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Juan Villegas Cano

La expansión a nivel mundial del coronavirus y la enfermedad  COVID-19 que provoca en el organismo humano  están poniendo en jaque a la humanidad entera -muy en especial a nuestro país-  y supondrá sin ninguna duda un punto de inflexión en nuestra historia contemporánea. En estos momentos  todavía toca dedicarse a la urgencia de poner freno  al virus y parar su propagación  hasta hacerlo desaparecer y ocuparse de los enfermos.  Pero después de esta guerra tendrán que venir necesariamente los momentos de la reconstrucción y la reflexión. Tras la crisis será necesario replantearse  algunas realidades que, de una manera u otra, se han visto afectadas en el transcurso de esta batalla contra el coronavirus. Actividades, modos de vida, conductas, protocolos, medidas políticas adoptadas u omitidas, respuesta de los ciudadanos, entre otros muchos aspectos, deberán ser analizados y sería triste que estas circunstancias tan especiales por las que estamos pasando no sean motivo, después de todo, para aprender y reforzar aquellas realidades  que el virus nos ha mostrado que son más vulnerables.

Uno de los muchos aspectos sobre los que habrá que sacar conclusiones, con el fin de aprender, corregir situaciones y, en definitiva mejorar,  es el de la educación. A nadie se le escapa, y mucho menos a quienes estamos relacionados directamente con ella, que nuestro país está inmerso desde hace años en una profunda crisis educativa. Prueba de ello es que los distintos gobiernos que se han ido sucediendo a lo largo de nuestra democracia han intentado mediante las diversas leyes educativas atajar los problemas que adolece nuestro sistema educativo, que han sido detectados y denunciados tanto por instituciones nacionales como por Organismos internacionales. El último intento es el nuevo proyecto de ley orgánica  presentado en el Congreso de los Diputados (LOMLOE, Ley Orgánica para la Mejora de la Ley Orgánica Educativa) que por distintos motivos no arranca con buenas expectativas.  Una de las medidas más drásticas que se han debido de tomar en relación a esta crisis del coronavirus ha sido la suspensión de todas las actividades lectivas en todos los niveles educativos. Se han cerrado guarderías, colegios, institutos y universidades, laboratorios, centros de investigación, se han  suspendido las clases y todo tipo de actividades escolares de modo presencial, con carácter  indefinido en Castilla La Mancha. Esto no quiere decir que se haya mandado a los alumnos de vacaciones a sus casa. La actividad docente continua durante estos días a través de un seguimiento por medio de las distintas plataformas informáticas con aplicación en el ámbito educativo (en el caso de Castilla La Mancha la Consejería de educación dispone para sus usuarios de la plataforma  Papás,  a través de la cual se gestiona toda la comunicación entre los distintos miembros de la comunidad educativa, aunque  existen también  otras muy utilizadas habitualmente por profesores y alumnos).

El hecho de que la actividad educativa continúe en ausencia de los centros abiertos debe provocar una reflexión profunda ya no solo sobre el papel de las nuevas tecnologías en el ámbito de la educación sino, más allá aún, sobre la necesidad o no de la presencia simultánea y real del maestro-profesor y los alumnos en una aula física para una adecuada formación (especialmente en las enseñanzas primarias y medias).

Y al igual que en otros ámbitos laborales la crisis va a ser un impulso para promover reformas importantes de cara a una cada vez mayor implantación del teletrabajo, de igual manera habrá quienes crean necesario replantearse en serio la viabilidad de la educación virtual y de su cada vez mayor implantación. Cuando haya que evaluar este periodo de “teleeducación” habrá que plantearse si es necesario que los alumnos pasen tantas horas a lo largo del día  en un centro educativo y si muchas de ellas no las podrían pasar  en casa más cómodamente  sin que esto fuera un impedimento para el normal desarrollo del proceso de enseñanza-aprendizaje y de su óptimo  aprovechamiento. Por su puesto que este tipo de reflexiones deberán plantearse desde un punto de vista exclusivamente pedagógico dejando al margen (si es posible) el problema social, muy importante y que hoy determina muchas de las medidas que se adoptan en educación, de la conciliación de la vida familiar.

La cuestión nada baladí que demos plantearnos es hasta qué punto va a haber que asumir (e incluso promover) o no la sustitución progresiva de la figura del maestro-profesor real, de carne y hueso, por instrumentos tecnológicos y la deslocalización del aula real-física hacia un entorno educativo virtual. En estos días de reclusión en nuestras casas todos hemos podido comprobar cómo nuestros hijos intentan seguir con una cierta normalidad el curso escolar. A través de las plataformas antes mencionadas (Papás o Classroom entre otras muchas), el correo electrónico, videoconferencias o de los famosos tutoriales de YouTube los alumnos, una vez superado el desconcierto inicial, intentan responsablemente adaptarse a tales circunstancias para que estas no les impidan terminar adecuadamente el curso.

 Pues bien, en relación a esta cuestión cabrían dos posiciones (que planteamos de manera muy sintética y que exigiría un desarrollo pormenorizado): una, la de aquellos que consideran que la labor del maestro-profesor es fundamentalmente de mediación y que su función principal es la de asistir como supervisor al recorrido que cada alumno por sí solo debe hacer en la construcción del conocimiento. Se sustenta este este modelo teórico sobre determinadas corrientes de la neuropsicopedagogía en las que se termina considerando al educador como un buen conocedor  de los procesos cerebrales que intervienen en el aprendizaje y los medios técnicos necesarios para estimular y favorecer estos procesos que él solo deberá procurar o “recetar”. En este sentido, la relación alumno-docente es concebida básicamente como una relación técnica en la que la presencia simultánea en la clase es prescindible si no totalmente sí en gran medida. Por otro lado, el otro modelo pedagógico, enraizado sobre una concepción del ser humano muy diferente, consideraría que es incuestionable la necesidad de la utilización de los medios técnicos, de los instrumentos que la tecnología nos brinda para su uso en los entornos educativos, así como también son imprescindibles los conocimientos sobre los mecanismos neurológicos  que hacen posible el aprendizaje y que enseñan cómo actuar sobre ellos. Pero sin restar importancia a estos elementos, se considera que más importante aún es la relación personal , inmediata y real, para una adecuada educación.  Frente a un modelo pedagógico que termina considerando al alumno como un “cerebro que aprende” estas otro modelo entienden que el fundamento de la educación lo constituye básicamente una relación ética, donde el alumno es considerado en su integridad personal, que debe crecer como un sujeto libre y responsable y que esto solo es posible que acontezca en un entorno de relaciones personales y humanas, en las que el diálogo y el reconocimiento entre iguales y de quien es autoridad en el saber son imprescindibles en el camino hacia el conocimiento.

La sociedad en su conjunto deberá reflexionar y decidir sobre qué tipo de educación quiere para sus menores y no olvidar que gran parte de los enormes gestos de humanidad a los que estamos asistiendo en estos momentos (sin los cuales sería muy difícil superar la crisis que atravesamos) puede que tengan su origen en una educación en la que era considerado y valorado como lo esencial el maestro vocacional e ilusionado que mira y les habla a unos niños que lo escuchan con respeto y curiosidad.

 

 

 

 

Pablo Nieto-S. Gutiérrez

En el modelo educativo español se distinguen claramente dos etapas: (a) la obligatoria, entre los 6 y los 16 años, y (b) la optativa: universidad y formación profesional media y superior. Entre medias, o entre dos aguas, queda el Bachillerato, un nivel educativo de dos años tremendamente artificial, marcado, especialmente en el segundo curso, por la palabra EvAU (otrora PAU, PAEG o selectividad).

El Bachillerato parece el COU antiguo, pero ampliado y sin que, legalmente, posea esta condición.

En los centros, sin embargo, parecen no entender la condición posobligatoria y no necesariamente ligada a la universidad que tiene este nivel. Por ello, la enseñanza en estos dos años es manifiestamente mejorable… aunque no todo es culpa de los institutos, como ahora veremos.

En primer lugar, el Bachillerato se (mal) interpreta como una continuación de la ESO. Por ello, se sigue prestando una atención enfermiza a la asistencia y la participación en el aula. Mal inicio. Como enseñanza posobligatoria, sería conveniente dejar a juicio del alumno la asistencia (o no) a las lecciones. Así se refuerza la independencia del alumnado, lo que es muy necesario viendo el mal desempeño de este en instancias educativas superiores, y se hacen más fructíferas las clases.

Además, existe una fijación excesiva con la prueba final de Bachillerato (ahora llamada EvAU) y con su preparación. Por ello, temas cruciales se dejan sin estudiar “porque no caen en selectividad”. Craso error. No todo el mundo que hace Bachillerato entra en la Universidad; se puede estudiar también un módulo medio o superior. Por ello, no se entiende esta fijación con la selectividad. Desgraciadamente, el cada vez menor tiempo lectivo en 2.º de Bachillerato obliga a prescindir de ciertos contenidos, pero esto no debe ser óbice para que solo se estudien los conceptos claves. En lugar de seguir milimétricamente la hoja de cuestiones de la selectividad, se debería explicar un manual completo y dejar al alumnado (de nuevo, apostando por la independencia en esta etapa posobligatoria) elaborar el temario final —para selectividad— de la asignatura. Repito: entiendo la dificultad y el escaso tiempo para ello.

Como conclusión, simplemente quiero recalcar que es comprensible la postura docente ante la pifia legal y universitaria en la organización del Bachillerato y de la selectividad, respectivamente. Sin embargo, si esto descuida el propósito fundamental de un nivel educativo —enseñar y hacer madurar al alumnado—, entramos en el proceso actual: obviamos la “enseñanza de verdad” para resolver solo las cuestiones de selectividad. Los docentes deben luchar por volver a un modelo educativo que apueste por la independencia, la formación integral y la maduración del alumnado en el posobligatorio Bachillerato. Para ello, deberán enfrentarse a instancias superiores —universidades, Ministerio de Educación…— si lo creen conveniente. Solo así mejorará la educación de este nivel que, actualmente, se queda entre dos aguas.

 

 

Pedro Lozano Martín-Buro

La inercia más feroz del consumismo sigue con su azote y transforma todo lo que toca. Los conceptos de caducidad, corto plazo, falta de compromiso y cultura de lo provisional lisonjean a la familia. Me da igual su formato. Corre el riesgo de transformarse en una relación mercantil donde las relaciones afectivas se miden en términos de costo y beneficio o pensión por alimentos, donde cada socio puede proponer su disolución en cualquier momento. Los hijos son, ante todo, un objeto de consumo emocional. La esfera comercial lo impregna todo.

El amor y la comunicación fluida que sustentan la familia están bajo amenaza. El contacto personal pretende ser sustituido por emoticonos en grupos de WhatsApp. Familias en modo avión. Es el amor líquido de Zygmunt Bauman que lucha por quedarse.

En la sociedad líquida las familias deben ser flexibles ¿Qué significa ser flexible? según Bauman, sociólogo y filósofo polaco, significa no estar comprometido con nada para siempre, sino listo para cambiar la sintonía, la mente, en cualquier momento en el que sea requerido. Como un líquido en un vaso. “Be water my friend” que decía Bruce Lee, ¿Lo recuerdan?, “Amigo sé como el agua, vacía tu mente, sé amorfo, moldeable como el agua. Si pones agua en una taza, toma la forma de la taza…”. El problema de esa flexibilidad es que el agua puede ajustarse y fluir hasta cualquier sitio, escurrirse por los más pequeños agujeros, ser vista en gotas o formar océanos, ejercer una gran violencia, o simplemente, crear una molesta gotera que va resquebrajando poco a poco lo recién pintado, la familia.

Pero soy optimista, hay Luz al final del túnel. Es fácil forjar una familia no líquida (sólida). En un pueblo como Manzanares es más sencillo. Al invertir menos tiempo en los traslados al trabajo, la escuela, la compra diaria o la realización de actividades lúdicas se puede conciliar más y se dispone de un tiempo extra que los habitantes de las grandes ciudades no gozan. Es una ventaja, valorémosla. No obstante, es fácil aliviar los efectos adversos de la sociedad líquida. Tome nota. Pasa por construir el hogar en un lugar de recreación compartida, de amor y amistad y no en un ámbito de disputas territoriales. Pasa por fomentar virtudes como la paciencia, el servicio, la humildad y la amabilidad. Por extirpar la envidia, el interés propio, la irritación y las cuentas del mal recibido. Pasa por estrechar los lazos, por comunicarse personalmente y promover el entendimiento y la colaboración. Y, especialmente, pasa por apostar por una relación comprometida a largo plazo, por una familia sólida, no líquida, con mucho Amor.

Hay Luz al final del túnel, así le dijo el desesperanzado Zygmunt Bauman al Papa Francisco en su encuentro privado el 20.09.2016 en Asís: “Gracias, porque Usted es para mí la Luz al final del túnel de la globalización negativa”. El respondió: “Nadie me dijo que estaba en el fondo de un túnel” Y Bauman salió al paso “Sí, pero como una Luz”.

En el último mes ha estado de actualidad en los medios de comunicación la noticia de que volvemos a batir records de baja natalidad en nuestro país. Nacen menos niños al tiempo que aumenta la esperanza de vida lo que se salda con un progresivo envejecimiento de la población y una creciente despoblación en eso que ha dado en llamarse de manera recurrente “la España vaciada”. Es obvio que no podemos comparar (aún) Manzanares ni la provincia de Ciudad Real con otros territorios españoles en los que las comarcas se empobrecen irremediablemente y los pueblos languidecen hasta morir. No obstante muchas familias jóvenes tienen que hacer su vida ya fuera del pueblo, quizá en grandes ciudades ante la falta de oportunidades laborales. Pero sin duda, la tranquilidad y comodidad de localidades más “manejables” podría ser un activo para muchas familias con niños pequeños: la conciliación de la vida familiar y laboral es mucho más fácil, la cercanía de los abuelos, un entorno más próximo y cálido, una vivienda más asequible y un nivel de vida en general más barato; la confianza que da conocer a los vecinos, no tener que hacer largas distancias para ir a los colegios o a los puestos de trabajo, la posibilidad de que los niños jueguen más seguros y se relacionen con más libertad y confianza con otros niños… Si estas ventajas se complementaran con unos buenos servicios y comunicaciones, un comercio activo y una buena oferta cultural y de ocio no cabría duda de que la vida “en provincias” se haría mucho más atractiva para jóvenes familias.

Si los niños llenan las escuelas, las escuelas atraerán maestros y el hospital y otros servicios requerirá más contratación al tiempo que la vida económica y social del pueblo florecerá. Se abrirán negocios que satisfagan las necesidades de las familias y a su vez, éstos atraerán más familias y se consolidará la población.

La familia, qué duda cabe, es un activo.

La política municipal ha de ser, por tanto, dirigida a cuidar y mimar a la familia, con ventajas fiscales, ayudas para la vivienda, promoción de servicios deportivos, culturales y de ocio, ayudas a la conciliación y sobre todo poner en valor y ponderar en cada oportunidad que se presente la generosa contribución de las familias a la vida de la sociedades y de los pueblos.

Es verdad que las administraciones se desviven en todo lo que se refiere a la tercera edad, y hacen bien, o a colectivos de todo tipo. Echamos de menos, sin embargo, en más ocasiones de las que se dan, una política más visible y activa a favor de la familia. Y las familias son la vida de los pueblos. Son el presente y el futuro de Manzanares.

Resucitar

Christian BOBIN

Ediciones Encuentro

Madrid, 2017

169 págs.

Juan Villegas Cano

Bobin es un curioso y atípico escritor francés nacido en 1951 y que tras acabar sus estudios de filosofía en la Universidad de Dijon comienza a dedicarse a la literatura. Los primeros años los pasó compaginando esta actividad con otros ocasionales oficios y a partir de 1991 se entrega por entero a la escritura.  En el panorama literario actual no es fácil encontrar autores como Bobin y muestra de ello es que de su extensa publicación en francés una mínima parte ha sido traducida al castellano. Una “rara avis” del que la crítica llama ya “phénomène Bobin”, que sorprende por haberse hecho un hueco en editoriales y librerías con una literatura esencialista, sin artificios ni ilusionismos literarios para agradar al mundo editorial y por su valentía para presentarse ante el lector con transparencia respecto a posiciones y creencias personales acosadas a menudo en el foro público. Cristian Bobin cautiva a los lectores escribiendo, como él mismo dice, “con una balanza minúscula, como la que utilizan los joyeros. En uno de los platillos pongo la sombra y en el otro la luz. Un gramo de luz sirve de contrapeso a varios kilos de sombra”.    Este libro de Bobin es la obra de quien se ha topado con el sinsentido de la muerte. Sabe de la desesperación y el desconsuelo, el propio, por la muerte de su padre, y el de cualquier C. que, como cuenta, “el día del entierro de su madre, a C. le picó una abeja. Había mucha gente en el patio de la casa familiar. Vi a C. en el infinito de sus cuatro años sorprenderse, antes que nada, del dolor de la picadura; después, justo antes de empezar a llorar, buscar ávidamente con la mirada, entre todos los que se encontraban allí, a la que siempre la había consolado; e interrumpir bruscamente aquella búsqueda al comprender de pronto la ausencia y la muerte”.   Chistian Bobin nos presenta en sus libros a personas que no han sido noqueadas por el lado trágico de la existencia. Encontramos en este escritor que vive en medio de un bosque en Borgoña, “vecino de Dios y de los pájaros que pululan por sus libros”, ajeno a la vida literaria, un anuncio de la tumba vacía. Sabedor de que su padre vive, invita a sus lectores a entrar en la lógica de la celebración y la gracia y nos ofrece a través de sus líneas -como el tilo al petirrojo- un cobijo para la esperanza.

 

El sábado 9 de Noviembre 2019, la “Asociación Avanzando, Educación Especial” celebró sus VIII Jornadas en la localidad de Manzanares, provincia de Ciudad Real.

En estas Jornadas se ha contado con la presencia de Paula Outón Oviedo, Doctora en Ciencias de la Educación por la Universidad de Santiago de Compostela y Profesora de Dificultades en el Aprendizaje en dicha Universidad. Su actividad investigadora estuvo siempre vinculada a la dislexia y a las dificultades en el lenguaje escrito, realizando diversas publicaciones sobre esta temática e impartiendo cursos de formación por distintos puntos de España. Participó en la actividad asistencial de la Unidad de Paidopsiquiatría y Pediatría Comportamental del Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela desde el año 1995 hasta el 2007. Actualmente, dirige la Unidad de Investigación e Intervención en Dislexia de la Universidad de Santiago de Compostela y forma parte del Grupo de Investigación ESCULCA y de la Red de Investigación RIES.

Las Jornadas estuvieron inauguradas por Isabel Quintanilla, concejala de educación.

En ellas se habló de Dislexia, sus características, las pautas para una detección precoz de la misma, de los instrumentos necesarios para su evaluación y diagnóstico y de cómo abordar las dificultades en el lenguaje escrito tanto en el ambiente familiar como el escolar.

La dislexia influye en gran medida en el aprendizaje escolar. Muchos niños tienen problemas en el colegio por esta causa en lo que se refiere a lectura, matemáticas y a la hora de hablar. Aunque suele diagnosticarse más en niños, su prevalencia es idéntica en hombres y mujeres y se estima que hay un alumno o dos por aula con dislexia.

La Asociación Avanzando ha sido consciente de la necesidad de formación en este campo debido a la falta de información existente y desconocimiento de los posibles instrumentos o vías de intervención.  

Desde la “Asociación Avanzando” se quiere destacar la excelencia de la jornada, tanto por la formación transmitida como por la calidad de la ponente. Ha sido un placer contar con la presencia de gran número de profesionales preocupados por la dislexia.

Al igual que en otras convocatorias promovidas por la Asociación Avanzando, las Jornadas han tenido una gran aceptación entre los diferentes colectivos de nuestra región, todos ellos relacionados con la Educación Especial, logopedas, maestros/as de Pedagogía Terapéutica y/o Adición y Lenguaje, Psicólogos, Pedagogos y otros profesionales relacionados con la Educación.

 

Sonriente y puntual, acude a su cita sin prisas, como si no tuviera mil quehaceres que atender. Nos consta que es una trabajadora incansable, que roba muchas horas al sueño para dárselas a las decenas de congresos internacionales en los que interviene en el ámbito académico y a las decenas de exposiciones que monta y mediante las que se divulga la base cultural de Castilla La Mancha. Conversa con pausa, busca las palabras precisas, es elegante y afable y exhibe su extraordinaria cultura con prudencia. No está pensando en jubilarse porque le apasiona lo que hace, le motivan sus clases, el cara a cara con sus estudiantes y atender a todos los compromisos profesionales que la reclaman. No se nos ocurre mejor plan en esta tarde fría de noviembre que un café y una larga conversación con Esther.

 

¿Cuál es exactamente su formación, su posición académica y sus más relevantes logros profesionales?

Soy Doctora en Historia del Arte por la Universidad Complutense de Madrid, profesora titular de Historia del Arte de la Universidad de Castilla-La Mancha y actualmente Directora del Centro de Estudios de Castilla-La Mancha.

 

Quizá el Centro de Estudios de Castilla-La Mancha sea una institución no muy conocida.

 Bueno, el Centro de Estudios de Castilla-La Mancha es un  Instituto de investigación vinculado a la Universidad de Castilla-La Mancha que actualmente tiene tres objetivos o fundamentos: la investigación sobre Castilla-La Mancha, la recopilación y catalogación de material patrimonial y/o de utilidad para uso de otros investigadores y sobre todo la divulgación.

¿La divulgación es importante para los profesores universitarios? A veces los percibimos como una cierta élite…

La divulgación es muy importante; al menos para mí lo es.

 

¿Hay que “arremangarse la toga”?

¡Por supuesto! Además literalmente. Recuerdo una anécdota. Alguien llegó preguntándome por la directora del centro. Claramente no me había reconocido: yo estaba rodeada de madera y con un martillo en el bolsillo montando una exposición. Yo creo que es importante “devolver el dinero” que el ciudadano ha invertido en nosotros para que investiguemos y aprendamos cosas sobre el patrimonio y otros saberes en general. Hay que hacer un trabajo válido para la ciudadanía, del que la ciudadanía se pueda servir. He de decir que una de las cosas que con las que más disfruto de mi trabajo es cuando doy conferencias en pueblos pequeñitos. De repente la sala se llena con 200 personas muy diferentes y heterogéneas para las que no existe el reloj; pasan dos horas y quieren seguir escuchándote…Eso en el ámbito académico a veces no ocurre. Montas una conferencia en el campus y te viene tres profesores y ya.

 

¿Qué encuentra en el arte y en el mundo de la universidad para haber hecho de ello su vida?

El ser humano se expresa a través múltiples vías. Eso es el Patrimonio Cultural y de alguna manera nos da la razón de ser. Mostrar la base cultural de Castilla-La Mancha es muy satisfactorio.

 

“Antes el saber, el estudio, estaba más prestigiado. El profesor y el libro eran respetados y se confiaba en la formación como “ascensor” social”

 

En Siembra somos sensibles al tema de la educación. Vd. lleva toda su vida dedicada a la educación, quizá podría hacer una pequeña reflexión sobre la situación actual: ¿llevan razón los más catastrofistas? ¿Cómo llegan los estudiantes a la universidad?

No soy para nada catastrofista. Lo que ocurre es que hay un cambio de paradigma. Los tiempos han cambiado y no podemos seguir haciendo las mismas cosas que en 1960, por ejemplo. Con respecto a cómo llegan los alumnos, he de decir que observo una diferencia fundamental. No es que lleguen peor preparados sino que muestran una preparación diferente. Antes, por ejemplo, se veía en ellos un saber más “enciclopédico” (aunque no sea la mejor expresión) más acumulativo mientras que ahora muestran un conocimiento más intuitivo, poseen más herramientas. En cualquier caso es cierto que antes el saber, el estudio, estaba más prestigiado. El profesor y el libro eran respetados y se confiaba en la formación como “ascensor” social.

Hay una cosa que me llama poderosamente la atención: en los becarios que hacen sus prácticas en el Centro de Investigación se nota mucho los que “vienen de abajo” (es sólo una manera de referirme a ello) y hacen además otros trabajos, quizá agrícolas, o ayudan en las empresas familiares: están más motivados, trabajan con más interés, luchan más.

 

Háblenos de la universidad, de las carreras de Humanidades, de la Universidad de Castilla-La Mancha. ¿Las carreras de humanidades están en crisis?

A veces veo que los alumnos de letras deben lidiar con la presión social de que lo que están haciendo no vale para nada. Es muy necesario que en sus ambientes se prestigien y se valoren las humanidades. Por ejemplo, a mucha gente le gusta viajar y conocer cosas nuevas, que se las cuenten. Para que eso sea posible la mayor parte de las veces detrás hay una persona con formación en Humanidades. Y eso también es “rentable” social y económicamente.

 

“En Manzanares hay bienes culturales no materiales como el carnaval o la Semana Santa que se están deteriorando”

 

Si miramos a Manzanares, desde el punto de vista artístico, ¿qué es lo más relevante de nuestro patrimonio.?

Obviamente la Iglesia Parroquial. Pero además hay otros bienes patrimoniales que son inmateriales, por ejemplo el carnaval o la Semana Santa. Probablemente también la fiesta de Jesús del Perdón. Esta fiesta es el motor que hace volver a más gente a Manzanares en una fiesta señalada.

Sin embargo el carnaval se está perdiendo. No es lo mismo “verlo” que participar en él. Ocurre lo mismo con la Semana Santa. No se trata de si hay más o menos nazarenos sino de si el pueblo se siente implicado de múltiples maneras con esta manifestación cultural, si “la vive”.

¿A qué cree que se debe esta pérdida de “vivencia” cultural?

 Tengo una teoría que no sé si será válida o no pero tiendo a observar que en los pueblos que están en contacto con vías de comunicación importantes o con mucha población visitante hay una obsesión por querer “dejar de ser pueblo” y ser “más ciudad” es algo así como “no querer ser paletos” y eso hace que la población se desentienda de las cosas de su propio pueblo.

 

 

¿Cree que se está haciendo una buena gestión y cuidado del patrimonio de todo tipo? No nos referimos sólo a lo público sino a fachadas, viviendas privadas, obras de arte, etc…

 Rotundamente no. Pero no es un problema sólo de Manzanares sino de todo el país y especialmente de nuestra región. Nosotros manejamos una máxima que no se cumple: “conocer es conservar”. El conocimiento y la pedagogía deben ser previas y las instituciones deben ocuparse de eso. ¿Cómo vas a convencer a un vecino que no pude tirar su casa porque forma parte del catálogo de bienes a conservar si no le explicas cuándo se construyó, por qué se construyó así, por qué tiene un gran valor su patio, su fachada, sus techos…? Hay que explicar por que la calle de las Monjas es como es o por qué se debe restaurar la Iglesia Parroquial. Eso no se está haciendo.

 

¿Debemos entender que se puede hacer todavía al más en relación a gestión cultural y gestión del patrimonio?

Por supuesto. Si no se hace una pedagogía adecuada la sociedad no asume el valor de las cosas, pero si se hace, será la propia sociedad la que “cuide” y conserve y no habrá que dejar todo en manos de la Administración. Actualmente los ayuntamientos tienden a “turistificarlo” todo. Así, el patrimonio se cosifica y en esa esclerotización no hay vida, no hay contexto, no hay “porqués”.

 

En otro orden de cosas, creo que con la Fábrica de Harinas se está perdiendo una enorme oportunidad.

 

¿Cree que es buena la idea del Museo de la Ciencia?

 Habría que tener en cuenta que un museo de ese tipo necesitaría una importante inversión anual para no quedarse obsoleto. No lo veo viable. Además, no tiene por qué ser un museo. Podría convertirse en un edificio al que se le de uso: una residencia de ancianos, un hotel, un centro cultural… Hay una barrera psicológica en la calle Cristóbal Colón y los paseos Príncipe de Asturias. Parece que ahí se acaba el pueblo y no. Esa parte se podría integrar y un elemento importantísimo sería la Fábrica de Harinas.

 

¿Podemos tener esperanza en que pueda ser sede de la UCLM?

 Sería ingenuo. Se debe tener en cuenta que en otras poblaciones se están cerrando sedes.

 

¿Qué me dice del convento de las monjas de clausura?

No tiene un gran valor patrimonial. Podría ser un edificio de apartamentos y la iglesia mantenerse para otros usos, ¿sede de algunas cofradías? Le daría vida al centro.

 

“Estamos obligados a preservar aquello que nos ha sido legado y el pórtico de la Asunción es un buen ejemplo”

 

Tendrá una opinión sobre la restauración del pórtico de la Asunción…

Obviamente debe acometerse. Estamos obligados a preservar aquello que nos ha sido legado y este es un buen ejemplo. En lo que respecta a los bienes de la Iglesia, cuando la Iglesia tenía posibles se ocupaba de ello. Ahora deben ser las Administraciones públicas quienes se hagan cargo o de alguna manera colaboren. Lo que sí es necesario es que haya una buena planificación y recaiga en manos de expertos, por favor…

 

¿No ha sido así siempre en Manzanares?

Bueno, no hay más que ver el retablo… Hubo un legado para recuperar el antiguo retablo y había posibilidades de hacer uno exactamente igual al que había, aunque no comparto ese tipo de actuaciones. No se hizo. Pero no se por qué por lo que debo ser prudente.

 

¿Podría hacer una valoración de la oferta museística de Manzanares?

En los museos de Manzanares hay gente muy competente y entregada que merece todo mi respeto porque además me consta su dedicación. No obstante, se debe hacer una reflexión sobre si hay elementos significativos que deberían ser más conocidos, mejor conservados y desde luego mejor divulgados.

 

¿Cómo ve el futuro de Manzanares?

No tengo una bola de cristal. Detecto que la población envejece y que la situación económica es precaria. Me da la impresión de que no se está aprovechando la situación geográfica privilegiada que tiene Manzanares; mira el corredor del Henares o la Sagra de Toledo: son lugares prósperos porque han aprovechado que están en vías de comunicación importantes…

Consoly León Arias

   Las nuevas tecnologías, tan necesarias y presentes en nuestros días, desde las postrimerías del pasado siglo, nos ofrecen múltiples posibilidades, siendo quizás la más destacadas, las de conectar a las personas entre sí, con inmediatez de esta era digital, fruto del desarrollo de nuestra sociedad, y su vinculación con el  conocimiento y uso de Internet, como herramienta fundamental.    
Por el contrario, también encontramos frecuentemente, la mala praxis de algunos usuarios, que no saben ni cómo, ni cuándo, desconectar.      

Pero, ¿realmente podemos/queremos desconectar de nuestros dispositivos digitales?, ¿nos apetece apartarnos de las nuevas tecnologías?, ¿es saludable estar 24 horas “conectado”?,          
¿qué interés nos empuja a estar permanentemente “disponibles” o “en línea”?.     
Parafraseando al gran filósofo Aristóteles: en el término medio está la virtud; y es que lógicamente, el buen uso de las nuevas tecnologías, puede dotarnos de infinitas oportunidades  lúdicas y/o laborales, e introducirnos más si cabe en la sociedad del bienestar, pero teniendo presente la “evasión”  de esa “ otra realidad”, para que nuestro cerebro descanse, y podamos disfrutar de lo que nos rodea,  que a menudo eludimos, para priorizar la inteligencia artificial, y haciendo caso omiso de las relaciones humanas, lo verdaderamente importante.     

No viaja más quien más fotos sube a “la nube”, ni es mejor o más eficiente el que nos responde inmediatamente a un WhatsApp.

Actualmente, estar “a un clic” del e. Mail, cualquier red social, o el teléfono móvil, va asociado con la distinción de una persona; pero jamás debemos olvidar que si estar “disponibles” para “ayudar” a otros es una actitud solidaria, también lo es “estar” para nosotros mismos, dedicándonos un poco de tiempo.
Hemos de reivindicar así, mediante nuestra actitud, el derecho a   nuestro espacio e intimidad, y por consiguiente, debemos permitirnos desconectar de todo, ponernos en “modo off” y vibrar con una puesta de sol, una conversación con amigos, la lectura de un buen libro, practicar deporte, o escuchar música.        
Lamentablemente, la realidad puede superar a la ficción en el universo digital. Así las cosas, no viaja más quien más fotos sube a “la nube”, ni es mejor o más eficiente el que nos responde inmediatamente a un WhatsApp.   
Las nuevas tecnologías en las cuales nos desenvolvemos, nos ayudan a responsabilizarnos  del uso que hacemos de ellas, poniendo limitaciones para no caer en la esclavitud de lo que algunos denominan una nueva forma de vida.   
En medio de esta vorágine, nos cuesta imaginar como hace cierto tiempo, nuestros padres o abuelos podían prescindir del teléfono (fijo), o incluso, esperasen semanas para poder leer determinada correspondencia.
En estos instantes tenemos el “privilegio”, de “contactar” ipso facto con personas próximas o remotamente alejadas de nosotros, geográficamente hablando, conocidas o desconocidas, asumiendo hasta donde queremos llegar con la utilización de estas “modernas herramientas”, para no exponernos demasiado al universo virtual, que amenaza con atraparnos con sus hechizantes “cantos de sirena”.         
En definitiva, hemos de reflexionar y concienciarnos de que las nuevas tecnologías, siempre tan “disponibles” para    facilitarnos la existencia, pueden entrañar riesgos, resultando un arma de doble filo si no se emplean correctamente.    
Somos “libres” para decidir quedarnos “enganchados” o tener vida propia.

¿Desconectamos?