La exposición muestra retratos caracterizados por una mirada llena de intimismo y ternura.

El Museo Antonio López Torres de Tomelloso acoge estos días y hasta el 18 de abril una exposición de óleos y dibujos del manzanareño Pedro Miguel Pérez Villegas. La exposición está basada en el retrato íntimo, una de sus especialidades. Pérez Villegas, que compagina con su oficio de pintor el de docente en la Universidad Popular, es uno de los pintores con más prestigio de nuestra localidad y fuera de ella. Prueba de ello son los números galardones que ha recibido y la selección de la que ha sido objeto en numerosos certámenes de prestigio tales como ellos el de la Escuela de Artes y Oficios de Ciudad Real; el X Concurso de pintura “Blanco y Negro”, en 1988; el III Premio Castilla la Mancha de Artes Plásticas, en 1989; el Certamen de Pintura “Noventa de los 90”, de Seguros Bilbao o el I Certamen de Dibujo Gregorio Prieto, de Valdepeñas, en 1991, así como en numerosas ediciones posteriores, la última de ellas en 2009.

Entre los premios más recientes destaca el primero y segundo del concurso de pintura ‘Cerezo Moreno’ de Villalgordo (Jaén), en los años 2015 y 2014, respectivamente. En el año 1991 obtuvo el segundo premio en el Certamen de Dibujo de Tomelloso. Ha sido además premiado en varias ocasiones en los certámenes de pintura de Bolaños de Calatrava; Pedro Muñoz, Campo de Criptana y Alcázar de San Juan, así como en el Certamen de Dibujo de Daimiel. También tiene premio de los concursos de pintura de Ciudad Real, Torralba de Calatrava, Villanueva de los Infantes, Madridejos, La Solana, Argamasilla de Alba y Aldea del Rey.

Pérez Villegas ha expuesto individualmente en diferentes espacios culturales a lo largo de su trayectoria artística, entre ellos la Biblioteca Municipal Lope de Vega de Manzanares (en 1973, 1975 y 1978); en la Casa de Cultura de Tomelloso, en 1987; en la Casa de Cultura de Daimiel en 1990 y en el Gran Teatro de Manzanares, en 2003 con una exposición retrospectiva y en 2010 con una selección de pinturas de dibujos y pinturas de 2003 a 2010. Su última exposición individual fue ‘Naturalezas Muertas’.

Por Javier López

Tengo un amigo, un poco friki, que todos los días comparte en sus grupos de WhatsApp varios “epigramas”, (RAE: Dícese de la composición poética breve en que, con precisión y agudeza, se expresa un motivo por lo común festivo o satírico.) él, por su carácter y personalidad, hace una selección de los más jocosos y picantones para arrancarnos una sonrisa diaria y a la vez como acostumbra a decir, ilustrarnos y entretenernos.

Pero si los observamos con otra mirada… leemos en estas composiciones algunos vocablos que a mi parecer no son los que utilizamos a menudo en nuestras conversaciones e incluso escritos, diría que son palabras que en los tiempos que corren es como si las hubiéramos metido en el cajón de las olvidadas o moribundas, porque la gran mayoría no conocemos bien su significado y otras veces porque nos confunde el concepto de lo que quieren decir y nos desorientan.

Normalmente estas palabras describen a personas, cosas, situaciones o acciones que en nuestra vida diaria no utilizamos, por ejemplo:

Era Gilito propenso

A pensar, más de tal modo,

Que si le hablaban, a todo

Contestaba: “Pienso… pienso.”

Preguntó un quídam al tal:

¿Qué comes tú?” – “Pienso…” dijo,

Y el otro replicó: “Es fijo

Que el chico es un animal.”

W. Ayguals de Izco.

quídam’: 1.- m. coloq. Sujeto a quien se designa indeterminadamente.

2.- m. coloq. Sujeto despreciable y de poco valer, cuyo nombre se ignora o se quiere omitir.

¿Conocían el significado de ‘quídam’? ¿Cuál de las dos acepciones es la más adecuada para el epigrama en el que aparece?

Salió a tomar el sereno

Cierta noche una morena,

Y como era ya muy tarde,

La tomó el “sereno” a ella.

J. M. Villergas.

sereno’: según diccionario tiene varias acepciones, pero referentes a este caso nos encontramos dos: 1.- adj. claro (despejado sin nubes).

2.- m. encargado de rondar de noche por las calles para velar por la seguridad del vecindario, de la propiedad, etc.

En este epigrama observamos que se utilizan estas dos acepciones y además la segunda genera una doble intención en nuestra imaginación.

Desde con otra mirada… les invito a que repasen esta pequeña lista de palabras que he entresacado de los epigramas recibidos. Siento no poder mostrarles los epigramas en las que estaban incluidas cada una de ellas porque ocuparía más espacio que el permitido en los artículos de esta sección, les aseguro que ingeniosos y divertidos son.

Analicen cuantas de ellas utilizan en sus conversaciones y escritos y si realmente conocen su significado.

desasnar, tronera, costal, golilla, ternes, pepita, antiparras, proscenio, petimetre, embolismo, acendrado/da, piporro, guita, ejido, mastuerzo, guanepe, trasconejada/do”

Probablemente la mayoría las conocen, pero les invito que busquen en el diccionario la descripción de cada una de ellas, seguramente no coincida con lo que ustedes pensaban que significaban y no porque sean engañosas sino porque al no estar acostumbrados a incluirlas en nuestra habla diaria hemos olvidado hasta su significado. También desde aquí les invito a que busquen en sus bibliotecas libros de poesía por ejemplo o de epigramas ya que estamos en ello y reléanlos, verán como los autores utilizan muchas de estas palabras olvidadas o moribundas que la mayoría son sinónimos de las utilizadas en nuestra habla diaria.

Por favor, lean, lean, lean, para que estas palabras sigan vivas.

** estos epigramas aparecen en el libro Museo Epigramático.

Edelgard, diario de un sueño (1948-1953)

José Fernández Arroyo

No sabemos si está en su momento más álgido o hace ya meses o años que ha entrado en declive la moda literaria diarística y de autoficción. En literatura, los diarios íntimos siempre han sido un género enormemente prolífico: algunos de principio de siglo e incluso decimonónicos (Tolstoy, Dovstoyesky, Pessoa, Gide, Kafka o Unamuno) y otros han dado testimonio de los importantes acontecimientos históricos que han jalonado el siglo XX (Anna Frank, Margaritte Duras o Gil de Biedma). La renovación de esta tradición en el contexto es en el que debemos entender esta perla publicada por primera vez en 1991 y que, injustamente, no ha sido excesivamente conocida en Manzanares. Se trata de un diario en el que su autor reflexiona sobre el día a día de su tardía adolescencia y juventud entre Manzanares, norte de África (donde realiza el servicio militar) y Madrid. Pero lo que realmente hace de él algo mágico es la fascinante relación epistolar con Edelgar, una joven alemana que, brutalmente desalojada de su hogar por las fuerzas ruso-polacas al finalizar la II Guerra Mundial, consigue finalmente refugiarse en Flensburg junto a su padre y su hermana Sigrid. A través de las entradas de este diario y de la trascripción de las cartas que el narrador (en principio, Fernández Arroyo) y Edelgar se escriben, asistimos al surgimiento de una emocionante historia de amor al tiempo que al proceso de maduración personal en unos años trascendentales para sus vidas. Conmueve la sinceridad, transparencia e ingenuidad del relato donde podemos asistir desde un punto de vista privilegiado al surgimiento de un amor idealizado, ingenuo y netamente platónico, por no decir literario, pero también al proceso de aprendizaje a través de las experiencias vividas en la juventud y la formación de una personalidad más adulta y compleja. Por otra parte, las referencias a los 20 años vividos en Manzanares resultan deliciosas para el lector local. Edelgar. Diario de un sueño tiene su continuación en No es un sueño (1954 2006) y en ella, se ahonda en la singladura del autor manzanareño por el camino del arte y la literatura de la segunda mitad del siglo XX: las neovanguardias, el postismo, su pintura, la amistad con intelectuales de talla, etc.

Por Oscar Parada Maroto

Sevilla tiene un color especial. Es el naranja explosivo del sol vespertino reflejado en el ladrillo visto de la Plaza de España. Es el azul relajante del cielo abierto de una mañana clara de Domingo de Ramos. Es, también, el rojo apasionado de un vestido de flamenca que se retuerce en el aire al son del cante en la feria de Abril. O quizá sea el cálido amarillo del albero de la Maestranza en una tarde de gloria de las que dicen los taurinos que se le vieron a Curro Romero. Cualquiera de ellos me vale. Hasta esos marrones terrosos de las túnicas de los monjes zurbaranescos del espléndido Museo de Bellas Artes hispalense o los negros enlutados de las corbatas que se cuelgan los capillitas al salir de punta en blanco cada Viernes Santo. E incluso, si entrecierras los ojos y te dejas llevar, puede que hasta veas los blancos nacarados de las velas de aquellas carabelas colombinas que partieron del puerto sevillano con ansias de Nuevo Mundo.

Sevilla tiene un sabor especial. Es el sabor de un amontillado en una terracita viendo cómo el Guadalquivir juega con la Torre del Oro. Es el gusto del pescaíto frito que te van sirviendo al recorrer la calle trianera de San Jacinto o el deleite de esas tapas de soldaditos de pavía o de tortillitas de camarón en una barra de acero inoxidable allá por la calle Betis o en la misma plaza del Salvador. Es, cómo no, el regusto del Jerez con aceitunas en la Hostería del Laurel, aquella en la que Don Juan Tenorio relataba sus conquistas en el barrio de Santa Cruz. Es, incluso, el dulzor de la mermelada de azahar que con esmero hacen las monjitas del precioso monasterio de Santa Paula. Y puede que hasta, si saboreas el ambiente y te dejas transportar a tiempos pretéritos, llegues a degustar alguna delicia de miel y de almendras de aquel pasado almohade anterior al día en que el rey San Fernando pusiera los pies en la fidelísima Sevilla.

Sevilla tiene un aroma especial. Es el aroma de los naranjos, de los que en primavera brotan por el centro y llenan los rincones. Es la fragancia del romero que envuelve a la magnífica catedral gótica en manos de vendedoras de piropos y de augurios. Es, además, el perfume de alfajores, magdalenas y pestiños que se cuela por las rejas de un puñado de conventos. Es el incienso, el del Gran Poder o el del Cachorro, ambos igual de imponentes. Y hasta me atrevería a decir que, si uno respira concentrado y prolongadamente, llega a percibir el olor de aquella Real Fábrica de Tabaco, sin duda el edificio industrial más notable de la España dieciochesca, aquel en el que la cigarrera Carmen conoció al soldado Don José.

Sevilla tiene un tacto especial. Es el tacto rugoso de la mano que recorre la Giralda con el asombro de quien se estremece con la historia. O por contra, el tacto sedoso del terciopelo o del raso de las túnicas de los nazarenos penitentes que se agolpan en La Campana para enfilar la carrera oficial. Es la percepción de esa agua fresca que te llevas a la nuca directamente desde la fuente central del patio de la casa de Pilatos. Es, también, el tacto escurridizo de las velas derretidas, e incluso, si se alarga la mano hasta que duela, se pudiera hasta llegar a sentir el tacto sublime de los tapices bordados que vistieron las paredes del Alcázar en los tiempos de los venerados Reyes Católicos.

Sevilla tiene un sonido especial. Es el del martillo que golpea el capataz para que los costaleros ofrezcan una nueva levantá de la Esperanza Macarena. Es el murmullo incesante de la calle Sierpes una mañana cualquiera de sábado. Es el repiqueteo cadencioso del coche de caballos que acomoda al turista por los paseos arbolados del parque de María Luisa. Es, también, el soniquete de ese acentillo sevillano de dos compadres que se ponen al día mientras caminan. Es el toque de trompetas y tambores ensayando para no perder el ritmo cuando la Señora de Triana vuelva a las calles una madrugá más. Es la resonancia de la guitarra que suena justo a la salida del Patio de Banderas. Y es aún más. Pues diría que, afinando el oído, puede llegar a escucharse alguna rima salida de la boca del mismísimo Bécquer que aún sigue pendiendo en el aire.

Sevilla tiene un color especial, como bien dice la canción. Y un gusto, y un aroma, y un tacto, y también un sonido. Que aunque esto no lo diga la canción, te lo digo yo y todo el que de vez en cuando necesita perderse por Sevilla para que sus cinco sentidos se revolucionen y no haya manera de volverlos a poner en orden.

Por Jesús Villegas Cano

Juan Miguel Contreras.
La muñeca rusa
Baile del sol, 2016.

 

Irina Belokoneva es la hija de un cosmonauta ruso que, tras fracasar su misión espacial queda perdido en el espacio dando vueltas a la órbita lunar sin posibilidad de regreso y aún con vida. Como consecuencia del silenciamiento de este acontecimiento por parte de la URSS y la desaparición misteriosa de su madre, Irina acaba en un psiquiátrico de Praga donde, en 1968 acaban de irrumpir las fuerzas del Pacto de Varsovia.

Nadie puede creer el relato del triste fin del padre de Irina salvo Milos Meisner, el celador que la cuida en el psiquiátrico y que se enamora de ella y que comienza, después de la invasión rusa, una vida errática y aventurera convertido en escultor.

El extraño y melancólico relato de Milos, es escuchado en Almagra, un pueblo de la costa almeriense, por el paciente librero que le ayuda a reflexionar sobre esta triste historia.

De todas las novelas publicadas por Juan Miguel Contreras ésta es, a nuestro juicio, la mejor. El punto de arranque, la sugerente historia del cosmonauta abandonado a su suerte en medio del espacio, la aniquilación de su familia y la locura de su hija a la que nadie cree son el sólido puntal en el que se asienta una novela inquietante y profunda.

¿El mayor mérito? La hábil conexión entre la anécdota generadora de la novela y la posterior historia de Milos y el desarrollo de su melancolía cósmica. A través del diálogo entre el narrador, Matías, y Milos, el protagonista de la novela, Contreras sabe llevarnos delicadamente por un sutil hilo argumental sin que nos demos cuenta de que aquello de lo que verdaderamente quiere hablar no es de la peripecia del cosmonauta extraviado, ni siquiera de la desdicha de su hija sino de una tristeza infinita y del porqué de ésta.

Por Manuel Sánchez-Migallón y Francisco Contreras

La convergencia de las aficiones de componentes de las respectivas asociaciones “Manuel de Falla” y “El Zaque” nos hizo coincidir a comienzos del año 2020 a Manuel Sánchez-Migallón y a Francisco Contreras alrededor de un tema que ya estábamos hilando en aquel entonces cada uno por su lado.

El interés de Manuel por la indumentaria manchega, le ha llevado a conocer y coleccionar cuantos elementos de la vestimenta de hombres, mujeres, niños y mayores de toda época y estamento social han podido llegar a sus manos; su afición y dedicación han determinado la formación de una interesantísima colección de estos elementos folklóricos, que pide a voces su estudio, conocimiento y exposición para evitar su perdida y olvido.

Por otro lado, la curiosidad de Francisco Contreras y su afición a leer y preservar cualquier documento, impreso o manuscrito, que recoja noticias sobre aspectos históricos o folklóricos relativos a nuestra tierra manchega, nos llevó a encontrar una serie de estos documentos – las hijuelas- en los que se incluyen una importante cantidad de datos relativos al mobiliario, el menaje y la vestimenta de nuestros antepasados, unos documentos que por otro lado, están repletos de vocablos que por haber dejado de utilizarse en las últimas décadas, están comenzando a pasar a ser “palabras moribundas”.

Son las hijuelas documentos en los que se reseñan, valorados, los bienes que tocan en un reparto a uno de los partícipes de los que dejó un difunto, o más habitualmente, de los que aporta uno de los cónyuges en el caso de un matrimonio.

De las dos decenas de estos documentos que hemos podido observar, hasta trece ejemplares son datados en Manzanares, cinco de ellos relativos a mujeres y ocho a hombres, con una amplitud en el tiempo de casi un siglo, pues están fechados entre 1861 el más antiguo y 1944 el más moderno.

En este conjunto de los documentos que hemos revisado se hace listado valorado de los bienes aportados al matrimonio, se trata comúnmente de elementos de ajuar domestico e indumentaria personal, a los que en algunos casos se añaden bienes de índole agrícola y pecuaria, tales como viñas, azafranales, partes de casa, cantidades de vino, aceite o cereales, contenidos en la bodega o en la zafra de la casa familiar como valores aportados al matrimonio.

Con el fin de elaborar el listado de los objetos y asignarles un valor adecuado se acude a una persona entendida en la materia y que sea de confianza para las partes, una persona de fiar que ejerce sus servicios en estos menesteres, se trata de la “perita”, quien entiende de la valoración de prendas y mobiliario.

Para conseguir el conjunto de objetos que componen esta Exposición hemos partido de la colección particular de indumentaria manchega de Manuel Sánchez-Migallón, junto al listado de objetos que aparecen reseñados y valorados en las hijuelas procedentes de Manzanares revisadas por Francisco Contreras con la inestimable colaboración de personas y familias que conservan multitud de estos objetos en colecciones particulares.

Este acuerdo colectivo ha hecho posible la reunión de este catálogo de elementos de nuestro patrimonio común que han conformado la Exposición: “LA INDUMENTARIA Y EL AJUAR EN MANZANARES”, es primordial poder documentar, describir y estudiar todos estos elementos de índole etnográfica que conformaron la vida cotidiana de nuestros antepasados.

 

El manzanareño Vicente Martín Crespo, nace en 1944, estudió en el Instituto Maestro Juan de Ávila y la Escuela Normal de Magisterio en Ciudad Real y en la Escuela Superior de Ingenieros de Minas de Madrid. Ha residido en Madrid, Málaga y desde 2010 lo hace en el municipio de Arganda del Rey (Madrid).

Tras una larga vida laboral desarrollada en varias empresas vinculadas a un grupo internacional de telecomunicaciones, recupera su afición a la escritura, a la que no había podido dedicarse por falta de tiempo.

Su primera novela, “Casa Trona” publicada en octubre de 2018, presentada en nuestra localidad en la Biblioteca Municipal “Lope de Vega”, y cuya trama se desarrolla en la primera mitad del siglo XX, en el pueblo imaginario de Algarrobares.

En “Aguja de Calceta” está ubicada entre los siglos XVIII y XIX, con origen en Lisboa y terminando en dos pueblos manchegos Olivilla y Algarrobares (Membrilla y Manzanares en la realidad).

Vicente Martín Crespo, su padre y tíos dedicados a las fraguas de fundición, hace un alarde de refinamiento en esta nueva novela, siendo el principal protagonista orfebre, donde nos demuestra su enorme conocimiento de las artes de esta técnica, con todo lujo de detalles en manejo y herramientas.

Es también notorio el conocimiento que despliega de Lisboa y términos en portugués, que irremediablemente concluye con el profesional de la orfebrería instalando su negocio en Algarrobares (Manzanares).

Es un libro atrayente, que atrapa al lector y se hace muy ameno.

Debido a la pandemia que padecemos, el autor no ha podido presentarlo públicamente en nuestra ciudad, pero si está a disposición en la librería La Pecera y para los que gusten de la lectura digital pueden adquirirlo en Amazon en versión para e-book .

Explora el mundo de las relaciones tóxicas en su primera novela

Si algo hay que agradecer al aciago 2020, es que ha sido realmente prolífico en tanto en cuanto a lo que a la publicación de libros y estudios de diversa índole se refiere. Siguiendo esta línea, en el mes de noviembre vio la luz “La madrugada del espejo roto”, siendo dicha novela, la ópera prima de la manzanareña Pilar Gómez-Pastrana.
La trama, marcada por una narrativa tan fresca como envolvente, es capaz de dar sentido a una historia, cuyos personajes viven de algún modo el grave problema de la violencia de género, como lacra pertinaz y cruel que atenaza nuestra sociedad, y que lejos de erradicarse, se hace presente entre algunos adolescentes, de ambos sexos, que sirviéndose de herramientas ligadas a la comunicación, manipulan y controlan emocionalmente a otras personas, causándoles un terrible daño psicológico, poniendo una vez más sobre la mesa, el debate relativo a las relaciones tóxicas, la violencia y sus secuelas, o la insuficiencia y escasa eficacia, de las medidas destinadas a frenar tan dolorosa situación.
Agradeciéndole su dedicación, le planteo esta entrevista sobre su primer libro en el mercado y el interés que suscitan los puntos tratados.

1.- Este es tu primer libro publicado pero, ¿desde cuándo escribes?

Siempre me ha gustado escribir, pero llevo unos diez años haciéndolo de manera habitual. Esta es mi segunda novela y cuento con un extenso puñado de relatos. La mayoría gracias a mi paso por el taller de escritura on line “Móntame una escena”, donde aprendí muchísimo.

2. ¿Para cuándo el próximo?

Sinceramente, creo que me llevará algún año más… Tengo título, trama y personajes, pero no demasiado tiempo libre, ya que ahora también estudio música. Todo es empezar y dejar fluir la imaginación.

3. Por último, ¿dónde podemos adquirir tu novela?

De momento, solo en Amazon, en papel y en ebook. Sé que hay muchos detractores de esta plataforma pero a su favor diré que otorga una gran oportunidad a escritores noveles o aficionados como yo, y además, la inversión es mínima. Aún así, me encantaría comercializarla en las librerías de la zona.

4.- ¿Cómo describirías tu obra en pocas palabras?
Para ser objetiva, resumiré los comentarios que me envían los lectores: trepidante, ágil, inquietante, muy emotiva, inteligente y que engancha desde el principio.

5.- ¿Cómo surge esta novela? ¿Cuál es su finalidad?, ¿a qué público está dirigida? ¿Qué ofrece al lector?

Por desgracia, se habla mucho sobre la violencia física y casi nada de los maltratos psicológicos que hay detrás. Nadie comienza una relación pegando a su pareja… En cambio se va tejiendo una sutil telaraña de censuras, humillaciones y chantajes que anulan la personalidad de la víctima hasta hacerla sentir culpable y avergonzada de su situación que las frena a pedir ayuda. Me pareció importante indagar en esa antesala y me puse manos a la obra.
Yo no me dedico a esto profesionalmente, por lo que empecé sin objetivo, sin presión, sin saber si sería capaz de acabarla. Al principio, eran solo unas notas y unas escenas sueltas, pero a medida que iba documentándome sobre el tema y planificando la historia, fui involucrándome con los protagonistas y sus vidas. Comprendí entonces la importancia de llegar al final para concienciar de que esta violencia invisible, genera lamentablemente, lo que acaba siendo noticia en los telediarios.
Yo la recomiendo a los adolescentes a partir de diecisiete años, por contener algunas escenas de adultos, a padres con hijos menores y, obviamente, a quien quiera leerla
.
Son dos historias unidas por un hecho casual que se alternan cronológicamente, capítulo a capítulo. Se basa en una investigación a manos de la Guardia Civil que se lee fácilmente, cuenta con buenos diálogos y tensión narrativa desde el principio. Además de estar ambientada en lugares muy conocidos.

Los padres tenemos la obligación de educar en igualdad: de dar ejemplo corrigiendo conductas machistas y hablando con nuestros hijos e hijas, pero sin caer en el feminismo radical que, a mi parecer, no aporta nada”

6.- ¿Qué mensaje quieres transmitir a la sociedad?

Que hay que educar al respecto. Las leyes son necesarias, y es muy valiosa la colaboración de instituciones como el Centro de la Mujer de Manzanares o la Guardia Civil con sus charlas en los centros educativos, pero el verdadero trabajo hay que realizarlo en casa. Los padres tenemos la obligación de educar en igualdad y respeto entre géneros; de dar ejemplo corrigiendo conductas machistas y hablando con nuestros hijos e hijas, pero sin caer en el feminismo radical que, a mi parecer, no aporta nada. También quiero transmitir que el amor romántico no tiene por que ser tóxico, es decir, pueden haber discrepancias o puntos de vista diferentes sin que exista control ni manipulación emocional.

7.- ¿De qué modo afecta esta problemática a nuestra sociedad en general, y a los adolescentes en concreto?
Creo que está claro, no hay más que escuchar las noticias… Como ya he dicho antes, detrás de la primera bofetada hay una larga cadena de maltratos psicológicos. Y ahí es donde tenemos que poner el foco de prevención para que los adolescentes ni repitan ni permitan esas conductas. Y en cualquier caso, sepan pedir ayuda para romper con esa relación tóxica.

8.- ¿Opinas que las redes sociales y las diversas plataformas de comunicación fomentan en cierta medida las relaciones tóxicas?
Sí. Al estar permanentemente conectados es más fácil que nos controlen: cuándo hemos leído un mensaje, por qué tardamos tanto en contestar, qué comentarios hemos hecho, qué foto hemos colgado… Aunque también pienso que cada vez tenemos más cuidado con lo que subimos o enviamos porque sabemos que perdemos la posesión de esas imágenes y que es prácticamente imposible borrarlas de Internet. En cuanto a compartir fotos íntimas, es mucho más peligroso ya que pueden utilizarse como chantaje en caso de una ruptura.

9.- ¿De qué manera se hace presente el tema de la violencia de género en los personajes?
Se trata de una forma de violencia pasiva. En ningún caso es física.

10.- ¿Qué papel juegan en el libro y en la realidad el valor de la amistad, el compañerismo, la empatía, la solidaridad, el coraje para decir “no”, la fortaleza, y la inteligencia emocional ante la adversidad?

Hay personajes que están muy bloqueados, aunque no lo quieran admitir. Cada uno de ellos tiene una piedra en su camino que termina por convertirse en un muro Pero siempre aparecerá una mano amiga que les ayude a rodearlo y a ver las cosas desde otra perspectiva. En la realidad ocurre igual: los problemas se llevan mejor si admitimos que los tenemos y nos dejamos ayudar por amigos y familiares.

 

“Grafiando el virus”

En sus cuadros hay crítica, ironía, esperanza y humor en técnicas mixtas, pero todas centradas en la pandemia.

Desde el día 17 de diciembre hasta el 15 de enero de 2021, se podrá visitar la exposición patrocinada por Cáritas Interparroquial de Manzanares, sobre dibujos del artista cubano Fabián Sotolongo, en la sala de exposiciones de la Biblioteca Municipal Lope de Vega.

En el acto de presentación/inauguración, a puerta cerrada por la situación de limitación de aforos como consecuencia de la pandemia, el Concejal de Cultura del Ayuntamiento de Manzanares,

Candi Sevilla, destacó el curriculum de Fabián, “artista creador polifacético, diseñador gráfico, ilustrador, que ha hecho tiras de comic para periódicos nacionales e internacionales, exponiendo en Cuba, Argentina, Bélgica y Francia, y siendo esta su primera exposición en España”.

Diego Gallego, director de Cáritas Interparroquial de Manzanares, explicó que el objetivo de la organización de la exposición es el de promocionar a Fabián, afincado con su familia en esta localidad desde hace año y medio, y participante en el Taller de Reciclaje e Inserción Sociolaboral. Se le ha estado acompañando en su itinerario de inserción y se consideró que lo más eficaz, dada su profesión de diseñador gráfico, era promover una exposición para darle publicidad y conseguir que pueda trabajar en este campo.

Comentó que esta iniciativa es un ejemplo de que la acción social de Cáritas no se limita exclusivamente a prestar ayudas asistenciales (alimentos, ropa, suministros…) a las personas y familias más vulnerables, sino que tiene fijado como objetivo prioritario la promoción y el desarrollo integral de las personas a través del acompañamiento en itinerarios de inclusión.

Precisamente la Campaña de Navidad de este año, que ha tenido como lema como lema “Esta Navidad más cerca que nunca. Tú decides como ayudar”, ha tartado de que se haga visible ese otro tipo de ayudas, formativas y encaminadas a la inclusión socio laboral, que sin duda, contribuyen de un modo más eficaz al cambio social y a la dignificación de las personas.

Fabián indicó que los dibujos expuestos son inspiración surgida en el periodo de confinamiento. En sus cuadros hay crítica, ironía, esperanza y humor en técnicas mixtas, pero todas centradas en la pandemia. Sin embargo, añadió que este no es el único tema sobre el que habitualmente pinta, y hace trabajos y caricaturas por encargo.

De todas las visitas que he hecho a Logroño, me atrevería a decir que solo tienen una cosa en común. Por lo demás, nada que ver. Absolutamente nada.

La primera vez que conocí la capital riojana me adentré en la ciudad a pie por el Puente de Piedra sobre el Ebro. Agotado, sucio y hambriento. Esto es lo que tiene ser peregrino del Camino de Santiago en pleno mes de agosto. Duchita reparadora en el albergue de turno, ropa limpia y a devorar una tapa tras otra empezando por la célebre calle Laurel y terminando por la no menos conocida calle San Juan. Patatas a la riojana, caparrones con sus sacramentos o pimientos rellenos. Cada tapa con su vino tempranillo, claro está, hay que respetar las costumbres locales. Siesta merecida y a seguir pateando el casco histórico. No faltó aquella vez un rato para contemplar el esplendor renacentista de la Concatedral de Santa María, con sus armoniosas torres barrocas y un precioso retablo tallado en piedra en la fachada occidental. Aunque para disfrutar del sosiego que exige el peregrino, me quedo sin duda con la iglesia de San Bartolomé, la más antigua de Logroño. Románico y gótico al servicio de quien busca un rato de recogimiento antes de volver al dormitorio compartido con los ronquidos de un puñado de caminantes.

La segunda vez que me hospedé en Logroño fue para hacerle justicia a la ciudad y su comarca, pues bien se merecían una visita más pausada. Ilusionado, relajado y expectante. Esto es lo que tiene ir de turista en unos días de puente. Hotel a dos pasos del Espolón, el parque por antonomasia de los foráneos, y desde ahí a recorrer con calma las calles, a descubrir el Museo Provincial, la Casa de las Ciencias, la muralla del Revellín o hasta el Mercado de San Blas. Todo ello con el bullicio de una capital animada y que te hace sentir a gusto. Aunque había que reservar un par de días para hacer incursiones por la provincia. Si se va de turista, se va de turista. ¡Cómo no acercarse a los Monasterios de Yuso (el de abajo, el conocido como “El Escorial de la Rioja”) y el de Suso (el de arriba, donde el eremita San Millán se fue a retirar), dejándose atrapar por el encanto de los escritorios donde se compusieron las Glosas Emilianenses, verdadero germen escrito de nuestra lengua castellana! ¡Cómo no visitar Santa Domingo de la Calzada, y rememorar en su catedral el milagro de la gallina que cantó después de asada fotografiando el gallinero que alberga entre sus muros! ¡Cómo no conducir hasta Nájera y dejarse seducir por su impresionante Monasterio de Santa María la Real! Cultura, arte, naturaleza e historia en perfecta simbiosis. Y vuelta al hotelito de Logroño como buen turista que se precie.

La tercera vez que visité Logroño fue para dar rienda suelta a otra de las pasiones que desde hace ya algún tiempo me tiene cautivado: el mundo del vino. Estirado, refinado y exigente. Esto es lo que tiene ir de esnob dejándose caer por un puñado de bodegas y sitios de moda. Esta vez ni albergue de peregrinos ni hotelito por el Espolón en la capital, sino el Hotel Viura en Villabuena de Álava, el pueblo con 43 bodegas para 300 habitantes (más caro, eso sí, pero la ocasión lo merecía, y además después de ver las fotos de este hotel no puedes resistirte a su encanto). No hay mejor sitio para comenzar el recorrido por un rosario de bodegas, desde las impresionantes Marques de Riscál o Ysios, con una arquitectura que quita el hipo, a las más tradicionales como Muga o López de Heredia. Toda una experiencia, que resultará completa al visitar el apabullante museo de la cultura del vino de la bodega Dinastía Vivanco. Totalmente imprescindible en este mundillo del vino. Y para rematar esta escapada, había que ir a comer donde hay que ir a comer por estos lares. Esto es, a “El Portal del Echaurren”, en el encantador pueblo de Ezcaray, que con sus dos estrellas Michelín te ofrece desde las mejores croquetas que he probado hasta unos emplatados que te dejan sin palabras.

De todas las visitas que he hecho a Logroño, me atrevería a decir que solo tienen una cosa en común. Y es que siempre que me acabo el último sorbo de la última copa de sus preciados vinos, me hago el firme propósito de volver a disfrutar por estas tierras riojanas.