Manuel Rodríguez Mazarro

Hace ya algunos años en los bares de Manzanares no había grifos de cerveza “sin”, se cumplía año y medio de mili, no había supermercados, eran tiendas de tendero/a que hacían el artículo, se hablaba con la vecina, había tabernas con humo de “Ideales y Celtas” , se hervía la leche, conocimos al histórico Francisco Franco, los billetes de mil pesetas, revelar los carretes de fotos, fumar los maestros en la clase, máquinas de escribir, practicar el método Ogino, darle cuerda al reloj, los carros, galeras, tartanas, nació la democracia, …

Sería un próximo libro que realizar, interminable el cambio de nuestra generación: –El título: — “Las batallitas del abuelo”. Igual que la actual generación es la tecnología, como la anterior fue el manejo del esparto, la pleita, todo envase era de tal materia silvestre, trabajado con las manos, capachos, esteras, serijos, espuertas, cordetas, …

Pasamos a la transformación, la “era” del plástico, el automóvil, T.V., vacaciones, derechos y deberes pocos. Entonces todo se fue ajustando al consumo, usar y tirar al reciclaje. Gran problema mundial del cambio climático, gases, deshechos, escombreras, vertederos nucleares, llegando a contaminarnos unos a otros, primer ingrediente la mascarilla y lejía.

Estamos conviviendo familiarmente con los virus, “bichito” con diadema real cargándose a medio mundo, el reducirlo costará sudor y lágrimas. Causando más muertes que cualquier guerra mundial sin necesidad de bombas nucleares ni armamento sofisticado.

Un ejército nos cuesta más que tener al día nuestros hospitales y su personal bien equipado. Tenemos que estar preparados para un antes y un después.

Todo esto me recuerdan los seguros que casi todos tenemos, negocio, trabajo, doméstico, accidentes, incluso defunción y planes de pensión o jubilación. Lo bueno es pagarlo y no tener que necesitarlo, echar mano de ello y en caso de…, pues para eso está.    

El futuro. Cuando lleguen a conocer tal “marcianito” con vacunas y técnicas; vendrá otro y otro. Finalmente y pienso en Manzanares, fuera de los problemas con las mascarillas, guantes, confinamiento, paisajes vacíos, palabras repetitivas, residencias, videoconferencias, discursos, decisiones compartidas, musiquero “resistiré”, policías con “cumpleaños” y balcones a las ocho.

Vendrá la segunda parte del “Covic-19”, será la 20, 21, 22 y nos dieron las 23 y desnudos al anochecer nos encontró la luna, la canción de Joaquín Sabina. Se presentará el “virus-económico”, fatal levantar el árbol seco por mucho nitrato de Chile que le echemos al comercio en general, nuestra hostelería, olvidarnos de “nuestros sabores”, esas tapas, vino pálido, conversación a cara descubierta, saludos afectuosos, apretón de manos, ferias y fiestas, medievales, mercadillos, cines, teatros, pésames emotivos.

Dicen que volveremos a ser diferentes, más humanos, a pedirle sal y perejil a la vecina, complacientes, unida la familia, los hijos, abuelos. Quisiera ver el final de esta confinación casera, palabra que confundo con: confitado y confirmado. ¡Amén!           

                                                                             

               

 

 

 

               

        

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