Grupo de voluntariado de Manos Unidas Manzanares

Desde el grupo de voluntariado de Manos Unidas de Manzanares os queremos hacer llegar a todos los miembros que formáis parte de la Asociación Cultural Tertulia XV nuestro más sentido agradecimiento.

Gracias de todo corazón, por el premio otorgado a nuestra organización a la mejor labor humanitaria en el año 2018,  referente al proyecto de mejora del acceso al agua potable en Masumba (Zambia).

Uno de los principales objetivos de Manos Unidas es ser transformadores: transformadores de la sociedad y no solamente asistenciales.

En 1939, el premio Nobel de literatura “John Steinbeck”,  exaltaba los valores de justicia y dignidad humana en su libro “Las uvas de la ira”. Estos mismos valores son los que proponemos para combatir la injusticia social y económica.  Creemos firmemente en la lucha contra la pobreza y el subdesarrollo; esto implica paliar el hambre y a su vez dar a conocer y visualizar estos graves problemas. No se puede ayudar desde el desconocimiento.

      Es por tanto primordial para nosotros, que el grupo tertulia XV, se haga eco de los proyectos en los que de manera incansable y altruista estamos trabajando codo a codo con las parroquias.

     Este premio, por su cuantía, ayudará a paliar el problema de desabastecimiento de agua en una aldea remota de Zambia, y con su difusión, a sensibilizar a nuestro pueblo sobre la realidad de los países del sur.

Nuevamente GRACIAS

 

 

 

 

 

                                                                                   

 Desde el grupo de voluntariado de manos unidas de Manzanares os queremos hacer llegar a todos los miembros que formáis parte de la asociación cultural tertulia XV nuestro más sentido agradecimiento.

Gracias de todo corazón, por el premio otorgado a nuestra organización a la mejor labor humanitaria en el año 2018 referente al proyecto de mejora del acceso al agua potable en Masumba (Zambia).

Uno de los principales objetivos de Manos Unidas es ser transformadores: transformadores de la sociedad y no solamente asistenciales.

En 1939, el premio Nobel de literatura “John Steinbeck” exaltaba los valores de justicia y dignidad humana en su libro “Las uvas de la ira”. Estos mismos valores son los que proponemos para combatir la injusticia social y económica.  Creemos firmemente en la lucha contra la pobreza y el subdesarrollo; esto implica paliar el hambre y a su vez dar a conocer y visualizar estos graves problemas. No se puede ayudar desde el desconocimiento.

Es por tanto primordial para nosotros, que el grupo tertulia XV se haga eco de los proyectos en los que de manera incansable y altruista estamos trabajando codo a codo con las parroquias.

Este premio, por su cuantía, ayudará a paliar el problema de desabastecimiento de agua en una aldea remota de Zambia, y con su difusión, a sensibilizar a nuestro pueblo sobre la realidad de los países del sur.

Nuevamente GRACIAS.

Grupo de voluntariado de Manos Unidas Manzanares

 

                                                                                   

Diego R. Gallego Fdez-Pacheco

Es bastante difícil y duro de asimilar que en el periodo en el cual una persona tiene más necesidad de privacidad e intimidad, que es sin duda  cuando tienen que hospitalizarla o  ingresarla en una residencia de mayores,  este obligada a compartir habitación y aseo con otra persona desconocida y extraña para ella.

Es evidente que las razones de ese sinsentido en la sanidad y en las residencias de mayores públicas, son de tipo económico y presupuestario. No obstante, se argumenta que eso no es lo fundamental, que lo importante es la calidad de la atención sanitaria, la inversión en tecnologías avanzadas, el contar con personal sanitario cualificado, y es cierto que en España estamos en todo eso a un buen nivel, y con respecto a los mayores, que es un privilegio tener una plaza en una residencia pública, dada su escasez.        

Sin embargo, en hospitales y  residencias privadas se ofertan habitaciones individuales, porque los usuarios consideran que no es razonable a estas alturas del siglo XXI, tener que soportar, estando hospitalizado o ingresado en una residencia, las molestias y la incomodidad añadida de un compañero de habitación indeseado,  con problemas y costumbres distintas de las propias, con horarios y visitas que pueden hacerse insufribles, con el riesgo de infecciones y la falta de privacidad e intimidad elementales.

En estos momentos, en los que hay tanto rigor y exigencia  en lo relativo a la protección de datos, no es comprensible que en un hospital público, personas ajenas tengan que presenciar y conocer el proceso de la enfermedad y de la curación de otra persona, o que alguien en la etapa final de su existencia tenga que compartir sus hábitos de vida con el compañero que aleatoriamente le adjudiquen.

Si se reconoce, como no puede ser de otro modo, la realidad y la necesidad de que un porcentaje muy elevado de las habitaciones en estos centros públicos sean individuales, en beneficio del bienestar y la dignidad de los usuarios, habrá que  priorizar y destinar los presupuestos precisos para que en un plazo posible y razonable se pueda corregir la situación actual. Es obvio que hay muchas partidas en los presupuestos de las administraciones públicas que no son tan importantes como las referidas y de las que podrían detraerse cantidades significativas para destinarlas a que las personas que tienen que ingresar en un hospital o ir a vivir a una residencia de mayores lo hagan con la mayor dignidad y confortabilidad posibles.

Sería deseable que tanto en nuestro Hospital Virgen de Altagracia, como en la Residencia de Mayores “Los Jardines”, que ahora va a ampliarse en 30 habitaciones dobles, en un futuro no muy lejano, la mayor parte de esas habitaciones se pudieran convertir en individuales.

 

 

                       

                                                                         

por Silvia Gordillo de la Cruz

Hace unos años, en la despedida de solteros (conjunta, así somos de modernos) de mis amigos Mariola y Foso, alguien tuvo la brillante idea de dejar que me apoderara del micrófono en la cabina del pinchadiscos (DJ para los milennials). Pues bien, no debían ser conscientes de lo “abundanta” que puedo llegar a ser. En una de las canciones se formó una conga y empecé a ordenar alternativamente el cambio de sentido durante el baile, según me venía en gana. ¿La consecuencia? El mareo, los choques, y las risas.

Pues así es como me siento con el nivel de propuestas de algunos políticos de los que rigen nuestros destinos. Lo que ayer era bueno y era concordia, hoy es rencor y disputa. Mareo y choques.

Tengo que advertirles que nací en abril de 1975. Franco es en mi vida algo parecido a Cristóbal Colón o Alfonso XII, es decir, personajes que llenaban mis libros escolares.

Supe que fue el anterior Jefe de Estado, que designó al Rey Juan Carlos como su sucesor a título de Rey, que murió en el Hospital de la Paz y que miles de personas acudieron a su capilla ardiente en ese Palacio de Oriente que yo creía que era donde vivían los Reyes, pero los Magos de Oriente.

Digo esto porque nunca tuve una especial aversión o simpatía por ese señor. En mi casa no se hablaba demasiado de política en mi niñez. Mis padres, trabajadores de puertas para afuera y hacia adentro, nos proporcionaron educación y valores. En su ánimo estaba el que nos formásemos, fuésemos personas de provecho y nos resolviéramos la vida con nuestro esfuerzo y capacidad.

Nunca supe si mis abuelos, esos que ahora tantos reclaman tener en las cuentas (alguno menos será), eran de un bando u otro. Sé que igualmente eran gente trabajadora, unos en un pueblo de Salamanca y otros en Madrid.

No tengo consciencia de haber oído hablar de rojos y fachas hasta ser mayor. Y desde hace unos años existe una crispación y una continua acidez que me hace lamentar que parte de las nuevas hornadas de españoles tengan en la boca todo el día la palabra fascismo, guerra civil y similar, cuando al menos son la tercera generación desde aquel triste episodio de la historia de España.

Pero es que lo que nos sucede hoy en día, no creo que sea lo que necesitamos la gente de a pie. Cuando la situación económica está a punto de tornarse insostenible para muchos, nos despistan con un proyecto de Ley de Memoria Democrática que supongo que tendrá la misma motivación de urgencia que la exhumación de Franco. Vamos, ninguna.

Tenemos el gobierno más numeroso de nuestra historia, y ni el presidente, ni los ministros, ni los secretarios y subsecretarios de Estado, ni asesores, ni directores generales, ni… ¡uf! Ya me canso de enumerar. Como decía, ninguno de todos esos “servidores públicos” han sido capaces de gestionar una pandemia en la que han muerto más de 50.000 compatriotas nuestros.

Y lo peor es que no dejan de echar la culpa a todos los demás: a las Comunidades Autónomas por no controlar el virus en sus territorios, a los Ayuntamientos por querer ayudar a sus vecinos, a los ciudadanos por no ser responsables, a… vaya, que todos tienen la culpa, menos ellos.

Y después descubrimos que realmente ese gobierno no hizo nada: ni hubo comité de expertos, ni hubo confinamiento (porque eso dijo el presidente en una entrevista reciente, que no hubo confinamiento. Que los tres meses que ustedes y yo hemos estado en casa han sido un sueño… vaya, como el de Los Serrano…)

Y por eso creo que alguien se ha equivocado dejando subir al presidente a la cabina y dejándole el micro: nos va a tener de un lado para otro, despistándonos y mareándonos para poder mantenerse en su estrado. Pero sin risas.

 Pablo Nieto-S. Gutiérrez

El hombre es, por naturaleza, un ser político. (Aristóteles)

En el siglo IV a.C., el genial filósofo griego Aristóteles sentenciaba así el afán humano por relacionarse con otros de su misma especie. El ser humano, dice Aristóteles, necesita, para serlo, de la interacción con otros humanos. Si no, no puede desarrollarse. Debido a ello, surgieron –y siguen surgiendo– diferentes agrupaciones de seres humanos. En la Antigua Grecia, las ciudades, polis, eran entidades independientes. Para administrarlas, surgieron distintas instituciones, cambiantes según el territorio, que dieron lugar a la ‹‹política››, que quiere decir etimológicamente ‹‹de la polis››. Actualmente, es política todo aquello relacionado con la administración de un determinado territorio.

Parece lógico que la política actual, fundamentada en un sistema democrático –donde el control lo tiene el pueblo– como otrora se fundamentó en monarquías autoritarias, dictaduras o repúblicas, se ocupe de asuntos relevantes para el conjunto de los ciudadanos del territorio correspondiente… pero los datos empíricos -medios de comunicación locales, regionales y nacionales– desmienten este razonamiento tan pleno de sentido.

Nuestros actuales políticos, en todos los niveles de la administración y salvando honrosas excepciones que no hacen sino confirmar la regla, han prostituido la idea original de la política y ahora se dedican a “aparentar” –o, como ahora se dice por influencia del inglés, al “postureo” –, a vender logros insignificantes que enmascaran en cierto modo, especialmente a ojos del ciudadano carente del sentido crítico suficiente, la casi inexistente labor legislativa (hacer leyes) y ejecutiva (gobernar) de la que sí deberían presumir. Como un asunto solo teóricamente explicado –máxime si este es una crítica– es fácilmente discutible, haré caso del adagio latino facta, non verba (‹‹hechos, no palabras››) y pondré dos ejemplos, uno reprochable a la administración estatal y otro a la municipal.

1.- Tras cinco meses de legislatura, se han convocado nuevas elecciones generales. Las culpas se reprochan recíprocamente, sin que nadie asuma la propia. Nos bombardearán con vacuas justificaciones y nos intentarán convencer de su inocencia para condena del resto. Loable postureo para justificar una hecatombe… ¿Qué se ha hecho en 5 meses? ¿Dónde están las leyes del ‹‹legislativo››? ¿Y los presupuestos del ‹‹ejecutivo››?… ¿Qué se ha hecho de política, de la polis –del Estado–, en 5 meses? Nada, pura apariencia. Por hurgar en la herida, podríamos decir también que llevamos cinco largos años con pocas iniciativas, en general, pero lo acaecido en los últimos meses es sencillamente una desvergüenza.

2.- Durante las pasadas fiestas patronales, en el celebradísimo y concurridísimo Grand Prix, vimos competir a seis equipos, cuatro de ellos masculinos, uno femenino y tan solo uno mixto. Pero, oiga Vd., luego se llenan la boca con la palabra igualdad (que no se consigue diciendo “todos y todas”, “amigxs”, “guapos/as”, “portavoza” o inventos idiomáticos similares), con que hombres y mujeres tenemos los mismos derechos y con que hay que luchar por hacerlos efectivos. Y está bien que lo hagan. Porque es verdad. Pero, realmente, cuando se trata de asuntos de la polis, de política, nadie mueve un dedo para evitar el absurdo de tener equipos con integrantes únicamente de uno u otro sexo. ¿Tan difícil era cambiar las bases y exigir que los equipos fueran mixtos? Respondo yo: No. Pero no estamos para eso, no para asuntos políticos. Lo estamos para hacer declaraciones y decir qué bonita la plaza llena de gente (lo que no era mentira), qué éxito, un año más, el Grand Prix. Lo estamos para el postureo.

Vistos estos ejemplos –absoluta punta del iceberg­–, quizás fuera el momento de reclamar que nuestros representantes se dedicaran a lo que deben, a la política, a los asuntos de su administración. Y también de pedirles que dejaran de perder tiempo en aparentar tocar bagatelas mientras las sinfonías se quedan en la carpeta.

 

 

Pedro Lozano Martín-Buro

Las novelas distópicas son un género literario que describe sociedades hipotéticas indeseables. Son conocidas “1984” de George Orwell donde un partido político controla todo bajo la atenta y constante mirada de un Gran Hermano que todo lo ve. Otra fue “Fahrenheit 451” donde Montag, el protagonista, era un bombero cuyo trabajo consistía en perseguir y quemar todos los libros prohibidos de su país para evitar que la gente y el pueblo pensara. Nadie conversaba, nadie criticaba nada. Su autor, Ray Bradbury falleció en 2012 pero si hubiera conocido lo que está pasando en Manzanares con el equipo femenino de niñas “el Handball” le hubiera dado para un nuevo libro. Seguro. El argumento sería el siguiente, Manzanares el pueblo donde niñas de 11 años no pueden hacer deporte, porque el deporte educa y no quieren educar, porque los deportes en equipo generan compañerismo y eso no beneficia a nadie. Imagino la portada del libro, un cartel enmohecido, a modo luterano, clavado en la puerta del Ayuntamiento, donde se pudiese leer “Se prohíbe a las niñas jugar al balón, apúntenlas a corte y confección”.  Esto es ficción, pura distopía.

La realidad es otra, aunque surrealista. De risa. Júzguenla. Se ha generado una polémica entre el Ayuntamiento de Manzanares y un Club de Balonmano que se llama Handball Femenino que nadie entiende muy bien. Sí se conocen las consecuencias, una de ellas es que 35 niñas de 11 a 15 años no pueden entrenar en su pueblo. Les dicen que no hay pistas ni horarios disponibles para ellas y se tienen que ir a la localidad de Llanos o a Membrilla. Sin embargo, sí hay instalaciones disponibles para las juveniles y senior del mismo equipo, las mayores. Suena raro. Unas sí, otras no ¿Quién lo entiende? Yo no. Desde la barrera, en esta época de octubre, con el vino fermentando, nos trae a la memoria tufos pasados. Suena a García Berlanga, a la Escopeta nacional. Las excusas dadas por la concejalía de deportes no son muy convincentes, que si hay una escuela de balonmano, que si las niñas pertenecen a un club privado que le hace la competencia al Ayuntamiento de Manzanares, que si tienen ánimo de lucro. Me quedo pasmado, como tú.

Detrás hay 35 niñas, con sus padres, madres, abuelos y abuelas. Imagínense su jornada llevando a las niñas al cole, el trabajo, preparar la comida, la merienda, la cena, hacer las tareas, la casa, la compra, el banco, las clases de inglés, música, catequesis, matemáticas, y ahora, de premio, por un sinsentido de no sé qué parte, por un calentón de alguno que no viene al caso, tienen que llevar a sus niñas a hacer deporte con sus amigas a Llanos porque en su pueblo no pueden practicarlo. Simplemente bochornoso. Antología del disparate.

Comparto la opinión del Ayuntamiento que lo mejor es la unidad, que son pocas las ciudades que están en esta situación, que la escuela de balonmano funciona bien. Totalmente de acuerdo. Si alguien quiere formar un club privado, el Ayuntamiento debe apoyarlo, no sostenerlo. Lo compro. No me meto en la disparidad de subvenciones, 29.000€ para la escuela de balonmano frente a 2.000€ para el Handball. Vale, acepto pulpo como animal de compañía. Pero, chist, lo que es inaceptable es por poner palos en las ruedas a niñas de 11 años, no dejarles jugar, hacer de tu capa un sayo y no solucionar los problemas. Parece un chiste de Gila, “si no sabe aguantar una broma, márchese del pueblo”. Lamentablemente, no es una broma. Me indigna, no lo entiendo. Arreglarlo no deber ser tan difícil. Bastaría dialogar y ofrecer en vez de imponer. Yo apoyo al Balonmano en Manzanares.

 

 

Consoly León Arias

   Las nuevas tecnologías, tan necesarias y presentes en nuestros días, desde las postrimerías del pasado siglo, nos ofrecen múltiples posibilidades, siendo quizás la más destacadas, las de conectar a las personas entre sí, con inmediatez de esta era digital, fruto del desarrollo de nuestra sociedad, y su vinculación con el  conocimiento y uso de Internet, como herramienta fundamental.    
Por el contrario, también encontramos frecuentemente, la mala praxis de algunos usuarios, que no saben ni cómo, ni cuándo, desconectar.      

Pero, ¿realmente podemos/queremos desconectar de nuestros dispositivos digitales?, ¿nos apetece apartarnos de las nuevas tecnologías?, ¿es saludable estar 24 horas “conectado”?,          
¿qué interés nos empuja a estar permanentemente “disponibles” o “en línea”?.     
Parafraseando al gran filósofo Aristóteles: en el término medio está la virtud; y es que lógicamente, el buen uso de las nuevas tecnologías, puede dotarnos de infinitas oportunidades  lúdicas y/o laborales, e introducirnos más si cabe en la sociedad del bienestar, pero teniendo presente la “evasión”  de esa “ otra realidad”, para que nuestro cerebro descanse, y podamos disfrutar de lo que nos rodea,  que a menudo eludimos, para priorizar la inteligencia artificial, y haciendo caso omiso de las relaciones humanas, lo verdaderamente importante.     

No viaja más quien más fotos sube a “la nube”, ni es mejor o más eficiente el que nos responde inmediatamente a un WhatsApp.

Actualmente, estar “a un clic” del e. Mail, cualquier red social, o el teléfono móvil, va asociado con la distinción de una persona; pero jamás debemos olvidar que si estar “disponibles” para “ayudar” a otros es una actitud solidaria, también lo es “estar” para nosotros mismos, dedicándonos un poco de tiempo.
Hemos de reivindicar así, mediante nuestra actitud, el derecho a   nuestro espacio e intimidad, y por consiguiente, debemos permitirnos desconectar de todo, ponernos en “modo off” y vibrar con una puesta de sol, una conversación con amigos, la lectura de un buen libro, practicar deporte, o escuchar música.        
Lamentablemente, la realidad puede superar a la ficción en el universo digital. Así las cosas, no viaja más quien más fotos sube a “la nube”, ni es mejor o más eficiente el que nos responde inmediatamente a un WhatsApp.   
Las nuevas tecnologías en las cuales nos desenvolvemos, nos ayudan a responsabilizarnos  del uso que hacemos de ellas, poniendo limitaciones para no caer en la esclavitud de lo que algunos denominan una nueva forma de vida.   
En medio de esta vorágine, nos cuesta imaginar como hace cierto tiempo, nuestros padres o abuelos podían prescindir del teléfono (fijo), o incluso, esperasen semanas para poder leer determinada correspondencia.
En estos instantes tenemos el “privilegio”, de “contactar” ipso facto con personas próximas o remotamente alejadas de nosotros, geográficamente hablando, conocidas o desconocidas, asumiendo hasta donde queremos llegar con la utilización de estas “modernas herramientas”, para no exponernos demasiado al universo virtual, que amenaza con atraparnos con sus hechizantes “cantos de sirena”.         
En definitiva, hemos de reflexionar y concienciarnos de que las nuevas tecnologías, siempre tan “disponibles” para    facilitarnos la existencia, pueden entrañar riesgos, resultando un arma de doble filo si no se emplean correctamente.    
Somos “libres” para decidir quedarnos “enganchados” o tener vida propia.

¿Desconectamos?

 

 

Juan José García Cruz

Sí, han leído bien. Los facultativos del Sescam –médicos, analistas y bioquímicos clínicos, farmacéuticos, microbiólogos, farmacólogos clínicos, radiofísicos hospitalarios, psicólogos clínicos, etc.–, no podemos acceder a las revistas científicas electrónicas de la biblioteca virtual de ciencias de la salud de Castilla-La Mancha para poder llevar a cabo nuestro trabajo diario.

Los responsables del Sescam están al corriente de todo pero, hasta donde sabemos, ni responden a las múltiples quejas que les hemos enviado ni solucionan un problema que nos está creando muchas dificultades para atender adecuadamente a nuestros pacientes.

Los responsables de las bibliotecas de los diferentes hospitales nos dicen que desde el Sescam les comunican que es un problema puntual que pronto resolverán pero la realidad es que desde abril no podemos acceder a la información científica que necesitamos para desarrollar nuestra actividad asistencial, docente e investigadora.

La medicina, como la ciencia, requiere información. La construcción de una nueva idea, de un nuevo método de diagnóstico o de un nuevo tratamiento necesitan de la información suficiente como para saber qué se ha hecho y, sobre todo, qué se está haciendo o pensando en otros hospitales y en otros centros de investigación. Esa labor de comunicación de la investigación la realizan en la actualidad las revistas científicas. Por ello, no puede haber una medicina de calidad, moderna e innovadora si no hay un acceso suficiente de los profesionales a la información científica. Y no solo al resumen de la misma que puede realizarse periódicamente, sino que, también, a la información relevante que se produce y publica a diario. Sin este acceso a la información médica y científica no es posible, hoy en día, proveer la medicina de calidad y personalizada que precisan y demandan nuestros pacientes.

Por ello es tan grave que la Consejería de Sanidad de Castilla-La Mancha y el Sescam tengan a sus profesionales sanitarios sin acceso a esta información desde hace más de 6 meses.

Cuando todos los profesionales de España pueden acceder a esta información, los que trabajan en nuestra comunidad autónoma están siendo privados de esta información fundamental para su trabajo. Y eso redunda gravemente en la atención médica que podemos prestar a nuestros pacientes y contribuye a crear, una vez más, importantes diferencias entre la sanidad de las distintas comunidades autónomas. Y como casi siempre, en Castilla-La Mancha, es en un sentido negativo.

No es, por tanto, de extrañar que esta Comunidad Autónoma ocupe los últimos puestos en innovación e investigación. Cuando se dice que se va a hacer una apuesta por traer a investigadores jóvenes se priva a todos, los que vienen y los que están aquí, de una fuente de información imprescindible para poder desarrollar su trabajo.

El acceso a las revistas científicas médicas es imprescindible para mantener la actualización de conocimientos y así poder diagnosticar y tratar a nuestros pacientes de una forma adecuada.

Por otra parte, la imposibilidad de acceso a la información científica nos impide desarrollar con normalidad nuestras funciones docentes pues en nuestros hospitales y centros de salud de atención primaria se forman multitud de estudiantes de medicina y residentes que de esta manera ven perjudicada su formación con las consecuencias que todos podemos imaginar.

Asimismo, al no poder acceder a la información científica no podemos desarrollar nuestra actividad investigadora ya de por sí muy escasa por la gran presión asistencial que tenemos y por la escasa dotación de medios de que disponemos.

El consejero de sanidad debería tomar cartas en el asunto y solucionar urgentemente un problema que está causando que no podamos desarrollar nuestro trabajo con normalidad y que está ocasionando una peor calidad en la asistencia que damos a nuestros pacientes.

Dr. Juan José García Cruz es médico especialista en Anestesia y Reanimación del Hospital Virgen de la Salud de Toledo y ex Secretario General del Colegio de Médicos de Toledo

 

   Diego R. Gallego Fdez.-Pacheco

En los programas de los partidos políticos para las elecciones municipales, es frecuente encontrar promesas o intención de acortar los plazos de varios meses, que es lo que cuesta obtener las licencias de obras y de apertura de establecimientos. Por regla general no se consigue.

También los legisladores estatales y autonómicos han intentado reglamentar y establecer plazos máximos de 2 o 3 meses para el otorgamiento de las licencias, e incluso han introducido figuras como la de la “licencia exprés” o se le ha querido dar una mayor aplicación al silencio administrativo. Sin embargo, tampoco por esas vías se han obtenido los resultados pretendidos.

    Es tal la burocracia de nuestras administraciones, la complejidad normativa y a veces el innecesario rigor con el que se aplica,  la escasa dotación de los servicios técnicos municipales, la excesiva carga de trabajo a la que se les somete, y la todavía ineficaz administración electrónica, además de la dificultad a renunciar a trámites obsoletos, como por ejemplo, la correspondencia con acuse de recibo, que finalmente, aunque se tenga el propósito de acortar los plazos, no hay posibilidad real de hacerlo.

En los casos en los que además de los informes de los servicios urbanísticos municipales, es necesario algún informe sectorial preceptivo de otras administraciones (Patrimonio, Medio ambiente, Protección contra Incendios, Confederación Hidrográfica, Carreteras, Adif…), y como consecuencia de la mala coordinación entre departamentos municipales y entes supramunicipales, los trámites pueden alargarse de un modo desesperante para el ciudadano que solicita la licencia.

Los dilatados plazos para obtener una licencia, en ocasiones provocan que la persona que decide emprender una actividad desista de hacerlo, ya que es inviable alquilar un local y pagar el alquiler durante varios meses sin poder ejercer la actividad por la lenta tramitación de las autorizaciones.  También hay personas que por las dificultades, complicada y larga tramitación para poder construir una vivienda, opte finalmente por soluciones más inmediatas (vivir en la casa familiar, compra de segunda mano…). Estas cuestiones, sin duda, frenan la deseable actividad económica y la creación de empleo. Habría que trabajar para agilizar estos trámites insufribles, dotando las plantillas de los servicios técnicos conforme a las necesidades reales, mejorando la comunicación entre administraciones intervinientes, con una coordinación eficaz y aprovechando al máximo las posibilidades de las nuevas tecnologías.

 

                                                                      

Salvo el día de Merced, es difícil que se hable de la prisión de Herrera de la Mancha en los medios de comunicación social de Manzanares ni tampoco en los foros institucionales. La prisión, como otras entidades, centros o instituciones con las que vivimos en el Manzanares, genera noticias y en ocasiones hay motivos para referirse a ella como tema de actualidad. Sin embargo, pasan meses, años sin que en la vida pública se tenga noticia alguna de lo que ocurre alrededor del centro penitenciario. No se debe entender esta afirmación como reproche alguno a medios de comunicación social públicos o no. En el ámbito privado, en lo que interesa o deja de interesar a los ciudadanos no es un tema que ocupe conversaciones o que merezca alguna reflexión. Salvo cuando trasciende algún dato curioso, por no decir morboso, un silencio grave pesa sobre la cárcel. Es, verdaderamente un tabú en la vida pública de nuestra ciudad.

Sin embargo, hay ejemplos de que Herrera de la Mancha ocupa un cierto lugar en el imaginario y la memoria sentimental de muchos de nuestros vecinos. No sólo porque muchos de ellos trabajan o han trabajado entre sus muros sino porque hay imágenes que difícilmente olvidaremos como cuando el “autobús de Herrera” aparcaba en las puertas de los colegios escoltado por los cuatro latas de la Guardia Civil y los hijos de los funcionarios desfilaban ante la mirada de los agentes armados. El autobús marrón que muchas tardes veíamos aparcados a la altura de la Boutique London y en el que regresaban a casa familias que habían venido a hacer los recados habituales. Eras los tiempos de plomo y entonces la cárcel desarrolló un halo siniestro alrededor del que se organizaban los alegres chalets de los funcionarios llenos de niños.

Desde entonces muchas cosas han cambiado y en lo que respecta a la cárcel, a mejor. El centro de internamiento “de alta seguridad”, como se solía repetir al modo de mantra que hacía esa realidad aún más opaca, está ahora más tranquilo, la conflictividad ha descendido, la sombra del terrorismo no es ya tan alargada que nuble Manzanares desde un punto kilométrico de la carretera de Argamasilla.

Lo cierto es que la prisión forma parte de la vida de mucha gente que vive entre nosotros. Podríamos decir que mucha gente vive de la prisión. Tiene allí su puesto de trabajo o sus empresas son proveedoras de alimentos u otros materiales. Pero no es cuestión de valorar el tener en nuestro término municipal esta instalación como el que tiene una fábrica o una universidad. La toma de conciencia de que esta realidad se encuentra a pocos kilómetros de nuestras ordenadas vidas es más bien un débito moral de Manzanares.

En Herrera de la Mancha trabajan y viven personas. Hombres y mujeres que llevan a cabo una profesión durísima y poco reconocida. Rostros humanos que sufren y son olvidados. Que mejoran o que viven con frustración su indigencia moral. Personas que se salvan o se redimen. Que se condenan o que naufragan en medio de adiciones o enfermedades que comportan indiferencias o silencios muy negros.  Creemos que Manzanares podría hacer algo más por la cárcel, empezando por no olvidarla. Quizá las relaciones institucionales puedan ser más frecuentes, quizá se podrían organizar más actividades de voluntariado o reinserción (como ya ha ensayado Cáritas en los últimos años), quizá se podría dar mayor visibilidad a un mundo oscuro, por desconocido, con el que podemos implicarnos.

Se celebra ahora el 40 aniversario de su entrada en funcionamiento. Buena ocasión para que unos y otros volvamos la mirada hacia esa cúpula que desde la carretera vemos pasar a toda velocidad y que apenas percibimos con la misma indiferencia con la que vemos pasar los postes de la luz camino de levante.