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Pedro Lozano Martín-Buro
lfpabogados@lfpabogados.es

Gracias al condensador de flujo, los agujeros de gusano y el envolvimiento cuántico ya es posible viajar por el tiempo. El 16 de junio del año 2032 el aterrizaje se efectuó sin dificultad en un lugar de la Mancha, en una Plaza, llamada de las Palomas. La comunicación estaba lastrada por un críptico intercambio de datos, no era muy fluida, aun así, ya se percibían los cambios producidos, especialmente, en el comercio local como consecuencia de la pandemia.

17:00 Hora local. Cumpliendo órdenes me preparo para tomar contacto. Abriendo la escotilla 23. Abandono la nave. Tiempo despejado, mayormente soleado con ligeros vientos de la sierra de siles; temperatura, 32 grados centígrados; humedad relativa, 40 por ciento. Corto.

17:08 Hora local. Observo personas que caminan rápidamente, todas con un móvil en su mano y separadas unas de otras por una distancia de dos metros. Van con mascarillas de diferentes colores y formas. Nadie se fija en mi. Corto.

17:09 Hora local. Hay carteles digitales que informan del número de infectados con diferentes gráficas. De forma intermitente y con luces de neón, qué curioso, aún se anuncian controles de velocidad en el polígono y cortes en el suministro del agua debido a mejoras de la red, se piden disculpas a los vecinos que parecen estar acostumbrados a esta situación. Corto.

17:11 Hora local. En el perímetro observado se aprecia una apuesta decidida por la vigilancia digital, hay cámaras por todos sitios. Por el móvil se investigan los movimientos, las compras, la velocidad, las amistades y los comentarios críticos en las redes sociales. Se controla cada clic. No existe la esfera privada, repito, no existe la esfera privada. Corto.

17:12 Hora local. Las cámaras captan las imágenes faciales y la temperatura corporal. Atención, atención, observo que en este lugar no hay comercios, ni tiendas, ni bares, está todo cerrado. Silencio ensordecedor. Sobrevuelan restos de carteles perdidos donde se puede leer “se alquila local comercial”. No hay espontaneidad, flexibilidad, capacidad de sorpresa ni cercanía. Es todo muy raro. Corto.

17:14 Hora local. Primer acercamiento a un ciudadano. Consideremos a ese chico con el móvil. Sigo sus pasos, avanza sólo, se detiene, reacciona, levanta la cabeza y continúa su ida siguiendo el horizonte de la punta de sus zapatos, manipulando y tocando el móvil sin soltarlo. Sigue su marcha. Levanta su mirada, me ve, soy un extraño y no me puede bloquear. Pido instrucciones para contactar. Corto.

17:23 Hora local. Primer contacto con habitante de la zona.

  • Hola, ¿qué buscas? ¿puedo ayudarte?. —se dirige a mi en forma amistosa—
  • Algún comercio en la zona. —contesto rápidamente—
  • Ya no quedan, ¿no lo sabe? El pueblo luchó hace 10 años contra la pandemia con grandes medidas higiénicas, controló el virus, pero olvidó, tras el confinamiento, que comprar podía ser un acto moral y no sólo económico y que debía prevenirse del consumismo sin ética y sin sentido social. Pasó lo que pasó, nos dejamos llevar por las compras masivas por Internet. En una sociedad del exceso como aquella, tan acelerada, el mejor antídoto hubiera sido no dejarse llevar. No lo hicimos…Hubo una segunda oleada que nos golpeó con ese otro virus que fue aún peor, el del egoísmo indiferente. Nos fulminó. Nos aisló e individualizó y el pequeño comercio desapareció.

18:05  Hora local. Vuelvo a la nave. Hay que hacer algo para cambiar el futuro. Corto y cambio.

En términos financieros, el valor añadido es la diferencia entre el coste de la producción y el precio final de venta o también el valor que adquieren los bienes y servicios al ser transformados durante el proceso productivo. A veces, ese valor no se pude cuantificar en euros, es un intangible.

Cuando realizamos una compra en un pequeño establecimiento de Manzanares, el producto que nos llevamos a casa ha adquirido un gran valor añadido: la cercanía y el consejo de la persona que lo vende, la confianza de poder reclamar o cambiarlo o arreglarlo si el resultado final no es el deseado, la buena conversación entre vecinos en el momento de la compra, la seguridad de que el vendedor se está comprometiendo personalmente porque no es una locución automática que te atiende por teléfono sino que es nuestro vecino, al que volveremos a ver en cualquier momento y que se siente vinculado y se responsabiliza.

Pero también nosotros podemos conferir un valor a nuestra compra, o más que valor, unos ciertos valores. Cada vez que compramos en nuestro pueblo contribuimos a que una familia salga adelante y prospere, lo que a su vez repercutirá en beneficio de otros comerciantes que a su vez podrán vender sus productos también y ganarse la vida honradamente. Contribuimos a que nuestras calles y plazas se animen y se propicie el encuentro personal entre los vecinos y se cree un tejido social amable y sano. Contribuimos a hacer de la compra un acto cercano y amistoso, humano, lejos de la pulsión de compra puramente consumista.

El producto adquirido en el pequeño comercio local adquiere un nuevo valor: el valor de la colaboración y la solidaridad entre vecinos.

En estos tiempos en que la revitalización del comercio local es clave en nuestra ciudad, no solo es necesario que compremos en nuestro pueblo con el valor añadido al que hacemos referencia, sino que también que a nuestra compra le añadamos valores, el valor añadido de la solidaridad, la ayuda, la buena vecindad y la responsabilidad con nuestro comercio, que es la vida del pueblo.

Por Pedro María Castellano

Hay quienes, a los nacidos en Manzanares, nos llaman manzagatos. Incluso quien lo hace en tono despectivo. Sin embargo, yo creo que es todo lo contrario. Dicen de los gatos que son fuertes, astutos y habilidosos, no en vano se cree que tienen siete vidas y que cuando caen, lo hacen siempre de pie. Y así es el carácter de los que hemos nacido en Manzanares. Hemos demostrado en multitud de ocasiones que somos una sociedad fuerte y que las veces que las circunstancias nos han intentado derribar, hemos sabido caer de pie.

Son muchísimos los actos heroicos de gente cotidiana que nos encontramos a diario. Multitud de gestos de cariño hacia los que, día tras día, se enfrentan a esta pesadilla. Innumerables los voluntarios de nuestra localidad, que dedican su tiempo a fabricar mascarillas e ingenian EPI para ayudar a quienes intentan combatir esta pandemia. Y hemos de estar orgullosos como sociedad, porque ese tiempo y esos actos de cariño, van dirigidos a todos nosotros, ya que, de una forma u otra, todos nos enfrentamos al maldito virus, ya sea de forma pasiva, quedándonos en nuestras casas para no contagiarnos ni contagiar a nuestros vecinos, o de forma activa, en el hospital, centros de salud, residencias de ancianos, policías y cuerpos de seguridad o limpiando nuestras calles y recogiendo nuestra basura.

Los pequeños comercios de Manzanares, han demostrado ser mucho más grandes que cualquier gran superficie.

Las pymes de nuestra localidad, han sabido adaptarse a esta situación y se han apresurado a facilitar sus teléfonos para atendernos y hacernos llegar todo aquello que necesitamos, sin necesidad de salir de nuestras casas y exponernos al contagio. Nuestros agricultores y ganaderos son gigantes que cada día, se enfrentan a los molinos del miedo armados con su empeño de hacernos servir los alimentos que necesitamos.

La crisis del coronavirus que estamos sufriendo, es dura, muy dura. E incluso esta realidad que vivimos, se vuelve aterradora cuando por desgracia, podemos poner nombres y caras a las cifras que escuchamos de afectados y fallecidos. Cuando nos toca de cerca. Pero lo superaremos, porque somos manzagatos, y por muy hondo que parezca el pozo del covid19, vamos a caer de pie. Y no importa si por momentos nos falta el aliento, porque tenemos siete vidas, hemos sido bautizados con vino blanco y a nosotros, los manzagatos, nada ni nadie nos puede vencer.

 

Pedro Lozano Martín-Buro

Es de noche. Una tos te despierta. Al principio parece lejana, pero se va acercando y cierras los ojos pensando que no es nada. Se vuelve a repetir, una y otra vez, cada vez más próxima. Tus hijos lloran y mi alma cruje por dentro como un papel arrugado. Piensas en dormir pero no puedes, el temor y la duda acecha tu casa. No es nada, ayer escuchaba las noticias y transmitían seguridad y certeza, decían que había que confiar en las autoridades sanitarias pero no se cancelaba ningún evento, ni se seguían las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud. Oía la radio y me sugerían que era una simple gripe, más contagiosa, un trancazo gordo, nada más. Los contagiados iban incrementando poco a poco, parecía que no era alarmante pues lo más importante era asistir a la manifa de excluyentes feministas. Visto lo visto, sin pudor ni vergüenza quedarán atados a la culpa.

Dos días más tarde, todo se dispara en Madrid, suenan las alarmas, cierran los colegios y vemos que quienes se enfrentan a esa guerra lo tiene claro, deben abastecerse. Comida y papel higiénico sin saber muy bien por qué. Las redes de comunicación nos inundan, mensajes de whatsapp a diestro y siniestro, comunicación a tope.

En Manzanares empieza verse con sorpresa colas en las puertas de las carnicerías, bandejas vacías en Mercadona, de forma repentina cancelan el cole, pasas por las farmacias y lees que no tienen gel desinfectante, ni glicerina, ni mascarillas… Se suspenden todos los actos y actividades públicas, Universidad Popular, Escuela de Música, Cadi, actividades en centros municipales, eventos deportivos. Todo, absolutamente todo. Es confuso, hay un vaivén de sucesos. Llamada a la calma y de repente se decreta el Estado de Alarma.

Hay que quedarse en casa, lavarse las manos, separarse dos metros, no tocar, no besar. El virus es muy contagioso y hay que evitar el contagio y el colapso sanitario. Por ti y por mi. Cuando parece que todo se acaba, ves luz afuera de las tinieblas. El pueblo de Manzanares acepta las reglas. Empiezas a darte cuenta que la sociedad en la que vives merece la pena. El individuo deja de pensar de forma aislada, deja el yo y piensa en su padre, su madre, abuelos y personas mayores. Quiere evitar que se contagien. El hombre moderno, hasta ahora, era incapaz de pensar como especie. El empuje que recibe le incita a vivir en un individualismo cómodo y egoísta y ahora ha sido sustituido por un sentimiento fraterno, de colaboración y compromiso, no como alguien estrechamente egoísta, sino como alguien dotado de una responsabilidad social capaz de preocuparse altruistamente por los demás seres humanos. Nos hemos quedamos en casa, no por nosotros, por todos. Orgullo de pueblo, se me pone la piel de gallina. ¡Viva Manzanares!

Cayetano Inarejos

En un día determinado del mes de febrero de 2020, oímos noticias a través de la radio y televisión de un virus nuevo que se había detectado en China en Wuhan capital de la provincia de Hubei.

La distancia de Wuhan a Manzanares en línea recta es de unos 10.035 Km., pero si utilizamos necesariamente la línea de conducción que necesariamente tiene que hacer la curvatura de la tierra, serian 12.687 Km., hasta Madrid y a Manzanares unos 12.862 Km., que los expertos calculan se tardaría unas 147 horas en vehículo terrestre y unas 10 horas por vía aérea.

Pero esto no es al asunto en sí, la cuestión es que, si las autoridades chinas y en nuestra parte mas occidental nos empezamos a enterar en febrero, los chinos ya lo sabían en diciembre.

Mientras las autoridades comienzan a dar la importancia, que nosotros no sabemos la difusión y la velocidad del corona-virus, se empieza a reaccionar el día 9 de marzo y el día. Pero no es hasta el día 14 de marzo, cuando se saca el real decreto.

Pero ya el día de la víspera empieza el nerviosismo consumista y en el amanecer del día 14, las colas en los supermercados de esta localidad, son inimaginarios, personas pegados unos a otros sin guardar la distancia recomendada y su inmensa mayoría sin mascarillas, ni guantes (puedo entender que no se pusieran mascarillas ante la falta, pero guantes de látex que se utilizan para fregar el menaje, y otras funciones del hogar).

Me llegan wasaps con fotos y es increíble, y uno de mis amigos me pone “las colas del razonamiento”.

Y acto seguido me llega lo que me contaba mi bendita madre, sobre el racionamiento y las largas colas y cuando llegabas y tenías cartilla de racionamiento, tenías derecho a un mollete de pan por persona para no se sabía cuando habría otra vez pan, arroz y alguna otra legumbre eso lo que tocase y poco, no poquísimo.

Luego podrían llegar las gachas que se hacían con una harina de algarrobas, o depende de la época, recogían collejas (verdura vegetal que crecía por distintas partes de nuestros inexplotados campos de manera silvestre), pero solo hervidas o cocidas, ya que el freír con aceite era algo impensable y si quedaba un cuscurro del mollete, antes mencionado.

El pan, base de la dieta, era el bien mas preciado y por consecuencia más escaso.

Otra circunstancia que me contaban, fue que al escasear el pan en Manzanares, en Valdepeñas lo había en relativa abundancia y sin pegas ni colas de espera. Pues mi padre toma la decisión ante las diversas bocas que había en la familia que alimentar, de cogerse una mula y equipado con dos talegos, aquellos que se utilizaban para llevar el rollizo pan de cruz y que cabían siete por talego y campo a través, para evitar controles por los caminos centrales y carretera.

Lo consigue y llega al atardecer a su casa y ante el alborozo de los hermanos pequeños y su madre, el padrastro observa que a uno de los panes le falta un trozo, ese que se corta al empezar el pan redondo como una barquita rellena de miga. Pregunta que le ha pasado a ese pan y le responde que era lo único que había tomado en todo el día lo había compartido con la mula. Respuesta: Aquí o comemos todos o no come nadie.

A la tarde del día 14 de marzo las estanterías de los supermercados de Manzanares estaban vacíos, como arrasados, al preguntar que se había llevado la gente en general. Respuesta: “PAPEL HIGIÉNICO”- ¿Cómo inquiero, incrédulo? Si, en cantidades muy altas.

Alucinando me alejo y me voy a otro de la periferia y con idéntico resultado:

Me pregunto:

¿Es el papel higiénico el pan de nuestro tiempo?

 

Enclaustrado pero todavía libre lo escribo el día 25 de marzo del 2020.

 

 

 

 

Carlos Fernández-Pacheco Sánchez-Gil y Concepción Moya García

El comercio de los pueblos de nuestra comarca estaba asociado, al igual que en otras zonas, a la interacción entre las villas y los territorios rurales que las rodeaban. La producción agraria y las materias primas producidas en su entorno eran trasladadas a los lugares donde se concentraban los puestos de venta en los pueblos, que se solían articular alrededor de las plazas públicas, como foco de compra y venta de productos. En los años finales del siglo XV y comienzos del XVI se produjo un auge de la economía en La Mancha, como consecuencia de varios factores: el aumento demográfico, las buenas cosechas, el alza de los precios agrarios por la llegada de los metales americanos y el desarrollo de la artesanía local, para satisfacer las necesidades de los nuevos pobladores. Todo ello favoreció el aumento del comercio, por un lado, de los mercaderes que se encargaban del traslado de los productos agrícolas y artesanales que se producían en distintas zonas, asistiendo a mercados y creando redes comerciales, y por otro, de las tiendas que se establecieron en los pueblos, para la venta de los productos locales y de los importados por dichos mercaderes, los cuales en algunos casos cumplían ambas funciones, pues a su labor comercial y de negocio, unían la posesión de una tienda en los pueblos donde estaban establecidos.

     La existencia de tiendas en Manzanares está datada desde fechas tempranas, pues en la primera década del siglo XVI, la cofradía de San Sebastián ya poseía una lindera con las casas de Alonso Sánchez Calero el Viejo. Al mismo tiempo se constata la existencia de mercaderes locales que asistían a ferias, y se desplazaban comprando y vendiendo sus productos por toda la provincia.

     Un claro ejemplo de ello, lo encontramos en Cristóbal de Villarreal Barceno. Cuando su padre Diego Barceno, fue asesinado en Ciudad Real, durante los tumultos antijudíos de 1474, su madre, Leonor López, se trasladó a Manzanares con sus nueve hijos, siendo Cristóbal el más pequeño de ellos. Su madre y sus seis hermanas se ganaron la vida cosiendo y tejiendo, mientras que de sus hermanos uno se trasladó a Sevilla como paje y el otro se hizo sastre, estableciéndose en Membrilla[1].

     Cristóbal fue instruido durante su infancia en una escuela de Membrilla, siendo enviado posteriormente a Sevilla, donde estuvo dos años y medio al servicio de un mercader, Alfonso de Villarreal. Tras ello, completó su aprendizaje en Tembleque, con el contador Fernando de Ribera, adquiriendo los conocimientos de contabilidad necesarios para desarrollar su trabajo. Una vez adquirida la formación adecuada, se estableció en Manzanares con su madre, donde abrió una tienda de especiería, con la que empezaría a ganarse la vida de manera independiente. Más adelante, se unió a otros comerciantes de Daimiel y Villarta, recorriendo ferias y mercados de diversos lugares, aumentando así de forma importante su radio de acción. Su gran actividad le permitió aumentar su negocio en Manzanares, instalando un matadero de cerdos en su casa, en la que vendía los productos de la matanza, al tiempo que actuaba de intermediario de productos textiles, teniendo posiblemente la propiedad total o parcial de un batán, lo que le hacía participar en la mayor parte del proceso productivo textil. En 1513 fue detenido, juzgado y condenado por judaizante[2].

     Vemos como este formado mercader converso de origen judío, no se limitó a abrir una tienda para vender los productos, sino que tejió una amplia red comercial, ampliando y diversificando sus negocios, lo que le aseguraba amplios ingresos, producto de una activa red mercantil, lo que provocaba el rechazo de sus vecinos “cristianos viejos” que lo acabaron denunciado, terminando así con su lucrativo negocio.

     La mayoría de las tiendas de Manzanares, al igual que en otras localidades, se establecieron en la Plaza Pública, y acabaron siendo controladas por los poderes públicos de la villa, que veían en ellas un lucrativo negocio. En la segunda mitad del siglo XVI, de las cinco tiendas que había en la plaza, una era propiedad del Concejo, otra del bachiller Quesada, que era alcalde ordinario, y el resto de personas vinculadas a oficios municipales, con lo mantenían el control y monopolio del principal centro comercial de la villa, arrendándolas a altos precios. Los establecimientos comerciales estaban controlados por las élites locales y el propio ayuntamiento, que las alquilaban a personas con formación como tenderos, quienes se encargaban de su gestión, mientras que otros pequeños establecimientos eran propiedad de cofradías o personas particulares.

     La llegada de una nueva minoría en 1577, los moriscos granadinos reasentados en Manzanares tras la revuelta de las Alpujarras, con la capacidad y decisión necesarias para ejercer el comercio, estuvo a punto de desestabilizar el negocio. La pretensión de los moriscos de establecer tiendas para la venta de fruta, especias y lienzos, provocó que el ayuntamiento limitara el número de tiendas de la plaza a cinco, que eran las que existían en ese momento, impidiendo su aumento, por lo que los moriscos fueron desplazados a una calle situada en las afueras de la localidad, en la que establecieron sus negocios, la cual fue conocida desde ese momento como Zacatín[3], que significa “mercado de ropa” en algarabía (árabe hispano), nombre que todavía conserva.

     Parte de los productos alimentarios, se solían producir en la localidad, como los cereales, legumbres, vino, carne, y algunas frutas, mientras que otros se obtenían en las huertas de poblaciones cercanas. La mayoría de los artículos para la construcción se adquirían o  elaboraban en el pueblo y sus alrededores, como la piedra, tierra, cal y yeso, así como productos textiles sencillos, lo que fomentaba el comercio local y comarcal. Sin embargo, la falta de algunos productos básicos, hacía necesario un comercio más amplio, que traía aceite de Andalucía, pescado de Sevilla, Cartagena y Málaga, hierro de Vizcaya, madera de Alcaraz, Cuenca y la Sierra de Segura, junto a paños de seda y mercaderías ordinarias de Toledo y otros lugares[4].

     En el siglo XVII se mantenían las tiendas de la plaza, apareciendo citada la de Martín de Quijada, cuando se proyectó la ampliación de aquella, y a comienzos del siglo XVIII, en un proceso inquisitorial, vuelve a citarse una tienda de la localidad, al frente de la cual estaba María Núñez, en la que se vendían alimentos y frutos secos[5]. En esta ocasión se observa cómo las mujeres tenían cierto peso y presencia dentro del comercio local, lo cual se verá corroborado en los años siguientes.

(continuará)

 


[1] Archivo Histórico Nacional (AHN). Sección Inquisición, Tribunal de Toledo, legajo 163, expediente 7, Proceso contra María López por judaizante, 1512-1522.

[2] AHN. Sección Inquisición. Tribunal de Toledo, legajo 188, expediente 10, Proceso contra Cristóbal de Villarreal Barceno, 1513-1523 y TOLEDANO GALERA, Juan: “Conversos y comercio en el Campo de Calatrava en la Edad Media. Siglos XV-XVI” en Cuadernos de Estudios Manchegos, II época, nº 23-24. Instituto de Estudios Manchegos. Ciudad Real, 2001, pp. 32, 39 y 40.

[3] GÓMEZ VOZMEDIANO, M. F.: Mudéjares y moriscos en el Campo de Calatrava. Biblioteca de Autores Manchegos. Ciudad Real, 2000, p. 104.

[4] VIÑAS MEY, C. y PAZ, R.: Relaciones histórico-geográficas-estadísticas de España ordenadas por Felipe II. Ciudad Real. Centro Superior de Investigaciones Científicas. Madrid, 1971, p. 297.

[5] AHN. Consejo de Órdenes Militares, legajo 6089, visita de 1607 y Tribunal de la Inquisición de Toledo, legajo 33, expediente 16, Proceso de fe de Manuel Carrán y Manuel Pajero, 1707.

Jesús I. S. B. R. N.

Hoy estamos con la Zapatería de Hermanos Noblejas Barberán CB en Manzanares,  contarnos un poco vuestros orígenes

Somos una empresa manzanareña, familiar que se fundó el 12 de septiembre del año 1988. Creemos que supuso un gran impacto en nuestra localidad, ya que era un nuevo sistema de venta en el que los clientes podían circular libremente por todo el establecimiento, una cosa que por aquel entonces no estaba muy visto aquí.

¿A parte de Manzanares, tenéis más tiendas en otras localidades no?

Si, tras unos primeros comienzos, se abrieron consecutivamente otras dos tiendas más, aquí en Manzanares y en Daimiel.

Calzapiel actualmente cuenta con cuatro tiendas físicas en la provincia de Ciudad Real y para seguir atendiendo con mayor facilidad a nuestros clientes, en Otoño del año pasado, inauguramos nuestra tienda online WWW.CALZAPIELONLINE.COM. Siempre con el deseo de seguir ofreciendo a nuestros clientes la mejor calidad, precio y diseño en nuestros productos.

¿Qué es lo que más demandan los clientes?

Nuestros clientes demandan sobre todo moda de calidad a precios interesantes.

En nuestro catálogo contamos con calzado de señora, caballero y también para los más pequeños de la casa.

Trabajamos con las marcas más reconocidas del mercado, aunque éstas van cambiando en la medida que surgen nuevos fabricantes que aportan un valor añadido a sus colecciones ya sea en precio, en calidad o moda.

Os habéis lanzado a la aventura de la venta por internet. ¿El futuro va por ahí?

Pensamos que sí, ya que los consumidores cada vez son mas propensos a comprar desde casa, aunque la tienda física también será un puntal importante en las ventas ya que podemos ofrecer un servicio, asesoramiento y confianza que el comercio online no puede dar.

De hecho hay tiendas que solo vendían online han empezado a abrir tiendas físicas, sobre todo en grandes ciudades y centros comerciales.

¿Qué opinas sobre la situación actual de tu sector en la provincia y sus expectativas para los próximos años?

El pequeño comercio lo  tiene cada vez más complicado por la tendencia actual del mercado, que no solo tiene que competir con las grandes cadenas en centros comerciales, sino  también con el comercio online, aunque el comercio tradicional cuenta con argumentos de venta como el asesoramiento, el servicio y la cercanía que el resto de canales de distribución no tendrán nunca.

Las expectativas no son muy halagüeñas, tendremos que reinventarnos con cambios más frecuentes en nuestros catálogos, mejor servicio, venta online… Porque si no lo hacemos, cada vez habrá menos tiendas que vendan productos multimarca y el cliente tendrá menor poder de elección. Eso va a llevar que al final vayas al centro comercial, siempre están las mismas cadenas vendiendo lo mismo con lo que la oferta que tiene el cliente se reduce a cuatro o cinco cadenas con los mismos artículos.

¿Qué propuestas o iniciativas se te ocurren para dinamizar o impulsar la actividad empresarial en Manzanares?

Promover todas aquellas actividades que fijen la población en Manzanares, impulsando acciones de dinamización comercial, que desarrollen actividades de ocio, que aúnen sectores como la restauración, cultura y comercio de proximidad.

También se deben hacer campañas de difusión que pongan en valor la importancia para los pueblos de la actividad comercial desarrollada por el comercio local, crear el día del comercio de proximidad y establecer una política de rebajas y promociones acotando los periodos de tiempo.