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Javier López

Qué curiosa es esta veleta y qué complicado es observarla desde el nivel del suelo. Localizada en la calle empedrada, en la casa de los García Noblejas, es distinta a todas las que existen en Manzanares, por una peculiaridad. Pertenece al grupo de veletas tradicionales, porque cumple con todas las normas que rigen en las veletas a lo largo de los siglos, pero es diferente a las actuales que vemos en las nuevas construcciones.

   Con otra mirada, vamos a centrarnos en esta, observándola de abajo arriba, obviando el pararrayos que tiene adosado, al ser un objeto posterior al origen de estas. Cumple en su forma con los cánones que las rigen, que, de paso, vamos a comentar de una manera resumida. Todos conocemos que las veletas, además de ser un instrumento meteorológico que nos ayuda a identificar la dirección del viento, es también un adorno de los edificios y soporte en el que se expresan simbolismos y motivaciones que se relacionan con el uso de estos.

   La veleta se compone de un eje vertical que une, sustenta y al que van engarzados el resto de los elementos que la constituye, principalmente, la parte móvil que es la que gira con el viento y nos señala la dirección. El arranque del eje vertical esta insertado en la obra del edificio y suele ser una esfera, bien de metal o de piedra maciza, en ocasiones, calada, cuando se trata de esferas metálicas a modo de los meridianos de la tierra. En otras, la esfera única es sustituida por una secuencia de varias bolas, en un número máximo de cuatro, de un diámetro semejante o como ocurre más comúnmente de diámetro decreciente en sentido ascendente. La misión de estas esferas es proteger la cúpula o el edificio de los impactos de los rayos, de manera que las de metal se fundían, pero el resto de la obra no sufría. A continuación, se encuentra la parte móvil de la veleta en la mayoría de los casos flechas con cola de banderola, es en la cola donde se aprovecha para realizar en ella adornos calados (letras, fechas, escudos…) o formas variadas que a veces corresponden con la imagen o símbolo que identifica el oficio del propietario del edificio. Como remate todas tienen una cruz, en Manzanares suele ser de Calatrava, o simplemente dos palos cruzados.

    Ahora que conocemos más de las veletas, vamos a examinar la de la fotografía con otra mirada, y percibimos que es escultural, porque tiene unos adornos entre la bola (con meridianos) y la flecha, en su banderola tiene el calado de una flor y otros adornos en la parte superior antes del remate que asemejan culebrillas o relámpagos.

   Aquí es donde nos preguntamos: ¿Qué más tiene esta veleta de la calle Empedrada que la hace inédita? Analizándola con otra mirada, advertimos que el remate superior es una estrella de los vientos en tres dimensiones (por cierto, muy interesante) y es ahí, donde radica su originalidad. Una veleta que no tiene una cruz es la única de las antiguas de Manzanares que no tiene una cruz más o menos historiada o con más o menos poderío como terminación, es un objeto singular que si tiene que ver con los vientos y la orientación, pero es precisamente lo que hace que sea exclusiva, y la más atrayente de todas.

   Paseen por el centro de Manzanares, verán cómo es la única que no tiene una cruz como colofón.

MSM

AMAZON, NETFLIX, HBO…. ¿cómo no rendirse ante estos conquistadores de nuestro ocio? Es un hecho que hoy en día nuestra relación con los libros se distancia cada vez más, mientras que ganan terreno otras experiencias como las que ofrece la televisión o el consumo de productos multimedia. Y es un hecho también que la lectura debe coexistir con otras ofertas culturales como los entornos informáticos, la imagen o la música.

Es difícil encontrar un momento para los libros. Pero si ese momento llega, la primera dificultad con la que nos encontramos es qué leer, porque son tantas las novedades y se nos ofrece una cantidad tan inabarcable de obras que encontrar un buen libro no es fácil.

Si hemos sido capaces de resolver este primer problema y hemos encontrado un buen libro, ahora cabe preguntarse, ¿qué nos lleva a apagar el televisor o dejar el ordenador, la tablet o el móvil?

La respuesta a esta pregunta está en descubrir que no hay mayor placer que una historia que cae en tus manos y que la devoras, palabra a palabra, con la sensación de que no puedes dejar de leer. Página tras página te metes en el relato, conoces a sus personajes, te identificas con ellos, participas en su historia, ríes, recuerdas, te emocionas…y entonces no hay competencia posible y ya no hay que encontrar tiempo, sino que el tiempo te encuentra a ti.

Y, por si esto no fuera poco, leer invita a reflexionar, amplía horizontes, aviva la memoria, las experiencias pasadas… Está comprobado también que la lectura mejora el uso del lenguaje y de la escritura, desarrolla la imaginación y la creatividad, aumenta la capacidad de concentración… ¿se puede pedir más?

Se ha demostrado que la persona que es amante de la lectura desarrollará su cerebro de tal forma que podrá llegar fácilmente a los 90 años completamente lúcida y con una gran capacidad mental e intelectual. Claro, leer no alarga la vida, pero sí la ensancha.

Por todo ello, encontremos un momento para los libros y si hay niños en casa fomentemos en ellos el placer de leer desde pequeños. En próximos números podremos ver cómo transmitir a los más jóvenes este placer por leer y pensar.

Manuel Gallego Arroyo

Si no fuera porque tengo por seguro que los cuentos son un salidero más de la realidad, llegaría a pensar que la vida es un cuento, o que los cuentos son la vida. En estos tiempos, no sé el porqué, me viene a la memoria – ¡qué digo memoria, a la conciencia! – el famoso cuento de “Pedro y el lobo”. Recordarán aquella conseja infantil, que inicia a los niños -también a los mayores- en la idea de que no hay que jugar con lo serio. Vamos, que es sano y muy recomendable no alarmar gratuitamente, o por mero placer, pues, cuando llega el peligro de verdad, corremos el riesgo de no alarmar a nadie.

A ver si era así. Había una vez un niño que se llamaba Pedro y que era pastor. Aburrido un día, tuvo la ocurrencia de dar la voz de “¡el lobo, el lobo, que viene el lobo!” para sonsacar a sus vecinos. Acudía la solidaria ciudadanía con todas sus defensas en ayuda del pastorcillo y descubrían el dolo; Pedro reía la gracia. A la segunda voz de alarma, llegó igualmente la turba, poniendo empeño, porque, ¿quién iba a imaginar que ocurriría lo que ocurrió la vez primera? Pero cuando vieron al gamberrete desternillarse indisimulado, regresaron, no sin reprenderle, muy, muy decepcionados. Es verdad que, hasta aquí, algunos todavía reían las gracias del chiquillo, pero ya se les torcía la sonrisa en mueca de disgusto, porque por segunda vez habían sido víctimas de la malsina.

Era lo natural que no hubiera una tercera alarma, pero la hubo. ¿Y quién era ahora el curro que no acudía? “Vaya -decían los más sensatos-, ¿y si fuese verdad?” Entonces, con el mutis de escepticismo en el rostro y la desgana en los brazos, acudieron, algunos menos, al socorro. Este fue el momento que otros ciudadanos, si así se les puede llamar, aprovecharon para asaltar los negocios y los hogares de los ausentados convecinos. Volvieron estos cabizbajos, arrepentidos enfadados, cansados y descreídos, y encontraron las casas demudadas, revueltas. Echaron en falta parte de sus bienes. Aquello fue el colmo. Pensaron, y se dijeron con razón, que nunca más irían tras las voces de ganadero alguno, de ciudadano o necesitado, que había que ver antes que actuar. ¡Qué drama, entonces, qué de odio y acusaciones contra el ingenuo, “inocente”, e indecente bromista!

Así ocurrió que una cuarta vez, cuando aún no se había recuperado el pueblo de los sustos, reclamó ayuda el pobre Pedro. Claro, esta era la alarma de verdad.  Nadie acudió. El lobo se dio un festín de lo más generoso a costa del escepticismo y del cansancio. En tanto el niño corría que se las pelaba rumbo a la villa. Ni siquiera hubo quien saliera a la ventana alertado por sus gritos. Sólo los malos ciudadanos, que habían aprovechado las ausencias de los hogares y negocios para medrar, se quejaban amargamente de la desilusión de los pobladores, de su inmovilismo y de su falta de responsabilidad. Estos mismos malos vecinos preguntaron al desesperado Pedro, en tanto le daban a beber un tranquilizante vaso de agua, por qué siempre había dado la misma alarma, “que viene el lobo”, y no varió en algo la cantinela. Pedro, sorprendido y mirando de soslayo, les dijo que no habían escuchado bien, o que habían malinterpretado su mensaje, que lo que él gritaba era “¡que viene el bobo! ¡Que viene el bobo¡”, salvo la última vez, en que dijo realmente “lobo”.

Es cierto, las analogías nunca son perfectas, como ésta que han leído. Por eso tenemos un virus que siembra el caos, sistemas sanitarios pudorosos con personal valiente, redes sociales alarmantes, aprovechados medrosos, respondones iracundos, intérpretes fantásticos, y crédulos, además de no pocos ERTES. Aunque, sobre todo, tenemos algo muy importante, sobre lo que hay que dar la voz: la responsabilidad. Esperemos que no responda la sordera. FIN

 

En el último mes ha estado de actualidad en los medios de comunicación la noticia de que volvemos a batir records de baja natalidad en nuestro país. Nacen menos niños al tiempo que aumenta la esperanza de vida lo que se salda con un progresivo envejecimiento de la población y una creciente despoblación en eso que ha dado en llamarse de manera recurrente “la España vaciada”. Es obvio que no podemos comparar (aún) Manzanares ni la provincia de Ciudad Real con otros territorios españoles en los que las comarcas se empobrecen irremediablemente y los pueblos languidecen hasta morir. No obstante muchas familias jóvenes tienen que hacer su vida ya fuera del pueblo, quizá en grandes ciudades ante la falta de oportunidades laborales. Pero sin duda, la tranquilidad y comodidad de localidades más “manejables” podría ser un activo para muchas familias con niños pequeños: la conciliación de la vida familiar y laboral es mucho más fácil, la cercanía de los abuelos, un entorno más próximo y cálido, una vivienda más asequible y un nivel de vida en general más barato; la confianza que da conocer a los vecinos, no tener que hacer largas distancias para ir a los colegios o a los puestos de trabajo, la posibilidad de que los niños jueguen más seguros y se relacionen con más libertad y confianza con otros niños… Si estas ventajas se complementaran con unos buenos servicios y comunicaciones, un comercio activo y una buena oferta cultural y de ocio no cabría duda de que la vida “en provincias” se haría mucho más atractiva para jóvenes familias.

Si los niños llenan las escuelas, las escuelas atraerán maestros y el hospital y otros servicios requerirá más contratación al tiempo que la vida económica y social del pueblo florecerá. Se abrirán negocios que satisfagan las necesidades de las familias y a su vez, éstos atraerán más familias y se consolidará la población.

La familia, qué duda cabe, es un activo.

La política municipal ha de ser, por tanto, dirigida a cuidar y mimar a la familia, con ventajas fiscales, ayudas para la vivienda, promoción de servicios deportivos, culturales y de ocio, ayudas a la conciliación y sobre todo poner en valor y ponderar en cada oportunidad que se presente la generosa contribución de las familias a la vida de la sociedades y de los pueblos.

Es verdad que las administraciones se desviven en todo lo que se refiere a la tercera edad, y hacen bien, o a colectivos de todo tipo. Echamos de menos, sin embargo, en más ocasiones de las que se dan, una política más visible y activa a favor de la familia. Y las familias son la vida de los pueblos. Son el presente y el futuro de Manzanares.

Manuel Gallego Arroyo

He tenido el placer de visitar estas pasadas Navidades, tres exposiciones de pintura en tres espacios culturales de Manzanares. Las salas de la Casa de Malpica, que exhibían la obra de Leodegario, sus dibujos y leodegrafías, y sus ingeniosas pinturas. La sala de exposiciones de la Biblioteca Municipal Lope de Vega, que albergaba los óleos de uno de los más grandes paisajistas manchegos, el tomellosero Fermín García-Sevilla. El recibidor del Gran Teatro, donde me dejé sorprender por la minuciosidad imaginativa de Consuelo Blanco. No era cosa que desmerecer aquella oferta, de resultas, todo un privilegio. No ya porque el espectador tenga la oportunidad de disfrutar de la creación artística en diversas manifestaciones y lenguajes, en unas mismas fechas, en un corto recorrido. Tampoco porque sean de una meritoria calidad, de un interesante contenido, o sorprendente atractivo. No. Es simplemente por el hecho de que pudieran ser visitadas. Lo que a fin de cuentas redunda, bien pensado, más que en privilegio del contemplador, en un privilegio de la localidad albergadora. Al cabo, un lucimiento del pueblo, equivalente al de las festivas luces que lo decoraban. En efecto, se dibujaba de esta manera, sobre el plano de Manzanares, un corredor pictórico (Biblioteca-Museo-Gran Teatro), un modesto corredor cultural que iba de Plaza a Plaza con vértice en Calle Monjas.

Cualquier interesado podría reflexionar, al desmadeje del paseo, hasta qué extremo la vida de la Cultura no reside en los espacios que la albergan, a pesar de su necesidad, sino en el calor que dentro de ellos reconforta al aterido paseante. El calor, que es la verdad cultural, o la Cultura latiendo. Los espacios sirven nada más de excusa, de abrigo, de cuerpo. Porque, ¿qué haríamos con un cuerpo sin alma, con un abrigo sin cuerpo, con un espacio sin excusa?

A una biblioteca se le ha de exigir que ilumine, no que sea un simple féretro de las letras y las imágenes. A un Museo que vibre y aliente, que haga respirar. No que sea un oscuro albergue, gabinete de fósiles. A un Gran Teatro se le ha de pedir que se desnude, que se muestre, que abra la entraña hacia el pueblo. Las exposiciones temporales, que tienen que ser exposiciones vivas, interesantes, consiguen alentar, iluminar, abrir la cultura, echarla fuera, ponerla a la intemperie. En fin, que se la note existente. Son, en definitiva, necesarias. Manzanares, en este fervor, cumple con suficiencia.

Pero hay más. No basta con salir a la calle, con hacer el paseíllo cultural. No es suficiente con animar los espacios. Hay que darles también un sentido, el sentido que se siente en la localidad con la obra expuesta. No es pueblo aquel que no se sabe pueblo. A Manzanares, tal vez le ocurra algo parecido a este no saberse. Y hay que saberse pueblo, o eso creo. Y para ello, hay que creérselo. A los espacios vivos, por lo tanto, hay que exigirles algo más si quieren latir de veras (¡y mirad que se han hecho cosas!). Tienen que ser, también, una excusa, un abrigo, un cuerpo o albergue para los creadores manzanareños, para incentivar la creación manzanareña y para darla a conocer (esto es el sentido sentido). Que no pare el autoconocimiento ni su emanación. Los espacios están para ser vividos, para ser lugares de convivencia, o lo que es igual, de encuentro, y, en fin, para ser factorías productivas que trasciendan y que salgan allende.

Manzanares tiene que saber lo que tiene y cómo lo tiene. Y si cabe, para qué lo tiene. Manzanares ha que saberse, y después, darse a conocer, (¡esto sí que es una marca!). Y el primer paso consistiría en sacudirse el tremendo yugo provinciano de considerar que un artista local es un artista de pueblo, o del pueblo; cuando en realidad es un creador universal que esta ciudad ha tenido la suerte de ver nacer, de ver vivir o de morir en sus brazos.

A día de hoy, creo, a Manzanares le sobra el privilegio que le dan sus espacios (aunque quepan mejorías), el privilegio, muchas veces, de sus exposiciones; el privilegio, en fin, de los creadores con nombre y apellidos … Creo, eso sí, que lo que falta a estos espacios y lo que con ellos se acompaña, es la concienciación y la consideración, el reconocimiento. Acaso en este sentido, esta ciudad manchega sí tenga mucho que decir en su entorno, al cual es obligado salir. Todo pasa por creer y creerse. A duras penas es un pasito porque, lo demás, está claro, lo tenemos.

Jesús Isidro Sánchez de la Blanca Romero Nieva

Ha comenzado un nuevo curso, ya va por la XII edición. ¿Qué materias se van a abordar?

En octubre, en vísperas de las elecciones, abrimos el curso hablando de populismos con dos expertos en la materia, Fernando Vallespín y Máriam Martínez-Bascuñán. El tema de noviembre aborda el problema de la despoblación, un asunto que ya forma parte de la agenda política y que, por ejemplo en Teruel, se ha transformado en la elección de un diputado. Contaremos con Sergio del Molino, escritor que acuñó el término de ‘la España vacía’, y con Ángel Raúl Ruiz Pulpón, profesor de la UCLM y coautor de un completo estudio sobre despoblación en la provincia de Ciudad Real.

Ya en febrero, el día 28, a las puertas de un nuevo 8M, tendremos a las escritoras Marta Sanz y Berna González-Harbour para hablarnos de la cada vez mayor presencia y relevancia de libros escritos por mujeres. En abril abordaremos el problema de la desigualdad con el economista José Carlos Díez y con el periodista Javier Ruiz, director de información económica en la Ser.

Para cerrar el curso, en mayo, con el título ‘Goles de Mujer’, queremos organizar  un acto distinto a lo habitual para tratar el espectacular avance del fútbol femenino y la particular lucha por la igualdad que hay detrás de cada jugadora.

Desde luego, me gustaría resaltar el acertado olfato del equipo de la Escuela, con nuestro director, Román Orozco, a la cabeza, a la hora de plantear temas candentes cada curso.

Hemos visto que las mujeres van a tener un papel destacado, incluso con alguna sorpresa. ¿Nos puedes anticipar algo de “Goles de Mujer”?

Justo cuando termine la Liga Iberdrola, y gracias a la colaboración del diario As, haremos una mesa redonda sobre fútbol femenino. Estará moderada por el propio director del periódico, Vicente Jiménez, y queremos que participen jugadoras que compiten en la liga española, internacionales de varios países.

Estará precedido esa misma tarde de un torneo 3 en 1 de fútbol femenino, tal vez fútbol sala, con equipos de nuestra provincia para que las participantes puedan asistir después al acto, en el que las jugadoras de 1ª división les entregarían los trofeos conmemorativos.

En el caso del fútbol tenemos un ejemplo más de la lucha por la igualdad de la mujer. Prueba de ello es la huelga de jugadoras que, como profesionales que son, exigen un convenio digno. Desde luego, parece que hay quien está interesado en contar de raíz el extraordinario avance que estaba teniendo el fútbol femenino.

En este curso una de las novedades es el cambio de nombre de Escuela de Ciudadanos a Escuela de Ciudadanía. ¿Cuál ha sido el motivo?

Nuestro compromiso con la igualdad. Además de las que tendremos este curso, a lo largo de todos estos años han pasado por la Escuela muchas mujeres con un claro compromiso feminista: Almudena Grandes, Nativel Preciado, Soledad Puértolas, Inmaculada Montalbán, Carmen Calvo, Pepa Bueno, Amelia Valcárcel, Elvira Lindo, Nuria Varela…

También hemos tenido a hombres especialmente significados en la lucha por la igualdad y el feminismo, como Miguel Lorente, exdelegado del Gobierno de violencia de género; e Isaías Lafuente.

Lo de ‘Ciudadanía’ ya se lo planteó Román cuando fundó la Escuela de Ciudadanos en 2008. Entonces había una campaña muy radical en contra de la asignatura de Educación para la Ciudadanía en enseñanzas medias y optó por el masculino genérico para el nombre de la Escuela por no parecer que se copiaba el título de la asignatura o que se trataba de un apéndice institucional.

Es cierto que la RAE y los puristas de la lengua defienden el masculino genérico para referirnos a ambos sexos, pero no es menos cierto que quienes han “fijado, limpiado y dado esplendor” a nuestra lengua durante trescientos años han sido académicos hombres.

Lo del lenguaje inclusivo no es una moda ni algo progre. Unos años después de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano en la Revolución francesa surgió la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana pues hubo mujeres que se sintieron excluidas en ese primer texto. Y no se trata de excluir a nadie. El lenguaje inclusivo no hace ningún daño y, al fin y al cabo, la lengua se construye con el uso.

Además, te contaré una anécdota. Cuando me eligieron presidente de la Escuela de Ciudadanos hubo quien pensó que me habían elegido candidato del partido político Ciudadanos ¡y me felicitó por ello! Ha habido más casos de personas que, por ese nombre, han pensado que teníamos vinculación con este partido. No tenemos nada en contra de Ciudadanos, por supuesto, pero debe quedar claro que somos una asociación sociocultural independiente. Como Escuela de Ciudadanía ya no queda duda y no excluimos a nadie. Y ‘ciudadanía’ es un concepto precioso.

¿Hay algún profesor que te gustaría especialmente que participara alguna vez en la Escuela de Ciudadanía?

Después del profesorado que hemos tenido en los once anteriores cursos creo que mis gustos personales ya han quedado más que satisfechos con figuras como Iñaki Gabilondo, Pepa Bueno, Carles Francino, Isaías Lafuente o el Gran Wyoming, por citar algunos. Personalmente, y por su ejemplo y compromiso de ciudadanía, me gustaría que algún día vinieran cantautores como Serrat y Rozalén o periodistas como Jordi Évole, pero es muy complicado.

A quien más me gustaría escuchar como profesor de la Escuela de Ciudadanos es a nuestro director, Román Orozco.

Es uno de los mejores periodistas que ha tenido este país desde el final del franquismo. Su trayectoria y reconocimientos lo acreditan. Su experiencia, conocimientos y compromiso ciudadano nos podrían aportar muchísimo. No se lo he planteado a él porque sé que me va a decir que no ya que rehúye de cualquier protagonismo. Ya propuse a la asamblea de la asociación, aprovechando que teníamos que hacer el cambio de nombre, la denominación de Escuela de Ciudadanía ‘Román Orozco’. Todos estuvieron de acuerdo menos él. Y, evidentemente, respetamos su decisión.

Pero como te decía al principio, los temas y el profesorado de cada curso no se eligen por preferencias o gustos personales. Se proponen y consensúan por parte de la junta directiva… y después hay que cerrarlos. Creo que así está funcionando muy bien.

Fue en el año 2008 cuando Román Orozco vio la posibilidad de crear la Escuela. Ahora eres su Presidente. ¿Cómo se lleva este reto tan exigente y estar al lado de un periodista con la trayectoria de Román?

Es una responsabilidad enorme y un privilegio. Lo primero, por tratar de mantener el altísimo nivel que ha conseguido la Escuela. Y lo segundo, porque siempre he admirado a Román desde que siendo yo un chaval supe, precisamente a través del reconocimiento que le hizo Siembra, que trabajaba como corresponsal en América. Esa admiración fue creciendo conforme seguí su trayectoria y fui conociéndole de cerca.

Es un ejemplo para la profesión periodística: trabajador infatigable, minucioso, amante de la documentación y de la precisión, y persona con mucho criterio. Estar a su lado y aprender de él es, como te decía, un privilegio.

Siempre he colaborado con la Escuela de una u otra manera desde que Román y Antonio Caba presentaron el primer curso en la biblioteca municipal. Poco a poco me fui implicando y Román fue creando un gran equipo que él sigue dirigiendo y que a mí  me toca presidir. En efecto, es un reto exigente y ahora me doy cuenta de lo muchísimo que trabaja y ha trabajado Román por este proyecto desde hace doce años.

 

 

 

 

Resucitar

Christian BOBIN

Ediciones Encuentro

Madrid, 2017

169 págs.

Juan Villegas Cano

Bobin es un curioso y atípico escritor francés nacido en 1951 y que tras acabar sus estudios de filosofía en la Universidad de Dijon comienza a dedicarse a la literatura. Los primeros años los pasó compaginando esta actividad con otros ocasionales oficios y a partir de 1991 se entrega por entero a la escritura.  En el panorama literario actual no es fácil encontrar autores como Bobin y muestra de ello es que de su extensa publicación en francés una mínima parte ha sido traducida al castellano. Una “rara avis” del que la crítica llama ya “phénomène Bobin”, que sorprende por haberse hecho un hueco en editoriales y librerías con una literatura esencialista, sin artificios ni ilusionismos literarios para agradar al mundo editorial y por su valentía para presentarse ante el lector con transparencia respecto a posiciones y creencias personales acosadas a menudo en el foro público. Cristian Bobin cautiva a los lectores escribiendo, como él mismo dice, “con una balanza minúscula, como la que utilizan los joyeros. En uno de los platillos pongo la sombra y en el otro la luz. Un gramo de luz sirve de contrapeso a varios kilos de sombra”.    Este libro de Bobin es la obra de quien se ha topado con el sinsentido de la muerte. Sabe de la desesperación y el desconsuelo, el propio, por la muerte de su padre, y el de cualquier C. que, como cuenta, “el día del entierro de su madre, a C. le picó una abeja. Había mucha gente en el patio de la casa familiar. Vi a C. en el infinito de sus cuatro años sorprenderse, antes que nada, del dolor de la picadura; después, justo antes de empezar a llorar, buscar ávidamente con la mirada, entre todos los que se encontraban allí, a la que siempre la había consolado; e interrumpir bruscamente aquella búsqueda al comprender de pronto la ausencia y la muerte”.   Chistian Bobin nos presenta en sus libros a personas que no han sido noqueadas por el lado trágico de la existencia. Encontramos en este escritor que vive en medio de un bosque en Borgoña, “vecino de Dios y de los pájaros que pululan por sus libros”, ajeno a la vida literaria, un anuncio de la tumba vacía. Sabedor de que su padre vive, invita a sus lectores a entrar en la lógica de la celebración y la gracia y nos ofrece a través de sus líneas -como el tilo al petirrojo- un cobijo para la esperanza.

 

El sábado 9 de Noviembre 2019, la “Asociación Avanzando, Educación Especial” celebró sus VIII Jornadas en la localidad de Manzanares, provincia de Ciudad Real.

En estas Jornadas se ha contado con la presencia de Paula Outón Oviedo, Doctora en Ciencias de la Educación por la Universidad de Santiago de Compostela y Profesora de Dificultades en el Aprendizaje en dicha Universidad. Su actividad investigadora estuvo siempre vinculada a la dislexia y a las dificultades en el lenguaje escrito, realizando diversas publicaciones sobre esta temática e impartiendo cursos de formación por distintos puntos de España. Participó en la actividad asistencial de la Unidad de Paidopsiquiatría y Pediatría Comportamental del Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela desde el año 1995 hasta el 2007. Actualmente, dirige la Unidad de Investigación e Intervención en Dislexia de la Universidad de Santiago de Compostela y forma parte del Grupo de Investigación ESCULCA y de la Red de Investigación RIES.

Las Jornadas estuvieron inauguradas por Isabel Quintanilla, concejala de educación.

En ellas se habló de Dislexia, sus características, las pautas para una detección precoz de la misma, de los instrumentos necesarios para su evaluación y diagnóstico y de cómo abordar las dificultades en el lenguaje escrito tanto en el ambiente familiar como el escolar.

La dislexia influye en gran medida en el aprendizaje escolar. Muchos niños tienen problemas en el colegio por esta causa en lo que se refiere a lectura, matemáticas y a la hora de hablar. Aunque suele diagnosticarse más en niños, su prevalencia es idéntica en hombres y mujeres y se estima que hay un alumno o dos por aula con dislexia.

La Asociación Avanzando ha sido consciente de la necesidad de formación en este campo debido a la falta de información existente y desconocimiento de los posibles instrumentos o vías de intervención.  

Desde la “Asociación Avanzando” se quiere destacar la excelencia de la jornada, tanto por la formación transmitida como por la calidad de la ponente. Ha sido un placer contar con la presencia de gran número de profesionales preocupados por la dislexia.

Al igual que en otras convocatorias promovidas por la Asociación Avanzando, las Jornadas han tenido una gran aceptación entre los diferentes colectivos de nuestra región, todos ellos relacionados con la Educación Especial, logopedas, maestros/as de Pedagogía Terapéutica y/o Adición y Lenguaje, Psicólogos, Pedagogos y otros profesionales relacionados con la Educación.

 

Sonriente y puntual, acude a su cita sin prisas, como si no tuviera mil quehaceres que atender. Nos consta que es una trabajadora incansable, que roba muchas horas al sueño para dárselas a las decenas de congresos internacionales en los que interviene en el ámbito académico y a las decenas de exposiciones que monta y mediante las que se divulga la base cultural de Castilla La Mancha. Conversa con pausa, busca las palabras precisas, es elegante y afable y exhibe su extraordinaria cultura con prudencia. No está pensando en jubilarse porque le apasiona lo que hace, le motivan sus clases, el cara a cara con sus estudiantes y atender a todos los compromisos profesionales que la reclaman. No se nos ocurre mejor plan en esta tarde fría de noviembre que un café y una larga conversación con Esther.

 

¿Cuál es exactamente su formación, su posición académica y sus más relevantes logros profesionales?

Soy Doctora en Historia del Arte por la Universidad Complutense de Madrid, profesora titular de Historia del Arte de la Universidad de Castilla-La Mancha y actualmente Directora del Centro de Estudios de Castilla-La Mancha.

 

Quizá el Centro de Estudios de Castilla-La Mancha sea una institución no muy conocida.

 Bueno, el Centro de Estudios de Castilla-La Mancha es un  Instituto de investigación vinculado a la Universidad de Castilla-La Mancha que actualmente tiene tres objetivos o fundamentos: la investigación sobre Castilla-La Mancha, la recopilación y catalogación de material patrimonial y/o de utilidad para uso de otros investigadores y sobre todo la divulgación.

¿La divulgación es importante para los profesores universitarios? A veces los percibimos como una cierta élite…

La divulgación es muy importante; al menos para mí lo es.

 

¿Hay que “arremangarse la toga”?

¡Por supuesto! Además literalmente. Recuerdo una anécdota. Alguien llegó preguntándome por la directora del centro. Claramente no me había reconocido: yo estaba rodeada de madera y con un martillo en el bolsillo montando una exposición. Yo creo que es importante “devolver el dinero” que el ciudadano ha invertido en nosotros para que investiguemos y aprendamos cosas sobre el patrimonio y otros saberes en general. Hay que hacer un trabajo válido para la ciudadanía, del que la ciudadanía se pueda servir. He de decir que una de las cosas que con las que más disfruto de mi trabajo es cuando doy conferencias en pueblos pequeñitos. De repente la sala se llena con 200 personas muy diferentes y heterogéneas para las que no existe el reloj; pasan dos horas y quieren seguir escuchándote…Eso en el ámbito académico a veces no ocurre. Montas una conferencia en el campus y te viene tres profesores y ya.

 

¿Qué encuentra en el arte y en el mundo de la universidad para haber hecho de ello su vida?

El ser humano se expresa a través múltiples vías. Eso es el Patrimonio Cultural y de alguna manera nos da la razón de ser. Mostrar la base cultural de Castilla-La Mancha es muy satisfactorio.

 

“Antes el saber, el estudio, estaba más prestigiado. El profesor y el libro eran respetados y se confiaba en la formación como “ascensor” social”

 

En Siembra somos sensibles al tema de la educación. Vd. lleva toda su vida dedicada a la educación, quizá podría hacer una pequeña reflexión sobre la situación actual: ¿llevan razón los más catastrofistas? ¿Cómo llegan los estudiantes a la universidad?

No soy para nada catastrofista. Lo que ocurre es que hay un cambio de paradigma. Los tiempos han cambiado y no podemos seguir haciendo las mismas cosas que en 1960, por ejemplo. Con respecto a cómo llegan los alumnos, he de decir que observo una diferencia fundamental. No es que lleguen peor preparados sino que muestran una preparación diferente. Antes, por ejemplo, se veía en ellos un saber más “enciclopédico” (aunque no sea la mejor expresión) más acumulativo mientras que ahora muestran un conocimiento más intuitivo, poseen más herramientas. En cualquier caso es cierto que antes el saber, el estudio, estaba más prestigiado. El profesor y el libro eran respetados y se confiaba en la formación como “ascensor” social.

Hay una cosa que me llama poderosamente la atención: en los becarios que hacen sus prácticas en el Centro de Investigación se nota mucho los que “vienen de abajo” (es sólo una manera de referirme a ello) y hacen además otros trabajos, quizá agrícolas, o ayudan en las empresas familiares: están más motivados, trabajan con más interés, luchan más.

 

Háblenos de la universidad, de las carreras de Humanidades, de la Universidad de Castilla-La Mancha. ¿Las carreras de humanidades están en crisis?

A veces veo que los alumnos de letras deben lidiar con la presión social de que lo que están haciendo no vale para nada. Es muy necesario que en sus ambientes se prestigien y se valoren las humanidades. Por ejemplo, a mucha gente le gusta viajar y conocer cosas nuevas, que se las cuenten. Para que eso sea posible la mayor parte de las veces detrás hay una persona con formación en Humanidades. Y eso también es “rentable” social y económicamente.

 

“En Manzanares hay bienes culturales no materiales como el carnaval o la Semana Santa que se están deteriorando”

 

Si miramos a Manzanares, desde el punto de vista artístico, ¿qué es lo más relevante de nuestro patrimonio.?

Obviamente la Iglesia Parroquial. Pero además hay otros bienes patrimoniales que son inmateriales, por ejemplo el carnaval o la Semana Santa. Probablemente también la fiesta de Jesús del Perdón. Esta fiesta es el motor que hace volver a más gente a Manzanares en una fiesta señalada.

Sin embargo el carnaval se está perdiendo. No es lo mismo “verlo” que participar en él. Ocurre lo mismo con la Semana Santa. No se trata de si hay más o menos nazarenos sino de si el pueblo se siente implicado de múltiples maneras con esta manifestación cultural, si “la vive”.

¿A qué cree que se debe esta pérdida de “vivencia” cultural?

 Tengo una teoría que no sé si será válida o no pero tiendo a observar que en los pueblos que están en contacto con vías de comunicación importantes o con mucha población visitante hay una obsesión por querer “dejar de ser pueblo” y ser “más ciudad” es algo así como “no querer ser paletos” y eso hace que la población se desentienda de las cosas de su propio pueblo.

 

 

¿Cree que se está haciendo una buena gestión y cuidado del patrimonio de todo tipo? No nos referimos sólo a lo público sino a fachadas, viviendas privadas, obras de arte, etc…

 Rotundamente no. Pero no es un problema sólo de Manzanares sino de todo el país y especialmente de nuestra región. Nosotros manejamos una máxima que no se cumple: “conocer es conservar”. El conocimiento y la pedagogía deben ser previas y las instituciones deben ocuparse de eso. ¿Cómo vas a convencer a un vecino que no pude tirar su casa porque forma parte del catálogo de bienes a conservar si no le explicas cuándo se construyó, por qué se construyó así, por qué tiene un gran valor su patio, su fachada, sus techos…? Hay que explicar por que la calle de las Monjas es como es o por qué se debe restaurar la Iglesia Parroquial. Eso no se está haciendo.

 

¿Debemos entender que se puede hacer todavía al más en relación a gestión cultural y gestión del patrimonio?

Por supuesto. Si no se hace una pedagogía adecuada la sociedad no asume el valor de las cosas, pero si se hace, será la propia sociedad la que “cuide” y conserve y no habrá que dejar todo en manos de la Administración. Actualmente los ayuntamientos tienden a “turistificarlo” todo. Así, el patrimonio se cosifica y en esa esclerotización no hay vida, no hay contexto, no hay “porqués”.

 

En otro orden de cosas, creo que con la Fábrica de Harinas se está perdiendo una enorme oportunidad.

 

¿Cree que es buena la idea del Museo de la Ciencia?

 Habría que tener en cuenta que un museo de ese tipo necesitaría una importante inversión anual para no quedarse obsoleto. No lo veo viable. Además, no tiene por qué ser un museo. Podría convertirse en un edificio al que se le de uso: una residencia de ancianos, un hotel, un centro cultural… Hay una barrera psicológica en la calle Cristóbal Colón y los paseos Príncipe de Asturias. Parece que ahí se acaba el pueblo y no. Esa parte se podría integrar y un elemento importantísimo sería la Fábrica de Harinas.

 

¿Podemos tener esperanza en que pueda ser sede de la UCLM?

 Sería ingenuo. Se debe tener en cuenta que en otras poblaciones se están cerrando sedes.

 

¿Qué me dice del convento de las monjas de clausura?

No tiene un gran valor patrimonial. Podría ser un edificio de apartamentos y la iglesia mantenerse para otros usos, ¿sede de algunas cofradías? Le daría vida al centro.

 

“Estamos obligados a preservar aquello que nos ha sido legado y el pórtico de la Asunción es un buen ejemplo”

 

Tendrá una opinión sobre la restauración del pórtico de la Asunción…

Obviamente debe acometerse. Estamos obligados a preservar aquello que nos ha sido legado y este es un buen ejemplo. En lo que respecta a los bienes de la Iglesia, cuando la Iglesia tenía posibles se ocupaba de ello. Ahora deben ser las Administraciones públicas quienes se hagan cargo o de alguna manera colaboren. Lo que sí es necesario es que haya una buena planificación y recaiga en manos de expertos, por favor…

 

¿No ha sido así siempre en Manzanares?

Bueno, no hay más que ver el retablo… Hubo un legado para recuperar el antiguo retablo y había posibilidades de hacer uno exactamente igual al que había, aunque no comparto ese tipo de actuaciones. No se hizo. Pero no se por qué por lo que debo ser prudente.

 

¿Podría hacer una valoración de la oferta museística de Manzanares?

En los museos de Manzanares hay gente muy competente y entregada que merece todo mi respeto porque además me consta su dedicación. No obstante, se debe hacer una reflexión sobre si hay elementos significativos que deberían ser más conocidos, mejor conservados y desde luego mejor divulgados.

 

¿Cómo ve el futuro de Manzanares?

No tengo una bola de cristal. Detecto que la población envejece y que la situación económica es precaria. Me da la impresión de que no se está aprovechando la situación geográfica privilegiada que tiene Manzanares; mira el corredor del Henares o la Sagra de Toledo: son lugares prósperos porque han aprovechado que están en vías de comunicación importantes…

 

CONCEPCIÓN MOYA Y CARLOS FERNÁNDEZ-PACHECO INICIAN EL CICLO DE CONFERENCIAS EN LA CONMEMORACIÓN DEL 500 ANIVERSARIO DE LA IGLESIA PARROQUIAL DE LA ASUNCIÓN.

La Asociación Cultural EL ZAQUE, ha programado una serie de actos conmemorativos de la consagración en el año 1520 de la Iglesia Parroquial de la Asunción de Manzanares. En el primero, celebrado el día 22 de noviembre en el salón de la Biblioteca Municipal, intervinieron los historiadores Concepción Moya y Carlos Fernández-Pacheco dando una conferencia titulada “Del Templo medieval al moderno”.

En el acto, presentado por Jerónimo Romero-Nieva, con la presencia de los concejales Pablo Camacho e Isabel Quintanilla y con la asistencia de numeroso público, Camacho anunció el acuerdo entre el Ayuntamiento de Manzanares y la Parroquia de la Asunción para llevar a cabo la Restauración de las fachadas del templo, participando en los gastos de las obras al 50 %.

Carlos Fernández-Pacheco ofreció en su disertación los datos que se han podido conocer del primer templo parroquial o Iglesia de Santa María la Mayor, construida en el siglo XIII, que tuvo que estar situada próxima al castillo, en alguna parte de la calle del Carmen, muy probablemente en lo que hoy es el Convento de las Concepcionistas. Al quedar pequeña y algo desplazada del centro cívico de la población, a finales del siglo XV se tomó la decisión de construir un nuevo templo parroquial en la actual ubicación, que se consagró bajo la advocación de Ntra. Señora de Altagracia. La anterior Iglesia Vieja quedaría integrada en el Convento de los Carmelitas, que fue destruido durante la ocupación francesa en la Guerra de la Independencia.

Concepción Moya trató sobre las obras de ampliación de la nueva Iglesia, que se llevaron a cabo en la segunda mitad del siglo XVI, conforme a las trazas realizadas por Egas el Mozo. La planta del edificio que ha llegado hasta nuestros días y el pórtico de la fachada principal, se deben al maestro renacentista.

Finalmente, Jerónimo Romero-Nieva comentó que en el ciclo de conferencias se completará con otras tres a lo largo del año próximo, con la participación de Enrique Herrera Maldonado, Juan Ramón Romero y Diego Gallego.