Por Ramón Morales Sánchez Migallón

La pandemia que estamos sufriendo ha llegado a detener nuestro “reloj vital”, en ocasiones de forma irremediable (los que se fueron) y en la mayoría de los casos de manera que nos hemos ido adaptando a las circunstancias o quizás lo que hayamos adaptado han sido ciertas circunstancias; hemos retrasado bodas por un año, se ha alterado la celebración de las Primeras Comuniones, y seguro que habrá muchos casos que ahora se me pasan, pero que, quizás, tampoco vienen a lo que os voy a contar. Con motivo de las citadas Comuniones, muchos padres y abuelos se inclinan por un muy recurrido regalo, el ordenador, para muchos de ellos su primer ordenador; quizás se haga sin saber que estamos dejando en manos de unos jóvenes (niños todavía) un arma delicada de utilizar, sí, antes les debemos enseñar a utilizarlo ya que por Internet circula de todo, desde verdaderos estudios científicos y tesis doctorales (de las de verdad) hasta la más inmunda de la basura que nos podamos imaginar. Hace un poco tiempo me di de bruces con un documental, que me pareció tan impecable y tan hermoso que me hizo sospechar ya que, reconozco que era una historia para mí desconocida tal como se contaba, se trata de “Las trece rosas”. Estuve una gran parte de la mañana buscando datos y contrastando algunas cosas que iban apareciendo y que no eran tan bonitas. Al final de la mañana, hubiera sido capaz de escribir el guion del documental en el sentido totalmente opuesto. Yo, que ya he visto pasar por delante de mí, la mayor parte de mi vida, me encuentro en ese dilema. Por lo que, desde aquí, quiero aconsejar a los padres que intentéis por todos los medios enseñarles a que aprendan a contrastar la información, a que no tengan mesura en descartar todo aquello que se encuentren y descubran que no es verdad, y sobre todo a que tengan la confianza de preguntar, cuando no sean capaces, para poder salir de dudas.

Yo les recomendaría que nada pongan en las redes sociales de lo que después puedan arrepentirse. Que se acostumbren a no aseverar de forma vehemente algo de lo que no estén totalmente ciertos, ya dice el refrán “de lo que no veas ni la mitad creas”, que nadie pueda decirle embusteros y mucho menos propagadores de infundios, que es ésta una palabreja un tanto rimbombante que, llama mucho la atención de quien la pronuncia y hace daño a quien la escucha.

Yo salgo a diario por las redes a cinco cosas, siempre las mismas: 1) Coloco una efeméride que suele estar vinculada a la Historia de España. 2) Pongo alguna curiosidad que resulte interesante de saber. 3) Una frase de algún personaje famoso o alguna reflexión propia y que pretende romper la frialdad de la red intentando y que el lector haga sus propias interpretaciones. 4) Cada día pongo algún enlace musical y 5) Estoy intentando dar a conocer a multitud de poetas en lengua castellana, la mayoría de ellos desconocidos. Pues esto, que se explica en unas líneas, lleva más de una hora prepararlo y contrastarlo, sobre todo contrastarlo.

Por esto quiero hacer una llamada al comedimiento con respecto al tiempo que se dedica a las redes, en el sentido de que es un tiempo que le quitas a otros menesteres, con seguridad mucho más interesantes.

 

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