Por Diego R. Gallego Fernández-Pacheco

En otros artículos, desde hace muchos años, hemos comentado que las compañías eléctricas, y también las telefónicas, tienen patente de corso para invadir fachadas y cruces de calles con cables aéreos que ofrecen una pésima imagen, afeando el aspecto de nuestras ciudades.

Pero además del agobiante entramado del cableado, las eléctricas invaden a su antojo el espacio público peatonal con voluminosos y horrendos armarios, que estrangulan las aceras, en detrimento de la accesibilidad, y perturban enormemente la estética urbana.

La influencia de estas compañías es enorme a la hora de conseguir que las leyes sectoriales les permitan hacer lo que más les conviene. Obligan a promotores a ceder recintos en los edificios para ubicar transformadores, que ellos explotan y rentabilizan. Les debe resultar más cómodo para sus tareas de mantenimiento que los cableados sean aéreos en vez de estar soterrados, y tienen los cascos urbanos inundados de horribles trenzados decorando las fachadas de los edificios.

Además de los cables, decoran nuestras fachadas con un catálogo de cajas de protección, contadores, etc. de dudoso diseño, pero cómodos para que ellos hagan de forma muy sencilla sus lecturas de consumo.

Si el conjunto de los ciudadanos estamos obligados a cumplir unas normativas de carácter estético, muy especialmente en cascos históricos, donde no podemos instalar en la fachada de los edificios maquinarias de aire acondicionado, antenas u otros elementos semejantes, no tiene razón de ser que a las poderosas compañías, que disponen de medios y recursos para enterrar sus conducciones y para adquirir propiedades donde alojar los transformadores, tratándolos estéticamente conforme a las ordenanzas, se les autorice a saltarse todo a la torera.

Viajando por países de Europa más respetuosos que nosotros con la imagen del paisaje urbano, llama la atención la ausencia de cables aéreos y no es nada normal tropezarse con armarios-armatostes que invadan los itinerarios peatonales.

También, a las razones estéticas y de accesibilidad, habría que añadir los posibles efectos para la salud que pueden provocar cables de alta tensión y transformadores en los dormitorios o estancias adyacentes, donde los ciudadanos pasamos muchas horas expuestos a campos electromagnéticos sobre los que nadie se pronuncia. Hay demasiados intereses en juego, y las compañías manejan bien sus bazas, obsequiando con puertas giratorias y utilizando su enorme influencia para que no se traten asuntos tan delicados.

Sin embargo, los Ayuntamientos tienen medios para obligar a que estas poderosas compañías, respeten el espacio urbano del mismo modo que el resto de ciudadanos. Va siendo hora de acabar con privilegios injustificados.

 

Por Silvia Gordillo de la Cruz

Hemos empezado el año y seguramente a muchas casas hayan llegado muñecas para las niñas y balones para los niños. También habrán llegado muñecos para los niños y balones para las niñas. Cada uno habrá puesto en su carta a los Reyes Magos lo que más deseaban.

Digo esto porque parece que hoy hay que forzar a los niños a cambiar sus roles y con ello sus deseos. Está casi mal visto que una niña se decante por un vestido rosa o que un niño sea bruto jugando en el patio del cole. Se les hace creer que deben experimentar, lo cual es fabuloso, pero cuando desvelan sus pulsiones se les intenta, en algunos casos, reorientar para que sean más o menos sensibles, dependiendo de no se sabe qué.

De chiquitita me gustaban más los juegos tradicionalmente de “niños”. Las muñecas me parecían aburridas, y lo más que me acercaba a ellas era para pintarles la cara a las que mi hermana mayor cuidaba con esmero. Si acaso, alguna Barriguitas, que me sorprendían por sus diferencias, pues las había negras, orientales… En cualquier caso, prefería los Madelman, jugar al destornillador en los areneros frente a casa o al frontón en la tapia de Altagracia con mis amigos del cole. Bueno, y jugar con todos los cliks de Famobil (hoy Playmobil, todo cambia) que tenía mi amiga Lidia en aquella enorme habitación de su casa.

Quizás por eso, siempre me atrajeron las cosas que se construían. Desde pequeña me apasionaron los aviones, y mi sueño siempre fue trabajar en algo relacionado con la aeronáutica. Lo de ser piloto, por mi hipermetropía y astigmatismo, nunca fue una opción. Y aquella Ingeniería tenía unas notas muy altas en la época, así que tampoco pudo ser.

Y me decanté por otra rama similar, la arquitectura, y estudié para ser aparejadora. Luego completé otra ingeniería y añadí la sociología a mi curriculum académico.

Y en todas esas decisiones de juegos y carreras profesionales nadie, absolutamente nadie, me dijo que, por ser niña, estaba mal visto. De hecho, hoy me puedo montar un mueble de Ikea sin ayuda. Y eso no está mal visto, sino que da cierta envidia, ¿o no?

Lo digo porque llevo un tiempo oyendo hablar de fomentar en las niñas el que elijan carreras profesionales de las denominadas STEM (acrónimo en inglés de Science, Technology, Engineering and Mathematics) e incluso se ha llegado a plantear la posibilidad de aplicar la gratuidad en los primeros cursos de las mismas para las mujeres que las elijan como opción de formación académica.

De hecho, a finales de octubre la Reina Letizia recibió a representantes de la Cátedra STEM que ha creado la Universidad de Comillas, para, según se define, “fomentar las vocaciones STEM en las niñas y jóvenes”

Sé que, si hace 27 años, cuando iba a iniciar mis estudios universitarios, alguien me hubiera dicho que sí, por ejemplo, me matriculaba en Medicina (con todos mis respetos para tan excelsa titulación), me pagaban el primer año de carrera, les hubiera dicho que no. Por qué no me atrae, no tengo vocación y hasta hace poco no podía ver como una aguja atravesaba la piel.

Dejemos que las niñas, pero también los niños, exploren, experimenten y elijan. Pero respetemos sus elecciones. No forcemos situaciones que no son naturales, solo por el hecho de lograr cuotas.

Y ya de paso reflexionemos sobre porqué esta sociedad, que se pretende la más progresista y avanzada, se esfuerza por inventar tantas etiquetas. A veces lo natural es lo más sencillo. Y lo más moderno.

Por Consoly León Arias

Iniciamos 2021 en peores circunstancias de las ya existentes, cuando hace tan sólo unas semanas sepultábamos el annus horribilis que ha supuesto para la humanidad 2020.
La pandemia cercenó las ganas de disfrutar de la pasada primavera como un mal presagio, donde la catástrofe ha superado cualquier previsión posible. Una estratosférica crisis sanitaria imparable, caótica y sin precedentes, donde nuestros sanitarios se han dejado la piel, demostrando su calidad humana y profesionalidad desde el principio. Nuestro recuerdo a los miles de fallecidos, y afecto a cuantos supervivientes se hallan ligados de por vida a un lastre de secuelas con las que tendrán que convivir. A este dantesco escenario se suman otros de gran calado, como las terribles y temibles consecuencias que acucian la vapuleada realidad económica y social española, que arrastraba con debilidad, los efectos de crisis pasadas y que retratan la crónica de la agonía más lacerante de nuestra querida España.
Es casi imposible ser optimista en medio de tanta ofensa, tristeza y desesperación. Quizás el término más apropiado para englobar las extraordinarias circunstancias que concurren en España, y en el mundo globalizado sea INDIGNACIÓN, como palabra asociada a un evidente sentimiento de pesadumbre.
La desazón se magnifica por momentos con imágenes tan plásticas y desoladoras como las de las interminables “colas del hambre”, en los bancos de alimentos, comedores sociales de la Iglesia, y otras ONG que en un grito desesperado ante la situación, se afanan desde la solidaridad, y el compromiso, en hacer el bien mediante la caridad.
No hay espacio para lo positivo en esas colas, que junto a las del desempleo baten records históricos y nos trasladan a tiempos de posguerra, allá por el año 1940, el llamado año del hambre, a juzgar por todas las penurias y sufrimientos de aquellos que vivieron en aquellas fechas y cuyo testimonio hoy es crucial para conocer una dura realidad que muy a nuestro pesar, cada día es más semejante a la nuestra. Llegar a estos niveles es descorazonador, por no hablar de esas ansiadas vacunas que ahora observamos con recelo, y que pretenden inocularnos como meros conejillos de indias, sin atender razón alguna, y caiga quien caiga.
Mientras buena parte de nuestros mayores han sido el centro de la diana en esta pandemia, los más jóvenes se encuentran presos del desconcierto en un sistema educativo que hace malabares para formar, a veces, on line, a quienes algún día tendrán  que desempeñar la compleja tarea de recomponer las piezas de este puzle. Tendrán que trabajar  incansablemente  desde el sentido común y  la responsabilidad, enmendando los gravísimos e inenarrables errores cometidos por un puñado de ignorantes, los cuales aún sueñan  con una gobernanza de España asociada a una barita mágica y una poltrona de vagos.
Si en este desbarajuste hay algún resquicio de luz y esperanza, sin duda lo aportan nuestros jóvenes, a pesar del alto precio que estos tiempos les harán pagar.
La aparición de nuevas cepas del Covid-19 en Reino Unido y Japón, nos reafirman en la idea de un virus  harto difícil de extinguir, y por ende,  cobra fuerza la idea de un implacable virus diseñado en un laboratorio con cariz exterminador, y a sabiendas de que diferentes empresas farmacéuticas y adyacentes, serán las grandes beneficiadas  de esta hecatombe mundial.
En definitiva, es complicado ponerle al mal tiempo buena cara cuando llueve sobre mojado, en una estampa marcada por la ruina, la incertidumbre, el abandono, la tristeza, la enfermedad y la muerte, a la que ha querido sumarse un devastador temporal marcado por el frio y la nieve, llamado Filomena, en un momento histórico donde se disparan los precios de la luz, amen de una interminable lista de impuestos con los que el gobierno pretende avasallar  hasta el extremo al pueblo español, definiendo así a la española, como una sociedad tan empobrecida que  en demasiados casos roza niveles de marginalidad.
En medio de tanta inquietud, sólo nos queda aferrarnos a la fe, dar gracias a Dios por lo afortunados que somos y pensar que cada día ocurren milagros, a pesar que nuestro frenético ritmo de vida a menudo nos impide observarlos.

Por Ramón Morales Sánchez Migallón.

En mi anterior escrito acababa con una felicitación a lo que nos quedaba por vivir de 2020 y éste lo voy a empezar pidiendo para el mismo un “descanse en paz” y que “Dios lo tenga donde se merezca”, ha sido un año de triste recuerdo y que difícilmente olvidaremos.

Hace ya algunos años, cuando advertí que ya había en mi haber más cumpleaños celebrados que los que me quedaban por celebrar, empecé a comprender y a mantener que la muerte no era sino parte de la vida y me he sentido preparado para “bajarme del tren” cuando llegue a la estación de destino. 2020 se marchó y se llevó con él a mucha gente, demasiada, y se me ocurre empezar a revisar todo aquello que hemos perdido con el año y lo que hace que hemos hecho bien en decirle adiós para no volver a acordarnos de él.

Este año hemos perdido muchas cosas y no sé si llegaremos a recuperarlas de nuevo.

Las caras: Salimos a la calle y nos encontramos con la gente embozada, como si estuviésemos en un falso carnaval ya que la mayoría de las máscaras son iguales ¡Qué horribles son las calles sin las caras!

La alegría: Nos ha tocado vivir la época apocalíptica del supermercado, de la falta de papel higiénico, de las colas en los establecimientos, de la ropa deportiva (¿para qué arreglarse?).

La estética: Ya hay mujeres que ni piensan en el maquillaje y hombres que no dudan en salir a la calle sin colocarse la prótesis dental ya que nadie lo va a notar. Diría que, con la cara hemos perdido también una de las formas de elevarnos la moral en estos tiempos en que tanto la necesitamos alta. Lo decía antes con lo de la ropa deportiva, ya ni vestimos, o lo hacemos en muy pocas ocasiones. Al perder la cara, también perdimos parte de nuestra estética. Y si eres de los que hacen teletrabajo, con el atuendo casero te sobra. Este año ¿han comprado mucha ropa? Pues eso.

La vida social: Hemos perdido ciertas fiestas como bodas, primeras comuniones, cumpleaños, Semana Santa, Navidad y tantas ocasiones en las que te juntabas con amigos para, simplemente, cenar y cambiar impresiones.

Los abrazos y los besos: Es una necesidad primordial, desde marzo no he abrazado ni a un hijo ni a un nieto, nos hacemos videollamadas o nos vemos por la ventana y sólo nos queda el consuelo de que lo hacemos por nuestro bien.

Los viajes: Me iría con placer a cualquier sitio, pero no voy; el miedo y la incertidumbre nos tienen paralizados, ahora también el confinamiento perimetral. Hasta 2020, todos los años hacíamos un viaje, normalmente cultural, aunque siempre de forma relajada. Este año, dentro de casa. Y es que no nos sienta nada bien la resignación en la renuncia a ciertas cosas.

La seguridad: Por primera vez nos vemos ante la incertidumbre de no saber qué nos depara el mañana, ni lo que pasará dentro de una semana, nos ha tocado vivir no ya al día, sino al momento. Ahora caemos en la cuenta de que hemos sido unos ingenuos pensábamos que todo estaba controlado y nos hemos dado de bruces con una realidad muy distinta, estamos rodeados por el caos. La Naturaleza nos ha dado un buen ‘zasca’ en plena boca.

La amabilidad: Lo compruebo cada día, la gente ha perdido la sonrisa bajo la mascarilla, muchos, también la esperanza. Ya escasean los saludos y, que yo sepa, el coronavirus no justifica de ninguna manera la falta de educación.

 

 

                                               Por Manuel Rodríguez Mazarro

Me cae bien el nombre de Estaca de Bares, ya saben, el cabo que en alguna ocasión visitamos en La Coruña y que forma parte de la costa atlántica. A lo que vamos, opino que actualmente el gremio de hostelería de Manzanares, se encuentra cargado de pesadumbre, debían formar una asociación que se llamara “ESTACAZO DE BARES”.

Alguno sigue funcionando por su situación y “nueva normalidad” de tramos cortados a circulación en días oportunos, haciendo peatonal la calle Toledo y Libertad. (Pienso que será cuestión de acuerdos con la vecindad). Personalmente me agrada sentarme en la mesa de una terraza y en medio de la calle, me recuerda la época de mis abuelos. Ellos no entendían de mascarillas ni de hidroalcóholico, saludarse con los codos y menos de teletrabajo.

Otros bares no tienen esa suerte por la ubicación en que se encuentran y los gastos generales son los mismos: tienen que cerrar.

Es comparado con la nueva cepa del corona-virus no conoce a nadie, pica, se mete, levanta roncha y última fase, ¡hasta luego!

Olvidemos aquellos lugares de tertulia, información, “gaceta” y trato con nuestra gente del pueblo, tomar una cerveza en barra o ver una boca con mellica, bigotes, labios con silbidos sinfónicos, sonrisa natural, besos de todo tipo y el gesto del gooool en TV. ¡Es una pena!, son las circunstancias. El colmo de nuestro anterior ministro de sanidad, llamarse Salvador.

Ya que estoy de cabos terrenales, tampoco estaría mal recordar el de “MACHICHACO” (Bermeo), semejante al anterior, creo que la palabra define el el estado en que se encuentra nuestro pequeño y mediano comercio “machichacaos”. Veremos, dijo un ciego, este año 2021 los que han quedado y la forma de respirar entre la “Filomena” y las vacunas.

Los autónomos, el pintor, carpintero, albañil, fontanero, chofer, electricista y el todo terreno que dan servicio fundamental a nuestras casas, sienten las cargas de seguros sociales, tasas municipales, carburantes, luz, gas, mercado, colegio… Todo es incertidumbre: la salud es lo más importante y las alarmas por contagio comunitario, ya se sabe… mucho miedo con aquello que tienen que tocar las manos que empiezan a descascarillarse de lejía.

Nos han cortado las alas en este año horrible del confinamiento. Precisamente “Confinamiento” ha sido palabra elegida por la Real Academia del pasado 2020. Me gustaba más “corona-vid”, compuesto de “corona y vid” o un gran vino reserva “Emérito-83 años” de las bodegas en Abu Dhabi, de Emiratos Árabes. Este es otro tema financiero que tiene su bouquet personal.

Hay una frase: –“el que come y bebe, bien duerme y quien duerme no peca, el que no peca sube al cielo, si al cielo vamos ¡pues comamos y bebamos!, –siempre y cuando podamos Así lo hicieron nuestros antepasados celestiales que dieron vida y mataban el virus con  azufre.

 

Enero, el mes en que celebramos las fiestas de los ‘Santos Viejos’ el primero de ellos es “San Antón” la imagen corresponde a su ermita.

Por Javier López Mozos

Sería más fácil y a la vez para muchos más vistoso fotografiar la fachada principal, con sus detalles artísticos. Pero la dificultad está en la parte posterior de esta ermita en la que se aprecian los tres volúmenes que forman la sacristía, el ábside y la cúpula, además de la integración de esta mole en la plazoleta.

Seguramente que en los últimos años, ha corrido mucha tinta, se ha debatido en tertulias y barras de bar, la colocación de los contenedores; pero cuando se piensa en el número de personas implicadas en la ejecución de esta obra; y se analiza la imagen con otra mirada… comenzando por el que tuvo la idea, los que decidieron de llevarla a cabo, el que diseñó el proyecto, el que lo aprobó y los que tuvieron que trabajar en su ejecución, la conclusión es que en su momento ninguno de los intervinientes levantó, aunque fuese tímidamente la mano y comentara que se estaba cometiendo una atrocidad visual, al colocar unos recipientes de residuos junto a un conjunto patrimonial, además de histórico artístico, porque seguramente el resultado hubiera sido muy distinto.

Han pasado ya varias corporaciones por el consistorio, todos defendiendo la buena situación geográfica y potenciando el patrimonio cultural y monumental de este municipio. Pero hasta el momento (que sepamos) no se ha visto ninguna acción al respecto, como por ejemplo reunir a los vecinos afectados, oposición, técnicos en urbanismo, arte y decoración, para sentarse en una mesa ver los pros y contras, recoger ideas y darle una solución cómoda y eficaz para la vecindad, que se tiene que desplazar a depositar sus residuos y de paso resolver este dislate visual.

Es difícil encontrar un ataque parecido al buen gusto en otros pueblos que estén interesados en ser visitados por el mayor número de turistas, en mostrar y poner en valor su patrimonio.

Sería maravilloso poder contemplar con otra mirada… e imaginar que todo es un error, que ha sido capricho de la cámara que impresiono esta instantánea superponiendo unos elementos extraños que en realidad no existen.

 

 

 

Por Pablo Nieto-S. Gutiérrez

La actual clase política nos deleita en cada sesión plenaria con una buena dosis de “brilli-brilli parlamentario”. Ello quiere decir que, en lugar de debatir sobre las cuestiones que de verdad tienen relevancia para el conjunto de sus representados, discuten sobre nimiedades, a menudo magnificadas, que no le importan al buen entendedor. Este sabe que el meollo de la cuestión está en otro lugar y ve con resignación como se cae en la confrontación por cuestiones que carecen de importancia. Ello sucedió infinidad de veces el año pasado, 2020, con cuestiones tan variopintas como el estado de alarma, la “nueva normalidad”, los presupuestos, etc., en las que el debate estéril sobre menudencias usurpó el lugar del necesario debate sereno. No me voy a centrar en ninguna de estas cuestiones; el propósito de este artículo es mostrar el “brilli-brilli” del debate sobre la LOMLOE, la recién aprobada ley de educación.

Se ha debatido muchísimo sobre el castellano como lengua vehicular en la educación, cuestión que solo aparece en la LOMCE y no en ninguna de las otras 6 leyes educativas aprobadas en los últimos 40 años. Hace unas semanas, conocí a una estudiante de Bilbao con motivo de un congreso estudiantil. Según nos confesó, su único contacto con el castellano era el de la asignatura Lengua y literatura castellanas, de obligada implantación en todo el sistema educativo. Nada más: el resto de las asignaturas y el contacto con familiares y amigos los realizaba por medio del euskera. No obstante, esta estudiante hablaba divinamente castellano. ¿De verdad merece la pena enconarse días y días con la lengua vehicular? Es una cuestión absolutamente irrelevante, pues no tiene repercusiones prácticas. Lo mismo sucede con la educación especial (para la que ley recoge precisamente lo que resuelva la ONU) y con la concertada (de la que nadie nos ha explicado en concreto en qué se ve afectada por la nueva ley): mucho ruido y pocas nueces; debates bizantinos que ignoran lo esencial.

La LOMLOE es una mala ley educativa, desde luego. Pese a que el Congreso aprobó por unanimidad devolver un lugar preponderante en el sistema a la filosofía, denostada vilmente por la LOMCE, parece ser que los legisladores se han olvidado de sus propios actos y la han condenado a la optatividad (salvo en 1.º de Bachillerato).

Pese a las reiteradas peticiones de la Red española de Filosofía y de muchos amantes de la disciplina, los legisladores no han hecho ni puñetero caso y la ley sale casi sin filosofía.

Lo mismo se puede decir de la situación de otras asignaturas, grandes olvidadas de la ministra Celaá. De eso, y de más fondos para la educación, y del fracaso escolar y de los itinerarios formativos y de la formación profesional, por ejemplo, es de lo que se debería haber hablado, pero, según parece, la corta inteligencia de nuestros legisladores les impidió pensar con la profundidad suficiente para afrontar un debate serio sobre estas y otras cuestiones que quedaron en el tintero.

Así las cosas, seguiremos teniendo nuestra dosis semanal de Sálvame parlamentario con “brilli-brilli”. De las cuestiones esenciales, mejor ni hablar. ¿Para qué? Seguramente, no entiendan qué es discutir sin recurrir a gritos, insultos y palabrería vacua.

 Diego R. Gallego Fernández-Pacheco

      En muchas ciudades se cuida de un modo especial la rotulación de las calles, plazas, parques y otros espacios urbanos. Se utilizan placas en cerámica o bronce, ilustrando y haciendo pedagogía del nombre que reciben, creando una seña de identidad propia.

Si se trata de un personaje histórico, a veces se indica en la placa las fechas de nacimiento y fallecimiento, o si se trata de un médico, de un literato, de un pintor, etc. Si es el nombre de un hecho histórico, se suele añadir la fecha o algún dato relevante, en algún caso el nombre antiguo, y con frecuencia se incorporan escenas alegóricas o la propia imagen del personaje.

Si están tratadas con buen gusto y rigor, son un atractivo de índole estética, muy en consonancia con el entorno de un centro histórico, además de ofrecer información sobre a quién o a qué está dedicada la calle o espacio de que se trate.

En Manzanares es una asignatura que tenemos pendiente. Los rótulos en chapa de nuestras calles y plazas son muy básicos y no ofrecen información sobre el nombre que se les ha dado.

Poca gente sabrá quién es el General Aguilera, Alfonso Mellado, o porque una calle tiene por nombre Anega o Morago. Es evidente que en ese campo hay mucho margen de mejora, de modo muy especial en el casco antiguo, donde unas placas bien diseñadas y documentadas aportarían un plus nada desdeñable al esfuerzo que se viene haciendo por poner en valor el centro histórico de la ciudad.

La opción de utilizar placas cerámicas es la más generalizada en las poblaciones que han cuidado este aspecto. La cerámica aguanta muy bien a la intemperie, no es demasiado costosa y pueden hacerlas artesanos locales. En alguna localidad, como en Cogolludo, crearon un taller de cerámica que se encargó de diseñar y elaborar las placas de ese pueblo. Aquí, la propia Universidad Popular podría acometer un programa como ese, quizás haciendo previamente un concurso de ideas para el diseño gráfico del rótulo.

Me consta que habría muchas personas y alguna asociación como El Zaque, interesadas en colaborar con el Ayuntamiento en un proyecto de esa naturaleza, que sin duda ofrece muchos aspectos positivos y sería bien acogido por la inmensa mayoría de los ciudadanos.

 

 

 

Por Pedro María Castellanos

Hay a quienes el gobierno de turno entrega dos castañas diciéndoles que son dos huevos y se ponen a batirlas para hacer tortilla. Si usted es uno de esos, por favor deje de leer este artículo. Si por el contrario es usted crítico y tiene cierto sentido común, enhorabuena, ha pasado el filtro y es usted bienvenido.

Hablando de filtros, existen unos purificadores de aire, llamados filtros hepa, que son capaces de limpiar el aire de partículas, bacterias, pólenes y virus. Incluso algunos expertos, cada vez más numerosos, se unen a la teoría de que estos filtros hepa, en su nivel 13, los conocidos como filtros hepa H13 o N13, son capaces incluso de limpiar el aire de coronavirus. Son tan efectivos, que, en todos los quirófanos del mundo desarrollado los utilizan para proteger a los pacientes. De hecho, se recomienda el uso de estos filtros, junto con medidores de calidad del aire, en lugares cerrados donde coincidan varias personas al mismo tiempo, como, por ejemplo: oficinas, centros comerciales y colegios.

El Grupo Municipal de UCIN, con su portavoz Pilar Maeso a la cabeza, pidió al Ayuntamiento de Manzanares, mediante un ruego, que, desde la administración local, se ayudara a los colegios de Manzanares en la adquisición de este tipo de filtros, con el fin de proteger a nuestros vecinos más jóvenes en su jornada lectiva. El equipo de gobierno del PSOE, con su alcalde Julián Nieva al frente, se negó en rotundo a esta propuesta, argumentando que el Ayuntamiento no iba a gastar un solo euro en este tipo de filtros y menos para dotar de ellos a los colegios competencia de la Junta.  Sin embargo, este mismo alcalde, que niega a nuestros hijos la posibilidad de respirar un aire limpio de virus en las aulas, no dudó en gastar miles de euros en pintar la fachada de los juzgados, a pesar de ser éste competencia del Ministerio del Interior.

Muchos ayuntamientos cercanos a nuestra localidad, sí están ayudando a los colegios en la protección de los niños y jóvenes, y cabe preguntarse por qué el equipo de gobierno socialista de Manzanares se sigue negando a ello, obligando a muchos padres y colegios de nuestra localidad a sufragar los gastos de estos aparatos que al fin y al cabo redunda en la salud pública de nuestra localidad, algo que sí es competencia de nuestro Ayuntamiento, tanto es así que tenemos una concejalía expresamente para este fin.

De igual modo, llama poderosamente la atención, que el mismo equipo de gobierno que niega incluso la efectividad de estos filtros, contradiciendo a expertos mundiales, sí tenga dinero para comprar purificadores de aire para el Gran Teatro.

Supongo que como el Gran Teatro es más frecuentado por ellos que las aulas de nuestros colegios, entonces sí considera efectivos los purificadores, de lo que se puede deducir, que el coste y la efectividad de estos filtros depende de si van a ser utilizados en aquellos lugares que el equipo de gobierno frecuenta.

Cuando dentro de unos años tengamos de nuevo la oportunidad de decidir quiénes queremos que nos gobiernen, pensad que hubo un grupo político, una Unión de Ciudadanos Independientes de Manzanares, que quiso proteger nuestros colegios y se topó con el NO del PSOE manzanareño, y el NO del PSOE regional. Cuando llegue ese momento de elegir, acuérdense de quienes negaron proteger a sus hijos, de la misma forma que han de acordarse cada día de poner una mantita en sus mochilas. En otras palabras, acuérdense y sepan distinguir entre el huevo y la castaña.

Por Pedro Lozano Martín-Buro

Bajo los efectos de algún narcótico que reduce nuestra voluntad nos hemos ido acostumbrando a términos bélicos con una pasmosa facilidad, estado de alarma, confinamiento, salvoconducto, toque de queda, cierre perimetral, alerta III, entre otros. No oponemos resistencia a vivir atrincherados, ni a que nuestras vidas sean cercadas, silenciosamente, con concertinas invisibles. Vivimos en primera línea de fuego, en nuestros barracones domésticos, abriendo nuevos puentes de comunicación y estilos de vida, ya que el que conocíamos de un tiempo a esta parte, está fuera de stock. Antes de ayer fue el estado de alarma, ayer el toque de queda y hoy, lamentablemente, suena la sirena antiaérea del cierre perimetral en Manzanares a la que tenemos que adaptarnos. Mañana, Dios dirá.

El pasado 8 de enero los indicadores epidemiológicos mostraban un escenario de transmisión comunitaria muy intenso y se decretaron una serie de medidas nunca vistas que limitaban la libertad de circulación de personas en horario nocturno y restringía la entrada y salida de personas de nuestra localidad. La noticia publicada en la prensa nos llegó por mensajes de WhatsApp con enlaces a prensa provincial, sin previo aviso. Alcanzó nuestros móviles por círculos de confianza y se difundió rápidamente como si fuera un parte de guerra. Fue un aviso comunitario, de unos a otros, de forma espontáneamente. Funciona así. Un día antes se publicaba en Onda Cero que la residencia de mayores Los Jardines de Manzanares registraba 58 afectados (39 residentes y 19 trabajadores) por coronavirus y por esos días, ni Lanza, ni Tribuna, ni ningún medio público local se hizo eco de los casos de la Residencia no sé si por falta de información, por no generar ansiedad o una alarma social innecesaria. Realmente, no me gustó enterarme así. Hay muchos más ejemplos como este que no vienen al caso. Considero que seguimos siendo un pueblo, para lo bueno y para lo mano y que existen determinadas noticias que deberían difundirse de otra manera, por ejemplo, como se hace con éxito con los mensajes institucionales de mensajería instantánea para avisarnos de los cortes en el suministro del agua por mantenimiento de la red o el grupo de WhatsApp administrado por la Policía Local para prevenir la delincuencia en los comercios de Manzanares con datos inmediatos sobre posibles incidentes. Algo así debería crearse para el resto de ciudadanos, un canal con información directa que nos permita saber qué pasa y qué puede pasar, especialmente en tiempos de pandemia.

Este tipo de comunicación municipal pública, en estos días, sería de gran ayuda para informarnos de los casos existentes, del número de personas confinadas por contacto estrecho, de posibles focos de contagio, que sé yo, para aleccionarnos, avisarnos y alertarnos de que no debemos bajar la guardia. Vienen mal dadas y todo suma. Considero que hoy día, hay datos, noticias que deberían propagarse de otra forma, estamos en primera línea de fuego, cansados, bajo los efectos de la anestesia de la indiferencia, pero, aún conscientes, no olvidamos que los medios de comunicación municipal pueden funcionar de otra manera.