios irregulares: me sentía siempre cansada, no tenía ganas ni de hacer la cama y se me acumulaban todas las tareas que debía entregar al final de la semana, y cuando me animaba a trabajar la plataforma se caía, o el ordenador se bloqueaba, o se quedaba sin batería, o se apagaba la luz y ocurría la gran catástrofe, ¡ el wifi no iba! Y todo el mundo en casa estaba histérico, menudo drama…

Van pasando los días, y cansada de todo el desorden decidí ponerme a organizarme todas las semanas un horario, en una hoja divido las tareas por asignaturas con su fecha y hora de entrega. Los problemas surgen cuando tengo dudas, al no tener una explicación tan fluida como en clase a veces la comunicación es difícil, y me retrasaba en la organización. Además, las correcciones no eran personales, mandaban solo las soluciones y era molesto, sobretodo después de haberme esforzado toda la semana en realizarlos, y aquí estoy con los ojos rojos por pasarme todo el día frente al ordenador.

A pesar de todo, me veo más responsable a la hora de mandar correos, ahora reviso lo que escribo y soy menos impulsiva, también soy más organizada e independiente, cuando no funcionaba la impresora tuve que arreglármelas.

He tenido tiempo para reflexionar y creo que quiero estudiar magisterio, ya que ahora valoro más nuestra educación.

 

A., 3º ESO IES Domenico Scarlatti (Aranjuez)

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