Por Miguel Ángel Maeso Buenasmañanas

La improvisación de las autoridades autonómicas en los primeros días de la pandemia no auguraba nada bueno para la finalización del curso académico. Recordemos que el día 12 de marzo por la mañana el presidente autonómico reprochó duramente al rector de la Universidad de Castilla-La Mancha que hubiera suspendido las clases. Su análisis sobre la complicada situación que se avecinaba no pudo ser más erróneo y simplista. Reducía la decisión de suspender las clases a una simple motivación de los profesores para tener “15 días de vacaciones” extra. Ese mismo día por la tarde, tras hacerse públicas las nuevas y restrictivas recomendaciones del gobierno de España, Emiliano García Page rectificó totalmente la posición que había mantenido por la mañana, ordenando el cierre de los colegios para el día siguiente.

Estas decisiones tan poco meditadas de la Junta provocaron que los docentes, sin apenas directrices por parte de la Consejería de Educación, tuvieran que improvisar en pocas horas como poner en marcha la educación online en cientos de colegios e institutos. En esos momentos, la calidad de la educación dependió, más que nunca, del compromiso de los docentes y, también, de sus conocimientos sobre las nuevas tecnologías. No es de extrañar, por tanto, que las familias tuviéramos que enfrentarnos en pocos días a una multitud de plataformas educativas y herramientas de videoconferencia (Meet, Teams, Zoom, Skype, Forms, Papas, Aula Virtual…) elegidas por cada profesor según sus conocimientos y experiencia previa.

No fueron estas las únicas dificultadas que tuvieron que afrontar las familias: conseguir equipamiento informático para los hijos y los padres con teletrabajo, encontrar un rincón en la casa para trabajar, ayudar aún más a los hijos con sus tareas, generar nuevas rutinas, etc. Los más pequeños, para los que el colegio supone más un juego o divertimento que una obligación, sufrieron especialmente la falta de contacto con sus compañeros y maestros. A esto habría que añadir que las declaraciones de la ministra de Educación, exigiendo prácticamente un aprobado general, devaluaron ante los alumnos la importancia del último trimestre escolar.

A pesar de estos inicios tan complicados, muchos docentes han conseguido gracias a su esfuerzo y dedicación avanzar con las materias y mantener la motivación de los alumnos. Es por ello que, desde una perspectiva más personal, quisiera agradecer públicamente el compromiso que han demostrado los profesores y maestros del colegio Santo Tomás de Ciudad Real, en el que estudian mis hijas.

Llegados a este punto, sólo queda esperar que el próximo curso pueda desarrollarse con normalidad y que, en caso contrario, las autoridades educativas sean, esta vez sí, lo suficientemente previsoras como para tomar medidas que permitan paliar las dificultades que pudieran surgir. Mientras escribo estas líneas, los bandazos y cambios de opinión de la ministra de Educación y los desencuentros entre las diferentes administraciones con competencias educativas en nuestro poco eficiente estado autonómico, vuelven a arrojar sombras y dudas sobre el nuevo curso académico. Esperemos que estos problemas puedan ser solventados, una vez más, gracias al esfuerzo de los docentes, alumnos y padres.

 

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