Jesús Sánchez Migallón Sánchez Gil

Les voy a contar resumidamente el guion de una película que pudo ser realidad y no lo fue. Todos ustedes están al corriente de lo sucedido durante el inicio de la pandemia de coronavirus. Una propagación desmesurada de la enfermedad, con alta mortalidad entre adultos jóvenes y muy alta entre ancianos y altísima tasa de contagio entre sanitarios. Este último dato, llego a crear situaciones extremas en algunos hospitales de la Comunidad Catalana o del País Vasco donde casi todo el personal de Urgencias cayó enfermo, o algún Centro de salud de una población cercana que tuvo que ser cerrado. Médicos de todas las especialidades se reconvirtieron temporalmente para atender a pacientes de coronavirus. El resto de consultas y especialidades, quedaron suspendidas, con el riesgo potencial de agravamiento de otras patologías.

 Súmenle a ello las imágenes que se vieron por televisión, de hospitales totalmente desbordados con pacientes tumbados en el suelo de los Servicios de Urgencias pendientes de ser atendidos, sin ninguna medida de aislamiento y protección, e intenten poner en su mente, imágenes no vistas, de decenas de ancianos fallecidos en muchas residencias, algunos de ellos sin poder ser retirados  por falta de recursos , las unidades militares trasportando cadáveres a recintos sociales de la comunidad de Madrid, convertidos en morgues improvisadas. Las actividades comerciales paralizadas.

Bien, pues hasta aquí, todo realidad, triste, dura y cruda realidad de la primera batalla ganada al coronavirus

Imagínense por un momento, y aquí podría empezar el guion de la película, que lo sucedido en lo que hemos llamado la guerra contra el coronavirus, la primera batalla la hubiera ganado él, y hubiera dado un paso más en su lucha contra la humanidad…

En ese caso, lo anteriormente descrito hubiera llegado a una situación trágica, cientos de miles, quizás millones de afectados, sanitarios enfermados, y los que no, al borde del agotamiento, imposibilidad de atender a más pacientes en los Hospitales por colapso, recursos materiales y medicamentosos agotados, pacientes en las calles esperando a ser atendidos, miles de enfermos falleciendo en su domicilio o en residencias, políticos también enfermos, colapso de funerarias, morgues y cementerios, con el consiguiente peligro de salud añadido, y una economía totalmente hundida con paralización del todo el sistema productivo, con escasez de productos básicos.

No olviden que el enemigo era totalmente desconocido (ahora muy poco menos), con síntomas nuevos y complicaciones tardías no conocidas, que vamos descubriendo (y las que nos queden por ver)

Que, para ser más complicado aún, el paciente puede contagiar desde varios días antes de darle síntomas. En este punto es imposible controlar la trasmisión a otras personas.

Y con unos tratamientos, hay que reconocerlo, inexistentes. Es un virus, y como tal, no hay tratamiento específico, más allá de analgésicos para combatir los síntomas leves.

Y para los más graves, con neumonía, se han tratado con azitromicina (un antibiótico empleado para infecciones respiratorias) o la cloroquina (antiparasitario empleado en la malaria) o Kaletra (antivirales utilizados en los pacientes con SIDA), todos ellos con contraindicaciones y efectos secundarios que han hecho suspender algunos tratamientos. Corticoides (al inicio estaban contraindicados), heparina.  Resumiendo, ningún arma eficaz, ningún tratamiento específico más allá del sintomático, el oxígeno y los respiradores. Créanme que es desalentador tratar a pacientes tan graves, sin ningún arma o tratamiento efectivo para combatir el virus.

¿Con esos antecedentes, no creen que el guion de la película se pudo escribir? No deseo que dentro de 100 años alguien desarrolle esa película (como ocurrió con el Titanic “el barco que ni Dios podría hundir”) representando la mayor catástrofe mundial de los últimos siglos.

Y si ese guion se escribiera, como final, pondría la escena en la que un médico, en el Servicio de Urgencias, vestido con su equipo de protección, es reconocido por un paciente joven, que se va de alta. Le mira a los ojos, que es lo único que se le ve, y le dice: Muchas gracias, usted me ingreso muy grave, con neumonía doble y me voy muy bien.

Solo por ello ha merecido la pena ser actor secundario de esa película de…. ficción?

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