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Por Pedro Lozano Martín Buro

El pasado 11 de septiembre un amigo me remitía con fruición un artículo de Carlos Zanón publicado en La Vanguardia bajo el título “Mi antigua vida”. El autor demandaba de forma desesperada recuperar su antigua vida. Relataba, no sin cierto halo de pesimismo, que llevaba varios meses esperándola y que no aparecía por ninguna parte. Se había puesto fechas límite para hacer más fácil la espera, su cumpleaños, el mes de mayo, el de agosto, pero pasaban las fechas y nada volvía a ser como antes. Nos narraba con gracia como a su antigua vida le gustaba viajar, hacer turismo, ir al cine e incluso hasta en alguna ocasión, no sé si con remordimiento, consideraba que la había desperdiciado. Deseaba que volviera la antigua vida y no sabía si ya la había perdido para siempre. Le contesté a mi amigo que el autor no había tenido en cuenta en su artículo a la incertidumbre que nos asola de forma pavorosa y que por culpa de ella no se veía el futuro con optimismo. Lo estamos palpando estos días en Manzanares, sin darnos cuenta habitamos con ella. Lo hacemos, aunque con cierta resignación, sin acostumbrarnos del todo, empezamos a modelar una nueva vida sin planes a largo plazo. Es una lata. Cierto.

Hay que aceptar que la incertidumbre ha venido para quedarse. Hay que reinventar una nueva forma de vivir, de planificar, de disfrutar, de gobernar, de ir al cine, al teatro, a los conciertos y no sumergirnos en el lamento recordando en el fondo de nuestros frágiles pensamientos como era antes y quedarnos lánguidamente de brazos cruzados.

Un futuro distinto, en parte, depende de nosotros, de ti y de mi, dándole forma, con incertidumbre, sí, pero con ilusión por hacer algo grande, salpimentando la vida con avidez, escrutándola, con mascarilla, sí, respetando las normas, el aforo biológico, las distancias de seguridad, con más espontaneidad, inmediatez y capacidad de sorpresa, también, pero con colegios, con deporte, con misas, cine, cultura y por qué no, con teatros. “Los hombres experimentados dicen que hay cuatro cosas que no vuelven: lo dicho, la flecha disparada, el pasado y las oportunidades perdidas”. No es de mi cosecha, no, se lo contaba a Andrés el autor americano Ted Chiang en su novela corta El Comerciante y la puerta del alquimista dándole una pista sobre cómo mirar el pasado y el futuro. Depende de nosotros salir a buscarlo. No podemos cerrar y bajar el telón sin encontrar soluciones por culpa de una pandemia que habita la incertidumbre.