Por Juan Ramón Morales Sánchez Migallón

 

Ha habido héroes y villanos (de ahí los aplausos y el ruido de cacerolas)

 

Yo sigo erre que erre con la situación que estamos viviendo: la ya lejana, que no ha dejado en ningún momento de ser un estado de guerra en la que no había bombas pero sí muertos, en la que, también como en la guerra, hemos tenido un frente, en el que no ha habido disparos, pero sí heridos y fallecidos, una situación en la que ha habido héroes y villanos (de ahí los aplausos y el ruido de cacerolas). La recientemente pasada, que empezó llamándose desescalada (una palabra inexistente y vacía de contenido a la que, al cabo de unas semanas, la RAE dio validez “en el sentido de que su uso se explica como derivación negativa de ‘escalada‘, entendidas ambas en alusión a un proceso escalonado o gradual en un sentido y en el opuesto”), nos han intentado convencer, por activa y por pasiva de nuestra salida más fuertes, cuando no era verdad; que ‘juntos’ saldríamos de ésta, cuando, por razones lógicas, nos hablan de distanciamiento social; y la actual, que ya tiene gracia, parece que la nueva normalidad va a consistir en que nuestros niños estén en los colegios ‘metidos en una burbuja social’, el aforo en los locales, que nos han llevado, de nuevo, a las colas en los establecimientos, que nos tengan permanentemente vigilados, ya que la poca capacidad de algunos así lo va a requerir, pues los rebrotes son constantes y por muy controlados que nos digan que están, el número de fallecidos y de nuevos contagiados siguen aumentando, acercándonos de nuevo a un nuevo confinamiento.  Hemos vuelto por nuestros fueros, sin aprender absolutamente nada de la experiencia sufrida y ya estamos viendo Comunidades que caminan hacia atrás.

Existe, para mí, otra forma de salir de ésta que nada tiene que ver con lo anterior, que no dejan de ser un slogan publicitario, y no es otra que la solidaridad. Pero… ¿Qué es la solidaridad? ¿Qué significa ser solidarios? Para mí ser solidarios no es, simplemente, dar una moneda a quien la pide, ofrecer un pedazo de pan a quien tiene hambre, o un vestido a quien está desnudo. La solidaridad no se puede confundir con la limosna. Es mucho más que ella. Ser solidarios es: ayudar, apoyar, acompañar, compartir, respaldar y proteger. Ser solidarios es:  dar, pero dar con amor, no sólo los bienes materiales sino también los espirituales, sonriendo, mirando a la cara, como quien da a un hermano; haciendo que aquel que recibe sienta que es querido; buscando que la necesidad quede satisfecha, al menos en buena parte. Ser solidarios es: mostrar al otro que nos interesa, que queremos su bienestar, que lo sentimos igual, que nada de lo que le sucede nos es extraño o indiferente. Ser solidarios es: servir de corazón, amar con el corazón. La solidaridad es una virtud humana, urgente en la vida social, porque apoya la convivencia y hace posible el compartir. La solidaridad es hermana de la justicia y de la compasión, que Jesús vino a enseñarnos, haciéndose solidario con nosotros, con la humanidad entera y con cada uno, primero con su venida y luego con su sacrificio salvador. Hay muchas maneras de ejercer la solidaridad. Cada uno puede buscar la que más se adecúe a sus circunstancias y posibilidades. Lo importante es ser solidarios con alguien de manera permanente.

 

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