Por Manuel Rodríguez Mazarro.

El 17 de junio de 2018 se marcharon  las Monjas de Clausura del convento de Manzanares, hace tres años de aquello. Emblemático lugar que ha quedado vacío total, en  soledad sus celdas, hornacinas, solo quedaron los recuerdos del pasado y algunas historias celestiales de la propia comunidad.

            Existen duendes, ruidos de pasos, chanclas sobre baldosa vasta, movimiento de maderas y palmatorias con velas que hacen recorridos, susurros, cuchicheos, misterios y cosas extrañas, eco que suenan entre rincones, rechinan los suelos, los techos se tajean, crujen las maderas, las bóvedas se escaman, la gran cocina huele a rancio, los grifos lloran, la luz, lugar donde ya no hay vida, todo es tiniebla, ocaso y algún “zurito” busca el recuerdo de su nido y sus migajas.

            La campana jaleosa lleva casi mil quinientos días sin repicar. Añoro los sábados, avisadora del encuentro en este mes de Mayo, anuncio al vecindario de la mañanera salida del “Rosario de la Aurora”, recorrido callejero con la Virgen de Fátima, las inmovibles torcaces blancas a sus pies. –En el ocaso del día,  nuevo toque de badajo anunciando “La Flor”.

            Caserón del siglo XVI, torreón donde los duendes duermen la paz y se aburren de no ver lo que antes veían, el mayor de ellos refunfuña por no haber quien le zurza el capisayo y levita, algún ratoncillo saltarín recorre las galerías inhabilitadas jugando con las “correderas”. Se pasean libremente por el pasaje con salida a la calle donde hubo una “barbería” y sobre ella la “casa del vicario” (hoy herederos de D. Felipe Arroyo).

            –Hablé hace años con Sor Carmen de Jesús que entró en el convento en 1916, con la abadesa Madre Asunción Glez.-Burillo, Madre Pilar Fdez. Pacheco (vicaria) y tres novicias de otra nacionalidad, eran seis las que habitaban y cuidaban el lugar.

            Interesante conversación con Sor Carmen: –las fundadoras fueron las familias Quesada y Céspedes,  –de Madre Mª Rafaela de Santa Teresa, familia de los condes de Pérez-Valiente hidalgos de La Solana y al fallecer en Manzanares recibieron sepultura en el convento. –Recordó el pasaje del incendio (1936) y su primera salida vestidas de paisano. —Regreso de la comunidad, vida interior, escuela de niñas, proveedoras de la Sagrada Forma, lavandería, costura fina, mortajas, dulces,…

            Varios días fue la convivencia que sostuve con ellas para dejar reflejado en un libro que pensaba realizar (nov. 1977), no llegó el momento, si pude observar el movimiento de estos espirituales, duendes que anduleaban libres por aquellas galerías interiores, todo tan misterioso, recuerdo objetos que ambientaban las dependencias, incluido las pinturas del paisano A. Iniesta, enormes Jesús, Cálices y palomas que decoraban el “Monumento” en el Viernes Santo.

            Simpáticos duendes que no pude ver y  sí convivir en sus estancias, aparecían y se esfumaban como ráfagas de viento con dulce caradura, jugaban y danzaban en grupos con bandurrias y guitarras. Imaginé una noche allí obsequiándome con el  “Concierto de Aranjuez” (Joaquín Rodrigo), en el patio junto a la fuente y el pozo rodeado de geranios y aspidistras.

            Madre Asunción, me comentó que no eran duendes, son espíritus humanos,  las almas que a diario rezaban por ellas y: –“las ausentes están presentes” les acompañaban en sus oraciones, maitines, laudes, prima, sexta, nona, vísperas y completas. Sombras con aromas de incienso que aparecían y desaparecían danzando entre las religiosas alegrando el rezo.

            La imaginación camina en estas circunstancias y hablé con los santeros Manuel Glez.-Márquez y su esposa Isabel López, por si ellos supieran algo, ruidos extraños en alguna ocasión, diciéndome: — tal vez algún emparejamiento de gatos o del palomar que tenían, las monjas con sus rezos,…

            Por mi amistad que tenía con el párroco Joaquín Moreno Chocano que a diario efectuaba la misa en la Iglesia del Convento, le comenté mi interés, pidió permiso a Madre Asunción y recorrimos minuciosamente las dependencias, no observamos anomalías. –Sólo que la garrafa de vino dulce para consagrar iba deprisa, por lo visto algún soliviantado duende suelto había.

            Madre Asunción y Sor Carmen con 72 años, me habló de ruidos de  mobiliario, sonido de campanillas, cortinas descorridas, sonrisa de niños que anónimos depositaban para llevar a la inclusa. Dijeron: –Pensamos que son pruebas del Señor en nuestro sacrificio de clausura, pensamos en algún aviso de aparición. –A Sor Mª Antonia de Jesús Gª Parra se le apareció milagrosamente la Virgen del Consuelo en esta casa. —Nuestro temor de no estar preparadas para ello.

            Algo habrá y ahí queda aparcado el tema y los duendes (¿?) a su libre albedrío del “Monasterio Santísimo Sacramento” fundado en 1592, edificio clausurado, nunca mejor dicho, en junio del 2018.

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