Por Pedro Villarroel

El mítico encuentro del general francés Sebastiani con Nuestro Padre Jesús del Perdón, el pueblo de Manzanares y Frey Sotomayor en el cerro de la Agonía,  el 31 de Marzo de 1809, viernes santo, no quedó plasmado en ningún documento oficial, pero muchos apuntes de tradición oral y el testimonio del fajín del general francés Sebastiani, avalan su veracidad. Para entender la falta de documentación de un hecho tan significativo en la historia de Manzanares, analizo en el artículo las circunstancias que condicionaron, a mi juicio, esa carencia, explicándola en gran medida. Todo empezó unos meses antes, el día 6 de junio de 1808, en que se inició la rebelión manchega contra los invasores franceses en Santa Cruz de Mudela, Valdepeñas y Manzanares. En nuestro pueblo, una gran multitud, concentrada en la Plaza, tuvo conocimiento de la batalla que se libraba en Valdepeñas , decidiendo acudir en su auxilio… y, alguien, pensó asaltar el hospital de sangre que los franceses habían instalado en el convento de Carmelitas, para conseguir armas. Al acercarse esa masa exaltada al convento, y advertir la guarnición gala sus intenciones, dispararon al aire, pero solo consiguieron enfurecer más a esos campesinos, que, armados de horcas y cuchillos, derribaron las puertas e iniciaron una orgía de violencia con los enfermos y heridos del hospital. Afortunadamente, una gran parte del clero de Manzanares, probablemente a instancias del Párroco Sotomayor, se personó allí enseguida, interponiéndose, en el nombre de Dios, y con gran riesgo personal, entre asaltantes y asaltados…y, según las apreciaciones más solventes, minimizaron las consecuencias a doce muertes francesas, evitando una masacre, ya que había en el hospital unos 200 heridos o enfermos.. La madrugada del día siguiente, maltrechos y agotados, volvieron a Manzanares los supervivientes galos de la batalla de Valdepeñas, encontrándose las trágicas consecuencias del asalto. La gente del pueblo se temió la peor de las venganzas, sin pararse a pensar que el gran párroco de su pueblo y también líder político de Manzanares por entonces, Frey Sotomayor, iba a transformar esa probable venganza en un seguro de vida para sus feligreses durante el resto de la guerra.  El general Liger Belair, máxima autoridad militar francesa de La Mancha en aquel momento, y también jefe de la tropa gala que había librado la batalla de Valdepeñas, se dio de bruces con el resultado del asalto a su hospital  y, según lo hacía, recibió la visita de Sotomayor… quien le pidió clemencia para su pueblo, argumentando la actuación de su clero en defensa de la vida de los enfermos. Los supervivientes franceses del asalto, ratificaron la versión de Sotomayor, y Liger Belair, quizá valorando la debilidad en que se encontraban sus tropas, se mostró magnánimo y proclive a un pacto mutuo de no agresión. No habría venganzas, a cambio que nuestro párroco aleccionase a su feligresía para evitar nuevas o futuras agresiones a las tropas francesas asentadas en Manzanares. Sotomayor se comprometió a ello y, durante la semana siguiente, mantuvo contactos diarios con Liger Belair, ganándose su confianza… Liger Belair llegó a escribir en sus informes de aquella decisiva semana, lo siguiente: “….los eclesiásticos se conducen bien y en Manzanares su conducta ha estado por encima de todo elogio”. Naturalmente, nada de este pacto quedo escrito, pues, aunque convenía a ambas partes, en el contexto de la guerra, ni la autoridad francesa ni la española lo hubieran admitido: por lo que Liger Belair y Sotomayor se juramentaron en silenciarlo mientras durase el conflicto. Eso explica, a mi modo de ver, que no se registrase en ningún escrito. Tanto Sotomayor como Liger Belair, cumplieron bien su parte del pacto, hasta la derrota francesa en Bailen….Luego, meses después, se dio la circunstancia que Liger Belair formaba parte del ejercito del general Sebastiani, cuando éste conquistó Manzanares a finales de Marzo de 1809. Es más que probable que Liger Belair informase a Sebastiani de su acuerdo secreto con Sotomayor; y, por lo que veremos, a Sebastiani, diplomático y profundamente católico, le interesó mantenerlo, e incluso escenificarlo, a la vez que se mostraba, ante los ojos de Napoleón, como el conquistador del símbolo de resistencia manchega en que se había convertido Manzanares, al final de 1808.. Se sabe por sus partes diarios que Sebastiani estaría en Manzanares, precisamente ese viernes santo, para protagonizar esa doble escenificación, en un acto, casi seguro, previsto en la Parroquia, aprovechando que Nuestro Padre Jesús del Perdón estaba allí para la procesión del día. El pacto secreto de mutuo perdón y no agresión, quedaría muy bien “oculto” en la intimidad de un acto de Iglesia.. Pero, al alba de ese día, Sebastiani fue avisado de un inminente ataque a Ciudad Real, por lo que decidió ir a defenderla, sin entrar a Manzanares. El jefe de la tropa gala del pueblo, debió advertir a Sotomayor del cambio de planes, y dado que Sebastiani habría de seguir el Camino de Andalucía, para llegar al de Ciudad Real, en las afueras de Manzanares, próximo al cerro de la Agonía, Sotomayor pensó hacer el acto allí, yendo a la ermita con su pueblo. Tuvo que ser algo así, pues de no enterarse Sotomayor del cambio de plan, no hubiera existido el encuentro.. y, además, D. Pedro, nuestro párroco, nunca jamás habría arriesgado a sus feligreses, interponiéndolos en el camino de los galos, sin estar seguro que no correrían peligro, or ese pacto previo.. Sotomayor, a primera hora de ese viernes santo, convocó al pueblo en la Plaza, y organizó la procesión que salió al encuentro del ejército galo.. Al llegar al cerro las tropas de Sebastiani, ya estaban esperándole Nuestro Padre Jesús del Perdón, Sotomayor y el pueblo de Manzanares… y al encontrarse con Sebastiani, este, ya advertido por una avanzadilla de la tropa local del pueblo, vio con buenos ojos hacer un breve acto en esa Ermita, para sustituir al inicialmente previsto. De modo que Sotomayor y Sebastiani, tras saludarse, se arrodillaron ante Nuestro Padre Jesús del Perdón, rogándole les perdonase las mutuas ofensas. Sebastiani se quitó su verde fajín de seda y lo anudó a la cintura de la imagen. El fajín, quedó guardado en la Ermita de la Veracruz, como único testigo, mudo y ágrafo, del mítico encuentro. Los galos, partieron sin vengarse de la masacre del hospital, lo que se atribuyó por el pueblo a Nuestro Padre Jesús del Perdón, y fue determinante para que alcanzase el Patronazgo de Manzanares.

 

 

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