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Por Javier López Mozos

Todos conocen la silueta de Don Quijote, en hierro, que aparece en las entradas de los pueblos de la ruta del Quijote o más bien, de la provincia de Ciudad Real.

La fotografía, muestra el muro que existe en Manzanares, ¿conocen dónde está ubicado? Probablemente sí, pero me atrevería a afirmar que no todos recuerdan dónde. Ahí lo dejo para que lo busquen en sus paseos. Desconozco cuántos muros con el perfil existían en nuestro pueblo -la última información de la que dispongo es que había otro, ya desparecido, cerca del Saga- somos encrucijada y probablemente habría alguno más. Hoy día, solo queda este y confío en que a ningún desalmado se le ocurra expoliarlo y… otra pieza de nuestro patrimonio que se pierde. Porque, son muchos los objetos que desaparecen de la noche a la mañana. Elementos como este, que son de todos, por desconocimiento de su valor artístico, cultural, de estilo, tendencias a las que representa o época de creación, se escapan de los catálogos y son abandonados a su suerte la mayoría de las veces. No podemos permitir que avispados los destrocen o se los lleven para sus colecciones.

Volviendo a la imagen e intentando observarla con otra mirada, se aprecia un deterioro evidente y es necesaria una intervención. Como miembro de El Zaque, me consta que esta Asociación Cultural lo tiene como una de sus preocupaciones de conservación y recuperación patrimonial.

Los muros se ven construidos con piedra caliza como la de los majanos, algunos con su zócalo en añil y el resto encalado; aparecen unos cuarterones en los que en su momento podía leerse una frase y el nombre de la población pintado o en letras de hierro al igual que el contorno de Don Quijote. En la mayoría aparece la frase “…un lugar de la Mancha.” y el nombre de la población, en nuestro caso, “Manzanares”, aunque hay pueblos como Argamasilla de Alba que modificaron la frase y dice “…el lugar de la Mancha”, lo mismo en Villanueva de los Infantes, o “…el corazón de la Mancha.” en Alcázar de San Juan, la mayoría poniendo en valor sus cualidades.

Analizando con otra mirada, ¿se han fijado en la figura? Qué estilizada y proporcionada la postura de Don Quijote sobre el caballo, recta con la espalda tiesa y la cabeza ligeramente levantada con el mentón apuntando hacia adelante, arrogante, seguro de sí, mirando al horizonte y escudriñando el pueblo en el que se dispone a hacer entrada y a sabiendas que será bienvenido. Y del rocín, ¿qué me dicen?, cómo muestra su cansancio, cómo va con la cabeza gacha, deseando llegar a su cuadra, que lo cepillen, den agua y pienso, aguardando una nueva larga jornada.

El conjunto es bello y tiene muchas connotaciones, el artista supo darle el tamaño y la forma justa para que hablase por sí mismo. A este autor no le han indultado a Don Quijote como a Manuel Prieto (autor del toro de Osborne). Ahí está esperando a que lo adecentemos, lo recuperemos, se haga más visible, para ser el primer paisano que vea el caminante o viajero cuando llega a la población y se haga una idea de que aquí, todos somos Quijotes.