Pablo Nieto-S. Gutiérrez

He leído en el Siembra de octubre la siguiente afirmación: «desescalada, una palabra inexistente y vacía de contenido a la que, al cabo de unas semanas, la RAE dio validez». Las siguientes líneas tratarán de desmontar lo anterior. Para ello, les indico dos cuestiones preliminares: (a) El lema de la RAE es limpia, fija y da esplendor, pero, en palabras del filólogo fallecido Fernando Lázaro Carreter, estos fines se les encomiendan a todos cuantos, hablando y escribiendo, contribuyen a ese esplendor, es decir, a los hablantes del español. (b) La RAE, los filólogos, los estudiantes de español, etc., no somos inquisidores deseosos de quemar herejes hablantes que prostituyen nuestro idioma con felonías y corrupciones.

Las palabras aparecen en un contexto determinado y por unas razones concretas. En el caso de la famosa desescalada, surge como idea de retorno a la normalidad de una manera progresiva —de la misma manera que un alpinista baja la montaña después de subirla—. Podemos entrar en estériles debates sobre lo que supone que la lengua española haya traducido el verbo inglés to de-escalate y que haya creado desescalar (y su derivado desescalada), pero la cuestión es que la palabra está en nuestra lengua. Una palabra movida de boca en boca (de políticos y periodistas) la dice toda España en unos días. La palabra era inexistente simplemente porque antes no había una que nominara el proceso que vivimos al final de la primavera, proceso que nunca se había vivido; ahora existe, ¿causa algún problema? Evidentemente no. ¿Vacía de contenido? Me parece una palabra muy precisa e ilustrativa; no sé qué alternativa es mejor para explicar el proceso. Quien se queja del palabro podría haber sugerido uno mejor.

La RAE no da validez ni se la quita a ninguna palabra; simplemente reconoce su existencia. El feísimo verbo sanitizar —muy extendido en español— es otro calco del inglés (to sanitize) y encima es sustituible por sanear, lo que lo hace innecesario, al igual que otras palabras nuevas del español, como reportar. La RAE debe dar cuenta de su existencia, uso y extensión y, llegado el caso, incluirlo en el diccionario que elabora junto a la ASALE (que, por cierto, no es el único que existe). Lo mismo ocurre con desescalada, palabra, por cierto, cuyo uso ha aconsejado sustituir —a mi parecer erróneamente— por sublimes giros como «regreso escalonado a la normalidad». En cierto tweet, @RAEinforma dice que desescalada es «válido» porque sigue los mecanismos de formación de palabras en español, no porque su uso sea correcto a partir del tweet en cuestión. En resumen, desechen la idea de que la RAE censura, prohíbe o se baja los pantalones para aceptar ciertas expresiones.

La RAE recomienda usos y explica ciertas normas persiguiendo su famoso objetivo, pero no es la Tomás de Torquemada del español.

La conclusión consta de dos peticiones: (a) Olviden la idea de que la RAE da validez a las palabras y prohíbe decir otras (esto es aplicable también a cocreta, almóndiga y similares, dígalas si quiere; el diccionario simplemente las marca como vulgares) No, Vd. no habla mejor que nadie si no dice desecalada. (b) Acepten que la lengua es algo vivo que cambia con el tiempo y que el nuevo léxico se nos contagia como la COVID… No es nada malo, al contrario, es síntoma de salud y vitalidad de nuestro idioma.

 

 

Manuel Crescencio Moreno Gómez

El miedo parece ser la emoción más natural de todas. El Universo en su conjunto parece estar familiarizado con él desde sus inicios. El inmenso y mudo espacio cósmico, los movimientos sísmicos que dieron forma a nuestro planeta, el estruendoso sonido de una erupción volcánica, el silencio de las profundidades marinas, la descontrolada furia del mar, del viento y del rayo, nos hacen temblar. La naturaleza está familiarizada con el miedo. De las emociones que nos unen a los animales, seguramente, el miedo es la más esencial. Los animales saben lo que es el miedo: se asustan, corren, se esconden, sus corazones palpitan aceleradamente… sufren, mueren.

Dicen que el miedo es una emoción básica positiva desde el punto de vista evolutivo: nos sitúa en estado de alarma para que nos pongamos a salvo de un enemigo y reaccionemos. El dolor, dicen, también tiene esa función. Su utilidad, si bien los hace comprensibles, no los hace más agradables. No obstante, la pregunta que me gustaría compartir con vosotros este mes es: ¿tienen solución el dolor y el miedo? El coronavirus antes o después la tendrá. Habrá una vacuna contra el coronavirus. Es posible que el virus desaparezca. El miedo, sin embargo, seguirá. ¿Existe alguna solución contra el dolor? ¿Existe alguna vacuna contra el miedo?

Nuestro analgésico mundo ha conseguido vencer la batalla al dolor; al menos, al físico. Contra el dolor psicológico, hemos realizado avances. Pero ¿qué pasa con el miedo? ¿Cómo se vence al miedo?

La belleza de la mayor parte de los cuentos tradicionales infantiles no está en que no aparezcan temibles monstruos, sino en que, siempre, al final, el monstruo es derrotado, y el miedo subyugado. ¿Funcionan las mismas leyes de los cuentos en el misterioso mundo real que habitamos los seres humanos? Sí. La vacuna contra el virus del miedo está en los cuentos infantiles. Pero no en su contenido, sino en la forma en que se han contado desde los tiempos más remotos.

Contar un cuento a otra persona supone estar presente ante la otra persona. Y es ese humilde gesto: la presencia, lo que ahuyenta el miedo. Ya los animales más jóvenes buscan el refugio en la presencia de los suyos. Con ellos compartimos el miedo, pero con ellos también compartimos la solución. La presencia de la madre o del padre, la presencia del hijo, la presencia del amigo, la presencia del esposo o la esposa… la presencia de Dios. Nuestras apresuradas vidas, limando el tiempo de que disponemos, nos invitan a buscar Prozacs para el miedo. Algo rápido y encapsulado para domesticarlo. Sin darnos cuenta de que la solución es la presencia, a veces, aburrida, pero siempre, generosa, ante la persona que amamos.

La presencia de quien te quiere alivia tu dolor, reduce tu sufrimiento, ahuyenta el miedo, te permite morir en paz. ¿No se entristece vuestra alma pensando en todos aquellos que están muriendo solos estos meses? ¿Es justo aplicar al enfermo soluciones analgésicas y privarle, en cambio, de la profunda paz de la presencia? ¿Así termina el cuento de tantas vidas? No.

Los dos primeros días de este mes de noviembre encontramos dos celebraciones que no están situadas de manera arbitraria. Por un lado, el día de los Santos, por otro, el día de los Difuntos. No son fiestas tétricas, ni macabras (como la importada Halloween). No son fiestas que celebran el miedo, sino la victoria ante el miedo a la muerte. Dedicadas, principalmente, a todos aquellos que mueren sin la presencia de los suyos y son recibidos, para compensar, por la innumerable presencia de los santos. Porque el cielo no es sino la infinita sensación de una Presencia inabarcable. Sin miedo. Así termina nuestra Historia.

 

Por Juan Ramón Morales Sánchez Migallón.

Hace un par de meses, en una comida informal de familia, mi compañero de mantel por la derecha lanzó, casi como sin venir a cuento, una pregunta que apostilló con el relato evangélico de los pájaros que no se preocupan de la comida o el vestido y no les falta porque Dios se los procura.

Hoy me viene a la memoria y quisiera compartir con vosotros algunos pensamientos al respecto, aunque con mucha menos enjundia que la pregunta lanzada, que intentaré contestar volviendo la oración en pasiva.

Me gustaría meterme en la piel de los pájaros, aunque sé positivamente que por mi peso y mi carencia de alas nunca podría volar, tampoco creo que me acostumbrase a su dieta de semillas o un pequeño gusano y unas migas de pan de vez en cuando.

Además, cuando pensamos en los pájaros, nos viene a parecer que no tienen pasado ni futuro, por eso hablamos de ellos en presente. El pájaro vuela, canta, come, juega, persigue a su pareja, cuida a sus pequeños, hay veces que sale volando para huir ante un niño que trepa el árbol para buscar nidos; otras veces gira, sin rumbo, y sin prisas; vuela bajo sobre el agua de la piscina para beber. Juega con el viento en la cara, o se moja las patas y se baña en una charca en un día de calor. Y es que el mundo de los pájaros está lleno de misterios, ¿serán felices?¿Qué piensan cuando comen unas migas de bizcocho? ¿Acaso la golondrina disfruta haciendo equilibrios en el cable de la luz? ¿Y las gaviotas cuando se elevan sobre el mar, no se marearán?¿Qué sentirá el buitre buscando carne muerta para la comida de sus crías? Y ¿cómo se siente el pájaro que extiende sus plumas para cortejar a su nueva pareja?

Y, sin embargo, parece ser que cada uno se ha intentado especializar en aquello que resulta hermoso, el jilguero canta, el canario juega con sus trinos, el loro da los buenos días a su dueño. Cada pájaro tiene su historia. Nace, crece, cuida a sus pequeños. Un día muere, dejando un lugar vacío en el mundo de los vivos. Quizás un niño lo entierre, una señora llore por su muerte, unos pajarillos, huérfanos, noten la falta de su padre. Sentimos envidia por su simplicidad, por sus cantos gozosos, por su saltar al vacío como quien juega con la vida, por su huir, veloces, cuando sienten el paso de un hombre curioso o pensativo.

En la mayoría de las ocasiones, nos complicamos la vida lo suficiente como para no darnos cuenta del milagro de un nacimiento, de la sonrisa de un amigo, de la caricia de alguien que nos quiere, de la palabra de aliento de cualquier conocido. Aunque también tenemos un corazón que es capaz de amores y de heroicidades…

De vez en cuando deberíamos hacernos sencillos, como las aves del cielo, para aceptar la vida, para cantar el gozo, para dar lo que recibimos, para mirar al cielo y pensar en ese Dios que viste los lirios del campo, inspira el canto de los jilgueros y nos mira, con una sonrisa de Padre bueno, detrás de las nubes, mientras unas gigantescas águilas vuelan, majestuosas, hacia otros mundos lejanos.

 

Diego R. Gallego Fernández-Pacheco

La pandemia que está marcando otra forma de vivir y de relacionarnos en este infausto 2020, y que ha hecho mella de forma muy especial en determinados sectores como la hostelería, precisa de reacciones más o menos imaginativas para adaptarse a esta nueva realidad – que no nueva normalidad.

Parece que hay bastante unanimidad entre las opiniones autorizadas de epidemiólogos y expertos, en que la probabilidad de contagiarse del virus de Covid-19 en ambientes interiores es muy elevada, mientras que al aire libre el riesgo disminuye exponencialmente. Ello implica reducción de aforos drásticos en locales cerrados, prohibición de consumir en barras, etc. Es cierto que se pueden mejorar las condiciones con buenos sistemas de climatización y ventilación, o usando filtros tipo HEPA que al parecer retienen de modo muy eficiente la mayor parte de las partículas nocivas, pero inevitablemente, el miedo y la prevención de una parte de la población van a reducir de modo notorio la clientela en el interior de bares, cafeterías y restaurantes.

Sin embargo, en primavera y verano las terrazas en patios o en plazas y calles han funcionado razonablemente bien, existiendo un bajo riesgo de contagio si se guardan las distancias establecidas y se toman las medidas de protección e higiénicas exigibles. La dificultad y el reto que presentan los meses de otoño e invierno que nos esperan, es dar respuestas para seguir haciendo viable la posibilidad de seguir disfrutando de las terrazas pese a la climatología más  desapacible.

En los países del Norte, donde la mayor parte del año registran bajas temperaturas, utilizan desde hace muchos años en exteriores las estufas que ya  empiezan a verse por aquí, complementadas con mantas para abrigarse, aparte que las personas suelen ir preparadas  con ropas adecuadas. Pero lo más general es el uso de terrazas acristaladas, que delimitan el espacio, protegen de la parte donde es necesario parar el viento y ventilan por el lado más favorable. Además, el nivel de diseño de muchas de ellas es compatible con zonas de gran interés histórico o paisajístico.

Sin duda, en esos esquemas habría que fijarse, e intentar ver cómo se pueden aplicar aquí. Sería interesante estudiar fórmulas, patrocinadas por el propio ayuntamiento, en que se determinara una terraza acristalada tipo, compatible con nuestro casco histórico, y que se cofinanciaran los costes de implantación con los hosteleros que decidieran participar en la idea. Esas terrazas, bien elegidas, ofrecen muy buena imagen, ambientan los con frecuencia desangelados espacios urbanos y permitirían a mucha gente reacia a pasar a los interiores de los locales, seguir manteniendo un nivel de relación y actividad social aceptable. Pero, además de dar vida a la ciudad, permitiría la supervivencia de algunos establecimientos de hostelería que en las actuales condiciones tienen un porvenir inmediato muy difícil.

 

 

 

                       Manuel Rodríguez Mazarro

 

El 23 de noviembre del año pasado se celebró una magnífica y cultural conferencia en la Biblioteca Municipal, sobre el 500 aniversario de nuestro templo parroquial de la Asunción. Intervino el matrimonio Concepción Moya y Carlos F.-Pacheco que poseen un amplio conocimiento histórico de nuestro edificio emblemático.

Deliberando sobre el lugar donde se encuentra ubicada la actual Iglesia Parroquial en la plaza del pueblo, se me ocurre pensar la cantidad de generaciones y acontecimientos importantes, buenos y malos que en ella han ocurrido. Plaza que fue haciéndose, incorporando los portales, quitando y poniendo según modas, quedando amplia, hermosa, limpia, desocupada, más o menos como se encuentra en la actualidad.

Se afirmó que en los presupuestos municipales de este año desagradable 2020 se incluirá una partida exclusivamente para restauración de la fachada, cornisas y pórtico del mediodía. La representación municipal ha llegado al acuerdo con el obispado, para realizar el pago de gastos conjuntamente.

Se está haciendo el estudio de este mecanismo tan complejo que requiere la obra por tratarse de monumento artístico, estilo plateresco, según los historiadores, trabajos realizados a finales del siglo XVI que refleja la “biblia en piedra” mezclando lo sacro y lo profano, el bien y el mal, así lo manejan los entendidos en el arte pétreo. Trabajos que los historiadores y documentación fue realizado por Enrique Egas “el Mozo”.

Es la obra de arte más destacada y valiosa que dispone Manzanares. Guardo una foto del año1809 en la que se observa un aspecto diferente, otra de 1879 (A. Cantalejo) libre entonces de la cerca y reja, solo existía la separación por  enterramientos,  especie de paredilla en piedra. Curiosamente aún se conservan estos bloques de granito salientes  sirviendo de aposento y de base de los hexágonos donde apoya la valla o reja que hace esquinazo.

Opinión, no solo personal, he consultado.  Aprovechando tales obras a realizar,  se podrían quitar estos cuarenta y cinco metros de cercado que afea, estorba y en la actualidad no tiene sentido, daría más anchuras y esbeltez a esta maravillosa fachada. Hubo un tiempo en que se celebraban ferias, becerradas con carros, mercado, incluso hubo un urinario público, todo esto desapareció.

Hoy no tiene objeto esta verja, el arte quedaría limpio, despejado igual que todo su entorno. Recordemos la parte de atrás que denominaban “Campillo Santo” (1887) donde se construyó el “Círculo Católico Obrero S. José”( 1910) actualmente no se concibe. –Las palomas seguirán posándose y los balonazos de los mal educados igual con reja que sin ella.

 

 

 

 

 

 

 

 

Javier López

Quinientos años se dice deprisa, pero ahí está viendo pasar el tiempo, como en la canción. ¡qué proporcionado! ¡qué artístico! ¡qué grande! ¡qué equilibrado! aparece en esta imagen el pórtico del Templo de la Asunción, que los Manzanareños hemos contemplado cientos de veces.

Pero cuando la examino, con otra mirada, con detenimiento, sigo viendo algo que desentona del conjunto arquitectónico, algo que es como un obstáculo que oculta lo que hay detrás, que no me deja contemplar su esplendor, su maravilloso pórtico. Es una verja que separa y divide, que me hace pensar, que lo de detrás no es de todos, que es propiedad privada, (es lo que se entiende cuando se encuentra una valla), al menos es lo que a mí me despierta la contemplación de la imagen, razón por la que desde aquí demando su retirada.

Mi padre ya lo reivindicaba en uno de sus “Rompiendo Lanzas”, en esta misma revista en el número 44, junio 1974.

 ¿Llegara al fin la ocasión

De que nuestro, plateresco,

Barroco o churrigueresco,

Pórtico de la Asunción

Pueda verse, si es razón

de esa reja liberado,

que lo mantiene encerrado

aún, sin justificación?

¿Hay quien me dé explicación

de su absurda permanencia?

¿Se necesita licencia

para su demolición? …. –

Probablemente en el pasado y durante unos años tendría su función de separación o límite de propiedad de los terrenos de la iglesia, pero hoy en día hay otros recursos y medios que hacen la misma función sin ocultar lo que hay detrás.

…-Si el espacio que ha cercado,

la verde reja en cuestión

tiene por obligación,

estar así limitado,

no dudo que haya razón,

pero abunda la opinión

de no estar justificado.

Cuento con la oposición

para mi muy respetada,

hacia la idea apuntada,

solo como insinuación,

si no la creen acertada. …-

En este año que estamos de celebración, que la Iglesia y el Consistorio parecen estar coordinados y trabajan en la misma sintonía para restaurar el templo, reivindico nuestro patrimonio sin reja; sería una gran ocasión para retirar la verja. El templo no necesita rejas, tiene que mostrarse desnudo limpio de obstáculos para mostrarnos su belleza, desde el suelo hasta lo más alto de la torre.

Y termino como lo hacía Paco López.

…Puede no haber solución,

más, contemplar la fachada,

bella, limpia, sin “borrón”,

es también una ilusión,

que debe ser respetada.

Con mi “lanza” pues, partida

yo tomo mi decisión.

Me retiro a mi rincón.

¡que todo llega en la vida!

 

 

 

 

                Por Enri García Chaparro

No somos conscientes del paso del tiempo ni valoramos a lo que habitualmente estamos acostumbrados a tener hasta que un día, y de un plumazo, nos lo arrebatan todo.

Este año 2020 es un año para olvidar. Pero, contradictoriamente, será el año del recuerdo, el que irá tatuado en nuestra piel, en nuestro corazón y en nuestra memoria hasta el final de nuestros días.

Somos inconformistas por naturaleza, motivo por el cual no solemos apreciar las pequeñas cosas que, tras perderlas, se nos manifiestan de manera desproporcionada con un valor añadido incalculable.

Manzanares es un pueblo con una gran actividad social. Hemos visto, con desolación, lo que una pandemia es capaz de generar a nivel económico, lúdico, intelectual, vecinal…

Cuando en diciembre del año pasado se comenzaba a escuchar lo de “ese virus que había en China” parecía inimaginable que fuera a llegar hasta aquí, hasta un pueblo de la Mancha con una población de dieciocho mil habitantes. Un pueblo, donde al menos, una vez al mes, disfrutamos de algún tipo de celebración.

Comenzó enero y nuestras calles estuvieron iluminadas con la ilusión de recibir a los Reyes Magos de Oriente. Los que después dieron paso a nuestros Santos Viejos hasta llegar a Carnaval. Y ahí quedó la cosa porque ya el fatídico 14 de marzo el gobierno de la nación nos daba una de las peores noticias que hubiéramos querido escuchar: España entraba en Estado de alarma. Un jarro de agua fría, una incertidumbre cortante, en una situación irreconocible.

Y pasó marzo, y abril, y no hubo Semana Santa, ni tampoco celebramos la romería de San Isidro, ni las comuniones, ni el Corpus, ni el día de la Comunidad. Fercam fue improvisado de manera virtual, y quedaron las catas y los tractores abandonados en el corazón.  Y cuando pudimos salir a la calle el dolor y la angustia se reflejaba en cada situación. Y con ello acabó agosto y la ansiada espera para disfrutar de nuestro querido Patrón quedó postergada también. Ni fiestas patronales ni Jornadas Medievales.  Y ahora llegan los Santos y hay más gente en el cementerio y llegará, por supuesto, diciembre, y una Navidad distinta donde apenas habrá nada que celebrar… y el giro se habrá completado.

Esto en lo referente a lo lúdico y social. Cuando aún tenemos las bibliotecas cerradas, el teatro vacío, las conferencias virtuales y nuestras aulas a la espera de nada malo ocurra.

¿Y la economía? Nuestro pueblo cuenta con un polígono industrial donde trabajan miles de personas. Fijas, eventuales, temporales…con un eje geográfico que nos sitúa en un punto estratégico de unión con el resto de comunidades. Empresas con muchos, muchos años de antigüedad y otras de nueva creación. Empresas que en tal solo unas horas tuvieron que actuar de manera crítica e inmediata para buscar soluciones al sustento de tantas y tantas familias. Empresas que, a día de hoy siguen intentando salir adelante por el bien de todos.

Pero también Manzanares cuenta con centenares de pequeños negocios, de autónomos que han visto cómo las puertas de sus negocios se han cerrado y muchas para no volverse a abrir.

Ante esta situación de calamidad, para la que no se estaba preparado, han surgido familias enteras al borde de la ruina. Familias cercanas, vecinas, cuya situación económica ha sido enormemente mermada. Los servicios sociales municipales, así como Cruz Roja o Cáritas han visto incrementada su lista de auxilio social.

No podemos quedarnos impasibles ante lo que está ocurriendo, ante lo que esta pandemia con nombre propio nos ha traído y, con certeza, se quedará con nosotros durante un largo periodo de tiempo.

No debemos olvidarnos de nadie. Ahora no valen las quejas ni la inconformidad. Ahora debemos de mantenernos unidos, fuertes, cuidarnos entre todos y conseguir salir adelante a pesar de las secuelas.

 

                                               Manuel Rodríguez Mazarro

Las siglas políticas fueron infundiendo la vida falsa del color cuando en cada casa tienen su blanco y negro

Tuve la suerte de ver parte de la vida a través de objetivos de cámaras fotográficas en blanco y negro, así la vimos los que vamos cumpliendo años. Algo de posguerra, dictadura, monarquía de emérito, constitución, gobiernos democráticos, Felipe VI, covic-19.  Todo esto nos fue marcando.

En alcaldes manzanareños también hubo vida en blanco y negro, D. José Calero, D. Pedro G. Román, D. Agustín Serrano, D. Pedro Capilla, D. Carmelo Melgar, D. Teodoro Rincón, D. Miguel A. Pozas, D. Antonio L. Manzanara y D. Julián Nieva. Afirmo que a algunos de ellos les costó “cuartos” la política.

Hasta aquí he podido conocer y he llegado con mis cámaras al hombro y el magnetofón de casete, entrevistas y reportajes para varios medios,  en blanco y negro, últimamente color digital. En ocasiones hice de paparazi e incógnitas que no se pueden sacar a la luz.

Reportajes con cámara de carrete, fue al final del siglo XX cuando empezaron a enseñarnos el color, vida y sabor de nuestro pueblo. Manzanares iniciaba a salir del letargo y atolladero, los negocios crecían, trabajo no faltaba para el que quería trabajar.

El auge económico manzanareño iba pasando de ser en blanco y negro a color, años del desarrollo en Manzanares, los momentos especiales se reflejaron en papel fotográfico, recuerdos que llegué a vivir y aún existen en álbumes, rara es la casa que no conserve sus primeras vacaciones, bodas, bautizos, inauguraciones, su coche, incluso la mili, sujetas al negativo de cámaras Werlisa, Nicon, Konika, Canon, Kodak,…

Un progreso del que hemos  disfrutado con instantáneas de vida en blanco y negro quedaron en recuerdo. Llegó el auge tecnológico, la fotografía pasó a ser color digital. Liberados del corsé económico, aquello se nos fue de las manos, iniciaron las prisas, el paro, crecieron los problemas, mandatarios pagados, información a convenir, cambiaron las maneras y educación pedagógica.

Las fotografías realizadas con móviles han pasado a ser multitud pasajera y sin intimidad propia. Las generaciones que han crecido actualmente no conocieron el blanco y negro ni les importa, pasan de ello y “poquitas fatigas”, las siglas políticas  fueron infundiendo la vida falsa del color cuando en cada casa tienen su blanco y negro, los momentos, la historia, el cariño, el motivo, los hijos y el trabajo. A la juventud la envidio por sus años y en ellos está el futuro de positivar la imagen.

No creo que vuelva el blanco y negro, aunque tal como veo el futuro político en general de conveniencias,…me desordena bastante el objetivo de la mentalidad. Sinceramente, pienso que mi generación fue más sana, fue despacio y avanzó deprisa. –De dictadura en blanco y negro pasamos directamente al libertinaje a siglas en color y mascarilla.

 

 

Por Pedro Lozano Martín Buro

El pasado 11 de septiembre un amigo me remitía con fruición un artículo de Carlos Zanón publicado en La Vanguardia bajo el título “Mi antigua vida”. El autor demandaba de forma desesperada recuperar su antigua vida. Relataba, no sin cierto halo de pesimismo, que llevaba varios meses esperándola y que no aparecía por ninguna parte. Se había puesto fechas límite para hacer más fácil la espera, su cumpleaños, el mes de mayo, el de agosto, pero pasaban las fechas y nada volvía a ser como antes. Nos narraba con gracia como a su antigua vida le gustaba viajar, hacer turismo, ir al cine e incluso hasta en alguna ocasión, no sé si con remordimiento, consideraba que la había desperdiciado. Deseaba que volviera la antigua vida y no sabía si ya la había perdido para siempre. Le contesté a mi amigo que el autor no había tenido en cuenta en su artículo a la incertidumbre que nos asola de forma pavorosa y que por culpa de ella no se veía el futuro con optimismo. Lo estamos palpando estos días en Manzanares, sin darnos cuenta habitamos con ella. Lo hacemos, aunque con cierta resignación, sin acostumbrarnos del todo, empezamos a modelar una nueva vida sin planes a largo plazo. Es una lata. Cierto.

Hay que aceptar que la incertidumbre ha venido para quedarse. Hay que reinventar una nueva forma de vivir, de planificar, de disfrutar, de gobernar, de ir al cine, al teatro, a los conciertos y no sumergirnos en el lamento recordando en el fondo de nuestros frágiles pensamientos como era antes y quedarnos lánguidamente de brazos cruzados.

Un futuro distinto, en parte, depende de nosotros, de ti y de mi, dándole forma, con incertidumbre, sí, pero con ilusión por hacer algo grande, salpimentando la vida con avidez, escrutándola, con mascarilla, sí, respetando las normas, el aforo biológico, las distancias de seguridad, con más espontaneidad, inmediatez y capacidad de sorpresa, también, pero con colegios, con deporte, con misas, cine, cultura y por qué no, con teatros. “Los hombres experimentados dicen que hay cuatro cosas que no vuelven: lo dicho, la flecha disparada, el pasado y las oportunidades perdidas”. No es de mi cosecha, no, se lo contaba a Andrés el autor americano Ted Chiang en su novela corta El Comerciante y la puerta del alquimista dándole una pista sobre cómo mirar el pasado y el futuro. Depende de nosotros salir a buscarlo. No podemos cerrar y bajar el telón sin encontrar soluciones por culpa de una pandemia que habita la incertidumbre.

 

 

 

Diego R. Gallego Fernández-Pacheco

 Los datos de un informe de la UE, en relación con los Fondos puestos a disposición de los países socios para diferentes proyectos en el periodo 2014-2020, son especialmente escandalosos por el modo en que se han desaprovechado en España, que ha sido el país que peor ha gestionado esos fondos.  Solo se ha utilizado el 34 % de la cantidad asignada a nuestro país. No se incluyen en estos datos las ayudas al sector agrícola (PAC), que se gestionan de un modo diferente.

La burocracia, la pésima gestión y la incapacidad de cofinanciación, ha provocado que no se utilicen muchos millones de euros que se podían haber destinado a proyectos de desarrollo regional, de innovación tecnológica, a la lucha contra la despoblación, contra el paro juvenil, a la conservación del patrimonio y a paliar las consecuencias del cambio climático.

Quienes han tenido responsabilidades de gobierno en esos seis años, a nivel estatal, autonómico, provincial o municipal y no han trabajado por presentar proyectos factibles de ser financiados por los programas al efecto de la UE, no han aprovechado las oportunidades que se les ofrecían.

Cualquier buen gobernante debe trabajar para conseguir captar inversiones con efectos positivos para el territorio de su responsabilidad.  En un primer nivel, para intentar acceder con programas subvencionables a fondos europeos, y también procurando conseguir el mayor número de ayudas y subvenciones en el ámbito nacional, autonómico o provincial a las que pueda tener derecho.

Las empresas, sociedades y particulares, también deben estar pendientes de las ayudas destinadas a diferentes actividades. Pero es tal la carga burocrática, los plazos no siempre suficientes, y la complejidad del sistema, que hacen muy difícil a la mayoría no solo intentar solicitar esas ayudas, sino simplemente conocer su existencia. Sería muy razonable que desde las administraciones se pusieran y facilitaran los medios necesarios para ayudar a cumplimentar correctamente los formularios y solicitudes, que suelen ser trámites complejos para el común de las personas o incluso de las sociedades. Además, en momentos en que se está reduciendo notablemente la relación presencial, todo se hace mucho más difícil.

Sin duda, en este contexto, después de tratar de obtener para el propio municipio la mayor cantidad de fondos posible, uno de los mejores servicios que puede un ayuntamiento ofrecer a sus ciudadanos, es la divulgación y la ayuda en la cumplimentación de la que es necesario presentar para acceder a las subvenciones en asuntos relativos a rehabilitación, mejora de las condiciones de eficiencia energética en edificios, mejoras en accesibilidad, etc. Si se materializan, son dineros que llegan al beneficiario y contribuyen a crear riqueza y actividad en la localidad en momentos de crisis y atonía económica.