Por Francisco Menchén Bellón

 

“No es la especie más fuerte ni la más inteligente

la que sobrevive

sino la que mejor se adapta”

CHARLES DARWIN (1809-1882)

(Naturalista inglés)

 

¿Cómo convivir en la era post coronavirus?

Con la llegada del Covid-19 el planeta entero se ha paralizado, y no sólo la naturaleza ha chillado, sino también el ser humano ha reclamado su atención. Esta crisis existencial que hemos vivido ha venido a confirmarnos que vivimos en mundo conectado, que ha demostrado su resiliencia ante las grandes dificultades experimentadas.

El mundo ha cambiado totalmente y nada será igual a la etapa anterior, porque ya estamos inmersos en profundos cambios. Pero debemos reconocer que cuando el mundo real ha tenido que cerrar, el virtual ha abierto sus puertas. Este giro drástico puede ser el catalizador para dar un paso de gigante en la educación y empezar a crear una nueva humanidad.

Uno de las consecuencias de la pandemia podría ser repensar cómo educamos, qué necesitamos enseñar, y para qué educar. Desde tiempos atrás, los educadores de todo el mundo han estado hablando sobre la necesidad de redefinir la educación. Es un buen momento para conseguir que esta crisis disruptiva puede ayudarnos a rediseñar la educación del futuro.

Cómo hemos de convivir en un entorno donde se valoren nuestros recursos naturales propios de nuestros campos manchegos y, a la vez, podamos sentir cercana la Antártida o la vida del naturalista THOREAU, o las tribus aisladas del Amazonas. Estamos en una sociedad siempre en tránsito, donde la psicología humana es más lenta que los avances tecnológicos que ella misma ha generado.

¿Qué se le debe enseñar a los alumnos?

La noción del docente como poseedor del conocimiento ya no es adecuado para el siglo XXI. La generación “iGen” (Generación smartphone) puede obtener acceso al conocimiento e incluso aprender una habilidad técnica, a través de unos pocos clics en sus teléfonos, tabletas y computadoras. Será imprescindible reformular el papel del docente.

Recojo un mensaje que nos ha dejado NATALIA GINZBURG (1916-1991), escritora italiana, que propone una educación radicalmente distinta a la habitual:

“Creo que no hay que enseñarles las pequeñas virtudes, sino las grandes. No el ahorro, sino la generosidad y la indiferencia hacia el dinero; no la prudencia, sino el coraje y el desprecio por el peligro; no la astucia, sino la franqueza y el amor por la verdad; no la diplomacia, sino el amor al prójimo y la abnegación; no el deseo de éxito, sino el deseo de ser y de saber”.

Esta escritora comprometida considera que las pequeñas virtudes se pueden encontrar a su alcance y beberlas en el aire”, porque son comunes y conocidas. Pero las grandes virtudes no se respiran en el aire y deben ser la materia prima de nuestras relaciones cotidianas.

¿Cómo los docentes conseguirán que ningún alumno se quede atrás?

En la Agenda 2030 de Las Naciones Unidas, se explican los 17 objetivos para transformar nuestro mundo. ¡Que nadie se quede atrás! es el llamamiento que se hace para trabajar la sostenibilidad, la solidaridad y la sinergia. Recomienda construir una sociedad pacífica, próspera y justa, donde todos seamos protagonistas de este cambio.

Los docentes saben muy bien que, la infancia y la juventud se vive una sola vez. En este período es cuando se configura nuestro “estado del ser”, nuestra manera de entender el mundo, nuestra visión de futuro; es necesario que todos los estudiantes tengan las mismas oportunidades que, pongan los derechos humanos, el empoderamiento y la justicia social en el frontispicio de todas las acciones educativas.

Más que nunca, debemos entender que el futuro de toda la humanidad está en nuestras manos y sólo el trabajo en común, bien hecho y responsable, hará de nuestra sociedad un lugar de prosperidad para todos. Recomiendo a los educadores de Manzanares que indiquen sus prioridades sobre lo siguiente:

¿La escuela o instituto que juntos podemos crear?

o

¿La escuela o instituto que vamos a encontrarnos?

FRANCESCO TONUCCI, célebre pedagogo italiano, que ha vivido solo el confinamiento, acaba de manifestarse, con estas palabras: “Cuando empecemos de nuevo, tendremos que inventar una escuela que hoy no existe”.

 

 

 

 

 

 

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