Por Manuel Rodríguez Mazarro

En el pleno ordinario de septiembre 2018, ocasionó debate las incongruencias de juntas y pegas que, por los alrededores, lugar denominado trasero Plaza del Gran Teatro y Juzgados se solían ver amantes de tertulia con “Don Simón” o “Gran Duque” y algún que otro tetrabrik con “abrefácil”. Presencié uno de estos descorches, sorpresa.

El abrefácil, según la frase indicativa con flecha incorporada es fácil de abrir, resultó no ser de tal efecto, cada oponente echaba mano al tetrabrik con carátula de caserío de viñedos, y el pequeño orificio no había manera de producir el desprecinto. Cada cual pronunciaba su frase, alguna de ellas fue: –“Este invento lo hicieron los científicos para alterar nuestras vidas”. Un señor con barbas de semana larga, comentó: “Con estos problemas de mascarilla han venido a ruinar las viejas normas de beber a morro”.

En el aposento “banco”, escuchaba la voz del parlamento plaza Gran Teatro, el más sensato agarró el envase de cartón y dijo: –“Cada vez nos lo están poniendo más difícil a los amantes a la naturaleza y a las plantas, sino destapo este aparato, habrá que emplear el compresor”. Un rato siguieron dándole vueltas al tetrabrik, sin ver el truquillo.

Llegó el “mellica”, trefe de garrón, garrota con borlas de cortina, conocido en la tertulia por el “prudente”. ¿Qué pasa? –¡nada, que no le damos en el “chís” a este asunto del “abrefácil” de las narices!– “cada vez más pegas por todo, van a hacer que no bebamos”.

El tal “prudente” agarro a Don Simón, le entró un bolígrafo en tal orificio y salió la anilla hacer puñetas. Toda la audiencia aplaudió aquél final feliz, compartiendo el interior del recipiente. Al fin el invento se dio por vencido gracias a la sabiduría del mellica “prudente”.

El resumen de aquella odisea viene a cuento en los actuales momentos que atravesamos del virus y pandemia “covic-19”, fugas eméritas, protagonistas que su mayor problema era poner en práctica el “abrefácil”. Añoranza de aquel pleno, en que se discutió para tomar medidas contra el consumo de “Don Simón” o “Gran Duque” en la Plaza del Gran Teatro y el deterioro que originaban higiénicamente y también hay que incluir los partidos de fútbol de joven edad que se organizan impidiendo el paso del transeúnte y algún balonazo imprevisto.

Colectivo que allí se reunía “marca España”, ambiente de esta plaza que actualmente se ha quedado viuda, se disfruta sin incomodidades y desgraciadamente ha tenido que venir la “corona-19” para dar solución sin crispaciones. No hay mal que por bien no venga.

 

 

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