Por Manuel Rodríguez Mazarro

De jóvenes, más bien mocejos/as, cuando se iniciaba la transfiguración corporal una de las normas primordiales era la educación, el comportamiento en la casa y según se veía en los padres así era el comportamiento de hijos, virtud y ejemplaridad. La comunicación era importante sin la soez del “mierda”, ¡joder tío!, gilipollas, ¡ostias!… y constantes rebuznos personales por delante de cualquier frase.

No se trata de colegios recatados ni profesores más o menos formados o esos cambios constantes sobre la enseñanza que no se aclaran. La educación de la persona, tanto en las aulas, familia y sobre todo en los medios actuales, programas de TV, películas con escenas pornográficas, lenguaje mal-oliente.

Existe una juventud maravillosa, posiblemente en cada familia y de los mismos padres salgan hijos/as diferentes, con distinta formación como nos ha tocado vivir. Opino que toda la responsabilidad en la formación y educación, de siempre ha sido de sus padres y vigilando las amistades. En esto debe estar de acuerdo la pareja no marchar cada cual por su lado, olvidarse del machismo y feminismo y el palabrerío soez delante de ellos, eso está a la orden del día, la vida se aprende por imitación.

Siendo los sufridores los abuelos solo nos queda “ver, oír y callar”, ya son muchas las etapas por las que se han ido pasado. ¡Cuántos enredos habrán resuelto entre matrimonios, hijos, nietos y ese lenguaje actual! Hoy los mayores se conforman con hacer los recados y hacer puñetas (por no decir a la kk).

No me extraña nada cuando vemos coches con música de algo que suena a Manolo el del bombo, ratonera, de mal gusto con letra que huele a “macro-granja”.

Mi curiosidad en una ocasión a uno de estos habitáculos de cuatro ruedas me pude acercar y preguntar al personal ocupante de ambos sexos: “¿por favor, me pueden decir el nombre del disco, para comprar uno igual?” Amablemente los jóvenes me contestaron:  “es el reggaetón” ¡Aaaah!

Me quedé igual, solo escuché la letra con olor a purinas. De esta manera no se puede tener espíritu de formar pareja, con los años que ellos tienen lo agradable que es susurrar al oído mientras se aprieta la mano, una caricia. Por eso casi todas las exclamaciones terminan en porquería, voces y groserías.

Repito, no entro ni culpo a todos los veinteañeros en el mismo saco, es problema de situación y educación familiar. Es mi opinión.

 

 

Por Juan Ramón Morales

El otro día, leyendo la prensa, me encontré con un curioso artículo que me hizo pensar que, a lo largo y ancho del mundo, se va extendiendo poco a poco, una campaña orquestada por los medios de comunicación social y respaldada por grandes intereses económicos, políticos y sociales, que busca desprestigiar la persona de Jesús, y crear alrededor de la Iglesia un manto de sospecha y una actitud de rechazo. Los católicos, que ya estamos siendo perseguidos en multitud de lugares del mundo (podríamos preguntar a los coptos) no podemos, de ninguna manera, quedarnos callados frente a este hecho que ofende nuestra fe. Todo lo contrario, es importante que tomemos conciencia de lo que está sucediendo, y que adoptemos una postura y una acción decididas, en su contra. Me refiero a la creciente aparición de libros, películas, “investigaciones”, “documentales”, conferencias, disertaciones, ahora también leyes, en los cuales se busca dar una nueva interpretación, pretendidamente histórica y científica, aunque muy pretendidamente social, a la persona de Jesús de Nazaret, y a todo lo que tiene que ver con él, entre lo último, la aparición del evangelio de Judas que, no aporta nada nuevo y que, además, es carente de toda posibilidad histórica. Una nueva interpretación que reduce significativamente su importancia, porque lo trata como un simple hombre, un “iluminado”, un hombre especial, un héroe, un súper hombre, al que le fue posible un sinfín de acciones extraordinarias, un maestro del amor y del respeto, de la tolerancia y de la paz, pero un hombre y nada más. Lo que se busca, en definitiva, no es otra cosa que socavar los cimientos de nuestra fe cristiana, que ve en él, en Jesús de Nazaret, el hijo de María, no un mero hombre, sino también, un Dios; el Hijo de Dios encarnado, hombre como nosotros, y Dios como su Padre; una verdad que aprendimos desde pequeños y que ha sido para nosotros luz y guía a lo largo de nuestra vida; una verdad que no podemos negociar ni cambiar por nada de lo que el mundo nos ofrece hoy, porque la verdad y la fe no son de ninguna manera negociables. Es sorprendente, lo fácilmente que todas estas “nuevas teorías”, van penetrando en nuestra sociedad, históricamente cristiana, pero en el fondo materialista y descreída.

 

 

Por Pablo Nieto Sandoval

Estando en misa, hace unos domingos, el sacerdote indicó que a los católicos nos identifican por ir a contracorriente de lo que dicta la sociedad: “por estar en contra del aborto, por estar en contra de la eutanasia, por estar en contra de la ideología de género…”. Estas palabras, que cada cual podrá juzgar como considere, me dieron que pensar: ¿de verdad nos conocen por esto?

¿De verdad nos conocen por ir a contracorriente?

Pensando en casa, me di cuenta de que sí, de que nos conocen por esto. Aunque la mayoría de los medios de comunicación parecen publicar solo o especialmente noticias en las que la Iglesia Católica sale socialmente criticada, no es menos cierto que esta, o más en concreto su cúpula, prácticamente solo sale a la calle a protestar por cuestiones relativas al matrimonio homosexual, al aborto, a la eutanasia, a la transexualidad, etc, o a hacer declaraciones públicas sobre estos temas. Un ejemplo: hace un par de meses vivimos la tragedia de ver entrar en Ceuta a miles y miles de personas que huían de la guerra, de la miseria, del hambre, etc. Ante los incumplimientos gubernamentales de las resoluciones de la ONU en materia de derechos humanos, pocos alzaron la voz recordando aquello de “tuve hambre y me disteis de comer, fui emigrante y me acogisteis”, que encontramos en el Evangelio de Mateo. Un solo gesto, una rueda de prensa, un comunicado oficial, una carta… hubiera cambiado muchas cosas. Sin embargo, nada de eso se produjo: la cúpula eclesial calló mientras los migrantes eran deportados ilícitamente. Ello contrasta con la visibilidad obtenida durante la aprobación de la ley de la eutanasia: vimos multitud de cartas en el dominical de nuestro obispo, peticiones de manifestación de la Conferencia episcopal, reportajes, etc. Otro ejemplo: hace ya algunos años, cuando me confirmé, a nuestra generación se nos dio una charla sobre los peligros de cometer los pecados de que hablan el 6.º y el 9.º mandamientos. No se nos dio ninguna sobre la caridad, la fe, la tolerancia, el amor, la misericordia, la bondad, etc.

¿Por qué no hablamos de todo lo importante? ¿Por qué no hablamos de la tragedia migratoria, de la pobreza, de la injusticia, de la violencia, de la tensión, de la intolerancia…? Curioso: en eso es en lo que se centra el papa Francisco. Le he oído hablar del aborto y la eutanasia como fracasos, pero no está constantemente machacando con esas cuestiones. Al contrario, su predicamento se fundamenta en la justicia, la bondad, el cuidado del planeta, la pobreza, etc. Quizás la Iglesia (como comunidad) debe seguir sus pasos y ampliar el horizonte de lo importante. Quizás así, a no mucho tardar, a los católicos se nos identifique por ser “aquellos que acogen a los inmigrantes, aquellos que luchan por la igualdad de los pueblos, aquellos que no aceptan la injusticia de Oriente Próximo”, etc. A lo mejor esta iglesia es un mejor reflejo de lo que quiere el Papa y de lo que buscaba Jesús.

Por Diego R. Gallego Fdez.-Pacheco

 

El uso de patinetes eléctricos se ha generalizado en los últimos años y ya es un medio habitual para desplazamientos urbanos.

Su utilización por aceras y zonas exclusivamente peatonales provoca, con frecuencia, situaciones de cierta inseguridad y riesgo para los paseantes.

La Dirección General de Tráfico ha reacionado ante la aparición de estos artefactos. En la nueva normativa del Reglamento General de Vehículos y de Circulación se regulan los denominados Vehículos de Movilidad Personal (VMP), que se definen como “vehículos de una o más ruedas dotados de una única plaza y propulsados exclusivamente por motores eléctricos que pueden proporcionar al vehículo una velocidad máxima por diseño comprendida entre 6 y 25 Km/h.”

Aunque la reglamentación deja en manos de los ayuntamientos algunos aspectos de la regulación de estos elementos motorizados, sí que queda claro que no se puede circular con ellos por aceras, aunque las ordenanzas municipales pueden establecer el tránsito de estos VMP por algunas zonas peatonales concretas y debidamente señalizadas, así como la velocidad máxima a la que pueden desplazarse.

En Manzanares la nueva Ordenanza Municipal de Tráfico, vigente desde el 29 de junio del 2020, regula pormenorizadamente en su artículo 18 el uso de los VMP, definiendo sus diferentes categorías y estableciendo con carácter general, la prohibición de su circulación por aceras, paseos, andenes, parques, jardines y demás espacios reservados con carácter exclusivo para el tránsito, estancia y esparcimiento de los peatones. También fija en 12 años la edad mínima para la utilización de estos aparatos motorizados, y la obligatoriedad de que han de utilizarse con casco.

Por tanto, parece que las normas de uso de los patinetes eléctricos están más o menos bien formuladas, pero el hecho de constatar que sus conductores siguen transitando por aceras, plazas y espacios peatonales con total impunidad, nos hace pensar que no se conoce la normativa, que no se vigila lo suficiente o no se sanciona con el rigor necesario.

21Quizás sea preciso formar a los usuarios de estos VMP, que, por no necesitar carnet, no han tenido la obligación de pasar por autoescuelas y desconocen cuestiones elementales del código de la circulación, así como de la responsabilidad que conlleva la utilización de esos patinetes. La formación tendría que darse en los centros de enseñanza, complementándola con campañas divulgativas en medios de comunicación y redes sociales. La deseable tranquilidad de los paseantes en las áreas de las ciudades libres de tráfico debe respetarse, impidiendo que estos nuevos medios de locomoción la perturben.

 

 

 

Por Pedro Lozano Martín Buro

Se lanza la moneda al aire, la veo caer, cara o cruz, pienso en eso mucho ahora. No puedo sacarlo de mi cabeza. Me pregunto qué hubiera pasado si hubiera salido cara o cruz. Nadie lo sabrá. Hubiera preferido otra cosa.

El pasado mes de junio comenzó la reforma del entorno del Gran Teatro y de la calle Toledo, una apuesta atrevida que parece cambiará la zona. Se dará prioridad a los peatones sobre los vehículos con una plataforma única, sin acerado ni barreras arquitectónicas y con la eliminación del sempiterno surtidor de gasolina al que nuestra mirada cansada se había acostumbrado a verlo como parte del escenario. Bien hecho. Uno de los proyectos urbanísticos y de modernización del pueblo más ambicioso de los últimos años según la prensa. Cuestión de suerte, no, decisión meditada.

No seré yo quien critique esta apuesta y forma de pensar el espacio. Ese diseño con su disposición espacial dejará de lado los furtivos cruces de mirada y favorecerá nuevos puntos de encuentro. Esta política de revitalización del centro dando prioridad al peatón frente al coche me gusta, la aplaudo a rabiar. La moneda salió de cara, no, no fue cuestión de azar.

Hay quienes piensan que la forma en el paisaje urbano es una hojarasca prescindible, una envoltura perfectamente accesoria que no aporta nada. Viendo la rotonda tibetana de la calle Toledo, sí, la del Telepizza, o la del Carrefour, la de la antigua plaza de las palomas, podría entender esa forma de pensar. Yo no lo veo así. Lástima que no las hayan incluido en el plan. Los detalles aportan en el paisaje urbano, vean la calle de las Monjas con su última reforma o su pradillo con los árboles de Constantinopla que le abrazan; o la calle Reyes Católicos, donde unos simples maceteros, si tuvieran mejor cuidado, dan más luz y color a la zona. Los detalles no son un atrezo superfluo una simple cáscara, ayudan a configurar y hacer realidades distintas.

Transformar la realidad a la que estamos acostumbrados, calles, acerado, disposición espacial y arbolado no es una cuestión de azar, debe partir de una reflexión a largo plazo, no puede haber irracionalidad.

La retirada de los tilos en la calle Toledo es por culpa de sus raíces que han generado problemas en tuberías y en los edificios colindantes. Es algo racional. También lo es, plantar otros árboles que los sustituyan, para mitigar ruidos y atenuar el rigor climático, aunque sea por ornato o, no plantar ninguno, como estaba hace años, pero hacerlo con palmeras sin alma, sin sentido de pertenencia, oye, como que no, es la calle principal de un pueblo de la Mancha y no pega mucho, parece un tente mientras cobro como si no le hubieran dado importancia a ese detalle. Vamos, después de una reforma tan meditada salir con esas, no lo entiendo. Sinceramente, de haber sabido que un estudio técnico apostaría por palmeras sin alma hubiera preferido que lanzasen la moneda al aire y esperar que saliese cara.

Por Javier López Mozos

Instagram, según la “Wiki” es una aplicación y red social, cuya función principal es poder compartir fotografías y videos con otros usuarios.

  En el año 2014 me uní a la red social Instagram y, hasta el día de hoy, he subido a mi cuenta 522 imágenes, una media de una imagen a la semana. Este número de publicaciones es un dato muy bajo si lo comparo con cualquiera de los jóvenes o ‘influencers’ que diariamente suben cantidades increíbles de contenido no solo publicaciones, también en la sección ‘stories’, que son historias cortas que podemos visualizar únicamente en las 24 horas posteriores y después desaparecen automáticamente. Esta aplicación da la posibilidad también de realizar lo que se conoce como “Reels”, parecido al servicio chino que permite compartir videos cortos configurados con clips de sonido preexistentes de otras publicaciones. Últimamente se ha añadido también “IGTV”, una aplicación de video vertical con la particularidad de que la aplicación comienza a reproducir tan pronto como se lanza.

Personalmente prefiero las fotos, no soy una persona que esté enganchada a esta red, pero sí que me gusta mostrar en ella a través de las imágenes que comparto las sensaciones o los momentos vividos en un espacio de tiempo determinado. La mayoría de las fotografías que subo a la plataforma están realizadas en ese mismo momento, es por esta razón por lo que no suelen recibir ningún retoque, ni se les aplica más filtros que los que suministra la propia aplicación, es decir, son instantáneas realizadas con mi teléfono móvil como si se hubieran realizado con una de aquellas cámaras “Polaroid”, que ahora han vuelto a estar de moda debido a que al igual que Instagram, captamos al instante el momento y lo podemos compartir ya sea digitalmente (Instagram) o analógicamente en papel (Polaroid) .

Desde Con otra mirada… quiero con este pequeño collage que acompaña al texto, mostrar y compartir algunos de aquellos objetos, edificios, personas, paisajes, encuadres, que en su momento me llamaron la atención y me hicieron sentir la necesidad de mostrárselos a mis seguidores, y con todos aquellos que buscaron y localizaron mi ‘hashtag’(#).

Les invito que hagan lo mismo, se abran una cuenta en Instagram y suban las imágenes de esas instantáneas que en nuestra vida diaria pasan por delante de nuestros ojos y, de alguna manera, generan en nuestro interior una necesidad de retenerlos para siempre. A posteriori vendrán los ‘likes’ o comentarios que nuestros seguidores realicen y, de esta forma, además de cumplir con nuestra necesidad de mostrar nuestro material, nos autoevaluamos y comprobamos qué es lo que más atrae a los demás y si están en línea con nuestro estilo y pensamiento.

Observen estas pequeñas imágenes y disfruten según sus gustos e inclinaciones de la abstracción que cada una de ellas les puede producir, no hay en mi caso otro fin, vean Instagram, con otra mirada… y dejen volar su imaginación.

 

Por Ramón Morales Sánchez Migallón

La pandemia que estamos sufriendo ha llegado a detener nuestro “reloj vital”, en ocasiones de forma irremediable (los que se fueron) y en la mayoría de los casos de manera que nos hemos ido adaptando a las circunstancias o quizás lo que hayamos adaptado han sido ciertas circunstancias; hemos retrasado bodas por un año, se ha alterado la celebración de las Primeras Comuniones, y seguro que habrá muchos casos que ahora se me pasan, pero que, quizás, tampoco vienen a lo que os voy a contar. Con motivo de las citadas Comuniones, muchos padres y abuelos se inclinan por un muy recurrido regalo, el ordenador, para muchos de ellos su primer ordenador; quizás se haga sin saber que estamos dejando en manos de unos jóvenes (niños todavía) un arma delicada de utilizar, sí, antes les debemos enseñar a utilizarlo ya que por Internet circula de todo, desde verdaderos estudios científicos y tesis doctorales (de las de verdad) hasta la más inmunda de la basura que nos podamos imaginar. Hace un poco tiempo me di de bruces con un documental, que me pareció tan impecable y tan hermoso que me hizo sospechar ya que, reconozco que era una historia para mí desconocida tal como se contaba, se trata de “Las trece rosas”. Estuve una gran parte de la mañana buscando datos y contrastando algunas cosas que iban apareciendo y que no eran tan bonitas. Al final de la mañana, hubiera sido capaz de escribir el guion del documental en el sentido totalmente opuesto. Yo, que ya he visto pasar por delante de mí, la mayor parte de mi vida, me encuentro en ese dilema. Por lo que, desde aquí, quiero aconsejar a los padres que intentéis por todos los medios enseñarles a que aprendan a contrastar la información, a que no tengan mesura en descartar todo aquello que se encuentren y descubran que no es verdad, y sobre todo a que tengan la confianza de preguntar, cuando no sean capaces, para poder salir de dudas.

Yo les recomendaría que nada pongan en las redes sociales de lo que después puedan arrepentirse. Que se acostumbren a no aseverar de forma vehemente algo de lo que no estén totalmente ciertos, ya dice el refrán “de lo que no veas ni la mitad creas”, que nadie pueda decirle embusteros y mucho menos propagadores de infundios, que es ésta una palabreja un tanto rimbombante que, llama mucho la atención de quien la pronuncia y hace daño a quien la escucha.

Yo salgo a diario por las redes a cinco cosas, siempre las mismas: 1) Coloco una efeméride que suele estar vinculada a la Historia de España. 2) Pongo alguna curiosidad que resulte interesante de saber. 3) Una frase de algún personaje famoso o alguna reflexión propia y que pretende romper la frialdad de la red intentando y que el lector haga sus propias interpretaciones. 4) Cada día pongo algún enlace musical y 5) Estoy intentando dar a conocer a multitud de poetas en lengua castellana, la mayoría de ellos desconocidos. Pues esto, que se explica en unas líneas, lleva más de una hora prepararlo y contrastarlo, sobre todo contrastarlo.

Por esto quiero hacer una llamada al comedimiento con respecto al tiempo que se dedica a las redes, en el sentido de que es un tiempo que le quitas a otros menesteres, con seguridad mucho más interesantes.

 

Por Manuel Rodríguez Mazarro

Conocí la época en que los estancos tenían un horario loco, abrían los sábados por la tarde y domingos por la mañana. Más tarde se igualó a las farmacias, quedando alguno de guardia en Manzanares para atender la llegada de los obreros de tierra cruda y libre gañan, imprescindible para ellos el ¡echar trago y pito allá donde llegara el corte!

Un cigarro ha sido símbolo de hermanamiento y de descanso en todos los trabajos. Veíamos a los abuelo echar mano a la petaca y ofrecerla al corrillo de conversadores, para que cada cual liara el pito a su estilo, delgados, rectos, gordos, panzudos, retorcidos, porretas; observando a la persona y carácter así realizaban el movimiento del índice y pulgar.

Todos fumaban y al corto tramo lingüístico, porque eran pensadores de aire libre, el siguiente sacaba su petaca, correspondiendo al anterior y así podían pasarse toda la mañana o la tarde hasta terminar las rondas, mirando la ceniza y dándole ligeramente con la uña larga del meñique que para eso la dejaban crecer.

Dedos amarillentos, caras sin conocer crema alguna, boina al bies. Opino que el liar un pito y echar un trago de vino de la bota tenía su parentesco. Era la forma de no levantar sospechas, se decía que “en todos los oficios se fuma”…descansar algo: “vamos a echar un cigarro”, decía uno de ellos y la cuadrilla enderezaba y echaba mano a los riñones, se limpiaban el sudor con la bocamanga camisera o el pañuelo de hierbas, ya estaba corriendo la petaca de mano en mano, dando un respiro a la herramienta manual.

Había que ver con la parsimonia, regusto, lentitud que requiere lo bien hecho, los dedos agarrotados, sin que por ello quedara poder doblar los nudillos dando forma más o menos al envoltorio, terminado en el paseo de lengua al borde del papel “Bambú”, finalizando con el restirado y remetido de puntas al cigarro, el yesquero, esa primera chupada, sagrada, digna de retener en secuencias; ¿cómo es posible que la boca se hiciera agua?

Se acabó aquello, pero siempre quedará el recuerdo del toma y daca del invite tertuliano con sonrisa franca, conversación de futbol o crispación de los actores políticos.

Opino que no es lo mismo, echar un pito que ofrecerlo en cajetilla con carátula de dolientes enfermizos, indicando que puedes tener cáncer de próstata, pulmón, impotencia o quedarse viudo. De momento ya te lo pronostican sin haber cogido el “corona-virus”.

Aquellos “Celtas”, personaje dibujado en la carátula con casco vikingo y espada en alto dando efecto de fortaleza, aunque luego fuera “matarratas”. Imposible que bajo aquella viñeta pudieran poner una esquela mortuoria: “el tabaco mata” o dientes picados con telarañas. A un amigo, no puedes entablar conversación de esta manera ofreciendo un pitillo, puedes herir su sensibilidad o le estás diciendo –¡anda y no bebas!, fúmate un porro, tío que perjudica menos.

Actualmente en una terraza en la calle y encima de un tonel mirando a un lado y a otro, tampoco se puede fumar y cuidando el “paquete”, siempre en su sitio de entrepierna, nunca se te ocurra decir “toma”, puede  llegar alguien con modales de amanerado y ya no es cosa de juegos…

 

 

 

 

Por Jesús Villegas Cano

Cuando algún desgraciado suceso ocurre en algún pueblo de la Mancha el resto de pueblos de la comarca nos dolemos de ello y lo sentimos como propio. En realidad, sí existe ese sentimiento identitario que a veces envidiamos en otros: Tomelloso, Valdepeñas, Alcázar, Damiel… Argamasilla. ¿Qué más da? Somos uno. El seis de junio se produjo en Argamasilla de Alba el trágico suceso que todos conocemos: un coche a toda velocidad por el centro del pueblo, cuyo conductor iba borracho y drogado envistió a otro coche en el que viajaban cinco jóvenes. Resultado tres muertos y dos heridos graves.

No hay semana que en la que no veamos por las calles del centro de Manzanares coches de gran cilindrada salir “a rueda” y alcanzar antes de llegar a las esquinas los sesenta o setenta kilómetros por hora, o llegar a más velocidad aún en la carretera de La Solana, calles Monjas, Doctor Fleming, Toledo, o tomar la esquina de la gasolinera de Foro como si fuera la curva de Eau Rouge, donde Ayrton Senna decía que hablaba con Dios. No son pocos los vecinos que han presenciado a coches derrapando en la rotonda del final de la calle Toledo o pasar zumbando por su lado en cualquier calle, cuando va tranquilamente por la acera con sus hijos casi sintiendo en el flequillo la estela de viento que dejan al pasar.

Cierto es que el Ayuntamiento mantiene un activa (y bienintencionada, supongo) campaña de vigilancia de la velocidad mediante radares y multas, pero no parece que estas medias hayan logrado solucionar el problema. El problema, que no es que en una vía en la que se tenga que ir a 30 un conductor apurado que llega tarde al trabajo vaya a 35 (multazo al canto) sino que un joven cacaseno vaya a 80. Y me da la sensación de que, además, para el segundo, una multa no resulta una medida disuasiva puesto que ¿qué implica una multa para alguien que quizá es insolvente o no tiene trabajo o que el proceso administrativo hasta un posible embargo directamente le resbala? Hemos sabido que el loco (y criminal) conductor de Argamasilla tenía antecedentes por conducir sin carnet. ¿Acaso le importarían las multas? La cárcel sí, pero eso ya les da igual a los muertos. Estamos convencidos de que lo único que puede mitigar el problema es una mayor presencia policial en las calles. Si el cuerpo local de policía anda corto de efectivos, que se ahorre de otra cosa y se contraten a más, pero ver patrullando a agentes de la autoridad, sobre todo en los puntos calientes, haría a los locos pensárselo dos veces y a los vecinos estar más tranquilos.

La aseveración resulta sombría. Ojalá que no premonitoria o fatídica: si se sigue sin hacer nada, lo que ha sucedido en Argamasilla, acabará sucediendo en Manzanares.

Por Pedro Lozano Martín Buro

En los Juegos Olímpicos de México 1968 un atleta estadounidense se hizo famoso por realizar el salto de altura de una forma distinta. Dick Fosbury cambió el estilo. No tomaba más impulso. No. En lugar de saltar de frente comenzó a lanzarse de espaldas. Fue una revolución. Lo llamaron loco, pero pudo saltar y ganar el oro en esas Olimpiadas.

Hace falta dinero en nuestras arcas públicas y hay que buscar sistemas innovadores para salir de la crisis. El rodillo ventral no es suficiente, no basta con el salto tradicional. Hay que innovar y si hace falta saltar de espaldas, se hace para cobrar más impuestos. Fosbury viene a cuento porque a finales del mes de abril comenzó a percolar en los medios de comunicación una noticia, la aparición de un impuesto nuevo, ignoto, innovador, un cambio de estilo. Cobrar peajes por usar la red de autovías con la excusa de garantizar su mantenimiento. Toma ya, ahí lo dejo. Coge aire, respira hondo y ahora, más tranquilo, te digo que no, no vamos a ser pioneros, que ya se utiliza en algunos países de Europa. Algunos dirán, ah, entonces sí como lo hacen en Europa me vale. Presta atención y sigue leyendo. El privilegio que tenemos en Manzanares, encrucijada de la Mancha, puede salirnos caro ya que contribuiremos al mantenimiento de las autovías cada vez que las usemos, cuando vayamos por ejemplo a Valdepeñas, Ciudad Real, Tomelloso o Madrid. Quien la use, que pague. Eso se busca. Quienes lo defienden consideran que este sistema es necesario para garantizar su mantenimiento, que no es justo que se cargue a los Presupuestos Generales del Estado y que se sufrague el mantenimiento entre todos, los que la usan y los que no; otros con ironía y haciendo pasar el argumento del uso por su alambique particular defienden que, así las cosas, quién no tenga hijos que no contribuya a los costes de las escuelas y que paguen los que tengan hijos en edad escolar, y estirando el argumento, lo mismo con la sanidad; otros más clasistas se oponen a ese criterio igualitario diciendo que no es justo que pague lo mismo el del Lexus que el dominguero o el currante. Esta idea que está siendo criticada por la oposición, fue estudiada y valorada por su gobierno en el 2012 y criticada, fíjate tú, por los que ahora la defienden. El mundo al revés. En fin, lo de siempre, mutatis muntandis, democracia de audiencias donde la memoria no existe.

Como veis hay opiniones de todo tipo. Lo que sí sabemos es que aún no está bien definido qué va a pasar, qué se va a cobrar y quiénes serán los paganinis o, al menos, no nos lo han contado, sólo globos sondas, saltos nulos, de mera prueba. Pere Navarro, Director de la Dirección General de Tráfico apuntaba que se cobraría 0,01€/km y que determinados colectivos estarían excluidos, aunque otras fuentes apuntan a un máximo de 0,03€/km. Está por ver. Si así fuera, ida y vuelta a Madrid desde Manzanares nos saldría a 3,44€, en el supuesto más barato, aunque ya te digo, yo, no me fio.

No hay duda de que nos cobrarán más impuestos, seguro estoy, no tanto, si se gastará de forma adecuada. Ese es otro cantar.

Hay que tener cuidado con los saltos de espaldas, hacerlos con control, con colchonetas para amortiguar porque ayer fue la zona azul, hoy el peaje en las autovías y como sigamos en esa línea son capaces de cobrarnos por salir a la calle. Sí, ríete y verás, tiempo al tiempo.