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Hay momentos decisivos, como éste, en el que tenemos nuevos desafíos desconocidos y es donde se nos exige que mostremos coraje, valentía, responsabilidad y un firme espíritu inquebrantable de lucha.

El planeta se está enfrentando a una pandemia que desde hace varias generaciones no hemos vivido. La humanidad entera está librando una batalla muy dura, y seguro que vendrán días peores, pero venceremos. Porque no es la primera vez que nos enfrentamos a retos tan graves como los actuales, y hemos salido adelante.

Todos en nuestra vida pasamos por distintas fases, pasamos por momentos de sosiego, pero hay otros momentos decisivos, como éste, en el que tenemos nuevos desafíos desconocidos y es donde se nos exige que mostremos coraje, valentía, responsabilidad y sobre todo, un firme espíritu inquebrantable de lucha.

La vida es una serie de batallas y ahora mismo estamos en una de las más importantes a afrontar. Debemos mirarlo sin miedo, con respeto, pero con la tranquilidad de saber que estamos preparados para esta batalla.

Son tiempos de dudas, de cómo actuar en un escenario en el que nunca hemos estado, y que los que nos acompañan tampoco. Situaciones cambiantes, donde hasta ahora, las cosas que eran habituales, no lo son, pero aprenderemos a asimilarlo y a realizar cosas nuevas que nunca hemos hecho.

La humanidad en estas situaciones tan difíciles, es cuando ha descubierto lo mejor de ella. Hoy más que nunca, debemos regirnos por fundamentos como la amistad, la familia, y que tengamos todos la conciencia de que la fuerza de nuestro país es que estemos unidos y trabajemos todos a la vez. Todo esto nos va a salir a cada uno de nosotros porque las circunstancias lo exigen y sabemos que nuestros objetivos individuales deben ceder en favor de un objetivo mayor que es vencer esta batalla de la pandemia.

Evidentemente, no es fácil la tarea que tenemos por delante, costumbres, rutinas…, debemos adaptarnos a nuevos entornos, situaciones que no estamos, ni mucho menos, familiarizados pero, ante todo, debemos quitarnos el pesimismo y la inseguridad porque si no… no avanzaremos.

Lo estamos viendo constantemente, a las 8 de la tarde todos los días, vemos que no estamos solos, somos un país y un pueblo en el que estamos combinando nuestras fuerzas, nuestra responsabilidad, nuestras energías e inteligencia y con todo ello, conseguiremos vencer y tener la conciencia que hemos hecho nuestro trabajo de forma individual por el bien de todos.

Y que no nos quepa duda, que todo este esfuerzo colectivo tiene una enseñanza para el futuro y es que nuestros actos de hoy, tendrán ecos la Historia. Nos hará sentirnos orgullosos de enfrentarnos a esta prueba de la vida y vencer. Sentirnos orgullosos de nuestra España y por su puesto de nuestro pueblo, Manzanares.

¡¡¡Venceremos!!!!

 

 

 

 

Consoly León Arias

 Tras días de reuniones familiares y celebraciones, el 2020 comienza de igual modo que se despidió, afrontando nuevos gastos, aunque esta vez, por una maravillosa causa. Un nacimiento.
La reflexión me asaltó, adquiriendo un regalo para un neonato, que entre oropeles, encajes y fragancia de Nenuco, me sumergía de lleno, en este fenómeno consumista que engulle nuestra sociedad, a golpe de tarjeta de crédito.    
Veloz, me dirigí al hospital para conocer al nuevo retoño de la familia, enredada en el fulgor que desprendía el obsequio que me acompañaba.
Una vez en la maternidad, mi sorpresa se incrementó al encontrar abarrotada una pequeña habitación, con infinidad de presentes para un rorro y su madre, a los cuales era complicado acceder entre la muchedumbre, creando un ambiente de hostilidad para el recién nacido. 
 Observé atónita la escena, desde una esquina de la habitación, reconvertida en el camarote de los hermanos Marx, donde el ambiente se iba cargando con una  mezcla indescriptible de perfumes, el incómodo olor a tabaco impregnado en las ropas de los fumadores, los estornudos anunciantes de los primeros resfriados del año, las voces desproporcionadas de los congregados en aquel cubículo, tan nocivas para el pequeño, a lo que se sumaron los omnipresentes e inoportunos sonidos de WhatsApp, como una gran falta de respeto. 

Deberíamos reflexionar y tener la valentía de saber decir NO, cuando la situación nos supera, o simplemente, necesitamos un poco de calma para asimilar los acontecimientos

Por si este escándalo fuese poco, la mitad de los presentes se encontraban realizando fotos y videos, a una bellísima criatura, tan pequeña como indefensa, cuando afortunadamente, entró en escena una matrona, invitando a desalojar aquella habitación y procurar el descanso de la madre y su querubín que comenzaba a llorar, como muestra del agobio, lo que su madre remedió, como sólo las madres saben hacer, con mucho amor, ante la impasibilidad de las visitas, reacias a marcharse.      
He de señalar, que como madre que soy de un precioso niño, dicha circunstancia no me era ajena, pues la viví de un modo semejante en mi momento. Ante esta situación que puede tornarse incómoda para los verdaderos protagonistas del momento, deberíamos reflexionar y tener la valentía de saber decir NO, cuando la situación nos supera, o simplemente, necesitamos un poco de calma para asimilar los acontecimientos, y disfrutar de los primeros gestos de nuestro hijo.        
¿Somos capaces de empatizar con el recién nacido y su madre?, ¿Alguien observa que está en juego la salud del bebé cuando lo exponemos al contacto de la multitud?,  ¿Sabemos que el ruido desfavorece la lactancia materna?, ¿Tenemos presente que un neonato y su madre necesitan tiempo para adaptarse a su nueva realidad y conocerse?.       
Estoy de acuerdo, en que a veces actuamos así movidos por la alegría, pero no debemos olvidar  ser coherentes y consecuentes, pensando siempre en el bienestar de madre e hijo.
Desde estas líneas aplaudo el encomiable trabajo que realiza el personal sanitario, y especialmente, las matronas/es y enfermeras/os, distinguidos en este 2020 por la OMS.
Gracias a ellos, las madres, vivimos del modo más idílico posible nuestra primera cita con el verdadero amor de nuestras vidas.  

 

Tauromaquia de Verso y Son

Recital homenaje a Ignacio Sánchez Mejías

En la víspera del 84 aniversario de la mortal cogida del diestro sevillano en la Plaza de Toros de Manzanares, el 10 de agosto, en la Casa Malpica, sede del Archivo-Museo Sánchez Mejías, tuvo lugar un recital poético-musical de recuerdo y homenaje a este peculiar y polifacético personaje, con asistencia de un numeroso grupo de personas que ocupaba por completo los asientos dispuestos en el patio y el corredor de este excepcional museo manzanareño, asistiendo, en representación del Equipo de Gobierno, la concejala de Cultura, Silvia Cebrián y numerosos miembros del Círculo Cultural Taurino Sánchez Mejías.

En la primera parte, titulada POESÍA MUSICALIZADA, el rapsoda y narrador, Pedro Morallón Ballesteros y el profesor y concertista de guitarra Adrián Fernández Arcediano, mano a mano y con una inigualable maestría, fueron desgranando poesías, alusivas al mundo del toro, comenzando con los cuatro poemas de la ELEGÍA POR LA MUERTE DE IGNACIO SANCHEZ MEJÍAS, de Federico García Lorca, para continuar con dos de Miguel Hernández, COMO EL TORO y LLAMO AL TORO DE ESPAÑA, siguiendo con dos de Gerardo Diego, TORERILLO EN TRIANA y SUERTES Y LANCES DEL TOREO y finalizando con TORO EN EL MAR, de Rafael Alberti.

El ritmo, la cadencia, los sonidos y los silencios, iban llevando a los asistentes, paso a paso, en pos de la palabra y la música, reconfortando y estimulando a la vez.

A continuación, en la segunda parte, titulada MUSICA TAURINA, Pedro Morallón se convirtió en narrador-presentador y Rosario Guerra Pérez, con su flauta travesera acompañó a la guitarra de Adrián Fernández Arcediano, en la interpretación de cinco pasodobles: GALLITO, FRANCISCO ALEGRE, CAPOTE DE GRANA Y ORO, EL GATO MONTÉS y SUSPIROS DE ESPAÑA, que sonaron impecablemente y provocaron los encendidos aplausos de los asistentes, gratamente sorprendidos.

Para finalizar, subió al estrado Pedro Morallón y nos regaló el poema de Luis Fernández Ardavin, EN LA MUERTE DE SANCHEZ MEJÍAS, tras de lo cual y de nuevos aplausos, se dio por concluido el acto.  

Hay que reconocer que, empezando por el marco y concluyendo con la calidad de los intérpretes, un acto sencillo devino en algo gratificante e inolvidable para los presentes.

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