Por M. ª Teresa González Marín

 Mi agradecimiento a la Revista “Siembra” por la oportunidad que me brinda de hacer una reflexión  sobre el Grupo Lazarillo, reflexión que estará basada en los recuerdos que me genera  esta querida asociación cultural que conocí en el año 1972  y con la que tuve el honor de colaborar, muy de cerca, y disfrutar durante muchos años de la cultura, el buen teatro y, muy especialmente, de conocer a numerosas personas que amaban el teatro como yo  y con los que entablé una gran relación y amistad, que aún perduran.

En la década de los 60, 70, y algo entrado ya en los 80, las manifestaciones culturales en nuestra provincia eran muy escasas, las Instituciones Públicas invertían poquísimo en esta materia. Recuerdo cómo, en el año 1981 cuando visitaba los municipios de la provincia de Ciudad Real como responsable del Centro Coordinador de Bibliotecas, mi mensaje a los alcaldes era que había llegado la hora de invertir menos en ladrillos y más en cultura.

Todo este gran vacío cultural lo cubrían, con creces, las asociaciones culturales, así como los grupos de teatro aficionado. Tuve la suerte de conocer a todos ellos muy directamente pues, al   destinarme a la Delegación de Información y Turismo en Ciudad Real, se me encomendó el Negociado de Cultura, teniendo un gran contacto y relación con cada uno de estos grupos y asociaciones.

Prácticamente toda la actividad que se generaba en Ciudad Real capital y en muchas de sus localidades venía propiciada por su tejido asociativo, ejemplo de esto es gran la actividad en esos años en Manzanares, Corral de Calatrava, Tomelloso, Bolaños de Calatrava, Villarrubia de los Ojos, mi propio pueblo Torralba de Calatrava, y un largo etc. Años difíciles en los que, gracias al esfuerzo, ilusión y trabajo de las personas que formaban estos grupos, se ofrecía una interesante programación cultural a chicos y grandes de nuestros municipios.

Pero, en mi humilde opinión, pienso que Lazarillo, creado en 1961, fue algo excepcional por su ambicioso proyecto de difusión del mejor teatro y la repercusión de su Certamen más allá de nuestro ámbito provincial. Lazarillo llevó a cabo una gran labor de fomento de la cultura y, en especial, las artes escénicas, logrando que Manzanares haya sido y sea uno de los pueblos más cultos y con un público más preparado y exigente a la hora de ver un espectáculo.

Los conocí muy a fondo en dos de sus facetas. La primera, sus montajes, que luego representaban por distintos escenarios de la geografía provincial y nacional. En Torralba de Calatrava, cada verano esperábamos con expectación su nueva propuesta, que venía también de la mano de nuestra Asociación Cultural y Deportiva “Torralba”. Así pudimos disfrutar en la Plaza de la Villa de obras inolvidables, como “La Zapatera Prodigiosa”, de Lorca o “Tartufo”, de Moliere, dirigidas o interpretadas por el gran Rafael Zarate, hombre que siempre ha llevado el teatro muy dentro por lo que obra en que ponía su mano la convertía en éxito rotundo.

Montajes de numerosos textos teatrales, algunos de ellos impensables en aquella época, con un elenco de actores ejemplar. Imposible de recordar tantas y tantas representaciones, pero yo quiero hacer mención de las que por una u otra causa sigo manteniendo en el recuerdo: Cómo nos impresionaron, en aquellos años, Los perros, de Luis Riaza, Yo, Bertold Brecht. Poemas y Canciones, La rosa de papel, de Valle Inclán, todos ellos en el Cine Avenida. Así como Octameron y El baile de los ardientes de Francisco Nieva y, por supuesto, esa espectacular e inolvidable puesta en escena de Las Meninas, de Buero Vallejo, con la presencia de este gran dramaturgo.

La segunda faceta a que me refería fue su gran apuesta con el Certamen Nacional de Teatro, en 1974. Certamen para agrupaciones de Cámara y Ensayo no profesionales que puso a Manzanares en los primeros puestos del panorama teatral del país y supuso que el municipio y la provincia pudieran conocer los mejores grupos de teatro de la geografía nacional.

El Certamen Nacional, creo recordar, estuvo diez años, para después pasar a llamarse Muestra Nacional de Teatro y, posteriormente, Festival Internacional de Teatro Contemporáneo. El Certamen estaba patrocinado por el Ministerio de Información y Turismo y tenía un Jurado Calificador que durante los primeros años estaba presidido por el Delegado Provincial de Ciudad Real, D. José Narváez Fernández, delegando su asistencia, en mi persona, para formar parte del jurado.

Fue una experiencia inolvidable, los grupos eran especialmente seleccionados por los directivos del grupo Lazarillo que se desplazaban, por toda la geografía española, para conocerlos y asegurarse del éxito de las obras programadas. En este periodo se pudo ver en Manzanares grupos cómo ¨La Zaranda”, con “Los tinglaos de Mari Castaña” o “Mariameneo, Mariameneo”, una forma nueva y una puesta en escena a la que no estábamos acostumbrados. Un gran acierto y un rotundo éxito. Posteriormente esta reconocida compañía eligió el Certamen de Manzanares para estrenar a nivel nacional su “Obra Póstuma”.

Y, cómo no, recordar a grupos de la talla “El Candil” de Talavera, “Tespis” de Málaga, “Tántalo” de Zaragoza, “La Chambra” de Badajoz y, posteriormente, grupos ya profesionales como el Teatro de La Abadía con la puesta en escena del “Retablo de la Avaricia, la Lujuria y la Muerte”, en la que pudimos conocer, entre otros, a unos actores de la talla de Carmen Machi, Pedro Casablanch, Pepe Viyuela. Grupos, actores y actrices y directores que hicieron de Manzanares uno de los centros emblemáticos de la actividad teatral española, con el  reconocimiento del mundo de las artes escénicas, plasmado en la Medalla al Mérito en las Bellas Artes, concedida a Lazarillo por el Ministerio de Cultura en 1995

Tuve el privilegio y la suerte de compartir Jurado con personalidades como Francisco Nieva o Verónica Forqué, pero no fue menos importante compartir tantas jornadas con personas como Carmelo Melgar, Manuel Álvarez Pedrero, Roberto Muñoz, Agustín Muñoz, así como Francisco Gijón, Rafael Zarate y Cándido Sevilla, a quienes les tengo un gran cariño. Con ellos aprendí mucho, al tiempo que me hicieron pasar días inolvidables. Todos ellos fueron presidentes del Grupo pero quiero también recordar a Juanjo, Mari Loli, Inmaculada, Isabel y muchos más y por supuesto el gran pintor Legassa con el que además de conocer su trayectoria pictórica y teatral, tuve la suerte de conocer también su faceta gastronómica. Mantengo su recuerdo al poder contemplar a diario la pintura elaborada por él para el IX Certamen.

Como botón de muestra quiero recordar la interpretación de “Goliardos”, con A puerta Cerrada, de Sartre y por supuesto la gran Nuria Espert, con la puesta en escena de Maquillaje. Una gran noche en la que la propia actriz hizo suya la frase de su protagonista Yoko Satzuki: “me vais a ver ésta noche dejarme la piel en el escenario”. Y vaya si lo cumplió.

Me he referido a dos de las facetas del extraordinario grupo manzanareño, pero no puedo obviar otras muchas actividades organizadas por Lazarillo recordando, especialmente, el laborioso e importante trabajo didáctico realizado para conseguir y mantener el interés y la afición  del público infantil y juvenil, organizando cada año la Muestra Escolar de Teatro que ha cumplido ya su 37 Edición.

Los tiempos, por fortuna, han cambiado mucho, hoy en día tenemos una buena Red de Teatro a nivel Regional, el programa Platea del Ministerio de Cultura, los Convenios de la Diputación Provincial y las importantes apuestas e inversiones desde los Ayuntamientos y también contar con la figura de los programadores culturales, personas que conocen y trabajan para hacer llegar a sus localidades la mejor oferta teatral. A pesar de todos estos avances, es muy importante poder seguir contando con este tipo de asociaciones que mantienen y son capaces de generar, compromiso, ilusión y pasión por la cultura, al mismo tiempo que desarrollan una gran labor social.

Estos últimos años por mi dedicación muy exclusiva a Torralba, y también por coincidir en las fechas con nuestro Festival Nacional de Teatro y Títeres, en el recuperado Patio de Comedias, he asistido menos a Manzanares, aunque siempre lo he seguido con interés por la prensa o redes sociales, aunque siempre que puedo me desplazo. La última vez que lo hice fue para ver “Iphigenia en Vallecas”, interpretada por Maria Hervás. Monólogo que impresionó a todo el público que llenaba el Gran Teatro con una ovación final muy difícil de olvidar.

Gracias a Lazarillo por la labor realizada en pro de la cultura y, especialmente, el Teatro, y personalmente por tantos momentos inolvidables que me han propiciado y, con mi gratitud, el deseo –ahora que está próximo el 50 Aniversario del I Certamen– de que perdure para siempre como referente de esta hermosa ciudad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La revista Siembra reflexiona este mes sobre la llegada del AVE a Manzanares. Como se podrá comprobar en páginas interiores, tan ansiado proyecto no será una realidad, al menos a corto o medio plazo. Algunos de nosotros puede que “ya no lo veamos”, por utilizar la sabrosa expresión manchega, aunque pueda resultar catastrofista (esperemos que no fatídica). Sin embargo, no han sido pocas las declaraciones públicas que se han hecho al respecto invitando a pensar que el milagro ocurriría en poco tiempo. Nos recuerda un poco a aquella “Ciudad del transporte” que se tuvo la habilidad de “colocar” en dos campañas electorales y de cuya existencia apenas quedó un penacho de humo que se evaporara desde el suelo. Los políticos no deberían vender la piel del oso antes de cazado, bien muerto y desollado para no correr el riesgo de que los ciudadanos pensemos que nos están engañando. Además, acabamos persuadidos de que no se va a hacer todo lo que se anuncia que se va a hacer. Y desengañados. Podría pensarse que los “anuncios osados” por utilizar un eufemismo, salen gratis, pero, después de todo, los ciudadanos no somos tontos y jugar con nuestras expectativas e ilusiones, al no ser honrado, acaba teniendo un pecio político.

Hay diferentes maneras de entender la política. Algunos la entienden como “gestión”, otros como “relato”, muchos como “comunicación” y algunos simplemente como “poder”. Para Siembra la más deseable sería quizá la de “proyecto”. Proyecto es imaginar a medio o largo plazo una ciudad y trabajar día a día para construirla. No es cortoplacismo ni es “fotografismo”. No es bombo y platillo ni creación de expectativas, cuando menos, arriesgadas. La comunicación está bien, pero los hechos están mejor.

La tercera ola se lleva todo por delante

En el momento de escribir estas líneas, Manzanares, y España entera se encuentra sepultada por la tercera ola de la terrible pandemia que padecemos. Más que ola, podríamos llamarla sunami cruel que se ha llevado por delante la vida de queridos vecinos y la salud de familias enteras. Además, corremos el riesgo de que se lleve también por delante el modo de vida de honrados trabajadores, empresarios y autónomos y que ven como sus negocios se van a pique irremediablemente sin que, impotentes, puedan hacer nada. Es urgente un plan de estímulos económicos directos para rescatar la economía de la ciudad en un momento crítico de nuestra historia como pueblo. De ello depende que el tejido social de Manzanares no se deteriore más y que la despoblación y la falta de expectativas acabe engulléndonos sin contemplaciones y dejándonos sin futuro.

 

Pablo Nieto-S. Gutiérrez

He leído en el Siembra de octubre la siguiente afirmación: «desescalada, una palabra inexistente y vacía de contenido a la que, al cabo de unas semanas, la RAE dio validez». Las siguientes líneas tratarán de desmontar lo anterior. Para ello, les indico dos cuestiones preliminares: (a) El lema de la RAE es limpia, fija y da esplendor, pero, en palabras del filólogo fallecido Fernando Lázaro Carreter, estos fines se les encomiendan a todos cuantos, hablando y escribiendo, contribuyen a ese esplendor, es decir, a los hablantes del español. (b) La RAE, los filólogos, los estudiantes de español, etc., no somos inquisidores deseosos de quemar herejes hablantes que prostituyen nuestro idioma con felonías y corrupciones.

Las palabras aparecen en un contexto determinado y por unas razones concretas. En el caso de la famosa desescalada, surge como idea de retorno a la normalidad de una manera progresiva —de la misma manera que un alpinista baja la montaña después de subirla—. Podemos entrar en estériles debates sobre lo que supone que la lengua española haya traducido el verbo inglés to de-escalate y que haya creado desescalar (y su derivado desescalada), pero la cuestión es que la palabra está en nuestra lengua. Una palabra movida de boca en boca (de políticos y periodistas) la dice toda España en unos días. La palabra era inexistente simplemente porque antes no había una que nominara el proceso que vivimos al final de la primavera, proceso que nunca se había vivido; ahora existe, ¿causa algún problema? Evidentemente no. ¿Vacía de contenido? Me parece una palabra muy precisa e ilustrativa; no sé qué alternativa es mejor para explicar el proceso. Quien se queja del palabro podría haber sugerido uno mejor.

La RAE no da validez ni se la quita a ninguna palabra; simplemente reconoce su existencia. El feísimo verbo sanitizar —muy extendido en español— es otro calco del inglés (to sanitize) y encima es sustituible por sanear, lo que lo hace innecesario, al igual que otras palabras nuevas del español, como reportar. La RAE debe dar cuenta de su existencia, uso y extensión y, llegado el caso, incluirlo en el diccionario que elabora junto a la ASALE (que, por cierto, no es el único que existe). Lo mismo ocurre con desescalada, palabra, por cierto, cuyo uso ha aconsejado sustituir —a mi parecer erróneamente— por sublimes giros como «regreso escalonado a la normalidad». En cierto tweet, @RAEinforma dice que desescalada es «válido» porque sigue los mecanismos de formación de palabras en español, no porque su uso sea correcto a partir del tweet en cuestión. En resumen, desechen la idea de que la RAE censura, prohíbe o se baja los pantalones para aceptar ciertas expresiones.

La RAE recomienda usos y explica ciertas normas persiguiendo su famoso objetivo, pero no es la Tomás de Torquemada del español.

La conclusión consta de dos peticiones: (a) Olviden la idea de que la RAE da validez a las palabras y prohíbe decir otras (esto es aplicable también a cocreta, almóndiga y similares, dígalas si quiere; el diccionario simplemente las marca como vulgares) No, Vd. no habla mejor que nadie si no dice desecalada. (b) Acepten que la lengua es algo vivo que cambia con el tiempo y que el nuevo léxico se nos contagia como la COVID… No es nada malo, al contrario, es síntoma de salud y vitalidad de nuestro idioma.

 

 

Manuel Crescencio Moreno Gómez

El miedo parece ser la emoción más natural de todas. El Universo en su conjunto parece estar familiarizado con él desde sus inicios. El inmenso y mudo espacio cósmico, los movimientos sísmicos que dieron forma a nuestro planeta, el estruendoso sonido de una erupción volcánica, el silencio de las profundidades marinas, la descontrolada furia del mar, del viento y del rayo, nos hacen temblar. La naturaleza está familiarizada con el miedo. De las emociones que nos unen a los animales, seguramente, el miedo es la más esencial. Los animales saben lo que es el miedo: se asustan, corren, se esconden, sus corazones palpitan aceleradamente… sufren, mueren.

Dicen que el miedo es una emoción básica positiva desde el punto de vista evolutivo: nos sitúa en estado de alarma para que nos pongamos a salvo de un enemigo y reaccionemos. El dolor, dicen, también tiene esa función. Su utilidad, si bien los hace comprensibles, no los hace más agradables. No obstante, la pregunta que me gustaría compartir con vosotros este mes es: ¿tienen solución el dolor y el miedo? El coronavirus antes o después la tendrá. Habrá una vacuna contra el coronavirus. Es posible que el virus desaparezca. El miedo, sin embargo, seguirá. ¿Existe alguna solución contra el dolor? ¿Existe alguna vacuna contra el miedo?

Nuestro analgésico mundo ha conseguido vencer la batalla al dolor; al menos, al físico. Contra el dolor psicológico, hemos realizado avances. Pero ¿qué pasa con el miedo? ¿Cómo se vence al miedo?

La belleza de la mayor parte de los cuentos tradicionales infantiles no está en que no aparezcan temibles monstruos, sino en que, siempre, al final, el monstruo es derrotado, y el miedo subyugado. ¿Funcionan las mismas leyes de los cuentos en el misterioso mundo real que habitamos los seres humanos? Sí. La vacuna contra el virus del miedo está en los cuentos infantiles. Pero no en su contenido, sino en la forma en que se han contado desde los tiempos más remotos.

Contar un cuento a otra persona supone estar presente ante la otra persona. Y es ese humilde gesto: la presencia, lo que ahuyenta el miedo. Ya los animales más jóvenes buscan el refugio en la presencia de los suyos. Con ellos compartimos el miedo, pero con ellos también compartimos la solución. La presencia de la madre o del padre, la presencia del hijo, la presencia del amigo, la presencia del esposo o la esposa… la presencia de Dios. Nuestras apresuradas vidas, limando el tiempo de que disponemos, nos invitan a buscar Prozacs para el miedo. Algo rápido y encapsulado para domesticarlo. Sin darnos cuenta de que la solución es la presencia, a veces, aburrida, pero siempre, generosa, ante la persona que amamos.

La presencia de quien te quiere alivia tu dolor, reduce tu sufrimiento, ahuyenta el miedo, te permite morir en paz. ¿No se entristece vuestra alma pensando en todos aquellos que están muriendo solos estos meses? ¿Es justo aplicar al enfermo soluciones analgésicas y privarle, en cambio, de la profunda paz de la presencia? ¿Así termina el cuento de tantas vidas? No.

Los dos primeros días de este mes de noviembre encontramos dos celebraciones que no están situadas de manera arbitraria. Por un lado, el día de los Santos, por otro, el día de los Difuntos. No son fiestas tétricas, ni macabras (como la importada Halloween). No son fiestas que celebran el miedo, sino la victoria ante el miedo a la muerte. Dedicadas, principalmente, a todos aquellos que mueren sin la presencia de los suyos y son recibidos, para compensar, por la innumerable presencia de los santos. Porque el cielo no es sino la infinita sensación de una Presencia inabarcable. Sin miedo. Así termina nuestra Historia.

 

Por Juan Ramón Morales Sánchez Migallón.

Hace un par de meses, en una comida informal de familia, mi compañero de mantel por la derecha lanzó, casi como sin venir a cuento, una pregunta que apostilló con el relato evangélico de los pájaros que no se preocupan de la comida o el vestido y no les falta porque Dios se los procura.

Hoy me viene a la memoria y quisiera compartir con vosotros algunos pensamientos al respecto, aunque con mucha menos enjundia que la pregunta lanzada, que intentaré contestar volviendo la oración en pasiva.

Me gustaría meterme en la piel de los pájaros, aunque sé positivamente que por mi peso y mi carencia de alas nunca podría volar, tampoco creo que me acostumbrase a su dieta de semillas o un pequeño gusano y unas migas de pan de vez en cuando.

Además, cuando pensamos en los pájaros, nos viene a parecer que no tienen pasado ni futuro, por eso hablamos de ellos en presente. El pájaro vuela, canta, come, juega, persigue a su pareja, cuida a sus pequeños, hay veces que sale volando para huir ante un niño que trepa el árbol para buscar nidos; otras veces gira, sin rumbo, y sin prisas; vuela bajo sobre el agua de la piscina para beber. Juega con el viento en la cara, o se moja las patas y se baña en una charca en un día de calor. Y es que el mundo de los pájaros está lleno de misterios, ¿serán felices?¿Qué piensan cuando comen unas migas de bizcocho? ¿Acaso la golondrina disfruta haciendo equilibrios en el cable de la luz? ¿Y las gaviotas cuando se elevan sobre el mar, no se marearán?¿Qué sentirá el buitre buscando carne muerta para la comida de sus crías? Y ¿cómo se siente el pájaro que extiende sus plumas para cortejar a su nueva pareja?

Y, sin embargo, parece ser que cada uno se ha intentado especializar en aquello que resulta hermoso, el jilguero canta, el canario juega con sus trinos, el loro da los buenos días a su dueño. Cada pájaro tiene su historia. Nace, crece, cuida a sus pequeños. Un día muere, dejando un lugar vacío en el mundo de los vivos. Quizás un niño lo entierre, una señora llore por su muerte, unos pajarillos, huérfanos, noten la falta de su padre. Sentimos envidia por su simplicidad, por sus cantos gozosos, por su saltar al vacío como quien juega con la vida, por su huir, veloces, cuando sienten el paso de un hombre curioso o pensativo.

En la mayoría de las ocasiones, nos complicamos la vida lo suficiente como para no darnos cuenta del milagro de un nacimiento, de la sonrisa de un amigo, de la caricia de alguien que nos quiere, de la palabra de aliento de cualquier conocido. Aunque también tenemos un corazón que es capaz de amores y de heroicidades…

De vez en cuando deberíamos hacernos sencillos, como las aves del cielo, para aceptar la vida, para cantar el gozo, para dar lo que recibimos, para mirar al cielo y pensar en ese Dios que viste los lirios del campo, inspira el canto de los jilgueros y nos mira, con una sonrisa de Padre bueno, detrás de las nubes, mientras unas gigantescas águilas vuelan, majestuosas, hacia otros mundos lejanos.

 

Diego R. Gallego Fernández-Pacheco

La pandemia que está marcando otra forma de vivir y de relacionarnos en este infausto 2020, y que ha hecho mella de forma muy especial en determinados sectores como la hostelería, precisa de reacciones más o menos imaginativas para adaptarse a esta nueva realidad – que no nueva normalidad.

Parece que hay bastante unanimidad entre las opiniones autorizadas de epidemiólogos y expertos, en que la probabilidad de contagiarse del virus de Covid-19 en ambientes interiores es muy elevada, mientras que al aire libre el riesgo disminuye exponencialmente. Ello implica reducción de aforos drásticos en locales cerrados, prohibición de consumir en barras, etc. Es cierto que se pueden mejorar las condiciones con buenos sistemas de climatización y ventilación, o usando filtros tipo HEPA que al parecer retienen de modo muy eficiente la mayor parte de las partículas nocivas, pero inevitablemente, el miedo y la prevención de una parte de la población van a reducir de modo notorio la clientela en el interior de bares, cafeterías y restaurantes.

Sin embargo, en primavera y verano las terrazas en patios o en plazas y calles han funcionado razonablemente bien, existiendo un bajo riesgo de contagio si se guardan las distancias establecidas y se toman las medidas de protección e higiénicas exigibles. La dificultad y el reto que presentan los meses de otoño e invierno que nos esperan, es dar respuestas para seguir haciendo viable la posibilidad de seguir disfrutando de las terrazas pese a la climatología más  desapacible.

En los países del Norte, donde la mayor parte del año registran bajas temperaturas, utilizan desde hace muchos años en exteriores las estufas que ya  empiezan a verse por aquí, complementadas con mantas para abrigarse, aparte que las personas suelen ir preparadas  con ropas adecuadas. Pero lo más general es el uso de terrazas acristaladas, que delimitan el espacio, protegen de la parte donde es necesario parar el viento y ventilan por el lado más favorable. Además, el nivel de diseño de muchas de ellas es compatible con zonas de gran interés histórico o paisajístico.

Sin duda, en esos esquemas habría que fijarse, e intentar ver cómo se pueden aplicar aquí. Sería interesante estudiar fórmulas, patrocinadas por el propio ayuntamiento, en que se determinara una terraza acristalada tipo, compatible con nuestro casco histórico, y que se cofinanciaran los costes de implantación con los hosteleros que decidieran participar en la idea. Esas terrazas, bien elegidas, ofrecen muy buena imagen, ambientan los con frecuencia desangelados espacios urbanos y permitirían a mucha gente reacia a pasar a los interiores de los locales, seguir manteniendo un nivel de relación y actividad social aceptable. Pero, además de dar vida a la ciudad, permitiría la supervivencia de algunos establecimientos de hostelería que en las actuales condiciones tienen un porvenir inmediato muy difícil.

 

 

 

                       Manuel Rodríguez Mazarro

 

El 23 de noviembre del año pasado se celebró una magnífica y cultural conferencia en la Biblioteca Municipal, sobre el 500 aniversario de nuestro templo parroquial de la Asunción. Intervino el matrimonio Concepción Moya y Carlos F.-Pacheco que poseen un amplio conocimiento histórico de nuestro edificio emblemático.

Deliberando sobre el lugar donde se encuentra ubicada la actual Iglesia Parroquial en la plaza del pueblo, se me ocurre pensar la cantidad de generaciones y acontecimientos importantes, buenos y malos que en ella han ocurrido. Plaza que fue haciéndose, incorporando los portales, quitando y poniendo según modas, quedando amplia, hermosa, limpia, desocupada, más o menos como se encuentra en la actualidad.

Se afirmó que en los presupuestos municipales de este año desagradable 2020 se incluirá una partida exclusivamente para restauración de la fachada, cornisas y pórtico del mediodía. La representación municipal ha llegado al acuerdo con el obispado, para realizar el pago de gastos conjuntamente.

Se está haciendo el estudio de este mecanismo tan complejo que requiere la obra por tratarse de monumento artístico, estilo plateresco, según los historiadores, trabajos realizados a finales del siglo XVI que refleja la “biblia en piedra” mezclando lo sacro y lo profano, el bien y el mal, así lo manejan los entendidos en el arte pétreo. Trabajos que los historiadores y documentación fue realizado por Enrique Egas “el Mozo”.

Es la obra de arte más destacada y valiosa que dispone Manzanares. Guardo una foto del año1809 en la que se observa un aspecto diferente, otra de 1879 (A. Cantalejo) libre entonces de la cerca y reja, solo existía la separación por  enterramientos,  especie de paredilla en piedra. Curiosamente aún se conservan estos bloques de granito salientes  sirviendo de aposento y de base de los hexágonos donde apoya la valla o reja que hace esquinazo.

Opinión, no solo personal, he consultado.  Aprovechando tales obras a realizar,  se podrían quitar estos cuarenta y cinco metros de cercado que afea, estorba y en la actualidad no tiene sentido, daría más anchuras y esbeltez a esta maravillosa fachada. Hubo un tiempo en que se celebraban ferias, becerradas con carros, mercado, incluso hubo un urinario público, todo esto desapareció.

Hoy no tiene objeto esta verja, el arte quedaría limpio, despejado igual que todo su entorno. Recordemos la parte de atrás que denominaban “Campillo Santo” (1887) donde se construyó el “Círculo Católico Obrero S. José”( 1910) actualmente no se concibe. –Las palomas seguirán posándose y los balonazos de los mal educados igual con reja que sin ella.

 

 

 

 

 

 

 

 

Javier López

Quinientos años se dice deprisa, pero ahí está viendo pasar el tiempo, como en la canción. ¡qué proporcionado! ¡qué artístico! ¡qué grande! ¡qué equilibrado! aparece en esta imagen el pórtico del Templo de la Asunción, que los Manzanareños hemos contemplado cientos de veces.

Pero cuando la examino, con otra mirada, con detenimiento, sigo viendo algo que desentona del conjunto arquitectónico, algo que es como un obstáculo que oculta lo que hay detrás, que no me deja contemplar su esplendor, su maravilloso pórtico. Es una verja que separa y divide, que me hace pensar, que lo de detrás no es de todos, que es propiedad privada, (es lo que se entiende cuando se encuentra una valla), al menos es lo que a mí me despierta la contemplación de la imagen, razón por la que desde aquí demando su retirada.

Mi padre ya lo reivindicaba en uno de sus “Rompiendo Lanzas”, en esta misma revista en el número 44, junio 1974.

 ¿Llegara al fin la ocasión

De que nuestro, plateresco,

Barroco o churrigueresco,

Pórtico de la Asunción

Pueda verse, si es razón

de esa reja liberado,

que lo mantiene encerrado

aún, sin justificación?

¿Hay quien me dé explicación

de su absurda permanencia?

¿Se necesita licencia

para su demolición? …. –

Probablemente en el pasado y durante unos años tendría su función de separación o límite de propiedad de los terrenos de la iglesia, pero hoy en día hay otros recursos y medios que hacen la misma función sin ocultar lo que hay detrás.

…-Si el espacio que ha cercado,

la verde reja en cuestión

tiene por obligación,

estar así limitado,

no dudo que haya razón,

pero abunda la opinión

de no estar justificado.

Cuento con la oposición

para mi muy respetada,

hacia la idea apuntada,

solo como insinuación,

si no la creen acertada. …-

En este año que estamos de celebración, que la Iglesia y el Consistorio parecen estar coordinados y trabajan en la misma sintonía para restaurar el templo, reivindico nuestro patrimonio sin reja; sería una gran ocasión para retirar la verja. El templo no necesita rejas, tiene que mostrarse desnudo limpio de obstáculos para mostrarnos su belleza, desde el suelo hasta lo más alto de la torre.

Y termino como lo hacía Paco López.

…Puede no haber solución,

más, contemplar la fachada,

bella, limpia, sin “borrón”,

es también una ilusión,

que debe ser respetada.

Con mi “lanza” pues, partida

yo tomo mi decisión.

Me retiro a mi rincón.

¡que todo llega en la vida!

 

 

 

 

                Por Enri García Chaparro

No somos conscientes del paso del tiempo ni valoramos a lo que habitualmente estamos acostumbrados a tener hasta que un día, y de un plumazo, nos lo arrebatan todo.

Este año 2020 es un año para olvidar. Pero, contradictoriamente, será el año del recuerdo, el que irá tatuado en nuestra piel, en nuestro corazón y en nuestra memoria hasta el final de nuestros días.

Somos inconformistas por naturaleza, motivo por el cual no solemos apreciar las pequeñas cosas que, tras perderlas, se nos manifiestan de manera desproporcionada con un valor añadido incalculable.

Manzanares es un pueblo con una gran actividad social. Hemos visto, con desolación, lo que una pandemia es capaz de generar a nivel económico, lúdico, intelectual, vecinal…

Cuando en diciembre del año pasado se comenzaba a escuchar lo de “ese virus que había en China” parecía inimaginable que fuera a llegar hasta aquí, hasta un pueblo de la Mancha con una población de dieciocho mil habitantes. Un pueblo, donde al menos, una vez al mes, disfrutamos de algún tipo de celebración.

Comenzó enero y nuestras calles estuvieron iluminadas con la ilusión de recibir a los Reyes Magos de Oriente. Los que después dieron paso a nuestros Santos Viejos hasta llegar a Carnaval. Y ahí quedó la cosa porque ya el fatídico 14 de marzo el gobierno de la nación nos daba una de las peores noticias que hubiéramos querido escuchar: España entraba en Estado de alarma. Un jarro de agua fría, una incertidumbre cortante, en una situación irreconocible.

Y pasó marzo, y abril, y no hubo Semana Santa, ni tampoco celebramos la romería de San Isidro, ni las comuniones, ni el Corpus, ni el día de la Comunidad. Fercam fue improvisado de manera virtual, y quedaron las catas y los tractores abandonados en el corazón.  Y cuando pudimos salir a la calle el dolor y la angustia se reflejaba en cada situación. Y con ello acabó agosto y la ansiada espera para disfrutar de nuestro querido Patrón quedó postergada también. Ni fiestas patronales ni Jornadas Medievales.  Y ahora llegan los Santos y hay más gente en el cementerio y llegará, por supuesto, diciembre, y una Navidad distinta donde apenas habrá nada que celebrar… y el giro se habrá completado.

Esto en lo referente a lo lúdico y social. Cuando aún tenemos las bibliotecas cerradas, el teatro vacío, las conferencias virtuales y nuestras aulas a la espera de nada malo ocurra.

¿Y la economía? Nuestro pueblo cuenta con un polígono industrial donde trabajan miles de personas. Fijas, eventuales, temporales…con un eje geográfico que nos sitúa en un punto estratégico de unión con el resto de comunidades. Empresas con muchos, muchos años de antigüedad y otras de nueva creación. Empresas que en tal solo unas horas tuvieron que actuar de manera crítica e inmediata para buscar soluciones al sustento de tantas y tantas familias. Empresas que, a día de hoy siguen intentando salir adelante por el bien de todos.

Pero también Manzanares cuenta con centenares de pequeños negocios, de autónomos que han visto cómo las puertas de sus negocios se han cerrado y muchas para no volverse a abrir.

Ante esta situación de calamidad, para la que no se estaba preparado, han surgido familias enteras al borde de la ruina. Familias cercanas, vecinas, cuya situación económica ha sido enormemente mermada. Los servicios sociales municipales, así como Cruz Roja o Cáritas han visto incrementada su lista de auxilio social.

No podemos quedarnos impasibles ante lo que está ocurriendo, ante lo que esta pandemia con nombre propio nos ha traído y, con certeza, se quedará con nosotros durante un largo periodo de tiempo.

No debemos olvidarnos de nadie. Ahora no valen las quejas ni la inconformidad. Ahora debemos de mantenernos unidos, fuertes, cuidarnos entre todos y conseguir salir adelante a pesar de las secuelas.

 

“Lo que estamos haciendo hoy es llamar a la Historia y convocarla para que dentro de muchos siglos el pueblo de Manzanares siga disfrutando de su iglesia de la Asunción”. Estas palabras de José Felipe Fernández fueron quizá las más sugerentes de cuantas se pronunciaron el 23 de octubre en el Ayuntamiento. En un momento en el que el cortoplacismo y la miopía política priman en la vida pública, convocar a la Historia, y apostar por el patrimonio de todos es un signo no sólo de madurez por parte de la alcaldía sino también de altura política del que debemos hacernos eco.

La pandemia de Covid 19 no ha permitido a Manzanares vivir uno de los acontecimientos culturales más importantes en los últimos tiempos: la celebración del 500 aniversario de la iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora. La efeméride hubiera merecido una conmemoración a la altura de su significado y a la altura del valor artístico del templo, verdadero corazón de la ciudad e insignia de todo su significado espiritual y de sus valores culturales, artísticos y turísticos.

Sin embargo, al menos, coincidiendo con esta señalada fecha, se ha firmado en el Ayuntamiento uno de los acuerdos más esperados y necesarios en años: el acuerdo para la financiación de la restauración del pórtico de la iglesia cuyo valor artístico es proporcional, lamentablemente a su estado de deterioro. Nos congratulamos y aplaudimos la iniciativa. Julián Nieva pasará a la historia de Manzanares como el alcalde que firmó este convenio y bajo cuyo mandato se realizó esta obra tan necesaria y tan demandada. El alcalde ha sabido comprender que el templo parroquial de la Asunción a todo el pueblo pertenece y a todos concierne. Es responsabilidad de todos porque a todos representa y no sólo pertenece a la Iglesia sino que es patrimonio común

No debemos olvidar que el pueblo que no cuida sus raíces e ignora su pasado se desvanece en el futuro como un azucarillo en el agua. Pasarán los años y aun los siglos llevándose por delante tantas cosas en nuestro viejo Manzanares pero con este acuerdo se ha dado un paso importante para que una parte esencial de su origen y esencia permanezca. Con la preservación del patrimonio eclesial no sólo se cuida un bien turístico o sentimental sino el centro alrededor del cual ha nacido y se ha desarrollado nuestra comunidad. La de todos. Además, con una visión más amplia, nos recuerda necesariamente el origen y la permanencia de nuestros valores culturales y de todo el mundo occidental.