Por Pablo Nieto Sandoval

Estando en misa, hace unos domingos, el sacerdote indicó que a los católicos nos identifican por ir a contracorriente de lo que dicta la sociedad: “por estar en contra del aborto, por estar en contra de la eutanasia, por estar en contra de la ideología de género…”. Estas palabras, que cada cual podrá juzgar como considere, me dieron que pensar: ¿de verdad nos conocen por esto?

¿De verdad nos conocen por ir a contracorriente?

Pensando en casa, me di cuenta de que sí, de que nos conocen por esto. Aunque la mayoría de los medios de comunicación parecen publicar solo o especialmente noticias en las que la Iglesia Católica sale socialmente criticada, no es menos cierto que esta, o más en concreto su cúpula, prácticamente solo sale a la calle a protestar por cuestiones relativas al matrimonio homosexual, al aborto, a la eutanasia, a la transexualidad, etc, o a hacer declaraciones públicas sobre estos temas. Un ejemplo: hace un par de meses vivimos la tragedia de ver entrar en Ceuta a miles y miles de personas que huían de la guerra, de la miseria, del hambre, etc. Ante los incumplimientos gubernamentales de las resoluciones de la ONU en materia de derechos humanos, pocos alzaron la voz recordando aquello de “tuve hambre y me disteis de comer, fui emigrante y me acogisteis”, que encontramos en el Evangelio de Mateo. Un solo gesto, una rueda de prensa, un comunicado oficial, una carta… hubiera cambiado muchas cosas. Sin embargo, nada de eso se produjo: la cúpula eclesial calló mientras los migrantes eran deportados ilícitamente. Ello contrasta con la visibilidad obtenida durante la aprobación de la ley de la eutanasia: vimos multitud de cartas en el dominical de nuestro obispo, peticiones de manifestación de la Conferencia episcopal, reportajes, etc. Otro ejemplo: hace ya algunos años, cuando me confirmé, a nuestra generación se nos dio una charla sobre los peligros de cometer los pecados de que hablan el 6.º y el 9.º mandamientos. No se nos dio ninguna sobre la caridad, la fe, la tolerancia, el amor, la misericordia, la bondad, etc.

¿Por qué no hablamos de todo lo importante? ¿Por qué no hablamos de la tragedia migratoria, de la pobreza, de la injusticia, de la violencia, de la tensión, de la intolerancia…? Curioso: en eso es en lo que se centra el papa Francisco. Le he oído hablar del aborto y la eutanasia como fracasos, pero no está constantemente machacando con esas cuestiones. Al contrario, su predicamento se fundamenta en la justicia, la bondad, el cuidado del planeta, la pobreza, etc. Quizás la Iglesia (como comunidad) debe seguir sus pasos y ampliar el horizonte de lo importante. Quizás así, a no mucho tardar, a los católicos se nos identifique por ser “aquellos que acogen a los inmigrantes, aquellos que luchan por la igualdad de los pueblos, aquellos que no aceptan la injusticia de Oriente Próximo”, etc. A lo mejor esta iglesia es un mejor reflejo de lo que quiere el Papa y de lo que buscaba Jesús.

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