Mayte Criado Núñez

 Empezar a normalizar las nuevas rutinas, harán que tu día a día sea más llevadero y se descargue de cierta tensión e incluso ansiedad

Sin duda, la situación relacionada con el tema del coronavirus está mejorando poco a poco. Pero aún queda mucho por hacer. El miedo es una de las emociones que más se ha instaurado en nosotros desde que conocimos que un virus muy peligroso para nuestra salud, nos rondaba de manera despiadada. A pesar de que ya han pasado más de dos meses desde que conocimos de su existencia, hay emociones que no han dejado de estar presentes en nuestro día a día y es importante conocerlas y saber gestionarlas bien para lograr una adecuada adaptación a lo que será la nueva “normalidad”. Entre ellas, el miedo, como ya he dicho, pero también hay otras; incertidumbre, desasosiego, ansiedad, bajo estado de ánimo…

Como todo en la vida, siempre tenemos dos opciones (al menos), de elección. Por un lado, aceptar las circunstancias tal y como nos vienen dadas, sin cuestionarnos el por qué ni buscar explicaciones más allá de donde la mente humana puede lograr entender; a esto se le llama, aceptación. Por otro lado, existe la opción de renegarse y estar continuamente quejándonos de algo sobre lo que no tenemos control en absoluto. Esto nos desespera y amarga la vida. De ti depende la opción que elijas. Como Psicóloga, te recomiendo que elijas la primera. La de la aceptación, la de entender que desde mediados de Marzo la vida de prácticamente medio mundo (o mundo entero), ha cambiado y hemos de adaptarnos, sin peros, sin excusas y sin más.

Es muy importante hacernos conscientes de la necesidad de introducir varias modificaciones en nuestro estilo y forma de vida a las que no estábamos acostumbrados; salir con mascarilla a la calle (sí, hace calor, pero no queda otra, es para protegerte y proteger), maximizar las medidas de higiene habituales, lavado y desinfección de manos constante, desinfección de productos y superficies… ¿Tanto cuesta esto de verdad? Pienso que hay cosas peores. Al final, empezar a normalizar estas nuevas rutinas, harán que tu día a día sea más llevadero y se descargue de cierta tensión e incluso ansiedad. Mejorará tu ánimo y te ayudará a estar más tranquilo y con menos incertidumbre. Aceptación es sinónimo de liberación. Aceptar supone soltar aquello que está fuera de nuestro control y entender que hay cosas que, aunque no sean de nuestro agrado, hay que acatar y llevar a la práctica con la mejor actitud posible. En mi opinión, introducir algo de humor dentro de esta pandemia, es fundamental para sobrellevarla de un modo más efectivo.

No obstante, no todas las personas tienen la misma capacidad de afrontar una situación de igual modo. Habrá personas con un mayor nivel de ansiedad que hayan desarrollado una acentuación de sus síntomas e incluso que hayan podido experimentar ciertos síntomas hipocondríacos. O personas con problemas de estado de ánimo para las que el confinamiento haya supuesto un empeoramiento de su equilibrio emocional. Lo mejor en estos casos es ponerse en manos de profesionales y seguir sus recomendaciones. Aun así, la recomendación general para todas las personas sigue siendo la aceptación y adaptación a la nueva situación. Sólo así, conseguiremos encontrar la estabilidad que necesitamos para poder vivir nuestro día a día con la mayor tranquilidad posible.

Mayte Criado

Tener una buena calidad y cantidad de sueño resulta fundamental para el correcto desarrollo emocional. Un tercio de nuestra existencia (220.000 horas en 60 años) nos la pasamos con los párpados cerrados, en un misterioso y desconocido estado que denominamos sueño, pero todo este tiempo es un tiempo activo y en él ocurren muchos cambios, tanto en las actividades mentales como en las funciones corporales, y todas ellas de enorme trascendencia para nuestro equilibrio físico y psíquico. Se puede decir, por tanto, que el sueño cumple una función reparadora para nuestro organismo, ayuda a la recuperación de energía, la termorregulación, la consolidación del aprendizaje y la memoria, entre otras muchas funciones.

Cada vez son más las personas que sufren de problemas crónicos relacionados con el sueño, fundamentalmente debidos al ajetreado ritmo de vida y situaciones de estrés que predominan en la sociedad actual. No dormir bien da lugar a la aparición de importantes consecuencias negativas para las salud; está demostrado que si nos mantenemos despiertos durante un período muy largo de tiempo o si intentamos suprimir el sueño de forma continuada, aparecerán alteraciones en nuestro organismo tales como un aumento de ansiedad e irritabilidad, problemas con la atención, concentración y memoria, perdida de reflejos, depresión y en casos severos incluso la muerte.

Si bien es cierto que todos podemos “perder el sueño” puntualmente, debido, por ejemplo, a situaciones que conllevan estrés, problemas de salud, consumo de ciertos medicamentos, demasiadas horas de trabajo, trabajo por turnos, beber alcohol, comer muy cerca de la hora de acostarse …, la mayoría de estas situaciones son puntuales. Cuando esto no es así, y el problema permanece en el tiempo o nos quedamos dormidos durante el día, roncamos o nos encontramos emocionalmente inestables, entonces tenemos que tomar medidas, pues pueden ser indicadores de alteraciones del sueño.

 Podemos diferenciar dos tipos principales de insomnio: insomnio de conciliación (cuando nos cuesta iniciar el sueño) e insomnio de mantenimiento (cuando nos cuesta mantenerlo y sufrimos varios despertares nocturnos). Ambos tipos resultan muy incapacitantes si se mantienen en el tiempo y requieren de ayuda profesional para poder experimentar mejorías. En muchas ocasiones, las personas con problemas de sueño recurren directamente a la medicación para solventar su malestar, pero no siempre esta es la opción más adecuada, ya que lo más importante es analizar cada caso de manera individualizada y tratar de encontrar el origen del problema. Además, es fundamental educar en la higiene del sueño y conocer cómo funciona nuestro cerebro para obtener información útil que nos ayudará a resolver de un modo más efectivo el tema del insomnio. En la mayoría de los casos, los problemas de sueño están producidos por una mala rutina de sueño y unos hábitos poco saludables que se pueden corregir con las pautas adecuadas.

Si usted o alguien de su entorno sufre de insomnio, no dude en contactar con algún Psicólogo de su zona o recomendar ayuda psicológica.

 

 

Mayte Criado

Psicóloga

   -Si preguntamos a las personas que hay nuestro alrededor acerca de cuál es su estación del año favorita, segura estoy que, en su mayoría, la respuesta será unánime; el verano. La falta de luz y el frío, sin duda, repercuten en nuestro estado de ánimo, aunque no a todos por igual.

Hay personas a las que la temperatura y la estación del año prácticamente no les afecta a su estado de ánimo, pero hay otras que pueden llegar a vivirlo tan intensamente que sufren el conocido como Trastorno afectivo estacional (TAE). A medida que la estación del año va acortando los días y haciendo que éstos sean más fríos, la cantidad de serotonina que segrega nuestro cuerpo es inferior a la segregada en otras estaciones del año. Además, al haber más horas de oscuridad, el cerebro segrega más melatonina (que se activa por la noche y es la hormona que nos ayuda a dormir) y por eso sentimos más somnolencia y más cansancio durante esta época del año.

Los síntomas depresivos tales como: falta de ganas de hacer cosas (apatía), cansancio físico, aumento de la somnolencia, tristeza, frustración, falta de energía, irritabilidad, aumento del apetito por los dulces …, se prolongan en el tiempo y se intensifican sin otra explicación aparente, es decir, sin que a la persona le hayan sucedido otros factores o causantes de ese desanimo. Así, estos síntomas empiezan a dar la cara con el inicio del otoño y pueden mantenerse más o menos intensamente hasta el inicio de la primavera.

Por otro lado, también se ha relacionado el trastorno afectivo estacional con la falta de luz solar en edificios. Muchos de los edificios en los que vivimos o trabajamos, no tienen fuentes de luz solar, sino que es luz artificial. A poca gente le gusta este tipo de luz para trabajar, nos es incómoda y nos cansa más. Las personas con depresión estacional acusan mucho más los síntomas de la depresión en estos ambientes que en aquellos que haya luz natural.

La fototerapia es una de las terapias más habituales para este trastorno. Esta terapia consiste en que la persona afectada de depresión estacional se exponga a una lámpara de luz de 10.000 lux, durante 30 minutos al comenzar su día. De esta manera el reloj biológico se sincroniza y se deja de segregar melatonina. Es habitual que haya que reforzar este problema con terapia psicológica para ayudar a la persona a recuperar sus rutinas y los hábitos perdidos.

 

 

 

 

 

Mayte Criado

 -Son muchas las personas que sienten poco afecto hacia los gatos ya que siempre ha sido considerado como un animal más bien poco sociable, introvertido e independiente. Pero la realidad es otra. Está más que demostrado que convivir con uno de estos felinos puede generar importantes efectos emocionales positivos y que su presencia contribuye a mejorar nuestra calidad de vida.

La gatoterapia es un tratamiento tradicional contra los síntomas del estrés, la ansiedad y el bajo estado de ánimo con la ayuda de gatos domésticos. La utilización de este tipo de terapia basado en la compañía que proveen estos pequeños felinos domésticos puede ayudar a mejorar la salud física y mental y la calidad de vida en general, a través de la interacción amistosa entre el gato y la persona. Lo positivo de la gatoterapia es, justamente su sencillez: se fundamenta en la compañía que se ofrecen e gato y la persona y el modo en el que interactúan.

Tanto la actividad de acariciar a un gato como los sonidos que emiten, especialmente el ronroneo, tienen efectos relajantes que contribuyen a disminuir los niveles de estrés. También reducen considerablemente el nivel de presión sanguínea y el ritmo cardíaco, lo cual los convierte en grandes aliados para las personas con problemas de corazón. De hecho, un estudio realizado en Estados Unidos probó que los pacientes con problemas cardíacos que vivían con gatos mejoraban más rápidamente su estado. En otra investigación, concluyeron que las personas que tienen gato como animal de compañía tienen menos riesgo de morir por un infarto. El ronroneo de un gato se encuentra a muy baja frecuencia, entre 20 y 140 Hz, y está comprobado que los sonidos de baja frecuencia afectan positivamente en el estado de ánimo de las personas, favoreciendo un buen humor y aportando una sensación de seguridad al que se encuentra cerca. También son muy útiles para combatir el insomnio, ya que su sonido relajante ayuda a conciliar el sueño.

El uso de la gatoterapia ha resultado ser muy útil en residencias geriátricas u hospitales, y en algunos ya se utiliza como cualquier otra forma terapéutica más. Varios estudios han comprobado que el trato de los ancianos con gatos, les ayuda a expresar emociones y a estimular la memoria, ejercicio que resulta ser muy beneficioso en casos de personas con demencia. Este tipo de actividades favorecen el retraso de la degeneración neuronal y es especialmente provechoso en casos de personas con demencias.

La gatoterapia también es especialmente útil en casos de personas con trastorno psíquico o algún tipo de discapacidad, ya sea física o psíquica. Sus efectos son especialmente notables en casos de autismo, Síndrome de Down, Alzheimer y otros tipos de demencias asociadas.

Si por algún motivo no puedes tener un gato como mascota, pero quieres beneficiarte de su acción terapéutica, debes saber que existen una web y diferentes aplicaciones de móvil que imitan los ronroneos y sonidos más relajantes de un gato.