Por Manuel Gallego Arroyo

Tantas veces se presentan los problemas con las raíces al aire, que uno no sabe si, al abordar el asunto de las viviendas ocupadas, medita sobre la soberbia con que el lobo humano se echa sobre la propiedad de su hermano, o es que barrunta, y aún sospecha, que en verdad existe el difícil acceso a la vivienda. No digamos ya si digna o no, porque en estos tiempos no goza Dignidad de merecida opinión. A lo mejor es que -llega a barajar con espíritu crítico- falta un incentivo de ayudas y es canija la política sobre Vivienda, de manera que, a la par del derecho de la propiedad, tampoco se garantiza uno de los derechos fundamentales, el de la vivienda digna.

Hay aquí como el pugilato de dos derechos fundamentales -y todo sea dicho, de dos actitudes políticas- que vienen a poner más pólvora en la confusión. ¡Qué le vamos a hacer si nos gusta jugar con pólvora! Da la impresión de que, en el tira y afloja, el “cambiamos, pero no”, y el “habría que hacer algo, pero es difícil”, alguien, no sabemos del todo quién, se pasa muchas veces por el forro el drama personal, ese que se materializa en si a Fulanita se le han metido en la vivienda; si Zutana no puede pagar, o de si Mengano o los Menganitos han okupado una casa, un piso, un almacén o un campo vallado. ¡Ay, víctimas y pecadores! ¿Salvaguardamos la propiedad? ¿Quitamos el techo a la familia ocupadora, al “impagador”, al grupillo okupa o al contestario antisistema? Y así, retomando el hilo del pasado número de nuestra Revista, podríamos decir: ¡qué lástima que lo viejo se caiga! Y ¡qué lástima que lo joven no tenga salideros ni cuajo! Pero más aún, ¡qué lástima da que la confusión abone los malos ejemplos! Y con esa clarividente sinceridad que es la del manojo de raíces al aire, agitado por los tiempos, preguntaría: ¿realmente lo viejo se cae? ¿Hay ocupaciones o hay asaltos? ¿Falta vivienda? ¿Existen y son plausibles las ayudas? Y, ¿es verdad que el joven desea un nido desde el que iniciar su vuelo? ¿Puede haber ocupaciones justificadas? Y en su caso, ¿quién es ese responsable que, políticamente, puede meterle mano al asunto?

En tanto, las casas se tapian y enceguecen.

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