Por Óscar Parada Maroto

O Gerona. Qué más me da, que me da lo mismo. Y para quien no sea capaz de admitir esta ambivalencia y sea seguidor acérrimo de los extremismos que hoy nos gastamos (bien sea sectario independentista bien fanático españolista), me permitiré darle en breve la medicina que pone remedio a su enfermedad.

De la ciudad de los cuatro ríos, pues ese honor tiene Gerona, se disfruta paseando por la margen del río Onyar, y viendo reflejados en sus aguas los tonos canelas de la hilera de casas que lo flanquean. Unas casas que parecen hacer de parapeto para que el Barri Vell, con la catedral al frente, no termine precipitándose ante las aguas. Tiene este Barrio antiguo de Girona un encanto como pocos. Es buena idea comenzar a patearlo desde la Plaça del Vi, y ya desde allí irse dejando tentar por el buen puñado de casas palaciegas, de callecitas estrechas y de escaleras empinadas con que nos iremos encontrando. Todo ello salpicado, eso sí, de balcones con pendones estelados, como si en pleno siglo XXI los exaltados estuviesen yendo a batallar comandados por el mismísimo Ramón Berenguer. ¡Hay que ser corto de miras!

Y más pronto que tarde, por mucho que hayamos querido olvidarnos de planos y de rutas, uno termina topándose con la plazoleta de la catedral. Es ésta otra de ésas que tiene aspecto de fortaleza, majestuosa al final de un buen tramo de escaleras. Siempre merece la pena volver a pasar, pues no en vano puede presumir este templo catalán de tener la nave más ancha del gótico europeo. Aunque si con algo me he de quedar de esta catedral, es sin duda con el magnífico Tapiz de la Creación, uno de los pocos bordados románicos que nos ha llegado hasta nuestros días y que es un auténtico tratado doctrinal a base de cientos de hilos de colores. Y justo al salir, a escasos metros, no podemos dejar de visitar los Banys Àrabs, los antiguos baños públicos donde uno se puede imaginar a los catalanes de la época yendo del frigidarium al caldarium. O de la sala caliente a la sala fría, según lo que a uno le pida el cuerpo. Siempre se me escapa una sonrisa, eso sí, cuando reparo en que un manchego está visitando unos baños catalanes que resulta que son cristianos y se conocen como baños árabes con estancias con nombres latinos. Yo me sonrío, como digo, pero habrá hasta quien le salgan salpullidos con tanto revoltijo de culturas. ¡Hay que ser cerrado de mollera!

Y de una catedral, a la otra que tiene Girona. No echarse las manos a la cabeza, pues me consta que no tiene Gerona tal privilegio como pudiera tener Salamanca. Cuando digo la otra catedral me refiero a la culinaria, a la catedral de los fogones que regentan los célebres hermanos Roca. Aunque en esta ocasión me hube de conformar solamente con verla por fuera, no teniendo oportunidad ni de cruzar su pórtico. Y el motivo de no poder visitar este templo para los foodies es que no había tenido meses antes la previsión de reservar, de modo que me tuve que quedar con las ganas de degustar las suculencias de este renombrado Celler de Can Roca. Y como ya estaba por los extrarradios y sin haber sufrido el palo en la cartera que hubiera supuesto una comida en el laureado restaurante, me fui a comer a Cadaqués y a disfrutar de unas vistas que quitan el hipo desde el conocido Cabo de Creus, la puntita de España que penetra en el mediterráneo. De España o de Cataluña, pues el Cap de Creus es de ambos. De ambos y de todos. Hasta de los europeos, que también lo contarán entre sus posesiones. Aunque, ya digo, habrá quien lo vea suyo y solo suyo. ¡Hay que ser estrecho de mente!

Tiene Girona otros rincones por los que siempre me gusta dejarme caer, como el paseíto tranquilo por la muralla y la visita obligada a “La Carpa”, una de esas tiendas de juguetes de toda la vida en la que siempre, absolutamente siempre, se tiene la tentación de comprar algo. Cientos de objetos de lata, de madera, de cartón o de papel atestan las paredes. Y hasta el techo está plagado de pájaros de colores, planetas imaginarios, globos aerostáticos y aviones que atraviesan arcoíris. Lo dicho, que no te lo pierdas. Aunque lo mismo hay algún foráneo recalcitrante que hasta se ofende porque el cartel de la entrada figure en catalán. ¡Hay que ser corto de entendederas!

Y, como lo prometido es deuda, pues aquí va la medicina para los obcecados patrioteros de un extremo o del otro. Adminístrese en dosis generosas la medicina del viajar. Salga, descubra, disfrute. Y hable con la gente, y pregunte a los locales. Recorra, camine, alucine. Olvide prejuicios y abra la mente. Y haga y deshaga maletas tanto como pueda.  Eso sí, también le digo que esta medicina tiene efectos secundarios inmediatos. Y es que resulta que es altamente adictiva y no hay manera de desengancharse. Avisado queda.

Por Manuel Rodríguez Mazarro.

Sigue a su aire la pandemia del “miedo” después del año, la vacuna que…, los días se alargan, alboroto de gallineros políticos, día de la “mujer”, del padre San José, estamos en prima-Vera, complejo cambio de hora, pasó la Semana Santa sin pena ni gloria, Ilusión de juntarse las familias ausentes, la Pascua florida, tradiciones de nuestros pueblos, limpieza general, armarios, ropas de entretiempo, preparativos de cochura, –“priorillos” caseros realizados por nuestras madres y abuelas, esta es la vispera de la Pasión.

Me gusta rebobinar, relatar nuestros recuerdos en aquellas cocinas de fogón, trabajo exagerado, jabón casero, asperón, estropajo, cachivaches, cacharros, utensilios a manejar, fregoteo en el dornillo, quedaban como los “chorros del oro”. Eventos de “cochura vasta”, complejo mundo de este mes.

Cajón de la cómoda o del baúl, con olor a naftalina o alcanfor, salía de año en año envuelto en periódicos el farol, la túnica, el capirucho y todo lo concerniente, incluso el cuaderno de recetas escritas a lápiz.

—Las casas olían a canela, miel y fritos; de niños, sentados como felinos en la silla baja, ojos fijos, observando las manos que batían huevos, harina, manteca, azúcar, aceite, anís, “litines El Vesubio”, paños blancos tapando la masa y los mimbres.

Minuciosa limpieza. Cada ama de casa tenía su especialidad, rosquillos, mantecados, pastas, torrijas, flores,…magdalenas en candilejas de hojalata que al pasar por el horno daban aquél subidón de “moño” endulzado.–El mantecado de picos, se triplicaba en volumen, mordida que se llenaba la boca de hojaldre.

Rosquillos de carrete o gargantas, —buen alfarero para ir moldeando la bola de masa y todos salir melgos. La sartén de aceite hirviendo, vueltas y vueltas con una varita especial, ¡oh aquél movimiento de vals de Strauss!, cuidando el dorado, el baño en almíbar y azúcar.

Las flores, nombre de dulzura, color, encanto al paladar. Receta de conventos Calatravos, con enseña de su cruz. Fogones organizados, cuidando los arropes, mistelas, hervidos, anisados y otros destilados de esencias y jarabes que hacían subir mágicamente al cielo.

En este caminar de antesala de la Pasión no podía faltar la típica rosca de nuégados.  Decían ser la corona de Cristo y los piñones o nuégados con miel, representaban las gotas de sangre. –Curiosidad de llamarle rosca Utrera (pueblo de Andalucía). Posiblemente sea receta de Despeñaperros para abajo y llegó a Manzanares en la época que se transportaba en carros nuestros vinos en pellejos, costales de trigo, queso y derivados del cerdo (Vda. Cendal). Cambio que se hacía por aceite, miel y salazones.

Cestas de mimbre, escriños, fuentes y bandejas con elementos para endulzar la vida terrenal, recorrían las mesas en estos días de liturgia, fecha indicada en nuestros pueblos de compaginar el luto de Pasión con el bienestar corporal, de ahí el: “a nadie le amarga un dulce”.

Las denominadas carrozas, se desempolvaban después de un año guardadas, los preparativos de la cofradía, los acuerdos de los hermanos para que su Imagen fuese más vistosa y para ello, cuando terminaban un año, ya empezaban con la antesala del próximo.

El jueves y viernes Santo se oía el silencio en las calles, se respetaba incluso la voz. No había cines, cerraban el casino, bares, panaderías, los novios no entraban a las casas de las novias tenían acotado todo movimiento estelar, días de paralización total, incluso algunas labores caseras.

El recorrido procesional del Cristo Yacente o Santo Entierro de siempre ha causado respeto, carroza custodiada por la Guardia Civil con uniforme de gala y mosquetón a la funerala, tras la imagen las jerarquías cumpliendo el mandato oficial (bastón de mando), acompañamiento de señoras con mantillas, velos, crespones. Impone el desfile de nazarenos de negro riguroso.

He recordado aquella antesala de la Pasión, cuando ni pensábamos en este mal nacido “covid” que nos está haciendo la “puñeta”.

Pies de fotos:

Foto 1: Inauguración del Cristo de la Columna ( patio colegio D. Cristobal 1971)

Foto 2: Pasacalles de Virgen del Traspaso, C/ Toledo (1957)

Foto 3: Recordando a D. Jesús y D. Fernando Palop en plena actividad (2002).

Foto 4: Representación viviente en Domingo de Ramos de 1960

Foto 5: 23 de Marzo de 1985 Bendición nueva imagen “El Descendimiento”.

Foto 6: Ntra. Banda en procesión (José F.-Hidalgo) abril de 1963.

Foto 7: Tradicional paseo en el Domingo de Ramos (1995).

Foto 8: Nuestra Señora del Traspaso, año 1968.

Foto 9: Primitivo San Juan por la C/ Reyes Católicos de 1956.

Foto 10: Desfile Procesional por la calle virgen de Gracia (1960).

Foto 11: Antiguo conjunto de Jesús atado a la columna (1965)

Por Pedro Villarroel

En este capítulo me ocuparé en describir como se fue construyendo y elevando al cielo de Manzanares la antigua Torre de nuestra parroquia, considerando las características más significativas de los “cinco cuerpos” que, de abajo arriba, la configuraron, definitivamente, pasada la mitad del siglo XVIII…Podemos imaginar a los paisanos de aquel tiempo, cada vez que circulaban por la Plaza Mayor, elevando su mirada para observar el rudimentario andamiaje de cuerdas y maderos, donde unos obreros, que parecían funambulistas, iban concretando la construcción de esa Torre,… ver como se elevaba, desde la galería de la Iglesia, su primer cuerpo, una mole sólida y cuadrada de piedra, a finales del siglo XVII…luego, algún tiempo después, apenas atisbado entre el andamiaje, la gente contemplaría la elevación del segundo cuerpo, tan característico y bien armado de aquella torre, el Campanario, una construcción octogonal de grandes ventanales, que permitían ver sus ocho campanas interiores…La campana que hacía más frente a la Plaza era un gran ejemplar; que tañía con especial sonoridad, gravedad y arrogancia, tendiendo a mitigar el sonido de las restantes, como queriendo mostrar su carácter dominante, para el anuncio de grandes aconteceres… Es probable que la Torre iniciara el “Siglo de las luces” terminando ese segundo cuerpo,.. y que fuera, en ese Siglo XVIII, mientras la guerra de sucesión, o durante la comendaturía del “Señor de los Cameros”, cuando se izaron al cielo sus tres últimos cuerpos… El tercer cuerpo, el del Reloj, compuesto de cuatro esferas que se correspondían con los cuatro contornos de la base de la Torre, cubiertas de bella pizarra. El cuarto cuerpo, una pequeña maravilla, constituida por un alto y airoso templete, con gráciles ventanales, y todo su conjunto circundado por un balconcillo. Finalmente, el quinto cuerpo, hecho a base de pequeños departamentos, dispuestos en correspondencia vertical con las esferas del reloj, daba gran armonía al conjunto de la bellísima torre antigua de la Catedral de Manzanares, en una airosa espiral apizarrada, que habría de conocerse, como “el nazareno”, sobre el que se izaron, en un glorioso día ignoto de aquella centuria ilustrada, una bola de acero, coronada por una Cruz de hierro de ochocientos kilos, que remató esa imponente Torre.. Fue en el año 1778, cuando podemos fechar el evento final que otorgó completitividad a la torre antigua; en esa fecha, más de un siglo después de ser colgadas en su campanario las dos primeras campanas, se instaló el primer reloj de la torre… de una sola esfera, y frente a la plaza… daba con un solo tañido las medias horas y con dos las horas…. ante la admiración y contento del vecindario, quienes orgullosos y satisfechos de aquel gran acontecimiento en sus vidas, dieron por bien empleados los 6.000 reales que costó el reloj, aunque en aquella dura época fuese un evidente exceso. Los vecinos, se paraban en la Plaza, a escuchar el tañido de las campanas, cuyo eco se propagaría por la senda del tiempo y los vetustos caminos, desafiando al horizonte por los siglos de los siglos…

Igual que un fuego accidental, el día del Corpus de 1571, fue origen y razón de la reforma y ampliación del crucero y, en gran medida también, de la idea de crear una nueva torre para nuestra catedral, otro incendio, la madrugada del 21 de julio de 1936, esta vez provocado por el odio y la estulticia humana, acabó con aquella magnífica Torre, motivando la construcción de la actual, durante la postguerra, en un ejercicio de mimetismo arquitectónico bastante logrado, que puso a la visión de los manzanareños otra magnífica y bellísima Torre, algo más robusta y alta que la antigua, pero bastante parecida; ícono de este pueblo y también un auténtico Faro de la Mancha… reconocible en lontananza de campos y caminos, como señal de proximidad a Manzanares; y que, al paisano que se acerca, cuando la percibe en el horizonte, le provoca gran alegría y cierta congoja, sintiéndose atraido por ella… como si esa aguja esbelta, estuviese imantada… como si su aspecto bellísimo, que atrae a todo el que pasa cerca de Manzanares, lo hiciese en él de manera especial y más intensa…No es nada extraño este efecto y sensación…llega a su pueblo, al encuentro de su gente…y, aunque venga de lugares próximos o lejanos, y aunque este dejando atrás gentes y cosas buenas ¡¡¡ay, amigo mio!!!…este, al que llega, anunciado por la silueta frágil y esbelta de su Torre, perfilada en el incomparable cielo azul que dibuja su contorno; es, ni más ni menos, que su pueblo…allí están los colores y olores de su infancia…los lugares que evocan los ruidos y los juegos de su niñez, aquel pasillo, de aquella casa (la suya), donde aún parece oirse el sonido de los pasos del padre, de la madre o de los hermanos…allí está ese castillo que habla del origen calatravo de la villa y de sus gentes;… allí se acerca ese pueblo suyo, con su rio y sus paseos, sus plazuelas, sus parterres y su Gran Teatro, lugares que son testigo de juegos y de primeros amores… y esa Plaza, tantas veces transitada, con una Iglesia de precioso frontispicio. de cuyos techos surge esa Torre bellísima, símbolo e ícono, por siempre jamás, de la noble e hidalga villa de Manzanares de la Mancha.

Carlos Fernández-Pacheco Sánchez-Gil y Concepción Moya García

El fugado fue acogido la primera noche por su hermano en su vivienda, tras lo cual se refugió durante tres o cuatro días en la casa de un guarda, situada en un monte cercano a La Solana, de la que escapó al ser descubierto, antes de que llegara la guardia civil. Desde allí se trasladó a Argamasilla de Alba, donde se hospedó en la posada “Casa de la plata” propiedad de Manuel Castaños alias “Chocolate”, vecino de La Solana. El 1 de febrero fue detenido, existiendo dos versiones de lo sucedido. Una indicaba que al cruzarse con él Eugenio González, alguacil de la localidad, le resultó sospechoso, siguiéndolo hasta la posada y dando aviso a la guardia civil; según la otra, fue denunciado por una mujer, viuda de un antiguo compañero del perseguido, conocida como “Chocolata”. Hasta el lugar donde se encontraba se desplazaron los guardias Juan Ledesma y José Román Mato, que procedieron a su detención, confiscándole una faca de grandes dimensiones, que llevaba en la manga de su chaqueta.

A las once de la mañana del día siguiente fue trasladado a Manzanares, y puesto a disposición del juzgado a las cuatro de la tarde, junto al dueño de la posada, que fue liberado poco después al demostrarse su inocencia. El miedo a que Miguel Galindo se pudiera fugar, provocó que durante su traslado de la cárcel al juzgado, lo llevaran con esposas en las manos y unos grilletes especiales en los pies, de los que salía una cadena que era portada por un guardia civil.

Las investigaciones de la policía descubrieron que “Cañamón” y “Borguetas” habían trabajado como jornaleros durante la última vendimia con Doroteo, y sabían que disponía de dinero. También fue detenido Simón Bolaños Lara, amigo de Doroteo y conocido de “Cañamón”, que la tarde del crimen había estado jugando a las cartas con el asesinado; así como la mujer y los tres hijos de “Borguetas”1.

Pese a su negativa a reconocer los hechos, las pruebas iban cerrando el cerco sobre los asesinos. La mañana del 8 de febrero se realizó el registro de la casa de “Borguetas”, y de un pozo se extrajo un bulto con varias prendas de mujer (una toca, una falda y un mantón) atadas con una piedra, que podían proceder del robo y en las se observaban manchas que parecían de sangre. Dos días más tarde, un hijo de “Borguetas” conocido como “El cojo de Espartero”, declaró ante el sargento de la guardia civil, que entre las diez y las once de la mañana del 23 de enero, arrojó un martillo y tres limas, que le había entregado su madre, en una noria, situada en la huerta del “Marqués”, junto al río Azuer, propiedad de Agatino Chacón, marqués de Salinas.

Al suponer que las citadas herramientas serías las utilizadas para cometer el crimen, a medianoche se colocaron tres potentes bombas para vaciar la noria. Pese a dos días de infructuosos esfuerzos, solo se logró que las aguas descendieran cinco de las doce varas que tenían, provocando las corrientes de avenida que volviera a llenarse nuevo. Por ello se decidió contratar un buzo de Alicante, el cual bajó a reconocer la noria, situada cerca de las eras de San Blas, el día 16 a las cuatro de la tarde, acudiendo un inmenso gentío a ver las operaciones, pero solo encontró algunos cubos viejos2.

Finalmente, después de más de veinte días de interrogatorios y pruebas periciales, el 15 de febrero, Miguel Galindo Expósito “Borguetas” acabó confesando el crimen y denunció al resto de implicados en el suceso: Francisco Portugués alias “Portus”, José Bolaños alias “Federal”, ambos de Manzanares y Fermín Jiménez alias “Pajarillas”, de Tomelloso.

Con esta confesión y la declaración de “Cañamón”, se pudo conocer la correlación de los hechos. “Cañamón” durmió en Membrilla el 19 de enero, y de allí fue a La Solana, para reunirse con “Borguetas”, saliendo ambos el 21 para Manzanares, donde se dedicaron a pedir limosna. El 22 se reunieron con el resto de sus cómplices para llevar a cabo el robo, situándose en una rinconada que hacía la acera frente a la casa, esperando una oportunidad para entrar, que llegó cuando salió Carmen a hacer un recado, dejando la puerta entreabierta.

El “Portus” se quedó vigilando desde la acera de enfrente y “Cañamón” se apostó detrás de la puerta de entrada. El resto penetró en la cocina, matando primero a la mujer que los recibió gritando: “ahí vienen los ladrones”, y a continuación al marido, que no tuvo tiempo de ofrecer resistencia. Al poco llegó Carmen, a la que “Cañamón” intentó entretener, pero al penetrar en la casa reconoció a José Bolaños, por lo que este le dio dos golpes causándole la muerte, siendo arrastrada por “Cañamón” hasta el centro de la cocina.

Una vez cometido el crimen, se dedicaron a buscar el dinero, encontrando 2.500 pesetas detrás de varios cuadros, a continuación salieron en distintas direcciones, para reunirse en casa de José Bolaños, marchando este disfrazado con ropas de mujer, que abandonó poco después. Decidieron que “Borguetas” se quedara como depositario del dinero, para repartirlo días después, y se marcharon los tres implicados que no eran de Manzanares, por el camino de Argamasilla hasta el “cerro de la Cruz”, donde escondieron las ropas manchadas de sangre debajo de unas piedras. “Cañamón” reclamó su parte, a lo cual se negó “Borguetas”, llegando a las manos e hiriéndose mutuamente, llevando el primero la peor parte. Tras separarse de “Pajarillas”, robaron en una casilla de peones camineros de La Solana, para que les sirviera de coartada. Luego fueron a la casa de un hermano de “Borguetas”, Pedro Galindo, que no aceptó acoger a “Cañamón”, al que no le quedó más remedio que acudir al juez municipal para que le curaran sus heridas, momento en que fue detenido.

La noche del mismo día 15, el juez municipal Alfonso Vega y Fidel Serrano fueron a detener a Francisco Portugués, que no opuso resistencia, mientras que se montó un operativo para rodear la casa de José Bolaños con policías locales y guardias civiles, procediendo a su arresto, ocupándole un revolver cargado. Las operaciones terminaron a las cuatro de la mañana, con la detención de familiares de los nuevos implicados. Al estar la cárcel abarrotada, fueron llevados al ayuntamiento y al teatro viejo, para asegurar su incomunicación.

A primeras horas de la mañana del día siguiente se interrogó a “Pajarillas”, detenido en Tomelloso, negando su participación en los hechos, pero al realizar un careo con “Cañamón”, sufrió un ataque congestivo, motivo por el que falleció a las dos de la tarde. José Bolaños y Francisco Portugués negaron los hechos, pero durante el careo con “Cañamón”, el primero confesó, declarándose culpable del asesinato de la mujer, y que “Pajarillas” mató a Doroteo ayudado por “Borguetas”, y este último asesinó a la niña.

La mujer de José Bolaños aclaró algunas circunstancias que faltaban por conocer, quedando el caso cerrado. Todos, excepto el “Portus” se habían reunido en su casa, donde merendaron y bebieron, dirigiéndose desde allí a realizar el asalto de la casa de Doroteo, uniéndose a ellos el que faltaba, en la calle. Una vez consumada la acción, volvieron todos a la casa, donde ella tuvo que lavar la ropa y las botas manchadas de sangre, y no lo denunció por miedo a su marido, que la maltrataba con frecuencia, hecho que fue corroborado por su hermana. El acusado que no confesó fue “Borguetas”, pese a realizar cuatro careos con “Cañamón”, José Bolaños, la mujer y la cuñada de este último, negando en todo momento su intervención en los hechos, dando muestras de gran cinismo y sangre fría3.

(continuará)


1 El Pueblo Manchego, 1, 3, 4 y 7 de febrero de 1911; La Época, El Globo, El Imparcial y El Siglo Futuro, 3 de febrero de 1911; El Día de Madrid y La Mañana, 7 de febrero de 1911; ABC, 8 de febrero de 1911.

2 El Pueblo Manchego, 8, 9, 10, 11, 13 y 14 de febrero de 1911.

3 El Pueblo Manchego, 15, 16 y 17 de febrero de 1911; La Época, 15 de febrero de 1911; El Imparcial, El Globo, El Día de Madrid y La Época, 16 de febrero de 1911; El País, 17 de febrero de 1911.

Por Miguel Ángel Maeso Buenasmañanas

La improvisación de las autoridades autonómicas en los primeros días de la pandemia no auguraba nada bueno para la finalización del curso académico. Recordemos que el día 12 de marzo por la mañana el presidente autonómico reprochó duramente al rector de la Universidad de Castilla-La Mancha que hubiera suspendido las clases. Su análisis sobre la complicada situación que se avecinaba no pudo ser más erróneo y simplista. Reducía la decisión de suspender las clases a una simple motivación de los profesores para tener “15 días de vacaciones” extra. Ese mismo día por la tarde, tras hacerse públicas las nuevas y restrictivas recomendaciones del gobierno de España, Emiliano García Page rectificó totalmente la posición que había mantenido por la mañana, ordenando el cierre de los colegios para el día siguiente.

Estas decisiones tan poco meditadas de la Junta provocaron que los docentes, sin apenas directrices por parte de la Consejería de Educación, tuvieran que improvisar en pocas horas como poner en marcha la educación online en cientos de colegios e institutos. En esos momentos, la calidad de la educación dependió, más que nunca, del compromiso de los docentes y, también, de sus conocimientos sobre las nuevas tecnologías. No es de extrañar, por tanto, que las familias tuviéramos que enfrentarnos en pocos días a una multitud de plataformas educativas y herramientas de videoconferencia (Meet, Teams, Zoom, Skype, Forms, Papas, Aula Virtual…) elegidas por cada profesor según sus conocimientos y experiencia previa.

No fueron estas las únicas dificultadas que tuvieron que afrontar las familias: conseguir equipamiento informático para los hijos y los padres con teletrabajo, encontrar un rincón en la casa para trabajar, ayudar aún más a los hijos con sus tareas, generar nuevas rutinas, etc. Los más pequeños, para los que el colegio supone más un juego o divertimento que una obligación, sufrieron especialmente la falta de contacto con sus compañeros y maestros. A esto habría que añadir que las declaraciones de la ministra de Educación, exigiendo prácticamente un aprobado general, devaluaron ante los alumnos la importancia del último trimestre escolar.

A pesar de estos inicios tan complicados, muchos docentes han conseguido gracias a su esfuerzo y dedicación avanzar con las materias y mantener la motivación de los alumnos. Es por ello que, desde una perspectiva más personal, quisiera agradecer públicamente el compromiso que han demostrado los profesores y maestros del colegio Santo Tomás de Ciudad Real, en el que estudian mis hijas.

Llegados a este punto, sólo queda esperar que el próximo curso pueda desarrollarse con normalidad y que, en caso contrario, las autoridades educativas sean, esta vez sí, lo suficientemente previsoras como para tomar medidas que permitan paliar las dificultades que pudieran surgir. Mientras escribo estas líneas, los bandazos y cambios de opinión de la ministra de Educación y los desencuentros entre las diferentes administraciones con competencias educativas en nuestro poco eficiente estado autonómico, vuelven a arrojar sombras y dudas sobre el nuevo curso académico. Esperemos que estos problemas puedan ser solventados, una vez más, gracias al esfuerzo de los docentes, alumnos y padres.

 

Por Antonia Isabel Sánchez Migallón

 

 

Desde el 13 de marzo del 2020, la situación provocada por el COVID-19 nos obligó a toda la población a confinarnos en nuestras casas, lo cual provocó que todo el profesorado nos viéramos forzados a cambiar radicalmente nuestra metodología de trabajo, sin saber muy bien que hacer, ni cómo actuar porque en un principio no sabíamos ni cuanto iba a durar este confinamiento, ni teníamos instrucciones claras sobre lo que debíamos hacer exactamente.

En ese momento, ya sin alumnos en los Centros, nos reunimos todos los profesores en Claustros extraordinarios. Decidimos mandar tareas online desde diversas plataformas, unas se colapsan, otras van mejor, tenemos que inventar, investigar, adaptarnos, ser autodidactas, convertirnos en youtubers. Y surgen los primeros problemas, hay muchas familias que no disponen de ordenador, ni de internet, ni de impresora, tan solo disponen de un móvil. Nos preguntamos entonces, ¿podemos realmente enseñar en esta situación?, ¿qué podemos hacer para llegar a todas las familias?,¿qué hacemos con los alumnos con dificultades de aprendizaje que necesitan una enseñanza muy individualizada?, y finalmente, ¿cómo valoramos esta enseñanza?

Intentamos dar respuesta a todo esto como podemos, no sin muchos altibajos. Seguimos mandando tareas, empezamos a hacer reuniones con los alumnos por Zoom, por videollamadas, pero aun así hay muchas familias a las que no llegamos, de las que no sabemos nada. Después de muchas llamadas logramos contactar con algunas familias y a través del comedor escolar les pasamos los materiales impresos, a otros se les prestan Tablet. En otros casos es la Cruz Roja la que les lleva las tareas directamente a sus casas.

Y mientras, ¿qué ocurre en los hogare? Bajo mi experiencia personal, siendo mi marido sanitario, trabajando, yo con un ordenador teletrabajando, mi hijo mayor en el otro ordenador, mi hijo pequeño pidiéndome el ordenador porque tenía que ver un vídeo para hacer la tarea… Al mismo tiempo haciendo las labores de la casa; le dejo el ordenador cuando hago la comida, pero mi hijo mayor tiene dudas, le tengo que ayudar… En resumen, siendo una privilegiada porque soy profesora, orientadora y madre y disponía de todos los medios tecnológicos, lo he vivido con mucha tensión. Pues no me imagino aquellos padres que no tenían medios, ni internet, o tan solo un móvil, y aquellas familias  en las que los dos padres trabajaban porque eran sanitarios y dejaban a los niños con otros familiares, o familias que no tenían conocimientos para explicar nada a sus hijos, ¿cuándo y cómo hacían estas tareas?

   Y después de todo, de este devenir, de intentar solucionar todos estos problemas, de este gran esfuerzo por adaptarnos a las circunstancias, yo me pregunto ¿esto es Educación?, pasando por alto las dificultades técnicas y logísticas descritas anteriormente, la educación online, por muy útil y por muchos medios que tengamos jamás podrá sustituir a la presencial, solo la complementa.

La Educación es contribuir al desarrollo cognitivo, físico y social de las personas y con la educación online perdemos una parte muy importante que es lo social. Con la Educación lo que pretendemos es ayudar a que los alumnos se desarrollen en todos los ámbitos de la persona para convertirse en adultos capaces de desenvolverse en una sociedad futura. Consecuentemente si perdemos esa parte no estaremos contribuyendo correctamente a este desarrollo.

Por lo tanto, sin desmerecer las recomendaciones sanitarias y la evolución de la Pandemia, esperamos que lo antes posible podamos volver a la enseñanza presencial, para poder paliar los efectos de este período y seguir contribuyendo al desarrollo de nuestros alumnos que con la enseñanza online evidentemente no se consigue. ¡Que regresemos a la verdadera escuela!

 

Isabel Trujillo Parra

1° Bachillerato IES Azuer

COVID-19, pandemia, cuarentena, ¿se acabaron las clases? No, el curso escolar debía continuar. Este curso 2019/2020 que tan extrañamente ha concluido para todos. Y es que no todos los días se tiene una cantidad ingente de emails con tantos trabajos que anotar en la agenda. No todos los días se da un cambio drástico en la forma de recibir una clase o muchas, de aprender una asignatura o todas.

Me gustaría apuntar y dejar claro que en esta columna estoy hablando desde mi experiencia personal. Tengo constancia de que otras personas, ya sean alumnas, alumnos, profesoras, profesores, madres o padres, han vivido esta educación online de forma muy distinta, incluso en mi propia casa ha distado completamente la forma en la que mi hermano (2º de la ESO) y yo (1º de Bachillerato) hemos experimentado estos meses sin clases presenciales.

Ahora bien, ¿funciona la educación online? Desde mi punto de vista, no. Al menos actualmente y bajo estas circunstancias. Es evidente que tras el decreto del estado de alarma y la imposibilidad de dar clases presencialmente había que renovar todo el sistema, o al menos adaptarlo. Porque no, por mucho que nos quieran hacer creer, ni muchos profesores ni el sistema educativo en general están preparados para la educación online. Sinceramente, no soy siquiera partidaria de este sistema educativo en el que “aprender” significa “estudia esto de memoria, vomítalo sobre el folio en blanco y olvídalo”. Mucho menos apoyo la forma en la que se ha adaptado al formato digital. Todo ello teniendo en cuenta que cada profesor y profesora ha llevado su asignatura de distinta manera durante esta cuarentena.

Como se suele decir: “de todo tiene que haber en la Viña del Señor” y la educación no iba a ser la excepción a este refrán. Al igual que hay alumnas y alumnos que trabajan más o menos, que tienen más o menos interés por aprender, etc. hay profesoras y profesores que se preocupan más o menos por sus alumnos, por su trabajo y por que aprendamos realmente. Aún así, y hablando en general, el mayor problema que he encontrado en este sistema en línea es que todo se ha basado en realizar gran cantidad de trabajos y tareas, y no dejar tiempo para las clases, el estudio o el aprendizaje real. Yo me considero una persona muy autodidacta y no he tenido dificultad en realizar estos trabajos y tareas, a diferencia de algunos de mis compañeros; sin embargo, he echado de menos tiempo para escuchar a mis profesores y aprender, pues el día lo ocupaban ejercicios y trabajos de repetición.

A pesar de esto, no todo son críticas. También hay que reconocer el mérito de docentes y alumnos por adaptarse a esta nueva situación tan excepcional de forma tan rápida. Y me gustaría de verdad agradecer a todos esos profesores y profesoras que se han preocupado de responder cada uno de nuestros mails, que se han preocupado por el nivel y la exigencia de las tareas bajo estas circunstancias, y que han hecho su mayor esfuerzo por comprendernos y ayudarnos.

Confío en que si esta situación se alarga en el tiempo o vuelve a suceder, centros educativos, profesores y alumnos, hayamos sido capaces de adelantarnos a ella y hayamos preparado estrategias para dar y recibir mucho mejor esta educación en formato online.

 

 

Pablo Nieto-Sandoval Gutiérrez

Jorge Manrique, uno de los grandes autores de la historia de la literatura española, pasó a la historia por la utilización de un molde estrófico novedoso y característico para la realización de las Coplas a la muerte de su padre, una de las cumbres de las letras hispanas. Este molde consistía en la repetición dos versos de ocho sílabas y uno de cuatro; a este último se lo conoce como verso de pie quebrado y simboliza la ruptura de la vida (o lo que es lo mismo: la muerte).

Lo que los estudiantes —en todos los niveles del sistema— hemos vivido este año es un auténtico curso de pie quebrado: lo que empezó con ilusión y ganas se truncó de golpe con la llegada de la COVID-19.  Esto, por supuesto, es extrapolable a un servidor, que en septiembre del año pasado comenzó sus estudios de Filología Moderna en la Universidad.

Comenzar una nueva aventura —escribir un nuevo poema— es siempre algo interesante. Durante meses, con los estudios, con los compañeros, con las actividades, con los viajes…, todo —y todos— parecíamos fluir como las aguas del río de Heráclito un año más. Nadie pensaba que, tras los dos primeros versos, llegaba un tercero mucho más corto. El placer, la alegría, se esfumó tan rápido como llegó, de improviso, fugaz.

Esto fue lo que pasó en marzo. Los rumores del impacto de la enfermedad que iban llegando no perturbaban demasiado nuestro tranquilo devenir; nadie daba una importancia excesiva a un virus que, semanas antes del colapso, tildábamos, al igual que nuestros compañeros estudiantes de salud, de “gripe rara”. Que el verso se truncara fue, por tanto, aún más dramático. Se suspendieron las clases y se nos confinó en casa casi sin tiempo para recoger algunos de nuestros enseres. Los tres meses que pasaron nos enseñaron a valorar lo que tuvimos y a soñar con recuperarlo, a pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor que aquel que vivíamos.

Ahora parece que vuelve la normalidad. Despacio, el poeta que escribe nuestro poema esboza un nuevo verso de ocho sílabas, un verso de vida, de cambio, de esperanza. Merece la pena vivirlo, merece la pena luchar por recuperar lo que la pandemia nos quitó, pero siempre sin olvidar que, tras dos versos de ocho, viene el de cuatro con todo lo malo que tiene cortar de raíz las ilusiones que nos hemos hecho. ¡Carpe diem!

 

Por María Teresa García Perales

Hubo un tiempo en que muchos detuvimos nuestra actividad cotidiana, trabajando desde casa, compartiendo muchas horas con los nuestros, una oportunidad única de disfrutar de “un tiempo en familia”, en el cual pudimos llevar a cabo actividades que antes no podíamos realizar por falta de tiempo.

Las ventanas nos separaban de las calles, donde el silencio nos hablaba por sí solo. En ellas, los niños daban rienda a su creatividad con mensajes como “Todo irá bien” o “Quédate en casa”. Nos dimos cuenta de cuánto se puede echar de menos la vida que un tiempo atrás considerábamos tan rutinaria y el valor que pueden tener, gestos tan sencillos como reunión de amigos, un paseo o el contacto con la naturaleza…

Como maestra, nunca olvidaré el jueves 12 de marzo de 2020, en el que, tras un día intenso y lleno de incertidumbre, nos llegaban noticias a nivel local y nacional de las medidas adoptadas por algunos centros educativos en relación a la situación provocada por la pandemia. Por la tarde, el gobierno autonómico nos confirmaba oficialmente la suspensión de la actividad docente presencial y nos conducía a una situación extraordinaria y muy novedosa para maestros y alumnado.

Al día siguiente, con las instrucciones que nos llegaron, los maestros nos reunimos para replantearnos el cómo organizarnos para seguir con nuestra actividad docente, al menos durante los 15 días que en principio pensábamos que iba a durar esta situación. Las familias que pudieron se acercaron al centro a recoger los libros y el material que sus hijos tenían en clase. Muchos también solicitaron la clave de Papas 2.0, la plataforma educativa de la Consejería de Educación que sirve como herramienta de comunicación e información entre los agentes de la comunidad educativa, además de facilitar la gestión administrativa en los procesos que son convocados.

A partir de ahí, los equipos docentes de los distintos niveles se reunieron para decidir cómo planificar los contenidos de los temas que quedaban por dar, las pautas a seguir y los cauces a utilizar para enviar la tarea. Se nos rompieron los esquemas y la situación nos obligó en adaptar nuestra forma de enseñar “eminentemente presencial” a una especie de lo que nos hemos acostumbrado a oír tanto en estos meses pasados: “el teletrabajo”.

En pocas horas tuvimos que adaptarnos a una forma de enseñar diferente, lo cual hizo necesario “reprogramar lo anteriormente programado”, salir del aula, modificar y reestructurar nuestra relación docente – discente, que es la “esencia del proceso pedagógico”, esa interacción en la que el maestro transmite y el estudiante puede expresarse, donde hay un continuo feedback instantáneo en el aula.

Durante el fin de semana los maestros seguimos en contacto entre nosotros. Era el momento de preparar material y los tutores explicaron a los padres cómo iban a organizar la actividad. Aunque parecía sencillo desde fuera, el paso del tiempo nos ha ayudado a reinventarnos y a utilizar recursos muy variados. Los maestros y alumnos no estaban familiarizados con las clases “online”, pero al ver que el tiempo se prolongaba, fuimos familiarizándonos con gran variedad de aplicaciones de software para las videoconferencias con nuestros alumnos y compañeros, desarrollando clases virtuales, aclarando dudas y grabando vídeos explicativos donde no faltaban mensajes continuos de ánimo para motivar al alumnado, porque sabíamos que “nuestros niños”, como cariñosamente los llamamos,  necesitaban estar tranquilos y llevar el confinamiento lo mejor posible.

Tampoco podemos olvidar a una minoría de alumnos que necesitaban más ayuda y que sufrían la “brecha digital” en sus casas, lo cual les impedía seguir la enseñanza no presencial porque carecían de conectividad o dispositivos para comunicarse con sus maestros. Para ellos, la Administración fue proporcionando los medios para acceder a internet y poder así llevar a cabo las tareas como el resto de sus compañeros.

En resumen, podemos decir que ha habido un gran esfuerzo tanto de familias, como de alumnos y maestros y que no ha sido nada fácil. Se ha intentado mantener el contacto por los medios antes mencionados, pero ha habido  multitud de casuísticas en cada hogar,  que no pueden ni deben pasar desapercibidas: carencia de medios tecnológicos, angustia por la pérdida del trabajo o de algún ser querido, padres que han seguido trabajando fuera o dentro de sus casas, otros que se han quedado sin trabajo de la noche a la mañana y docentes que además de sus alumnos tenían hijos a quien atender y que quizás tenían que compartir con ellos los recursos tecnológicos para poder avanzar con sus tareas,  etc…

No sabemos aún cómo se presentará el próximo curso porque los expertos creen que el riesgo de un posible rebrote de COVID-19 está ahí. Sigamos cumpliendo las recomendaciones que se nos dan y ojalá pudiésemos estar de regreso en septiembre a las aulas habiendo superado esta difícil prueba, para así poder seguir desarrollando esta función indispensable que constituye la educación.

 

 

 

 

 

Uno de los aspectos del confinamiento a causa del Covid-19 será el hecho de que los centros educativos tuvieron que cerrar sus puertas, pero el curso debía continuar. ¿Cómo? La situación era inédita. Los profesores y los alumnos en estado de shock trataron de sacar adelante en tiempo record un método didáctico basado en contactos telemáticos con mayor o menor fortuna. Pero… y los padres ¿han visto a sus hijos aprender y progresar? Sin duda han sentido la responsabilidad que, ciertamente, no les correspondía de hacer de puente, cuando menos, en tan estresante (e improvisada) situación. Es obvio que la situación ha servido como un verdadero “stress test” para el sistema que no sabemos muy bien si ha superado con éxito. Desde la ministra hasta el último profesor y alumno…, ¿han estado a la altura de las circunstancias? ¿Se han tomado las medidas necesarias? ¿Se podría haber hecho mejor? Y… ¿cómo lo han vivido los profesionales, los padres y los alumnos de Manzanares?