Diego R. Gallego Fdez-Pacheco

El Plan General de Ordenación Urbana de Manzanares del año 1976, tuvo, sin duda, efectos muy positivos en el desarrollo urbanístico de Manzanares. En un contexto en el que la especulación y el escaso control de la edificación se traducían en demoliciones de edificios antiguos para favorecer la construcción de bloques de gran altura y otras edificaciones inadecuadas, su entrada en vigor, estableció un cierto orden, impidiendo que cada promotor hiciera lo que le resultase más lucrativo, como lamentablemente había sucedido en los años anteriores a su aprobación.

No obstante, no es posible mantener en el momento presente que todo su contenido ha sido beneficioso, hay aspectos superados por la visión y los criterios urbanísticos que se manejan en la actualidad. Probablemente nunca debió darse luz verde a urbanizar y edificar en terrenos de la vega del río Azuer, ni se tendrían que haber permitido esas tipologías edificatorias con cuerpos en voladizo cerrados, ni por supuesto aceptar los masivos retranqueos y chaflanes en las alineaciones de las calles. Tampoco el número excesivo de alturas en los inmuebles, que afortunadamente fue corregido y limitado a un máximo de tres plantas en una modificación del año 1982.

El Plan de Ordenación Municipal (POM), aprobado en 2003, pudo reconducir algunas cosas no del todo consolidadas, eliminó la posibilidad de hacer cuerpos volados cerrados, suprimió bastantes retranqueos e introdujo un catálogo de edificios protegidos, que se ha desarrollado más recientemente.

Pero en esta breve reflexión, quería centrarme en el efecto de los retranqueos en las alineaciones de las calles, que ha sido un tema poco debatido y del que apenas se ha hablado, siendo, sin embargo, uno de los aspectos con más incidencia y casi siempre con un impacto más negativo en el trazado urbano de la localidad.

En su origen, la finalidad de los retranqueos era priorizar el tráfico rodado en detrimento del peatonal, dotando a las calles de calzadas más amplias con espacio para aparcamientos y conseguir con los chaflanes una mejor visibilidad desde los vehículos en las esquinas. No se pensaba demasiado en que, por esa dudosa causa, se estaba alterando la trama urbana existente, se estaba obligando a demoler edificios de toda la vida y en ocasiones con valores históricos, ambientales o artísticos, etiquetándolos como “fuera de ordenación”.

Lo que verdaderamente quedaba fuera de lugar y fuera del ordenamiento urbano establecido por el tiempo, eran esos absurdos retranqueos y chaflanes

Hoy día, analizando el resultado de ese urbanismo de retranqueos con destrozos generalizados en las viejas alineaciones de nuestras calles, que en muy pocos casos ha conseguido rectificar tramos completos de calles, podemos decir que lo que verdaderamente quedaba fuera de lugar y fuera del ordenamiento urbano establecido por el tiempo, eran esos absurdos retranqueos y chaflanes, pensados en exclusiva para facilitar y beneficiar la circulación.

 

 

 

 

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