Mayte Criado Núñez

 Empezar a normalizar las nuevas rutinas, harán que tu día a día sea más llevadero y se descargue de cierta tensión e incluso ansiedad

Sin duda, la situación relacionada con el tema del coronavirus está mejorando poco a poco. Pero aún queda mucho por hacer. El miedo es una de las emociones que más se ha instaurado en nosotros desde que conocimos que un virus muy peligroso para nuestra salud, nos rondaba de manera despiadada. A pesar de que ya han pasado más de dos meses desde que conocimos de su existencia, hay emociones que no han dejado de estar presentes en nuestro día a día y es importante conocerlas y saber gestionarlas bien para lograr una adecuada adaptación a lo que será la nueva “normalidad”. Entre ellas, el miedo, como ya he dicho, pero también hay otras; incertidumbre, desasosiego, ansiedad, bajo estado de ánimo…

Como todo en la vida, siempre tenemos dos opciones (al menos), de elección. Por un lado, aceptar las circunstancias tal y como nos vienen dadas, sin cuestionarnos el por qué ni buscar explicaciones más allá de donde la mente humana puede lograr entender; a esto se le llama, aceptación. Por otro lado, existe la opción de renegarse y estar continuamente quejándonos de algo sobre lo que no tenemos control en absoluto. Esto nos desespera y amarga la vida. De ti depende la opción que elijas. Como Psicóloga, te recomiendo que elijas la primera. La de la aceptación, la de entender que desde mediados de Marzo la vida de prácticamente medio mundo (o mundo entero), ha cambiado y hemos de adaptarnos, sin peros, sin excusas y sin más.

Es muy importante hacernos conscientes de la necesidad de introducir varias modificaciones en nuestro estilo y forma de vida a las que no estábamos acostumbrados; salir con mascarilla a la calle (sí, hace calor, pero no queda otra, es para protegerte y proteger), maximizar las medidas de higiene habituales, lavado y desinfección de manos constante, desinfección de productos y superficies… ¿Tanto cuesta esto de verdad? Pienso que hay cosas peores. Al final, empezar a normalizar estas nuevas rutinas, harán que tu día a día sea más llevadero y se descargue de cierta tensión e incluso ansiedad. Mejorará tu ánimo y te ayudará a estar más tranquilo y con menos incertidumbre. Aceptación es sinónimo de liberación. Aceptar supone soltar aquello que está fuera de nuestro control y entender que hay cosas que, aunque no sean de nuestro agrado, hay que acatar y llevar a la práctica con la mejor actitud posible. En mi opinión, introducir algo de humor dentro de esta pandemia, es fundamental para sobrellevarla de un modo más efectivo.

No obstante, no todas las personas tienen la misma capacidad de afrontar una situación de igual modo. Habrá personas con un mayor nivel de ansiedad que hayan desarrollado una acentuación de sus síntomas e incluso que hayan podido experimentar ciertos síntomas hipocondríacos. O personas con problemas de estado de ánimo para las que el confinamiento haya supuesto un empeoramiento de su equilibrio emocional. Lo mejor en estos casos es ponerse en manos de profesionales y seguir sus recomendaciones. Aun así, la recomendación general para todas las personas sigue siendo la aceptación y adaptación a la nueva situación. Sólo así, conseguiremos encontrar la estabilidad que necesitamos para poder vivir nuestro día a día con la mayor tranquilidad posible.

Jesús Sánchez Migallón Sánchez Gil

Les voy a contar resumidamente el guion de una película que pudo ser realidad y no lo fue. Todos ustedes están al corriente de lo sucedido durante el inicio de la pandemia de coronavirus. Una propagación desmesurada de la enfermedad, con alta mortalidad entre adultos jóvenes y muy alta entre ancianos y altísima tasa de contagio entre sanitarios. Este último dato, llego a crear situaciones extremas en algunos hospitales de la Comunidad Catalana o del País Vasco donde casi todo el personal de Urgencias cayó enfermo, o algún Centro de salud de una población cercana que tuvo que ser cerrado. Médicos de todas las especialidades se reconvirtieron temporalmente para atender a pacientes de coronavirus. El resto de consultas y especialidades, quedaron suspendidas, con el riesgo potencial de agravamiento de otras patologías.

 Súmenle a ello las imágenes que se vieron por televisión, de hospitales totalmente desbordados con pacientes tumbados en el suelo de los Servicios de Urgencias pendientes de ser atendidos, sin ninguna medida de aislamiento y protección, e intenten poner en su mente, imágenes no vistas, de decenas de ancianos fallecidos en muchas residencias, algunos de ellos sin poder ser retirados  por falta de recursos , las unidades militares trasportando cadáveres a recintos sociales de la comunidad de Madrid, convertidos en morgues improvisadas. Las actividades comerciales paralizadas.

Bien, pues hasta aquí, todo realidad, triste, dura y cruda realidad de la primera batalla ganada al coronavirus

Imagínense por un momento, y aquí podría empezar el guion de la película, que lo sucedido en lo que hemos llamado la guerra contra el coronavirus, la primera batalla la hubiera ganado él, y hubiera dado un paso más en su lucha contra la humanidad…

En ese caso, lo anteriormente descrito hubiera llegado a una situación trágica, cientos de miles, quizás millones de afectados, sanitarios enfermados, y los que no, al borde del agotamiento, imposibilidad de atender a más pacientes en los Hospitales por colapso, recursos materiales y medicamentosos agotados, pacientes en las calles esperando a ser atendidos, miles de enfermos falleciendo en su domicilio o en residencias, políticos también enfermos, colapso de funerarias, morgues y cementerios, con el consiguiente peligro de salud añadido, y una economía totalmente hundida con paralización del todo el sistema productivo, con escasez de productos básicos.

No olviden que el enemigo era totalmente desconocido (ahora muy poco menos), con síntomas nuevos y complicaciones tardías no conocidas, que vamos descubriendo (y las que nos queden por ver)

Que, para ser más complicado aún, el paciente puede contagiar desde varios días antes de darle síntomas. En este punto es imposible controlar la trasmisión a otras personas.

Y con unos tratamientos, hay que reconocerlo, inexistentes. Es un virus, y como tal, no hay tratamiento específico, más allá de analgésicos para combatir los síntomas leves.

Y para los más graves, con neumonía, se han tratado con azitromicina (un antibiótico empleado para infecciones respiratorias) o la cloroquina (antiparasitario empleado en la malaria) o Kaletra (antivirales utilizados en los pacientes con SIDA), todos ellos con contraindicaciones y efectos secundarios que han hecho suspender algunos tratamientos. Corticoides (al inicio estaban contraindicados), heparina.  Resumiendo, ningún arma eficaz, ningún tratamiento específico más allá del sintomático, el oxígeno y los respiradores. Créanme que es desalentador tratar a pacientes tan graves, sin ningún arma o tratamiento efectivo para combatir el virus.

¿Con esos antecedentes, no creen que el guion de la película se pudo escribir? No deseo que dentro de 100 años alguien desarrolle esa película (como ocurrió con el Titanic “el barco que ni Dios podría hundir”) representando la mayor catástrofe mundial de los últimos siglos.

Y si ese guion se escribiera, como final, pondría la escena en la que un médico, en el Servicio de Urgencias, vestido con su equipo de protección, es reconocido por un paciente joven, que se va de alta. Le mira a los ojos, que es lo único que se le ve, y le dice: Muchas gracias, usted me ingreso muy grave, con neumonía doble y me voy muy bien.

Solo por ello ha merecido la pena ser actor secundario de esa película de…. ficción?

Jesús Isidro Sánchez de la Blanca

Todos los cimientos de la sociedad, y como no, de nuestras empresas se están tambaleando por los efectos del Covid-19.

Parece que los datos sanitarios van siendo favorecedores y podemos ir pensando en dejar atrás esta situación e ir saliendo de nuestros confinamientos, tomando el pulso de nuevo a nuestra vida normal, nuestros trabajos. Pero, esta pesadilla no se va a quedar atrás tan fácilmente. Ahora las empresas van a tener que afrontar la “nueva realidad”, y van a tener que unirse para poder salir de las dificultades venideras, y poner las mejores dosis de inteligencia, voluntad y creatividad para tener mayores posibilidades de salir con los menos daños posibles.

¿Pero cómo deben afrontar esta “nueva realidad” las empresas?

Nadie tiene una la fórmula y por desgracia no depende solamente de la actitud de las empresas. Ya que vamos a tener una espada de Damocles encima de nuestras cabezas durante mucho tiempo, con el miedo de si va a haber o no otras oleadas o rebrotes de este dichoso virus. Y según los científicos…. Todo apunta a ello.

Las empresas van a tener distintos escenarios, que deben tener previsto de antemano.

Es indudable, que va a existir un número de personas que no van a tener trabajo, por los ertes, las conversiones a eres, quiebras….y eso va a conllevar que las familias, dosifiquen la cantidad de dinero que tienen mensualmente. Y, desde el punto de vista empresarial, las empresas van a tener un escenario de disminución de la demanda de sus productos, y una bajada de consumo de sus clientes y en el peor de los casos, la propia desaparición de sus clientes por no tener medios suficientes para poder realizar esas compras sin saber cuándo volverán de nuevo a sus empresas.

Pero, esto no va a afectar solamente a las empresas pequeñas en donde la mayor parte de sus clientes son las familias, esta crisis viene para estar tiempo entre nosotros, y las empresas medianas y grandes, también van a tener una disminución de la demanda, debido a que la economía es un todo, y todo y a todos nos afecta.

También las empresas deberán tener previsto otros factores que les va a afectar, y hablamos del otro escenario que por cada producto que vendan, el margen de beneficio que obtienen, lo van a reducir, debido a la falta suficiente de venta y como consecuencia, la rentabilidad que obtengan las empresas va a bajar considerablemente. La empresa se ha de organizar para este escenario desalentador.

Y el otro escenario al que nos está abocando esta nueva crisis económica, afecta a la tesorería de las empresas, y cuando hablo de este tema, hablo de la situación de ingresos y pagos. El índice de deudas y morosidad va a crecer a niveles similares o, por desgracia, como atestigua números estudios económicos, a niveles superiores a los de la crisis del 2008 que aun vivimos sus coletazos.

Un empresario, una empresa,…da igual el sector económico al que se dedique, debe anticiparse a esta nueva situación y analizar su estructura económica y comercial. Analizar a su vez, la capacidad de amoldarse a nuevos mercados y medios, analizar sus clientes y sus productos si les van a ser posibles generar beneficios para la subsistencia de la empresa y por tanto de sus trabajadores.

Se acerca una borrasca impredecible, son momentos de incertidumbre. Pero son momentos de analizar y prepararnos a posibles escenarios, sacar lo mejor de nosotros, ya que la previsión y la anticipación es el secreto de toda empresa para garantizar su futuro

Jesús Sánchez Migallón

La evolución que haya tomado la epidemia de coronavirus desde el día 20 de febrero que se entrega este escrito, hasta  marzo en que la REVISTA SIEMBRA llegue a sus manos, es imprevisible, desde que las medidas tomadas en China hayan sido efectivas y se produzca un descenso muy lento (nunca será de forma rápida) de los contagios y la desaparición de los casos que se están declarado en el resto del mundo, o por el contrario, que la epidemia siga un curso no controlable y se continúe extendiendo como lo hacen las olas de un lago en calma cuando tiramos una piedra.

Los coronavirus son una gran familia de virus que habitualmente afectan solo a los animales,

Algunos de ellos tienen la capacidad de trasmitirse de los animales a las personas, produciendo cuadros clínicos que van desde un resfriado común con tos, dificultad para respirar, fiebre y malestar general, hasta casos más graves produciendo neumonías, insuficiencia respiratoria severa, insuficiencia renal y llegar a la muerte, como ocurre con el actual coronavirus.

La trasmisión inicial se produjo desde animales infectados, y a partir de ello, se contagia de persona a persona por contacto directo de las secreciones respiratorias, la tos y estornudos, pareciendo poco probable, la trasmisión por el aire a distancias mayores de uno o dos metros.

Esta es la última epidemia. ¿Pero cuál es la primera de la que se tiene conocimiento? Fue la Peste de Atenas, en el siglo V a.C. en la que falleció una tercera parte de los habitantes de Grecia y cuyo origen fue un barco procedente de Etiopia.

Luego vendría la epidemia de Peste de Justiniano, en el siglo VI, que duro nada más y nada menos que 60 años, falleciendo unos 50 millones de personas. Solo en Constantinopla morían diariamente unas 10.000.

En el siglo XIV, una epidemia de Peste Bubónica asoló Europa, considerándose que su origen estaba en China (¡que coincidencia!) y traída por unos comerciantes genoveses.

Otra epidemia curiosa, la sífilis, enfermedad venérea por antonomasia, causó estragos en Europa, hay teorías de que la trajo Colón tras su descubrimiento, otras que ya existía en la vieja Europa.

En 1918 la mal llamada gripe española (España fue el único país que la reconoció, por estar Europa inmersa en la primera guerra mundial) y cuyo origen estaba en EEUU, mató a 40 millones de personas.

No podemos olvidar en este relato la epidemia de Legionella padecida en Manzanares en 2015 con la peculiaridad, que fue la que tuvo la tasa de más infectados por mil habitantes y la de menos mortalidad de las conocidas hasta ahora.

En su prevención todas estas enfermedades tienen algo en común, El aislamiento, que es apartar al enfermo (el que ya tiene síntomas de la enfermedad) del resto de la población. Y la cuarentena, nombre, cuyo origen está en los cuarenta días después del parto, y que en tiempos remotos se consideraba a la mujer impura y no se podía tener contacto con ella. O en los cuarenta días que Jesucristo pasó en el desierto. A diferencia del aislamiento, la cuarentena se impone a la persona sana, en el coronavirus, se estableció inicialmente en 14 días, pero últimamente se están ampliando a 21.

Mayte Criado

Tener una buena calidad y cantidad de sueño resulta fundamental para el correcto desarrollo emocional. Un tercio de nuestra existencia (220.000 horas en 60 años) nos la pasamos con los párpados cerrados, en un misterioso y desconocido estado que denominamos sueño, pero todo este tiempo es un tiempo activo y en él ocurren muchos cambios, tanto en las actividades mentales como en las funciones corporales, y todas ellas de enorme trascendencia para nuestro equilibrio físico y psíquico. Se puede decir, por tanto, que el sueño cumple una función reparadora para nuestro organismo, ayuda a la recuperación de energía, la termorregulación, la consolidación del aprendizaje y la memoria, entre otras muchas funciones.

Cada vez son más las personas que sufren de problemas crónicos relacionados con el sueño, fundamentalmente debidos al ajetreado ritmo de vida y situaciones de estrés que predominan en la sociedad actual. No dormir bien da lugar a la aparición de importantes consecuencias negativas para las salud; está demostrado que si nos mantenemos despiertos durante un período muy largo de tiempo o si intentamos suprimir el sueño de forma continuada, aparecerán alteraciones en nuestro organismo tales como un aumento de ansiedad e irritabilidad, problemas con la atención, concentración y memoria, perdida de reflejos, depresión y en casos severos incluso la muerte.

Si bien es cierto que todos podemos “perder el sueño” puntualmente, debido, por ejemplo, a situaciones que conllevan estrés, problemas de salud, consumo de ciertos medicamentos, demasiadas horas de trabajo, trabajo por turnos, beber alcohol, comer muy cerca de la hora de acostarse …, la mayoría de estas situaciones son puntuales. Cuando esto no es así, y el problema permanece en el tiempo o nos quedamos dormidos durante el día, roncamos o nos encontramos emocionalmente inestables, entonces tenemos que tomar medidas, pues pueden ser indicadores de alteraciones del sueño.

 Podemos diferenciar dos tipos principales de insomnio: insomnio de conciliación (cuando nos cuesta iniciar el sueño) e insomnio de mantenimiento (cuando nos cuesta mantenerlo y sufrimos varios despertares nocturnos). Ambos tipos resultan muy incapacitantes si se mantienen en el tiempo y requieren de ayuda profesional para poder experimentar mejorías. En muchas ocasiones, las personas con problemas de sueño recurren directamente a la medicación para solventar su malestar, pero no siempre esta es la opción más adecuada, ya que lo más importante es analizar cada caso de manera individualizada y tratar de encontrar el origen del problema. Además, es fundamental educar en la higiene del sueño y conocer cómo funciona nuestro cerebro para obtener información útil que nos ayudará a resolver de un modo más efectivo el tema del insomnio. En la mayoría de los casos, los problemas de sueño están producidos por una mala rutina de sueño y unos hábitos poco saludables que se pueden corregir con las pautas adecuadas.

Si usted o alguien de su entorno sufre de insomnio, no dude en contactar con algún Psicólogo de su zona o recomendar ayuda psicológica.

 

 

Javier Fernández Pacheco

Llevamos varios días de protestas de los agricultores, por los bajos que son los precios a los que se les compra su producto.

Es cierto que, si comparamos esos precios con los precios finales que vemos en el supermercado, la diferencia es abismal. Los telediarios hablan de subidas del 600% desde el precio en origen hasta el lineal del supermercado o la frutería.

Estaba hace unos días en clase de “Finanzas corporativas para la toma de decisiones” cuando se me ocurrió preguntar a mis alumnos si alguien conocía lo que era un análisis DAFO. Y me sorprendió que todos, absolutamente todos los alumnos en clase conocían esta herramienta. Lo que nos puede dar una idea del grado de implantación que tiene en la actualidad.

Para los legos en la materia, DAFO son las iniciales de Debilidades, Amenazas, Fortalezas y Oportunidades y se trata de realizar dos análisis.

Un primer análisis interno en el que nos centramos en los puntos fuertes y los puntos débiles que la compañía tiene a la hora de enfrentarse al mercado. Y un segundo, de carácter más externo, en el que buscamos qué oportunidades tiene la compañía delante de sí, para aprovecharlas en aras mejorar su posición, y qué amenazas existen en el entorno que puedan hacerle fracasar. Es una metodología desarrollada en los años 60 del siglo pasado y que causó una auténtica revolución en el tratamiento de la estrategia empresarial.

Por otro lado, cuando yo estaba finalizando la carrera, su uso comenzaba a estar muy extendido y por aquel entonces (primeros ’90) se empezaba a hablar de otra herramienta, ésta desarrollada por Michael Porter en su libro “Competitive Advantage: Creating and Sustaining Superior Performance”, denominada cadena de valor y que analiza el valor que aporta sobre un producto, cada una de las compañías que intervienen sobre él y como este valor se distribuye entre los distintos operadores según se apliquen cinco fuerzas.

  • Entrada de nuevos competidores
  • Amenaza de productos sustitutos
  • Poder de negociación de los clientes
  • Poder de negociación de los proveedores​
  • Rivalidad entre los competidores existentes

Durante los próximos números usaremos estas dos herramientas, el análisis DAFO y el análisis de la cadena de valor para profundizar en la situación de la agricultura, intentado dar respuesta a preguntas como ¿Por qué se encuentran los agricultores en esta situación? ¿Qué factores son los que les están anclando en esta dinámica? ¿Qué oportunidades se vislumbran en el futuro? ¿Qué fortalezas pueden usar para aprovechar esas oportunidades y defenderse de las amenazas?, ¿Qué papel juega cada uno de los actores de la cadena de producción/distribución? ¿Qué valor aporta cada uno?, ¿Qué se puede hacer para que las retribuciones se correspondan con el valor creado por cada actor?

Es un análisis que podemos utilizar para este problema, pero que se puede utilizar también para que cada uno de los afectados, o los responsables locales, analicen su propia situación en otros casos, como la crisis del pequeño comercio local… y ahí lo dejo.

Javier Fernández-Pacheco

Os voy a contar una historia. Un caso que me ocurrió con un amigo –y cliente– hace apenas unos meses. Pero que desgraciadamente ocurre con cierta asiduidad.

Antonio tiene 45 años. De acuerdo con la legislación actual se debería jubilar en Julio de 2.039 –tras cumplir los 67– y después de haber cotizado durante algo más de cuarenta. Por delante le quedarán, estadísticamente hablando, casi 22 años de vida. Bueno, de vida y de gasto, claro está.

Cuando nos vimos la última vez, Antonio estaba convencido de no necesitar tanto dinero para vivir cuando se jubilase.

Para entonces tendría la hipoteca pagada, los chavales ya no estarían en casa para poner la y no es persona de grandes lujos. Con unos pocos euros para hacer la compra, tomar un “chato” de tanto en tanto y algún que otro viajecito –que a través del IMSERSO salen de lo más barato– debería tener suficiente. Aunque pensándolo bien, para pagar la calefacción con los fríos de Manzanares, hay que ahorrar el resto del año.

Estuvimos hablando del tema jubilación porque es algo que le preocupa. Bueno, en realidad le preocupa a él y a toda una generación que lo único que tiene claro es qué si cobran pensión, ésta será de menos importe que la que cobraron sus mayores.

Comenté que había una serie de artículos, publicados en los números 405 a 408 de Siembra, en los que tratábamos este tema y recordó haberlos leído. Es más, me dijo: –“Yo ya tengo un plan de pensiones porque, cuando me compré el piso hace trece años, el banco me obligó a contratar uno y estoy poniendo 50 € al mes. Así que ese aspecto lo tengo ya resuelto”– y sin embargo había algo que le preocupaba. No lo acababa de tener claro.

Hicimos números sobre su ahorro. Lo tenía en un fondo muy tranquilo, que le venía dando un 2% anual. Así que nos fuimos a la tabla adjunta y comprobamos que, para cuando se jubilase, se iba a encontrar con 30.270 €.

En la mencionada tabla podéis ver el importe final, para cada 10 € ahorrados, según la edad a la que comencemos y para rentabilidades del 1% al 6%. En el caso de Antonio, como empezó con 32 años, saca un 2% anual y pone 50 € (que son 5 veces 10 €) cada mes, pues acabará con: 5 x 6.054 € = 30.270 €.

Antonio, después de jubilarse, vivirá 22 años. Y esos 30.270 € le van a suponer un incremento sobre su pensión de apenas 114,66 € al mes. Y es aquí donde viene el problema.

Que es doblemente problemático, porque si no hubiera ahorrado, sería consciente de la situación y habría pensado en otras opciones, pero como sabía que tenía un ahorro (sin saber de cuanto), pensó que lo tenía resuelto y eso es mucho peor porque cuando lo rescate, le vendrá la sorpresa. Y ya no tendrá margen de maniobra. 

Y es que, en cuestión de ahorros, el tamaño SÍ importa.

 Jesús Sánchez-Migallón Sánchez- Gil

Cuando este artículo se está gestando, aun suenan y leemos en los móviles las múltiples felicitaciones por Nochebuena, los deseos para el comienzo del nuevo año y los parabienes para el día de Reyes. Pero como la resaca no es propiedad de ninguna época del año, febrerillo el loco, quizás sea buen mes para dar a conocer esta situación en la que ninguno nos deberíamos ver nunca.

Pero no todos pueden decir que han pasado agradablemente alguna de esas noches. Sobe todo los que se han excedido en la ingesta de alcohol, habitualmente los jóvenes, (los que hemos pasado esa época de la vida, la experiencia nos dice que es preferible no excederse en la bebida, que pasar un resacón)

Cuanto más alcohol se ingiere, más probabilidades de sufrir resaca al día siguiente. Independientemente de los efectos agudos del alcohol, como el coma etílico, la desinhibición, la perdida de reflejos y los consecuentes accidentes de tráfico, los síntomas de la resaca aparecen cuando la tasa de alcohol en sangre está bajando y llega prácticamente a cero. Eso ocurre habitualmente a la mañana siguiente y puede dar todos o algunos de los siguientes síntomas:

Dolor de cabeza y de todo el cuerpo, estado nauseoso y vómitos, mucha sed, cansancio y debilidad, mareo, bajada del estado de ánimo e irritabilidad, palpitaciones cardíacas, temblores, dificultad para conciliar el sueño o por el contrario sueño excesivo, aumento de la sensibilidad a los ruidos y a la luz.

La resaca no es más que una reacción de nuestro organismo a una sustancia toxica, el etanol, que, para metabolizarlo y expulsarlo, se trasforma en acetaldehído, también toxico, y entre uno y otro son los causantes de que se orine más, con la consiguiente deshidratación ( por eso produce mareo, sed, aturdimiento) o irritación del estómago ( de ahí el retardo en la evacuación, produciendo nauseas, vómitos y dolor abdominal) o bajada de azúcar en sangre, o dilatación de los vasos sanguíneos de la cabeza, produciendo el típico dolor de cabeza de las resacas.

Hay unas condiciones previas que agravan la resaca, que pueden agravarlo, como beber con el estómago vacío, ya que favorece la rápida absorción, o la asociación con tabaco u otras sustancias toxicas, y la mezcla de diferentes bebidas alcohólicas.

Pocas formas hay de prevenirla, únicamente hacer un consumo muy moderado y responsable del alcohol de alta graduación, comer antes y durante la ingesta de alcohol alimentos ricos en hidratos de carbono, evitando las grasas y beber abundante agua, que elimina la sensación de sed, hidrata y ayuda a la eliminación del alcohol en sangre.

La resaca con alcohol no se cura. Únicamente remedios naturales como ingesta de frutas, abundantes líquidos y reposo pueden hacer mejorar ese tránsito entre la borrachera y la normalidad.

¿ La mejor elección? No beber.

Quizás este articulo hubiera sobrado, si las campañas educativas tanto a nivel de familias, centros escolares, sanitarios y juveniles estuvieran dando resultado. Analicemos que estamos haciendo mal, padres, educadores, profesionales…

¿Es tan difícil concienciar a nuestros jóvenes de lo poco saludable y las consecuencias que para su salud tiene el consumo abusivo de alcohol?

                                                      

 

 

 

 

 

Jesús Isidro Sánchez de la Blanca Romero Nieva

Son temas que no nos gusta hablar pero son necesarios conocer. Cuando todos pasemos por el doloroso trance de la muerte, nuestro patrimonio, nuestro dinero, nuestras deudas seguirán aunque nosotros no estemos, y pasarán a nuestros herederos.

Éstos van a tener un dolor por la pérdida de un ser querido, pero aparte deben realizar trámites que son muy duros y que la sensibilidad va a estar a flor de piel. Por esta razón, partiendo de la premisa de que nadie tiene control sobre su propia muerte y puede venir en cualquier momento, cada uno de nosotros, en un momento dado, deberemos preguntarnos  ¿Podemos facilitar a nuestros herederos ese momento tan difícil como es la herencia cuando ya no estemos?

Si fallecemos sin haber podido indicar quienes son nuestros herederos a través del testamento, la situación de la herencia es conocida como “ab intestato” y esto va a sumar a los herederos un dolor de cabeza, un trámite más, sin entrar en posibles disputas y evidentemente, más costos, sobre todo en los casos de no tener hijos.

Todos hemos oído términos como Testamento y Declaración de Herederos, pero pocos saben que diferencia hay, aunque puede parecer que son iguales, tienen funciones diferentes.

La diferencia fundamental es quien hace el acto. Así, en el testamento es el propio interesado que en vida nombra quien son los herederos en Escritura Pública ante Notario. Mientras que la declaración de herederos, de forma general puede hacer a través del Notario que en Escritura Pública el que dice quién son los herederos del fallecido.

La declaración de herederos, deberá ser solicitada por aquellas personas que se consideran beneficiarios de la herencia de la persona fallecida que no ha dejado Testamento. En dicha declaración, se tendrá en cuenta el orden de sucesión hereditaria que viene establecido por Ley.

Para hacer la declaración de herederos, aparte de cumplir requisitos notariales, deberá presentarse dos testigos que conozcan a la familia junto con el certificado de defunción, empadronamiento, de Última Voluntades, libro de familia…

El testamento es un trámite sencillo, en el que el interesado, explicará al Notario como desea repartir su patrimonio. En España, existen diversos testamentos, pero el más común es el denominado “Testamento Abierto”, y lo normal en los casos que el interesado está casado y con hijos, dejará a la pareja el usufructo y nombrará herederos a los hijos. Si es conveniente recordar que el testamento es un acto individual.

En el testamento, decidiremos cómo y a quién dejaremos nuestro patrimonio, aunque no es necesario concretar los bienes que dejaremos a cada uno de los herederos. Incluso se pueden constituir legados, que es aquel deseo del interesado en dejar a una persona concreta un bien determinado. También es posible designar en el testamento, otros actos como nombramiento de tutores de nuestros hijos menores en caso de fallecimiento.

Por eso es recomendable, en aras a facilitar más problemas a nuestros herederos el considerar realizar el testamento y ayudar a pasar este difícil trance.

 

 

 

 

 

 

Mayte Criado

Psicóloga

   -Si preguntamos a las personas que hay nuestro alrededor acerca de cuál es su estación del año favorita, segura estoy que, en su mayoría, la respuesta será unánime; el verano. La falta de luz y el frío, sin duda, repercuten en nuestro estado de ánimo, aunque no a todos por igual.

Hay personas a las que la temperatura y la estación del año prácticamente no les afecta a su estado de ánimo, pero hay otras que pueden llegar a vivirlo tan intensamente que sufren el conocido como Trastorno afectivo estacional (TAE). A medida que la estación del año va acortando los días y haciendo que éstos sean más fríos, la cantidad de serotonina que segrega nuestro cuerpo es inferior a la segregada en otras estaciones del año. Además, al haber más horas de oscuridad, el cerebro segrega más melatonina (que se activa por la noche y es la hormona que nos ayuda a dormir) y por eso sentimos más somnolencia y más cansancio durante esta época del año.

Los síntomas depresivos tales como: falta de ganas de hacer cosas (apatía), cansancio físico, aumento de la somnolencia, tristeza, frustración, falta de energía, irritabilidad, aumento del apetito por los dulces …, se prolongan en el tiempo y se intensifican sin otra explicación aparente, es decir, sin que a la persona le hayan sucedido otros factores o causantes de ese desanimo. Así, estos síntomas empiezan a dar la cara con el inicio del otoño y pueden mantenerse más o menos intensamente hasta el inicio de la primavera.

Por otro lado, también se ha relacionado el trastorno afectivo estacional con la falta de luz solar en edificios. Muchos de los edificios en los que vivimos o trabajamos, no tienen fuentes de luz solar, sino que es luz artificial. A poca gente le gusta este tipo de luz para trabajar, nos es incómoda y nos cansa más. Las personas con depresión estacional acusan mucho más los síntomas de la depresión en estos ambientes que en aquellos que haya luz natural.

La fototerapia es una de las terapias más habituales para este trastorno. Esta terapia consiste en que la persona afectada de depresión estacional se exponga a una lámpara de luz de 10.000 lux, durante 30 minutos al comenzar su día. De esta manera el reloj biológico se sincroniza y se deja de segregar melatonina. Es habitual que haya que reforzar este problema con terapia psicológica para ayudar a la persona a recuperar sus rutinas y los hábitos perdidos.