Por Óscar Parada Maroto

O Gerona. Qué más me da, que me da lo mismo. Y para quien no sea capaz de admitir esta ambivalencia y sea seguidor acérrimo de los extremismos que hoy nos gastamos (bien sea sectario independentista bien fanático españolista), me permitiré darle en breve la medicina que pone remedio a su enfermedad.

De la ciudad de los cuatro ríos, pues ese honor tiene Gerona, se disfruta paseando por la margen del río Onyar, y viendo reflejados en sus aguas los tonos canelas de la hilera de casas que lo flanquean. Unas casas que parecen hacer de parapeto para que el Barri Vell, con la catedral al frente, no termine precipitándose ante las aguas. Tiene este Barrio antiguo de Girona un encanto como pocos. Es buena idea comenzar a patearlo desde la Plaça del Vi, y ya desde allí irse dejando tentar por el buen puñado de casas palaciegas, de callecitas estrechas y de escaleras empinadas con que nos iremos encontrando. Todo ello salpicado, eso sí, de balcones con pendones estelados, como si en pleno siglo XXI los exaltados estuviesen yendo a batallar comandados por el mismísimo Ramón Berenguer. ¡Hay que ser corto de miras!

Y más pronto que tarde, por mucho que hayamos querido olvidarnos de planos y de rutas, uno termina topándose con la plazoleta de la catedral. Es ésta otra de ésas que tiene aspecto de fortaleza, majestuosa al final de un buen tramo de escaleras. Siempre merece la pena volver a pasar, pues no en vano puede presumir este templo catalán de tener la nave más ancha del gótico europeo. Aunque si con algo me he de quedar de esta catedral, es sin duda con el magnífico Tapiz de la Creación, uno de los pocos bordados románicos que nos ha llegado hasta nuestros días y que es un auténtico tratado doctrinal a base de cientos de hilos de colores. Y justo al salir, a escasos metros, no podemos dejar de visitar los Banys Àrabs, los antiguos baños públicos donde uno se puede imaginar a los catalanes de la época yendo del frigidarium al caldarium. O de la sala caliente a la sala fría, según lo que a uno le pida el cuerpo. Siempre se me escapa una sonrisa, eso sí, cuando reparo en que un manchego está visitando unos baños catalanes que resulta que son cristianos y se conocen como baños árabes con estancias con nombres latinos. Yo me sonrío, como digo, pero habrá hasta quien le salgan salpullidos con tanto revoltijo de culturas. ¡Hay que ser cerrado de mollera!

Y de una catedral, a la otra que tiene Girona. No echarse las manos a la cabeza, pues me consta que no tiene Gerona tal privilegio como pudiera tener Salamanca. Cuando digo la otra catedral me refiero a la culinaria, a la catedral de los fogones que regentan los célebres hermanos Roca. Aunque en esta ocasión me hube de conformar solamente con verla por fuera, no teniendo oportunidad ni de cruzar su pórtico. Y el motivo de no poder visitar este templo para los foodies es que no había tenido meses antes la previsión de reservar, de modo que me tuve que quedar con las ganas de degustar las suculencias de este renombrado Celler de Can Roca. Y como ya estaba por los extrarradios y sin haber sufrido el palo en la cartera que hubiera supuesto una comida en el laureado restaurante, me fui a comer a Cadaqués y a disfrutar de unas vistas que quitan el hipo desde el conocido Cabo de Creus, la puntita de España que penetra en el mediterráneo. De España o de Cataluña, pues el Cap de Creus es de ambos. De ambos y de todos. Hasta de los europeos, que también lo contarán entre sus posesiones. Aunque, ya digo, habrá quien lo vea suyo y solo suyo. ¡Hay que ser estrecho de mente!

Tiene Girona otros rincones por los que siempre me gusta dejarme caer, como el paseíto tranquilo por la muralla y la visita obligada a “La Carpa”, una de esas tiendas de juguetes de toda la vida en la que siempre, absolutamente siempre, se tiene la tentación de comprar algo. Cientos de objetos de lata, de madera, de cartón o de papel atestan las paredes. Y hasta el techo está plagado de pájaros de colores, planetas imaginarios, globos aerostáticos y aviones que atraviesan arcoíris. Lo dicho, que no te lo pierdas. Aunque lo mismo hay algún foráneo recalcitrante que hasta se ofende porque el cartel de la entrada figure en catalán. ¡Hay que ser corto de entendederas!

Y, como lo prometido es deuda, pues aquí va la medicina para los obcecados patrioteros de un extremo o del otro. Adminístrese en dosis generosas la medicina del viajar. Salga, descubra, disfrute. Y hable con la gente, y pregunte a los locales. Recorra, camine, alucine. Olvide prejuicios y abra la mente. Y haga y deshaga maletas tanto como pueda.  Eso sí, también le digo que esta medicina tiene efectos secundarios inmediatos. Y es que resulta que es altamente adictiva y no hay manera de desengancharse. Avisado queda.

Por Manuel Rodríguez Mazarro.

Sigue a su aire la pandemia del “miedo” después del año, la vacuna que…, los días se alargan, alboroto de gallineros políticos, día de la “mujer”, del padre San José, estamos en prima-Vera, complejo cambio de hora, pasó la Semana Santa sin pena ni gloria, Ilusión de juntarse las familias ausentes, la Pascua florida, tradiciones de nuestros pueblos, limpieza general, armarios, ropas de entretiempo, preparativos de cochura, –“priorillos” caseros realizados por nuestras madres y abuelas, esta es la vispera de la Pasión.

Me gusta rebobinar, relatar nuestros recuerdos en aquellas cocinas de fogón, trabajo exagerado, jabón casero, asperón, estropajo, cachivaches, cacharros, utensilios a manejar, fregoteo en el dornillo, quedaban como los “chorros del oro”. Eventos de “cochura vasta”, complejo mundo de este mes.

Cajón de la cómoda o del baúl, con olor a naftalina o alcanfor, salía de año en año envuelto en periódicos el farol, la túnica, el capirucho y todo lo concerniente, incluso el cuaderno de recetas escritas a lápiz.

—Las casas olían a canela, miel y fritos; de niños, sentados como felinos en la silla baja, ojos fijos, observando las manos que batían huevos, harina, manteca, azúcar, aceite, anís, “litines El Vesubio”, paños blancos tapando la masa y los mimbres.

Minuciosa limpieza. Cada ama de casa tenía su especialidad, rosquillos, mantecados, pastas, torrijas, flores,…magdalenas en candilejas de hojalata que al pasar por el horno daban aquél subidón de “moño” endulzado.–El mantecado de picos, se triplicaba en volumen, mordida que se llenaba la boca de hojaldre.

Rosquillos de carrete o gargantas, —buen alfarero para ir moldeando la bola de masa y todos salir melgos. La sartén de aceite hirviendo, vueltas y vueltas con una varita especial, ¡oh aquél movimiento de vals de Strauss!, cuidando el dorado, el baño en almíbar y azúcar.

Las flores, nombre de dulzura, color, encanto al paladar. Receta de conventos Calatravos, con enseña de su cruz. Fogones organizados, cuidando los arropes, mistelas, hervidos, anisados y otros destilados de esencias y jarabes que hacían subir mágicamente al cielo.

En este caminar de antesala de la Pasión no podía faltar la típica rosca de nuégados.  Decían ser la corona de Cristo y los piñones o nuégados con miel, representaban las gotas de sangre. –Curiosidad de llamarle rosca Utrera (pueblo de Andalucía). Posiblemente sea receta de Despeñaperros para abajo y llegó a Manzanares en la época que se transportaba en carros nuestros vinos en pellejos, costales de trigo, queso y derivados del cerdo (Vda. Cendal). Cambio que se hacía por aceite, miel y salazones.

Cestas de mimbre, escriños, fuentes y bandejas con elementos para endulzar la vida terrenal, recorrían las mesas en estos días de liturgia, fecha indicada en nuestros pueblos de compaginar el luto de Pasión con el bienestar corporal, de ahí el: “a nadie le amarga un dulce”.

Las denominadas carrozas, se desempolvaban después de un año guardadas, los preparativos de la cofradía, los acuerdos de los hermanos para que su Imagen fuese más vistosa y para ello, cuando terminaban un año, ya empezaban con la antesala del próximo.

El jueves y viernes Santo se oía el silencio en las calles, se respetaba incluso la voz. No había cines, cerraban el casino, bares, panaderías, los novios no entraban a las casas de las novias tenían acotado todo movimiento estelar, días de paralización total, incluso algunas labores caseras.

El recorrido procesional del Cristo Yacente o Santo Entierro de siempre ha causado respeto, carroza custodiada por la Guardia Civil con uniforme de gala y mosquetón a la funerala, tras la imagen las jerarquías cumpliendo el mandato oficial (bastón de mando), acompañamiento de señoras con mantillas, velos, crespones. Impone el desfile de nazarenos de negro riguroso.

He recordado aquella antesala de la Pasión, cuando ni pensábamos en este mal nacido “covid” que nos está haciendo la “puñeta”.

Pies de fotos:

Foto 1: Inauguración del Cristo de la Columna ( patio colegio D. Cristobal 1971)

Foto 2: Pasacalles de Virgen del Traspaso, C/ Toledo (1957)

Foto 3: Recordando a D. Jesús y D. Fernando Palop en plena actividad (2002).

Foto 4: Representación viviente en Domingo de Ramos de 1960

Foto 5: 23 de Marzo de 1985 Bendición nueva imagen “El Descendimiento”.

Foto 6: Ntra. Banda en procesión (José F.-Hidalgo) abril de 1963.

Foto 7: Tradicional paseo en el Domingo de Ramos (1995).

Foto 8: Nuestra Señora del Traspaso, año 1968.

Foto 9: Primitivo San Juan por la C/ Reyes Católicos de 1956.

Foto 10: Desfile Procesional por la calle virgen de Gracia (1960).

Foto 11: Antiguo conjunto de Jesús atado a la columna (1965)

Por Pedro Villarroel

En este capítulo me ocuparé en describir como se fue construyendo y elevando al cielo de Manzanares la antigua Torre de nuestra parroquia, considerando las características más significativas de los “cinco cuerpos” que, de abajo arriba, la configuraron, definitivamente, pasada la mitad del siglo XVIII…Podemos imaginar a los paisanos de aquel tiempo, cada vez que circulaban por la Plaza Mayor, elevando su mirada para observar el rudimentario andamiaje de cuerdas y maderos, donde unos obreros, que parecían funambulistas, iban concretando la construcción de esa Torre,… ver como se elevaba, desde la galería de la Iglesia, su primer cuerpo, una mole sólida y cuadrada de piedra, a finales del siglo XVII…luego, algún tiempo después, apenas atisbado entre el andamiaje, la gente contemplaría la elevación del segundo cuerpo, tan característico y bien armado de aquella torre, el Campanario, una construcción octogonal de grandes ventanales, que permitían ver sus ocho campanas interiores…La campana que hacía más frente a la Plaza era un gran ejemplar; que tañía con especial sonoridad, gravedad y arrogancia, tendiendo a mitigar el sonido de las restantes, como queriendo mostrar su carácter dominante, para el anuncio de grandes aconteceres… Es probable que la Torre iniciara el “Siglo de las luces” terminando ese segundo cuerpo,.. y que fuera, en ese Siglo XVIII, mientras la guerra de sucesión, o durante la comendaturía del “Señor de los Cameros”, cuando se izaron al cielo sus tres últimos cuerpos… El tercer cuerpo, el del Reloj, compuesto de cuatro esferas que se correspondían con los cuatro contornos de la base de la Torre, cubiertas de bella pizarra. El cuarto cuerpo, una pequeña maravilla, constituida por un alto y airoso templete, con gráciles ventanales, y todo su conjunto circundado por un balconcillo. Finalmente, el quinto cuerpo, hecho a base de pequeños departamentos, dispuestos en correspondencia vertical con las esferas del reloj, daba gran armonía al conjunto de la bellísima torre antigua de la Catedral de Manzanares, en una airosa espiral apizarrada, que habría de conocerse, como “el nazareno”, sobre el que se izaron, en un glorioso día ignoto de aquella centuria ilustrada, una bola de acero, coronada por una Cruz de hierro de ochocientos kilos, que remató esa imponente Torre.. Fue en el año 1778, cuando podemos fechar el evento final que otorgó completitividad a la torre antigua; en esa fecha, más de un siglo después de ser colgadas en su campanario las dos primeras campanas, se instaló el primer reloj de la torre… de una sola esfera, y frente a la plaza… daba con un solo tañido las medias horas y con dos las horas…. ante la admiración y contento del vecindario, quienes orgullosos y satisfechos de aquel gran acontecimiento en sus vidas, dieron por bien empleados los 6.000 reales que costó el reloj, aunque en aquella dura época fuese un evidente exceso. Los vecinos, se paraban en la Plaza, a escuchar el tañido de las campanas, cuyo eco se propagaría por la senda del tiempo y los vetustos caminos, desafiando al horizonte por los siglos de los siglos…

Igual que un fuego accidental, el día del Corpus de 1571, fue origen y razón de la reforma y ampliación del crucero y, en gran medida también, de la idea de crear una nueva torre para nuestra catedral, otro incendio, la madrugada del 21 de julio de 1936, esta vez provocado por el odio y la estulticia humana, acabó con aquella magnífica Torre, motivando la construcción de la actual, durante la postguerra, en un ejercicio de mimetismo arquitectónico bastante logrado, que puso a la visión de los manzanareños otra magnífica y bellísima Torre, algo más robusta y alta que la antigua, pero bastante parecida; ícono de este pueblo y también un auténtico Faro de la Mancha… reconocible en lontananza de campos y caminos, como señal de proximidad a Manzanares; y que, al paisano que se acerca, cuando la percibe en el horizonte, le provoca gran alegría y cierta congoja, sintiéndose atraido por ella… como si esa aguja esbelta, estuviese imantada… como si su aspecto bellísimo, que atrae a todo el que pasa cerca de Manzanares, lo hiciese en él de manera especial y más intensa…No es nada extraño este efecto y sensación…llega a su pueblo, al encuentro de su gente…y, aunque venga de lugares próximos o lejanos, y aunque este dejando atrás gentes y cosas buenas ¡¡¡ay, amigo mio!!!…este, al que llega, anunciado por la silueta frágil y esbelta de su Torre, perfilada en el incomparable cielo azul que dibuja su contorno; es, ni más ni menos, que su pueblo…allí están los colores y olores de su infancia…los lugares que evocan los ruidos y los juegos de su niñez, aquel pasillo, de aquella casa (la suya), donde aún parece oirse el sonido de los pasos del padre, de la madre o de los hermanos…allí está ese castillo que habla del origen calatravo de la villa y de sus gentes;… allí se acerca ese pueblo suyo, con su rio y sus paseos, sus plazuelas, sus parterres y su Gran Teatro, lugares que son testigo de juegos y de primeros amores… y esa Plaza, tantas veces transitada, con una Iglesia de precioso frontispicio. de cuyos techos surge esa Torre bellísima, símbolo e ícono, por siempre jamás, de la noble e hidalga villa de Manzanares de la Mancha.

Carlos Fernández-Pacheco Sánchez-Gil y Concepción Moya García

El fugado fue acogido la primera noche por su hermano en su vivienda, tras lo cual se refugió durante tres o cuatro días en la casa de un guarda, situada en un monte cercano a La Solana, de la que escapó al ser descubierto, antes de que llegara la guardia civil. Desde allí se trasladó a Argamasilla de Alba, donde se hospedó en la posada “Casa de la plata” propiedad de Manuel Castaños alias “Chocolate”, vecino de La Solana. El 1 de febrero fue detenido, existiendo dos versiones de lo sucedido. Una indicaba que al cruzarse con él Eugenio González, alguacil de la localidad, le resultó sospechoso, siguiéndolo hasta la posada y dando aviso a la guardia civil; según la otra, fue denunciado por una mujer, viuda de un antiguo compañero del perseguido, conocida como “Chocolata”. Hasta el lugar donde se encontraba se desplazaron los guardias Juan Ledesma y José Román Mato, que procedieron a su detención, confiscándole una faca de grandes dimensiones, que llevaba en la manga de su chaqueta.

A las once de la mañana del día siguiente fue trasladado a Manzanares, y puesto a disposición del juzgado a las cuatro de la tarde, junto al dueño de la posada, que fue liberado poco después al demostrarse su inocencia. El miedo a que Miguel Galindo se pudiera fugar, provocó que durante su traslado de la cárcel al juzgado, lo llevaran con esposas en las manos y unos grilletes especiales en los pies, de los que salía una cadena que era portada por un guardia civil.

Las investigaciones de la policía descubrieron que “Cañamón” y “Borguetas” habían trabajado como jornaleros durante la última vendimia con Doroteo, y sabían que disponía de dinero. También fue detenido Simón Bolaños Lara, amigo de Doroteo y conocido de “Cañamón”, que la tarde del crimen había estado jugando a las cartas con el asesinado; así como la mujer y los tres hijos de “Borguetas”1.

Pese a su negativa a reconocer los hechos, las pruebas iban cerrando el cerco sobre los asesinos. La mañana del 8 de febrero se realizó el registro de la casa de “Borguetas”, y de un pozo se extrajo un bulto con varias prendas de mujer (una toca, una falda y un mantón) atadas con una piedra, que podían proceder del robo y en las se observaban manchas que parecían de sangre. Dos días más tarde, un hijo de “Borguetas” conocido como “El cojo de Espartero”, declaró ante el sargento de la guardia civil, que entre las diez y las once de la mañana del 23 de enero, arrojó un martillo y tres limas, que le había entregado su madre, en una noria, situada en la huerta del “Marqués”, junto al río Azuer, propiedad de Agatino Chacón, marqués de Salinas.

Al suponer que las citadas herramientas serías las utilizadas para cometer el crimen, a medianoche se colocaron tres potentes bombas para vaciar la noria. Pese a dos días de infructuosos esfuerzos, solo se logró que las aguas descendieran cinco de las doce varas que tenían, provocando las corrientes de avenida que volviera a llenarse nuevo. Por ello se decidió contratar un buzo de Alicante, el cual bajó a reconocer la noria, situada cerca de las eras de San Blas, el día 16 a las cuatro de la tarde, acudiendo un inmenso gentío a ver las operaciones, pero solo encontró algunos cubos viejos2.

Finalmente, después de más de veinte días de interrogatorios y pruebas periciales, el 15 de febrero, Miguel Galindo Expósito “Borguetas” acabó confesando el crimen y denunció al resto de implicados en el suceso: Francisco Portugués alias “Portus”, José Bolaños alias “Federal”, ambos de Manzanares y Fermín Jiménez alias “Pajarillas”, de Tomelloso.

Con esta confesión y la declaración de “Cañamón”, se pudo conocer la correlación de los hechos. “Cañamón” durmió en Membrilla el 19 de enero, y de allí fue a La Solana, para reunirse con “Borguetas”, saliendo ambos el 21 para Manzanares, donde se dedicaron a pedir limosna. El 22 se reunieron con el resto de sus cómplices para llevar a cabo el robo, situándose en una rinconada que hacía la acera frente a la casa, esperando una oportunidad para entrar, que llegó cuando salió Carmen a hacer un recado, dejando la puerta entreabierta.

El “Portus” se quedó vigilando desde la acera de enfrente y “Cañamón” se apostó detrás de la puerta de entrada. El resto penetró en la cocina, matando primero a la mujer que los recibió gritando: “ahí vienen los ladrones”, y a continuación al marido, que no tuvo tiempo de ofrecer resistencia. Al poco llegó Carmen, a la que “Cañamón” intentó entretener, pero al penetrar en la casa reconoció a José Bolaños, por lo que este le dio dos golpes causándole la muerte, siendo arrastrada por “Cañamón” hasta el centro de la cocina.

Una vez cometido el crimen, se dedicaron a buscar el dinero, encontrando 2.500 pesetas detrás de varios cuadros, a continuación salieron en distintas direcciones, para reunirse en casa de José Bolaños, marchando este disfrazado con ropas de mujer, que abandonó poco después. Decidieron que “Borguetas” se quedara como depositario del dinero, para repartirlo días después, y se marcharon los tres implicados que no eran de Manzanares, por el camino de Argamasilla hasta el “cerro de la Cruz”, donde escondieron las ropas manchadas de sangre debajo de unas piedras. “Cañamón” reclamó su parte, a lo cual se negó “Borguetas”, llegando a las manos e hiriéndose mutuamente, llevando el primero la peor parte. Tras separarse de “Pajarillas”, robaron en una casilla de peones camineros de La Solana, para que les sirviera de coartada. Luego fueron a la casa de un hermano de “Borguetas”, Pedro Galindo, que no aceptó acoger a “Cañamón”, al que no le quedó más remedio que acudir al juez municipal para que le curaran sus heridas, momento en que fue detenido.

La noche del mismo día 15, el juez municipal Alfonso Vega y Fidel Serrano fueron a detener a Francisco Portugués, que no opuso resistencia, mientras que se montó un operativo para rodear la casa de José Bolaños con policías locales y guardias civiles, procediendo a su arresto, ocupándole un revolver cargado. Las operaciones terminaron a las cuatro de la mañana, con la detención de familiares de los nuevos implicados. Al estar la cárcel abarrotada, fueron llevados al ayuntamiento y al teatro viejo, para asegurar su incomunicación.

A primeras horas de la mañana del día siguiente se interrogó a “Pajarillas”, detenido en Tomelloso, negando su participación en los hechos, pero al realizar un careo con “Cañamón”, sufrió un ataque congestivo, motivo por el que falleció a las dos de la tarde. José Bolaños y Francisco Portugués negaron los hechos, pero durante el careo con “Cañamón”, el primero confesó, declarándose culpable del asesinato de la mujer, y que “Pajarillas” mató a Doroteo ayudado por “Borguetas”, y este último asesinó a la niña.

La mujer de José Bolaños aclaró algunas circunstancias que faltaban por conocer, quedando el caso cerrado. Todos, excepto el “Portus” se habían reunido en su casa, donde merendaron y bebieron, dirigiéndose desde allí a realizar el asalto de la casa de Doroteo, uniéndose a ellos el que faltaba, en la calle. Una vez consumada la acción, volvieron todos a la casa, donde ella tuvo que lavar la ropa y las botas manchadas de sangre, y no lo denunció por miedo a su marido, que la maltrataba con frecuencia, hecho que fue corroborado por su hermana. El acusado que no confesó fue “Borguetas”, pese a realizar cuatro careos con “Cañamón”, José Bolaños, la mujer y la cuñada de este último, negando en todo momento su intervención en los hechos, dando muestras de gran cinismo y sangre fría3.

(continuará)


1 El Pueblo Manchego, 1, 3, 4 y 7 de febrero de 1911; La Época, El Globo, El Imparcial y El Siglo Futuro, 3 de febrero de 1911; El Día de Madrid y La Mañana, 7 de febrero de 1911; ABC, 8 de febrero de 1911.

2 El Pueblo Manchego, 8, 9, 10, 11, 13 y 14 de febrero de 1911.

3 El Pueblo Manchego, 15, 16 y 17 de febrero de 1911; La Época, 15 de febrero de 1911; El Imparcial, El Globo, El Día de Madrid y La Época, 16 de febrero de 1911; El País, 17 de febrero de 1911.

A Ourense solo le falta una cosa. Por lo demás, el que se acerca a conocer la ciudad (mejor diría se aleja, porque desde Manzanares nos queda a casi 700 km) no dejará de toparse con placeres para el cuerpo y alivios para el alma.

Un primer paseo por el casco viejo te termina llevando, entre callejas y plazuelas, con sus fuentes y cruceiros, a la Plaza Mayor. Porticada e inclinada, como ninguna otra verás por España. Y de ahí a la catedral. La catedral de San Martín, románica tardía de transición al gótico. Te basta un vistazo al pórtico para caer en la cuenta de que merece la pena. Dentro te aguardan las bellas capillas del ábside, un destacado retablo y un reconfortante paseo meditado por sus naves. Nada mejor que la piedra desnuda para dar descanso al alma. ¿Y al cuerpo cuándo? Pues aquí mismo también. Nada más salir de la catedral hay que cambiar de tercio y liarse con la tapa de empanada por las rúas da Paz, Lepanto o Viriato. Digo empanada como bien podría decir mejillones o pulpo, ya sabemos que en Galicia no se falla.

Aunque tiene Ourense otro atractivo que combina como ningún otro el tema este del deleite para el cuerpo con el gozo para el alma. Ya lo vieron los romanos que conquistaron Ourense, que sabrían de esto un rato. Las termas. Sí, sí, verdaderas termas. Hay variedad donde elegir, pero ya te digo yo con las que el acierto es seguro: Las de Outariz, a escasos minutos de la ciudad en coche y pegaditas al Miño. No hay mejor modo para descansar cuerpo y mente que dejar el móvil en la taquilla y sumergirse en estas aguas reparadoras.

Y estando en Ourense no te vengas sin acercarte (aquí sí que digo a conciencia acercarse, pues solo son un puñado de kilómetros) a la Ribeira Sacra. Justamente donde el Sil, el afluente del Miño que todos estudiamos, serpentea entre acantilados de paredes rocosas y laderas de viñedos. Si vas a ir con prisas, mejor no vayas. Porque te vas a arrepentir de no poder pasar un buen rato en sus miradores contemplando el agua luchando con la roca. La vista desde lo alto es espectacular, pero también merece la pena darse el paseíto en catamarán para apreciar de cerca los terrenos escarpados donde parece imposible poder vendimiar esas uvas que acabarán siendo los afrutados vinos de la Ribeira Sacra. Lo dicho, que si vas con prisas, mejor no ir. Porque la idea es quedarse a dormir en un monasterio de los muchos que abundan por la zona (de ahí lo de Sacra, claro). Hay que rematar bien esta escapada, que va de hermanar el bálsamo para el alma con los goces para el cuerpo. Y no puede ser otro que el Monasterio de Santo Estevo, otrora cenobio o colegio de Artes, pero hoy un Parador de los emblemáticos. Aún recuerdo el rato que eché leyendo en su claustro (el de los Obispos, el más cautivador, porque tiene dos más) o deambulando por su iglesia. Si a esto le unes el placer de desayunar en el claustro de la Portería con esos panes que por aquí se gastan o de cenar bajo una auténtica bóveda en las viejas caballerizas un rodaballo con un albariño de la zona, ya tienes otra vez la simbiosis cabal entre lo mundano y lo etéreo.

A Ourense solo le falta una cosa. Y es que el mar bañe sus tierras. Aunque visto lo visto, ni falta que le hace.

Concepción Moya García y Carlos Fernández-Pacheco Sánchez-Gil

El 11 de noviembre de 1910 tuvo lugar un nuevo suceso sangriento en Manzanares, cuando Ramón Clemente Casado abrió fuego contra una pareja de guardias civiles, matando a uno e hiriendo al otro, tras lo cual inició una larga huida al ser perseguido por decenas de guardias. Su perfecto conocimiento del terreno y astucia para escapar del cerco al que le sometieron, alargó la fuga durante 15 días, concluyendo con su entrega a las autoridades. El seguimiento exhaustivo de la prensa de todo el país, lo convirtieron en una leyenda, llegando a ser catalogado como el “último bandido”.

     Para buscar las causas del suceso, hay que retrotraerse en el tiempo. Ramón Clemente Casado, apodado “Uñas”, era un joven de 22 años, soltero, pequeño de estatura, delgado y moreno, que se dedicaba a la caza furtiva desde los 12 años, acompañando a su padre, con el objeto de alimentar a su humilde familia. Dos años antes del suceso fue sorprendido por dos guardias, uno de ellos conocido como Maroto, cuando estaba cazando pájaros, los cuales le golpearon hasta que entregó la escopeta. Un segundo incidente tuvo lugar el 8 de septiembre de 1910, durante la feria, cuando estaba cazando junto con Antonio Vázquez en “El Cuartillo”. Fueron descubiertos por dos guardias civiles a caballo, Antonio Hornero y Patricio Morales, que los persiguieron y tras capturarlos, los abofetearon y les dieron varias patadas, que le provocaron a Ramón la rotura de un oído y la descomposición del muslo, causándole una cojera que le duró dos meses. Fue atendido por el curandero Eugenio Calleja, debiendo prestarle Felipe López Cano una burra, para que pudiera desplazarse.

     En noviembre fue condenado por el Juzgado Municipal a 20 días de arresto, por sus actividades furtivas, denunciadas por un guarda de la finca de “La Mancha”, enviando a un alguacil para darle a conocer la pena y conminarle a que se presentase en el Juzgado. Ante su negativa y actitud amenazante, el empleado solicitó la presencia de la guardia civil para que le acompañara. A las 6 de la tarde del 11 de noviembre, la pareja formada por el cabo Juan Ramírez y el guardia Antonio Hornero, junto a Servando Fernández Muñoz, se presentaron en casa de Ramón, para conducirlo ante el juez. Pero Ramón al verlos llegar huyó, por lo que tras un infructuoso registro, regresaron al centro de la población sin él.

     El prófugo saltó las tapias del corral de su casa y se dirigió hacia el camino de la Cruz que debían seguir los guardias, escondiéndose en la tapia de la era de Capilla. Al llegar la pareja, el fugado efectuó dos disparos de postas hiriendo mortalmente a Hornero, el cual falleció horas después, y levemente a Ramírez. Los guardias dispararon infructuosamente sobre el atacante, que tras realizar los disparos, saltó al extremo de la pedriza, dándose a la fuga por el campo.

     Los heridos fueron auxiliados por los vecinos de las casas próximas que salieron al oír las detonaciones y atendidos por el personal de la Cruz Roja que llegó poco después junto con el médico, el Dr. Roncero. Hornero fue trasladado en camilla al hospital, donde falleció a las cuatro de la mañana, mientras que su compañero se desplazó por su propio pie, al ser leves las heridas. Ramón Hornero era natural de Almagro, tenía 31 años y dejaba a su viuda embarazada y con tres hijos. Fue enterrado a las cuatro de la tarde, presidiendo la ceremonia el teniente coronel jefe de la Guardia Civil, un comandante de zona, el alcalde, el juez de instrucción y el municipal, junto a varios concejales. El cabo Ramírez estuvo en tratamiento 15 días, recuperándose plenamente de sus heridas[1].

     A partir de ese momento se llevó a cabo una larga e infructuosa persecución. El teniente coronel jefe de la Benemérita en la provincia se dirigió a Manzanares para coordinar la operación, donde fueron encaminados todos los guardias civiles disponibles para participar en ella. La prensa de todo el país se dedicó a magnificar sus hazañas tachándolo de bandido o bandolero. Las informaciones indicaban que había herido a un guardia del campo en el brazo diciéndole “no te mato, pero te dejo manco”, cuando solamente lo desarmó, poniendo en su boca declaraciones como: “catorce cartuchos me quedan, trece son para los guardias y uno para mi”, e incluso algunas informaciones lo situaban en la sierra de Alcaraz o en la aldea de El Salobral, cuando no salió de los alrededores de Manzanares.

     Ramón tras el tiroteo huyó hasta el corral de “la Retamosa”, donde un vecino de Daimiel le dio de cenar. El día siguiente estuvo merodeando por los alrededores de Manzanares, encontrándose con un pastor que le aconsejó entregarse a las fuerzas del orden. Después cenó y pernoctó en la casa de Filiberto Lozano, de la que salió el 13 por la mañana, día en el que no se cruzó con nadie, eludiendo el operativo montado por los guardias civiles para su persecución.

     El 14 se refugió en un chozo de pastor, donde sorprendió a los guardias de campo León Gutiérrez y Francisco Córdoba, que estaban al servicio del ayuntamiento de Daimiel, cuando iban a penetrar en él. Les obligó a entregar sus armas y municiones, manifestándoles a continuación “que no se mataba, porque quería defender su vida matando”. Después, les conminó a que se marcharan de allí.

     Los guardias informaron de estos hechos a las fuerzas de la guardia civil, que montaron un operativo con quince parejas al mando del capitán Herrera y del teniente Alderete, reforzados con guardias de campo, consiguiendo localizar al prófugo en la corraliza de “la Retamosa”, cercándola para evitar su huida. Tras ello se produjo un intenso tiroteo entre Ramón y sus perseguidores, en el que el primero procuró limitar el uso de las municiones. Los guardias ante el riesgo que suponía asaltar el corral a campo abierto, más teniendo en cuenta que Ramón se encontraba atrincherado y era un experto tirador, decidieron esperar la llegada de la noche.

     La acción más audaz de Ramón fue la que realizó a continuación, pues al sentirse acorralado dio muestras de gran astucia, escapando de un cerco en el que participaban unos cuarenta hombres. Armó un pelele con dos palos y sus ropas, colocándole una de las carabinas que había sustraído a los guardias jurados, y lo dejó junto a una tapia a la vista de sus perseguidores. Al verlo, los guardias se acercaron y abrieron fuego contra él, tras lo cual el capitán Herrera, el teniente Alderete y el guardia de campo Hilario Vallejo, se dirigieron al galope al corral, donde solo vieron el muñeco dejado por Ramón. Éste vestido con su ropa interior y una americana, junto con la escopeta, eludió el cerco aprovechando la confusión y la oscuridad, pasando incluso al lado de un guardia de caballería que no lo vio. En el fracasado asalto resultó herido leve el guardia Vallejo, al ser confundido con el prófugo[2].

 


[1] El Imparcial, 13 y 15 de noviembre de 1910; La Mañana, La Época, El Liberal, El Siglo Futuro y El Día de Madrid, 15 de noviembre de 1910; Diario de la Mancha y El Correo Español, 16 de noviembre de 1910; Heraldo Militar, 18 de noviembre de 1910; El Pueblo Manchego, 16 de mayo de 1911.

[2] Diario de la Mancha, 16 de noviembre de 1910; El Día de Madrid, 16 y 19 de noviembre de 1910; El País, 16 de noviembre de 1910; El Imparcial, 17 de noviembre de 1910.

Concepción Moya García y Carlos Fernández-Pacheco Sánchez-Gil

En la actualidad estamos viviendo unos momentos difíciles, por la pandemia del coronavirus Covid-19, que nos ha obligado a cambiar nuestra forma de vida, al menos de forma temporal, como consecuencia del confinamiento y la paralización de las actividades económicas no esenciales, para detener la expansión de una enfermedad para la que no se conoce vacuna ni remedio, y que se está expandiendo rápidamente por toda la humanidad. Pero esta situación no es la primera vez que aparece, pues en la historia encontramos otros momentos en los que han ocurrido situaciones similares, que han afectado gravemente a la población, siendo las actuaciones adoptadas parecidas a las actuales, como podremos observar a continuación.

En este artículo vamos a hablar de dos de las más cercanas a nuestro tiempo. En el siglo XIX, el cólera fue una de las enfermedades que produjo una mayor mortalidad en el mundo. La primera epidemia se desarrolló en la India en 1817, y desde allí se extendió a Europa, América y otras zonas de Asia. España sufrió cuatro brotes importantes desde 1833, que provocaron grandes mortandades. El más fuerte tuvo lugar en 1885, procedente del sur de Francia, y favorecido por el comercio del país vecino hacia los puertos levantinos. El cólera se introdujo por Valencia, extendiéndose desde allí por toda la geografía española, siendo las regiones más afectadas las del sur y el levante. El número de infectados ascendió a más de 338.000, de los cuales casi 120.000 fallecieron, creando una situación de psicosis en la población1.

Las principales medidas contra la epidemia fueron sobre todo higiénicas, siendo un ejemplo el bando publicado por el ayuntamiento de Valdepeñas, mucho antes de que la enfermedad llegase a la localidad, solicitando a los vecinos que blanqueasen sus casas, procurando el mayor aseo y limpieza de las mismas, además de prohibir el movimiento de estercoleros y basuras, así como arrojar aguas sucias o inmundicias a la calle. Al mismo tiempo se acumularon productos desinfectantes y cal viva para calcinar los cadáveres y se crearon lazaretos para asegurar el aislamiento de los afectados, aunque al final no fue preciso utilizarlos. Para evitar el desabastecimiento de alimentos, se aconsejó a los comerciantes que tuvieran reservas de arroz, azúcar y almendra2. Aunque existía una vacuna contra la enfermedad, creada en enero de 1885 por el médico español Jaime Ferrán, el número de vacunados apenas alcanzó los cincuenta mil.

Uno de los primeros pueblos afectados en la provincia fue Membrilla, donde se inició a comienzos de julio. Cuando el día 23 se empezaron a generalizar las muertes, la situación se volvió alarmante. Una de las primeras medidas que se tomaron fue prohibir el lavado de la ropa en el río Azuer, estableciendo un puesto de la Guardia Civil para que se cumpliera la orden. De esta forma se evitó que la enfermedad se propagase hacia Manzanares y Daimiel.

El hecho de que en Manzanares se diera la circunstancia de que el alcalde, Juan Sánchez Cantalejo, fuera médico, favoreció que se tomaran con prontitud las medidas adecuadas, comenzando la desinfección de locales y calles, al tiempo que se suspendían la celebración de actos multitudinarios. Ello provocó la amarga queja de Filomena de San Giuliano, que después de desplazarse con su compañía y 800 kilos de equipaje para dar dos funciones en el teatro de Manzanares los días 25 y 26 de julio, y sufrir la fumigación de su personal y material, al final no recibió la autorización para realizar la representación, al no permitir las autoridades sanitarias las aglomeraciones de público.

La grave situación en Membrilla a finales de julio, con 32 fallecidos en 16 días y 34 personas convalecientes, un médico en cama afectado por la epidemia y el otro en un “grave estado de postración moral” por tener enferma a su hermana, unida a la resistencia de los enfermos a tomar la medicación, provocó que el subdelegado de medicina de Manzanares tuviera que ponerse al frente de la situación sanitaria en Membrilla. El gobernador de la provincia se desplazó a la localidad con desinfectantes y recursos, llegando numerosas ayudas desde Manzanares para controlar la epidemia, que entre los días 4 y 10 de agosto causó 85 infectados y 40 muertos.

En Manzanares, a las medidas higiénicas y sanitarias se unió el control de las personas que entraban en la localidad. Un médico se desplazó a la estación del ferrocarril para someter a los viajeros que llegaban a una inspección facultativa. A aquellos que presentaban algún síntoma de la enfermedad, les expedía un certificado y los enviaba al hospital de “epidemiados” que se había establecido en el Hospital de la Caridad, situado en la esquina de las calles Estación y Hospital (actualmente Virgen de la Paz y Alfonso Mellado). Por otro lado, se formó una asociación de mujeres, presidida por Dolores Noblejas y Antonia Enríquez, que apoyaba y secundaba las medidas dictadas por las autoridades y atendía a las personas afectadas, lo que favoreció que los escasos focos en la población se controlaran y extinguieran con rapidez3.

El primer caso de cólera en Manzanares tuvo lugar el 5 de agosto, dándose la enfermedad por controlada el 28 de septiembre. Durante este tiempo, hubo un total de 54 personas infectadas de las que murieron 39, un número bajo, si lo comparamos con otras localidades como Membrilla con 368 afectados y 158 muertos, Valdepeñas 469 infectados y 182 fallecidos, Alcázar de San Juan con 395 y 163 o Tomelloso con 398 y 225, respectivamente.

Para celebrar el fin de la epidemia, el 18 de octubre se celebró en la iglesia de la Asunción un solemne Te-Deum de acción de gracias, al que asistieron las autoridades, cofradías y fieles, oficiado por Pedro José Sánchez Carrascosa, que hizo un compendio de los momentos vividos durante la epidemia y de las medidas tomadas por las autoridades, destacando la acción del alcalde, que ayudó y consoló a los enfermos desde su doble función, administrativa y científica. La procesión y festividad de Nuestro Padre Jesús del Perdón, al no poder realizarse en su día, se celebró el 25 de octubre, a continuación de la novena4.

La epidemia de gripe de 1918 fue una auténtica pandemia mundial, provocando un gran número de muertos en todo el planeta, que algunas fuentes cifran entre los 50 y 100 millones, calculando que murió un 2,5% de la población. En España los datos oficiales de fallecidos ascendieron a unos 169.000, aunque las estimaciones realizadas por investigadores actuales los elevan hasta los 260.000. El momento crítico de la epidemia en nuestro país fue entre los meses de septiembre y noviembre de 19185.

A finales de septiembre, el Gobierno Civil distribuyó circulares dando instrucciones sobre los casos sospechosos de gripe y ordenó la instalación de locales para personal técnico y desinfección, por si fuera necesario el aislamiento de enfermos. En octubre de 1918, la epidemia afectaba a numerosos pueblos de Ciudad Real. La cifra de morbilidad en la provincia pasaba de 2.000, los casos graves un 6%, mientras las defunciones se encontraban entre un 2 y un 3%. Las poblaciones más afectadas eran Daimiel, Miguelturra y sobre todo Tomelloso con unos 3.000 casos, y cuatro o cinco muertes diarias, habiéndose propagado la epidemia por la llegada de forasteros a la vendimia. El 9 de octubre se estableció un puesto sanitario de vigilancia para desinfectar a los viajeros procedentes de puntos invadidos en la estación de Alcázar de San Juan, ampliándose posteriormente a las de Valdepeñas, Manzanares, Ciudad Real y Puertollano, y el 14 se dictó el cierre de todas las escuelas. Entre las recomendaciones médicas estaban el lavado jabonoso y frecuente de las manos, el fregado de las casas con zotal o lejía y que los hombres dejasen de acudir a casinos, peñas y tertulias.

Pese a ello, Manzanares no fue especialmente atacada por la enfermedad, pues mientras que en otros pueblos los casos se contaban por miles, el 8 de octubre se informó de la existencia de 40 afectados de carácter benigno y 15 con fiebres tifoideas. El 18 del mismo mes, se comunicaron 53 nuevos casos, 4 de ellos graves, en un día en el que en el hospital de Valdepeñas hubo 16 defunciones6.

Un claro ejemplo de la escasa incidencia de la enfermedad en Manzanares, se puede ver en las estadísticas de octubre, en las que aparecen 491 casos de gripe en su distrito, mientras que en el de Alcázar se cifran en 16.642, en el de Ciudad Real en 5.700, y en los de Infantes y Valdepeñas 3.119 y 1.377 casos respectivamente. El mes siguiente, Manzanares se mantiene con 307, frente a los 1.666 de Almadén, 1.470 en Infantes, 836 de Alcázar o los 709 en Valdepeñas. En los tres meses más duros de la epidemia, de septiembre a noviembre, en el distrito de Manzanares se contabilizaron 881 afectados, teniendo en cuenta que incluían a otras poblaciones grandes, como Membrilla y La Solana7.

Las principales medidas tomadas por el ayuntamiento de Manzanares cuando la epidemia atacó con más fuerza fueron el cierre de escuelas, la desinfección de las calles y locales, la limpieza de las cubas de reparto de agua, y la prohibición de actos con acumulación de personas, entre los que se incluyó la visita a los cementerios el 1 de noviembre. El número de muertos desde marzo de 1918 hasta finales del año siguiente ascendió a unos 758, un número muy bajo para tan largo periodo de tiempo, por lo que la epidemia apenas afectó a la localidad.


Jiménez Villalta, Enrique: Epidemias y salud. Ciudad Real: del cólera de 1833 a la gripe de 1918. Biblioteca de Autores Manchegos. Ciudad Real, 2013, pp. 68, 77 y 79.

Archivo Municipal de Valdepeñas (AMV). Caja 846, libro 13. Actas de sesiones 1883-1885. Acuerdos de 14 de julio y 2 de septiembre de 1884.

El Imparcial, 25 de julio de 1885; El Eco de Daimiel, 1 y 15 de agosto, 1 de septiembre de 1885; El Globo, 12 de agosto de 1885; La Iberia, 23 de agosto de 1885.

Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, 16 de abril de 1886 y El Eco de Daimiel, 28 de octubre de 1885.

Jiménez Villalta, Enrique: Op. cit., pp. 121-124.

El Pueblo Manchego, 9, 14, 15, 19, 22, 24 y 31 de octubre de 1918.

Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, 20 de noviembre, 16 de diciembre de 1918 y 31 de enero de 1919.

BERMÚDEZ, Antonio: Manzanares bajo el reinado de Alfonso XIII (1902-1931). Edición del autor en CD. Córdoba, 2008, p. 339.

Ángel García-Consuegra

En estos tiempos la televisión debe estar para informar, pero también para entretener, acompañar y concienciar

José Carlos Naranjo Sánchez – Maroto es periodista en Manzanares10TV. Ha estado en importantes medios a lo largo de su carrera como por ejemplo Cadena Ser, AS o Los 40 TV. En esta entrevista tratará de acercarnos la realidad de la televisión en momentos como este y nos contará la labor que hacen en la emisora local para alegrar la tarde a todos los manzanareños.

Pregunta: ¿Desde cuándo tenías claro que te gustaba el periodismo?

Respuesta: Lo tenía bastante claro desde la ESO prácticamente ya que me apasionaba el periodismo deportivo. La gente tenía la duda en Bachillerato de a qué carrera meterse, pero yo por suerte siempre supe cuál sería mi elección.

P.: ¿Por qué decidiste estudiar en Madrid?

R.: Cuando yo estudié la carrera, en esta comunidad no se ofertaba el grado de periodismo. Realmente me gustó mucho la opción de Madrid porque ahí es donde considero que está el meollo de esta carrera puesto que hay numerosos medios y periodistas. Tenía muy claro la carrera y también el sitio. En mi época, la Universidad Complutense es la que mejor fama tenía en este ámbito, pero allí ves otra realidad. La Carlos III también estaba muy bien, pero, aun así, estoy contento con la decisión que tomé. También me ayudaron en mi formación las distintas charlas de periodistas en los colegios mayores puesto que es donde prácticamente más aprendes de esta carrera. Hablar con profesionales, ver sus perspectivas, etc. ayuda mucho, casi más que lo que aprendes en las aulas que al final está todo orientado de una forma más teórica.

P.: ¿Cómo fueron tus inicios en el mundo del periodismo?

R.: Estuve en PRISA mucho tiempo en la sección digital de la Cadena SER, AS, Los 40, etc. Mis primeras prácticas fueron en el Ayuntamiento de Manzanares tanto en OndaMancha como en la televisión municipal de entonces. Lo hice durante los primeros veranos de mi carrera. Ya en el de cuarto me quedé en Madrid en la SER en la sección de deportes. Ahí trabajé con personas que consideraba ídolos como Paco González y fue increíble. Otro verano estuve en el AS en la sección del Real Madrid y después de eso entré en Los 40 en una televisión que tenían que ya no existe. Ahí fue donde conseguí mi primer trabajo sin ser becario.

P.: Durante tu experiencia en la Cadena SER obtuviste un premio muy importante. Háblanos de ello.

R.: Sí, tengo muy buen recuerdo. Nos dieron un Ondas por cómo cubrimos desde la redacción de deportes los Juegos Olímpicos de 2008. Es verdad que nos lo dieron principalmente por los enviados que fueron a Pekín, pero, en parte, también lo considero mío porque trabajamos mucho los miembros de la redacción que nos quedamos en Madrid. Allí hay una diferencia de ocho horas con España por lo que teníamos que madrugar para trabajar y eso durante un mes fue costoso. Vivirlo trabajando es totalmente diferente a verlo desde casa que puedes hacer una selección de los deportes; ahí tienes que estar para todo. Recuerdo especialmente el día de la final de tenis en la que Nadal ganó la medalla de oro. Fue una auténtica locura cómo lo vivimos en la redacción.

P.: ¿Dirías que esa fue tu mejor experiencia como periodista o tienes otras mejores?

R.: Pese a lo vivido en la Cadena SER, diría que no es mi mejor momento como periodista porque era becario. Disfruté mucho de mi experiencia en la televisión de Los 40 porque tuve la experiencia de trabajar como tal. Hice un especial con Dani Martín, con Despistaos… aunque lo cierto es que como estoy ahora mismo en la televisión de Manzanares, no he estado nunca. La gente le tiene muy poca estima a los medios locales, pero te da mucha escuela. Es donde de verdad aprendes porque tienes toda la responsabilidad de la noticia y tienes que cubrir actos muy distintos: un pleno, un concierto de música regional, unas elecciones municipales, etc.

P.: Actualmente estáis haciendo “¿Quedamos? ¡En la tele!”, un programa en directo con Manzanares10TV para hacer más amena la cuarentena a la población. ¿Cómo surgió la idea?

R.: El programa fue una improvisación total. El fin de semana en el que se decretó el Estado de Alarma no trabajamos porque no había nada que cubrir. Yo estuve pensando en mi casa qué haríamos con la televisión ahora que no iba a haber actos porque al final vivimos de eso. Ese mismo lunes nos reunimos cada uno con una idea diferente. Es verdad que hay una gran diferencia entre lo que pensamos el primer día y lo que hacemos hoy. Todo ha ido evolucionando gracias a la implicación de la gente. Yo propuse que lo que toda la población necesitaba era entretenimiento y alejarse de los informativos que hablan todo el rato del coronavirus. La idea inicial consistía en una hora de programa centrándonos en cuatro o cinco noticias y a día de hoy, gracias a la colaboración ciudadana, hemos llegado a superar las tres horas en alguna edición. Estamos increíblemente agradecidos.

P.: ¿Qué tal la implicación de la población? ¿Ha respondido bien?

R.: La implicación ciudadana ha ido progresiva. Es cierto que el primer día no nos llegó mucha respuesta, pero a partir de ahí hemos recibido muchísimas fotos y videos de todo lo que pedimos. Son muy participativos y eso nos encanta porque hace que podamos tener un programa muy completo. Aun así, nosotros tenemos un bloque de noticias porque, al fin y al cabo, somos un medio de información y tenemos que darlas, aunque es complicado por la inexistencia de estas y solo manejamos los datos que aporta el Gobierno de España y el SESCAM. Además del bloque de noticias, tenemos muchas secciones que hacen que el programa sea lo más participativo posible. La asociación Kinésica del pueblo nos ayuda con una sección, también Germán con un apartado de fotografías o incluso una chica manzanareña que vive en Berlín y pinta nos ayuda con una sección de arte. Además, hacemos entrevistas porque pienso que son muy dinámicas y cercanas para que la gente pueda ver lo que opinan o lo que tienen que contar otros de su alrededor.

P.: ¿Cómo os organizáis para preparar el programa? ¿Cuál piensas que será el futuro de este?

R.: Nos encargamos de organizar los contenidos porque todo tiene que seguir un orden, no podemos meter la información de golpe porque queda raro para el espectador. Nos reunimos antes de cada programa y establecemos las pautas a seguir. Ojalá esta buena dinámica dure mucho tiempo porque se nos pasa el tiempo volando y muchas veces ni nos enteramos que llega la pausa para aplaudir. Respecto a la duración, esto tiene sentido mientras que esté la gente en casa porque así puede ver la televisión dos o tres horas. A mí me gustaría seguir cuando acabe el Estado de Alarma, es cierto que no será igual, pero hacer algo parecido con modificaciones porque engancha y a la audiencia le gusta lo que hacemos. La televisión tiene que estar para informar, pero en estas situaciones tiene que estar para entretener, acompañar y concienciar.

Muchas gracias a José Carlos por querer acercar la realidad de la profesión a todos los lectores. Tratar de crear contenido en momentos como este es ciertamente complejo y lo están consiguiendo a la perfección. No me cabe la más mínima duda de que los manzanareños están encantados de su servicio que llena nuestras casas cada tarde.

Por Francisco Menchén Bellón

 

“Si es bueno dormir, mejor es soñar.

Y lo mejor de todo, despertar”

ANTONIO MACHADO /1875-1939)

La crisis inducida por el COVID-19 nos está conduciendo a una gran transformación social, económica, cultural, educativa y espiritual, sin precedentes. El cambio tan profundo que estamos viviendo quedará grabado en nuestra memoria durante muchos años. La pandemia ha sacado de todos nosotros lo mejor que tenemos, y también nos ha obligado a renunciar a todos nuestros hábitos y costumbres y a aceptar, sin titubeo, un estilo de vida desconocido, inusual e incómodo. Estamos ante uno de esos momentos excepcionales que nos presenta la vida.

Algo insólito está pasando en Manzanares: las calles desiertas, las empresas, las tiendas, los bares y los centros docentes cerrados; toda la población confinada en casa, se halla estimulando el cerebro con distintas opciones, alternativas y planes. En el preciso momento en que escribo estas líneas, está cambiando el futuro de la humanidad. Es posible que nos dirigimos a un nuevo renacimiento que ponga al ser humano en el centro de los valores universales.

No estamos realmente aislados, puesto que internet nos está proporcionando aquellos recursos que necesitamos: alimentos, apps de aprendizaje, video conferencias, plataformas de entretenimiento y acceso a bienes culturales de todo tipo. Esta nueva forma de aislamiento nos permite colaborar en la construcción de una nueva mentalidad que será difícil revertir. Tras el aislamiento social es muy probable que cambien nuestros valores, creencias y patrones de conducta. Es la primera vez que en la historia de mi pueblo y de la humanidad se afronta con estas medidas una crisis global.

Los manzanareños tenemos que despertar la creatividad que habita en nuestro interior y empezar a pensar, a sentir con emoción lo que hacemos y crear el mundo que deseamos y, no esperar a que lo hagan los demás. Despertar es conectar con la energía que envuelve a nuestro cuerpo, que nos hace vibrar. La acción de despertar nos permite armonizar el propósito interior con el propósito exterior. Hay que evitar que el ego intente recuperar el control, pues trataría de oscurecer la consciencia emergente.

Pienso que, igual que en los años 40 y 50, la cultura occidental tuvo que posicionarse para vencer los desastres que se produjeron en las dos Guerras Mundiales, hoy día tenemos que recurrir a los patrones que utilizaron los líderes de aquella época, tanto intelectuales como científicos, para superar la descomunal locura, y valorar las estrategias más acertadas, con el objeto de explorar ideas y actuar ahora en consecuencia.

Según las investigaciones realizadas, me consta que, en aquel período, dentro del campo de las humanidades, se realizaron importantes avances, a cargo de los grandes genios del momento, que sirvieron para paliar el caos que se extendió por todo el mundo. Desde mi atalaya, quiero resaltar las aportaciones que hizo el prestigioso psicólogo suizo CARL GUSTAV JUNG (1875-1961), que investigaba por aquel entonces, sobre la influencia del inconsciente colectivo en el comportamiento humano.

La teoría jungüiana resaltaba, entre otros aspectos, el gran interés que había que prestar a la espiritualidad de Oriente para que el hombre y la mujer alcanzaran su plenitud. De este tiempo selecciono de su obra “Recuerdos, sueños, pensamientos” este mensaje: “La naturaleza, el alma y la vida se me muestran como la divinidad manifestándose”.

Actualmente, estamos viviendo unos tiempos turbulentos, convulsos y desbordantes, hasta tal punto que, el coronavirus ha dado jaque mate a la humanidad entera. Por lo tanto, para salir de esta crisis existencial tan profunda, considero que hay que despertar, inexorablemente, a una nueva consciencia; no podemos continuar viviendo con los mismos parámetros, creencias y programas. Hay que empezar a valorar el sentido que tiene la dimensión espiritual para que el ser humano desarrolle todo su potencial que hay en su interior.

En el silencio del “estado de alarma” que estamos viviendo, la creatividad, la imaginación y la capacidad inventiva de todos los humanos han aflorado hasta el infinito, dada la facilidad de accesos que hemos tenido a productos culturales de todo tipo. Nunca en momentos de crisis se había recibido tantos impactos novedosos, en tan poco tiempo.

Hemos estados hiperconectados con el mundo, pero desconectados de nosotros mismos. Recurro a una sentencia de uno de los analistas más prestigiosos del planeta, YUVAL NOAH HARARI, historiador israelí, que ha declarado: “Superaremos la pandemia, pero corremos el peligro de despertar a un mundo diferente”

Estoy plenamente convencido que después de esta reclusión, retumbará en Manzanares una creatividad poderosa que traerá un nuevo renacimiento de todos los ciudadanos. Tendremos que, recrear, reajustar y reconsiderar muchos aspectos de nuestra organización política, social, educativa y también de nuestra vida interior. Pero no debemos sucumbir al miedo. Solo llegará el triunfo cuando se abra el corazón al vecino, al que piensa diferente, al desconocido y, entonces sentiremos que la energía creativa fluirá con AMOR por todo nuestro ser.

Pedro Villarroel

Hablamos en la anterior entrega de la posibilidad que la muralla de Manzanares no hubiera quedado terminada, o que hubiese dejado de construirse al poco de comenzar sus trabajos, comentando las posibles razones de ese abandono, y concluyendo que esa hipotesis de muralla inconclusa, es algo posible e, incluso, probable… Pero también supimos que hubo un proyecto escrito, en donde se habla de las características que esa muralla debía tener, y hay evidencias concretas de que Manzanares tuvo muralla, por los vestigios encontrados de su construcción de tapiales en varios puntos de lo que fue su trayecto. En todo caso, es innegable que, desde hace siglos, no queda en Manzanares nada de la muralla majestuosa que anunciaba su proyecto constructivo, y de eso, del ¿por que no quedó nada de la muralla?, versará esta última entrega acerca de la historia de la muralla de Manzanares.

Hemos de suponer, que la muralla de Manzanares, fuese cual fuese el tamaño que alcanzó, desapareció por completo en menos de dos siglos, por lo que dijeron algunos notables de Manzanares a Felipe II, en las Relaciones acerca de las características que tenía esta villa, allá por 1579”…cuando, contestando al tema de las murallas, adujeron lo siguiente:

Que se sabía haberlas tenido el pueblo, pero en aquellos años ya no se consideraban tales”…

Ademas de este contundente aserto, lo cierto es que no hay escrito ni documento alguno, de los que se han conservado en los Archivos de la Orden Calatrava, donde los visitadores que, regularmente, auditaban el Lugar de Manzanares, citen una muralla en los Siglos XIV y XV, antes de esas Relaciones hechas a Felipe II…No sabemos que llevó a esa situación, aunque ya reflexionamos sobre posibles causas en el anterior capítulo de esta serie. Como comentamos, quiza no se pudo construir, dada la magnitud de un proyecto a realizar por los menos de mil habitantes que tenía, entonces, Manzanares…Quiza la caida en desgracia de Frey Juan Nuñez de Prado, en 1352, principal instigador de su construcción, llevara a la suspensión de las obras un año después de su comienzo, pero tampoco sabemos si fue así. No hubo noticias..ni de grandes batallas, ni de catástrofes naturales en la época, por lo que a ninguna de esas razones parece imputable la desaparición de la muralla…Quiza todo eso influyó… pero, en todo caso, la más probable y fundada de las explicaciones para esa desaparición, es que: la razón por la que se construyó, terminó mostrándose poco consistente, ya que el Lugar no fue atacado por nadie, y los vecinos empezaron a ver a la muralla como algo innecesario, que impedía el crecimiento y la expansión de un Lugar tan prospero como era Manzanares por entonces. El amplio desarrollo de la ganaderia, como fundamento del crecimiento de Manzanares en su primer siglo de existencia, tenia lugar y asiento en las afueras del Lugar, en los pastos cercanos a las cañadas reales y en cuevas, próximas al Azuer, en los aledaños del Torreon de Moratalaz donde existían, además, pozos muy ricos en agua, que se utilizaban como refugio de ganado y pastores tranhumantes y como abrevaderos. El Lugar de Manzanares se nutría económicamente de los impuestos que imponia La Mesta a los dueños de esos ganados, por la utilización de nuestro agua y pastos, pero muchos de estos ganaderos no vivían en el Lugar…Los aldeanos de Manzanares, aun eran escasos en número, y podían tener sus viviendas por dentro del perímetro de las murallas. Sin embargo, ya justo por la época en que se construyó la muralla, comenzó a crecer la actividad agropecuaria en Manzanares, ante las enormes posibilidades de las tierras de su encomienda, por la riqueza en agua de su subsuelo. No solo era muy rica y feraz la vega del Azuer, famosa por sus huertas en toda la región, incluso antes del nacimiento de Manzanares… es que todos los terrenos existentes, dentro de las lindes de la encomienda, tambien eran muy ricos.. De forma y manera, que Manzanares, en pocos años, cambió la actividad ganadera por la agropecuaria, como primera fuente de vida e ingresos. Mucha gente forastera resultó atraida por estas riquezas naturales, y comenzaron a asentarse en el Lugar, incrementando su vecindario, que ya no tenía cabida por dentro del perimetro de la muralla. Asi la cuestión, las casas comenzaron a crecer por fuera de la misma, certificando su defunción, ya que el cercado, o lo que hubiera de él, quedó engullido en el interior del Lugar, perdiendo, de ese modo, la utilidad defensiva que se le quiso dar en origen… Los nuevos aldeanos del Lugar, fueron derribando la muralla, poco a poco, reutilizando sus tapiales y piedras en las nuevas construcciones que expandíeron el área urbana.

…De esa manera, puede decirse, que los descendientes de aquellos que construyeron la muralla, decidieron derruirla… y acabaron con ella y con su historia en Manzanares.