Por Pedro Villarroel

En este artículo, comentaré la cronología histórica más brillante de la Parroquial de Manzanares, cuando la conjunción de una serie de circunstancias, y la participación de ciertos personajes claves en la historia de este Templo y del propio Manzanares, habrían de dar lugar a la transformación de la Parroquial de la Plaza Mayor en una auténtica Catedral. como resultado de su ampliación y amejoramiento en la segunda centuria del siglo XVI… En solo cuatro décadas, la recién inaugurada Parroquial de la Plaza, en 1521, había quedado pequeña, por el gran crecimiento poblacional y urbano de Manzanares… entonces, nuestros regidores plantearon ampliarla, haciéndola representativa y acorde a la importancia que nuestra Encomienda adquirió en ese siglo…. Y un hecho circunstancial y regional, vino a facilitar esa ampliación, la relación con el vecino Almagro, del que dependió jurídicamente Manzanares hasta medio siglo antes.. Así que, nuestros regidores tenían estrecha relación con sus coetáneos de Almagro; y supieron, y oyeron hablar, de un joven arquitecto almagreño, Enrique Egas “el Mozo”, que, en su villa, acababa de construir la “Iglesia de la Madre de Dios”. Nuestro Concejo, arropado por la Orden Calatrava y el mecenazgo de algunos notables de la villa, contactó con Egas “El Mozo”, para proponerle se hiciese cargo de las obras de ampliación de la Parroquia de Manzanares. .Y, ese genio, “Egas, El Mozo”, arquitecto y escultor, hijo y nieto de dos grandes maestros de la arquitectura de la época, Egas Cueman y Enrique Egas, y sobrino de Alonso de Covarrubias, aceptó de inmediato el reto, cuando advirtió que tendría manos y mente libre para diseñar el trabajo a su arte y manera…Desde ese momento, “El Mozo”, quedó unido a lo mejor de la historia de Manzanares y de su iglesia parroquial, a la que convirtió en una auténtica Catedral, entre1550 y 1564”…En ese breve tiempo, dirigió y desempeñó un trabajo de construcción muy activo, en el que participó personalmente, hasta plasmar de manera extraordinaria en nuestro Templo su arte innovador, caracterizado por una mezcla de rasgos del gótico tardío y del barroco-renacentista,. heredados de su abuelo y padre y de su tío Alonso de Covarrubias, que se concretaron, sobre todo, en los tres grandes ámbitos estructurales del edificio: los góticos; en los techos y en la configuración del crucero y del ábside; los barrocos, en el diseño del nuevo Altar Mayor…y los platerescos, en lo que constituiría en la mejor y más significativa obra de arte de este pueblo, el bellísimo Frontispicio Plateresco de la fachada sur de nuestra Parroquial..

En resumen, la obra de Egas el Mozo, consistió en trazar y construir un nuevo crucero, más alto y ancho, elevar y rehacer la cubierta, reconstruir el ábside y enriquecer el aspecto exterior de la Iglesia con portadas, ventanas y otros elementos ornamentales. El ensanche de los brazos del crucero propició, en el tiempo sucesivo, el desarrollo y creación de las capillas laterales de la Iglesia a ambos lados de la nave central… Todas las capillas del lado del evangelio, se construyeron en esa segunda mitad del Siglo XVI, bajo la supervisión del maestro Egas, comenzando por la más cercana al crucero, la bellísima capilla de la Transfiguración, que estará unida para siempre a la familia y al nombre de su patrocinador, otro manzagato ilustre, Don Miguel Merino-Morales, aquel que fue anfitrión de la Santa Teresa de Jesús en su mansión de la Calle del Carmen…, y, en esta capilla, recibirían sepultura sucesivas generaciones de esa histórica saga”…“La Capilla Central, llamada de San Ildefonso, fue la primera de todas en iniciarse…. Egas, dirigió personalmente su construcción, siendo fundada por otra saga noble de Manzanares, la de los Quesada, en concreto a instancias de Dª María González de Inojedo, viuda del bachiller Francisco de Quesada. La tercera capilla de ese lado del evangelio, dedicada a San Miguel, la mandó construir un curioso personaje de leyenda, D. Cristóbal Ruiz de Vigo “El Perulero”, ..Según nos dicen los escritos, este misionero, vigués, marchó de joven al Perú (de ahí su mote), para evangelizar a los nativos. Vuelto a España como un rico indiano, se estableció en nuestra villa, decidiendo fundar esta capilla, para lo que pidió licencia al Rey Felipe II, que la firmó el “Bosque de Segovia” a 31 de agosto de 1561. Dicha Capilla, albergó la Pila Bautismal más clásica de la villa, siendo, desde entonces, un orgullo para los manzanareños, ser bautizados en la misma, existiendo el dicho de: “manzagato y cristianado, donde el Perulero”….Don Cristobal Ruiz, dotó a su capilla de los ornamentos y lo necesario para el culto, dejando… “una renta anual de 500 Ducados, para decir una misa semanal en la misma y cuidarla”,… aparte: “donar otros 25 ducados a un estudiante de su linaje,..y que, si se graduaba sin tener prebendas, se le dieran otros 50 ducados”,… Estableció, en su testamento, que “todo el dinero restante lo emplearan para “casar huérfanas” y “dar limosna a los necesitados del Hospital de Santiago”, que dependía de su Patronato. Al morir, fue enterrado en la capilla por él fundada, quedando en su tumba su figura tallada”.

En 1564, fecha estimada en que Egas El Mozo había concluido su trabajo, quedó conformado un precioso conjunto gótico-renacentista… con un altar mayor entronizado por la imagen goda de la Virgen de Altagracia”… “poco más sabemos de aquella cabecera, pues, solo 7 años después, llegó la trágica noche del día del Corpus de 1571, cuando un pavoroso incendio la destruyó en su totalidad, incluido todo lo que quedaba bajo el nuevo y recién terminado crucero”. En el siguiente capítulo de esta serie, comentaré como se reconstruyó toda esa ruina…

Concepción Moya García y Carlos Fernández-Pacheco Sánchez-Gil

Cuando el acusado fue interrogado por el tribunal, contó las agresiones que había sufrido, negó haber dicho que mataría al guardia Hornero y justificó el desarme a los dos guardias jurados porque le perseguían, citando algunos hechos que había obviado en su primera declaración prestada al teniente Alderete, lo que justificó porque en ese momento “no tenía la cabeza en buen estado”.

Al mediodía se produjo un descanso, reanudándose la sesión a las tres de la tarde. El fiscal modificó sus conclusiones, retirando las acusaciones de resistencia a la fuerza armada por los hechos del corral de “la Retamosa”, aunque mantuvo la solicitud de pena de muerte y una indemnización de 1.000 pesetas para la viuda del guardia Hornero. El tribunal se retiró a deliberar, no haciéndose pública la sentencia hasta varios días después, tras ser remitida en pliego cerrado al capitán general de la zona, siendo condenado a pena de muerte y una indemnización de 2.000 pesetas.

El 10 de julio se celebró la vista del consejo de guerra en la Sala de Justicia del Tribunal Supremo de Marina y Guerra para confirmar o revisar la pena impuesta en el consejo de guerra ordinario celebrado en Ciudad Real. El tribunal estaba formado por el teniente general Santiago como presidente, el vicealmirante Auñón y los generales de división Manrique de Lara, Terán y Cortés, actuando como consejeros togados los señores Jiménez Carrasco y Conejos. El abogado defensor fue de nuevo el capitán Alfonso Martínez Campos, que tras un brillante alegato, solicitó que se rebajara la pena a un grado inferior, mientras que como teniente fiscal actuó el coronel Cesar Buceta, que se conformó con la pena impuesta, la cual acabó siendo ratificada por el tribunal1.

Una vez confirmada la sentencia, se inició una campaña a favor del indulto, marchando de Manzanares una comisión hacia Madrid, con una petición apoyada por las autoridades civiles y judiciales, el clero y el pueblo. El periódico de Ciudad Real “El Pueblo Manchego” inició una activa campaña a favor del reo, respaldada por la prensa de todo el país. El 13 de julio se produjo una imponente manifestación de vecinos de Manzanares de todas las clases sociales frente al ayuntamiento, para apoyar las gestiones de su alcalde, paralizando las industrias sus trabajos en solidaridad. El alcalde llegó a pedir al resto de pueblos de la provincia que le apoyaran en su solicitud, sumándose a ella el ayuntamiento de Ciudad Real y numerosas poblaciones.

Las peticiones de indulto fueron muy numerosas, llegando a dirigirse cientos de telegramas al presidente del gobierno en ese sentido, destacando entre ellos los del Obispo de Ciudad Real y el de la redacción de “El Pueblo Manchego”, contestando el presidente del gobierno al primero: “Recibido su telegrama y bien desearía atenderlo pero no oculto que tratándose del fuero de Guerra es asunto difícil”, mientras que la respuesta al periódico fue más clara y directa, indicando que si se tratara del fuero civil la resolución hubiera sido favorable, pero “tratándose del fuero militar nada puedo ofrecerle”.

El presidente del gobierno, José Canalejas, se negaba a conceder el indulto para evitar enfrentarse a los militares, pese a que el ministro de Fomento y diputado por la provincia de Ciudad Real, Rafael Gasset, lo apoyaba. Canalejas dejó el asunto en manos de su ministro de Guerra, el general Agustín de Luque, el cual parecía poco favorable al indulto, pues ya había dado la orden para desplazar al verdugo y las fuerzas necesarias para asistir a la ejecución.

Para desbloquear la situación, el obispo de Ciudad Real, Remigio Gandásegui, decidió viajar hasta Santander donde se encontraba el rey a punto de salir de viaje para Inglaterra, solicitando una audiencia especial con el monarca. El 21 de julio fue recibido a bordo del yate “Giralda” a las doce y media de la mañana, mostrándose Alfonso XIII proclive a sus peticiones. Tras la entrevista envió un telegrama a Canalejas informándole de su deseo de ejercer su prerrogativa de indulto con el preso, si no había ningún obstáculo por parte del gobierno. Ante la petición real, ya no hubo excusas posibles, por lo que Canalejas confirmó el indulto que convertía la pena de muerte en cadena perpetua.

La noticia del perdón llegó a la sede de “El Pueblo Manchego” en un telegrama de Valero Caudevilla, mayordomo del obispo, que fue confirmado poco después por otros dos procedentes de Santander, uno de ellos de un periodista del “Diario Montañés”. De inmediato el redactor del periódico, Francisco Sastre Moreno, se dirigió a la cárcel donde se entrevistó con el jefe de la prisión Mariano Calzado, que en ese momento recibió la confirmación telefónica del indulto por parte del gobernador civil de la provincia.

El redactor y el jefe, acompañados por otros empleados de la prisión, junto con el mayordomo del Obispo, el párroco de San Pedro, Emiliano Morales, y el jefe de la policía urbana, Sr. Pacheco, se dirigieron hasta el calabozo donde se encontraba el detenido, que estaba situado en el patio de la prisión. Allí le dieron la noticia del perdón y de las gestiones realizadas por el obispo para conseguirlo, lo que provocó escenas de júbilo entre el resto de los presos. El cumplimiento de la pena estaba previsto para ese mismo día, y el verdugo que se desplazaba desde Albacete, se volvió en Alcázar de San Juan.

Al conocerse la noticia, la banda municipal de Ciudad Real recorrió las calles de la capital, acompañada de más de mil personas que vitoreaban al rey y al obispo, mientras que las campanas de la catedral y de las iglesias fueron echadas al vuelo, al tiempo que se lanzaban cohetes para celebrar la noticia. A la cárcel llegaron numerosos regalos para Ramón, y a las siete de la tarde se le notificó oficialmente el perdón por parte del juez instructor, Jacinto Pérez. Hasta bien avanzada la noche, la gente se agolpó en los alrededores de la cárcel para celebrarlo.

En Manzanares, que se encontraba en fiestas, el telegrama fue llevado al ayuntamiento por un operario de telégrafos, que también informó a la madre del reo. El alcalde, Antonio Rubio aprovechó que ese día se celebraba la corrida de toros, para leer el telegrama desde el palco presidencial de la plaza, lo que provocó la alegría entre los asistentes, que aplaudieron puestos en pie, al tiempo que la banda de música interpretaba la marcha real2.

El caso de Ramón Clemente fue un alegato del pueblo contra la pena de muerte, y cómo las circunstancias de pobreza y necesidad de un hombre sin estudios ni medios de subsistencia, maltratado por practicar el furtivismo, fueron los detonantes que desencadenaron el trágico desenlace, sin que el acusado pudiera ser tachado de criminal.


1 El Pueblo Manchego, 16 de mayo de 1911; La Mañana, 18 de mayo de 1911; El País, El Día y El Globo, 11 de julio de 1911.

2 El Pueblo Manchego, 12, 13, 14, 20 y 22 de julio de 1911; La Época, 21 de julio de 1911; La Correspondencia de España, 22 de julio de 1911.

Ignacio García-Noblejas Santaolalla

VIDA LOCAL.-

El lunes 5 y con el rótulo de “Distinción a doña Rosario Sánchez-Blanco Bernal” se reseña esta noticia, que extractamos: “Esta mañana el señor alcalde don Pedro González-Román, acompañado de diversos miembros de la Junta y del Rvdo. P. Cristino del Carpio, se personó en el domicilio de la señora Sánchez-Blanco al objeto de hacerle entrega de un artístico pergamino en el que consta el agradecimiento de la cofradía por las continuas muestras de apoyo…”.

Lunes, 12 “Apertura de curso en la Academia de San Luis Gonzaga”: “El día cinco de los corrientes se procedió a la ceremonia de apertura… en la Iglesia parroquial ofició el reverendo P. Manuel de Hontoria. A las diez y media y con asistencia de los profesores don Vicente Plazuelo, don Francisco Muñoz de Luna, don Hilario Hernández, don José Díaz de Lope Díaz y don León Ramos, el director de la Academia don Cristóbal del Río y del Barco procedió a declarar abierto el curso””

ALFONSO LOZANO VALLE EXPONE EN CIUDAD REAL

La exposición de pintura del pintor de Manzanares Alfonso Lozano Valle en Ciudad Real dio lugar a varias noticias de las que “Lanza” se hizo eco; así, el viernes 16 el titular era “Próxima exposición de Alfonso Lozano Valle” y a continuación Uno de los jóvenes valores de la pintura manchega es el manzanareño Alfonso Lozano Valle…La Excma. Diputación Provincialpor medio de su presidente, el manzanareño don José Antonio García-Noblejas García-Noblejas, ofreció su orientación para que Lozano Valle exponga en Ciudad Real”

El sábado 24 es una entrevista que hace “Lanza” al pintor Lozano Valle y la exposición tuvo lugar y de ello se hace eco “Lanza” en su edición del lunes 26: “Inauguración de la exposición de pintura de Lozano Valle” donde leemos que fueron 25 los óleos expuestos “destacando sus bodegones y paisajes…”.

DEPORTES.-

Partido de altos vuelos del que se hace eco la edición del lunes 9 de octubre con este titular: “Ganó 8-2 el At. De Madrid al combinado provincial en Manzanares”. Resaltamos lo más importante de la crónica: “Se esperaba que el equipo que visitó Manzanares para enfrentarse a un combinado provincial se impusiera de modo fácil. Y el transcurso del primero tiempo resultó lo mejor de todo con el único gol de los madrileños, si bien en la reanudación los cambios hechos dieron claramente por resuelto el partido en favor del Atlético…A pesar de lo lluvioso del día hubo una enorme entrada…La bella señorita Mercedes Fernández hizo el saque de honor

Por Pedro Villarroel

Esta historia comienza a finales del Siglo XV, cuando a instancias del Concejo del Lugar de Manzanares, y con la anuencia de la Orden Calatrava y el Arzobispado de Toledo, cristaliza la idea de transladar la primitiva Iglesia Parroquial de la Plaza del Castillo, a la nueva Plaza Mayor que se estaba diseñando al otro extremo de la calle del Carmen.

El proyectado traslado, y el que esta nueva Iglesia parroquial quedaría consagrada bajo la advocación de la patrona, Virgen de la Altagracia, fue percibido por la mayoría de los cofrades que formaban su Hermandad, herederos de los fundadores calatravos del Lugar, como una gran amenaza al control que ostentaban sobre el culto a la Virgen de Gracia, algo que tenían asegurado hasta entonces, casi en exclusiva, en la pequeña y primitiva parroquial de la Calle del Carmen… Estos hidalgos calatravos locales, encuadrados en la poderosa “Cofradía de la Santa María Virgen de Gracia”, enseguida mostraron desacuerdos con el Concejo e, incluso, con sus superiores de la Orden Calatrava y el Arzobispado de Toledo, acerca de la patrimonialidad de la imagen de la Virgen María de Gracia,, manifestando su negativa a que dicha imagen entronizase el nuevo Templo.. Esas discrepancias, quedaron plasmadas en informes de los “visitadores” de la Orden Calatrava, escritos de los Cofrades y legajos del Concejo…motivando, al final del Siglo XV, que la “Cofradía de la Santa María Virgen de Gracia” decidiese construir una Ermita al norte del Lugar de Manzanares, en el camino de Toledo, para llevar allí la imagen dorada original de la Virgen de Gracia… Y todos estos hechos, explican bien los vericuetos que se sucedieron en los primeros veinte años del siglo XVI, hasta que se terminó la Parroquial de la Plaza Mayor…Sabemos que un personaje principal del Lugar en ese tiempo, Fray Martín Sánchez Manzanares, noble e insigne paisano, y párroco de Manzanares, se posicionó del lado del Concejo y de la Orden Calatrava, en el proyecto de transición parroquial de la iglesia vieja a la nueva…pero, por no establecer más disenso con la mayoría de cofrades de la Hermandad de la Virgen de Gracia, que estaban en contra, Fray Martín decidió que, en la solemne procesión de traslado de la primitiva parroquial de la Plaza del Castillo, a la recién terminada de la Plaza Mayor, celebrada en 1520, solo pasease por la calle del Carmen, el Santísimo Sacramento, dejando a la Virgen de Gracia en la primitiva iglesia.. Por lo mismo, intercedió para que las obras de la nueva Parroquial concluyesen cuanto antes.. y, en esa línea de conciliación, encargó y trajo, personalmente, de Alcala de Henares, en 1521, una bella imagen goda de la Virgen de Gracia para entronizar la nueva Parroquial… y que, así, la imagen original permaneciese en la Iglesia primitiva, hasta que estuviera terminada la Ermita que la Hermandad construía al norte de Manzanares..

Algunos, han especulado con el significado, en esta historia transicional, de una pequeña iglesia, descubierta en el interior de una casa particular de la calle de la Iglesia, y de cuya existencia y características hemos sabido por la investigación de nuestro insigne paisano Jerónimo Lozano García-Pozuelo. Es posible que “ejerciese de templo parroquial adjunto” mientras se construía la cercana gran parroquial de la Plaza… Según Don Jerónimo, esa pequeña iglesia fue la que dio nombre a la calle, y no la nueva parroquial…y, quizá, pudo contener en su pequeño altar, durante un tiempo no precisado, la primitiva Virgen de Gracia, hasta que fuese transladada a la nueva Ermita de la Virgen de Gracia.. aunque esto, a la vista de lo que hemos narrado con anterioridad, parece menos probable.

Asi las cosas, se inaugura, al comienzo del tercer decenio del Siglo XVI, la nueva gran parroquial de Manzanares… que deslumbró a todos, con su altar mayor entronizado por la ya mencionada bella imagen goda de la Virgen de Gracia, y con ornamentos no vistos hasta entonces en ningún Templo de Manzanares…

Esa Iglesia era mucho más baja que la que podemos ver ahora, ya que, aunque disponía de una pequeña y bonita torre con su campanario, no tenía nada que ver con la bellísima y esbelta aguja actual. Tampoco existía entonces el magnífico frontispicio que hoy todo el mundo admira, y su crucero era mucho más bajo y pequeño…La nave, también era más estrecha, carecía de las arcadas que hoy la rodean, y no estaban construidas las capillas laterales, que las nobles familias de la villa añadieron en años posteriores del siglo XVI… Es decir, lo mejor de nuestra magnífica Catedral estaba por llegar; pues aún no había incidido en su historia particular, un genial arquitecto almagreño, Enrique Egas, apodado “el mozo”, que engrandeció física y artísticamente el templo hasta límites inimaginables.

Por Concepción Moya García y Carlos Fernández-Pacheco Sánchez-Gil

Tras eludir el cerco se escondió en el Herrador donde durmió. Aunque la prensa informó que la mañana siguiente Ramón se había encontrado con un pastor y su madre que se dirigían a Manzanares, y le había robado al muchacho la ropa para vestirse, en realidad durante la madrugada se presentó en la “Casa de Cantó” donde se encontró con Juan Taravilla, Sebastián López y otro paisano apellidado Sánchez, los cuales le facilitaron ropa y comida. Al marcharse para evitar problemas a sus benefactores, les dijo que cerraran la puerta y no miraran por dónde se iba. Durante el resto del día estuvo recorriendo los campos, procurando evitar a sus perseguidores.

El día 16 se escondió en la noria “del buen agua”, y por la noche disfrazado de mendigo, entró en las calles de Manzanares y fue a una casilla de la vía, donde vivía su novia Dolores Lujan. Ella, tras hablar con él, le pidió que se marchara al no estar su padre en la casa. La noche siguiente volvió a recorrer las calles del pueblo, en este caso disfrazado de mujer.

Entre el 18 y el 20 de noviembre estuvo deambulando por el campo, recorriendo el monte de la Mancha, Madara y el Torreón, durmiendo en una cueva situada cerca de este último lugar. El 21 se presentó en la finca de Rogeros y el día siguiente en Madara, donde los jornaleros y gañanes del campo le dieron de comer así como papel de fumar. El 23 llegó a la finca de Tomé, en la que Apolonio Granados le facilitó comida, marchándose a la media hora. Ese mismo día, el dueño de la finca, Gabriel Criado Romero, se trasladó a Manzanares, para informar a Francisca, la madre de Ramón, que lo había visto y se encontraba bien, entregándole ésta un pedazo de tocino y unas cajetillas de tabaco para su hijo1.

Ante el fracaso del operativo para capturar al prófugo y la sospecha de que se encontraba en las proximidades de Manzanares, y era ayudado por su familia, amigos y trabajadores de la zona, el teniente coronel Enrique López Millán, jefe de la comandancia, se entrevistó con el alcalde Antonio Rubio y le pidió que negociara con sus padres y amigos una posible entrega.

El padre de Ramón, al tener conocimiento de que su hijo acudía a la casa de campo de Tomé, se trasladó a ella con el objeto de convencerlo para que terminara con su huida. Ramón manifestó su deseo de entregarse a las autoridades, pero tenía miedo de que le pegaran o torturaran, convenciéndole para que lo hiciera ante el alcalde, el cual garantizaba que no sería maltratado.

La noche del 25 se presentó en la finca a las doce de la noche, cenó con la familia del dueño, acostándose a continuación. A la mañana siguiente, Gabriel Criado lo escondió entre sacos de patatas en un carro de su propiedad, y acompañado por su padre, se dirigieron al ayuntamiento, donde Ramón se entregó a dos alguaciles que había en la puerta, los cuales lo llevaron ante el alcalde, que lo acompañó personalmente hasta la guardia civil. El detenido fue tranquilamente por las calles de Manzanares sin necesidad de ir esposado, siendo trasladado con posterioridad a la cárcel de partido.

Las circunstancias del suceso y su larga huida crearon una corriente de simpatía en Manzanares hacia Ramón Clemente, y aunque reprobaban la muerte del guardia civil, pedían clemencia para él, al imaginar que sería condenado a muerte. El 29 de noviembre, tres días después de su entrega, el alcalde convocó una reunión de los concejales, mayores contribuyentes y “personas de valía” acordando la formación de una comisión formada por él mismo, el diputado provincial Ángel García Noblejas, Joaquín Sánchez Cantalejo y el párroco Inocente Hervás, para trasladarse a Madrid, donde en compañía del diputado de distrito, el conde de Casa Valiente y el senador Muñoz Jarava, solicitar al presidente del Gobierno, al ministro de Guerra y al presidente del Congreso que si el recluso fuera condenado a muerte, influyeran para que le fuera conmutada la pena por la inmediata inferior2.

Al haber matado a un guardia civil, el juez de Manzanares se inhibió, y el caso pasó a la jurisdicción militar, por lo que el 26 de enero fue trasladado a la prisión de Ciudad Real, donde se celebraría el consejo de guerra. El 16 de mayo de 1911, a las nueve de la mañana en el Cuartel de la Misericordia, se constituyó el tribunal que había de juzgarlo, formado por el teniente coronel Juan Cervera Perojo como presidente, el capitán Jacinto Pérez de Hoz de juez de actuaciones, el teniente auditor Manuel Fernández Callepaja de asesor y los vocales Baldomero Calfuentes, Celso Guelbenzo, Jesús Martínez, Arturo de Arigoncedo, José Ruiz y Cándido Soto. El fiscal fue Julián Gómez Díaz y el abogado defensor, el capitán Alfonso Martínez Campos.

La expectación del juicio hizo que la sala estuviera totalmente llena, así como las habitaciones inmediatas y las galerías exteriores del cuartel, sobre todo de gente humilde. El procesado se mostró sereno e incluso ajeno en la sala. Los hechos fueron relatados siguiendo las diligencias realizadas por el Juzgado instructor, y al tratarse de un juicio militar no se interrogó a los testigos, sino que se procedió a la lectura de las declaraciones contenidas en el sumario que relataban la odisea de Ramón durante su huida, incidiendo la mayoría de ellas en el hecho de que habían dado alojamiento y comida al acusado de forma voluntaria, no ejerciendo éste la fuerza en ningún momento. Otro detalle que relataron los testigos, fueron los malos tratos y las palizas que recibió Ramón de la guardia civil y en especial de Hornero, cuando fue detenido por practicar la caza furtiva en varias ocasiones, así como las lesiones que sufrió como consecuencia de ellas.

Ramón, en su declaración, había alegado que no se presentó a las autoridades al ser requerido porque temía que lo llevaran al cuartel de la guardia civil en lugar de a la cárcel. Cuando vio llegar a la pareja temió que vinieran a matarlo, pues Hornero le había amenazado de muerte en la última ocasión que lo detuvo, por lo que tomó la escopeta y realizó dos disparos contra él, no explicándose como pudo herir al cabo Ramírez. Finalmente, indicó que se entregó al alcalde, porque no quería verse en la necesidad de matar a más padres de familia.

El fiscal calificó en sus conclusiones el hecho como maltrato de obra a la fuerza armada, con el resultado de un muerto y un herido, con las circunstancias agravantes de nocturnidad, ejecutar el hecho en un descampado, huida al campo y desarme de guardias jurados, solicitando la pena de muerte. El abogado defensor justificó su actuación por el miedo insuperable, su ineducación y los prejuicios que en él habían arraigado contra la guardia civil, presentándolo como un muchacho montaraz y falto de educación, pero bueno y honrado que no frecuentaba las tabernas ni los malos ambientes. También destacó que había sido maltratado en varias ocasiones, que la escopeta estuviera cargada con postas “como para ir de caza de animales y no de hombres”, y que al ocurrir los hechos a las seis de la tarde se excluía la circunstancia de nocturnidad3.


1 El Día de Madrid, 18, 19 y 25 de noviembre de 1910; La Correspondencia Militar, 18 de noviembre de 1910; El Pueblo Manchego, 16 de mayo de 1911.

2 La Época, 26 y 27 de noviembre, 3 de diciembre de 1910; El Liberal, 27 de noviembre de 1910; La Mañana, 28 de noviembre de 1911; El Día de Madrid, 28 y 30 de noviembre de 1910; El Globo, 3 de diciembre de 1910; El Pueblo Manchego, 16 de mayo de 1911.

3 La Época, 27 de enero de 1911; El Pueblo Manchego, 16 de mayo de 1911; La Mañana, 18 de mayo de 1911; La Época, 19 de mayo de 1911.

Ignacio García-Noblejas Santa-Olalla

FIN DE CURSO

“Con motivo de la clausura del Curso Escolar 52-53, se han celebrado diversos actos por las Escuelas nacionales y privadas de Enseñanza Primaria de esta ciudad. A las diez de la mañana hubo una misa solemne que fue cantada muy bien por un grupo de acogidos en el Albergue Social de Auxilio Social “Nuestro Padre Jesús del Perdón”…En el Cine Avenida, hubo a continuación un sencillo acto, proyectándose una película en colores, actuando seguidamente un grupo de pequeños del Albergue Escolar, quienes recitaron poesías e interpretaron bailes regionales con una brillantez muy encomiable, al igual que otro grupo del Colegio de las Concepcionistas, y los coros y danzas de la Sección Femenina…Unas palabras acertadas del Rvdo. Párroco de Manzanares Padre Manuel de Hontoria sirvieron de apertura la entrega de premios a las niñas y niños que han terminado con mayor aprovechamiento los estudios de Primera Enseñanza, haciéndoseles entrega del correspondiente certificado de estudios…

CLAUSURA DE LA ASAMBLEA COMARCAL DE F.E.T. Y DE LAS J.O.N.S. DE MANZANARES

martes 7 de julio: “En el salón de actos del Ayuntamiento de Manzanares tuvo lugar el pasado domingo la clausura de la Asamblea Comarcal…las seis Ponencias fueron presididas por Julián Castellanos Martín, Simón Gijón Rodríguez, José Camacho Malpica, Pedro Morales y Rafael Díaz de Lope Díaz…En la ponencia de Gijón Rodríguez se apruebó la unificación de todos los montepios en uno sólo nacional…”.

ACTIVIDADES DE VERANO: ARTE Y TAUROMAQUIA

3 de julio: “Se inaugura un cursillo de dibujo y pintura en Manzanares”. Curso de Verano de Dibujo y Pintura, organizado por la Delegación comarcal del Frente de Juventudes, jefatura local del Movimiento, “Aula de Cultura” Dicho cursillo estará a cargo de nuestro paisano don Antonio Iniesta, profesor de Dibujo Artístico de la Escuela de Artes y Oficios Artísticos de Madrid,

El lunes 20 de julio recoge “Lanza” la crónica de una novillada: “Novillada organizada por la Delegación Comarcal de Sindicatos, en homenaje al productor manzanareño. Ganado de don José Escobar, de Fuenlabrada, grandes, nobles y bravos . Juan Corbelle, a su primero, faena valiente, al compás de la música. No tuvo suerte con la espada Gabriel Rovira tuvo una gran tarde. Agustín Parejo fue aplaudido en su primero, y en el segundo cortó las dos orejas y dio la vuelta al ruedo”.

A Ourense solo le falta una cosa. Por lo demás, el que se acerca a conocer la ciudad (mejor diría se aleja, porque desde Manzanares nos queda a casi 700 km) no dejará de toparse con placeres para el cuerpo y alivios para el alma.

Un primer paseo por el casco viejo te termina llevando, entre callejas y plazuelas, con sus fuentes y cruceiros, a la Plaza Mayor. Porticada e inclinada, como ninguna otra verás por España. Y de ahí a la catedral. La catedral de San Martín, románica tardía de transición al gótico. Te basta un vistazo al pórtico para caer en la cuenta de que merece la pena. Dentro te aguardan las bellas capillas del ábside, un destacado retablo y un reconfortante paseo meditado por sus naves. Nada mejor que la piedra desnuda para dar descanso al alma. ¿Y al cuerpo cuándo? Pues aquí mismo también. Nada más salir de la catedral hay que cambiar de tercio y liarse con la tapa de empanada por las rúas da Paz, Lepanto o Viriato. Digo empanada como bien podría decir mejillones o pulpo, ya sabemos que en Galicia no se falla.

Aunque tiene Ourense otro atractivo que combina como ningún otro el tema este del deleite para el cuerpo con el gozo para el alma. Ya lo vieron los romanos que conquistaron Ourense, que sabrían de esto un rato. Las termas. Sí, sí, verdaderas termas. Hay variedad donde elegir, pero ya te digo yo con las que el acierto es seguro: Las de Outariz, a escasos minutos de la ciudad en coche y pegaditas al Miño. No hay mejor modo para descansar cuerpo y mente que dejar el móvil en la taquilla y sumergirse en estas aguas reparadoras.

Y estando en Ourense no te vengas sin acercarte (aquí sí que digo a conciencia acercarse, pues solo son un puñado de kilómetros) a la Ribeira Sacra. Justamente donde el Sil, el afluente del Miño que todos estudiamos, serpentea entre acantilados de paredes rocosas y laderas de viñedos. Si vas a ir con prisas, mejor no vayas. Porque te vas a arrepentir de no poder pasar un buen rato en sus miradores contemplando el agua luchando con la roca. La vista desde lo alto es espectacular, pero también merece la pena darse el paseíto en catamarán para apreciar de cerca los terrenos escarpados donde parece imposible poder vendimiar esas uvas que acabarán siendo los afrutados vinos de la Ribeira Sacra. Lo dicho, que si vas con prisas, mejor no ir. Porque la idea es quedarse a dormir en un monasterio de los muchos que abundan por la zona (de ahí lo de Sacra, claro). Hay que rematar bien esta escapada, que va de hermanar el bálsamo para el alma con los goces para el cuerpo. Y no puede ser otro que el Monasterio de Santo Estevo, otrora cenobio o colegio de Artes, pero hoy un Parador de los emblemáticos. Aún recuerdo el rato que eché leyendo en su claustro (el de los Obispos, el más cautivador, porque tiene dos más) o deambulando por su iglesia. Si a esto le unes el placer de desayunar en el claustro de la Portería con esos panes que por aquí se gastan o de cenar bajo una auténtica bóveda en las viejas caballerizas un rodaballo con un albariño de la zona, ya tienes otra vez la simbiosis cabal entre lo mundano y lo etéreo.

A Ourense solo le falta una cosa. Y es que el mar bañe sus tierras. Aunque visto lo visto, ni falta que le hace.

Concepción Moya García y Carlos Fernández-Pacheco Sánchez-Gil

El 11 de noviembre de 1910 tuvo lugar un nuevo suceso sangriento en Manzanares, cuando Ramón Clemente Casado abrió fuego contra una pareja de guardias civiles, matando a uno e hiriendo al otro, tras lo cual inició una larga huida al ser perseguido por decenas de guardias. Su perfecto conocimiento del terreno y astucia para escapar del cerco al que le sometieron, alargó la fuga durante 15 días, concluyendo con su entrega a las autoridades. El seguimiento exhaustivo de la prensa de todo el país, lo convirtieron en una leyenda, llegando a ser catalogado como el “último bandido”.

     Para buscar las causas del suceso, hay que retrotraerse en el tiempo. Ramón Clemente Casado, apodado “Uñas”, era un joven de 22 años, soltero, pequeño de estatura, delgado y moreno, que se dedicaba a la caza furtiva desde los 12 años, acompañando a su padre, con el objeto de alimentar a su humilde familia. Dos años antes del suceso fue sorprendido por dos guardias, uno de ellos conocido como Maroto, cuando estaba cazando pájaros, los cuales le golpearon hasta que entregó la escopeta. Un segundo incidente tuvo lugar el 8 de septiembre de 1910, durante la feria, cuando estaba cazando junto con Antonio Vázquez en “El Cuartillo”. Fueron descubiertos por dos guardias civiles a caballo, Antonio Hornero y Patricio Morales, que los persiguieron y tras capturarlos, los abofetearon y les dieron varias patadas, que le provocaron a Ramón la rotura de un oído y la descomposición del muslo, causándole una cojera que le duró dos meses. Fue atendido por el curandero Eugenio Calleja, debiendo prestarle Felipe López Cano una burra, para que pudiera desplazarse.

     En noviembre fue condenado por el Juzgado Municipal a 20 días de arresto, por sus actividades furtivas, denunciadas por un guarda de la finca de “La Mancha”, enviando a un alguacil para darle a conocer la pena y conminarle a que se presentase en el Juzgado. Ante su negativa y actitud amenazante, el empleado solicitó la presencia de la guardia civil para que le acompañara. A las 6 de la tarde del 11 de noviembre, la pareja formada por el cabo Juan Ramírez y el guardia Antonio Hornero, junto a Servando Fernández Muñoz, se presentaron en casa de Ramón, para conducirlo ante el juez. Pero Ramón al verlos llegar huyó, por lo que tras un infructuoso registro, regresaron al centro de la población sin él.

     El prófugo saltó las tapias del corral de su casa y se dirigió hacia el camino de la Cruz que debían seguir los guardias, escondiéndose en la tapia de la era de Capilla. Al llegar la pareja, el fugado efectuó dos disparos de postas hiriendo mortalmente a Hornero, el cual falleció horas después, y levemente a Ramírez. Los guardias dispararon infructuosamente sobre el atacante, que tras realizar los disparos, saltó al extremo de la pedriza, dándose a la fuga por el campo.

     Los heridos fueron auxiliados por los vecinos de las casas próximas que salieron al oír las detonaciones y atendidos por el personal de la Cruz Roja que llegó poco después junto con el médico, el Dr. Roncero. Hornero fue trasladado en camilla al hospital, donde falleció a las cuatro de la mañana, mientras que su compañero se desplazó por su propio pie, al ser leves las heridas. Ramón Hornero era natural de Almagro, tenía 31 años y dejaba a su viuda embarazada y con tres hijos. Fue enterrado a las cuatro de la tarde, presidiendo la ceremonia el teniente coronel jefe de la Guardia Civil, un comandante de zona, el alcalde, el juez de instrucción y el municipal, junto a varios concejales. El cabo Ramírez estuvo en tratamiento 15 días, recuperándose plenamente de sus heridas[1].

     A partir de ese momento se llevó a cabo una larga e infructuosa persecución. El teniente coronel jefe de la Benemérita en la provincia se dirigió a Manzanares para coordinar la operación, donde fueron encaminados todos los guardias civiles disponibles para participar en ella. La prensa de todo el país se dedicó a magnificar sus hazañas tachándolo de bandido o bandolero. Las informaciones indicaban que había herido a un guardia del campo en el brazo diciéndole “no te mato, pero te dejo manco”, cuando solamente lo desarmó, poniendo en su boca declaraciones como: “catorce cartuchos me quedan, trece son para los guardias y uno para mi”, e incluso algunas informaciones lo situaban en la sierra de Alcaraz o en la aldea de El Salobral, cuando no salió de los alrededores de Manzanares.

     Ramón tras el tiroteo huyó hasta el corral de “la Retamosa”, donde un vecino de Daimiel le dio de cenar. El día siguiente estuvo merodeando por los alrededores de Manzanares, encontrándose con un pastor que le aconsejó entregarse a las fuerzas del orden. Después cenó y pernoctó en la casa de Filiberto Lozano, de la que salió el 13 por la mañana, día en el que no se cruzó con nadie, eludiendo el operativo montado por los guardias civiles para su persecución.

     El 14 se refugió en un chozo de pastor, donde sorprendió a los guardias de campo León Gutiérrez y Francisco Córdoba, que estaban al servicio del ayuntamiento de Daimiel, cuando iban a penetrar en él. Les obligó a entregar sus armas y municiones, manifestándoles a continuación “que no se mataba, porque quería defender su vida matando”. Después, les conminó a que se marcharan de allí.

     Los guardias informaron de estos hechos a las fuerzas de la guardia civil, que montaron un operativo con quince parejas al mando del capitán Herrera y del teniente Alderete, reforzados con guardias de campo, consiguiendo localizar al prófugo en la corraliza de “la Retamosa”, cercándola para evitar su huida. Tras ello se produjo un intenso tiroteo entre Ramón y sus perseguidores, en el que el primero procuró limitar el uso de las municiones. Los guardias ante el riesgo que suponía asaltar el corral a campo abierto, más teniendo en cuenta que Ramón se encontraba atrincherado y era un experto tirador, decidieron esperar la llegada de la noche.

     La acción más audaz de Ramón fue la que realizó a continuación, pues al sentirse acorralado dio muestras de gran astucia, escapando de un cerco en el que participaban unos cuarenta hombres. Armó un pelele con dos palos y sus ropas, colocándole una de las carabinas que había sustraído a los guardias jurados, y lo dejó junto a una tapia a la vista de sus perseguidores. Al verlo, los guardias se acercaron y abrieron fuego contra él, tras lo cual el capitán Herrera, el teniente Alderete y el guardia de campo Hilario Vallejo, se dirigieron al galope al corral, donde solo vieron el muñeco dejado por Ramón. Éste vestido con su ropa interior y una americana, junto con la escopeta, eludió el cerco aprovechando la confusión y la oscuridad, pasando incluso al lado de un guardia de caballería que no lo vio. En el fracasado asalto resultó herido leve el guardia Vallejo, al ser confundido con el prófugo[2].

 


[1] El Imparcial, 13 y 15 de noviembre de 1910; La Mañana, La Época, El Liberal, El Siglo Futuro y El Día de Madrid, 15 de noviembre de 1910; Diario de la Mancha y El Correo Español, 16 de noviembre de 1910; Heraldo Militar, 18 de noviembre de 1910; El Pueblo Manchego, 16 de mayo de 1911.

[2] Diario de la Mancha, 16 de noviembre de 1910; El Día de Madrid, 16 y 19 de noviembre de 1910; El País, 16 de noviembre de 1910; El Imparcial, 17 de noviembre de 1910.

Concepción Moya García y Carlos Fernández-Pacheco Sánchez-Gil

En la actualidad estamos viviendo unos momentos difíciles, por la pandemia del coronavirus Covid-19, que nos ha obligado a cambiar nuestra forma de vida, al menos de forma temporal, como consecuencia del confinamiento y la paralización de las actividades económicas no esenciales, para detener la expansión de una enfermedad para la que no se conoce vacuna ni remedio, y que se está expandiendo rápidamente por toda la humanidad. Pero esta situación no es la primera vez que aparece, pues en la historia encontramos otros momentos en los que han ocurrido situaciones similares, que han afectado gravemente a la población, siendo las actuaciones adoptadas parecidas a las actuales, como podremos observar a continuación.

En este artículo vamos a hablar de dos de las más cercanas a nuestro tiempo. En el siglo XIX, el cólera fue una de las enfermedades que produjo una mayor mortalidad en el mundo. La primera epidemia se desarrolló en la India en 1817, y desde allí se extendió a Europa, América y otras zonas de Asia. España sufrió cuatro brotes importantes desde 1833, que provocaron grandes mortandades. El más fuerte tuvo lugar en 1885, procedente del sur de Francia, y favorecido por el comercio del país vecino hacia los puertos levantinos. El cólera se introdujo por Valencia, extendiéndose desde allí por toda la geografía española, siendo las regiones más afectadas las del sur y el levante. El número de infectados ascendió a más de 338.000, de los cuales casi 120.000 fallecieron, creando una situación de psicosis en la población1.

Las principales medidas contra la epidemia fueron sobre todo higiénicas, siendo un ejemplo el bando publicado por el ayuntamiento de Valdepeñas, mucho antes de que la enfermedad llegase a la localidad, solicitando a los vecinos que blanqueasen sus casas, procurando el mayor aseo y limpieza de las mismas, además de prohibir el movimiento de estercoleros y basuras, así como arrojar aguas sucias o inmundicias a la calle. Al mismo tiempo se acumularon productos desinfectantes y cal viva para calcinar los cadáveres y se crearon lazaretos para asegurar el aislamiento de los afectados, aunque al final no fue preciso utilizarlos. Para evitar el desabastecimiento de alimentos, se aconsejó a los comerciantes que tuvieran reservas de arroz, azúcar y almendra2. Aunque existía una vacuna contra la enfermedad, creada en enero de 1885 por el médico español Jaime Ferrán, el número de vacunados apenas alcanzó los cincuenta mil.

Uno de los primeros pueblos afectados en la provincia fue Membrilla, donde se inició a comienzos de julio. Cuando el día 23 se empezaron a generalizar las muertes, la situación se volvió alarmante. Una de las primeras medidas que se tomaron fue prohibir el lavado de la ropa en el río Azuer, estableciendo un puesto de la Guardia Civil para que se cumpliera la orden. De esta forma se evitó que la enfermedad se propagase hacia Manzanares y Daimiel.

El hecho de que en Manzanares se diera la circunstancia de que el alcalde, Juan Sánchez Cantalejo, fuera médico, favoreció que se tomaran con prontitud las medidas adecuadas, comenzando la desinfección de locales y calles, al tiempo que se suspendían la celebración de actos multitudinarios. Ello provocó la amarga queja de Filomena de San Giuliano, que después de desplazarse con su compañía y 800 kilos de equipaje para dar dos funciones en el teatro de Manzanares los días 25 y 26 de julio, y sufrir la fumigación de su personal y material, al final no recibió la autorización para realizar la representación, al no permitir las autoridades sanitarias las aglomeraciones de público.

La grave situación en Membrilla a finales de julio, con 32 fallecidos en 16 días y 34 personas convalecientes, un médico en cama afectado por la epidemia y el otro en un “grave estado de postración moral” por tener enferma a su hermana, unida a la resistencia de los enfermos a tomar la medicación, provocó que el subdelegado de medicina de Manzanares tuviera que ponerse al frente de la situación sanitaria en Membrilla. El gobernador de la provincia se desplazó a la localidad con desinfectantes y recursos, llegando numerosas ayudas desde Manzanares para controlar la epidemia, que entre los días 4 y 10 de agosto causó 85 infectados y 40 muertos.

En Manzanares, a las medidas higiénicas y sanitarias se unió el control de las personas que entraban en la localidad. Un médico se desplazó a la estación del ferrocarril para someter a los viajeros que llegaban a una inspección facultativa. A aquellos que presentaban algún síntoma de la enfermedad, les expedía un certificado y los enviaba al hospital de “epidemiados” que se había establecido en el Hospital de la Caridad, situado en la esquina de las calles Estación y Hospital (actualmente Virgen de la Paz y Alfonso Mellado). Por otro lado, se formó una asociación de mujeres, presidida por Dolores Noblejas y Antonia Enríquez, que apoyaba y secundaba las medidas dictadas por las autoridades y atendía a las personas afectadas, lo que favoreció que los escasos focos en la población se controlaran y extinguieran con rapidez3.

El primer caso de cólera en Manzanares tuvo lugar el 5 de agosto, dándose la enfermedad por controlada el 28 de septiembre. Durante este tiempo, hubo un total de 54 personas infectadas de las que murieron 39, un número bajo, si lo comparamos con otras localidades como Membrilla con 368 afectados y 158 muertos, Valdepeñas 469 infectados y 182 fallecidos, Alcázar de San Juan con 395 y 163 o Tomelloso con 398 y 225, respectivamente.

Para celebrar el fin de la epidemia, el 18 de octubre se celebró en la iglesia de la Asunción un solemne Te-Deum de acción de gracias, al que asistieron las autoridades, cofradías y fieles, oficiado por Pedro José Sánchez Carrascosa, que hizo un compendio de los momentos vividos durante la epidemia y de las medidas tomadas por las autoridades, destacando la acción del alcalde, que ayudó y consoló a los enfermos desde su doble función, administrativa y científica. La procesión y festividad de Nuestro Padre Jesús del Perdón, al no poder realizarse en su día, se celebró el 25 de octubre, a continuación de la novena4.

La epidemia de gripe de 1918 fue una auténtica pandemia mundial, provocando un gran número de muertos en todo el planeta, que algunas fuentes cifran entre los 50 y 100 millones, calculando que murió un 2,5% de la población. En España los datos oficiales de fallecidos ascendieron a unos 169.000, aunque las estimaciones realizadas por investigadores actuales los elevan hasta los 260.000. El momento crítico de la epidemia en nuestro país fue entre los meses de septiembre y noviembre de 19185.

A finales de septiembre, el Gobierno Civil distribuyó circulares dando instrucciones sobre los casos sospechosos de gripe y ordenó la instalación de locales para personal técnico y desinfección, por si fuera necesario el aislamiento de enfermos. En octubre de 1918, la epidemia afectaba a numerosos pueblos de Ciudad Real. La cifra de morbilidad en la provincia pasaba de 2.000, los casos graves un 6%, mientras las defunciones se encontraban entre un 2 y un 3%. Las poblaciones más afectadas eran Daimiel, Miguelturra y sobre todo Tomelloso con unos 3.000 casos, y cuatro o cinco muertes diarias, habiéndose propagado la epidemia por la llegada de forasteros a la vendimia. El 9 de octubre se estableció un puesto sanitario de vigilancia para desinfectar a los viajeros procedentes de puntos invadidos en la estación de Alcázar de San Juan, ampliándose posteriormente a las de Valdepeñas, Manzanares, Ciudad Real y Puertollano, y el 14 se dictó el cierre de todas las escuelas. Entre las recomendaciones médicas estaban el lavado jabonoso y frecuente de las manos, el fregado de las casas con zotal o lejía y que los hombres dejasen de acudir a casinos, peñas y tertulias.

Pese a ello, Manzanares no fue especialmente atacada por la enfermedad, pues mientras que en otros pueblos los casos se contaban por miles, el 8 de octubre se informó de la existencia de 40 afectados de carácter benigno y 15 con fiebres tifoideas. El 18 del mismo mes, se comunicaron 53 nuevos casos, 4 de ellos graves, en un día en el que en el hospital de Valdepeñas hubo 16 defunciones6.

Un claro ejemplo de la escasa incidencia de la enfermedad en Manzanares, se puede ver en las estadísticas de octubre, en las que aparecen 491 casos de gripe en su distrito, mientras que en el de Alcázar se cifran en 16.642, en el de Ciudad Real en 5.700, y en los de Infantes y Valdepeñas 3.119 y 1.377 casos respectivamente. El mes siguiente, Manzanares se mantiene con 307, frente a los 1.666 de Almadén, 1.470 en Infantes, 836 de Alcázar o los 709 en Valdepeñas. En los tres meses más duros de la epidemia, de septiembre a noviembre, en el distrito de Manzanares se contabilizaron 881 afectados, teniendo en cuenta que incluían a otras poblaciones grandes, como Membrilla y La Solana7.

Las principales medidas tomadas por el ayuntamiento de Manzanares cuando la epidemia atacó con más fuerza fueron el cierre de escuelas, la desinfección de las calles y locales, la limpieza de las cubas de reparto de agua, y la prohibición de actos con acumulación de personas, entre los que se incluyó la visita a los cementerios el 1 de noviembre. El número de muertos desde marzo de 1918 hasta finales del año siguiente ascendió a unos 758, un número muy bajo para tan largo periodo de tiempo, por lo que la epidemia apenas afectó a la localidad.


Jiménez Villalta, Enrique: Epidemias y salud. Ciudad Real: del cólera de 1833 a la gripe de 1918. Biblioteca de Autores Manchegos. Ciudad Real, 2013, pp. 68, 77 y 79.

Archivo Municipal de Valdepeñas (AMV). Caja 846, libro 13. Actas de sesiones 1883-1885. Acuerdos de 14 de julio y 2 de septiembre de 1884.

El Imparcial, 25 de julio de 1885; El Eco de Daimiel, 1 y 15 de agosto, 1 de septiembre de 1885; El Globo, 12 de agosto de 1885; La Iberia, 23 de agosto de 1885.

Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, 16 de abril de 1886 y El Eco de Daimiel, 28 de octubre de 1885.

Jiménez Villalta, Enrique: Op. cit., pp. 121-124.

El Pueblo Manchego, 9, 14, 15, 19, 22, 24 y 31 de octubre de 1918.

Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, 20 de noviembre, 16 de diciembre de 1918 y 31 de enero de 1919.

BERMÚDEZ, Antonio: Manzanares bajo el reinado de Alfonso XIII (1902-1931). Edición del autor en CD. Córdoba, 2008, p. 339.

Ángel García-Consuegra

En estos tiempos la televisión debe estar para informar, pero también para entretener, acompañar y concienciar

José Carlos Naranjo Sánchez – Maroto es periodista en Manzanares10TV. Ha estado en importantes medios a lo largo de su carrera como por ejemplo Cadena Ser, AS o Los 40 TV. En esta entrevista tratará de acercarnos la realidad de la televisión en momentos como este y nos contará la labor que hacen en la emisora local para alegrar la tarde a todos los manzanareños.

Pregunta: ¿Desde cuándo tenías claro que te gustaba el periodismo?

Respuesta: Lo tenía bastante claro desde la ESO prácticamente ya que me apasionaba el periodismo deportivo. La gente tenía la duda en Bachillerato de a qué carrera meterse, pero yo por suerte siempre supe cuál sería mi elección.

P.: ¿Por qué decidiste estudiar en Madrid?

R.: Cuando yo estudié la carrera, en esta comunidad no se ofertaba el grado de periodismo. Realmente me gustó mucho la opción de Madrid porque ahí es donde considero que está el meollo de esta carrera puesto que hay numerosos medios y periodistas. Tenía muy claro la carrera y también el sitio. En mi época, la Universidad Complutense es la que mejor fama tenía en este ámbito, pero allí ves otra realidad. La Carlos III también estaba muy bien, pero, aun así, estoy contento con la decisión que tomé. También me ayudaron en mi formación las distintas charlas de periodistas en los colegios mayores puesto que es donde prácticamente más aprendes de esta carrera. Hablar con profesionales, ver sus perspectivas, etc. ayuda mucho, casi más que lo que aprendes en las aulas que al final está todo orientado de una forma más teórica.

P.: ¿Cómo fueron tus inicios en el mundo del periodismo?

R.: Estuve en PRISA mucho tiempo en la sección digital de la Cadena SER, AS, Los 40, etc. Mis primeras prácticas fueron en el Ayuntamiento de Manzanares tanto en OndaMancha como en la televisión municipal de entonces. Lo hice durante los primeros veranos de mi carrera. Ya en el de cuarto me quedé en Madrid en la SER en la sección de deportes. Ahí trabajé con personas que consideraba ídolos como Paco González y fue increíble. Otro verano estuve en el AS en la sección del Real Madrid y después de eso entré en Los 40 en una televisión que tenían que ya no existe. Ahí fue donde conseguí mi primer trabajo sin ser becario.

P.: Durante tu experiencia en la Cadena SER obtuviste un premio muy importante. Háblanos de ello.

R.: Sí, tengo muy buen recuerdo. Nos dieron un Ondas por cómo cubrimos desde la redacción de deportes los Juegos Olímpicos de 2008. Es verdad que nos lo dieron principalmente por los enviados que fueron a Pekín, pero, en parte, también lo considero mío porque trabajamos mucho los miembros de la redacción que nos quedamos en Madrid. Allí hay una diferencia de ocho horas con España por lo que teníamos que madrugar para trabajar y eso durante un mes fue costoso. Vivirlo trabajando es totalmente diferente a verlo desde casa que puedes hacer una selección de los deportes; ahí tienes que estar para todo. Recuerdo especialmente el día de la final de tenis en la que Nadal ganó la medalla de oro. Fue una auténtica locura cómo lo vivimos en la redacción.

P.: ¿Dirías que esa fue tu mejor experiencia como periodista o tienes otras mejores?

R.: Pese a lo vivido en la Cadena SER, diría que no es mi mejor momento como periodista porque era becario. Disfruté mucho de mi experiencia en la televisión de Los 40 porque tuve la experiencia de trabajar como tal. Hice un especial con Dani Martín, con Despistaos… aunque lo cierto es que como estoy ahora mismo en la televisión de Manzanares, no he estado nunca. La gente le tiene muy poca estima a los medios locales, pero te da mucha escuela. Es donde de verdad aprendes porque tienes toda la responsabilidad de la noticia y tienes que cubrir actos muy distintos: un pleno, un concierto de música regional, unas elecciones municipales, etc.

P.: Actualmente estáis haciendo “¿Quedamos? ¡En la tele!”, un programa en directo con Manzanares10TV para hacer más amena la cuarentena a la población. ¿Cómo surgió la idea?

R.: El programa fue una improvisación total. El fin de semana en el que se decretó el Estado de Alarma no trabajamos porque no había nada que cubrir. Yo estuve pensando en mi casa qué haríamos con la televisión ahora que no iba a haber actos porque al final vivimos de eso. Ese mismo lunes nos reunimos cada uno con una idea diferente. Es verdad que hay una gran diferencia entre lo que pensamos el primer día y lo que hacemos hoy. Todo ha ido evolucionando gracias a la implicación de la gente. Yo propuse que lo que toda la población necesitaba era entretenimiento y alejarse de los informativos que hablan todo el rato del coronavirus. La idea inicial consistía en una hora de programa centrándonos en cuatro o cinco noticias y a día de hoy, gracias a la colaboración ciudadana, hemos llegado a superar las tres horas en alguna edición. Estamos increíblemente agradecidos.

P.: ¿Qué tal la implicación de la población? ¿Ha respondido bien?

R.: La implicación ciudadana ha ido progresiva. Es cierto que el primer día no nos llegó mucha respuesta, pero a partir de ahí hemos recibido muchísimas fotos y videos de todo lo que pedimos. Son muy participativos y eso nos encanta porque hace que podamos tener un programa muy completo. Aun así, nosotros tenemos un bloque de noticias porque, al fin y al cabo, somos un medio de información y tenemos que darlas, aunque es complicado por la inexistencia de estas y solo manejamos los datos que aporta el Gobierno de España y el SESCAM. Además del bloque de noticias, tenemos muchas secciones que hacen que el programa sea lo más participativo posible. La asociación Kinésica del pueblo nos ayuda con una sección, también Germán con un apartado de fotografías o incluso una chica manzanareña que vive en Berlín y pinta nos ayuda con una sección de arte. Además, hacemos entrevistas porque pienso que son muy dinámicas y cercanas para que la gente pueda ver lo que opinan o lo que tienen que contar otros de su alrededor.

P.: ¿Cómo os organizáis para preparar el programa? ¿Cuál piensas que será el futuro de este?

R.: Nos encargamos de organizar los contenidos porque todo tiene que seguir un orden, no podemos meter la información de golpe porque queda raro para el espectador. Nos reunimos antes de cada programa y establecemos las pautas a seguir. Ojalá esta buena dinámica dure mucho tiempo porque se nos pasa el tiempo volando y muchas veces ni nos enteramos que llega la pausa para aplaudir. Respecto a la duración, esto tiene sentido mientras que esté la gente en casa porque así puede ver la televisión dos o tres horas. A mí me gustaría seguir cuando acabe el Estado de Alarma, es cierto que no será igual, pero hacer algo parecido con modificaciones porque engancha y a la audiencia le gusta lo que hacemos. La televisión tiene que estar para informar, pero en estas situaciones tiene que estar para entretener, acompañar y concienciar.

Muchas gracias a José Carlos por querer acercar la realidad de la profesión a todos los lectores. Tratar de crear contenido en momentos como este es ciertamente complejo y lo están consiguiendo a la perfección. No me cabe la más mínima duda de que los manzanareños están encantados de su servicio que llena nuestras casas cada tarde.