Por Pedro Villarroel

Esta historia comienza a finales del Siglo XV, cuando a instancias del Concejo del Lugar de Manzanares, y con la anuencia de la Orden Calatrava y el Arzobispado de Toledo, cristaliza la idea de transladar la primitiva Iglesia Parroquial de la Plaza del Castillo, a la nueva Plaza Mayor que se estaba diseñando al otro extremo de la calle del Carmen.

El proyectado traslado, y el que esta nueva Iglesia parroquial quedaría consagrada bajo la advocación de la patrona, Virgen de la Altagracia, fue percibido por la mayoría de los cofrades que formaban su Hermandad, herederos de los fundadores calatravos del Lugar, como una gran amenaza al control que ostentaban sobre el culto a la Virgen de Gracia, algo que tenían asegurado hasta entonces, casi en exclusiva, en la pequeña y primitiva parroquial de la Calle del Carmen… Estos hidalgos calatravos locales, encuadrados en la poderosa “Cofradía de la Santa María Virgen de Gracia”, enseguida mostraron desacuerdos con el Concejo e, incluso, con sus superiores de la Orden Calatrava y el Arzobispado de Toledo, acerca de la patrimonialidad de la imagen de la Virgen María de Gracia,, manifestando su negativa a que dicha imagen entronizase el nuevo Templo.. Esas discrepancias, quedaron plasmadas en informes de los “visitadores” de la Orden Calatrava, escritos de los Cofrades y legajos del Concejo…motivando, al final del Siglo XV, que la “Cofradía de la Santa María Virgen de Gracia” decidiese construir una Ermita al norte del Lugar de Manzanares, en el camino de Toledo, para llevar allí la imagen dorada original de la Virgen de Gracia… Y todos estos hechos, explican bien los vericuetos que se sucedieron en los primeros veinte años del siglo XVI, hasta que se terminó la Parroquial de la Plaza Mayor…Sabemos que un personaje principal del Lugar en ese tiempo, Fray Martín Sánchez Manzanares, noble e insigne paisano, y párroco de Manzanares, se posicionó del lado del Concejo y de la Orden Calatrava, en el proyecto de transición parroquial de la iglesia vieja a la nueva…pero, por no establecer más disenso con la mayoría de cofrades de la Hermandad de la Virgen de Gracia, que estaban en contra, Fray Martín decidió que, en la solemne procesión de traslado de la primitiva parroquial de la Plaza del Castillo, a la recién terminada de la Plaza Mayor, celebrada en 1520, solo pasease por la calle del Carmen, el Santísimo Sacramento, dejando a la Virgen de Gracia en la primitiva iglesia.. Por lo mismo, intercedió para que las obras de la nueva Parroquial concluyesen cuanto antes.. y, en esa línea de conciliación, encargó y trajo, personalmente, de Alcala de Henares, en 1521, una bella imagen goda de la Virgen de Gracia para entronizar la nueva Parroquial… y que, así, la imagen original permaneciese en la Iglesia primitiva, hasta que estuviera terminada la Ermita que la Hermandad construía al norte de Manzanares..

Algunos, han especulado con el significado, en esta historia transicional, de una pequeña iglesia, descubierta en el interior de una casa particular de la calle de la Iglesia, y de cuya existencia y características hemos sabido por la investigación de nuestro insigne paisano Jerónimo Lozano García-Pozuelo. Es posible que “ejerciese de templo parroquial adjunto” mientras se construía la cercana gran parroquial de la Plaza… Según Don Jerónimo, esa pequeña iglesia fue la que dio nombre a la calle, y no la nueva parroquial…y, quizá, pudo contener en su pequeño altar, durante un tiempo no precisado, la primitiva Virgen de Gracia, hasta que fuese transladada a la nueva Ermita de la Virgen de Gracia.. aunque esto, a la vista de lo que hemos narrado con anterioridad, parece menos probable.

Asi las cosas, se inaugura, al comienzo del tercer decenio del Siglo XVI, la nueva gran parroquial de Manzanares… que deslumbró a todos, con su altar mayor entronizado por la ya mencionada bella imagen goda de la Virgen de Gracia, y con ornamentos no vistos hasta entonces en ningún Templo de Manzanares…

Esa Iglesia era mucho más baja que la que podemos ver ahora, ya que, aunque disponía de una pequeña y bonita torre con su campanario, no tenía nada que ver con la bellísima y esbelta aguja actual. Tampoco existía entonces el magnífico frontispicio que hoy todo el mundo admira, y su crucero era mucho más bajo y pequeño…La nave, también era más estrecha, carecía de las arcadas que hoy la rodean, y no estaban construidas las capillas laterales, que las nobles familias de la villa añadieron en años posteriores del siglo XVI… Es decir, lo mejor de nuestra magnífica Catedral estaba por llegar; pues aún no había incidido en su historia particular, un genial arquitecto almagreño, Enrique Egas, apodado “el mozo”, que engrandeció física y artísticamente el templo hasta límites inimaginables.

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