“Lo que estamos haciendo hoy es llamar a la Historia y convocarla para que dentro de muchos siglos el pueblo de Manzanares siga disfrutando de su iglesia de la Asunción”. Estas palabras de José Felipe Fernández fueron quizá las más sugerentes de cuantas se pronunciaron el 23 de octubre en el Ayuntamiento. En un momento en el que el cortoplacismo y la miopía política priman en la vida pública, convocar a la Historia, y apostar por el patrimonio de todos es un signo no sólo de madurez por parte de la alcaldía sino también de altura política del que debemos hacernos eco.

La pandemia de Covid 19 no ha permitido a Manzanares vivir uno de los acontecimientos culturales más importantes en los últimos tiempos: la celebración del 500 aniversario de la iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora. La efeméride hubiera merecido una conmemoración a la altura de su significado y a la altura del valor artístico del templo, verdadero corazón de la ciudad e insignia de todo su significado espiritual y de sus valores culturales, artísticos y turísticos.

Sin embargo, al menos, coincidiendo con esta señalada fecha, se ha firmado en el Ayuntamiento uno de los acuerdos más esperados y necesarios en años: el acuerdo para la financiación de la restauración del pórtico de la iglesia cuyo valor artístico es proporcional, lamentablemente a su estado de deterioro. Nos congratulamos y aplaudimos la iniciativa. Julián Nieva pasará a la historia de Manzanares como el alcalde que firmó este convenio y bajo cuyo mandato se realizó esta obra tan necesaria y tan demandada. El alcalde ha sabido comprender que el templo parroquial de la Asunción a todo el pueblo pertenece y a todos concierne. Es responsabilidad de todos porque a todos representa y no sólo pertenece a la Iglesia sino que es patrimonio común

No debemos olvidar que el pueblo que no cuida sus raíces e ignora su pasado se desvanece en el futuro como un azucarillo en el agua. Pasarán los años y aun los siglos llevándose por delante tantas cosas en nuestro viejo Manzanares pero con este acuerdo se ha dado un paso importante para que una parte esencial de su origen y esencia permanezca. Con la preservación del patrimonio eclesial no sólo se cuida un bien turístico o sentimental sino el centro alrededor del cual ha nacido y se ha desarrollado nuestra comunidad. La de todos. Además, con una visión más amplia, nos recuerda necesariamente el origen y la permanencia de nuestros valores culturales y de todo el mundo occidental.

                                               Manuel Rodríguez Mazarro

Las siglas políticas fueron infundiendo la vida falsa del color cuando en cada casa tienen su blanco y negro

Tuve la suerte de ver parte de la vida a través de objetivos de cámaras fotográficas en blanco y negro, así la vimos los que vamos cumpliendo años. Algo de posguerra, dictadura, monarquía de emérito, constitución, gobiernos democráticos, Felipe VI, covic-19.  Todo esto nos fue marcando.

En alcaldes manzanareños también hubo vida en blanco y negro, D. José Calero, D. Pedro G. Román, D. Agustín Serrano, D. Pedro Capilla, D. Carmelo Melgar, D. Teodoro Rincón, D. Miguel A. Pozas, D. Antonio L. Manzanara y D. Julián Nieva. Afirmo que a algunos de ellos les costó “cuartos” la política.

Hasta aquí he podido conocer y he llegado con mis cámaras al hombro y el magnetofón de casete, entrevistas y reportajes para varios medios,  en blanco y negro, últimamente color digital. En ocasiones hice de paparazi e incógnitas que no se pueden sacar a la luz.

Reportajes con cámara de carrete, fue al final del siglo XX cuando empezaron a enseñarnos el color, vida y sabor de nuestro pueblo. Manzanares iniciaba a salir del letargo y atolladero, los negocios crecían, trabajo no faltaba para el que quería trabajar.

El auge económico manzanareño iba pasando de ser en blanco y negro a color, años del desarrollo en Manzanares, los momentos especiales se reflejaron en papel fotográfico, recuerdos que llegué a vivir y aún existen en álbumes, rara es la casa que no conserve sus primeras vacaciones, bodas, bautizos, inauguraciones, su coche, incluso la mili, sujetas al negativo de cámaras Werlisa, Nicon, Konika, Canon, Kodak,…

Un progreso del que hemos  disfrutado con instantáneas de vida en blanco y negro quedaron en recuerdo. Llegó el auge tecnológico, la fotografía pasó a ser color digital. Liberados del corsé económico, aquello se nos fue de las manos, iniciaron las prisas, el paro, crecieron los problemas, mandatarios pagados, información a convenir, cambiaron las maneras y educación pedagógica.

Las fotografías realizadas con móviles han pasado a ser multitud pasajera y sin intimidad propia. Las generaciones que han crecido actualmente no conocieron el blanco y negro ni les importa, pasan de ello y “poquitas fatigas”, las siglas políticas  fueron infundiendo la vida falsa del color cuando en cada casa tienen su blanco y negro, los momentos, la historia, el cariño, el motivo, los hijos y el trabajo. A la juventud la envidio por sus años y en ellos está el futuro de positivar la imagen.

No creo que vuelva el blanco y negro, aunque tal como veo el futuro político en general de conveniencias,…me desordena bastante el objetivo de la mentalidad. Sinceramente, pienso que mi generación fue más sana, fue despacio y avanzó deprisa. –De dictadura en blanco y negro pasamos directamente al libertinaje a siglas en color y mascarilla.

 

 

Por Pedro Lozano Martín Buro

El pasado 11 de septiembre un amigo me remitía con fruición un artículo de Carlos Zanón publicado en La Vanguardia bajo el título “Mi antigua vida”. El autor demandaba de forma desesperada recuperar su antigua vida. Relataba, no sin cierto halo de pesimismo, que llevaba varios meses esperándola y que no aparecía por ninguna parte. Se había puesto fechas límite para hacer más fácil la espera, su cumpleaños, el mes de mayo, el de agosto, pero pasaban las fechas y nada volvía a ser como antes. Nos narraba con gracia como a su antigua vida le gustaba viajar, hacer turismo, ir al cine e incluso hasta en alguna ocasión, no sé si con remordimiento, consideraba que la había desperdiciado. Deseaba que volviera la antigua vida y no sabía si ya la había perdido para siempre. Le contesté a mi amigo que el autor no había tenido en cuenta en su artículo a la incertidumbre que nos asola de forma pavorosa y que por culpa de ella no se veía el futuro con optimismo. Lo estamos palpando estos días en Manzanares, sin darnos cuenta habitamos con ella. Lo hacemos, aunque con cierta resignación, sin acostumbrarnos del todo, empezamos a modelar una nueva vida sin planes a largo plazo. Es una lata. Cierto.

Hay que aceptar que la incertidumbre ha venido para quedarse. Hay que reinventar una nueva forma de vivir, de planificar, de disfrutar, de gobernar, de ir al cine, al teatro, a los conciertos y no sumergirnos en el lamento recordando en el fondo de nuestros frágiles pensamientos como era antes y quedarnos lánguidamente de brazos cruzados.

Un futuro distinto, en parte, depende de nosotros, de ti y de mi, dándole forma, con incertidumbre, sí, pero con ilusión por hacer algo grande, salpimentando la vida con avidez, escrutándola, con mascarilla, sí, respetando las normas, el aforo biológico, las distancias de seguridad, con más espontaneidad, inmediatez y capacidad de sorpresa, también, pero con colegios, con deporte, con misas, cine, cultura y por qué no, con teatros. “Los hombres experimentados dicen que hay cuatro cosas que no vuelven: lo dicho, la flecha disparada, el pasado y las oportunidades perdidas”. No es de mi cosecha, no, se lo contaba a Andrés el autor americano Ted Chiang en su novela corta El Comerciante y la puerta del alquimista dándole una pista sobre cómo mirar el pasado y el futuro. Depende de nosotros salir a buscarlo. No podemos cerrar y bajar el telón sin encontrar soluciones por culpa de una pandemia que habita la incertidumbre.

 

 

 

Diego R. Gallego Fernández-Pacheco

 Los datos de un informe de la UE, en relación con los Fondos puestos a disposición de los países socios para diferentes proyectos en el periodo 2014-2020, son especialmente escandalosos por el modo en que se han desaprovechado en España, que ha sido el país que peor ha gestionado esos fondos.  Solo se ha utilizado el 34 % de la cantidad asignada a nuestro país. No se incluyen en estos datos las ayudas al sector agrícola (PAC), que se gestionan de un modo diferente.

La burocracia, la pésima gestión y la incapacidad de cofinanciación, ha provocado que no se utilicen muchos millones de euros que se podían haber destinado a proyectos de desarrollo regional, de innovación tecnológica, a la lucha contra la despoblación, contra el paro juvenil, a la conservación del patrimonio y a paliar las consecuencias del cambio climático.

Quienes han tenido responsabilidades de gobierno en esos seis años, a nivel estatal, autonómico, provincial o municipal y no han trabajado por presentar proyectos factibles de ser financiados por los programas al efecto de la UE, no han aprovechado las oportunidades que se les ofrecían.

Cualquier buen gobernante debe trabajar para conseguir captar inversiones con efectos positivos para el territorio de su responsabilidad.  En un primer nivel, para intentar acceder con programas subvencionables a fondos europeos, y también procurando conseguir el mayor número de ayudas y subvenciones en el ámbito nacional, autonómico o provincial a las que pueda tener derecho.

Las empresas, sociedades y particulares, también deben estar pendientes de las ayudas destinadas a diferentes actividades. Pero es tal la carga burocrática, los plazos no siempre suficientes, y la complejidad del sistema, que hacen muy difícil a la mayoría no solo intentar solicitar esas ayudas, sino simplemente conocer su existencia. Sería muy razonable que desde las administraciones se pusieran y facilitaran los medios necesarios para ayudar a cumplimentar correctamente los formularios y solicitudes, que suelen ser trámites complejos para el común de las personas o incluso de las sociedades. Además, en momentos en que se está reduciendo notablemente la relación presencial, todo se hace mucho más difícil.

Sin duda, en este contexto, después de tratar de obtener para el propio municipio la mayor cantidad de fondos posible, uno de los mejores servicios que puede un ayuntamiento ofrecer a sus ciudadanos, es la divulgación y la ayuda en la cumplimentación de la que es necesario presentar para acceder a las subvenciones en asuntos relativos a rehabilitación, mejora de las condiciones de eficiencia energética en edificios, mejoras en accesibilidad, etc. Si se materializan, son dineros que llegan al beneficiario y contribuyen a crear riqueza y actividad en la localidad en momentos de crisis y atonía económica.

 

 

 

Por Miriam Díaz Benito Palomo

 

El descontento de las bandas de Manzanares ante el abandono de su situación se ha visto incrementado con la decisión tomada por el Ayuntamiento, que ha demostrado tener unas prioridades algo dudosas en lo que al campo de la cultura se refiere.

Es indudable que la cultura es uno de los campos que más ha luchado por adaptarse a la pandemia que se ha instalado en nuestras vidas. Ante el cierre de teatros, cines y conciertos, todos los artistas y compañías han encontrado su hueco en las redes, no sólo para seguir ofreciendo su contenido a un público siempre entregado, sino para poder seguir viviendo de su trabajo.

Sin embargo, la cultura ha sido la gran olvidada para los políticos de este país, que estudiaron primero como sacar a flote otros sectores como el del turismo o el de la vida nocturna. Este orden de prioridades se instaló también en Manzanares. Ante el pequeño respiro que dio el COVID durante la época estival, el pueblo comenzó a organizar su vida de ocio. Sin embargo, no fue este quien decidió qué se podría celebrar y qué no.

El telón de la XLVI Festival Internacional de Teatro Contemporáneo ‘Lazarillo’ se mantuvo cerrado mientras que las puertas de la plaza de toros local se abrieron de par en par. Así, el esfuerzo de organizar un festival de tal magnitud se echó por tierra en el último momento, al igual que el placer de disfrutarlo, abogando por lo que se conoce como el ‘arte nacional’.

¿La razón? El peligro de contagio ante la aglomeración de gente. Pero, ¿en aquella plaza se respetó acaso la distancia de seguridad entre los asistentes? Para sorpresa de muchos, lo que se pudo ver fue que las gradas en las que incidía el sol estaban vacías mientras que el público se aglutinó en la sombra. Entonces, ¿qué llevo al Ayuntamiento local a permitir esta corrida pero no un festival de teatro?

Como tantas veces, los intereses económicos y personales prevalecieron, creando así categorías dentro de la propia cultura. El toreo, cuestionablemente considerado como arte, ha prevalecido por encima de las risas, las lágrimas y las emociones que despierta la cultura de verdad en aquellos a los que les gusta. Los jóvenes y artistas locales se proclamaron contra el gobierno local, ¿dónde queda su espacio? Este verano no se han programado ni conciertos ni ningún otro tipo de acto, e incluso se han cancelado, pero sí se habilitó una jornada de festejos taurinos.

Salvemos entre todos la cultura, porque sin cultura estamos destinados al fracaso como personas y como pueblo. Esta es la frase con la que cierra el comunicado que las bandas de Manzanares firmaron y enviaron al Ayuntamiento. El descontento de estas ante el abandono de su situación en la nueva normalidad solo se ha visto incrementado con la decisión tomada por el ayuntamiento, que ha demostrado tener unas prioridades algo dudosas en lo que al campo de la cultura se refiere.

Sin embargo, el mayor error que se ha cometido en Manzanares es, en mi opinión, considerar una vez más las corridas de toro como ‘arte’ o ‘cultura’. Poner al mismo nivel a un torero que a un pintor, músico o actor es comparar profesiones diametralmente contrapuestos. Mientras que unos crean para el disfrute de los demás, otros maltratan y asesinan. Por ello, si unos crean y otros destruyen ¿ambos son cultura? En mi opinión, no.

 

 

Por Juan Ramón Morales Sánchez Migallón

 

Ha habido héroes y villanos (de ahí los aplausos y el ruido de cacerolas)

 

Yo sigo erre que erre con la situación que estamos viviendo: la ya lejana, que no ha dejado en ningún momento de ser un estado de guerra en la que no había bombas pero sí muertos, en la que, también como en la guerra, hemos tenido un frente, en el que no ha habido disparos, pero sí heridos y fallecidos, una situación en la que ha habido héroes y villanos (de ahí los aplausos y el ruido de cacerolas). La recientemente pasada, que empezó llamándose desescalada (una palabra inexistente y vacía de contenido a la que, al cabo de unas semanas, la RAE dio validez “en el sentido de que su uso se explica como derivación negativa de ‘escalada‘, entendidas ambas en alusión a un proceso escalonado o gradual en un sentido y en el opuesto”), nos han intentado convencer, por activa y por pasiva de nuestra salida más fuertes, cuando no era verdad; que ‘juntos’ saldríamos de ésta, cuando, por razones lógicas, nos hablan de distanciamiento social; y la actual, que ya tiene gracia, parece que la nueva normalidad va a consistir en que nuestros niños estén en los colegios ‘metidos en una burbuja social’, el aforo en los locales, que nos han llevado, de nuevo, a las colas en los establecimientos, que nos tengan permanentemente vigilados, ya que la poca capacidad de algunos así lo va a requerir, pues los rebrotes son constantes y por muy controlados que nos digan que están, el número de fallecidos y de nuevos contagiados siguen aumentando, acercándonos de nuevo a un nuevo confinamiento.  Hemos vuelto por nuestros fueros, sin aprender absolutamente nada de la experiencia sufrida y ya estamos viendo Comunidades que caminan hacia atrás.

Existe, para mí, otra forma de salir de ésta que nada tiene que ver con lo anterior, que no dejan de ser un slogan publicitario, y no es otra que la solidaridad. Pero… ¿Qué es la solidaridad? ¿Qué significa ser solidarios? Para mí ser solidarios no es, simplemente, dar una moneda a quien la pide, ofrecer un pedazo de pan a quien tiene hambre, o un vestido a quien está desnudo. La solidaridad no se puede confundir con la limosna. Es mucho más que ella. Ser solidarios es: ayudar, apoyar, acompañar, compartir, respaldar y proteger. Ser solidarios es:  dar, pero dar con amor, no sólo los bienes materiales sino también los espirituales, sonriendo, mirando a la cara, como quien da a un hermano; haciendo que aquel que recibe sienta que es querido; buscando que la necesidad quede satisfecha, al menos en buena parte. Ser solidarios es: mostrar al otro que nos interesa, que queremos su bienestar, que lo sentimos igual, que nada de lo que le sucede nos es extraño o indiferente. Ser solidarios es: servir de corazón, amar con el corazón. La solidaridad es una virtud humana, urgente en la vida social, porque apoya la convivencia y hace posible el compartir. La solidaridad es hermana de la justicia y de la compasión, que Jesús vino a enseñarnos, haciéndose solidario con nosotros, con la humanidad entera y con cada uno, primero con su venida y luego con su sacrificio salvador. Hay muchas maneras de ejercer la solidaridad. Cada uno puede buscar la que más se adecúe a sus circunstancias y posibilidades. Lo importante es ser solidarios con alguien de manera permanente.

 

Por Manuel Crescencio Moreno Gómez

El filósofo Blaise Pascal comentaba en el siglo XVII: “La infelicidad del hombre se basa sólo en una cosa: que es incapaz de quedarse quieto en su habitación”.

La pandemia de la COVID-19 nos ha obligado a estar quietos en nuestras casas. Si no hemos sabido o podido convivir con ello es fácil que, como dice Pascal, nos hayamos sentido infelices. Una infelicidad que, siguiendo algunas de las noticias más alarmistas, parece haberse manifestado bajo formas de ansiedad y depresión.

Es cierto que hemos podido encontrarnos más estresados, quizá más agobiados, a veces, incluso frustrados. Pero, ¿son éstos síntomas de empeoramiento de nuestra salud mental? ¿No son quizá experiencias normales de la vida que nos son desagradables pero que debemos aceptar y aprender a convivir con ellas? ¿No será que lo que nos ha pasado de verdad es que nos hemos aburrido mucho?

El aburrimiento no es una depresión, no es una enfermedad grave. El aburrimiento es un estado emocional normal, aunque no muy agradable.

Resulta tan poco de nuestro agrado que, para huir de él, muchas veces creamos nuevos problemas o nos hacemos más infelices. No estoy diciendo que el aburrimiento nos haga infelices, lo que digo es que la reacción de huida ante el aburrimiento puede causarnos nuevos males e incluso la infelicidad. ¿Qué hay detrás de las fiestas y salidas temerarias de este verano que han ayudado a propagar el virus? ¿No es acaso una huida del aburrimiento del hogar lo que las ha provocado? ¿Qué hay detrás de muchos actos que ponen en riesgo la vida como los excesos de velocidad, los saltos entre balcones, etc.? ¿Es acaso vivir un continuo huir del aburrimiento?

Viendo el daño tan nocivo que causa el virus del aburrimiento, que ha podido ayudar incluso a propagar otros virus, nos deberíamos preguntar si existe una vacuna que nos inmunice ante él. De existir una solución, como pasa para todas las experiencias profundamente humanas, quizá la encontremos no en un laboratorio, sino en una biblioteca. Seguramente no esté en el futuro, sino en el pasado. En Pascal ya hemos encontrado un consejo: “aprende a estar quieto en tu casa”, o mejor, “disfruta de tu hogar”. Para algunos eso puede ser sinónimo de no disfrutar de la vida. Quizá, quedándote quieto en tu casa no disfrutes de la vida (entiendo por la vida las rutinas de la vida tal y como nos las han presentado sociológicamente: hay que salir de fiesta, de viaje, etc. para ser feliz) pero, es muy posible, que aprendas a disfrutar de tu vida (entiendo por tu vida la capacidad de conocerse a uno mismo, descubrir tus aspiraciones más auténticas y aprender a realizarlas). Quizá, después de todo, para disfrutar de mi vida, el aburrimiento no sea una maldición sino todo lo contrario. El aburrimiento es posiblemente vacuna de sí mismo. En realidad, no es un virus, ni un problema. Es un surtidor de tiempo para mí. El tiempo que me genera de sobra lo puedo emplear para pararme, analizar cómo estoy invirtiendo mi tiempo y descubrir si es significativo el uso que hago de ese tiempo para mi vida.

¡Bendito aburrimiento, pues, si en lugar de desesperarme sirve para perfeccionarme! Y, así, aburriéndonos, nos volvamos a encontrar a nosotros mismos. No sea que nuestras vidas nómadas y estresadas absorban cada instante de nuestro tiempo y, con él, se lleven nuestra auténtica identidad.

“Y los hombres van a admirar las cimas de los montes y las olas del mar y las corrientes de los ríos, y se olvidan de sí mismos” (San Agustín de Hipona).

 

En el momento de escribir este editorial Manzanares acaba de entrar en el dudoso club de poblaciones con medidas especial de restricción por la proliferación de infectados por COVID. A ningún vecino con dos dedos de frente le ha podido pillar por sorpresa esta situación que se vislumbraba en el horizonte desde mediados de agosto cuando el aumento de casos día a día empezó a ser patente. Ahora toca cruzar los dedos, apretar los dientes, cerrar los puños o el gesto que cada uno prefiera hacer en su anatomía, pero, desde luego, estar preparados para un otoño azul oscuro casi negro.

Las colas en el centro de salud para hacerse la PCR, los alumnos que comienzan a faltar a sus clases y el progresivo vaciado de las calles hacen que pensemos, Dios no lo quiera, que vamos derechos a la situación de marzo o abril. La pregunta es ahora si el pequeño comercio que, ése sí, lleva ya bastante tiempo en la UCI, y los otros sectores económicos de nuestra ciudad aguantarán un invierno que se vislumbra desolador.

La retracción del consumo, la degradación de nuestras calles, y el desánimo general, el miedo y la incertidumbre pueden dar la puntilla a este Manzanares nuestro tan querido, pero tan herido.

La unidad a la que se nos llama desde el púlpito de la política ya tenemos claro los que vivimos aquí que solo funcionará si somos nosotros, los manzanareños de a pie, los que la practicamos: unión con nuestros comerciantes, nuestros vecinos de puerta, nuestros mayores, nuestros colegios, nuestros conocidos. Unión, solidaridad y acompañamiento (la responsabilidad va de suyo). Esa es la única unidad posible y necesaria. Lo demás, ya sabemos lo que es. Y nadie va a venir a sacarnos las castañas de fuego.

Sin embargo, ha de prevalecer la esperanza que, como pueblo, depositamos en nosotros mismos como individuos y como sociedad y la confianza de que de otras mas gordas hemos salido y afrontar lo que venga con energía y fortaleza.

 

 

 

                            Por Manuel Rodríguez Mazarro

En el pleno ordinario de septiembre 2018, ocasionó debate las incongruencias de juntas y pegas que, por los alrededores, lugar denominado trasero Plaza del Gran Teatro y Juzgados se solían ver amantes de tertulia con “Don Simón” o “Gran Duque” y algún que otro tetrabrik con “abrefácil”. Presencié uno de estos descorches, sorpresa.

El abrefácil, según la frase indicativa con flecha incorporada es fácil de abrir, resultó no ser de tal efecto, cada oponente echaba mano al tetrabrik con carátula de caserío de viñedos, y el pequeño orificio no había manera de producir el desprecinto. Cada cual pronunciaba su frase, alguna de ellas fue: –“Este invento lo hicieron los científicos para alterar nuestras vidas”. Un señor con barbas de semana larga, comentó: “Con estos problemas de mascarilla han venido a ruinar las viejas normas de beber a morro”.

En el aposento “banco”, escuchaba la voz del parlamento plaza Gran Teatro, el más sensato agarró el envase de cartón y dijo: –“Cada vez nos lo están poniendo más difícil a los amantes a la naturaleza y a las plantas, sino destapo este aparato, habrá que emplear el compresor”. Un rato siguieron dándole vueltas al tetrabrik, sin ver el truquillo.

Llegó el “mellica”, trefe de garrón, garrota con borlas de cortina, conocido en la tertulia por el “prudente”. ¿Qué pasa? –¡nada, que no le damos en el “chís” a este asunto del “abrefácil” de las narices!– “cada vez más pegas por todo, van a hacer que no bebamos”.

El tal “prudente” agarro a Don Simón, le entró un bolígrafo en tal orificio y salió la anilla hacer puñetas. Toda la audiencia aplaudió aquél final feliz, compartiendo el interior del recipiente. Al fin el invento se dio por vencido gracias a la sabiduría del mellica “prudente”.

El resumen de aquella odisea viene a cuento en los actuales momentos que atravesamos del virus y pandemia “covic-19”, fugas eméritas, protagonistas que su mayor problema era poner en práctica el “abrefácil”. Añoranza de aquel pleno, en que se discutió para tomar medidas contra el consumo de “Don Simón” o “Gran Duque” en la Plaza del Gran Teatro y el deterioro que originaban higiénicamente y también hay que incluir los partidos de fútbol de joven edad que se organizan impidiendo el paso del transeúnte y algún balonazo imprevisto.

Colectivo que allí se reunía “marca España”, ambiente de esta plaza que actualmente se ha quedado viuda, se disfruta sin incomodidades y desgraciadamente ha tenido que venir la “corona-19” para dar solución sin crispaciones. No hay mal que por bien no venga.

 

 

Por Javier Sánchez-Migallón Royo

 

El sector del vino, desde el agricultor con sus viñedos, hasta la comercialización de la botella en un bar o restaurante ha sido muy perjudicado por el confinamiento. Empezando quizá por mayor importancia los bares y restaurantes de Manzanares, con comercialización CERO, es decir ni una botella de vino vendida desde que comenzó, hasta que poco a poco, se han podido ir abriendo, son los más perjudicados.

Seguimos con nuestras bodegas que han visto reducir sus ventas, en España y en el mundo, como más tarde comentaré, entre un 45 y un 65%, exceptuando la venta en el canal alimentación, que, si se ha visto incrementada, pero que no cubre las perdidas por el otro lado. Y las exportaciones a otros países que también se han reducido enormemente

Terminamos en el agricultor, que quizá hasta el momento ha sido el menos perjudicado, pero que lo será, seguro, de cara a esta próxima vendimia y a liquidación del precio de la uva en esta campaña en la que estamos al que sea cooperativista y en la ya casi inminente próxima campaña y vendimia.

Dicho esto, que es muy importante, creo y deseo que el sector del vino siempre ha sabido reinventarse y ha salido de innumerables crisis, la mayoría de las veces airoso.

Durante este tiempo de pandemia he tenido la suerte de participar en debates y catas via internet, cosa que nunca había hecho y la experiencia ha sido fenomenal, por eso se la quiero contar.

Empezamos con una conferencia debate con la Organización Internacional del Vino, con sede en París y en la que, con traductores, tuvimos un debate interesantísimo, gente que nos dedicamos al vino, de la práctica totalidad de países del mundo, EE. UU, Francia, Alemania, China, Argentina, Alemania, Italia, Nueva Zelanda, etc. Yo tuve el honor de representar, entre otros, a España como medio informativo. Por desgracia los datos fueron abrumadores, esperaban una caída de ventas a nivel mundial de un 45% y una honda preocupación.

A los pocos días tuve otra presentación por parte de la FEDERACION ESPAÑOLA DEL VINO, que reúne a la mayoría de los embotelladores y bodegas de España y que está presidida por Miguel Torres, de Bodegas Torres del Penedés. también se tuvo un importante debate y también por desgracia las conclusiones no fueron muy optimistas, con bares y restaurantes cerrados y el turismo relegado a la nada, el vino lo acusa enormemente.

Pero no todo es negativo y las bodegas españolas han comenzado a moverse, como dije, a reinventarse, frente a posiciones pesimistas que no vienen al caso, pero que hacen mucho daño al sector, pretendiendo enfrentamientos. Las bodegas comenzaron a promocionar sus vinos de varias maneras, con un decidido apoyo al sector hostelero, con regalos de las primeras botellas de vino para promocionar el consumo tan pronto abran los bares. “la primera copa la pagamos nosotros” es el lema de algunas bodegas en una excelente idea promocional.

Otra idea son catas telemáticas. También tuve la suerte de participar en una cata internacional de un vino de Rioja, en la que estábamos catando gente de América, Inglaterra, Francia, etc. Grandes Gurús del vino, como Tim Atkin, Máster of Wine británico y al que siguen sus consejos millones de personas en el mundo entero, participó también y tuve el placer de catar vinos junto a él y otros aproximadamente 30 catadores del mundo entero. Una experiencia nueva e inolvidable.

Muchas bodegas ofrecen sus vinos por internet acompañados de derecho a una cata telemática y está teniendo un enorme éxito. Se compra el pack de vino, te lo envían a tu casa y vía internet te dan una cata en la que puedes participar.

Con todo esto quiero decir, ciñéndonos al sector del vino, tan importante para Manzanares, que quizá nos toque pasar un tiempo malo, pero que hay que tener confianza en que saldremos adelante, al igual que en otros muchos sectores, quizá sea difícil, pero lo conseguiremos.

Recuerda cuando se salga de esto, apoyar nuestros vinos y nuestro comercio para ayudar a salir y que lo antes posible podamos brindar con un buen vino. Siempre mejor con vino.