Que la feria tradicional de este año se iba a suspender, estaba cantado. Además, es lo más sensato. Siembra reflexiona este mes sobre el significado que la feria tiene para los manzanareños a través de una colección de carteles antiguos que despertará en todos la curiosidad y la nostalgia. 

Además, en la sección Interesa, “Generación Covid”, una serie de artículos que invitan a plantearse cómo ha afectado la pandemia a la educación de nuestros hijos 

Todo esto y mucho más en el número en papel de Siembra que se puede encontrar en venta en los puntos habituales: Kioskos Baldomero y Hospital; La Bodeguilla, papelerías Rodríguez e Hipérbole, El Corte Oriental, Estancos Espinar (C/ Empedrada), Calle Virgen de la Paz y calle Toledo y Multitienda. 

También se puede hacer una suscripción para recibirlo cómodamente en casa ahorrando, Llamar al 679314174 o escribir un correo a elcorreodesiembra@gmail.com. 

Pedro Lozano Martín-Buro
lfpabogados@lfpabogados.es

Gracias al condensador de flujo, los agujeros de gusano y el envolvimiento cuántico ya es posible viajar por el tiempo. El 16 de junio del año 2032 el aterrizaje se efectuó sin dificultad en un lugar de la Mancha, en una Plaza, llamada de las Palomas. La comunicación estaba lastrada por un críptico intercambio de datos, no era muy fluida, aun así, ya se percibían los cambios producidos, especialmente, en el comercio local como consecuencia de la pandemia.

17:00 Hora local. Cumpliendo órdenes me preparo para tomar contacto. Abriendo la escotilla 23. Abandono la nave. Tiempo despejado, mayormente soleado con ligeros vientos de la sierra de siles; temperatura, 32 grados centígrados; humedad relativa, 40 por ciento. Corto.

17:08 Hora local. Observo personas que caminan rápidamente, todas con un móvil en su mano y separadas unas de otras por una distancia de dos metros. Van con mascarillas de diferentes colores y formas. Nadie se fija en mi. Corto.

17:09 Hora local. Hay carteles digitales que informan del número de infectados con diferentes gráficas. De forma intermitente y con luces de neón, qué curioso, aún se anuncian controles de velocidad en el polígono y cortes en el suministro del agua debido a mejoras de la red, se piden disculpas a los vecinos que parecen estar acostumbrados a esta situación. Corto.

17:11 Hora local. En el perímetro observado se aprecia una apuesta decidida por la vigilancia digital, hay cámaras por todos sitios. Por el móvil se investigan los movimientos, las compras, la velocidad, las amistades y los comentarios críticos en las redes sociales. Se controla cada clic. No existe la esfera privada, repito, no existe la esfera privada. Corto.

17:12 Hora local. Las cámaras captan las imágenes faciales y la temperatura corporal. Atención, atención, observo que en este lugar no hay comercios, ni tiendas, ni bares, está todo cerrado. Silencio ensordecedor. Sobrevuelan restos de carteles perdidos donde se puede leer “se alquila local comercial”. No hay espontaneidad, flexibilidad, capacidad de sorpresa ni cercanía. Es todo muy raro. Corto.

17:14 Hora local. Primer acercamiento a un ciudadano. Consideremos a ese chico con el móvil. Sigo sus pasos, avanza sólo, se detiene, reacciona, levanta la cabeza y continúa su ida siguiendo el horizonte de la punta de sus zapatos, manipulando y tocando el móvil sin soltarlo. Sigue su marcha. Levanta su mirada, me ve, soy un extraño y no me puede bloquear. Pido instrucciones para contactar. Corto.

17:23 Hora local. Primer contacto con habitante de la zona.

  • Hola, ¿qué buscas? ¿puedo ayudarte?. —se dirige a mi en forma amistosa—
  • Algún comercio en la zona. —contesto rápidamente—
  • Ya no quedan, ¿no lo sabe? El pueblo luchó hace 10 años contra la pandemia con grandes medidas higiénicas, controló el virus, pero olvidó, tras el confinamiento, que comprar podía ser un acto moral y no sólo económico y que debía prevenirse del consumismo sin ética y sin sentido social. Pasó lo que pasó, nos dejamos llevar por las compras masivas por Internet. En una sociedad del exceso como aquella, tan acelerada, el mejor antídoto hubiera sido no dejarse llevar. No lo hicimos…Hubo una segunda oleada que nos golpeó con ese otro virus que fue aún peor, el del egoísmo indiferente. Nos fulminó. Nos aisló e individualizó y el pequeño comercio desapareció.

18:05  Hora local. Vuelvo a la nave. Hay que hacer algo para cambiar el futuro. Corto y cambio.

Consoly León Arias

El coronavirus, es el virus más letal y feroz, que ha acampado a sus anchas por la faz de la tierra, desde que se iniciase 2020, y se ha ensañado, duramente, con los españoles.
 Hemos librado, muy probablemente, a nuestro pesar, una de las batallas más duras de nuestra existencia, perdiendo en el camino miles de personas, (algunas fuentes hablan de más de 50.000) seres humanos con nombres y apellidos, a los que esta pandemia ha sumido en una lista interminable de luto, desgarro e impotencia, mientras, la clase política, esos que dicen ser nuestros gobernantes, y estar al servicio de todos los españoles, aún no han mostrado la dignidad, y el sentido del deber suficiente, para honrar sus memorias, tal y como merecen, para que no perezcan en la desidia del olvido; y la sociedad, entienda de una vez por todas, que el covid-19, ha venido a gritar con el tenebrismo del dolor, la enfermedad y la muerte, que el ser humano carece de poder absoluto, para controlar situaciones tan implacables, como la que atravesamos en estos momentos, de incertidumbre, preocupación y temor.         
Esta pandemia nos ha mostrado la completa debilidad del hombre, que se ve, frente a la adversidad, como un gigante con los pies de barro, y cuyo coraje es deficiente para actuar ante el mal.   
En cierta medida, este monstruo, sinónimo de tragedia, nos ha llevado a plantearnos que sólo podemos confiar en la gracia de Dios, que está presente en todas las personas solidarias, portadoras de esperanza, y sembradoras del bien, que han luchando cara a cara contra el virus.            
El espíritu de Dios es el asidero al que nos hemos aferrado, en las horas más oscuras de la pandemia, desde la emoción contenida, y la oración, suplicando especialmente por los más necesitados, y por nuestra protección.  
Rayando el mes de junio, los gobernantes del mundo luchan con verdadera codicia, por la consecución de la ansiada vacuna, el antídoto contra este veneno que ha congelado nuestras vidas, tal y como la entendíamos, hasta  decretarse el estado de alarma, aquel 14 de marzo, para vivir anexionados a una mascarilla, el esencial hasta nueva orden, que no sirve de mordaza, para acallar las tropelías amasadas por un puñado de miserables, a los que poco les importan sus compatriotas.           

El día después, o la nueva realidad, se cierne sobre nosotros en forma de caceroladas, que conminan al gobierno a marcharse, tras acumular demasiados fallecidos y errores a sus espaldas, miles de despidos, cierres de empresas, millones de pérdidas irreparables en el sector turístico, principal fuente de ingresos de España.

También, el mundo de la cultura y el deporte, sufrirán irremediablemente, los devastadores efectos colaterales. Tampoco sabemos a fecha de hoy como se afrontará el próximo curso escolar, ni cómo o cuando se reanudará. Además del terrible impacto ocasionado en el ámbito de las ferias comerciales, la industria, y diferentes servicios, de los que nos hemos estado beneficiando toda la vida, sin apenas valorarlo, porque sencillamente, estaban a nuestro alcance. El presente y futuro, hemos de construirlo juntos, desde el esfuerzo y la generosidad, adaptándonos progresivamente a una situación novedosa, que jamás hubiésemos imaginado, y con numerosos inconvenientes, que nos llama a realizar un ejercicio de responsabilidad compartida, entendiendo la fatalidad, como una nueva oportunidad que nos brinda la vida, sin bajar la guardia.

 

 

Concepción Moya García y Carlos Fernández-Pacheco Sánchez-Gil

En la actualidad estamos viviendo unos momentos difíciles, por la pandemia del coronavirus Covid-19, que nos ha obligado a cambiar nuestra forma de vida, al menos de forma temporal, como consecuencia del confinamiento y la paralización de las actividades económicas no esenciales, para detener la expansión de una enfermedad para la que no se conoce vacuna ni remedio, y que se está expandiendo rápidamente por toda la humanidad. Pero esta situación no es la primera vez que aparece, pues en la historia encontramos otros momentos en los que han ocurrido situaciones similares, que han afectado gravemente a la población, siendo las actuaciones adoptadas parecidas a las actuales, como podremos observar a continuación.

En este artículo vamos a hablar de dos de las más cercanas a nuestro tiempo. En el siglo XIX, el cólera fue una de las enfermedades que produjo una mayor mortalidad en el mundo. La primera epidemia se desarrolló en la India en 1817, y desde allí se extendió a Europa, América y otras zonas de Asia. España sufrió cuatro brotes importantes desde 1833, que provocaron grandes mortandades. El más fuerte tuvo lugar en 1885, procedente del sur de Francia, y favorecido por el comercio del país vecino hacia los puertos levantinos. El cólera se introdujo por Valencia, extendiéndose desde allí por toda la geografía española, siendo las regiones más afectadas las del sur y el levante. El número de infectados ascendió a más de 338.000, de los cuales casi 120.000 fallecieron, creando una situación de psicosis en la población1.

Las principales medidas contra la epidemia fueron sobre todo higiénicas, siendo un ejemplo el bando publicado por el ayuntamiento de Valdepeñas, mucho antes de que la enfermedad llegase a la localidad, solicitando a los vecinos que blanqueasen sus casas, procurando el mayor aseo y limpieza de las mismas, además de prohibir el movimiento de estercoleros y basuras, así como arrojar aguas sucias o inmundicias a la calle. Al mismo tiempo se acumularon productos desinfectantes y cal viva para calcinar los cadáveres y se crearon lazaretos para asegurar el aislamiento de los afectados, aunque al final no fue preciso utilizarlos. Para evitar el desabastecimiento de alimentos, se aconsejó a los comerciantes que tuvieran reservas de arroz, azúcar y almendra2. Aunque existía una vacuna contra la enfermedad, creada en enero de 1885 por el médico español Jaime Ferrán, el número de vacunados apenas alcanzó los cincuenta mil.

Uno de los primeros pueblos afectados en la provincia fue Membrilla, donde se inició a comienzos de julio. Cuando el día 23 se empezaron a generalizar las muertes, la situación se volvió alarmante. Una de las primeras medidas que se tomaron fue prohibir el lavado de la ropa en el río Azuer, estableciendo un puesto de la Guardia Civil para que se cumpliera la orden. De esta forma se evitó que la enfermedad se propagase hacia Manzanares y Daimiel.

El hecho de que en Manzanares se diera la circunstancia de que el alcalde, Juan Sánchez Cantalejo, fuera médico, favoreció que se tomaran con prontitud las medidas adecuadas, comenzando la desinfección de locales y calles, al tiempo que se suspendían la celebración de actos multitudinarios. Ello provocó la amarga queja de Filomena de San Giuliano, que después de desplazarse con su compañía y 800 kilos de equipaje para dar dos funciones en el teatro de Manzanares los días 25 y 26 de julio, y sufrir la fumigación de su personal y material, al final no recibió la autorización para realizar la representación, al no permitir las autoridades sanitarias las aglomeraciones de público.

La grave situación en Membrilla a finales de julio, con 32 fallecidos en 16 días y 34 personas convalecientes, un médico en cama afectado por la epidemia y el otro en un “grave estado de postración moral” por tener enferma a su hermana, unida a la resistencia de los enfermos a tomar la medicación, provocó que el subdelegado de medicina de Manzanares tuviera que ponerse al frente de la situación sanitaria en Membrilla. El gobernador de la provincia se desplazó a la localidad con desinfectantes y recursos, llegando numerosas ayudas desde Manzanares para controlar la epidemia, que entre los días 4 y 10 de agosto causó 85 infectados y 40 muertos.

En Manzanares, a las medidas higiénicas y sanitarias se unió el control de las personas que entraban en la localidad. Un médico se desplazó a la estación del ferrocarril para someter a los viajeros que llegaban a una inspección facultativa. A aquellos que presentaban algún síntoma de la enfermedad, les expedía un certificado y los enviaba al hospital de “epidemiados” que se había establecido en el Hospital de la Caridad, situado en la esquina de las calles Estación y Hospital (actualmente Virgen de la Paz y Alfonso Mellado). Por otro lado, se formó una asociación de mujeres, presidida por Dolores Noblejas y Antonia Enríquez, que apoyaba y secundaba las medidas dictadas por las autoridades y atendía a las personas afectadas, lo que favoreció que los escasos focos en la población se controlaran y extinguieran con rapidez3.

El primer caso de cólera en Manzanares tuvo lugar el 5 de agosto, dándose la enfermedad por controlada el 28 de septiembre. Durante este tiempo, hubo un total de 54 personas infectadas de las que murieron 39, un número bajo, si lo comparamos con otras localidades como Membrilla con 368 afectados y 158 muertos, Valdepeñas 469 infectados y 182 fallecidos, Alcázar de San Juan con 395 y 163 o Tomelloso con 398 y 225, respectivamente.

Para celebrar el fin de la epidemia, el 18 de octubre se celebró en la iglesia de la Asunción un solemne Te-Deum de acción de gracias, al que asistieron las autoridades, cofradías y fieles, oficiado por Pedro José Sánchez Carrascosa, que hizo un compendio de los momentos vividos durante la epidemia y de las medidas tomadas por las autoridades, destacando la acción del alcalde, que ayudó y consoló a los enfermos desde su doble función, administrativa y científica. La procesión y festividad de Nuestro Padre Jesús del Perdón, al no poder realizarse en su día, se celebró el 25 de octubre, a continuación de la novena4.

La epidemia de gripe de 1918 fue una auténtica pandemia mundial, provocando un gran número de muertos en todo el planeta, que algunas fuentes cifran entre los 50 y 100 millones, calculando que murió un 2,5% de la población. En España los datos oficiales de fallecidos ascendieron a unos 169.000, aunque las estimaciones realizadas por investigadores actuales los elevan hasta los 260.000. El momento crítico de la epidemia en nuestro país fue entre los meses de septiembre y noviembre de 19185.

A finales de septiembre, el Gobierno Civil distribuyó circulares dando instrucciones sobre los casos sospechosos de gripe y ordenó la instalación de locales para personal técnico y desinfección, por si fuera necesario el aislamiento de enfermos. En octubre de 1918, la epidemia afectaba a numerosos pueblos de Ciudad Real. La cifra de morbilidad en la provincia pasaba de 2.000, los casos graves un 6%, mientras las defunciones se encontraban entre un 2 y un 3%. Las poblaciones más afectadas eran Daimiel, Miguelturra y sobre todo Tomelloso con unos 3.000 casos, y cuatro o cinco muertes diarias, habiéndose propagado la epidemia por la llegada de forasteros a la vendimia. El 9 de octubre se estableció un puesto sanitario de vigilancia para desinfectar a los viajeros procedentes de puntos invadidos en la estación de Alcázar de San Juan, ampliándose posteriormente a las de Valdepeñas, Manzanares, Ciudad Real y Puertollano, y el 14 se dictó el cierre de todas las escuelas. Entre las recomendaciones médicas estaban el lavado jabonoso y frecuente de las manos, el fregado de las casas con zotal o lejía y que los hombres dejasen de acudir a casinos, peñas y tertulias.

Pese a ello, Manzanares no fue especialmente atacada por la enfermedad, pues mientras que en otros pueblos los casos se contaban por miles, el 8 de octubre se informó de la existencia de 40 afectados de carácter benigno y 15 con fiebres tifoideas. El 18 del mismo mes, se comunicaron 53 nuevos casos, 4 de ellos graves, en un día en el que en el hospital de Valdepeñas hubo 16 defunciones6.

Un claro ejemplo de la escasa incidencia de la enfermedad en Manzanares, se puede ver en las estadísticas de octubre, en las que aparecen 491 casos de gripe en su distrito, mientras que en el de Alcázar se cifran en 16.642, en el de Ciudad Real en 5.700, y en los de Infantes y Valdepeñas 3.119 y 1.377 casos respectivamente. El mes siguiente, Manzanares se mantiene con 307, frente a los 1.666 de Almadén, 1.470 en Infantes, 836 de Alcázar o los 709 en Valdepeñas. En los tres meses más duros de la epidemia, de septiembre a noviembre, en el distrito de Manzanares se contabilizaron 881 afectados, teniendo en cuenta que incluían a otras poblaciones grandes, como Membrilla y La Solana7.

Las principales medidas tomadas por el ayuntamiento de Manzanares cuando la epidemia atacó con más fuerza fueron el cierre de escuelas, la desinfección de las calles y locales, la limpieza de las cubas de reparto de agua, y la prohibición de actos con acumulación de personas, entre los que se incluyó la visita a los cementerios el 1 de noviembre. El número de muertos desde marzo de 1918 hasta finales del año siguiente ascendió a unos 758, un número muy bajo para tan largo periodo de tiempo, por lo que la epidemia apenas afectó a la localidad.


Jiménez Villalta, Enrique: Epidemias y salud. Ciudad Real: del cólera de 1833 a la gripe de 1918. Biblioteca de Autores Manchegos. Ciudad Real, 2013, pp. 68, 77 y 79.

Archivo Municipal de Valdepeñas (AMV). Caja 846, libro 13. Actas de sesiones 1883-1885. Acuerdos de 14 de julio y 2 de septiembre de 1884.

El Imparcial, 25 de julio de 1885; El Eco de Daimiel, 1 y 15 de agosto, 1 de septiembre de 1885; El Globo, 12 de agosto de 1885; La Iberia, 23 de agosto de 1885.

Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, 16 de abril de 1886 y El Eco de Daimiel, 28 de octubre de 1885.

Jiménez Villalta, Enrique: Op. cit., pp. 121-124.

El Pueblo Manchego, 9, 14, 15, 19, 22, 24 y 31 de octubre de 1918.

Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, 20 de noviembre, 16 de diciembre de 1918 y 31 de enero de 1919.

BERMÚDEZ, Antonio: Manzanares bajo el reinado de Alfonso XIII (1902-1931). Edición del autor en CD. Córdoba, 2008, p. 339.

Jesús Isidro Sánchez de la Blanca Romero Nieva

“Nosotros queremos la conservación del Trono, pero sin camarilla que lo deshonre; queremos la práctica rigurosa de las leyes fundamentales, mejorándolas, sobre todo la electoral y la de imprenta; queremos la rebaja de los impuestos, fundada en una estricta economía; queremos que se respeten en los empleos militares y civiles la antigüedad y los merecimientos; queremos arrancar los pueblos a la centralización que los devora, dándoles la independencia local necesaria para que conserven y aumenten sus intereses propios; y como garantía de todo esto queremos y plantearemos bajo sólidas bases la Milicia Nacional”

Estas líneas forman parte del Manifiesto de Manzanares firmado en 1854, realizado por Antonio Cánovas del Castillo, firmado por el general Leopoldo O’Donnell.

¿De verdad, conocemos en Manzanares el Manifiesto y su transcendencia histórica? ¿Saben cuántas entradas en internet tiene el Manifiesto de Manzanares? Cerca de 28500 entradas de diferentes páginas.

¿Conocemos que en el año …. Hubo una revuelta en nuestro pueblo que se levantó contra los .fidedignamente reflejado en documentos en el Archivo Histórico Nacional y dignos de ser divulgados e incluso adaptados para un guion de teatro por parte de nuestros grupos teatrales como Lazarillo, Vaya Cirio o Crea Escena.

De ahí mi reflexión junto con la charla que tuve con Juan Ramón Romero, Director del Archivo Histórico Nacional. Un pueblo sin memoria es un pueblo sin futuro. El futuro de un pueblo se asienta sobre cimientos firmes como son una economía fuerte, unos servicios acordes, una planificación contando con diversos sectores como empresas, cultura, educación, sanidad, una sociedad dinámica, y sobre todo, conociendo su Historia.

La historia de un pueblo debe guiarse por tres premisas: conocerla, cuidarla y valorarla.

La primera premisa, el conocimiento, ¿Conocemos realmente la historia de Manzanares, nuestros personajes históricos, que van desde Ministros hasta Poetisas? Lanzo el guante a colectivos culturales e instituciones públicas y privadas para hacer una labor divulgativa en los centros educativos para conocer nuestras raíces, cosa que ahora mismo no sucede, por desgracia.

En cuanto a la segunda premisa, cuidar nuestra historia, que no hemos sabido cuidar, ya que hemos perdido gran parte de nuestro patrimonio y hay uno, como es el Torreón donde datan nuestros orígenes, se está perdiendo inexorablemente si no hacemos algo. Pero la historia que esconde el Torreón no está a la vista, está enterrado. Varios historiadores apuntan que ahí se esconden yacimientos de suma importancia histórica y que sería necesario realizar estudios para sacarlos a la luz.

Y la última premisa es saber valorar la historia. Sí la conocemos, sabremos cuidarla, y por ende  valoraremos las tradiciones, nuestras raíces y las transmitiremos con orgullo, no solo a nuestras generaciones venideras, sino a nuestros visitantes.

Por todo ello hago un llamamiento para realizar una planificación con colectivos sociales, Instituciones y Empresas para aprovechar nuestra Historia.

¿Vemos la oportunidad que a pocos kilómetros hay un punto histórico-turístico como es la Motilla del Azuer? ¿No somos capaces de seducir a esas personas en nuestra población para que se conozca nuestra Historia?

Manzanares, tiene mimbres para convertirse en punto de obligada parada para los turistas que visitan nuestra provincia atraídos por la oferta museística, cultural y porque no, histórica. Si lo sabemos aprovechar, ¿por qué la Historia no puede ser parte de nuestro futuro?

Ángel García-Consuegra

En estos tiempos la televisión debe estar para informar, pero también para entretener, acompañar y concienciar

José Carlos Naranjo Sánchez – Maroto es periodista en Manzanares10TV. Ha estado en importantes medios a lo largo de su carrera como por ejemplo Cadena Ser, AS o Los 40 TV. En esta entrevista tratará de acercarnos la realidad de la televisión en momentos como este y nos contará la labor que hacen en la emisora local para alegrar la tarde a todos los manzanareños.

Pregunta: ¿Desde cuándo tenías claro que te gustaba el periodismo?

Respuesta: Lo tenía bastante claro desde la ESO prácticamente ya que me apasionaba el periodismo deportivo. La gente tenía la duda en Bachillerato de a qué carrera meterse, pero yo por suerte siempre supe cuál sería mi elección.

P.: ¿Por qué decidiste estudiar en Madrid?

R.: Cuando yo estudié la carrera, en esta comunidad no se ofertaba el grado de periodismo. Realmente me gustó mucho la opción de Madrid porque ahí es donde considero que está el meollo de esta carrera puesto que hay numerosos medios y periodistas. Tenía muy claro la carrera y también el sitio. En mi época, la Universidad Complutense es la que mejor fama tenía en este ámbito, pero allí ves otra realidad. La Carlos III también estaba muy bien, pero, aun así, estoy contento con la decisión que tomé. También me ayudaron en mi formación las distintas charlas de periodistas en los colegios mayores puesto que es donde prácticamente más aprendes de esta carrera. Hablar con profesionales, ver sus perspectivas, etc. ayuda mucho, casi más que lo que aprendes en las aulas que al final está todo orientado de una forma más teórica.

P.: ¿Cómo fueron tus inicios en el mundo del periodismo?

R.: Estuve en PRISA mucho tiempo en la sección digital de la Cadena SER, AS, Los 40, etc. Mis primeras prácticas fueron en el Ayuntamiento de Manzanares tanto en OndaMancha como en la televisión municipal de entonces. Lo hice durante los primeros veranos de mi carrera. Ya en el de cuarto me quedé en Madrid en la SER en la sección de deportes. Ahí trabajé con personas que consideraba ídolos como Paco González y fue increíble. Otro verano estuve en el AS en la sección del Real Madrid y después de eso entré en Los 40 en una televisión que tenían que ya no existe. Ahí fue donde conseguí mi primer trabajo sin ser becario.

P.: Durante tu experiencia en la Cadena SER obtuviste un premio muy importante. Háblanos de ello.

R.: Sí, tengo muy buen recuerdo. Nos dieron un Ondas por cómo cubrimos desde la redacción de deportes los Juegos Olímpicos de 2008. Es verdad que nos lo dieron principalmente por los enviados que fueron a Pekín, pero, en parte, también lo considero mío porque trabajamos mucho los miembros de la redacción que nos quedamos en Madrid. Allí hay una diferencia de ocho horas con España por lo que teníamos que madrugar para trabajar y eso durante un mes fue costoso. Vivirlo trabajando es totalmente diferente a verlo desde casa que puedes hacer una selección de los deportes; ahí tienes que estar para todo. Recuerdo especialmente el día de la final de tenis en la que Nadal ganó la medalla de oro. Fue una auténtica locura cómo lo vivimos en la redacción.

P.: ¿Dirías que esa fue tu mejor experiencia como periodista o tienes otras mejores?

R.: Pese a lo vivido en la Cadena SER, diría que no es mi mejor momento como periodista porque era becario. Disfruté mucho de mi experiencia en la televisión de Los 40 porque tuve la experiencia de trabajar como tal. Hice un especial con Dani Martín, con Despistaos… aunque lo cierto es que como estoy ahora mismo en la televisión de Manzanares, no he estado nunca. La gente le tiene muy poca estima a los medios locales, pero te da mucha escuela. Es donde de verdad aprendes porque tienes toda la responsabilidad de la noticia y tienes que cubrir actos muy distintos: un pleno, un concierto de música regional, unas elecciones municipales, etc.

P.: Actualmente estáis haciendo “¿Quedamos? ¡En la tele!”, un programa en directo con Manzanares10TV para hacer más amena la cuarentena a la población. ¿Cómo surgió la idea?

R.: El programa fue una improvisación total. El fin de semana en el que se decretó el Estado de Alarma no trabajamos porque no había nada que cubrir. Yo estuve pensando en mi casa qué haríamos con la televisión ahora que no iba a haber actos porque al final vivimos de eso. Ese mismo lunes nos reunimos cada uno con una idea diferente. Es verdad que hay una gran diferencia entre lo que pensamos el primer día y lo que hacemos hoy. Todo ha ido evolucionando gracias a la implicación de la gente. Yo propuse que lo que toda la población necesitaba era entretenimiento y alejarse de los informativos que hablan todo el rato del coronavirus. La idea inicial consistía en una hora de programa centrándonos en cuatro o cinco noticias y a día de hoy, gracias a la colaboración ciudadana, hemos llegado a superar las tres horas en alguna edición. Estamos increíblemente agradecidos.

P.: ¿Qué tal la implicación de la población? ¿Ha respondido bien?

R.: La implicación ciudadana ha ido progresiva. Es cierto que el primer día no nos llegó mucha respuesta, pero a partir de ahí hemos recibido muchísimas fotos y videos de todo lo que pedimos. Son muy participativos y eso nos encanta porque hace que podamos tener un programa muy completo. Aun así, nosotros tenemos un bloque de noticias porque, al fin y al cabo, somos un medio de información y tenemos que darlas, aunque es complicado por la inexistencia de estas y solo manejamos los datos que aporta el Gobierno de España y el SESCAM. Además del bloque de noticias, tenemos muchas secciones que hacen que el programa sea lo más participativo posible. La asociación Kinésica del pueblo nos ayuda con una sección, también Germán con un apartado de fotografías o incluso una chica manzanareña que vive en Berlín y pinta nos ayuda con una sección de arte. Además, hacemos entrevistas porque pienso que son muy dinámicas y cercanas para que la gente pueda ver lo que opinan o lo que tienen que contar otros de su alrededor.

P.: ¿Cómo os organizáis para preparar el programa? ¿Cuál piensas que será el futuro de este?

R.: Nos encargamos de organizar los contenidos porque todo tiene que seguir un orden, no podemos meter la información de golpe porque queda raro para el espectador. Nos reunimos antes de cada programa y establecemos las pautas a seguir. Ojalá esta buena dinámica dure mucho tiempo porque se nos pasa el tiempo volando y muchas veces ni nos enteramos que llega la pausa para aplaudir. Respecto a la duración, esto tiene sentido mientras que esté la gente en casa porque así puede ver la televisión dos o tres horas. A mí me gustaría seguir cuando acabe el Estado de Alarma, es cierto que no será igual, pero hacer algo parecido con modificaciones porque engancha y a la audiencia le gusta lo que hacemos. La televisión tiene que estar para informar, pero en estas situaciones tiene que estar para entretener, acompañar y concienciar.

Muchas gracias a José Carlos por querer acercar la realidad de la profesión a todos los lectores. Tratar de crear contenido en momentos como este es ciertamente complejo y lo están consiguiendo a la perfección. No me cabe la más mínima duda de que los manzanareños están encantados de su servicio que llena nuestras casas cada tarde.