Juan Ramón Morales

Hoy, quisiera, a propósito de algo que me ocurrió hace unos días, comentar una anécdota ocurrida hace muchos años: Un sábado cualquiera, paseando por la que todavía era la Plaza de Las Palomas y viendo que la Parroquia se encontraba, inusualmente abierta, pasé y me senté en el primer banco a la entrada del templo. Entonces advertí que me encontraba absolutamente solo (eso creía yo) en la Iglesia de La Asunción, cuando empezó a sonar el órgano, lo tocaba el capuchino Padre Esteban de Cegoñal, que muy a menudo venía para mantener el órgano, (al final os haré una breve reseña suya) que también ignoraba mi presencia en el templo y se dedicaba a interpretar la Tocata y Fuga en re menor de Bach, para su propia satisfacción (eso creía él, ya que también lo hacía para la mía). Os puedo asegurar que fueron unos minutos, para mí, inolvidables (todavía, cuando escucho esta obra o, simplemente recuerdo aquellos momentos, se me ponen los pelos de punta).­­­­­­ Tras terminar, me presenté a él y estuvimos un buen rato departiendo mientras paseábamos. Coincidimos otras cuantas veces más, siempre por mediación del Padre Cristino (él conocía la relación de amistad que me unía a este último) y siempre nos contábamos algo de lo que había ocurrido en nuestras vidas, de esta forma cada uno sabía algo más de quién era el otro). Tras la marcha de los capuchinos no volví a saber de él hasta finales de enero de 2002 cuando, por casualidad, me enteré de su reciente fallecimiento. Ahora todavía, cuando la oigo, me sigue emocionando y lo sigo recordando.

Os paso unos breves datos de su muy dilatada vida: Nace en Cegoñal (León). Cursa sus estudios musicales en el Real Conservatorio de Madrid, y los de órgano con el maestro Guridi, terminando su carrera con premio extraordinario, concedido por unanimidad por el tribunal; perfecciona en París la técnica de la registración y orientación moderna del órgano. Destacan sus intervenciones para No-Do, Radio Nacional, Congreso Nacional de Música, Congreso Internacional de Organeros, Catedral de León, Congresos Internacionales de Pueri Cantores, de los que es organista oficial; conciertos en América, La Habana, Roma, Oxford, así como, por toda la geografía española. Ha sido organista de la iglesia del Real Palacio del Pardo, San Antonio de Cuatro Caminos, y hasta su fallecimiento de la Basílica Jesús de Medinaceli. Es compositor y acreditado director de coros, fundando dos escolanías: San Antonio y Jesús de Medinaceli. La crítica nacional y extranjera destacan su profunda sabiduría en la interpretación, unida a una depurada técnica, limpieza y exquisita sensibilidad. (Fue quien educó la voz de Raphael, que estuvo en la escolanía que él dirigía y supongo que esto, más que todo lo demás fue lo que lo llevaría a la historia).

Su nombre figura en el Diccionario de la Música y los músicos y en Recursos Musicales de España del Ministerio de Cultura. En 1992 recibe un homenaje por “toda una vida dedicada a la evangelización a través de la música religiosa”. Fallece en Madrid el 16 de enero de 2002, a los 88 años de edad, 73 de vida religiosa y 64 de sacerdote. La Diputación Provincial de León, en su primera entrega de fichas biográficas “Quién es quién entre los leoneses” o figuras relevantes leonesas, incluye al P. Esteban de Cegoñal.

Yo también lo llevaré en el recuerdo.

 

Por Enri García Chaparro

Tantos adjetivos le hemos ido colocando al nombre de violencia que en este caso no sé si unificarlos todos o que sea el propio lector el que elija cómo calificarlo desde lo más profundo de su corazón.

Estamos mediando febrero cuando escribo este artículo y lo hago bajo la consternación, la rabia y la indignación a la que llego causada por  varias noticias ocurridas en la misma semana que me han hecho preguntarme:

¿Qué pasa por la cabeza de un adolescente que es capaz de matar a sus padres a sangre fría por el mero hecho de castigarle sin internet, sin móvil o sin consola a causa de unas malas notas?

Es una noticia terrible con unas consecuencias irreparables sobre una situación, cuanto menos, desconcertante.

Bien es cierto, que como docente, sé que hay que tener mucha empatía con los niños y adolescentes, porque cada uno, a su manera, sufre sus propios cambios. Y como madre la situación es bien parecida.

Lo que no es de justicia es que tengamos que tener a estas nuevas generaciones “entre algodones” por el simple motivo de no herir sus sentimientos por la acción/reacción negativa que pueda tener su sensibilidad.

Es terrible que un chico de 15 años llegue a ASESINAR a sus padres y a su hermano en un arrebato de soberbia por el hecho de tener que cumplir un castigo. Vamos a ver ¿es que a alguien en esta vida no han castigado nunca? Pues de siempre, si hemos necesitado un castigo merecido pues lo hemos cumplido, nos hemos aguantado y hemos aprendido. Por Dios, que hablamos de un castigo, no de una paliza violenta de aquellas que recibían generaciones muy anteriores (que tampoco tienen justificación). Un castigo de unos padres que verbalmente le dicen que se queda sin su pasatiempo favorito por no haber tenido buenas notas…ni más, ni menos. Vamos, algo de lo más normal. Pero no, la violencia no tiene límites y por lo que vamos viendo en los últimos años ni edad ni lugar. Y al final, o se pone unos límites para estos atentados o se terminará por normalizar.

Y como pequeña era la noticia, resulta que otro niño de 13 años se lía a puñaladas con su profesor en plena clase, delante de sus compañeros y sin mediar palabra. Informes policiales determinan que el chico sufrió una crisis de ansiedad y un trastorno mental transitorio, lo que dará lugar a que por edad y diagnóstico sea inimputable. En las entremedias un joven de 19 años que mata a su novia de 17…A esto le unimos las salvajadas de las pandillas callejeras que ahora están en todo su esplendor y…ancha es Castilla.

Pues nada. Leyes que “protegen” al menor, porque si bien es cierto que nuestro organismo jurídico considera que a partir de los 14 años las personas son imputables, por razones políticocriminales estima que no es necesario aplicar las mismas consecuencias jurídicas a los menores que a los adultos.

Total, que un niño que asesina a sus padres y a su hermano, sabiendo bien lo que hacía, que esconde sus cuerpos durante tres días visceralmente, que aprovecha esos mismos días para jugar sin parar a la consola porque sabe que goza de esas horas, hasta ser descubierto, de plena libertad para hacer lo que le venga en gana, tendrá “como castigo” vivir hasta la mayoría de edad en un Centro de Menores del cual saldrá incluso sin antecedentes penales. Otro que apuñala a su profesor y el hecho pasará a la historia sin pena ni gloria y una familia que llorará eternamente la muerte de una adolescente asesinada con tan solo 17 años por otro ataque de celos, de ira, de soberbia o de vayamos a saber qué.

Creo que nos estamos equivocando tanto humana como jurídicamente y se sigue sin poner remedio.

                               Manuel Rodríguez Mazarro

La fregona fue un invento español (Manuel Jalón, 1957). Aquel artefacto ha dado la vuelta al mundo y nos marcó la imagen de “igualdad de género” y espíritu de suelos limpios. Palo largo con final de flecos absorbentes, forma parte de la casa y es una institución.

La comparo con aquella figura recientemente desaparecida del conjunto histórico callejero de Manzanares. Llevaba casi 10 años en tal lugar y posición. He visto grupos, visitas turísticas que se hospedaban en “El Menano” y el punto de encuentro para la guía era este, en el  señor de la meada. ¡cuántas fotografías, miradas y sonrisas habrá presenciado!

Era arte en negro, tamaño natural, plasmado en un tapial, por el nº 18 de la c/ La Paz. Personaje que recordaba la “Guerra de las Galaxias”. Pues, tal institución estatuaria ha desaparecido con todo su porte de incontinencia y sin empapador.

Tal desaparición me desilusionó y me sentí nostálgico, falta algo en aquél tramo de calle, con efecto placebo, biológicamente inactiva. Con sensación de intimidad del “botecillo” para el análisis, orina primera del día.

Me enteré por “decreto municipal” que pintadas y grafitis en las paredes de solares del pueblo fuesen eliminadas.

Aplaudo dicha atención, hay muchos animales sueltos, no comprendo ni entiendo que esos seres que se dedican a colocar sus anagramas en lugares ajenos, ensuciando paredes, veo el estado de su habitación en casa.

Eso es diferente a este Sr. Spock, lo considero técnicamente hibrido, sin efectos secundarios, ni hacía daño, ni mojaba, ni corroía farolas, ni asco daba. Era como una fuente decorativa sin agua, una figura dedicada al riñón, urea, creatinina, ácido úrico. Mi opinión: se debía haber indultado del brochazo blanco. El personaje en tal “status”, era institución de Manzanares.

Pasaba por aquél lugar, sentía tal confort ver al señor representando el proceso fisiológico natural que en ocasiones me hacía aliviar el paso. Recordé otras desapariciones que de ellas nunca jamás se supo, la figura de “la maestra”, la fuente del “Manifiesto” y… tantas otras instituciones locales ¡donde andarán!

Institución fueron las dos figuras porta-lámparas que había en la subida de escaleras del Ayuntamiento, regalo, agradecimiento del conde de Sert (presidente de Federación Sociedad Protectora de Animales) a Manzanares por ayuda y favor que hizo a los animales del abandonado Circo Alemán (1954). Figuras que fueron color caoba y después de oro viejo. No sé, pero han desaparecido de las escaleras. Mi abuela decía: “Quítate tú para ponerme yo”.

 

  Diego R. Gallego Fernández-Pacheco

En las últimas semanas, los medios de comunicación se han hecho eco de la iniciativa de un jubilado que ha recogido más de 600.000 firmas para exigir que la banca atienda presencialmente a las personas mayores que encuentran dificultad para acceder a los servicios bancarios “on line” o a los cajeros automáticos.

Es un planteamiento justo y equilibrado con una generación analógica, que no ha tenido posibilidad o ha encontrado dificultades para engancharse a la tecnología digital.

Siendo una acción que hay que valorar muy positivamente, se le puede también reconvenir que no la haya hecho extensiva a un ámbito más general. Que los bancos dan cada vez peor servicio optando por reducir personal y oficinas (en Manzanares quedan 6 sucursales, hace 5 años había el doble), para que los clientes o usuarios operemos por vía digital es una realidad que subleva a la mayoría, a lo que además, se añaden comisiones desorbitadas Pero las administraciones públicas, las operadoras telefónicas o las empresas eléctricas se comportan de modo parecido.

La administración electrónica, que sin duda es un paso adelante en los trámites ante las instituciones públicas, sin embargo, crea un gran problema para las personas mayores y para la población que ha tenido más dificultad para acceder a los medios digitales.

En el informe Foessa* 2022, recientemente publicado, se pone de manifiesto que la brecha digital es un nuevo elemento generador de desigualdad y exclusión social. Se considera que se encuentran en esa situación las personas que carecen de conexión por wifi, que no disponen de dispositivos con conexión a internet, y que en su hogar no cuentan con alguna persona con habilidades informáticas para realizar los trámites administrativos por la red.

Según ese informe en Castilla la Mancha la brecha digital alcanza nada menos que al 45,2 % de los hogares. La desigualdad de oportunidades se hace patente entre quienes tienen medios y habilidades para operar por internet, y quien no los tienen.

En el tiempo de confinamiento, ha habido una situación muy especial que ha dado un impulso espectacular a la comunicación y relación a todos los niveles por vía digital, pero recuperada la normalidad es imprescindible compaginarla con la atención presencial, con el objetivo de que la desigualdad social no alcance cotas insostenibles.

*Fundación FOESSA (Fundamento de Estudios Sociales y de Sociología Aplicada). Vinculada a Cáritas Española.

En el momento de redactarse este editorial la incidencia acumulada en lo que respecta a la pandemia de Covid 19 baja asombrosamente y nos hemos quitado las mascarillas por las calles a la espera de poder hacerlo ya definitivamente. El cielo nos ha regalado con algunos días de cierto veranillo o, cuando menos, tentativa de primavera y se respira un cierto optimismo a la espera del carnaval, la Semana Santa y la llegada del buen tiempo. Se espera que la agenda municipal se anime poco a poco y a un año visto de las próximas elecciones no sería extraño que este largo invierno de dos años que hemos vivido se caldee definitivamente con profusión de anuncios, actos e inauguraciones. Una de las más esperadas es la inauguración del pórtico de la Parroquia de la Asunción de Ntra. Sra. Sin embargo, ya hemos podido ver el resultado espléndido de los trabajos que se han llevado a cabo bajo la frágil red que la protege de las palomas (¿para cuando la esperada solución al gravísimo problema de las ratas del aire?) y el resultado no puede ser más alentador. Es de justicia felicitar (una vez más) la iniciativa de la Parroquia y por supuesto del Ayuntamiento que ha desplegado en esta ocasión una política cultural de altura, que no piensa en réditos cortoplacistas, sino que dejará una huella en la historia y que ha supuesto una acción política de altos vuelos.  A un alcalde no se es fácil que se le recuerde por tal o cual acto o ni siquiera por haber licitado la implantación de una empresa, por importante que eso sea, pero sí por el que arreglo el pórtico e hizo de puente entre el pasado y el futuro soldando su humilde eslabón en la cadena.

Lo que tienen las calamidades es que cuando éstas pasan nos dan la oportunidad de respirar un aire como de recién amanecido. Todos tenemos la impresión de que llega un tiempo nuevo, de acuerdos, de encuentros, de entendimiento, de colaboración. Crucemos los dedos y ojalá esa expectativa de futuro no quede frustrada.

Por Enri García Chaparro

Indignación. Según la Real Academia de la Lengua Española significa “Enojo, ira o enfado vehemente contra una persona o contra sus actos”.  Pues así me siento yo hoy ante la nueva noticia que vuelve a atacar al sistema educativo.  Me siento indignada como docente, como madre, como alumna y como miembro de la sociedad.

Desde la llegada de la democracia y el  posterior traspaso de las competencias a las Comunidades Autónomas, llevamos ya ocho leyes educativas, lo que nos da un promedio de cambio de ley cada cinco años. Una auténtica locura, porque lo que en un principio se aventuraba como un refuerzo y mejora en la educación queda demostrado que lo que es avanzar…avanzamos poco.

Para quien las desconoce aquí hago recuento:

1980: Ley Orgánica por la que se regula el Estatuto de Centros Escolares (LOECE)

1985: Ley Orgánica reguladora del Derecho a la Educación (LODE)

1990: Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo (LOGSE)

1995: Ley Orgánica de Participación, Evaluación y Gobierno de los Centros Docentes (LOPEG)

2002: Ley Orgánica de Calidad de la Educación (LOCE)

2006: Ley Orgánica de Educación (LOE)

2013: Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE)

2020: Ley Orgánica de Modificación de la LOE (LOMLOE)

No las voy a explicar porque si una no funciona, la siguiente lo hace menos. Lo que sí es cierto es que algo tan sensible como la educación no puede ir recayendo en los políticos de turno, conforme a un ideario u otro.

En esta última ya rozamos el remate, pues con el curso ya empezado se aprueba un decreto que otorga el mismo título a estudiantes con distinto nivel. ¡Ea! Desvestimos a un Santo para vestir a otro, afianzando a los alumnos que pudiendo no quieren y desmotivamos a los que quieren y les cuesta, para llegar a una partida igualitaria, dando la oportunidad de graduarse sin haber aprobado todas las asignaturas, frente a los que se gradúen con la suma de su esfuerzo y, a su vez, quitando todo tipo de “repescas” para recuperar los exámenes no aprobados…es decir, regalamos y punto. Y lo más fuerte si cabe, nos vamos a la EVAU con asignaturas suspensas. Como diría cualquiera ¡Viva la Pepa! Sólo faltaba ya que fuera con carácter retroactivo. A mí me resulta una medida que va a dejar de incentivar al alumno que se esfuerza a diario y, a su vez, genera una inseguridad jurídica entre los docentes, pues, en principio, se iba a contemplar un periodo de adaptación a esta nueva Ley gestionada por cada Autonomía, y, sin embargo, aquí lo tenemos de golpe y porrazo.

De la misma manera, llevamos tiempo conociendo que muchos trabajos, no solamente artesanos, van a ir desapareciendo paulatinamente por falta de personas preparadas para los mismos. La pandemia casi que nos ha dejado sin albañiles, y existe un gran desconocimiento de que en la Formación Profesional hay una rama dedicada a la edificación civil. Nos acordamos de los arquitectos que han de cursar su carrera universitaria pero desprestigiamos una formación que la tenemos a nuestro alcance. Sin albañiles no creo que hagan falta muchos arquitectos. Parece que en los últimos tiempos se está dando esa visibilidad que se merece la FP, pero no con la calidad que debería. Necesitamos trabajadores formados en el trabajo base, no solo en las Ingenierías.

Miedo me da pensar qué será lo próximo que nos tengan guardado. Las familias cada vez nos vemos más sometidas a la triste realidad. Los docentes vamos y venimos en la cuerda floja. Los alumnos cada vez tienen más carencias, y en lugar de recular, vamos de Ley en Ley como la falsa moneda de mano en mano.

 

Por Manuel Rodríguez Mazarro.

El 17 de junio de 2018 se marcharon  las Monjas de Clausura del convento de Manzanares, hace tres años de aquello. Emblemático lugar que ha quedado vacío total, en  soledad sus celdas, hornacinas, solo quedaron los recuerdos del pasado y algunas historias celestiales de la propia comunidad.

            Existen duendes, ruidos de pasos, chanclas sobre baldosa vasta, movimiento de maderas y palmatorias con velas que hacen recorridos, susurros, cuchicheos, misterios y cosas extrañas, eco que suenan entre rincones, rechinan los suelos, los techos se tajean, crujen las maderas, las bóvedas se escaman, la gran cocina huele a rancio, los grifos lloran, la luz, lugar donde ya no hay vida, todo es tiniebla, ocaso y algún “zurito” busca el recuerdo de su nido y sus migajas.

            La campana jaleosa lleva casi mil quinientos días sin repicar. Añoro los sábados, avisadora del encuentro en este mes de Mayo, anuncio al vecindario de la mañanera salida del “Rosario de la Aurora”, recorrido callejero con la Virgen de Fátima, las inmovibles torcaces blancas a sus pies. –En el ocaso del día,  nuevo toque de badajo anunciando “La Flor”.

            Caserón del siglo XVI, torreón donde los duendes duermen la paz y se aburren de no ver lo que antes veían, el mayor de ellos refunfuña por no haber quien le zurza el capisayo y levita, algún ratoncillo saltarín recorre las galerías inhabilitadas jugando con las “correderas”. Se pasean libremente por el pasaje con salida a la calle donde hubo una “barbería” y sobre ella la “casa del vicario” (hoy herederos de D. Felipe Arroyo).

            –Hablé hace años con Sor Carmen de Jesús que entró en el convento en 1916, con la abadesa Madre Asunción Glez.-Burillo, Madre Pilar Fdez. Pacheco (vicaria) y tres novicias de otra nacionalidad, eran seis las que habitaban y cuidaban el lugar.

            Interesante conversación con Sor Carmen: –las fundadoras fueron las familias Quesada y Céspedes,  –de Madre Mª Rafaela de Santa Teresa, familia de los condes de Pérez-Valiente hidalgos de La Solana y al fallecer en Manzanares recibieron sepultura en el convento. –Recordó el pasaje del incendio (1936) y su primera salida vestidas de paisano. —Regreso de la comunidad, vida interior, escuela de niñas, proveedoras de la Sagrada Forma, lavandería, costura fina, mortajas, dulces,…

            Varios días fue la convivencia que sostuve con ellas para dejar reflejado en un libro que pensaba realizar (nov. 1977), no llegó el momento, si pude observar el movimiento de estos espirituales, duendes que anduleaban libres por aquellas galerías interiores, todo tan misterioso, recuerdo objetos que ambientaban las dependencias, incluido las pinturas del paisano A. Iniesta, enormes Jesús, Cálices y palomas que decoraban el “Monumento” en el Viernes Santo.

            Simpáticos duendes que no pude ver y  sí convivir en sus estancias, aparecían y se esfumaban como ráfagas de viento con dulce caradura, jugaban y danzaban en grupos con bandurrias y guitarras. Imaginé una noche allí obsequiándome con el  “Concierto de Aranjuez” (Joaquín Rodrigo), en el patio junto a la fuente y el pozo rodeado de geranios y aspidistras.

            Madre Asunción, me comentó que no eran duendes, son espíritus humanos,  las almas que a diario rezaban por ellas y: –“las ausentes están presentes” les acompañaban en sus oraciones, maitines, laudes, prima, sexta, nona, vísperas y completas. Sombras con aromas de incienso que aparecían y desaparecían danzando entre las religiosas alegrando el rezo.

            La imaginación camina en estas circunstancias y hablé con los santeros Manuel Glez.-Márquez y su esposa Isabel López, por si ellos supieran algo, ruidos extraños en alguna ocasión, diciéndome: — tal vez algún emparejamiento de gatos o del palomar que tenían, las monjas con sus rezos,…

            Por mi amistad que tenía con el párroco Joaquín Moreno Chocano que a diario efectuaba la misa en la Iglesia del Convento, le comenté mi interés, pidió permiso a Madre Asunción y recorrimos minuciosamente las dependencias, no observamos anomalías. –Sólo que la garrafa de vino dulce para consagrar iba deprisa, por lo visto algún soliviantado duende suelto había.

            Madre Asunción y Sor Carmen con 72 años, me habló de ruidos de  mobiliario, sonido de campanillas, cortinas descorridas, sonrisa de niños que anónimos depositaban para llevar a la inclusa. Dijeron: –Pensamos que son pruebas del Señor en nuestro sacrificio de clausura, pensamos en algún aviso de aparición. –A Sor Mª Antonia de Jesús Gª Parra se le apareció milagrosamente la Virgen del Consuelo en esta casa. —Nuestro temor de no estar preparadas para ello.

            Algo habrá y ahí queda aparcado el tema y los duendes (¿?) a su libre albedrío del “Monasterio Santísimo Sacramento” fundado en 1592, edificio clausurado, nunca mejor dicho, en junio del 2018.

He recibido este escrito a través de un profesor jubilado que se autoproclama, entre otras cosas, como aspirante a escritor, que él mismo reconoce que no es suyo y que, tras las oportunas investigaciones he conseguido saber que es un escrito elaborado por Victoria Trigo Bello, una zaragozana de La Joyosa que se proclamó ganadora del XXI Premio de Narrativa de la APA (Asociación de Periodistas de Ávila). El escrito en cuestión no debe tener derechos de autor pues me lo he encontrado en numerosos sitios de internet, pero sí tiene una amena y grata lectura y, a mi entender, un valor incalculable para toda una generación que, ahora, está desapareciendo. Me gustaría que esta publicación sirva como reconocimiento y homenaje para todos aquellos que, sin buscar más recompensa que la felicidad de los que vienen detrás, se dejaron la vida en el empeño de dejar este mundo un poco mejor de lo que lo encontraron, un poco más atractivo, un poco más humano. (lo colocaré en dos partes debido a su extensión)

Juan Ramón Morales

29Nos quisisteis tanto que nos hicisteis débiles.

Reservasteis para vosotros los malos tragos, las maletas de cartón, las medias suelas en los zapatos. Aguantasteis guerras y posguerras, el hambre en pucheros de miseria, los piojos, los sabañones, el miedo pegado a la mirilla, las casas llenas de fotos tristes.

Vestisteis un luto tras otro, la mirada baja, las manos heladas. Subisteis a trenes negrísimos, kilómetros en vagón de tercera, vendimias, fábricas inmensas, lluvias que enlazaban con más lluvia, inviernos que duraban todo el año.

Y todo eso fue para sobrevivir y dar la entrada de un piso, para regalarnos una cuna con colchón de lana, un cubierto con nuestras iniciales, un pupitre en la escuela, unos patines, una tarta de cumpleaños, un juguete -o dos- de los Reyes Magos, una quincena en la playa. Y todo eso fue para que nosotros tuviéramos un paquete de pipas, unas botas de agua, una canción dedicada en la radio.

Nos mimasteis como ni vosotros mismos sabíais que podíais amar.

Nos llenasteis el bolsillo con propinas de cinco duros, nos enseñasteis el verbo estrenar para el domingo de Ramos, para las bodas y las comuniones, nos comprasteis la mochila para los campamentos y os estirasteis para apuntarnos a actividades extraescolares.

Enterrasteis a vuestros muertos con paladas de llanto y silencio.

A nosotros nos lo pusisteis fácil con una póliza de decesos con la que deciros adiós sin mancharnos de tierra. A nosotros nos inundasteis de Cola-Cao el tazón del desayuno y de naranjada el vaso de la merienda.

 

 

 

Por Manuel Gallego Arroyo

Muchas veces he sostenido, recurrente ademán, que este pueblo no se quiere lo suficiente. Y a lo mejor es una impresión personal, o una conjetura anclada en falsas evidencias. Todo pudiera ser, pero convendrán conmigo en que entre nuestros haberes hay uno que consiste en no hablar demasiado bien de nuestra ciudad. Somos más críticos que constructivos. Tampoco nos sentimos aferrados a tradiciones acendradas, pues penden siempre de un hilo, cuajan, pero se descuajan; se sostienen, aunque despersonalizadas o sin implicación juvenil. Aceptemos que nos cuesta tomar una opinión común, pero más nos cuesta manifestarla. Desdibujamos consciente o inconscientemente nuestra valía, nuestra idiosincrasia y pocas, muy pocas veces hemos sacado codos.

Se dirá que estos síntomas son más propios de ciudades que de pueblos. También pudiera ser, pero el argumento redunda en la indefinición y apostaría por ella.

Resulta entonces fácil atajar lo que parece un mal. Bastaría con decir siempre bien de nuestra ciudad. Más que acometer con críticas las iniciativas públicas y privadas, apoyar la positividad de las mismas. Y retomar, aunque fuese con cierta hipocresía, toda celebración y fasto. Saber comunicar a los jóvenes, y que los jóvenes se dejasen comunicar. Implicar a una población madura previamente implicada. ¿Quién habría de ser el sujeto de todas estas acciones? Nadie, el común simplemente.

Por supuesto que obliga a definir un patrón del carácter manzanareño, y más que a definirlo, a ponerlo en práctica, mostrando a la par de la singularidad, cuanto nos vincula a los alrededores. Y levantando la frente, con orgullo patrio, o paterno.

Es en las manifestaciones del ocio, que son las ociosas actitudes, en las que, precisamente esta especie de autoconciencia viene a visitarnos. En el deporte, en la cultura, en la fiesta, es donde Manzanares se hace más Manzanares. Por ahí empieza la creencia en uno mismo. Y en este sentido, a lo mejor, de haberlo, el fallo no ha sido ni de la iniciativa institucional, ni del carácter, ni del común. Tal vez haya sido un simple desliz, pequeña falta de vitalidad en lo que Zubiri llamó la “transmisión tradente”. En definitiva, que la carencia de Manzanares ha sido la insuficiente energía para pasar la tradición de padres a hijos, para querer pueblo. Y en este sentido la desvitalización vendría de la escasa implicación de la familia.

Aunque, me pregunto, ¿no será otra la causa de esta disolución del carácter? ¿Un extremismo inocuo, un querer hacer por el pueblo un tanto exacerbado y enceguecido que, también, ha pasado por alto esa transmisión? ¿No habrá sido la herencia de una política centrípeta, en exceso partidista, de más de treinta años y a la que no hemos sabido sobreponernos? Con lo que, esta problemática pasaría del ámbito de lo privado (la familia), al de lo público.

A mi parecer, hay como una cesura, un rompimiento, una falta de entendimiento o divorcio de ideas en el trasegar político manzanareño, que ha dejado fuera el carácter del lugar, que ha perdido de vista la vista del otro, del que no comparte mis ideas aunque sí comparta mi pueblo.

Anda por aquí el secreto de los buenos maridajes. Sí, el de lo privado y lo público. Un equilibrio alejado de las disputas imponentes y más cercano a la transmisión. Lejos de los recelos, las persecuciones deshumanizadas y afasias más o menos conscientes, de las que todos somos culpables. Bien está.

Yo insisto en que el ejercicio consiste en “creer”, creerse y crearse, comunicar esa creencia, y descubrir que, a la postre, tomar excesivo partido es, muchas veces, creer en parte.

 

 

Por Pedro Lozano Martín Buro

Acción, reacción, repercusión, nunca una ley fue tan simple y clara. El pasado 22 de noviembre se inauguró el nuevo Mercadona al lado del cuartel de la Guardia Civil. Es un 2×1 en toda regla ya que el nuevo supermercado abrirá al mismo tiempo que cierran los locales existentes en la calle Jesús del Perdón y Empredada. Este coloso nacional destaca por su comodidad, precio, variedad y facilidades de acceso, un claro ejemplo del capitalismo moderno que va camuflado y con careta. Como el tiempo que nadie lo ve y pasa sin hacer ruido, estos centros comerciales se van implantando poco a poco creando esas islas de la uniformidad que decía el sociólogo Zygmunt Bauman. Hoy, aquí y allá, todo es idéntico, todo se confunde, nada es distinto, mismo colorido, misma estructura, mismos productos, igual el Mercadona aquí, que en Valdepeñas, Lisboa, Martorell o Castelldefels, solo cambiamos los consumidores.  El nuevo Mercadona con su fachada imponente que brilla con fulgor, es otro “no lugar”, esos sitios en los que no podemos encontrar un sentido de pertenencia, otro sitio sin alma, espacios del anonimato donde el individuo se siente como espectador, sin arte ni parte, nada que ver con la naturalidad de los mercados de toda la vida, las tiendas de ultramarinos o de barrio que habitarán en el fondo del olvido. Lo significativo de estos nuevos centros es su fuerza de atracción, inversamente proporcional a la vinculación territorial, al menos, eso sí, el personal es de Manzanares y en muchos casos, ni eso.

El 2×1 traerá cambios en el pueblo, ni mejor, ni peor, acción, reacción, repercusión. Lo notaremos en la facilidad de aparcamiento, sin zona azul, de momento; en un incremento del tráfico rodado en la carretera de La Solana y las inmediaciones de la rotonda de la gasolinera y de los institutos; en la facilidad de entrada y salida de consumidores de pueblos vecinos; también, en la mayor y mejor prestación de servicios y productos; en una oferta adicional de comidas preparadas y seguro que en el arrendamiento de locales próximos a este centro.

Este cambio de pareja, quid pro quo, por un local más joven después de tantos años, afectará en mayor medida a la celosa calle Empedrada que se ha quedado compuesta y sin novio. Al principio la veremos triste, dolida y abandonada como si estuviera despechada pero quizá esos celos puedan ser una oportunidad para reinventarla y sacar lo mejor de sí misma.

Dada la interrelación entre los espacios y la conducta humana quienes los diseñan, conceden licencias y modifican planes de urbanismo deben promover y generar oportunidades futuras donde no las hay, explotando lo mejor que tiene, su mejor partido, la ausencia de tráfico. Acción, reacción, repercusión.

Remar a contracorriente cansa mucho, pero quien lo hace sabe que está vivo. El 2×1 es tentador y seguro que me arrastrará su fuerza, pero al menos, seré fiel a mi carnicero, a mi charcutero y a mi frutera de siempre, como dice el Papa Francisco «comprar puede ser un acto moral, y no sólo económico». Consumismo con ética y con sentido social, esa es la clave. Acción, reacción, repercusión.