MARÍA TERESA GARCÍA PERALES

María José Pacheco Tenedor, maestra en el CEIP “Altagracia”, se ha jubilado este curso pasado, dejando una larga trayectoria profesional tras de sí. Sus compañeros y alumnos quieren hacerle llegar un pequeño gesto de admiración por los años de dedicación al centro, agradeciéndole su entrega y vocación. Aunque no han podido celebrar con ella el inicio de esta merecida nueva etapa, por las circunstancias que estamos viviendo de sobra conocidas, quieren transmitirle sus mejores deseos, reconociéndola siempre como una persona prudente, trabajadora, querida y respetada por toda la Comunidad Educativa.

 

María José, háblanos de ti…

Nací un caluroso día de verano en un lugar de la Mancha llamado Villanueva de los Infantes, un pueblo donde en cada una de sus calles, plazas, iglesias y casas se respira tranquilidad, sosiego, armonía y belleza. Donde cada piedra es historia y cada eco poesía.

Recuerdo mi infancia, sin duda una de las etapas más felices, disfrutando de la vida familiar, yendo al colegio, jugando con mis primas y amigas en el patio de casa o en la calle cuando llegaba el buen tiempo. Durante las vacaciones de verano mi hermano y yo visitábamos a mis tíos y abuelos en Siles, un pueblecito de la Sierra de Segura con unos paisajes preciosos, donde salíamos a pasear con nuestro abuelo que nos contaba cuentos, historias o nos iba explicando cómo se llamaba cada flor, cada árbol, cada pájaro y otras muchas curiosidades de la fauna y flora de la zona y sobre todo, nos enseñó a amar y respetar la naturaleza e hizo nacer en mí el deseo de aprender.

¿Desde cuándo supiste que querías ser maestra?

Cuando acabé mi etapa en el instituto, me trasladé a Jaén y estudié magisterio haciendo así realidad el sueño de SER MAESTRA, pues desde muy pequeña tuve claro que quería dedicarme a la docencia y seguir el ejemplo de mis maestras y maestros que con los escasos medios con que contaban, pero con mucho esfuerzo e ilusión, lograron trasmitirnos no solo los conocimientos de las distintas asignaturas, sino los valores que junto a los inculcados por nuestras familias nos llevaron a ser adultos responsables.

¿Cómo fueron tus inicios como maestra? ¿Tienes alguna anécdota de esos años que recuerdes aún?

Allá por el verano de 1983 aprobaba la oposición en la ciudad de Córdoba y meses después me llamaban para hacer mi primera sustitución en un pequeño pueblo de la provincia de Jaén llamado Rus, situado al lado de Úbeda; y mientras en Madrid estaban en plena movida, en Rus calentábamos la escuela con una estufa de leña que, la verdad, aunque frío no pasábamos, el ponerla en funcionamiento cada mañana era una odisea, pues había que sacar la ceniza del día anterior y después cargarla de leños y encenderla, lo que suponía que toda la clase se llenase de humo y acabásemos tosiendo hasta que con las ventanas abiertas la humareda desaparecía.

Por la tarde, cuando salía con mis amigas solía ver a mi querido alumno Manolo dando un paseo por el pueblo subido en su vaca lechera, lástima que no existieran los móviles de última generación para haber inmortalizado el momento, seguro que se hubiese hecho viral.

Y como nuestra vida es un libro en el que vamos pasando página, a continuación, me destinaron a Torreperogil, donde di clase a los alumnos de octavo de EGB que por aquella época podían estar hasta los 16 años y que curiosamente a pesar de mi juventud me trataron con respeto y consideración.

El curso siguiente viajé a Algeciras, donde en el colegio Almanzor tuve un primero con cuarenta alumnos y alumnas, este año lo recuerdo con mucho cariño pues fue mi puesta de largo en la enseñanza. De esta época tengo que destacar los viajes entre Algeciras y Valdepeñas en el tren Expreso que salía a las diez de la noche y llegaba a Valdepeñas a las 9:30 o 10 de la mañana. A veces, los vagones tenían hasta un kilómetro de longitud y en la Serranía de Ronda se podía ver el tren completo desde la cabeza a la cola serpenteando las montañas, una maravilla.

En el curso 85-86 me hicieron definitiva en mi pueblo en el CEIP Arqueólogo García Bellido y ni os cuento lo contentos que se pusieron mis padres. Allí coincidí con algunos de mis maestros y maestras ya como compañeros y que para mí siguieron siendo un ejemplo a seguir. Estuve 18 años en Educación Infantil en el edificio de la Trinidad del que guardo muy buenos recuerdos, pues además de compañeros, establecimos una gran amistad. Durante esta etapa, fue cuando formé mi familia y me ocurrió lo mejor que me ha pasado en la vida, el nacimiento de mis dos hijas.

En Manzanares has desarrollado casi la mitad de tu vida laboral…¿Qué sensaciones y recuerdos te llevas de este tiempo?

En el año 2003 me hice manzanareña. He sido docente en el CEIP Altagracia durante 17 años donde he vivido momentos muy especiales, como despedidas o jubilaciones de compañeras y compañeros, así como la llegada de otros nuevos, el final de curso y el comienzo del siguiente, con la ilusión de los primeros días de clase y las caritas de asombro y algunos llantos en los años que estuve en Educación Infantil. También, en 2019 la celebración del 50 aniversario en la que se volcaron profesores, familias, AMPA, alumnos, ayuntamiento y diría que el pueblo de Manzanares, pues en todas las familias hay alguien que ha sido o es alumno o alumna del colegio.

Durante todos estos años siempre he pensado que había elegido la mejor profesión del mundo MAESTRA. He trabajado en lo que me gusta y a pesar de las trabas y las dificultades que encontramos a veces en la docencia, sigo pensando que ha merecido la pena y si volviera a nacer volvería a andar el mismo camino.

Fotos: Día y Noche.

¿Cómo puedes resumir tu último curso como docente en estas circunstancias tan especiales?

Ha coincidido mi jubilación con este curso extraño, sin duda el más atípico y difícil de todos, pero como hay que ver la parte positiva, pienso que nos servirá para centrarnos más en lo auténtico, en los valores que son realmente importantes en la vida.

A todos los compañeros y compañeras de Altagracia que representáis también a tantos otros que se han cruzado en mi camino, daros las gracias por tantos momentos compartidos, con muchos durante varios años, porque como decía Walt Disney “no son los días lo que recordamos, sino los momentos”.

Dar las gracias a las familias que han confiado en mí, colaborando y dándome su apoyo incondicional siempre que lo he necesitado y ayudándome a superar las dificultades que hayan podido surgir, sobre todo, en este último curso tan complicado para todos. Gracias a vuestra ayuda y empatía todo ha sido más fácil.

A mis niñas y niños del curso pasado que han sido unos campeones y lo siguen siendo aún más en este nuevo y difícil año académico. Deciros que he aprendido de vosotros cada día, y he recibido mucho más de lo que he dado. Me ha desbordado vuestra sinceridad, entusiasmo, alegría, esfuerzo y espontaneidad y esto lo hago extensible a las alumnas y alumnos que he tenido a lo largo de todos estos años, muchos de vosotros ya mayores de edad, todos tan distintos y únicos, pero tan valiosos dentro de una sociedad plural donde el respeto mutuo, el diálogo y la tolerancia deben ser los pilares de la convivencia. Deciros que vosotros cogéis el testigo, sois el futuro y la esperanza en una sociedad más justa y respetuosa, no sólo con el SER HUMANO sino con nuestro PLANETA en su conjunto, pues no tenemos que olvidar que formamos parte de ÉL.

Gracias a todas y a todos, muchas gracias por vuestra amabilidad, generosidad, complicidad y amistad. Ya formáis parte de mi vida.

Gracias a ti, MAESTRA, por estos años dando lo mejor de ti en la docencia…

¡ No hay mejor momento para ser feliz que a partir de ahora ¡

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