Por Juan Ramón Morales Sánchez Migallón

El otro día, estaba viendo una película distópica (en el sentido de ser totalmente imaginaria y, además, centrada en lo que puede llamarse un escenario malo) y, en ella, un visionario imaginaba una pandemia y la explicaba diciendo que la humanidad era su propio cáncer, pero que la propia humanidad era la sanación del mismo. Enseguida centró mi atención, por dos cosas; una, que el tema pandemia es de una absoluta actualidad y de otra, que siempre he mantenido que el ser humano es el principal depredador del ser humano.

A lo largo de estos casi tres meses de confinamiento todos hemos tenido la tentación de pensar si habrá un antes y un después cuando esto termine y yo creo que, de momento la cosa no está por terminar ya que hemos levantado las barreras antes de tiempo y mucha gente aún no estábamos concienciados de la gravedad de la situación, por lo que lo que tenemos que hacer es aprender a convivir con este virus, que no sólo no se ha ido, sino que ha venido para quedarse.

Sin haber pasado cinco meses y con más de 7.000.000 de casos confirmados y más de 400.000 muertos yo estoy convencido de que sí tiene que haber un antes y un después de la declaración de la pandemia, debemos empezar por crear conciencia sobre la prevención de la enfermedad, así como evitar la alarma social, aunque sin olvidar las más importantes normas de seguridad.

Me gustaría traer aquí, ahora, algunas frases de San Juan Pablo II relacionadas con la enfermedad, que él sufrió en primera persona:

  1. Abrir las puertas a Cristo: ¡No tengáis miedo de acoger a Cristo y de aceptar su potestad! ¡Ayudad al Papa y a todos los que quieren servir a Cristo y, con la potestad de Cristo, servir al hombre y a la humanidad entera! ¡No temáis!
  2. La fuerza del amor: En esta dimensión el hombre vuelve a encontrar la grandeza, la dignidad y el valor propios de su humanidad.
  3. La fuerza de la debilidad: Que viene a significar que las debilidades de todos los sufrimientos humanos pueden ser penetrados por la misma fuerza de Dios, que se ha manifestado en la cruz de Cristo.
  4. Esperanza frente al miedo: Esperanza y confianza son la premisa de una actuación responsable y tienen su apoyo en el íntimo santuario de la conciencia, donde el hombre está solo con Dios, y por eso mismo intuye que ¡no está solo entre los enigmas de la existencia, porque está acompañado por el amor del Creador!

Es imprescindible que reavivemos la fe y miremos lo que está pasando con ojos nuevos.  Parece que habría que preguntarse por qué Dios está callado, ¿Cuál es la causa por la que permite lo que está ocurriendo? ¿Es un castigo de Dios como algunos parecen atreverse a decir? ¿Debemos pedir un milagro? Para mí estamos ante un misterio que nos hace creer y confiar en que Dios es todo bondad y misericordia y confiamos en Jesús que vino y viene a darnos en abundancia y a compadecerse de los que sufren. Él no nos resuelve el problema del mal y del sufrimiento, pero a través de sus heridas de crucificado y sobre todo de resucitado nos abre al horizonte nuevo de su pasión, muerte y resurrección y al real paso de la muerte a la vida.

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