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                       Manuel Rodríguez Mazarro

 

El 23 de noviembre del año pasado se celebró una magnífica y cultural conferencia en la Biblioteca Municipal, sobre el 500 aniversario de nuestro templo parroquial de la Asunción. Intervino el matrimonio Concepción Moya y Carlos F.-Pacheco que poseen un amplio conocimiento histórico de nuestro edificio emblemático.

Deliberando sobre el lugar donde se encuentra ubicada la actual Iglesia Parroquial en la plaza del pueblo, se me ocurre pensar la cantidad de generaciones y acontecimientos importantes, buenos y malos que en ella han ocurrido. Plaza que fue haciéndose, incorporando los portales, quitando y poniendo según modas, quedando amplia, hermosa, limpia, desocupada, más o menos como se encuentra en la actualidad.

Se afirmó que en los presupuestos municipales de este año desagradable 2020 se incluirá una partida exclusivamente para restauración de la fachada, cornisas y pórtico del mediodía. La representación municipal ha llegado al acuerdo con el obispado, para realizar el pago de gastos conjuntamente.

Se está haciendo el estudio de este mecanismo tan complejo que requiere la obra por tratarse de monumento artístico, estilo plateresco, según los historiadores, trabajos realizados a finales del siglo XVI que refleja la “biblia en piedra” mezclando lo sacro y lo profano, el bien y el mal, así lo manejan los entendidos en el arte pétreo. Trabajos que los historiadores y documentación fue realizado por Enrique Egas “el Mozo”.

Es la obra de arte más destacada y valiosa que dispone Manzanares. Guardo una foto del año1809 en la que se observa un aspecto diferente, otra de 1879 (A. Cantalejo) libre entonces de la cerca y reja, solo existía la separación por  enterramientos,  especie de paredilla en piedra. Curiosamente aún se conservan estos bloques de granito salientes  sirviendo de aposento y de base de los hexágonos donde apoya la valla o reja que hace esquinazo.

Opinión, no solo personal, he consultado.  Aprovechando tales obras a realizar,  se podrían quitar estos cuarenta y cinco metros de cercado que afea, estorba y en la actualidad no tiene sentido, daría más anchuras y esbeltez a esta maravillosa fachada. Hubo un tiempo en que se celebraban ferias, becerradas con carros, mercado, incluso hubo un urinario público, todo esto desapareció.

Hoy no tiene objeto esta verja, el arte quedaría limpio, despejado igual que todo su entorno. Recordemos la parte de atrás que denominaban “Campillo Santo” (1887) donde se construyó el “Círculo Católico Obrero S. José”( 1910) actualmente no se concibe. –Las palomas seguirán posándose y los balonazos de los mal educados igual con reja que sin ella.

 

 

 

 

 

 

 

 

Javier López

Quinientos años se dice deprisa, pero ahí está viendo pasar el tiempo, como en la canción. ¡qué proporcionado! ¡qué artístico! ¡qué grande! ¡qué equilibrado! aparece en esta imagen el pórtico del Templo de la Asunción, que los Manzanareños hemos contemplado cientos de veces.

Pero cuando la examino, con otra mirada, con detenimiento, sigo viendo algo que desentona del conjunto arquitectónico, algo que es como un obstáculo que oculta lo que hay detrás, que no me deja contemplar su esplendor, su maravilloso pórtico. Es una verja que separa y divide, que me hace pensar, que lo de detrás no es de todos, que es propiedad privada, (es lo que se entiende cuando se encuentra una valla), al menos es lo que a mí me despierta la contemplación de la imagen, razón por la que desde aquí demando su retirada.

Mi padre ya lo reivindicaba en uno de sus “Rompiendo Lanzas”, en esta misma revista en el número 44, junio 1974.

 ¿Llegara al fin la ocasión

De que nuestro, plateresco,

Barroco o churrigueresco,

Pórtico de la Asunción

Pueda verse, si es razón

de esa reja liberado,

que lo mantiene encerrado

aún, sin justificación?

¿Hay quien me dé explicación

de su absurda permanencia?

¿Se necesita licencia

para su demolición? …. –

Probablemente en el pasado y durante unos años tendría su función de separación o límite de propiedad de los terrenos de la iglesia, pero hoy en día hay otros recursos y medios que hacen la misma función sin ocultar lo que hay detrás.

…-Si el espacio que ha cercado,

la verde reja en cuestión

tiene por obligación,

estar así limitado,

no dudo que haya razón,

pero abunda la opinión

de no estar justificado.

Cuento con la oposición

para mi muy respetada,

hacia la idea apuntada,

solo como insinuación,

si no la creen acertada. …-

En este año que estamos de celebración, que la Iglesia y el Consistorio parecen estar coordinados y trabajan en la misma sintonía para restaurar el templo, reivindico nuestro patrimonio sin reja; sería una gran ocasión para retirar la verja. El templo no necesita rejas, tiene que mostrarse desnudo limpio de obstáculos para mostrarnos su belleza, desde el suelo hasta lo más alto de la torre.

Y termino como lo hacía Paco López.

…Puede no haber solución,

más, contemplar la fachada,

bella, limpia, sin “borrón”,

es también una ilusión,

que debe ser respetada.

Con mi “lanza” pues, partida

yo tomo mi decisión.

Me retiro a mi rincón.

¡que todo llega en la vida!

 

 

 

 

“Lo que estamos haciendo hoy es llamar a la Historia y convocarla para que dentro de muchos siglos el pueblo de Manzanares siga disfrutando de su iglesia de la Asunción”. Estas palabras de José Felipe Fernández fueron quizá las más sugerentes de cuantas se pronunciaron el 23 de octubre en el Ayuntamiento. En un momento en el que el cortoplacismo y la miopía política priman en la vida pública, convocar a la Historia, y apostar por el patrimonio de todos es un signo no sólo de madurez por parte de la alcaldía sino también de altura política del que debemos hacernos eco.

La pandemia de Covid 19 no ha permitido a Manzanares vivir uno de los acontecimientos culturales más importantes en los últimos tiempos: la celebración del 500 aniversario de la iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora. La efeméride hubiera merecido una conmemoración a la altura de su significado y a la altura del valor artístico del templo, verdadero corazón de la ciudad e insignia de todo su significado espiritual y de sus valores culturales, artísticos y turísticos.

Sin embargo, al menos, coincidiendo con esta señalada fecha, se ha firmado en el Ayuntamiento uno de los acuerdos más esperados y necesarios en años: el acuerdo para la financiación de la restauración del pórtico de la iglesia cuyo valor artístico es proporcional, lamentablemente a su estado de deterioro. Nos congratulamos y aplaudimos la iniciativa. Julián Nieva pasará a la historia de Manzanares como el alcalde que firmó este convenio y bajo cuyo mandato se realizó esta obra tan necesaria y tan demandada. El alcalde ha sabido comprender que el templo parroquial de la Asunción a todo el pueblo pertenece y a todos concierne. Es responsabilidad de todos porque a todos representa y no sólo pertenece a la Iglesia sino que es patrimonio común

No debemos olvidar que el pueblo que no cuida sus raíces e ignora su pasado se desvanece en el futuro como un azucarillo en el agua. Pasarán los años y aun los siglos llevándose por delante tantas cosas en nuestro viejo Manzanares pero con este acuerdo se ha dado un paso importante para que una parte esencial de su origen y esencia permanezca. Con la preservación del patrimonio eclesial no sólo se cuida un bien turístico o sentimental sino el centro alrededor del cual ha nacido y se ha desarrollado nuestra comunidad. La de todos. Además, con una visión más amplia, nos recuerda necesariamente el origen y la permanencia de nuestros valores culturales y de todo el mundo occidental.

Por Pedro Villarroel

En este artículo, comentaré la cronología histórica más brillante de la Parroquial de Manzanares, cuando la conjunción de una serie de circunstancias, y la participación de ciertos personajes claves en la historia de este Templo y del propio Manzanares, habrían de dar lugar a la transformación de la Parroquial de la Plaza Mayor en una auténtica Catedral. como resultado de su ampliación y amejoramiento en la segunda centuria del siglo XVI… En solo cuatro décadas, la recién inaugurada Parroquial de la Plaza, en 1521, había quedado pequeña, por el gran crecimiento poblacional y urbano de Manzanares… entonces, nuestros regidores plantearon ampliarla, haciéndola representativa y acorde a la importancia que nuestra Encomienda adquirió en ese siglo…. Y un hecho circunstancial y regional, vino a facilitar esa ampliación, la relación con el vecino Almagro, del que dependió jurídicamente Manzanares hasta medio siglo antes.. Así que, nuestros regidores tenían estrecha relación con sus coetáneos de Almagro; y supieron, y oyeron hablar, de un joven arquitecto almagreño, Enrique Egas “el Mozo”, que, en su villa, acababa de construir la “Iglesia de la Madre de Dios”. Nuestro Concejo, arropado por la Orden Calatrava y el mecenazgo de algunos notables de la villa, contactó con Egas “El Mozo”, para proponerle se hiciese cargo de las obras de ampliación de la Parroquia de Manzanares. .Y, ese genio, “Egas, El Mozo”, arquitecto y escultor, hijo y nieto de dos grandes maestros de la arquitectura de la época, Egas Cueman y Enrique Egas, y sobrino de Alonso de Covarrubias, aceptó de inmediato el reto, cuando advirtió que tendría manos y mente libre para diseñar el trabajo a su arte y manera…Desde ese momento, “El Mozo”, quedó unido a lo mejor de la historia de Manzanares y de su iglesia parroquial, a la que convirtió en una auténtica Catedral, entre1550 y 1564”…En ese breve tiempo, dirigió y desempeñó un trabajo de construcción muy activo, en el que participó personalmente, hasta plasmar de manera extraordinaria en nuestro Templo su arte innovador, caracterizado por una mezcla de rasgos del gótico tardío y del barroco-renacentista,. heredados de su abuelo y padre y de su tío Alonso de Covarrubias, que se concretaron, sobre todo, en los tres grandes ámbitos estructurales del edificio: los góticos; en los techos y en la configuración del crucero y del ábside; los barrocos, en el diseño del nuevo Altar Mayor…y los platerescos, en lo que constituiría en la mejor y más significativa obra de arte de este pueblo, el bellísimo Frontispicio Plateresco de la fachada sur de nuestra Parroquial..

En resumen, la obra de Egas el Mozo, consistió en trazar y construir un nuevo crucero, más alto y ancho, elevar y rehacer la cubierta, reconstruir el ábside y enriquecer el aspecto exterior de la Iglesia con portadas, ventanas y otros elementos ornamentales. El ensanche de los brazos del crucero propició, en el tiempo sucesivo, el desarrollo y creación de las capillas laterales de la Iglesia a ambos lados de la nave central… Todas las capillas del lado del evangelio, se construyeron en esa segunda mitad del Siglo XVI, bajo la supervisión del maestro Egas, comenzando por la más cercana al crucero, la bellísima capilla de la Transfiguración, que estará unida para siempre a la familia y al nombre de su patrocinador, otro manzagato ilustre, Don Miguel Merino-Morales, aquel que fue anfitrión de la Santa Teresa de Jesús en su mansión de la Calle del Carmen…, y, en esta capilla, recibirían sepultura sucesivas generaciones de esa histórica saga”…“La Capilla Central, llamada de San Ildefonso, fue la primera de todas en iniciarse…. Egas, dirigió personalmente su construcción, siendo fundada por otra saga noble de Manzanares, la de los Quesada, en concreto a instancias de Dª María González de Inojedo, viuda del bachiller Francisco de Quesada. La tercera capilla de ese lado del evangelio, dedicada a San Miguel, la mandó construir un curioso personaje de leyenda, D. Cristóbal Ruiz de Vigo “El Perulero”, ..Según nos dicen los escritos, este misionero, vigués, marchó de joven al Perú (de ahí su mote), para evangelizar a los nativos. Vuelto a España como un rico indiano, se estableció en nuestra villa, decidiendo fundar esta capilla, para lo que pidió licencia al Rey Felipe II, que la firmó el “Bosque de Segovia” a 31 de agosto de 1561. Dicha Capilla, albergó la Pila Bautismal más clásica de la villa, siendo, desde entonces, un orgullo para los manzanareños, ser bautizados en la misma, existiendo el dicho de: “manzagato y cristianado, donde el Perulero”….Don Cristobal Ruiz, dotó a su capilla de los ornamentos y lo necesario para el culto, dejando… “una renta anual de 500 Ducados, para decir una misa semanal en la misma y cuidarla”,… aparte: “donar otros 25 ducados a un estudiante de su linaje,..y que, si se graduaba sin tener prebendas, se le dieran otros 50 ducados”,… Estableció, en su testamento, que “todo el dinero restante lo emplearan para “casar huérfanas” y “dar limosna a los necesitados del Hospital de Santiago”, que dependía de su Patronato. Al morir, fue enterrado en la capilla por él fundada, quedando en su tumba su figura tallada”.

En 1564, fecha estimada en que Egas El Mozo había concluido su trabajo, quedó conformado un precioso conjunto gótico-renacentista… con un altar mayor entronizado por la imagen goda de la Virgen de Altagracia”… “poco más sabemos de aquella cabecera, pues, solo 7 años después, llegó la trágica noche del día del Corpus de 1571, cuando un pavoroso incendio la destruyó en su totalidad, incluido todo lo que quedaba bajo el nuevo y recién terminado crucero”. En el siguiente capítulo de esta serie, comentaré como se reconstruyó toda esa ruina…

                                               Manuel Rodríguez Mazarro

Las siglas políticas fueron infundiendo la vida falsa del color cuando en cada casa tienen su blanco y negro

Tuve la suerte de ver parte de la vida a través de objetivos de cámaras fotográficas en blanco y negro, así la vimos los que vamos cumpliendo años. Algo de posguerra, dictadura, monarquía de emérito, constitución, gobiernos democráticos, Felipe VI, covic-19.  Todo esto nos fue marcando.

En alcaldes manzanareños también hubo vida en blanco y negro, D. José Calero, D. Pedro G. Román, D. Agustín Serrano, D. Pedro Capilla, D. Carmelo Melgar, D. Teodoro Rincón, D. Miguel A. Pozas, D. Antonio L. Manzanara y D. Julián Nieva. Afirmo que a algunos de ellos les costó “cuartos” la política.

Hasta aquí he podido conocer y he llegado con mis cámaras al hombro y el magnetofón de casete, entrevistas y reportajes para varios medios,  en blanco y negro, últimamente color digital. En ocasiones hice de paparazi e incógnitas que no se pueden sacar a la luz.

Reportajes con cámara de carrete, fue al final del siglo XX cuando empezaron a enseñarnos el color, vida y sabor de nuestro pueblo. Manzanares iniciaba a salir del letargo y atolladero, los negocios crecían, trabajo no faltaba para el que quería trabajar.

El auge económico manzanareño iba pasando de ser en blanco y negro a color, años del desarrollo en Manzanares, los momentos especiales se reflejaron en papel fotográfico, recuerdos que llegué a vivir y aún existen en álbumes, rara es la casa que no conserve sus primeras vacaciones, bodas, bautizos, inauguraciones, su coche, incluso la mili, sujetas al negativo de cámaras Werlisa, Nicon, Konika, Canon, Kodak,…

Un progreso del que hemos  disfrutado con instantáneas de vida en blanco y negro quedaron en recuerdo. Llegó el auge tecnológico, la fotografía pasó a ser color digital. Liberados del corsé económico, aquello se nos fue de las manos, iniciaron las prisas, el paro, crecieron los problemas, mandatarios pagados, información a convenir, cambiaron las maneras y educación pedagógica.

Las fotografías realizadas con móviles han pasado a ser multitud pasajera y sin intimidad propia. Las generaciones que han crecido actualmente no conocieron el blanco y negro ni les importa, pasan de ello y “poquitas fatigas”, las siglas políticas  fueron infundiendo la vida falsa del color cuando en cada casa tienen su blanco y negro, los momentos, la historia, el cariño, el motivo, los hijos y el trabajo. A la juventud la envidio por sus años y en ellos está el futuro de positivar la imagen.

No creo que vuelva el blanco y negro, aunque tal como veo el futuro político en general de conveniencias,…me desordena bastante el objetivo de la mentalidad. Sinceramente, pienso que mi generación fue más sana, fue despacio y avanzó deprisa. –De dictadura en blanco y negro pasamos directamente al libertinaje a siglas en color y mascarilla.

 

 

Por Pedro Villarroel

Esta historia comienza a finales del Siglo XV, cuando a instancias del Concejo del Lugar de Manzanares, y con la anuencia de la Orden Calatrava y el Arzobispado de Toledo, cristaliza la idea de transladar la primitiva Iglesia Parroquial de la Plaza del Castillo, a la nueva Plaza Mayor que se estaba diseñando al otro extremo de la calle del Carmen.

El proyectado traslado, y el que esta nueva Iglesia parroquial quedaría consagrada bajo la advocación de la patrona, Virgen de la Altagracia, fue percibido por la mayoría de los cofrades que formaban su Hermandad, herederos de los fundadores calatravos del Lugar, como una gran amenaza al control que ostentaban sobre el culto a la Virgen de Gracia, algo que tenían asegurado hasta entonces, casi en exclusiva, en la pequeña y primitiva parroquial de la Calle del Carmen… Estos hidalgos calatravos locales, encuadrados en la poderosa “Cofradía de la Santa María Virgen de Gracia”, enseguida mostraron desacuerdos con el Concejo e, incluso, con sus superiores de la Orden Calatrava y el Arzobispado de Toledo, acerca de la patrimonialidad de la imagen de la Virgen María de Gracia,, manifestando su negativa a que dicha imagen entronizase el nuevo Templo.. Esas discrepancias, quedaron plasmadas en informes de los “visitadores” de la Orden Calatrava, escritos de los Cofrades y legajos del Concejo…motivando, al final del Siglo XV, que la “Cofradía de la Santa María Virgen de Gracia” decidiese construir una Ermita al norte del Lugar de Manzanares, en el camino de Toledo, para llevar allí la imagen dorada original de la Virgen de Gracia… Y todos estos hechos, explican bien los vericuetos que se sucedieron en los primeros veinte años del siglo XVI, hasta que se terminó la Parroquial de la Plaza Mayor…Sabemos que un personaje principal del Lugar en ese tiempo, Fray Martín Sánchez Manzanares, noble e insigne paisano, y párroco de Manzanares, se posicionó del lado del Concejo y de la Orden Calatrava, en el proyecto de transición parroquial de la iglesia vieja a la nueva…pero, por no establecer más disenso con la mayoría de cofrades de la Hermandad de la Virgen de Gracia, que estaban en contra, Fray Martín decidió que, en la solemne procesión de traslado de la primitiva parroquial de la Plaza del Castillo, a la recién terminada de la Plaza Mayor, celebrada en 1520, solo pasease por la calle del Carmen, el Santísimo Sacramento, dejando a la Virgen de Gracia en la primitiva iglesia.. Por lo mismo, intercedió para que las obras de la nueva Parroquial concluyesen cuanto antes.. y, en esa línea de conciliación, encargó y trajo, personalmente, de Alcala de Henares, en 1521, una bella imagen goda de la Virgen de Gracia para entronizar la nueva Parroquial… y que, así, la imagen original permaneciese en la Iglesia primitiva, hasta que estuviera terminada la Ermita que la Hermandad construía al norte de Manzanares..

Algunos, han especulado con el significado, en esta historia transicional, de una pequeña iglesia, descubierta en el interior de una casa particular de la calle de la Iglesia, y de cuya existencia y características hemos sabido por la investigación de nuestro insigne paisano Jerónimo Lozano García-Pozuelo. Es posible que “ejerciese de templo parroquial adjunto” mientras se construía la cercana gran parroquial de la Plaza… Según Don Jerónimo, esa pequeña iglesia fue la que dio nombre a la calle, y no la nueva parroquial…y, quizá, pudo contener en su pequeño altar, durante un tiempo no precisado, la primitiva Virgen de Gracia, hasta que fuese transladada a la nueva Ermita de la Virgen de Gracia.. aunque esto, a la vista de lo que hemos narrado con anterioridad, parece menos probable.

Asi las cosas, se inaugura, al comienzo del tercer decenio del Siglo XVI, la nueva gran parroquial de Manzanares… que deslumbró a todos, con su altar mayor entronizado por la ya mencionada bella imagen goda de la Virgen de Gracia, y con ornamentos no vistos hasta entonces en ningún Templo de Manzanares…

Esa Iglesia era mucho más baja que la que podemos ver ahora, ya que, aunque disponía de una pequeña y bonita torre con su campanario, no tenía nada que ver con la bellísima y esbelta aguja actual. Tampoco existía entonces el magnífico frontispicio que hoy todo el mundo admira, y su crucero era mucho más bajo y pequeño…La nave, también era más estrecha, carecía de las arcadas que hoy la rodean, y no estaban construidas las capillas laterales, que las nobles familias de la villa añadieron en años posteriores del siglo XVI… Es decir, lo mejor de nuestra magnífica Catedral estaba por llegar; pues aún no había incidido en su historia particular, un genial arquitecto almagreño, Enrique Egas, apodado “el mozo”, que engrandeció física y artísticamente el templo hasta límites inimaginables.

Por Javier López Mozos

Todos conocen la silueta de Don Quijote, en hierro, que aparece en las entradas de los pueblos de la ruta del Quijote o más bien, de la provincia de Ciudad Real.

La fotografía, muestra el muro que existe en Manzanares, ¿conocen dónde está ubicado? Probablemente sí, pero me atrevería a afirmar que no todos recuerdan dónde. Ahí lo dejo para que lo busquen en sus paseos. Desconozco cuántos muros con el perfil existían en nuestro pueblo -la última información de la que dispongo es que había otro, ya desparecido, cerca del Saga- somos encrucijada y probablemente habría alguno más. Hoy día, solo queda este y confío en que a ningún desalmado se le ocurra expoliarlo y… otra pieza de nuestro patrimonio que se pierde. Porque, son muchos los objetos que desaparecen de la noche a la mañana. Elementos como este, que son de todos, por desconocimiento de su valor artístico, cultural, de estilo, tendencias a las que representa o época de creación, se escapan de los catálogos y son abandonados a su suerte la mayoría de las veces. No podemos permitir que avispados los destrocen o se los lleven para sus colecciones.

Volviendo a la imagen e intentando observarla con otra mirada, se aprecia un deterioro evidente y es necesaria una intervención. Como miembro de El Zaque, me consta que esta Asociación Cultural lo tiene como una de sus preocupaciones de conservación y recuperación patrimonial.

Los muros se ven construidos con piedra caliza como la de los majanos, algunos con su zócalo en añil y el resto encalado; aparecen unos cuarterones en los que en su momento podía leerse una frase y el nombre de la población pintado o en letras de hierro al igual que el contorno de Don Quijote. En la mayoría aparece la frase “…un lugar de la Mancha.” y el nombre de la población, en nuestro caso, “Manzanares”, aunque hay pueblos como Argamasilla de Alba que modificaron la frase y dice “…el lugar de la Mancha”, lo mismo en Villanueva de los Infantes, o “…el corazón de la Mancha.” en Alcázar de San Juan, la mayoría poniendo en valor sus cualidades.

Analizando con otra mirada, ¿se han fijado en la figura? Qué estilizada y proporcionada la postura de Don Quijote sobre el caballo, recta con la espalda tiesa y la cabeza ligeramente levantada con el mentón apuntando hacia adelante, arrogante, seguro de sí, mirando al horizonte y escudriñando el pueblo en el que se dispone a hacer entrada y a sabiendas que será bienvenido. Y del rocín, ¿qué me dicen?, cómo muestra su cansancio, cómo va con la cabeza gacha, deseando llegar a su cuadra, que lo cepillen, den agua y pienso, aguardando una nueva larga jornada.

El conjunto es bello y tiene muchas connotaciones, el artista supo darle el tamaño y la forma justa para que hablase por sí mismo. A este autor no le han indultado a Don Quijote como a Manuel Prieto (autor del toro de Osborne). Ahí está esperando a que lo adecentemos, lo recuperemos, se haga más visible, para ser el primer paisano que vea el caminante o viajero cuando llega a la población y se haga una idea de que aquí, todos somos Quijotes.

 

 

Por Francisco Burruezo Martínez

Leí en el último número de SIEMBRA el Artículo de Opinión de Jesús Isidro Sánchez titulado ¿Nuestra historia será parte de nuestro futuro? Y me llamó mucho la atención: llevo viviendo 23 años en Manzanares, he pasado por la calle “El Manifiesto” pero nunca he oído a nadie hablar de qué sea y qué importancia tenga. Lo mismo me pasa con las demás situaciones que presenta Jesús. Estoy de acuerdo con él en que un pueblo sin memoria es un pueblo sin futuro: lo primero que hacen los pueblos que quieren valorarse a sí mismos es poner en valor su propia lengua, sus giros, su geografía, su historia, sus edificios, sus personajes notables, los hechos importantes que en ellos han sucedido…

Y una posible razón puede encontrarse en la visión sesgada de las ideologías dominantes a través de las distintas épocas… e incluso en el “vicio nacional” que es la envidia: basta que una cosa buena no la haya hecho yo, sino los de pensamiento distinto, para que yo la denigre o, por lo menos le aplique la ley del silencio: de aquello no se habla hasta que se olvida.

Leí el otro día un ejemplo: los ingleses proclamaron a los cuatro vientos el fracaso de la Armada española que intentó atacarles y fracasó: ellos la bautizaron como la “Armada Invencible”, cuando en definitiva se perdieron unos 30 barcos y regresaron 100, casi todos barcos de transporte. Sin embargo, un año después los ingleses enviaron una gran armada a España, para conquistarla, al mando de Drake, con más barcos -180-, y no consiguieron nada y volvieron a Inglaterra “con el rabo entre las piernas”: con 15.000 muertos y miles de desertores. Y entre 40 y 50 barcos se perdieron o fueron capturados. Pero de esto es muy difícil encontrar un titulado español de grado superior que tenga ese conocimiento. ¿No es posible que nos suceda lo mismo en Manzanares?: podemos tener episodios gloriosos, pero no los hicieron “los nuestros” o de alguna manera nos avergüenzan, aunque sea un poquito.

Siempre he luchado por desmitificar el valor “religioso” que se da a las distintas ideologías: es llamativo que casi siempre se basen en “si no estás conmigo, estás contra mí”. Puedo no estar contigo en algún punto, estar de acuerdo en otros y aportar distintas manifestaciones colaterales porque existe una inmensa gama de grises…

El defensor de una ideología suele presentarse con una gran supremacía moral: las causas que defiende son siempre justas, sensatas, razonables, morales, superiores y llevan a una evolución imparable hacia un bien mayor. Y, entonces, claramente, los que no piensan como ellos se oponen incomprensiblemente a tanta bondad, y por tanto sus causas son siempre injustas, insensatas, irracionales, hipócritas y como un fósil del pasado.

Suelo poner el ejemplo de que la ideología es como mirar un objeto solamente desde un punto de vista y explicar toda la vida desde lo que se ve. Si observo una caja de cerillas a lo largo veo unas cosas, si lo hago a lo ancho veo otras distintas, si la pongo en vertical veré otras y así es la vida, que tiene sus luces y sus sombras, sus rugosidades y sus hondonadas… y sus diferencias. Entonces, ¿las ideologías son intocables? Quizá nos lleven a “mirar el mundo por el ojo de un canuto”.

Concepción Moya García y Carlos Fernández-Pacheco Sánchez-Gil

El 11 de noviembre de 1910 tuvo lugar un nuevo suceso sangriento en Manzanares, cuando Ramón Clemente Casado abrió fuego contra una pareja de guardias civiles, matando a uno e hiriendo al otro, tras lo cual inició una larga huida al ser perseguido por decenas de guardias. Su perfecto conocimiento del terreno y astucia para escapar del cerco al que le sometieron, alargó la fuga durante 15 días, concluyendo con su entrega a las autoridades. El seguimiento exhaustivo de la prensa de todo el país, lo convirtieron en una leyenda, llegando a ser catalogado como el “último bandido”.

     Para buscar las causas del suceso, hay que retrotraerse en el tiempo. Ramón Clemente Casado, apodado “Uñas”, era un joven de 22 años, soltero, pequeño de estatura, delgado y moreno, que se dedicaba a la caza furtiva desde los 12 años, acompañando a su padre, con el objeto de alimentar a su humilde familia. Dos años antes del suceso fue sorprendido por dos guardias, uno de ellos conocido como Maroto, cuando estaba cazando pájaros, los cuales le golpearon hasta que entregó la escopeta. Un segundo incidente tuvo lugar el 8 de septiembre de 1910, durante la feria, cuando estaba cazando junto con Antonio Vázquez en “El Cuartillo”. Fueron descubiertos por dos guardias civiles a caballo, Antonio Hornero y Patricio Morales, que los persiguieron y tras capturarlos, los abofetearon y les dieron varias patadas, que le provocaron a Ramón la rotura de un oído y la descomposición del muslo, causándole una cojera que le duró dos meses. Fue atendido por el curandero Eugenio Calleja, debiendo prestarle Felipe López Cano una burra, para que pudiera desplazarse.

     En noviembre fue condenado por el Juzgado Municipal a 20 días de arresto, por sus actividades furtivas, denunciadas por un guarda de la finca de “La Mancha”, enviando a un alguacil para darle a conocer la pena y conminarle a que se presentase en el Juzgado. Ante su negativa y actitud amenazante, el empleado solicitó la presencia de la guardia civil para que le acompañara. A las 6 de la tarde del 11 de noviembre, la pareja formada por el cabo Juan Ramírez y el guardia Antonio Hornero, junto a Servando Fernández Muñoz, se presentaron en casa de Ramón, para conducirlo ante el juez. Pero Ramón al verlos llegar huyó, por lo que tras un infructuoso registro, regresaron al centro de la población sin él.

     El prófugo saltó las tapias del corral de su casa y se dirigió hacia el camino de la Cruz que debían seguir los guardias, escondiéndose en la tapia de la era de Capilla. Al llegar la pareja, el fugado efectuó dos disparos de postas hiriendo mortalmente a Hornero, el cual falleció horas después, y levemente a Ramírez. Los guardias dispararon infructuosamente sobre el atacante, que tras realizar los disparos, saltó al extremo de la pedriza, dándose a la fuga por el campo.

     Los heridos fueron auxiliados por los vecinos de las casas próximas que salieron al oír las detonaciones y atendidos por el personal de la Cruz Roja que llegó poco después junto con el médico, el Dr. Roncero. Hornero fue trasladado en camilla al hospital, donde falleció a las cuatro de la mañana, mientras que su compañero se desplazó por su propio pie, al ser leves las heridas. Ramón Hornero era natural de Almagro, tenía 31 años y dejaba a su viuda embarazada y con tres hijos. Fue enterrado a las cuatro de la tarde, presidiendo la ceremonia el teniente coronel jefe de la Guardia Civil, un comandante de zona, el alcalde, el juez de instrucción y el municipal, junto a varios concejales. El cabo Ramírez estuvo en tratamiento 15 días, recuperándose plenamente de sus heridas[1].

     A partir de ese momento se llevó a cabo una larga e infructuosa persecución. El teniente coronel jefe de la Benemérita en la provincia se dirigió a Manzanares para coordinar la operación, donde fueron encaminados todos los guardias civiles disponibles para participar en ella. La prensa de todo el país se dedicó a magnificar sus hazañas tachándolo de bandido o bandolero. Las informaciones indicaban que había herido a un guardia del campo en el brazo diciéndole “no te mato, pero te dejo manco”, cuando solamente lo desarmó, poniendo en su boca declaraciones como: “catorce cartuchos me quedan, trece son para los guardias y uno para mi”, e incluso algunas informaciones lo situaban en la sierra de Alcaraz o en la aldea de El Salobral, cuando no salió de los alrededores de Manzanares.

     Ramón tras el tiroteo huyó hasta el corral de “la Retamosa”, donde un vecino de Daimiel le dio de cenar. El día siguiente estuvo merodeando por los alrededores de Manzanares, encontrándose con un pastor que le aconsejó entregarse a las fuerzas del orden. Después cenó y pernoctó en la casa de Filiberto Lozano, de la que salió el 13 por la mañana, día en el que no se cruzó con nadie, eludiendo el operativo montado por los guardias civiles para su persecución.

     El 14 se refugió en un chozo de pastor, donde sorprendió a los guardias de campo León Gutiérrez y Francisco Córdoba, que estaban al servicio del ayuntamiento de Daimiel, cuando iban a penetrar en él. Les obligó a entregar sus armas y municiones, manifestándoles a continuación “que no se mataba, porque quería defender su vida matando”. Después, les conminó a que se marcharan de allí.

     Los guardias informaron de estos hechos a las fuerzas de la guardia civil, que montaron un operativo con quince parejas al mando del capitán Herrera y del teniente Alderete, reforzados con guardias de campo, consiguiendo localizar al prófugo en la corraliza de “la Retamosa”, cercándola para evitar su huida. Tras ello se produjo un intenso tiroteo entre Ramón y sus perseguidores, en el que el primero procuró limitar el uso de las municiones. Los guardias ante el riesgo que suponía asaltar el corral a campo abierto, más teniendo en cuenta que Ramón se encontraba atrincherado y era un experto tirador, decidieron esperar la llegada de la noche.

     La acción más audaz de Ramón fue la que realizó a continuación, pues al sentirse acorralado dio muestras de gran astucia, escapando de un cerco en el que participaban unos cuarenta hombres. Armó un pelele con dos palos y sus ropas, colocándole una de las carabinas que había sustraído a los guardias jurados, y lo dejó junto a una tapia a la vista de sus perseguidores. Al verlo, los guardias se acercaron y abrieron fuego contra él, tras lo cual el capitán Herrera, el teniente Alderete y el guardia de campo Hilario Vallejo, se dirigieron al galope al corral, donde solo vieron el muñeco dejado por Ramón. Éste vestido con su ropa interior y una americana, junto con la escopeta, eludió el cerco aprovechando la confusión y la oscuridad, pasando incluso al lado de un guardia de caballería que no lo vio. En el fracasado asalto resultó herido leve el guardia Vallejo, al ser confundido con el prófugo[2].

 


[1] El Imparcial, 13 y 15 de noviembre de 1910; La Mañana, La Época, El Liberal, El Siglo Futuro y El Día de Madrid, 15 de noviembre de 1910; Diario de la Mancha y El Correo Español, 16 de noviembre de 1910; Heraldo Militar, 18 de noviembre de 1910; El Pueblo Manchego, 16 de mayo de 1911.

[2] Diario de la Mancha, 16 de noviembre de 1910; El Día de Madrid, 16 y 19 de noviembre de 1910; El País, 16 de noviembre de 1910; El Imparcial, 17 de noviembre de 1910.

Manuel Gallego Arroyo

A pesar de todo, y por más que quieran contarnos, el progreso peca muchas veces de ingratitud con el pasado. Es que su razón de ser consiste, las más de las veces, en desprender toda costra, mondar cáscaras, en fin, arrancar de la vida todo aquello que, sido, pretenda prolongar el paseo y solaz de los cadáveres exquisitos. A veces, en lo que es una irremediable precipitación, actúa como un juez sentencioso e inflexible con lo, en apariencia, caduco.

Ahora que la ley de las modas, ahora que el progreso con su mano a veces fría levanta enormes muros, imponentes vallas, como las que han nacido al final de los Paseos del Río, ahora digo, podremos contemplar cómo se cerrará el horizonte, se cegarán las perspectivas y se angostarán los trasvases de almas; ahora y ya mañana, observaremos cómo a la caída del sol, se precipitarán las sombras del enrejado progreso sobre los paseos y sus arriates, árboles y arbustos, y sobre los paseantes de ojos confusos en el tornasolado.

Creo que con la decisión “envalladora” se han perdido algunas cosas (¿realmente podemos decir “cosas”?) que a lo mejor sería de justicia que las tuviésemos en conciencia, por si hubiera alguna posibilidad de recuperar la dignidad de lo arrinconado.

De un lado la estética del cierre de las calles del paseo, angostado y marginado, en su perspectiva (la de los Paseos Príncipe de Asturias). Pero también la del Paseo de los Pinos, que, viniendo desde los Cinco Puentes al encuentro de aquellos, ha quedado desplazada, oculta y empobrecida en un feo recodo. Como pobre y sin sentido queda, desde el Banco de la Paciencia, toda vista, amurallada toda lontananza.

Obsérvese que no hablamos de nada nuevo, pues, de cuanto ahora se ha hecho monda, fue ya una propuesta con la que se trató de resolver (mediante los emplazamientos que llegarían a ser símbolos cantados por la cultura popular), uno de los problemas urbanísticos de esta localidad, el de las limitaciones que impone la vía férrea.

Rememoremos no obstante el porte humilde, contemplativo y melancólico de aquel banco, el de la Paciencia, pasante de trenes y testigo del horizonte, ahora mudado de simbólico guardagujas, en arrinconado guardavallas. Rememoremos la anchura y vastedad del lugar, explanada que pasaba la mayor parte del año dejada de sí, clamando qué hacerse de ella.

En descargo sólo queda referir cómo una vez más el futuro ha logrado corregir una deficiencia del pasado, ampliando en superficie de metros cuadrados el espacio para exposiciones feriales, a la postre, asunto vital en el modernizador desarrollo de nuestro pueblo.