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Por Pedro Lozano Martín-Buro

 

Bartleby, el escribiente es un libro de Herman Melville, autor de Moby Dick. Este cuento narra la historia de un empleado ejemplar de un despacho de Abogados de Wall Street, que de un día para otro decidió no cumplir sus obligaciones de una manera surrealista. Cuando su jefe le pedía que examinara un documento, Bartleby comenzó a contestar lacónicamente de la siguiente manera «Preferiría no hacerlo» (I would prefer not to, en el original). A partir de entonces, a cada nuevo requerimiento, contestaba únicamente esta frase, “Preferiría no hacerlo”, aunque continuaba haciendo otras tareas. Bartleby no abandonaba nunca la oficina, se quedaba a vivir allí pero cuando se le requería para hacer algo Bartleby respondía siempre con la misma frase. Preferiría no hacerlo. Esta falta de compromiso también la hemos visto este verano en Manzanares en relación con el botellón, la pandemia y los problemas de seguridad sanitaria con los vecinos del paseo del río. La respuesta del Ayuntamiento como si del mismo Bartleby se tratara fue similar. Vean.

Ante la preocupación generalizada por los rebrotes surgidos en todo el territorio nacional relacionados con el ocio nocturno y que estaba afectando a grupos de población cada vez más jóvenes, se pidió en el Pleno que se hiciera una valoración sobre los riesgos de la celebración del botellón en Manzanares en el barrio vecinal de la Isla Verde. La respuesta fue de traca, al estilo Bartleby, “el botellón es un acto de socialización…si las circunstancias cambian y hay que prohibir el botellón, lo haremos”.

La calidad de vida de los vecinos del paseo del río y la seguridad sanitaria del resto de la población no importaban, prevalecía la socialización de los jóvenes.

Ver para creer, parece que no disponían de las gafas adecuadas para ver la realidad y acercarse a la lógica con sentido común ya que no sólo no se preocuparon por los problemas de esos vecinos y de la seguridad sanitaria del resto de la población, sino que cegados olvidaron que estamos en una pandemia y que más vale prevenir que curar. No era el momento de debatir sobre botellón sí o botellón no, era el momento de anticiparse, de mirar a largo plazo. No era política, es algo natural que caía por su propio peso.

Días más tarde, afortunadamente la situación se recondujo y el Ayuntamiento de Manzanares rectificó y decidió expedir un decreto de alcaldía por el que se prohibía el botellón, bien porque las circunstancias cambiaron y no lo supimos, por sentido común o simplemente porque analizaron lo que otros pueblos y ciudades estaban haciendo.

El botellón es algo difícil de resolver, es un problema que existe en todas las poblaciones y no le exijo al Ayuntamiento que encuentre la fórmula que nadie tiene. Es otro debate. Era algo más sencillo o más difícil, según se mire. Estamos en un momento único, en plena pandemia, donde no hay que actuar como Bartleby, el escribiente, hay que dar lecciones de liderazgo visible, previniendo problemas futuros y tomando decisiones comprometidas.

 

 Jesús Sánchez-Migallón Sánchez- Gil

Cuando este artículo se está gestando, aun suenan y leemos en los móviles las múltiples felicitaciones por Nochebuena, los deseos para el comienzo del nuevo año y los parabienes para el día de Reyes. Pero como la resaca no es propiedad de ninguna época del año, febrerillo el loco, quizás sea buen mes para dar a conocer esta situación en la que ninguno nos deberíamos ver nunca.

Pero no todos pueden decir que han pasado agradablemente alguna de esas noches. Sobe todo los que se han excedido en la ingesta de alcohol, habitualmente los jóvenes, (los que hemos pasado esa época de la vida, la experiencia nos dice que es preferible no excederse en la bebida, que pasar un resacón)

Cuanto más alcohol se ingiere, más probabilidades de sufrir resaca al día siguiente. Independientemente de los efectos agudos del alcohol, como el coma etílico, la desinhibición, la perdida de reflejos y los consecuentes accidentes de tráfico, los síntomas de la resaca aparecen cuando la tasa de alcohol en sangre está bajando y llega prácticamente a cero. Eso ocurre habitualmente a la mañana siguiente y puede dar todos o algunos de los siguientes síntomas:

Dolor de cabeza y de todo el cuerpo, estado nauseoso y vómitos, mucha sed, cansancio y debilidad, mareo, bajada del estado de ánimo e irritabilidad, palpitaciones cardíacas, temblores, dificultad para conciliar el sueño o por el contrario sueño excesivo, aumento de la sensibilidad a los ruidos y a la luz.

La resaca no es más que una reacción de nuestro organismo a una sustancia toxica, el etanol, que, para metabolizarlo y expulsarlo, se trasforma en acetaldehído, también toxico, y entre uno y otro son los causantes de que se orine más, con la consiguiente deshidratación ( por eso produce mareo, sed, aturdimiento) o irritación del estómago ( de ahí el retardo en la evacuación, produciendo nauseas, vómitos y dolor abdominal) o bajada de azúcar en sangre, o dilatación de los vasos sanguíneos de la cabeza, produciendo el típico dolor de cabeza de las resacas.

Hay unas condiciones previas que agravan la resaca, que pueden agravarlo, como beber con el estómago vacío, ya que favorece la rápida absorción, o la asociación con tabaco u otras sustancias toxicas, y la mezcla de diferentes bebidas alcohólicas.

Pocas formas hay de prevenirla, únicamente hacer un consumo muy moderado y responsable del alcohol de alta graduación, comer antes y durante la ingesta de alcohol alimentos ricos en hidratos de carbono, evitando las grasas y beber abundante agua, que elimina la sensación de sed, hidrata y ayuda a la eliminación del alcohol en sangre.

La resaca con alcohol no se cura. Únicamente remedios naturales como ingesta de frutas, abundantes líquidos y reposo pueden hacer mejorar ese tránsito entre la borrachera y la normalidad.

¿ La mejor elección? No beber.

Quizás este articulo hubiera sobrado, si las campañas educativas tanto a nivel de familias, centros escolares, sanitarios y juveniles estuvieran dando resultado. Analicemos que estamos haciendo mal, padres, educadores, profesionales…

¿Es tan difícil concienciar a nuestros jóvenes de lo poco saludable y las consecuencias que para su salud tiene el consumo abusivo de alcohol?

                                                      

 

 

 

 

 

Consoly León Arias

   Las nuevas tecnologías, tan necesarias y presentes en nuestros días, desde las postrimerías del pasado siglo, nos ofrecen múltiples posibilidades, siendo quizás la más destacadas, las de conectar a las personas entre sí, con inmediatez de esta era digital, fruto del desarrollo de nuestra sociedad, y su vinculación con el  conocimiento y uso de Internet, como herramienta fundamental.    
Por el contrario, también encontramos frecuentemente, la mala praxis de algunos usuarios, que no saben ni cómo, ni cuándo, desconectar.      

Pero, ¿realmente podemos/queremos desconectar de nuestros dispositivos digitales?, ¿nos apetece apartarnos de las nuevas tecnologías?, ¿es saludable estar 24 horas “conectado”?,          
¿qué interés nos empuja a estar permanentemente “disponibles” o “en línea”?.     
Parafraseando al gran filósofo Aristóteles: en el término medio está la virtud; y es que lógicamente, el buen uso de las nuevas tecnologías, puede dotarnos de infinitas oportunidades  lúdicas y/o laborales, e introducirnos más si cabe en la sociedad del bienestar, pero teniendo presente la “evasión”  de esa “ otra realidad”, para que nuestro cerebro descanse, y podamos disfrutar de lo que nos rodea,  que a menudo eludimos, para priorizar la inteligencia artificial, y haciendo caso omiso de las relaciones humanas, lo verdaderamente importante.     

No viaja más quien más fotos sube a “la nube”, ni es mejor o más eficiente el que nos responde inmediatamente a un WhatsApp.

Actualmente, estar “a un clic” del e. Mail, cualquier red social, o el teléfono móvil, va asociado con la distinción de una persona; pero jamás debemos olvidar que si estar “disponibles” para “ayudar” a otros es una actitud solidaria, también lo es “estar” para nosotros mismos, dedicándonos un poco de tiempo.
Hemos de reivindicar así, mediante nuestra actitud, el derecho a   nuestro espacio e intimidad, y por consiguiente, debemos permitirnos desconectar de todo, ponernos en “modo off” y vibrar con una puesta de sol, una conversación con amigos, la lectura de un buen libro, practicar deporte, o escuchar música.        
Lamentablemente, la realidad puede superar a la ficción en el universo digital. Así las cosas, no viaja más quien más fotos sube a “la nube”, ni es mejor o más eficiente el que nos responde inmediatamente a un WhatsApp.   
Las nuevas tecnologías en las cuales nos desenvolvemos, nos ayudan a responsabilizarnos  del uso que hacemos de ellas, poniendo limitaciones para no caer en la esclavitud de lo que algunos denominan una nueva forma de vida.   
En medio de esta vorágine, nos cuesta imaginar como hace cierto tiempo, nuestros padres o abuelos podían prescindir del teléfono (fijo), o incluso, esperasen semanas para poder leer determinada correspondencia.
En estos instantes tenemos el “privilegio”, de “contactar” ipso facto con personas próximas o remotamente alejadas de nosotros, geográficamente hablando, conocidas o desconocidas, asumiendo hasta donde queremos llegar con la utilización de estas “modernas herramientas”, para no exponernos demasiado al universo virtual, que amenaza con atraparnos con sus hechizantes “cantos de sirena”.         
En definitiva, hemos de reflexionar y concienciarnos de que las nuevas tecnologías, siempre tan “disponibles” para    facilitarnos la existencia, pueden entrañar riesgos, resultando un arma de doble filo si no se emplean correctamente.    
Somos “libres” para decidir quedarnos “enganchados” o tener vida propia.

¿Desconectamos?