Lleno absoluto en el concierto de Navidad de Mansil Nahar dedicado a la música pop de los 80.

Lo mismo organizan un festival de música antigua, que montan cursos de canto o un coro de voces blancas que versionan música rock o heavy. Están para un roto o para un descosido. Son versátiles y originales. De lo más valioso del panorama cultural manzanareño.

El sábado 21 de diciembre, vísperas de la lotería y en el umbral de las fiestas navideñas el Gran Teatro de Manzanares estaba a reventar. Mirabas a un lado y a otro de la platea y lo podías constatar: el poder de convocatoria de este aún joven coro es extraordinario.

Para Mansil Nahar, en este tipo de conciertos tan importantes son las voces, dirigidas una vez más por Fran Román y que interpretaban versiones arregladas por Nuria Calero como el espectáculo. Por eso ambientaron el teatro como un bar del Malasaña de los años 80 en cuya puerta estaban aparcados un Ranault Fuego y un Ford Fiesta; aparecieron en escena ataviados de heavies, pijos, modernos, punkies… y se lanzaron al escenario sonando los primeros acordes de “Bienvenidos” de Miguel Ríos mientras José Miguel Martín dramatizaba el ambiente de una noche madrileña cualquiera en el Madrid fascinante, absurdo y contradictorio de los 80. No les faltó un perejil porque hasta habían montado una comisión de vestuario que vigiló que todos los “atos” fueran verdaderamente ochenteros. Así que no es de extrañar que desde el minuto uno nos tuvieran ganados y muchos no pudiéramos cerrar la boca hasta pasados treinta del concierto.

La música en directo de Electrön y la complicidad del público hicieron el resto. Una ola de nostalgia barrió el patio de butacas pero también un cálido sentimiento de pertenencia y, por qué no, de euforia. Hay ciertas temas con los que no se puede fallar: “La chica de ayer”, “Déjame”, “Hijo de la luna”… y el punto álgido llegó cuando José Bernardo Martín se subió a una improvisada tarima y se convirtió en Miguel Bosé.

Es una pena que estos montajes sean tan efímeros y sólo puedan verse una vez aunque quizá sea ese el secreto de la grandeza de los cantantes, actores o músicos aficionados (y no me refiero sólo a Mansil Nahar): se juegan todo a una carta y meses de trabajo arden en hora y media como si fuera una falla. Sé de buena tinta que en la cena posterior ya se habló del nuevo proyecto para el año que viene. Pues que me reserven una entrada pero, eso sí, que sea numerada.

Jesús Villegas Cano

 

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