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Sin conciertos, sin orquestas, sin toros, sin zagalas, sin pin pan pun, sin la chochona de la tómbola, sin Cariñena, sin las berenjenas del Almagro, sin las ensordecedoras bocinas de los “caballitos” y los coches de choque… hasta los menos “feriófilos” lo echarán de menos…  Y es que cuando sopla el aire calentujo de julio y trae del campo las briznas de paja de lo segado y el olor al azufre de los melonares, lo suyo es ponerse de guapo e irse a la feria.

Que todos estamos desorientados con la situación que se nos presenta, desde el último ciudadano hasta el responsable político de mayores competencias es una evidencia. Reinventar una feria en la que no se pueda uno acercar a menos de metro y medio de la moza o el mozo que te haga ojitos o no poder apretarse muertos de risa cuando nos pegan el achuchón en los coches de choque tiene poco sentido, la verdad. Que la feria se iba a suspender estaba cantado y este año los días centrales de julio dejarán un enorme hueco que quizá pueda dar cabida a la nostalgia; a los recuerdos de cuánto vivimos en aquellas noches de verano adolescentes: quien bailó pegado por primera vez en La Pérgola, quien supo de la agridulce experiencia etílica, quien vio amanecer con ojos soñadores o quien robó un beso de unos labios todavía inocentes, podrán recordarlo con nostalgia.

¿Qué hacer ahora? Sin FERCAM y sin fiestas tradicionales el bolsillo de muchas familias hosteleras y de servicios de Manzanares se verá resentido, pero quizá pueda suplirse si muchos manzanareños se animan a frecuentar los bares y terrazas que este año, con la nueva peatonalización de las calles, están de dulce. Utilizar la vieja expresión aquella de “lo que viene, conviene” o la otra más habitual de “no hay mal que por bien no venga” quizá sea demasiado arriesgado, pero no estaría mal aprovechar la oportunidad para darle una “repensada” a la feria que, según muchos, no satisfacía las expectativas de los manzanareños por haberse quedado algo obsoleta y no ofrecer actividades imaginativas y para el gusto de todas las edades.

Este año toca “ir de tranqui” pero las madrugadas de feria volverán y las cogeremos con ganas, las volveremos a disfrutar y, ojala, sean mejor de lo que las recordábamos.