Manuel Gallego Arroyo

Si no fuera porque tengo por seguro que los cuentos son un salidero más de la realidad, llegaría a pensar que la vida es un cuento, o que los cuentos son la vida. En estos tiempos, no sé el porqué, me viene a la memoria – ¡qué digo memoria, a la conciencia! – el famoso cuento de “Pedro y el lobo”. Recordarán aquella conseja infantil, que inicia a los niños -también a los mayores- en la idea de que no hay que jugar con lo serio. Vamos, que es sano y muy recomendable no alarmar gratuitamente, o por mero placer, pues, cuando llega el peligro de verdad, corremos el riesgo de no alarmar a nadie.

A ver si era así. Había una vez un niño que se llamaba Pedro y que era pastor. Aburrido un día, tuvo la ocurrencia de dar la voz de “¡el lobo, el lobo, que viene el lobo!” para sonsacar a sus vecinos. Acudía la solidaria ciudadanía con todas sus defensas en ayuda del pastorcillo y descubrían el dolo; Pedro reía la gracia. A la segunda voz de alarma, llegó igualmente la turba, poniendo empeño, porque, ¿quién iba a imaginar que ocurriría lo que ocurrió la vez primera? Pero cuando vieron al gamberrete desternillarse indisimulado, regresaron, no sin reprenderle, muy, muy decepcionados. Es verdad que, hasta aquí, algunos todavía reían las gracias del chiquillo, pero ya se les torcía la sonrisa en mueca de disgusto, porque por segunda vez habían sido víctimas de la malsina.

Era lo natural que no hubiera una tercera alarma, pero la hubo. ¿Y quién era ahora el curro que no acudía? “Vaya -decían los más sensatos-, ¿y si fuese verdad?” Entonces, con el mutis de escepticismo en el rostro y la desgana en los brazos, acudieron, algunos menos, al socorro. Este fue el momento que otros ciudadanos, si así se les puede llamar, aprovecharon para asaltar los negocios y los hogares de los ausentados convecinos. Volvieron estos cabizbajos, arrepentidos enfadados, cansados y descreídos, y encontraron las casas demudadas, revueltas. Echaron en falta parte de sus bienes. Aquello fue el colmo. Pensaron, y se dijeron con razón, que nunca más irían tras las voces de ganadero alguno, de ciudadano o necesitado, que había que ver antes que actuar. ¡Qué drama, entonces, qué de odio y acusaciones contra el ingenuo, “inocente”, e indecente bromista!

Así ocurrió que una cuarta vez, cuando aún no se había recuperado el pueblo de los sustos, reclamó ayuda el pobre Pedro. Claro, esta era la alarma de verdad.  Nadie acudió. El lobo se dio un festín de lo más generoso a costa del escepticismo y del cansancio. En tanto el niño corría que se las pelaba rumbo a la villa. Ni siquiera hubo quien saliera a la ventana alertado por sus gritos. Sólo los malos ciudadanos, que habían aprovechado las ausencias de los hogares y negocios para medrar, se quejaban amargamente de la desilusión de los pobladores, de su inmovilismo y de su falta de responsabilidad. Estos mismos malos vecinos preguntaron al desesperado Pedro, en tanto le daban a beber un tranquilizante vaso de agua, por qué siempre había dado la misma alarma, “que viene el lobo”, y no varió en algo la cantinela. Pedro, sorprendido y mirando de soslayo, les dijo que no habían escuchado bien, o que habían malinterpretado su mensaje, que lo que él gritaba era “¡que viene el bobo! ¡Que viene el bobo¡”, salvo la última vez, en que dijo realmente “lobo”.

Es cierto, las analogías nunca son perfectas, como ésta que han leído. Por eso tenemos un virus que siembra el caos, sistemas sanitarios pudorosos con personal valiente, redes sociales alarmantes, aprovechados medrosos, respondones iracundos, intérpretes fantásticos, y crédulos, además de no pocos ERTES. Aunque, sobre todo, tenemos algo muy importante, sobre lo que hay que dar la voz: la responsabilidad. Esperemos que no responda la sordera. FIN

 

Pedro Lozano Martín-Buro

Es de noche. Una tos te despierta. Al principio parece lejana, pero se va acercando y cierras los ojos pensando que no es nada. Se vuelve a repetir, una y otra vez, cada vez más próxima. Tus hijos lloran y mi alma cruje por dentro como un papel arrugado. Piensas en dormir pero no puedes, el temor y la duda acecha tu casa. No es nada, ayer escuchaba las noticias y transmitían seguridad y certeza, decían que había que confiar en las autoridades sanitarias pero no se cancelaba ningún evento, ni se seguían las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud. Oía la radio y me sugerían que era una simple gripe, más contagiosa, un trancazo gordo, nada más. Los contagiados iban incrementando poco a poco, parecía que no era alarmante pues lo más importante era asistir a la manifa de excluyentes feministas. Visto lo visto, sin pudor ni vergüenza quedarán atados a la culpa.

Dos días más tarde, todo se dispara en Madrid, suenan las alarmas, cierran los colegios y vemos que quienes se enfrentan a esa guerra lo tiene claro, deben abastecerse. Comida y papel higiénico sin saber muy bien por qué. Las redes de comunicación nos inundan, mensajes de whatsapp a diestro y siniestro, comunicación a tope.

En Manzanares empieza verse con sorpresa colas en las puertas de las carnicerías, bandejas vacías en Mercadona, de forma repentina cancelan el cole, pasas por las farmacias y lees que no tienen gel desinfectante, ni glicerina, ni mascarillas… Se suspenden todos los actos y actividades públicas, Universidad Popular, Escuela de Música, Cadi, actividades en centros municipales, eventos deportivos. Todo, absolutamente todo. Es confuso, hay un vaivén de sucesos. Llamada a la calma y de repente se decreta el Estado de Alarma.

Hay que quedarse en casa, lavarse las manos, separarse dos metros, no tocar, no besar. El virus es muy contagioso y hay que evitar el contagio y el colapso sanitario. Por ti y por mi. Cuando parece que todo se acaba, ves luz afuera de las tinieblas. El pueblo de Manzanares acepta las reglas. Empiezas a darte cuenta que la sociedad en la que vives merece la pena. El individuo deja de pensar de forma aislada, deja el yo y piensa en su padre, su madre, abuelos y personas mayores. Quiere evitar que se contagien. El hombre moderno, hasta ahora, era incapaz de pensar como especie. El empuje que recibe le incita a vivir en un individualismo cómodo y egoísta y ahora ha sido sustituido por un sentimiento fraterno, de colaboración y compromiso, no como alguien estrechamente egoísta, sino como alguien dotado de una responsabilidad social capaz de preocuparse altruistamente por los demás seres humanos. Nos hemos quedamos en casa, no por nosotros, por todos. Orgullo de pueblo, se me pone la piel de gallina. ¡Viva Manzanares!

Diego R. Gallego Fdez.-Pacheco

Enclaustrados en casa y animados por el director de la revista a escribir sobre diferentes aspectos de la anómala situación que estamos viviendo en este inicio de la primavera, puede ser oportuno hacer una reflexión sobre lo desigual de esta obligada y prolongada estancia de cada uno en su domicilio.  

Quizás, los mejor parados en este confinamiento son aquellos que viven en casas unifamiliares que disponen de espacios ajardinados o patios en los que se puede deambular, tomar el sol y desarrollar determinadas actividades deportivas o de ocio, impensables para los que habitan en un piso de un bloque de viviendas convencional. Aunque también las diferencias son enormes en función del tamaño y las características del piso y del número de personas que lo comparten.       

Las condiciones de quien está recluido en una casa solariega amplia, en una vivienda adosada con algún patio, o en un piso con terrazas amplias, son demasiado diferentes de las de las familias que con niños y mayores tienen que organizarse para permanecer un buen número de semanas sin salir de ese reducido espacio.

Es evidente que estas desigualdades existen y se consideran como algo normal en nuestra sociedad, pero es en momentos difíciles como el de este confinamiento obligatorio y general, cuando se amplifican. Y si en ellas, intuimos siempre un determinado nivel de injusticia social, en una coyuntura como esta, por poco que reflexionemos, esa desigualdad nos tendrá que parecer inadmisible.

En el contexto de este Estado de Alarma, no es razonable, ni muy humano, que quien habita en un piso de reducidas dimensiones, con niños y personas mayores, sin disponer de ningún espacio exterior al que pueda salir, no se le ofrezca la posibilidad, con los controles que sea necesario establecer, de sacar a los niños algún tiempo a tomar el aire y el sol, para tener al menos los mismos derechos que se les ha concedido a las mascotas, y que no exista un agravio comparativo tan acusado y tan evidente con los que están en condiciones de permitirse unas elevadas dosis de movilidad, por la amplitud de sus residencias. Puede ser un asunto con ciertos componentes de complejidad, pero tiene todo el sentido común del mundo, y en justicia tendría que haberse contemplado en las medidas legisladas por el ejecutivo.

Pero de todas las situaciones, la más preocupante, o mejor dicho, la más trágica, es la del amplio colectivo de personas que no pueden ser confinadas en su casa, sencillamente porque no la tienen. Es cierto que el gobierno y las administraciones están tomando medidas para facilitarles alojamientos, pero, sin duda, son los que van a sufrir con mayor crudeza este confinamiento tan desigual.

 

                                                                        

Juan Villegas Cano

La expansión a nivel mundial del coronavirus y la enfermedad  COVID-19 que provoca en el organismo humano  están poniendo en jaque a la humanidad entera -muy en especial a nuestro país-  y supondrá sin ninguna duda un punto de inflexión en nuestra historia contemporánea. En estos momentos  todavía toca dedicarse a la urgencia de poner freno  al virus y parar su propagación  hasta hacerlo desaparecer y ocuparse de los enfermos.  Pero después de esta guerra tendrán que venir necesariamente los momentos de la reconstrucción y la reflexión. Tras la crisis será necesario replantearse  algunas realidades que, de una manera u otra, se han visto afectadas en el transcurso de esta batalla contra el coronavirus. Actividades, modos de vida, conductas, protocolos, medidas políticas adoptadas u omitidas, respuesta de los ciudadanos, entre otros muchos aspectos, deberán ser analizados y sería triste que estas circunstancias tan especiales por las que estamos pasando no sean motivo, después de todo, para aprender y reforzar aquellas realidades  que el virus nos ha mostrado que son más vulnerables.

Uno de los muchos aspectos sobre los que habrá que sacar conclusiones, con el fin de aprender, corregir situaciones y, en definitiva mejorar,  es el de la educación. A nadie se le escapa, y mucho menos a quienes estamos relacionados directamente con ella, que nuestro país está inmerso desde hace años en una profunda crisis educativa. Prueba de ello es que los distintos gobiernos que se han ido sucediendo a lo largo de nuestra democracia han intentado mediante las diversas leyes educativas atajar los problemas que adolece nuestro sistema educativo, que han sido detectados y denunciados tanto por instituciones nacionales como por Organismos internacionales. El último intento es el nuevo proyecto de ley orgánica  presentado en el Congreso de los Diputados (LOMLOE, Ley Orgánica para la Mejora de la Ley Orgánica Educativa) que por distintos motivos no arranca con buenas expectativas.  Una de las medidas más drásticas que se han debido de tomar en relación a esta crisis del coronavirus ha sido la suspensión de todas las actividades lectivas en todos los niveles educativos. Se han cerrado guarderías, colegios, institutos y universidades, laboratorios, centros de investigación, se han  suspendido las clases y todo tipo de actividades escolares de modo presencial, con carácter  indefinido en Castilla La Mancha. Esto no quiere decir que se haya mandado a los alumnos de vacaciones a sus casa. La actividad docente continua durante estos días a través de un seguimiento por medio de las distintas plataformas informáticas con aplicación en el ámbito educativo (en el caso de Castilla La Mancha la Consejería de educación dispone para sus usuarios de la plataforma  Papás,  a través de la cual se gestiona toda la comunicación entre los distintos miembros de la comunidad educativa, aunque  existen también  otras muy utilizadas habitualmente por profesores y alumnos).

El hecho de que la actividad educativa continúe en ausencia de los centros abiertos debe provocar una reflexión profunda ya no solo sobre el papel de las nuevas tecnologías en el ámbito de la educación sino, más allá aún, sobre la necesidad o no de la presencia simultánea y real del maestro-profesor y los alumnos en una aula física para una adecuada formación (especialmente en las enseñanzas primarias y medias).

Y al igual que en otros ámbitos laborales la crisis va a ser un impulso para promover reformas importantes de cara a una cada vez mayor implantación del teletrabajo, de igual manera habrá quienes crean necesario replantearse en serio la viabilidad de la educación virtual y de su cada vez mayor implantación. Cuando haya que evaluar este periodo de “teleeducación” habrá que plantearse si es necesario que los alumnos pasen tantas horas a lo largo del día  en un centro educativo y si muchas de ellas no las podrían pasar  en casa más cómodamente  sin que esto fuera un impedimento para el normal desarrollo del proceso de enseñanza-aprendizaje y de su óptimo  aprovechamiento. Por su puesto que este tipo de reflexiones deberán plantearse desde un punto de vista exclusivamente pedagógico dejando al margen (si es posible) el problema social, muy importante y que hoy determina muchas de las medidas que se adoptan en educación, de la conciliación de la vida familiar.

La cuestión nada baladí que demos plantearnos es hasta qué punto va a haber que asumir (e incluso promover) o no la sustitución progresiva de la figura del maestro-profesor real, de carne y hueso, por instrumentos tecnológicos y la deslocalización del aula real-física hacia un entorno educativo virtual. En estos días de reclusión en nuestras casas todos hemos podido comprobar cómo nuestros hijos intentan seguir con una cierta normalidad el curso escolar. A través de las plataformas antes mencionadas (Papás o Classroom entre otras muchas), el correo electrónico, videoconferencias o de los famosos tutoriales de YouTube los alumnos, una vez superado el desconcierto inicial, intentan responsablemente adaptarse a tales circunstancias para que estas no les impidan terminar adecuadamente el curso.

 Pues bien, en relación a esta cuestión cabrían dos posiciones (que planteamos de manera muy sintética y que exigiría un desarrollo pormenorizado): una, la de aquellos que consideran que la labor del maestro-profesor es fundamentalmente de mediación y que su función principal es la de asistir como supervisor al recorrido que cada alumno por sí solo debe hacer en la construcción del conocimiento. Se sustenta este este modelo teórico sobre determinadas corrientes de la neuropsicopedagogía en las que se termina considerando al educador como un buen conocedor  de los procesos cerebrales que intervienen en el aprendizaje y los medios técnicos necesarios para estimular y favorecer estos procesos que él solo deberá procurar o “recetar”. En este sentido, la relación alumno-docente es concebida básicamente como una relación técnica en la que la presencia simultánea en la clase es prescindible si no totalmente sí en gran medida. Por otro lado, el otro modelo pedagógico, enraizado sobre una concepción del ser humano muy diferente, consideraría que es incuestionable la necesidad de la utilización de los medios técnicos, de los instrumentos que la tecnología nos brinda para su uso en los entornos educativos, así como también son imprescindibles los conocimientos sobre los mecanismos neurológicos  que hacen posible el aprendizaje y que enseñan cómo actuar sobre ellos. Pero sin restar importancia a estos elementos, se considera que más importante aún es la relación personal , inmediata y real, para una adecuada educación.  Frente a un modelo pedagógico que termina considerando al alumno como un “cerebro que aprende” estas otro modelo entienden que el fundamento de la educación lo constituye básicamente una relación ética, donde el alumno es considerado en su integridad personal, que debe crecer como un sujeto libre y responsable y que esto solo es posible que acontezca en un entorno de relaciones personales y humanas, en las que el diálogo y el reconocimiento entre iguales y de quien es autoridad en el saber son imprescindibles en el camino hacia el conocimiento.

La sociedad en su conjunto deberá reflexionar y decidir sobre qué tipo de educación quiere para sus menores y no olvidar que gran parte de los enormes gestos de humanidad a los que estamos asistiendo en estos momentos (sin los cuales sería muy difícil superar la crisis que atravesamos) puede que tengan su origen en una educación en la que era considerado y valorado como lo esencial el maestro vocacional e ilusionado que mira y les habla a unos niños que lo escuchan con respeto y curiosidad.

 

 

 

 

                                                        Manuel Rodríguez Mazarro       

El 8 de marzo fue el día internacional de la mujer trabajadora, considero, alabo y lo veo justo. Tal igualdad es favorable para ambos, es progreso, siempre que cada cual guarde los límites naturales del sentido común, de esta manera se ahorrarían muchos disgustos, separaciones y líos familiares. –“En todas las casas cuecen habas y en la mía a calderadas”, así lo escribió Cervantes (Quijote II).

Simple tontería gorda, pero no deja de ser motivo de comentario. En el almanaque (OMIC) dice que el 8 de marzo es San Filemón y en otros es S. Juan de Dios, ¡en qué quedamos!, es un día cualquiera del calendario. Pues esto mismo ocurre entre hombres y mujeres, puede ocasionar un disgusto familiar entre la pareja. Diferente es y estoy de acuerdo que los platos limpios son de ambos, por lo tanto que los sucios también lo sean.

Todos somos personas; solo había que puntualizar que unos nacimos macho y otras hembra, por lo tanto somos diferentes,… aunque hay quien se opera de sus zonas, quieren tener su independencia y salirse del euro. Tal vez sea cuestión de hormonas. Comentando el tema con sicólogos de ambos sexos me dijeron:–Las emociones están más desarrolladas en el cerebro femenino que en los hombres. Las mujeres de siempre han sido más hábiles. Por regla general las niñas empiezan a hablar y a leer antes que los niños, igualmente más adelantadas  en el desarrollo corporal.

Esta observación me hizo hablar con un amigo que se dedica a realizar entrevistas de trabajo y me explicó las diferencias que existen entre ellos y ellas. En definitiva, el sexo, como valor añadido a la condición humana, determina nuestra relación con los demás, sobretodo en el trabajo.  Me decía que: –“Son, precisamente, las diferencias las que nos hacen iguales”.

Según mi experto en conversación larga, tendida y con vino “tempranillo-airén” me aconsejó: –tal como la naturaleza nos ha hecho compatibles con nuestra pareja es necesario fijarse en algunas características personales. El tipo de humor, estar frente a una persona positiva y que vea la vida desde una perspectiva simple.

Muy importante fue la aclaración: –La manera de ver la vida. Polos opuestos se atraen, pero solo al principio, posteriormente cada tema discutido termina convirtiéndose en un conflicto. Cuidado con los gastos, la política, el fútbol, los abuelos, los hijos y punto-aparte respetar lo que cada uno piensa y dice. Si lo que uno habla no tiene sentido para el otro o, incluso, no hace ni caso, a la pareja le corresponde discutir, es cuestión de género.

Al diálogo mantenido, añadió cierto consejo:– Salir por la noche juntos puede ser uno de los panoramas más entretenidos, tomarse unos vinos siempre y cuando sea compartido, de lo contrario pasará a ser una de las más grandes frustraciones o, en definitiva, la pregunta de: –¿Dónde estuviste y con quién?, aquí el dilema, de la “plataforma feminista”. Estoy totalmente de acuerdo con ser el día 8 de marzo el día de la mujer trabajadora y San José el del padre carpintero.

                                                                       

  Diego R. Gallego Fdez.-Pacheco

Una de las consecuencias de la crisis de 2008, de la que no se ha hablado demasiado, ha sido la disminución radical de la construcción de vivienda social, en sus modalidades de Promoción Pública (VPP), o de Promoción Privada (VPO).

Desde la década de los 50 del siglo pasado hasta el año 2008 se construían anualmente muchas de estas viviendas destinadas a personas o familias con una renta muy baja. En Manzanares se venían haciendo entre 50 y 100 viviendas en este régimen cada año. Se beneficiaban aquellos que no podían acceder a una vivienda en régimen libre, donde no había ayudas ni posibilidad de conseguir un préstamo hipotecario a un interés reducido.      

Los recortes, las políticas de austeridad, y la dificultad de conseguir financiación al limitarse los créditos hipotecarios, motivaron que las Administraciones Públicas cancelasen o redujeran de forma drástica sus programas de construcción de viviendas sociales y las ayudas y subvenciones a las VPO.

En estos momentos, en los que hay tanta necesidad de vivienda social, para jóvenes y familias con bajo poder adquisitivo, los excesivamente burocráticos planes estatales y autonómicos han quedado obsoletos y prácticamente no dan respuesta ni a la construcción de viviendas protegidas para venta, ni tampoco para construir viviendas para alquiler. Si se acomete alguna nueva promoción privada, es de viviendas libres, y los ayuntamientos y la Junta de Comunidades tampoco se deciden a actuar.

Las ayudas directas a las personas o a las familias para alquiler, podría ser un revulsivo que dinamizase el sector inmobiliario, solucionando el problema de muchas familias que con los precios que se manejan en el mercado tienen muy difícil el acceder a una vivienda en condiciones dignas. Además el alquiler facilita la movilidad, posibilitando que al cambiar de trabajo, se pueda también cambiar de vivienda para vivir lo más próximo posible al lugar de trabajo y evitar los desplazamientos excesivos. Asimismo, la modalidad de las ayudas oficiales a personas o familias para alquilar una vivienda, con un contrato supervisado por alguna administración, probablemente fomentaría el que muchos propietarios reacios al alquiler por desconfianza hacia los inquilinos, al tener un cierto aval oficial fuesen más proclives a sacar sus inmuebles al mercado de alquiler.

Lo que no es admisible es la pasividad que las administraciones mantienen desde hace ya demasiados años. A ellas les corresponde tomar la iniciativa y promover las condiciones necesarias para que no haya personas sin hogar, o sin opción a disfrutar de una vivienda adecuada. El derecho a la vivienda está amparado por la Constitución, en su artículo 47, y cada vez es mayor el número de personas que están excluidas de poder ejercerlo.

 

                       

                                                                       

 Javier López, de “El Zaque”

Finalizando el primer cuarto del siglo XXI, son pocos los que todavía no están concienciados y no prestan interés o preocupación por el medio ambiente y el cambio climático, y tanto a nivel social como individual cada vez somos más conscientes de la necesidad de actuar ante este problema.

Desde la Asociación Cultural El Zaque, estamos interesados en preservar nuestra tierra y sus gentes, explorar su sabiduría, registrar su conocimiento y exponer su patrimonio. Asimismo, hemos tomado conciencia con el medio ambiente. Queremos pasar a la acción y no solo como defensores del acervo cultural −como se nos calificaba en una revista hace unos meses− que así es, siendo este uno de nuestros principales objetivos. Además, nuestra asociación está involucrada en la defensa de nuestro patrimonio natural para que, en un futuro próximo, las generaciones venideras, puedan disfrutar de aquello de que hubo un tiempo en que una ardilla podía atravesar la península ibérica desde los Pirineos hasta Gibraltar sin tener que pisar la tierra.

Desde Siembra, que es la voz de muchos manzanareños avalada por sus 50 años en activo, queremos haceros partícipes de uno de nuestros futuros proyectos. Gracias a uno de esos manzanareños que quiere a su pueblo igual que nosotros, pero que permanecen siempre en la sombra, José Ramón Ramos Lozano (Dirección Provincial de Ciudad Real Consejería de Agricultura, Medio Ambiente y Desarrollo Rural), podemos anunciar este nuevo reto. Como en ocasiones anteriores, Ramos Lozano nos ha orientado, ayudado, asesorado y ha colaborado con los objetivos y los propósitos de El Zaque. Este proyecto al que me refiero consiste en la limpia y preparación del terreno de dominio público (Fig.-1), que pertenece a la cañada Real Soriana en su paso por el sur de nuestra población.

En una de las parcelas pertenecientes a este terreno estará localizado el bosque de Paulownias que deseamos que los ciudadanos apadrinen, pues necesitamos la ayuda de todos aquellos que sientan de cerca la naturaleza y de aquellos que compartan nuestra conciencia con el medio ambiente.

La Paulownia, es una especie de árbol proveniente de China, de gran belleza y porte (fig.-2). Es un árbol de crecimiento rápido, que durante su floración obtiene un color blanco violáceo, sus grandes hojas de alrededor de 20 centímetros aportan una gran sombra, absorbe mayor cantidad de CO2 que cualquier otro árbol y es inmune a muchas de las enfermedades más comunes.

Confiamos en que podáis imaginaros la nueva imagen de este terreno antes repleto de pajitos y que ahora pretendemos que, dentro de muy poco tiempo, se convierta en un pulmón más de Manzanares. Desde El Zaque, deseamos poder pasear bajo ellos admirando su gran porte y belleza. Además, contaremos con la satisfacción de saber que hemos sido los propios manzanareños los que hemos apadrinado cualquiera de los ejemplares y que durante los dos primeros años cuidaremos, para que cuando crezcan, sintamos que ha merecido la pena nuestro trabajo, que hemos sabido actuar colaborando en el cuidado de nuestro planeta.

Espero que los lectores de esta revista podáis tomar conciencia de la importancia de este proyecto liderado por El Zaque. Quedamos a vuestra disposición para proporcionaros todos los detalles del proceso de apadrinamiento.

 

Nota.: Este proyecto está aprobado por el Delegado Provincial de Desarrollo Sostenible de la JCCLM, y posee todos los permisos necesarios de los distintos Organismos Locales, Provinciales y de la Junta de CLM, para su ejecución.

 

 

Javier Sánchez-Migallón Royo

 

Vivo en la zona centro histórica de Manzanares, en la zona de Doctor Fleming, Empedrada, calle Monjas, Virgen de la Esperanza…

El otro día, paseando, vi que se han mudado cerca de mi casa un matrimonio con varios niños pequeños, al verlos me hizo mucha ilusión y me hizo reflexionar al darme cuenta de que veía como algo raro ver a unos niños jugando y corriendo por la calle, con sus padres. Y es que me di cuenta de que en mis calles más cercanas no hay niños.

Comencé a hacer memoria entre mis vecinos más cercanos y si no me equivoco en Doctor Fleming, desde las monjas de clausura, creo que hasta el mismo rio, solo me acordaba que hubiera un niño pequeño, en Virgen de la Esperanza, desde la calle Empedrada hasta donde termina, creo que ninguno, en la calle de las Monjas, creo que dos, en Manifiesto ninguno, Carmen, no lo controlo tanto, pero creo que ninguno. Doctor Muñoz Úbeda ninguno…Empedrada no sé si en algún edificio de pisos, pero creo que ninguno, plaza de la Constitución, también creo que ninguno…

En fin, en todas estas calles puede haber sobre cinco niños, en más de una centena de casas. Y me apenó, la verdad es que me apenó enormemente. Recordé mi niñez, cuando, con salir a la puerta de tu calle, reunías un equipete de fútbol para darle unas patadas al balón, y donde el chillerío de los niños, a veces, resultaba casi insoportable a los mayores. No es cuestión de hacer historia ni de ver si otros tiempos fueron mejores o peores, no; pero es normal, desde la edad, añorar esos tiempos, al menos en lo que a esto se refiere.

Manzanares no solo es que pierda población, que la está perdiendo, no es solo que continuamente se cierran negocios, tiendas, bares, etc.

Es que, y esto es peor, se está quedando con pocos niños, está envejeciendo la población.

Y la verdad es que no me lo explico, Manzanares es un buen pueblo, un pueblo en el que es fácil asentarse y vivir. Pocos pueblos de nuestro entorno tienen lo que tenemos en Manzanares: un hospital, instituto, colegios, unas comunicaciones más que excelentes, estamos cerca de Madrid, de Ciudad Real, tenemos atractivos museos, el Gran Teatro, parques y jardines que muchos pueblos quisieran. Es, sin duda, un pueblo atractivo para vivir, es relativamente tranquilo, tenemos un polígono industrial grande, una agricultura floreciente, aunque la mayoría del termino pertenezca a propietarios foráneos y una de las mayores cooperativas del mundo, bodegas punteras a nivel nacional…

Algo falla entonces, y no va este artículo de culpar a nadie, pero algo está fallando, aunque no se reconozca y es que nuestra juventud, la más preparada se va fuera. En Manzanares no tiene oportunidades acordes a su preparación y quien se queda, si solo fija su atención en ver cuando lo saca el Ayuntamiento, hace que se le quite toda ambición de superación en la vida.

El caso es que por una razón o por otra, mi calle no tiene niños que le den alegría con sus gritos y sus risas, y me da pena, mucha pena.

 

Pedro Lozano Martín Buro.

Sergio del Molino, novelista, columnista del El País y colaborador habitual en el programa de Onda Cero “La cultureta” intervino como ponente en la última jornada del año en la llamada escuela de ciudadanía, el 29.11.2019. Autor del famoso libro “La España vacía”. Allí cuestionó que desde la política se pudiera hacer algo para resolver el problema de la despoblación. Se mostraba escéptico pese a que en el periodo post y prelectoral se atisbaba la posible creación de un Ministerio de la Despoblación que apostaría por el mundo rural. Pasadas las elecciones, ya hemos visto que todo sigue igual y que se trataba de falsas promesas. Como siempre.

El pasado 2 de enero se publicó en los periódicos provinciales que se dejaría de vender billetes de tren de forma personal en localidades como Almagro, Almadén-Almadenejos, Campo de Criptana y Santa Cruz de Mudela, incluyendo entre ellas, a la estación de Manzanares, aunque obviaba decir que aquí no se hacía desde el 28 de agosto de 2012.

En los artículos se facilitaban una serie de datos referentes al número de viajeros, destacando la estación de Manzanares junto con la de Valdepeñas con una media de 103 y 105 usuarios al día respectivamente, mientras que en otras como la de Almadenejos-Almadén y Santa Cruz de Mudela apenas había 11 y 12 viajeros. Se indicaba que en algunas estaciones donde el volumen de pasajeros así lo requiriese se asumiría la atención y la venta presencial, es el caso de Socuéllamos y Valdepeñas, donde se mantendría el servicio de venta de billetes presencial, pero en horarios más reducidos.  

Estamos acostumbrándonos a oír a modernillos, pijoprogres, gafapastas petulantes con barba hípster y paniaguados de la política que pretenden alienarnos y convencernos que sus partidos políticos pueden resolver problemas profundos de la España interior, eso sí, renunciando a cualquier tipo de compromiso. Pasan con desfachatez por el alambique de su discurso titulares como “la España vacía como un problema democrático”; “la creación de un Ministerio de la Despoblación y otros como “la promoción del mundo rural en la España del siglo XXI”. Democracia de audiencias donde el largo plazo no cuenta. Lo importante es el titular que les sirve de añagaza para silenciarnos.

Con medidas como las anunciadas por Renfe no se frena este fenómeno, se fomenta el invierno demográfico y ninguno de esa canalla dice nada. Para poner fin a la despoblación no son válidos los criterios económicos de maximización de beneficios que favorecen el desmantelamiento la red convencional a largo plazo. Es necesario cierto intervencionismo, aún a riesgo de pérdidas. Medidas así son otra rémora más para el desarrollo del mundo rural que cuenta como siempre con la abulia y atonía de nuestros políticos que zascandilean de aquí para allá en busca de una foto sin detenerse en lo importante. Pero no son los únicos, tú y yo, cuando leímos la noticia, nos humedecimos las yemas de los dedos y pasamos de largo a la siguiente página, sin inmutarnos. Silencio cómplice. Visto lo visto, Sergio del Molino es un visionario. Desde la política no se puede hacer nada.

 

 

 

Cayetano Inarejos

En un día determinado del mes de febrero de 2020, oímos noticias a través de la radio y televisión de un virus nuevo que se había detectado en China en Wuhan capital de la provincia de Hubei.

La distancia de Wuhan a Manzanares en línea recta es de unos 10.035 Km., pero si utilizamos necesariamente la línea de conducción que necesariamente tiene que hacer la curvatura de la tierra, serian 12.687 Km., hasta Madrid y a Manzanares unos 12.862 Km., que los expertos calculan se tardaría unas 147 horas en vehículo terrestre y unas 10 horas por vía aérea.

Pero esto no es al asunto en sí, la cuestión es que, si las autoridades chinas y en nuestra parte mas occidental nos empezamos a enterar en febrero, los chinos ya lo sabían en diciembre.

Mientras las autoridades comienzan a dar la importancia, que nosotros no sabemos la difusión y la velocidad del corona-virus, se empieza a reaccionar el día 9 de marzo y el día. Pero no es hasta el día 14 de marzo, cuando se saca el real decreto.

Pero ya el día de la víspera empieza el nerviosismo consumista y en el amanecer del día 14, las colas en los supermercados de esta localidad, son inimaginarios, personas pegados unos a otros sin guardar la distancia recomendada y su inmensa mayoría sin mascarillas, ni guantes (puedo entender que no se pusieran mascarillas ante la falta, pero guantes de látex que se utilizan para fregar el menaje, y otras funciones del hogar).

Me llegan wasaps con fotos y es increíble, y uno de mis amigos me pone “las colas del razonamiento”.

Y acto seguido me llega lo que me contaba mi bendita madre, sobre el racionamiento y las largas colas y cuando llegabas y tenías cartilla de racionamiento, tenías derecho a un mollete de pan por persona para no se sabía cuando habría otra vez pan, arroz y alguna otra legumbre eso lo que tocase y poco, no poquísimo.

Luego podrían llegar las gachas que se hacían con una harina de algarrobas, o depende de la época, recogían collejas (verdura vegetal que crecía por distintas partes de nuestros inexplotados campos de manera silvestre), pero solo hervidas o cocidas, ya que el freír con aceite era algo impensable y si quedaba un cuscurro del mollete, antes mencionado.

El pan, base de la dieta, era el bien mas preciado y por consecuencia más escaso.

Otra circunstancia que me contaban, fue que al escasear el pan en Manzanares, en Valdepeñas lo había en relativa abundancia y sin pegas ni colas de espera. Pues mi padre toma la decisión ante las diversas bocas que había en la familia que alimentar, de cogerse una mula y equipado con dos talegos, aquellos que se utilizaban para llevar el rollizo pan de cruz y que cabían siete por talego y campo a través, para evitar controles por los caminos centrales y carretera.

Lo consigue y llega al atardecer a su casa y ante el alborozo de los hermanos pequeños y su madre, el padrastro observa que a uno de los panes le falta un trozo, ese que se corta al empezar el pan redondo como una barquita rellena de miga. Pregunta que le ha pasado a ese pan y le responde que era lo único que había tomado en todo el día lo había compartido con la mula. Respuesta: Aquí o comemos todos o no come nadie.

A la tarde del día 14 de marzo las estanterías de los supermercados de Manzanares estaban vacíos, como arrasados, al preguntar que se había llevado la gente en general. Respuesta: “PAPEL HIGIÉNICO”- ¿Cómo inquiero, incrédulo? Si, en cantidades muy altas.

Alucinando me alejo y me voy a otro de la periferia y con idéntico resultado:

Me pregunto:

¿Es el papel higiénico el pan de nuestro tiempo?

 

Enclaustrado pero todavía libre lo escribo el día 25 de marzo del 2020.