Por Rafael García Alcázar

   Fue en el año 2016 cuando mi mujer Marta y yo, adquirimos la casa solariega de la familia Oliva Moraleda y sus descendientes Fernández Pacheco Oliva, construida o reconstruida con mucha probabilidad en el año 1885, pues así figura esta fecha en los herrajes del portón de entrada de la casa.

La compra surgió sin un interés previo, quizás en el contexto de tener una nueva motivación e ilusión en nuestra vida. Aparte, éramos amantes de nuestro casco histórico de Manzanares, y con ello creíamos que contribuíamos a evitar que se perdiera otro elemento más de él.

Nos encanta la restauración, teníamos la experiencia previa de la construcción de nuestra vivienda actual, y sabíamos que era una carrera de fondo, que, sin prisas, podríamos disfrutar mucho de ello.

La casa incluida en el Catálogo de bienes protegidos del Plan de ordenación Municipal de Manzanares con nivel de protección parcial, y como tal, sujeta a cualquier intervención sobre ella, estaba en un estado deplorable, pero dejaba entrever su belleza y esplendor que tiempo atrás debió de tener, y por ello nos animaba a su restauración. En primer lugar, requería de una actuación urgente, pues debido al mal estado en el que se encontraba, ésta no terminara en ruina. Se acometieron reforma del tejado con elementos constructivos innovadores como el panel sándwich, respetando sus tejas antiguas, y se reforzaron tapiales y cimentación, todo bajo la dirección técnica del arquitecto Diego Gallego y llevada a cabo por Construcciones Maresve de Manzanares con sus permisos correspondientes del Ayuntamiento y Patrimonio. He de decir que contamos como ayuda con la bonificación del 90% en la licencia de obras.

Ya en la actualidad estamos inmersos en el proyecto de rehabilitación de la planta baja del edificio y de la fachada con la misma dirección técnica y empresa constructora. Nuestra idea, es dedicarla a un espacio museístico en el que se dé cabida a una colección particular mía de figuras de plomo con un recorrido por toda la Historia Universal con toda su ambientación, y que pueda ser atractiva para el turismo de Manzanares. Este proceso es largo, requiere de permisos, proyectos de obra, electricidad, climatización, con todas sus normativas, también de accesibilidad y sobre todo normativa contraincendios que es la que más quebraderos de cabeza nos ha llevado para poder ajustar el espacio expositivo a lo que se nos exigía.

A pesar de las dificultades, es muy gratificante el ir poco a poco restaurando la casa, descubriendo elementos que estaban ocultos, suelos de baldosa hidráulica que son una preciosidad, un patio manchego con sus columnas similar a otras casas solariegas de Manzanares dignas de visitar, una cueva que en tiempos estaría repleta de tinajas de vino con mucho encanto, unas rejas de forja antigua por toda la casa, etc, y otros elementos que se perdieron y que nos vemos en la necesidad de conseguir en anticuarios donde fueron rescatados de otras casas que tuvieron un triste final. Ésta es en definitiva nuestra pequeña aportación a la rehabilitación del casco antiguo de Manzanares.

 

 

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