Uno de los factores que hace a los pueblos más habitables y humanos es el cuidado y la integración de su patrimonio. No sólo como algo que se atesora y exhibe con la mentalidad del que guarda un bien preciado en una urna de cristal sino como algo que se disfruta y se vive, integrado en la comunidad. El patrimonio histórico y artístico nos une al pasado y a las vidas y venturas de los que fueron y ya no están. En los espacios que vieron los ojos de los muertos o que aquellos habitaron sentimos la presencia de sus vidas y asumimos con responsabilidad la historia de los pueblos. Por eso es tan importante y no por un mero lucimiento fetichista de un lujo estético.

Manzanares tiene en la Fábrica de Harinas una responsabilidad al tiempo que una oportunidad. Afortunadamente ahora es propiedad del pueblo y no se podrá escurrir el bulto como ocurriera con el llorado Casino. No nos podemos permitir el lujo de que ocurra lo mismo. Junto con el primer Gran Teatro y el Casino, la Fabrica culmina un eje que confería a nuestra localidad un señorío y singularidad irrepetibles y es la conexión con lo que Manzanares fue y puede seguir siendo. Lamentablemente, de los dos primeros edificios sólo queda una sombra, un espectro. El alcalde que tenga el coraje, la habilidad y la imaginación de dar una nueva vida al tercero merecerá un puesto de honor entre los regidores de nuestra historia.

En el presente número de la revista Siembra se reflexiona ampliamente sobre las posibilidades del magnífico edificio de la Fábrica de Harinas. Es probable que la inversión que el edificio necesite para, de nuevo, sentir el bullicio de la vida en su interior sea cuantiosa. Por eso se hace necesaria la financiación público privada y la intervención de otras administraciones sin que se nos hurte a los manzanareños poder sobre su destino. Y, en principio y en definitiva, sólo la voluntad política podrá salvar del un naufragio el imponente navío varado, triste pero digno, a orillas del Azuer.

Cayetano Inarejos

En un día determinado del mes de febrero de 2020, oímos noticias a través de la radio y televisión de un virus nuevo que se había detectado en China en Wuhan capital de la provincia de Hubei.

La distancia de Wuhan a Manzanares en línea recta es de unos 10.035 Km., pero si utilizamos necesariamente la línea de conducción que necesariamente tiene que hacer la curvatura de la tierra, serian 12.687 Km., hasta Madrid y a Manzanares unos 12.862 Km., que los expertos calculan se tardaría unas 147 horas en vehículo terrestre y unas 10 horas por vía aérea.

Pero esto no es al asunto en sí, la cuestión es que, si las autoridades chinas y en nuestra parte mas occidental nos empezamos a enterar en febrero, los chinos ya lo sabían en diciembre.

Mientras las autoridades comienzan a dar la importancia, que nosotros no sabemos la difusión y la velocidad del corona-virus, se empieza a reaccionar el día 9 de marzo y el día. Pero no es hasta el día 14 de marzo, cuando se saca el real decreto.

Pero ya el día de la víspera empieza el nerviosismo consumista y en el amanecer del día 14, las colas en los supermercados de esta localidad, son inimaginarios, personas pegados unos a otros sin guardar la distancia recomendada y su inmensa mayoría sin mascarillas, ni guantes (puedo entender que no se pusieran mascarillas ante la falta, pero guantes de látex que se utilizan para fregar el menaje, y otras funciones del hogar).

Me llegan wasaps con fotos y es increíble, y uno de mis amigos me pone “las colas del razonamiento”.

Y acto seguido me llega lo que me contaba mi bendita madre, sobre el racionamiento y las largas colas y cuando llegabas y tenías cartilla de racionamiento, tenías derecho a un mollete de pan por persona para no se sabía cuando habría otra vez pan, arroz y alguna otra legumbre eso lo que tocase y poco, no poquísimo.

Luego podrían llegar las gachas que se hacían con una harina de algarrobas, o depende de la época, recogían collejas (verdura vegetal que crecía por distintas partes de nuestros inexplotados campos de manera silvestre), pero solo hervidas o cocidas, ya que el freír con aceite era algo impensable y si quedaba un cuscurro del mollete, antes mencionado.

El pan, base de la dieta, era el bien mas preciado y por consecuencia más escaso.

Otra circunstancia que me contaban, fue que al escasear el pan en Manzanares, en Valdepeñas lo había en relativa abundancia y sin pegas ni colas de espera. Pues mi padre toma la decisión ante las diversas bocas que había en la familia que alimentar, de cogerse una mula y equipado con dos talegos, aquellos que se utilizaban para llevar el rollizo pan de cruz y que cabían siete por talego y campo a través, para evitar controles por los caminos centrales y carretera.

Lo consigue y llega al atardecer a su casa y ante el alborozo de los hermanos pequeños y su madre, el padrastro observa que a uno de los panes le falta un trozo, ese que se corta al empezar el pan redondo como una barquita rellena de miga. Pregunta que le ha pasado a ese pan y le responde que era lo único que había tomado en todo el día lo había compartido con la mula. Respuesta: Aquí o comemos todos o no come nadie.

A la tarde del día 14 de marzo las estanterías de los supermercados de Manzanares estaban vacíos, como arrasados, al preguntar que se había llevado la gente en general. Respuesta: “PAPEL HIGIÉNICO”- ¿Cómo inquiero, incrédulo? Si, en cantidades muy altas.

Alucinando me alejo y me voy a otro de la periferia y con idéntico resultado:

Me pregunto:

¿Es el papel higiénico el pan de nuestro tiempo?

 

Enclaustrado pero todavía libre lo escribo el día 25 de marzo del 2020.

 

 

 

 

                                               Manuel Rodríguez Mazarro

Tan rápido se cambian las formas y maneras de vivir como la evolución de nuestra mentalidad. Se pasó el aroma navideño. Los ocho meses, 254 días en funciones sin funcionar los políticos de altura y cobrando. Ya nos encontramos en el año 20-20, nueva década, bisiesto para más “inri”. En muchas cosas fuimos a mejor, sobre todo en tecnología, igual que en otras, como en comportamiento, civismo y educación, andamos como los cangrejos.   

Se me rompió el ordenador y recurrí a mi artilugio “Hispano-Olivetti”, máquina de escribir que compré a Teódulo González, tienda en la calle Toledo. La conservo  posiblemente momificada como el Caudillo. –¡Sorpresa!, aún recordaba sus formas y manejo. De momento me sacó del atolladero y crucé los dedos para un futuro próximo.  

Viene a cuento por recuerdos y cambios que los mayores estamos atravesando y con la rapidez que se realiza la transformación de políticos actuales a la “sopa boba” comparados con aquellos que no tenían ni sueldo. Estas cosas de la coalición es el arte de llevar el zapato izquierdo en el pie derecho sin que salgan juanetes.

Aunque vivamos en Manzanares no deja de ser un pueblo de Castilla-La Mancha, con sus muchos regidores que gobiernan que son los que manejan el dinero de nuestros impuestos y los ingresos son los mismos. Es un pensamiento que me hago cuando el hemiciclo del congreso se queda chico, los dineros que nos debe costar mantener todo aquél colegio insultándose mutuamente, el de “me importa un comino” y se llaman “señoría”.

 El resultado de este negocio está claro, al final nos llaman la atención y tendremos que pagar los intereses del dinero que nos prestaron. –¡resultado y acuerdo!, subida de impuestos, con todo lo que nos dijeron en las varias elecciones.

En ocasiones, en mi propio pueblo, cuando veo en los plenos lo expuesto en acuerdos, movimiento de fichas del puzle, los sudockus, juntas y pegas. Pienso que todo está manipulado, estudiadas las preguntas y respuestas con anterioridad, por lo tanto el secretario anota, por unanimidad, no hay más que rascar.

“Moraleja”: –Volviendo al movimiento político de la metamorfosis que actualmente dirigirán las mesas con el nuevo presidente que serán varios, después del letargo del capullo a la mariposa, opino que es cuestión de magia. Son como los matrimonios actuales, se pueden tirar años de noviez, viviendo cada cual con sus padres. En cuanto deciden casarse y formar familia, no sé qué pasa, al poco tiempo deciden separarse y otra vez vuelven con los padres.

 

                                            

 

 

 

   

Consoly León Arias

 Tras días de reuniones familiares y celebraciones, el 2020 comienza de igual modo que se despidió, afrontando nuevos gastos, aunque esta vez, por una maravillosa causa. Un nacimiento.
La reflexión me asaltó, adquiriendo un regalo para un neonato, que entre oropeles, encajes y fragancia de Nenuco, me sumergía de lleno, en este fenómeno consumista que engulle nuestra sociedad, a golpe de tarjeta de crédito.    
Veloz, me dirigí al hospital para conocer al nuevo retoño de la familia, enredada en el fulgor que desprendía el obsequio que me acompañaba.
Una vez en la maternidad, mi sorpresa se incrementó al encontrar abarrotada una pequeña habitación, con infinidad de presentes para un rorro y su madre, a los cuales era complicado acceder entre la muchedumbre, creando un ambiente de hostilidad para el recién nacido. 
 Observé atónita la escena, desde una esquina de la habitación, reconvertida en el camarote de los hermanos Marx, donde el ambiente se iba cargando con una  mezcla indescriptible de perfumes, el incómodo olor a tabaco impregnado en las ropas de los fumadores, los estornudos anunciantes de los primeros resfriados del año, las voces desproporcionadas de los congregados en aquel cubículo, tan nocivas para el pequeño, a lo que se sumaron los omnipresentes e inoportunos sonidos de WhatsApp, como una gran falta de respeto. 

Deberíamos reflexionar y tener la valentía de saber decir NO, cuando la situación nos supera, o simplemente, necesitamos un poco de calma para asimilar los acontecimientos

Por si este escándalo fuese poco, la mitad de los presentes se encontraban realizando fotos y videos, a una bellísima criatura, tan pequeña como indefensa, cuando afortunadamente, entró en escena una matrona, invitando a desalojar aquella habitación y procurar el descanso de la madre y su querubín que comenzaba a llorar, como muestra del agobio, lo que su madre remedió, como sólo las madres saben hacer, con mucho amor, ante la impasibilidad de las visitas, reacias a marcharse.      
He de señalar, que como madre que soy de un precioso niño, dicha circunstancia no me era ajena, pues la viví de un modo semejante en mi momento. Ante esta situación que puede tornarse incómoda para los verdaderos protagonistas del momento, deberíamos reflexionar y tener la valentía de saber decir NO, cuando la situación nos supera, o simplemente, necesitamos un poco de calma para asimilar los acontecimientos, y disfrutar de los primeros gestos de nuestro hijo.        
¿Somos capaces de empatizar con el recién nacido y su madre?, ¿Alguien observa que está en juego la salud del bebé cuando lo exponemos al contacto de la multitud?,  ¿Sabemos que el ruido desfavorece la lactancia materna?, ¿Tenemos presente que un neonato y su madre necesitan tiempo para adaptarse a su nueva realidad y conocerse?.       
Estoy de acuerdo, en que a veces actuamos así movidos por la alegría, pero no debemos olvidar  ser coherentes y consecuentes, pensando siempre en el bienestar de madre e hijo.
Desde estas líneas aplaudo el encomiable trabajo que realiza el personal sanitario, y especialmente, las matronas/es y enfermeras/os, distinguidos en este 2020 por la OMS.
Gracias a ellos, las madres, vivimos del modo más idílico posible nuestra primera cita con el verdadero amor de nuestras vidas.  

 

Pablo Nieto-S. Gutiérrez

En el modelo educativo español se distinguen claramente dos etapas: (a) la obligatoria, entre los 6 y los 16 años, y (b) la optativa: universidad y formación profesional media y superior. Entre medias, o entre dos aguas, queda el Bachillerato, un nivel educativo de dos años tremendamente artificial, marcado, especialmente en el segundo curso, por la palabra EvAU (otrora PAU, PAEG o selectividad).

El Bachillerato parece el COU antiguo, pero ampliado y sin que, legalmente, posea esta condición.

En los centros, sin embargo, parecen no entender la condición posobligatoria y no necesariamente ligada a la universidad que tiene este nivel. Por ello, la enseñanza en estos dos años es manifiestamente mejorable… aunque no todo es culpa de los institutos, como ahora veremos.

En primer lugar, el Bachillerato se (mal) interpreta como una continuación de la ESO. Por ello, se sigue prestando una atención enfermiza a la asistencia y la participación en el aula. Mal inicio. Como enseñanza posobligatoria, sería conveniente dejar a juicio del alumno la asistencia (o no) a las lecciones. Así se refuerza la independencia del alumnado, lo que es muy necesario viendo el mal desempeño de este en instancias educativas superiores, y se hacen más fructíferas las clases.

Además, existe una fijación excesiva con la prueba final de Bachillerato (ahora llamada EvAU) y con su preparación. Por ello, temas cruciales se dejan sin estudiar “porque no caen en selectividad”. Craso error. No todo el mundo que hace Bachillerato entra en la Universidad; se puede estudiar también un módulo medio o superior. Por ello, no se entiende esta fijación con la selectividad. Desgraciadamente, el cada vez menor tiempo lectivo en 2.º de Bachillerato obliga a prescindir de ciertos contenidos, pero esto no debe ser óbice para que solo se estudien los conceptos claves. En lugar de seguir milimétricamente la hoja de cuestiones de la selectividad, se debería explicar un manual completo y dejar al alumnado (de nuevo, apostando por la independencia en esta etapa posobligatoria) elaborar el temario final —para selectividad— de la asignatura. Repito: entiendo la dificultad y el escaso tiempo para ello.

Como conclusión, simplemente quiero recalcar que es comprensible la postura docente ante la pifia legal y universitaria en la organización del Bachillerato y de la selectividad, respectivamente. Sin embargo, si esto descuida el propósito fundamental de un nivel educativo —enseñar y hacer madurar al alumnado—, entramos en el proceso actual: obviamos la “enseñanza de verdad” para resolver solo las cuestiones de selectividad. Los docentes deben luchar por volver a un modelo educativo que apueste por la independencia, la formación integral y la maduración del alumnado en el posobligatorio Bachillerato. Para ello, deberán enfrentarse a instancias superiores —universidades, Ministerio de Educación…— si lo creen conveniente. Solo así mejorará la educación de este nivel que, actualmente, se queda entre dos aguas.

 

 

María Teresa García Perales.

¡ Cuántas veces hemos deseado acabar por unos días con el estrés que desborda  nuestras vidas ¡ . De hecho, con frecuencia también nos quejamos del agobio que sufrimos a veces, y de las idas y venidas vespertinas a las que nos vemos obligados para llevar a nuestros hijos a las actividades extraescolares. Dicha situación cotidiana se ha visto interrumpida por un tiempo en que vivimos una situación excepcional, al haber sido suspendida la actividad lectiva presencial en nuestros centros educativos, como medida a causa del brote del viurs Covid-19.

Necesitamos un tiempo para adaptarnos a este cambio que supone en nuestras vidas estos días de aislamiento; de un día para otro las familias nos hemos visto en casa, viviendo una nueva situación que en principio,se prolongará quince días, los cuales nos ofrecen una valiosa oportunidad para aprender a gestionar este tiempo en casa de forma adecuada.

No estamos en vacaciones, por lo tanto, es importante que nuestros hijos sigan sus rutinas diarias, levantándose a la misma hora y llevando a cabo las tareas que les sean marcadas por sus maestros desde el centro, para así seguir con sus hábitos de estudio.

Afortunadamente, hoy en día existen plataformas educativas en cada comunidad autónoma, dependientes de las Consejerías de Educación, que permiten la comunicación directa de los docentes con las familias. En Castilla – La Mancha, la plataforma llamada Papas 2.0 facilita además la gestión administrativa de la mayoría de los procesos que son convocados regularmente a lo largo del curso: proceso de admisión, solicitud de ayudas, matriculaciones, etc…, se hacen fácilmente a través de esta vía.

En estos días, independientemente de que los maestros establezcan y marquen la actividad a realizar, los padres tendremos que marcar unas pautas básicas con nuestros hijos, manteniendo su rutina diaria: levantándose y acostándose a la misma hora y dedicando la mañana a desarrollar las tareas asignadas, intercalando momentos de descanso. De este modo, no perderán el ritmo y afrontarán la vuelta al colegio con menos dificultad.

El Gobierno ha decretado el estado de alarma, a partir del cual se limita el movimiento de las personas y la apertura de la mayoría de los establecimientos. Esto ha provocado una situación anómala en nuestras vidas, a la que no estamos acostumbrados, teniendo que quedarnos en casa, ya que es la única forma de contener la pandemia que nos asola.

Ante este gran cambio, debemos ser pacientes e intentar sacar todo lo positivo de esta experiencia. La tecnología nos ofrece la posibilidad de estar en contacto con nuestros familiares que están lejos y sacar el máximo rendimiento del tiempo con los que tenemos cerca, llevando a cabo actividades que normalmente tenemos poco tiempo para realizar, individual o conjuntamente. En estos días estamos viendo en balcones y ventanas la frase de “Todo irá bien” sobre un fondo de un arcoiris, una iniciativa que ha surgido en Italia y que los niños españoles también la están llevando a cabo.

Ojalá está situación nos fortalezca nuestra confianza y anime a sacar lo mejor de nosotros mismos. Confío en que así será.

 

Pedro Lozano Martín-Buro

La inercia más feroz del consumismo sigue con su azote y transforma todo lo que toca. Los conceptos de caducidad, corto plazo, falta de compromiso y cultura de lo provisional lisonjean a la familia. Me da igual su formato. Corre el riesgo de transformarse en una relación mercantil donde las relaciones afectivas se miden en términos de costo y beneficio o pensión por alimentos, donde cada socio puede proponer su disolución en cualquier momento. Los hijos son, ante todo, un objeto de consumo emocional. La esfera comercial lo impregna todo.

El amor y la comunicación fluida que sustentan la familia están bajo amenaza. El contacto personal pretende ser sustituido por emoticonos en grupos de WhatsApp. Familias en modo avión. Es el amor líquido de Zygmunt Bauman que lucha por quedarse.

En la sociedad líquida las familias deben ser flexibles ¿Qué significa ser flexible? según Bauman, sociólogo y filósofo polaco, significa no estar comprometido con nada para siempre, sino listo para cambiar la sintonía, la mente, en cualquier momento en el que sea requerido. Como un líquido en un vaso. “Be water my friend” que decía Bruce Lee, ¿Lo recuerdan?, “Amigo sé como el agua, vacía tu mente, sé amorfo, moldeable como el agua. Si pones agua en una taza, toma la forma de la taza…”. El problema de esa flexibilidad es que el agua puede ajustarse y fluir hasta cualquier sitio, escurrirse por los más pequeños agujeros, ser vista en gotas o formar océanos, ejercer una gran violencia, o simplemente, crear una molesta gotera que va resquebrajando poco a poco lo recién pintado, la familia.

Pero soy optimista, hay Luz al final del túnel. Es fácil forjar una familia no líquida (sólida). En un pueblo como Manzanares es más sencillo. Al invertir menos tiempo en los traslados al trabajo, la escuela, la compra diaria o la realización de actividades lúdicas se puede conciliar más y se dispone de un tiempo extra que los habitantes de las grandes ciudades no gozan. Es una ventaja, valorémosla. No obstante, es fácil aliviar los efectos adversos de la sociedad líquida. Tome nota. Pasa por construir el hogar en un lugar de recreación compartida, de amor y amistad y no en un ámbito de disputas territoriales. Pasa por fomentar virtudes como la paciencia, el servicio, la humildad y la amabilidad. Por extirpar la envidia, el interés propio, la irritación y las cuentas del mal recibido. Pasa por estrechar los lazos, por comunicarse personalmente y promover el entendimiento y la colaboración. Y, especialmente, pasa por apostar por una relación comprometida a largo plazo, por una familia sólida, no líquida, con mucho Amor.

Hay Luz al final del túnel, así le dijo el desesperanzado Zygmunt Bauman al Papa Francisco en su encuentro privado el 20.09.2016 en Asís: “Gracias, porque Usted es para mí la Luz al final del túnel de la globalización negativa”. El respondió: “Nadie me dijo que estaba en el fondo de un túnel” Y Bauman salió al paso “Sí, pero como una Luz”.

Diego R. Gallego Fdez-Pacheco

El proyecto más ambicioso que se intentó implantar en Manzanares  en las últimas legislaturas municipales en las que ostentó la alcaldía Miguel Ángel Pozas, fue la Ciudad del Transporte. Era la estrella del programa electoral del PSOE en varias campañas electorales (entre 1999 y 2007), y sin duda, ilusionó a la gran mayoría de nuestros vecinos.

A pesar del enorme monto económico que suponía la urbanización, más de 52 millones de euros, además del coste de expropiación de los terrenos (166 Ha). se percibía como viable en aquellos  años  de bonanza económica que caracterizaron el principio de este siglo. Sin embargo, los impedimentos de administraciones públicas no favorables al equipo municipal y más tarde la brusca irrupción de la crisis de 2008, eliminaron la posibilidad de que ese emblemático proyecto se convirtiera en realidad.

Las zancadillas políticas y la depresión económica se llevaron por delante el proyecto mejor concebido  y la mejor propuesta de desarrollo y de  futuro que en el periodo democrático se ha planteado en Manzanares.

Si se hubiera hecho realidad, probablemente habría supuesto el despegue definitivo con respecto a los municipios vecinos y, hay que decirlo, competidores en la captación de empresas y puestos de trabajo.

No obstante, una parte importante de los terrenos donde se pretendió ubicar la Ciudad del Transporte se adquirieron por la empresa promotora “Gestión Proyectos y Control” (GPC), aproximadamente unas 57 Ha, y mantienen su calificación como suelo rústico. Están situados en el margen derecho de la  A4, con casi 2 kilómetros de fachada a esa Autovía entre el cruce con la A 430 y el nudo de cambio de sentido  de la Venta del Tizón.

Esos terrenos que se iban a recalificar como de uso industrial, siguen siendo muy valiosos, suponen un escaparate a una de las vías de tráfico donde circula un mayor número de vehículos en nuestro país, precisamente en el cruce con otra autovía importante. No hay mejor suelo en nuestra provincia para la ubicación de empresas relacionadas con el sector del transporte. Quizás todavía pueda proponerse en una próxima legislatura, sino un proyecto de tanta envergadura como el que se intentó llevar a cabo en su día,  sí algo más limitado, con  viabilidad económica, para aprovechar unos terrenos con tan buenas expectativas y tan estratégicamente situados. Está bien que se cree suelo industrial y se desarrollen sectores como el 5, en la salida a Argamasilla de Alba, o junto a la carretera de Alcázar, pero esas ubicaciones  tienen mucho menos atractivo que la que se eligió para la fallida Ciudad del Transporte.

                                                                        

En el último mes ha estado de actualidad en los medios de comunicación la noticia de que volvemos a batir records de baja natalidad en nuestro país. Nacen menos niños al tiempo que aumenta la esperanza de vida lo que se salda con un progresivo envejecimiento de la población y una creciente despoblación en eso que ha dado en llamarse de manera recurrente “la España vaciada”. Es obvio que no podemos comparar (aún) Manzanares ni la provincia de Ciudad Real con otros territorios españoles en los que las comarcas se empobrecen irremediablemente y los pueblos languidecen hasta morir. No obstante muchas familias jóvenes tienen que hacer su vida ya fuera del pueblo, quizá en grandes ciudades ante la falta de oportunidades laborales. Pero sin duda, la tranquilidad y comodidad de localidades más “manejables” podría ser un activo para muchas familias con niños pequeños: la conciliación de la vida familiar y laboral es mucho más fácil, la cercanía de los abuelos, un entorno más próximo y cálido, una vivienda más asequible y un nivel de vida en general más barato; la confianza que da conocer a los vecinos, no tener que hacer largas distancias para ir a los colegios o a los puestos de trabajo, la posibilidad de que los niños jueguen más seguros y se relacionen con más libertad y confianza con otros niños… Si estas ventajas se complementaran con unos buenos servicios y comunicaciones, un comercio activo y una buena oferta cultural y de ocio no cabría duda de que la vida “en provincias” se haría mucho más atractiva para jóvenes familias.

Si los niños llenan las escuelas, las escuelas atraerán maestros y el hospital y otros servicios requerirá más contratación al tiempo que la vida económica y social del pueblo florecerá. Se abrirán negocios que satisfagan las necesidades de las familias y a su vez, éstos atraerán más familias y se consolidará la población.

La familia, qué duda cabe, es un activo.

La política municipal ha de ser, por tanto, dirigida a cuidar y mimar a la familia, con ventajas fiscales, ayudas para la vivienda, promoción de servicios deportivos, culturales y de ocio, ayudas a la conciliación y sobre todo poner en valor y ponderar en cada oportunidad que se presente la generosa contribución de las familias a la vida de la sociedades y de los pueblos.

Es verdad que las administraciones se desviven en todo lo que se refiere a la tercera edad, y hacen bien, o a colectivos de todo tipo. Echamos de menos, sin embargo, en más ocasiones de las que se dan, una política más visible y activa a favor de la familia. Y las familias son la vida de los pueblos. Son el presente y el futuro de Manzanares.

Grupo de voluntariado de Manos Unidas Manzanares

Desde el grupo de voluntariado de Manos Unidas de Manzanares os queremos hacer llegar a todos los miembros que formáis parte de la Asociación Cultural Tertulia XV nuestro más sentido agradecimiento.

Gracias de todo corazón, por el premio otorgado a nuestra organización a la mejor labor humanitaria en el año 2018,  referente al proyecto de mejora del acceso al agua potable en Masumba (Zambia).

Uno de los principales objetivos de Manos Unidas es ser transformadores: transformadores de la sociedad y no solamente asistenciales.

En 1939, el premio Nobel de literatura “John Steinbeck”,  exaltaba los valores de justicia y dignidad humana en su libro “Las uvas de la ira”. Estos mismos valores son los que proponemos para combatir la injusticia social y económica.  Creemos firmemente en la lucha contra la pobreza y el subdesarrollo; esto implica paliar el hambre y a su vez dar a conocer y visualizar estos graves problemas. No se puede ayudar desde el desconocimiento.

      Es por tanto primordial para nosotros, que el grupo tertulia XV, se haga eco de los proyectos en los que de manera incansable y altruista estamos trabajando codo a codo con las parroquias.

     Este premio, por su cuantía, ayudará a paliar el problema de desabastecimiento de agua en una aldea remota de Zambia, y con su difusión, a sensibilizar a nuestro pueblo sobre la realidad de los países del sur.

Nuevamente GRACIAS