Por Pedro Lozano Martín Buro

Acción, reacción, repercusión, nunca una ley fue tan simple y clara. El pasado 22 de noviembre se inauguró el nuevo Mercadona al lado del cuartel de la Guardia Civil. Es un 2×1 en toda regla ya que el nuevo supermercado abrirá al mismo tiempo que cierran los locales existentes en la calle Jesús del Perdón y Empredada. Este coloso nacional destaca por su comodidad, precio, variedad y facilidades de acceso, un claro ejemplo del capitalismo moderno que va camuflado y con careta. Como el tiempo que nadie lo ve y pasa sin hacer ruido, estos centros comerciales se van implantando poco a poco creando esas islas de la uniformidad que decía el sociólogo Zygmunt Bauman. Hoy, aquí y allá, todo es idéntico, todo se confunde, nada es distinto, mismo colorido, misma estructura, mismos productos, igual el Mercadona aquí, que en Valdepeñas, Lisboa, Martorell o Castelldefels, solo cambiamos los consumidores.  El nuevo Mercadona con su fachada imponente que brilla con fulgor, es otro “no lugar”, esos sitios en los que no podemos encontrar un sentido de pertenencia, otro sitio sin alma, espacios del anonimato donde el individuo se siente como espectador, sin arte ni parte, nada que ver con la naturalidad de los mercados de toda la vida, las tiendas de ultramarinos o de barrio que habitarán en el fondo del olvido. Lo significativo de estos nuevos centros es su fuerza de atracción, inversamente proporcional a la vinculación territorial, al menos, eso sí, el personal es de Manzanares y en muchos casos, ni eso.

El 2×1 traerá cambios en el pueblo, ni mejor, ni peor, acción, reacción, repercusión. Lo notaremos en la facilidad de aparcamiento, sin zona azul, de momento; en un incremento del tráfico rodado en la carretera de La Solana y las inmediaciones de la rotonda de la gasolinera y de los institutos; en la facilidad de entrada y salida de consumidores de pueblos vecinos; también, en la mayor y mejor prestación de servicios y productos; en una oferta adicional de comidas preparadas y seguro que en el arrendamiento de locales próximos a este centro.

Este cambio de pareja, quid pro quo, por un local más joven después de tantos años, afectará en mayor medida a la celosa calle Empedrada que se ha quedado compuesta y sin novio. Al principio la veremos triste, dolida y abandonada como si estuviera despechada pero quizá esos celos puedan ser una oportunidad para reinventarla y sacar lo mejor de sí misma.

Dada la interrelación entre los espacios y la conducta humana quienes los diseñan, conceden licencias y modifican planes de urbanismo deben promover y generar oportunidades futuras donde no las hay, explotando lo mejor que tiene, su mejor partido, la ausencia de tráfico. Acción, reacción, repercusión.

Remar a contracorriente cansa mucho, pero quien lo hace sabe que está vivo. El 2×1 es tentador y seguro que me arrastrará su fuerza, pero al menos, seré fiel a mi carnicero, a mi charcutero y a mi frutera de siempre, como dice el Papa Francisco «comprar puede ser un acto moral, y no sólo económico». Consumismo con ética y con sentido social, esa es la clave. Acción, reacción, repercusión.

 

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