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  Diego R. Gallego Fernández-Pacheco

En las últimas semanas, los medios de comunicación se han hecho eco de la iniciativa de un jubilado que ha recogido más de 600.000 firmas para exigir que la banca atienda presencialmente a las personas mayores que encuentran dificultad para acceder a los servicios bancarios “on line” o a los cajeros automáticos.

Es un planteamiento justo y equilibrado con una generación analógica, que no ha tenido posibilidad o ha encontrado dificultades para engancharse a la tecnología digital.

Siendo una acción que hay que valorar muy positivamente, se le puede también reconvenir que no la haya hecho extensiva a un ámbito más general. Que los bancos dan cada vez peor servicio optando por reducir personal y oficinas (en Manzanares quedan 6 sucursales, hace 5 años había el doble), para que los clientes o usuarios operemos por vía digital es una realidad que subleva a la mayoría, a lo que además, se añaden comisiones desorbitadas Pero las administraciones públicas, las operadoras telefónicas o las empresas eléctricas se comportan de modo parecido.

La administración electrónica, que sin duda es un paso adelante en los trámites ante las instituciones públicas, sin embargo, crea un gran problema para las personas mayores y para la población que ha tenido más dificultad para acceder a los medios digitales.

En el informe Foessa* 2022, recientemente publicado, se pone de manifiesto que la brecha digital es un nuevo elemento generador de desigualdad y exclusión social. Se considera que se encuentran en esa situación las personas que carecen de conexión por wifi, que no disponen de dispositivos con conexión a internet, y que en su hogar no cuentan con alguna persona con habilidades informáticas para realizar los trámites administrativos por la red.

Según ese informe en Castilla la Mancha la brecha digital alcanza nada menos que al 45,2 % de los hogares. La desigualdad de oportunidades se hace patente entre quienes tienen medios y habilidades para operar por internet, y quien no los tienen.

En el tiempo de confinamiento, ha habido una situación muy especial que ha dado un impulso espectacular a la comunicación y relación a todos los niveles por vía digital, pero recuperada la normalidad es imprescindible compaginarla con la atención presencial, con el objetivo de que la desigualdad social no alcance cotas insostenibles.

*Fundación FOESSA (Fundamento de Estudios Sociales y de Sociología Aplicada). Vinculada a Cáritas Española.

Por Pedro Lozano Martín Buro

Acción, reacción, repercusión, nunca una ley fue tan simple y clara. El pasado 22 de noviembre se inauguró el nuevo Mercadona al lado del cuartel de la Guardia Civil. Es un 2×1 en toda regla ya que el nuevo supermercado abrirá al mismo tiempo que cierran los locales existentes en la calle Jesús del Perdón y Empredada. Este coloso nacional destaca por su comodidad, precio, variedad y facilidades de acceso, un claro ejemplo del capitalismo moderno que va camuflado y con careta. Como el tiempo que nadie lo ve y pasa sin hacer ruido, estos centros comerciales se van implantando poco a poco creando esas islas de la uniformidad que decía el sociólogo Zygmunt Bauman. Hoy, aquí y allá, todo es idéntico, todo se confunde, nada es distinto, mismo colorido, misma estructura, mismos productos, igual el Mercadona aquí, que en Valdepeñas, Lisboa, Martorell o Castelldefels, solo cambiamos los consumidores.  El nuevo Mercadona con su fachada imponente que brilla con fulgor, es otro “no lugar”, esos sitios en los que no podemos encontrar un sentido de pertenencia, otro sitio sin alma, espacios del anonimato donde el individuo se siente como espectador, sin arte ni parte, nada que ver con la naturalidad de los mercados de toda la vida, las tiendas de ultramarinos o de barrio que habitarán en el fondo del olvido. Lo significativo de estos nuevos centros es su fuerza de atracción, inversamente proporcional a la vinculación territorial, al menos, eso sí, el personal es de Manzanares y en muchos casos, ni eso.

El 2×1 traerá cambios en el pueblo, ni mejor, ni peor, acción, reacción, repercusión. Lo notaremos en la facilidad de aparcamiento, sin zona azul, de momento; en un incremento del tráfico rodado en la carretera de La Solana y las inmediaciones de la rotonda de la gasolinera y de los institutos; en la facilidad de entrada y salida de consumidores de pueblos vecinos; también, en la mayor y mejor prestación de servicios y productos; en una oferta adicional de comidas preparadas y seguro que en el arrendamiento de locales próximos a este centro.

Este cambio de pareja, quid pro quo, por un local más joven después de tantos años, afectará en mayor medida a la celosa calle Empedrada que se ha quedado compuesta y sin novio. Al principio la veremos triste, dolida y abandonada como si estuviera despechada pero quizá esos celos puedan ser una oportunidad para reinventarla y sacar lo mejor de sí misma.

Dada la interrelación entre los espacios y la conducta humana quienes los diseñan, conceden licencias y modifican planes de urbanismo deben promover y generar oportunidades futuras donde no las hay, explotando lo mejor que tiene, su mejor partido, la ausencia de tráfico. Acción, reacción, repercusión.

Remar a contracorriente cansa mucho, pero quien lo hace sabe que está vivo. El 2×1 es tentador y seguro que me arrastrará su fuerza, pero al menos, seré fiel a mi carnicero, a mi charcutero y a mi frutera de siempre, como dice el Papa Francisco «comprar puede ser un acto moral, y no sólo económico». Consumismo con ética y con sentido social, esa es la clave. Acción, reacción, repercusión.

 

La revista Siembra reflexiona este mes sobre la llegada del AVE a Manzanares. Como se podrá comprobar en páginas interiores, tan ansiado proyecto no será una realidad, al menos a corto o medio plazo. Algunos de nosotros puede que “ya no lo veamos”, por utilizar la sabrosa expresión manchega, aunque pueda resultar catastrofista (esperemos que no fatídica). Sin embargo, no han sido pocas las declaraciones públicas que se han hecho al respecto invitando a pensar que el milagro ocurriría en poco tiempo. Nos recuerda un poco a aquella “Ciudad del transporte” que se tuvo la habilidad de “colocar” en dos campañas electorales y de cuya existencia apenas quedó un penacho de humo que se evaporara desde el suelo. Los políticos no deberían vender la piel del oso antes de cazado, bien muerto y desollado para no correr el riesgo de que los ciudadanos pensemos que nos están engañando. Además, acabamos persuadidos de que no se va a hacer todo lo que se anuncia que se va a hacer. Y desengañados. Podría pensarse que los “anuncios osados” por utilizar un eufemismo, salen gratis, pero, después de todo, los ciudadanos no somos tontos y jugar con nuestras expectativas e ilusiones, al no ser honrado, acaba teniendo un pecio político.

Hay diferentes maneras de entender la política. Algunos la entienden como “gestión”, otros como “relato”, muchos como “comunicación” y algunos simplemente como “poder”. Para Siembra la más deseable sería quizá la de “proyecto”. Proyecto es imaginar a medio o largo plazo una ciudad y trabajar día a día para construirla. No es cortoplacismo ni es “fotografismo”. No es bombo y platillo ni creación de expectativas, cuando menos, arriesgadas. La comunicación está bien, pero los hechos están mejor.

La tercera ola se lleva todo por delante

En el momento de escribir estas líneas, Manzanares, y España entera se encuentra sepultada por la tercera ola de la terrible pandemia que padecemos. Más que ola, podríamos llamarla sunami cruel que se ha llevado por delante la vida de queridos vecinos y la salud de familias enteras. Además, corremos el riesgo de que se lleve también por delante el modo de vida de honrados trabajadores, empresarios y autónomos y que ven como sus negocios se van a pique irremediablemente sin que, impotentes, puedan hacer nada. Es urgente un plan de estímulos económicos directos para rescatar la economía de la ciudad en un momento crítico de nuestra historia como pueblo. De ello depende que el tejido social de Manzanares no se deteriore más y que la despoblación y la falta de expectativas acabe engulléndonos sin contemplaciones y dejándonos sin futuro.

 

Pedro Lozano Martín-Buro
lfpabogados@lfpabogados.es

Gracias al condensador de flujo, los agujeros de gusano y el envolvimiento cuántico ya es posible viajar por el tiempo. El 16 de junio del año 2032 el aterrizaje se efectuó sin dificultad en un lugar de la Mancha, en una Plaza, llamada de las Palomas. La comunicación estaba lastrada por un críptico intercambio de datos, no era muy fluida, aun así, ya se percibían los cambios producidos, especialmente, en el comercio local como consecuencia de la pandemia.

17:00 Hora local. Cumpliendo órdenes me preparo para tomar contacto. Abriendo la escotilla 23. Abandono la nave. Tiempo despejado, mayormente soleado con ligeros vientos de la sierra de siles; temperatura, 32 grados centígrados; humedad relativa, 40 por ciento. Corto.

17:08 Hora local. Observo personas que caminan rápidamente, todas con un móvil en su mano y separadas unas de otras por una distancia de dos metros. Van con mascarillas de diferentes colores y formas. Nadie se fija en mi. Corto.

17:09 Hora local. Hay carteles digitales que informan del número de infectados con diferentes gráficas. De forma intermitente y con luces de neón, qué curioso, aún se anuncian controles de velocidad en el polígono y cortes en el suministro del agua debido a mejoras de la red, se piden disculpas a los vecinos que parecen estar acostumbrados a esta situación. Corto.

17:11 Hora local. En el perímetro observado se aprecia una apuesta decidida por la vigilancia digital, hay cámaras por todos sitios. Por el móvil se investigan los movimientos, las compras, la velocidad, las amistades y los comentarios críticos en las redes sociales. Se controla cada clic. No existe la esfera privada, repito, no existe la esfera privada. Corto.

17:12 Hora local. Las cámaras captan las imágenes faciales y la temperatura corporal. Atención, atención, observo que en este lugar no hay comercios, ni tiendas, ni bares, está todo cerrado. Silencio ensordecedor. Sobrevuelan restos de carteles perdidos donde se puede leer “se alquila local comercial”. No hay espontaneidad, flexibilidad, capacidad de sorpresa ni cercanía. Es todo muy raro. Corto.

17:14 Hora local. Primer acercamiento a un ciudadano. Consideremos a ese chico con el móvil. Sigo sus pasos, avanza sólo, se detiene, reacciona, levanta la cabeza y continúa su ida siguiendo el horizonte de la punta de sus zapatos, manipulando y tocando el móvil sin soltarlo. Sigue su marcha. Levanta su mirada, me ve, soy un extraño y no me puede bloquear. Pido instrucciones para contactar. Corto.

17:23 Hora local. Primer contacto con habitante de la zona.

  • Hola, ¿qué buscas? ¿puedo ayudarte?. —se dirige a mi en forma amistosa—
  • Algún comercio en la zona. —contesto rápidamente—
  • Ya no quedan, ¿no lo sabe? El pueblo luchó hace 10 años contra la pandemia con grandes medidas higiénicas, controló el virus, pero olvidó, tras el confinamiento, que comprar podía ser un acto moral y no sólo económico y que debía prevenirse del consumismo sin ética y sin sentido social. Pasó lo que pasó, nos dejamos llevar por las compras masivas por Internet. En una sociedad del exceso como aquella, tan acelerada, el mejor antídoto hubiera sido no dejarse llevar. No lo hicimos…Hubo una segunda oleada que nos golpeó con ese otro virus que fue aún peor, el del egoísmo indiferente. Nos fulminó. Nos aisló e individualizó y el pequeño comercio desapareció.

18:05  Hora local. Vuelvo a la nave. Hay que hacer algo para cambiar el futuro. Corto y cambio.

Consoly León Arias

El coronavirus, es el virus más letal y feroz, que ha acampado a sus anchas por la faz de la tierra, desde que se iniciase 2020, y se ha ensañado, duramente, con los españoles.
 Hemos librado, muy probablemente, a nuestro pesar, una de las batallas más duras de nuestra existencia, perdiendo en el camino miles de personas, (algunas fuentes hablan de más de 50.000) seres humanos con nombres y apellidos, a los que esta pandemia ha sumido en una lista interminable de luto, desgarro e impotencia, mientras, la clase política, esos que dicen ser nuestros gobernantes, y estar al servicio de todos los españoles, aún no han mostrado la dignidad, y el sentido del deber suficiente, para honrar sus memorias, tal y como merecen, para que no perezcan en la desidia del olvido; y la sociedad, entienda de una vez por todas, que el covid-19, ha venido a gritar con el tenebrismo del dolor, la enfermedad y la muerte, que el ser humano carece de poder absoluto, para controlar situaciones tan implacables, como la que atravesamos en estos momentos, de incertidumbre, preocupación y temor.         
Esta pandemia nos ha mostrado la completa debilidad del hombre, que se ve, frente a la adversidad, como un gigante con los pies de barro, y cuyo coraje es deficiente para actuar ante el mal.   
En cierta medida, este monstruo, sinónimo de tragedia, nos ha llevado a plantearnos que sólo podemos confiar en la gracia de Dios, que está presente en todas las personas solidarias, portadoras de esperanza, y sembradoras del bien, que han luchando cara a cara contra el virus.            
El espíritu de Dios es el asidero al que nos hemos aferrado, en las horas más oscuras de la pandemia, desde la emoción contenida, y la oración, suplicando especialmente por los más necesitados, y por nuestra protección.  
Rayando el mes de junio, los gobernantes del mundo luchan con verdadera codicia, por la consecución de la ansiada vacuna, el antídoto contra este veneno que ha congelado nuestras vidas, tal y como la entendíamos, hasta  decretarse el estado de alarma, aquel 14 de marzo, para vivir anexionados a una mascarilla, el esencial hasta nueva orden, que no sirve de mordaza, para acallar las tropelías amasadas por un puñado de miserables, a los que poco les importan sus compatriotas.           

El día después, o la nueva realidad, se cierne sobre nosotros en forma de caceroladas, que conminan al gobierno a marcharse, tras acumular demasiados fallecidos y errores a sus espaldas, miles de despidos, cierres de empresas, millones de pérdidas irreparables en el sector turístico, principal fuente de ingresos de España.

También, el mundo de la cultura y el deporte, sufrirán irremediablemente, los devastadores efectos colaterales. Tampoco sabemos a fecha de hoy como se afrontará el próximo curso escolar, ni cómo o cuando se reanudará. Además del terrible impacto ocasionado en el ámbito de las ferias comerciales, la industria, y diferentes servicios, de los que nos hemos estado beneficiando toda la vida, sin apenas valorarlo, porque sencillamente, estaban a nuestro alcance. El presente y futuro, hemos de construirlo juntos, desde el esfuerzo y la generosidad, adaptándonos progresivamente a una situación novedosa, que jamás hubiésemos imaginado, y con numerosos inconvenientes, que nos llama a realizar un ejercicio de responsabilidad compartida, entendiendo la fatalidad, como una nueva oportunidad que nos brinda la vida, sin bajar la guardia.

 

 

En términos financieros, el valor añadido es la diferencia entre el coste de la producción y el precio final de venta o también el valor que adquieren los bienes y servicios al ser transformados durante el proceso productivo. A veces, ese valor no se pude cuantificar en euros, es un intangible.

Cuando realizamos una compra en un pequeño establecimiento de Manzanares, el producto que nos llevamos a casa ha adquirido un gran valor añadido: la cercanía y el consejo de la persona que lo vende, la confianza de poder reclamar o cambiarlo o arreglarlo si el resultado final no es el deseado, la buena conversación entre vecinos en el momento de la compra, la seguridad de que el vendedor se está comprometiendo personalmente porque no es una locución automática que te atiende por teléfono sino que es nuestro vecino, al que volveremos a ver en cualquier momento y que se siente vinculado y se responsabiliza.

Pero también nosotros podemos conferir un valor a nuestra compra, o más que valor, unos ciertos valores. Cada vez que compramos en nuestro pueblo contribuimos a que una familia salga adelante y prospere, lo que a su vez repercutirá en beneficio de otros comerciantes que a su vez podrán vender sus productos también y ganarse la vida honradamente. Contribuimos a que nuestras calles y plazas se animen y se propicie el encuentro personal entre los vecinos y se cree un tejido social amable y sano. Contribuimos a hacer de la compra un acto cercano y amistoso, humano, lejos de la pulsión de compra puramente consumista.

El producto adquirido en el pequeño comercio local adquiere un nuevo valor: el valor de la colaboración y la solidaridad entre vecinos.

En estos tiempos en que la revitalización del comercio local es clave en nuestra ciudad, no solo es necesario que compremos en nuestro pueblo con el valor añadido al que hacemos referencia, sino que también que a nuestra compra le añadamos valores, el valor añadido de la solidaridad, la ayuda, la buena vecindad y la responsabilidad con nuestro comercio, que es la vida del pueblo.

Por Pedro María Castellano

Hay quienes, a los nacidos en Manzanares, nos llaman manzagatos. Incluso quien lo hace en tono despectivo. Sin embargo, yo creo que es todo lo contrario. Dicen de los gatos que son fuertes, astutos y habilidosos, no en vano se cree que tienen siete vidas y que cuando caen, lo hacen siempre de pie. Y así es el carácter de los que hemos nacido en Manzanares. Hemos demostrado en multitud de ocasiones que somos una sociedad fuerte y que las veces que las circunstancias nos han intentado derribar, hemos sabido caer de pie.

Son muchísimos los actos heroicos de gente cotidiana que nos encontramos a diario. Multitud de gestos de cariño hacia los que, día tras día, se enfrentan a esta pesadilla. Innumerables los voluntarios de nuestra localidad, que dedican su tiempo a fabricar mascarillas e ingenian EPI para ayudar a quienes intentan combatir esta pandemia. Y hemos de estar orgullosos como sociedad, porque ese tiempo y esos actos de cariño, van dirigidos a todos nosotros, ya que, de una forma u otra, todos nos enfrentamos al maldito virus, ya sea de forma pasiva, quedándonos en nuestras casas para no contagiarnos ni contagiar a nuestros vecinos, o de forma activa, en el hospital, centros de salud, residencias de ancianos, policías y cuerpos de seguridad o limpiando nuestras calles y recogiendo nuestra basura.

Los pequeños comercios de Manzanares, han demostrado ser mucho más grandes que cualquier gran superficie.

Las pymes de nuestra localidad, han sabido adaptarse a esta situación y se han apresurado a facilitar sus teléfonos para atendernos y hacernos llegar todo aquello que necesitamos, sin necesidad de salir de nuestras casas y exponernos al contagio. Nuestros agricultores y ganaderos son gigantes que cada día, se enfrentan a los molinos del miedo armados con su empeño de hacernos servir los alimentos que necesitamos.

La crisis del coronavirus que estamos sufriendo, es dura, muy dura. E incluso esta realidad que vivimos, se vuelve aterradora cuando por desgracia, podemos poner nombres y caras a las cifras que escuchamos de afectados y fallecidos. Cuando nos toca de cerca. Pero lo superaremos, porque somos manzagatos, y por muy hondo que parezca el pozo del covid19, vamos a caer de pie. Y no importa si por momentos nos falta el aliento, porque tenemos siete vidas, hemos sido bautizados con vino blanco y a nosotros, los manzagatos, nada ni nadie nos puede vencer.

 

Jesús Isidro Sánchez de la Blanca

Hablamos con Germán Molina Prados, otro emprendedor de Manzanares, que lucha por hacer lo que más le gusta, en este caso la fotografía. Queremos conocer sus proyectos, su andadura profesional y como no, sus inquitudes.

Cuéntanos un poco sobre ti.

Desde pequeño siempre me ha llamado la atención el mundo del arte en general y el de la fotografía en particular. Me acuerdo de que me encantaba mirar aquellas fotos en blanco y negro que mi padre había hecho en el campo con su pequeña cámara Mamiya. Más tarde empecé a experimentar con una cámara que me regalaron y así acabé estudiando fotografía en la Escuela Superior de Diseño ‘Antonio López’. Después empecé a trabajar en la televisión local de Manzanares detrás de las cámaras, algo por lo que seguro mucha gente me reconocerá. Al mismo tiempo no dejaba de lado la fotografía, aunque fue después de salir de la televisión cuando volví a estudiar más cosas sobre fotografía. Sobre todo orientado al mundo de la fotografía de bodas, porque me di cuenta de que había cambiado mucho ese mundo y me producía curiosidad poder fotografiar parejas, captar su amor, su complicidad… Y en eso es en lo que estoy, en poder atrapar con mi cámara esos momentos mágicos que son las bodas.

¿Cómo surge la idea de tu negocio?

Después de acabar de trabajar en la televisión debo confesar que al principio andaba un poco perdido, sin saber bien hacia dónde ir, pero pronto me di cuenta de que era el momento de reiniciar y dedicarme a lo que realmente me gustaba: la fotografía. Me fui a Madrid a hacer el curso internacional de Fotografía de Bodas en EFTI (Centro Internacional de Fotografía y Cine), guiado por grandes artistas del mundo de la fotografía de bodas como Ed Peers o Andrea Corsi y conociendo a compañeras y compañeros increíbles. Me fui enganchando cada vez más, haciendo un portfolio que me enamoraba a pasos agigantados. Me decidí entonces a enrolarme en el mundo del autónomo y montar mi propio negocio de fotografía: Germán Molina fotografía. Nada mejor que tu propio nombre para que tu marca tenga fuerza y personalidad. Seguí haciendo más cursos (flash de mano o redes sociales -tan importantes para mi negocio-) a la vez que iba trabajando. No tengo estudio físico porque soy un enamorado de la luz natural, así que trabajo en exteriores y en casas; y, por supuesto, en los escenarios que cualquier enlace me ofrece.

¿Qué necesidades trata de cubrir tu empresa?

Trato de dar lo mejor de mí a las parejas que me eligen para que cuente sus historias. Porque eso es lo que más me gusta hacer: contar historias, las historias de sus vidas, de su amor, del día más importante del cual me hacen partícipe. Y yo doy el 100 % para que todo quede de lujo. Hago los reportajes de boda completos y me gusta ser yo quien los hace porque mi manera de contar las historias es algo personal. Por eso soy yo mismo el que se ocupa de todo y por eso no hago más de una boda el mismo día, para poder dedicarme por completo a mis parejas. Mi fotografía es fresca y natural, con un toque de fotoperiodismo cuando toca, procurando que no se me escape ningún detalle como las lágrimas en el momento de las lecturas, las sonrisas en los abrazos… No me gusta hacer que la gente pose mucho. Quiero que todo sea muy natural y me encanta descubrir nuevos sitios donde hacer fotos. La naturaleza me encanta y me encanta que mis parejas se pierdan entre plantas, árboles, agua… Trato que mis reportajes sean únicos porque considero que cada pareja es única, con sus vivencias, sus experiencias, su propia ceremonia y por eso me gusta que se vea reflejado que cada historia es diferente.

¿Cuál es el mayor reto al que se enfrenta tu empresa?

Puedo decir que hay mucha competencia y, además, muy buena, pero creo que el mayor reto tanto para mí como para mis compañeras y compañeros de profesión es que el mundo de las imágenes está muy saturado hoy en día. Mucha gente tiene cámaras con las que hace sus fotos (o incluso con sus móviles), y creo que tenemos que marcar la diferencia entre una fotografía bien hecha y una que no lo está. Debemos reivindicar nuestra profesión, hacer valer nuestro trabajo y que la gente sepa apreciarlo. A la vez, hacerse un hueco en internet también es complicado. Hay muchas imágenes y hay que destacar, pero creo que para eso el trabajo bueno y constante hace que llegues donde quieres estar. Tengo mi propia página web (www.germanmolinafotografia.com) y también dos cuentas de Instagram (@germanmolinafotografia para bodas y @germanmolinaportraits para un trabajo de retratos más personal).

¿Qué propuestas o iniciativas se te ocurren para dinamizar o impulsar la actividad empresarial en Manzanares?

Creo que, sin duda alguna, desde el Vivero de Empresas de Manzanares se trabaja a diario para que la actividad empresarial de la localidad no pare de crecer y mejorar. Pienso que es primordial que se nos informe de todo lo que necesitamos para evolucionar, que se organicen cursos y, sobre todo, que se nos ayude a movernos en el mundo digital, ya que creo que ahora mismo es el presente y el futuro de cualquier negocio.

¿Es Manzanares buena plaza para emprender?

Puedo decir sin temor a equivocarme que disponemos de un buen tejido empresarial y que, además, estamos muy bien conectados. Por no decir que hoy en día a través de internet podemos llegar a cualquier rincón, lo cual es mi pretensión: expandirme y poder hacer bodas en cualquier lugar de la geografía española o mundial.

Diego R. Gallego Fdez-Pacheco

El proyecto más ambicioso que se intentó implantar en Manzanares  en las últimas legislaturas municipales en las que ostentó la alcaldía Miguel Ángel Pozas, fue la Ciudad del Transporte. Era la estrella del programa electoral del PSOE en varias campañas electorales (entre 1999 y 2007), y sin duda, ilusionó a la gran mayoría de nuestros vecinos.

A pesar del enorme monto económico que suponía la urbanización, más de 52 millones de euros, además del coste de expropiación de los terrenos (166 Ha). se percibía como viable en aquellos  años  de bonanza económica que caracterizaron el principio de este siglo. Sin embargo, los impedimentos de administraciones públicas no favorables al equipo municipal y más tarde la brusca irrupción de la crisis de 2008, eliminaron la posibilidad de que ese emblemático proyecto se convirtiera en realidad.

Las zancadillas políticas y la depresión económica se llevaron por delante el proyecto mejor concebido  y la mejor propuesta de desarrollo y de  futuro que en el periodo democrático se ha planteado en Manzanares.

Si se hubiera hecho realidad, probablemente habría supuesto el despegue definitivo con respecto a los municipios vecinos y, hay que decirlo, competidores en la captación de empresas y puestos de trabajo.

No obstante, una parte importante de los terrenos donde se pretendió ubicar la Ciudad del Transporte se adquirieron por la empresa promotora “Gestión Proyectos y Control” (GPC), aproximadamente unas 57 Ha, y mantienen su calificación como suelo rústico. Están situados en el margen derecho de la  A4, con casi 2 kilómetros de fachada a esa Autovía entre el cruce con la A 430 y el nudo de cambio de sentido  de la Venta del Tizón.

Esos terrenos que se iban a recalificar como de uso industrial, siguen siendo muy valiosos, suponen un escaparate a una de las vías de tráfico donde circula un mayor número de vehículos en nuestro país, precisamente en el cruce con otra autovía importante. No hay mejor suelo en nuestra provincia para la ubicación de empresas relacionadas con el sector del transporte. Quizás todavía pueda proponerse en una próxima legislatura, sino un proyecto de tanta envergadura como el que se intentó llevar a cabo en su día,  sí algo más limitado, con  viabilidad económica, para aprovechar unos terrenos con tan buenas expectativas y tan estratégicamente situados. Está bien que se cree suelo industrial y se desarrollen sectores como el 5, en la salida a Argamasilla de Alba, o junto a la carretera de Alcázar, pero esas ubicaciones  tienen mucho menos atractivo que la que se eligió para la fallida Ciudad del Transporte.

                                                                        

Jesús Isidro Sánchez de la Blanca Romero Nieva

La ayuda por hijo a cargo es una prestación de la Seguridad Social que se puede obtener, cumpliendo una serie de requisitos, cuando se tienen hijos menores de edad o mayores con algún tipo de discapacidad.

Es una prestación un tanto desconocida y por eso queremos ayudarte a conocerla.

¿Qué es la prestación económica por hijo menor o por menor a cargo en régimen de acogimiento familiar permanente o guarda con fines de adopción?

Es una ayuda económica que se obtiene por los hijos que sean menores de 18 años. Aunque también puede tener derecho en los casos de mayores de edad siempre y cuando tengan una discapacidad igual o superior al 65%.

Pero antes de seguir, debemos comprender que entiende la normativa tener un hijo o un menor a cargo

La Ley establece que es un hijo o menor a cargo, aquel que conviva y dependa de forma económica del beneficiario de la ayuda.

Así, existirá dependencia económica, cuando conviva el hijo o menor conviva con el beneficiario.

En los casos que el beneficiario tenga rentas de trabajo o alguna otra prestación que sustituya al salario (pensión, paro….) que supere el 100% del Salario Mínimo Interprofesional no se entiende que el hijo o menor esté a cargo del beneficiario. Tampoco se entenderá que tiene un hijo o menor a cargo cuando sean beneficiarios de una pensión contributiva.

¿Si mi hijo estudia fuera y no vive conmigo, lo tengo a mi cargo?

Si, ya que la Ley indica que la separación transitorio debida a estudio, trabajo de los padres… no rompe la convivencia.

¿Cuánto es el importe de la ayuda?

Depende de la situación. En los casos de los hijos menores de 18 años, por cada hijo y de forma anual son 341 euros. En los casos que sean menores con discapacidad igual o inferior al 33 %, serán 1000 euros anuales. Y si el hijo es mayor de 18 años y con una discapacidad igual o inferior al 65 % serán 4704 euros y si es igual o superior al 75 % 7056 euros.

La ayuda por hijo o menor a cargo, puede ser solicitado en el caso de obtener unos ingresos inferiores a 12.313 euros.

¿Cuál es la duración de la ayuda?

Dura mientras se mantengan las condiciones que se exigen para poder obtener la ayuda. Así, se extingue esta ayuda en los casos de fallecimiento del hijo o menor, alcanzar en los casos establecidos la mayoría de edad, la desaparición de la discapacidad del hijo o menor, dejar de depender económicamente de los padres, superar los ingresos máximos.

¿Qué requisitos tengo que cumplir para obtenerla?

Son varios requisitos que se han de cumplir, como son:

  • Residir legalmente en España
  • Tener menores o hijos a su cargo
  • No tener derecho a prestaciones de esta misma naturaleza.
  • No percibir ingresos anuales superiores a 12313 euros. Esta cuantía aumentará un 15 % por cada hijo o menor. En los casos de hijo o menor con discapacidad, no se exige este límite de ingresos.

¿Quién puede ser beneficiario?

Depende si conviven o no los padres. En el caso de convivir, los beneficiarios pueden ser cualquiera de ellos.

Pero si el caso es que no conviven, le pertenece el beneficio al progenitor que tenga la guarda y custodia del menor y conviva con él.

Si la situación es de custodia compartida, el beneficio se reconoce a ambos progenitores, y por tanto se repartirá la ayuda en función del tiempo que conviva el menor o hijo con cada uno de ellos.

¿Y si mi hijo tiene una pensión o trabaja, puedo tener derecho a esta ayuda?

Tendrá derecho siempre que su hijo no obtenga unos ingresos anuales que sobrepasen el 100% del salario mínimo interprofesional. También en el caso de obtener una pensión, si ésta es contributiva, la ley indica que no estará a cargo, salvo en determinadas pensiones que si es aceptado.