Manuel Rodríguez Mazarro

Un día de esos del carnaval pasado, porque después de los de febrero hay otros muchos durante el año, más jugosos y simpáticos, solo con observarnos ya surge el divertimiento, según el humor de cada cual, me surgió tal comentario para “historias de vida”.

Tengo presente una frase de Miguel de Cervantes, que dice: –“La creación es la obra del Todopoderoso” y aquí quedó plasmada con toda amplitud del hecho, la vida terrenal (planeta azul), incluí-dos los cuernos. En fin, complicado y mi cultura no es capaz de asimilar aquellas trenzas y mucho menos los líos mitológicos de los dinosaurios y el bióxido de carbono y los efectos invernadero. En la otra vida o reencarnación, según cada cual, se estilen otras cosas. Hoy, cuernos que no ves, corazón que no siente.

Desde entonces han existí-dos los cuernos, racional o irracional. Los hay de impacto, gran poderío, fuerte arbolado, majestuosos, presumí-dos, somnolientos, mitológicos, dulces, gran testuz, decaí-dos, disciplina-dos, alegres, políticos, meritorios,…

Interesante fue aquello del “becerro de oro”, en tiempos del Éxodo, la idolatría, la que se formaría en el campamento de Aarón adorando al gran macho de oro. Cuando llegó Moisés y vio el desmadre del “pecado”, prende en cólera, rompe las tablas de la ley que le habían entregado. Aquello…me pregunto ¿por qué tenía que ser un becerro?   

Y dicen que el último que se entera es el/la que los lleva puesto, estos días carnaval-eros fueron idóneos, propicios para ponerse mutuamente este disfraz de adornos mentales, obsequio de la misma naturaleza. Asunto delicado, en los tiempos actuales parece más pasadero la infidelidad entre parejas, hoy tenemos más medios de camuflaje y contactos moviliza-dos.

Hubo años en Manzanares que se prohibieron los carnavales, década de 1950. No por asuntos políticos ni tampoco religiosos, se trataba del problema, el intercambio corporal de ejercer las apetencias mutuas, días de –“oler a cuerno quemado”. Como dicen que en carnaval todo pasa…

Llegaban los días de las carnestolendas y el marido se disfrazaba dando rienda suelta a su libertad. La esposa aquello no se le “despintaba”, actuaba con prudencia, ocultaba sus facciones y acudía al lugar donde sabía que se encontraba el conyugue. La mujer pícara ella, daba facilidades, sobrepasada en momentos de intimidad, llegando al punto álgido y el varón se encontró con que la persona con la que había ligado, era su propia esposa. Podía ocurrir lo impensable entre los dos. Tema que nuestros abuelos pueden narrar páginas.  

La infidelidad ha ocurrido siempre. Antes, corrían las noticias como la pólvora. Comenzaban en la misa del alba, continuaba en el mercado de la plaza, los cuchicheos del pueblo se desbordaban y ampliaban. ¡Fulano se ha visto con la fulana!, – se la encontró con el marido de la vecina o viceversa. Habladurías de peluquería o taberna terminaban con la frase: -¡Va!, líos de faldas y cuernos”.

En Manzanares, durante los carnavales hubo uno de estos salones de baile, refugio de amor libre que denominaban de la “puñalá”. Raro era el día, en estos finales de fiesta que, no ocurriera algún percance de dis-putas y líos. Actualmente se le llama “violencia de género y no deja rastro en factura”. Según se mire la curiosa definición, me refiero al “género” y al “rastro”.

 “Tras de cornudo apaleado”, para que veamos que ya en el siglo XVI los había de gran poderío, Giovanni Boccaccio lo personalizó en uno de sus cuentos. La señora se la dio a su marido con el camuflado criado y encima le dieron una buena paliza al amo cornudo.

Delicado es este asunto, esto debe ser como andar como el perro y el gato, buscando el pelo ajeno en las sabanas. Por eso, la moda actual es depilarse o se implantan mechas, el resto todo es selva.

Por quitar importancia a la misteriosa infidelidad, se suele decir: -“De los cuernos, lo que menos importancia tiene es que se acuesten con tu mujer o marido”-. Entre matrimonios, no gusta que nadie ajeno entre en su propiedad y trajine en los cajones del tocador. Aunque hay muchas maneras de llevar cuernos.

El pasaje de la historia es testigo de la cantidad de discusiones, separaciones, abortos,  ruinas, muertes, salida de conventos, que se lo digan a D. Juan Tenorio. En la época medieval, los caballeros cuando iban a las sangrientas luchas , dejaban a sus princesas en los castillos con el cinturón de castidad, el candado echado por si acaso ocurría la impropiedad del descorche.

La naturaleza nos fue describiendo los peligros de la infidelidad entre el hombre y la mujer. La Sagrada Biblia nos narra pasajes misteriosos de temas oscuros.

Con lo hermoso que es un animal con buen armamento frontal, elegante, verlo cabalgar, majestuoso por el campo, no digamos en la época de la “berrea” los disparates que se dirán en su dialecto, todos los humanos tenemos algo de animales, según la teoría de Darwin descendemos del primate y sus monadas. –¡Alguno no se atreve a decir ni muuu!

Los toros y vacas, de los que no me gustaría reencarnarme, aunque los mimen y cuiden. La cantidad de formas y maneras de ver los cuernos ajenos: bizco, cornigordo, cornilargo, cornicojo, zurdo, mocho, acaramelado, astifino, gachos, veleto, astillado, playero, escobillados, mogón, afeitados y mucho más que saben los ganaderos. Hay quien presume de ellos y de llevarlos, con elegancia.

Recuerdo el dicho de un personaje manzanareño. Pregunta: -¿Jaime, cuántos cuernos tienen los toros? Contestación: -¡dos como todo el mundo!- Y cuando Jaime estaba enfadado su contestación era: -¡dos como tu padre!

Desde niño nos enseñaban a jugar cantando y una de estas letras decía: –“caracol, col, col, saca los cuernos al sol, que tu padre y tu madre también los sacó”.

En el lenguaje común de nuestros pueblos han sido cantidad de refranes y frases que hacen alusión al tema, por ejemplo: –“Quien promete amor eterno es porque desconoce los cuernos”.- “Maridos que lejos se ausentan…cornamenta”.- Viejo que con joven casó, vive cabrito o muere cabrón”.- “Los cuernos, duelen al salir, pero ayudan a vivir”.- Bienaventurados los vikingos porque ellos tienen los cuernos postizos”.-

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