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                       Manuel Rodríguez Mazarro

 

El 23 de noviembre del año pasado se celebró una magnífica y cultural conferencia en la Biblioteca Municipal, sobre el 500 aniversario de nuestro templo parroquial de la Asunción. Intervino el matrimonio Concepción Moya y Carlos F.-Pacheco que poseen un amplio conocimiento histórico de nuestro edificio emblemático.

Deliberando sobre el lugar donde se encuentra ubicada la actual Iglesia Parroquial en la plaza del pueblo, se me ocurre pensar la cantidad de generaciones y acontecimientos importantes, buenos y malos que en ella han ocurrido. Plaza que fue haciéndose, incorporando los portales, quitando y poniendo según modas, quedando amplia, hermosa, limpia, desocupada, más o menos como se encuentra en la actualidad.

Se afirmó que en los presupuestos municipales de este año desagradable 2020 se incluirá una partida exclusivamente para restauración de la fachada, cornisas y pórtico del mediodía. La representación municipal ha llegado al acuerdo con el obispado, para realizar el pago de gastos conjuntamente.

Se está haciendo el estudio de este mecanismo tan complejo que requiere la obra por tratarse de monumento artístico, estilo plateresco, según los historiadores, trabajos realizados a finales del siglo XVI que refleja la “biblia en piedra” mezclando lo sacro y lo profano, el bien y el mal, así lo manejan los entendidos en el arte pétreo. Trabajos que los historiadores y documentación fue realizado por Enrique Egas “el Mozo”.

Es la obra de arte más destacada y valiosa que dispone Manzanares. Guardo una foto del año1809 en la que se observa un aspecto diferente, otra de 1879 (A. Cantalejo) libre entonces de la cerca y reja, solo existía la separación por  enterramientos,  especie de paredilla en piedra. Curiosamente aún se conservan estos bloques de granito salientes  sirviendo de aposento y de base de los hexágonos donde apoya la valla o reja que hace esquinazo.

Opinión, no solo personal, he consultado.  Aprovechando tales obras a realizar,  se podrían quitar estos cuarenta y cinco metros de cercado que afea, estorba y en la actualidad no tiene sentido, daría más anchuras y esbeltez a esta maravillosa fachada. Hubo un tiempo en que se celebraban ferias, becerradas con carros, mercado, incluso hubo un urinario público, todo esto desapareció.

Hoy no tiene objeto esta verja, el arte quedaría limpio, despejado igual que todo su entorno. Recordemos la parte de atrás que denominaban “Campillo Santo” (1887) donde se construyó el “Círculo Católico Obrero S. José”( 1910) actualmente no se concibe. –Las palomas seguirán posándose y los balonazos de los mal educados igual con reja que sin ella.

 

 

 

 

 

 

 

 

Javier López

Quinientos años se dice deprisa, pero ahí está viendo pasar el tiempo, como en la canción. ¡qué proporcionado! ¡qué artístico! ¡qué grande! ¡qué equilibrado! aparece en esta imagen el pórtico del Templo de la Asunción, que los Manzanareños hemos contemplado cientos de veces.

Pero cuando la examino, con otra mirada, con detenimiento, sigo viendo algo que desentona del conjunto arquitectónico, algo que es como un obstáculo que oculta lo que hay detrás, que no me deja contemplar su esplendor, su maravilloso pórtico. Es una verja que separa y divide, que me hace pensar, que lo de detrás no es de todos, que es propiedad privada, (es lo que se entiende cuando se encuentra una valla), al menos es lo que a mí me despierta la contemplación de la imagen, razón por la que desde aquí demando su retirada.

Mi padre ya lo reivindicaba en uno de sus “Rompiendo Lanzas”, en esta misma revista en el número 44, junio 1974.

 ¿Llegara al fin la ocasión

De que nuestro, plateresco,

Barroco o churrigueresco,

Pórtico de la Asunción

Pueda verse, si es razón

de esa reja liberado,

que lo mantiene encerrado

aún, sin justificación?

¿Hay quien me dé explicación

de su absurda permanencia?

¿Se necesita licencia

para su demolición? …. –

Probablemente en el pasado y durante unos años tendría su función de separación o límite de propiedad de los terrenos de la iglesia, pero hoy en día hay otros recursos y medios que hacen la misma función sin ocultar lo que hay detrás.

…-Si el espacio que ha cercado,

la verde reja en cuestión

tiene por obligación,

estar así limitado,

no dudo que haya razón,

pero abunda la opinión

de no estar justificado.

Cuento con la oposición

para mi muy respetada,

hacia la idea apuntada,

solo como insinuación,

si no la creen acertada. …-

En este año que estamos de celebración, que la Iglesia y el Consistorio parecen estar coordinados y trabajan en la misma sintonía para restaurar el templo, reivindico nuestro patrimonio sin reja; sería una gran ocasión para retirar la verja. El templo no necesita rejas, tiene que mostrarse desnudo limpio de obstáculos para mostrarnos su belleza, desde el suelo hasta lo más alto de la torre.

Y termino como lo hacía Paco López.

…Puede no haber solución,

más, contemplar la fachada,

bella, limpia, sin “borrón”,

es también una ilusión,

que debe ser respetada.

Con mi “lanza” pues, partida

yo tomo mi decisión.

Me retiro a mi rincón.

¡que todo llega en la vida!

 

 

 

 

                Por Enri García Chaparro

No somos conscientes del paso del tiempo ni valoramos a lo que habitualmente estamos acostumbrados a tener hasta que un día, y de un plumazo, nos lo arrebatan todo.

Este año 2020 es un año para olvidar. Pero, contradictoriamente, será el año del recuerdo, el que irá tatuado en nuestra piel, en nuestro corazón y en nuestra memoria hasta el final de nuestros días.

Somos inconformistas por naturaleza, motivo por el cual no solemos apreciar las pequeñas cosas que, tras perderlas, se nos manifiestan de manera desproporcionada con un valor añadido incalculable.

Manzanares es un pueblo con una gran actividad social. Hemos visto, con desolación, lo que una pandemia es capaz de generar a nivel económico, lúdico, intelectual, vecinal…

Cuando en diciembre del año pasado se comenzaba a escuchar lo de “ese virus que había en China” parecía inimaginable que fuera a llegar hasta aquí, hasta un pueblo de la Mancha con una población de dieciocho mil habitantes. Un pueblo, donde al menos, una vez al mes, disfrutamos de algún tipo de celebración.

Comenzó enero y nuestras calles estuvieron iluminadas con la ilusión de recibir a los Reyes Magos de Oriente. Los que después dieron paso a nuestros Santos Viejos hasta llegar a Carnaval. Y ahí quedó la cosa porque ya el fatídico 14 de marzo el gobierno de la nación nos daba una de las peores noticias que hubiéramos querido escuchar: España entraba en Estado de alarma. Un jarro de agua fría, una incertidumbre cortante, en una situación irreconocible.

Y pasó marzo, y abril, y no hubo Semana Santa, ni tampoco celebramos la romería de San Isidro, ni las comuniones, ni el Corpus, ni el día de la Comunidad. Fercam fue improvisado de manera virtual, y quedaron las catas y los tractores abandonados en el corazón.  Y cuando pudimos salir a la calle el dolor y la angustia se reflejaba en cada situación. Y con ello acabó agosto y la ansiada espera para disfrutar de nuestro querido Patrón quedó postergada también. Ni fiestas patronales ni Jornadas Medievales.  Y ahora llegan los Santos y hay más gente en el cementerio y llegará, por supuesto, diciembre, y una Navidad distinta donde apenas habrá nada que celebrar… y el giro se habrá completado.

Esto en lo referente a lo lúdico y social. Cuando aún tenemos las bibliotecas cerradas, el teatro vacío, las conferencias virtuales y nuestras aulas a la espera de nada malo ocurra.

¿Y la economía? Nuestro pueblo cuenta con un polígono industrial donde trabajan miles de personas. Fijas, eventuales, temporales…con un eje geográfico que nos sitúa en un punto estratégico de unión con el resto de comunidades. Empresas con muchos, muchos años de antigüedad y otras de nueva creación. Empresas que en tal solo unas horas tuvieron que actuar de manera crítica e inmediata para buscar soluciones al sustento de tantas y tantas familias. Empresas que, a día de hoy siguen intentando salir adelante por el bien de todos.

Pero también Manzanares cuenta con centenares de pequeños negocios, de autónomos que han visto cómo las puertas de sus negocios se han cerrado y muchas para no volverse a abrir.

Ante esta situación de calamidad, para la que no se estaba preparado, han surgido familias enteras al borde de la ruina. Familias cercanas, vecinas, cuya situación económica ha sido enormemente mermada. Los servicios sociales municipales, así como Cruz Roja o Cáritas han visto incrementada su lista de auxilio social.

No podemos quedarnos impasibles ante lo que está ocurriendo, ante lo que esta pandemia con nombre propio nos ha traído y, con certeza, se quedará con nosotros durante un largo periodo de tiempo.

No debemos olvidarnos de nadie. Ahora no valen las quejas ni la inconformidad. Ahora debemos de mantenernos unidos, fuertes, cuidarnos entre todos y conseguir salir adelante a pesar de las secuelas.

 

“Lo que estamos haciendo hoy es llamar a la Historia y convocarla para que dentro de muchos siglos el pueblo de Manzanares siga disfrutando de su iglesia de la Asunción”. Estas palabras de José Felipe Fernández fueron quizá las más sugerentes de cuantas se pronunciaron el 23 de octubre en el Ayuntamiento. En un momento en el que el cortoplacismo y la miopía política priman en la vida pública, convocar a la Historia, y apostar por el patrimonio de todos es un signo no sólo de madurez por parte de la alcaldía sino también de altura política del que debemos hacernos eco.

La pandemia de Covid 19 no ha permitido a Manzanares vivir uno de los acontecimientos culturales más importantes en los últimos tiempos: la celebración del 500 aniversario de la iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora. La efeméride hubiera merecido una conmemoración a la altura de su significado y a la altura del valor artístico del templo, verdadero corazón de la ciudad e insignia de todo su significado espiritual y de sus valores culturales, artísticos y turísticos.

Sin embargo, al menos, coincidiendo con esta señalada fecha, se ha firmado en el Ayuntamiento uno de los acuerdos más esperados y necesarios en años: el acuerdo para la financiación de la restauración del pórtico de la iglesia cuyo valor artístico es proporcional, lamentablemente a su estado de deterioro. Nos congratulamos y aplaudimos la iniciativa. Julián Nieva pasará a la historia de Manzanares como el alcalde que firmó este convenio y bajo cuyo mandato se realizó esta obra tan necesaria y tan demandada. El alcalde ha sabido comprender que el templo parroquial de la Asunción a todo el pueblo pertenece y a todos concierne. Es responsabilidad de todos porque a todos representa y no sólo pertenece a la Iglesia sino que es patrimonio común

No debemos olvidar que el pueblo que no cuida sus raíces e ignora su pasado se desvanece en el futuro como un azucarillo en el agua. Pasarán los años y aun los siglos llevándose por delante tantas cosas en nuestro viejo Manzanares pero con este acuerdo se ha dado un paso importante para que una parte esencial de su origen y esencia permanezca. Con la preservación del patrimonio eclesial no sólo se cuida un bien turístico o sentimental sino el centro alrededor del cual ha nacido y se ha desarrollado nuestra comunidad. La de todos. Además, con una visión más amplia, nos recuerda necesariamente el origen y la permanencia de nuestros valores culturales y de todo el mundo occidental.

Concepción Moya García y Carlos Fernández-Pacheco Sánchez-Gil

Cuando el acusado fue interrogado por el tribunal, contó las agresiones que había sufrido, negó haber dicho que mataría al guardia Hornero y justificó el desarme a los dos guardias jurados porque le perseguían, citando algunos hechos que había obviado en su primera declaración prestada al teniente Alderete, lo que justificó porque en ese momento “no tenía la cabeza en buen estado”.

Al mediodía se produjo un descanso, reanudándose la sesión a las tres de la tarde. El fiscal modificó sus conclusiones, retirando las acusaciones de resistencia a la fuerza armada por los hechos del corral de “la Retamosa”, aunque mantuvo la solicitud de pena de muerte y una indemnización de 1.000 pesetas para la viuda del guardia Hornero. El tribunal se retiró a deliberar, no haciéndose pública la sentencia hasta varios días después, tras ser remitida en pliego cerrado al capitán general de la zona, siendo condenado a pena de muerte y una indemnización de 2.000 pesetas.

El 10 de julio se celebró la vista del consejo de guerra en la Sala de Justicia del Tribunal Supremo de Marina y Guerra para confirmar o revisar la pena impuesta en el consejo de guerra ordinario celebrado en Ciudad Real. El tribunal estaba formado por el teniente general Santiago como presidente, el vicealmirante Auñón y los generales de división Manrique de Lara, Terán y Cortés, actuando como consejeros togados los señores Jiménez Carrasco y Conejos. El abogado defensor fue de nuevo el capitán Alfonso Martínez Campos, que tras un brillante alegato, solicitó que se rebajara la pena a un grado inferior, mientras que como teniente fiscal actuó el coronel Cesar Buceta, que se conformó con la pena impuesta, la cual acabó siendo ratificada por el tribunal1.

Una vez confirmada la sentencia, se inició una campaña a favor del indulto, marchando de Manzanares una comisión hacia Madrid, con una petición apoyada por las autoridades civiles y judiciales, el clero y el pueblo. El periódico de Ciudad Real “El Pueblo Manchego” inició una activa campaña a favor del reo, respaldada por la prensa de todo el país. El 13 de julio se produjo una imponente manifestación de vecinos de Manzanares de todas las clases sociales frente al ayuntamiento, para apoyar las gestiones de su alcalde, paralizando las industrias sus trabajos en solidaridad. El alcalde llegó a pedir al resto de pueblos de la provincia que le apoyaran en su solicitud, sumándose a ella el ayuntamiento de Ciudad Real y numerosas poblaciones.

Las peticiones de indulto fueron muy numerosas, llegando a dirigirse cientos de telegramas al presidente del gobierno en ese sentido, destacando entre ellos los del Obispo de Ciudad Real y el de la redacción de “El Pueblo Manchego”, contestando el presidente del gobierno al primero: “Recibido su telegrama y bien desearía atenderlo pero no oculto que tratándose del fuero de Guerra es asunto difícil”, mientras que la respuesta al periódico fue más clara y directa, indicando que si se tratara del fuero civil la resolución hubiera sido favorable, pero “tratándose del fuero militar nada puedo ofrecerle”.

El presidente del gobierno, José Canalejas, se negaba a conceder el indulto para evitar enfrentarse a los militares, pese a que el ministro de Fomento y diputado por la provincia de Ciudad Real, Rafael Gasset, lo apoyaba. Canalejas dejó el asunto en manos de su ministro de Guerra, el general Agustín de Luque, el cual parecía poco favorable al indulto, pues ya había dado la orden para desplazar al verdugo y las fuerzas necesarias para asistir a la ejecución.

Para desbloquear la situación, el obispo de Ciudad Real, Remigio Gandásegui, decidió viajar hasta Santander donde se encontraba el rey a punto de salir de viaje para Inglaterra, solicitando una audiencia especial con el monarca. El 21 de julio fue recibido a bordo del yate “Giralda” a las doce y media de la mañana, mostrándose Alfonso XIII proclive a sus peticiones. Tras la entrevista envió un telegrama a Canalejas informándole de su deseo de ejercer su prerrogativa de indulto con el preso, si no había ningún obstáculo por parte del gobierno. Ante la petición real, ya no hubo excusas posibles, por lo que Canalejas confirmó el indulto que convertía la pena de muerte en cadena perpetua.

La noticia del perdón llegó a la sede de “El Pueblo Manchego” en un telegrama de Valero Caudevilla, mayordomo del obispo, que fue confirmado poco después por otros dos procedentes de Santander, uno de ellos de un periodista del “Diario Montañés”. De inmediato el redactor del periódico, Francisco Sastre Moreno, se dirigió a la cárcel donde se entrevistó con el jefe de la prisión Mariano Calzado, que en ese momento recibió la confirmación telefónica del indulto por parte del gobernador civil de la provincia.

El redactor y el jefe, acompañados por otros empleados de la prisión, junto con el mayordomo del Obispo, el párroco de San Pedro, Emiliano Morales, y el jefe de la policía urbana, Sr. Pacheco, se dirigieron hasta el calabozo donde se encontraba el detenido, que estaba situado en el patio de la prisión. Allí le dieron la noticia del perdón y de las gestiones realizadas por el obispo para conseguirlo, lo que provocó escenas de júbilo entre el resto de los presos. El cumplimiento de la pena estaba previsto para ese mismo día, y el verdugo que se desplazaba desde Albacete, se volvió en Alcázar de San Juan.

Al conocerse la noticia, la banda municipal de Ciudad Real recorrió las calles de la capital, acompañada de más de mil personas que vitoreaban al rey y al obispo, mientras que las campanas de la catedral y de las iglesias fueron echadas al vuelo, al tiempo que se lanzaban cohetes para celebrar la noticia. A la cárcel llegaron numerosos regalos para Ramón, y a las siete de la tarde se le notificó oficialmente el perdón por parte del juez instructor, Jacinto Pérez. Hasta bien avanzada la noche, la gente se agolpó en los alrededores de la cárcel para celebrarlo.

En Manzanares, que se encontraba en fiestas, el telegrama fue llevado al ayuntamiento por un operario de telégrafos, que también informó a la madre del reo. El alcalde, Antonio Rubio aprovechó que ese día se celebraba la corrida de toros, para leer el telegrama desde el palco presidencial de la plaza, lo que provocó la alegría entre los asistentes, que aplaudieron puestos en pie, al tiempo que la banda de música interpretaba la marcha real2.

El caso de Ramón Clemente fue un alegato del pueblo contra la pena de muerte, y cómo las circunstancias de pobreza y necesidad de un hombre sin estudios ni medios de subsistencia, maltratado por practicar el furtivismo, fueron los detonantes que desencadenaron el trágico desenlace, sin que el acusado pudiera ser tachado de criminal.


1 El Pueblo Manchego, 16 de mayo de 1911; La Mañana, 18 de mayo de 1911; El País, El Día y El Globo, 11 de julio de 1911.

2 El Pueblo Manchego, 12, 13, 14, 20 y 22 de julio de 1911; La Época, 21 de julio de 1911; La Correspondencia de España, 22 de julio de 1911.

                                               Manuel Rodríguez Mazarro

Las siglas políticas fueron infundiendo la vida falsa del color cuando en cada casa tienen su blanco y negro

Tuve la suerte de ver parte de la vida a través de objetivos de cámaras fotográficas en blanco y negro, así la vimos los que vamos cumpliendo años. Algo de posguerra, dictadura, monarquía de emérito, constitución, gobiernos democráticos, Felipe VI, covic-19.  Todo esto nos fue marcando.

En alcaldes manzanareños también hubo vida en blanco y negro, D. José Calero, D. Pedro G. Román, D. Agustín Serrano, D. Pedro Capilla, D. Carmelo Melgar, D. Teodoro Rincón, D. Miguel A. Pozas, D. Antonio L. Manzanara y D. Julián Nieva. Afirmo que a algunos de ellos les costó “cuartos” la política.

Hasta aquí he podido conocer y he llegado con mis cámaras al hombro y el magnetofón de casete, entrevistas y reportajes para varios medios,  en blanco y negro, últimamente color digital. En ocasiones hice de paparazi e incógnitas que no se pueden sacar a la luz.

Reportajes con cámara de carrete, fue al final del siglo XX cuando empezaron a enseñarnos el color, vida y sabor de nuestro pueblo. Manzanares iniciaba a salir del letargo y atolladero, los negocios crecían, trabajo no faltaba para el que quería trabajar.

El auge económico manzanareño iba pasando de ser en blanco y negro a color, años del desarrollo en Manzanares, los momentos especiales se reflejaron en papel fotográfico, recuerdos que llegué a vivir y aún existen en álbumes, rara es la casa que no conserve sus primeras vacaciones, bodas, bautizos, inauguraciones, su coche, incluso la mili, sujetas al negativo de cámaras Werlisa, Nicon, Konika, Canon, Kodak,…

Un progreso del que hemos  disfrutado con instantáneas de vida en blanco y negro quedaron en recuerdo. Llegó el auge tecnológico, la fotografía pasó a ser color digital. Liberados del corsé económico, aquello se nos fue de las manos, iniciaron las prisas, el paro, crecieron los problemas, mandatarios pagados, información a convenir, cambiaron las maneras y educación pedagógica.

Las fotografías realizadas con móviles han pasado a ser multitud pasajera y sin intimidad propia. Las generaciones que han crecido actualmente no conocieron el blanco y negro ni les importa, pasan de ello y “poquitas fatigas”, las siglas políticas  fueron infundiendo la vida falsa del color cuando en cada casa tienen su blanco y negro, los momentos, la historia, el cariño, el motivo, los hijos y el trabajo. A la juventud la envidio por sus años y en ellos está el futuro de positivar la imagen.

No creo que vuelva el blanco y negro, aunque tal como veo el futuro político en general de conveniencias,…me desordena bastante el objetivo de la mentalidad. Sinceramente, pienso que mi generación fue más sana, fue despacio y avanzó deprisa. –De dictadura en blanco y negro pasamos directamente al libertinaje a siglas en color y mascarilla.

 

 

Por Pedro Lozano Martín Buro

El pasado 11 de septiembre un amigo me remitía con fruición un artículo de Carlos Zanón publicado en La Vanguardia bajo el título “Mi antigua vida”. El autor demandaba de forma desesperada recuperar su antigua vida. Relataba, no sin cierto halo de pesimismo, que llevaba varios meses esperándola y que no aparecía por ninguna parte. Se había puesto fechas límite para hacer más fácil la espera, su cumpleaños, el mes de mayo, el de agosto, pero pasaban las fechas y nada volvía a ser como antes. Nos narraba con gracia como a su antigua vida le gustaba viajar, hacer turismo, ir al cine e incluso hasta en alguna ocasión, no sé si con remordimiento, consideraba que la había desperdiciado. Deseaba que volviera la antigua vida y no sabía si ya la había perdido para siempre. Le contesté a mi amigo que el autor no había tenido en cuenta en su artículo a la incertidumbre que nos asola de forma pavorosa y que por culpa de ella no se veía el futuro con optimismo. Lo estamos palpando estos días en Manzanares, sin darnos cuenta habitamos con ella. Lo hacemos, aunque con cierta resignación, sin acostumbrarnos del todo, empezamos a modelar una nueva vida sin planes a largo plazo. Es una lata. Cierto.

Hay que aceptar que la incertidumbre ha venido para quedarse. Hay que reinventar una nueva forma de vivir, de planificar, de disfrutar, de gobernar, de ir al cine, al teatro, a los conciertos y no sumergirnos en el lamento recordando en el fondo de nuestros frágiles pensamientos como era antes y quedarnos lánguidamente de brazos cruzados.

Un futuro distinto, en parte, depende de nosotros, de ti y de mi, dándole forma, con incertidumbre, sí, pero con ilusión por hacer algo grande, salpimentando la vida con avidez, escrutándola, con mascarilla, sí, respetando las normas, el aforo biológico, las distancias de seguridad, con más espontaneidad, inmediatez y capacidad de sorpresa, también, pero con colegios, con deporte, con misas, cine, cultura y por qué no, con teatros. “Los hombres experimentados dicen que hay cuatro cosas que no vuelven: lo dicho, la flecha disparada, el pasado y las oportunidades perdidas”. No es de mi cosecha, no, se lo contaba a Andrés el autor americano Ted Chiang en su novela corta El Comerciante y la puerta del alquimista dándole una pista sobre cómo mirar el pasado y el futuro. Depende de nosotros salir a buscarlo. No podemos cerrar y bajar el telón sin encontrar soluciones por culpa de una pandemia que habita la incertidumbre.

 

 

 

En el momento de escribir este editorial Manzanares acaba de entrar en el dudoso club de poblaciones con medidas especial de restricción por la proliferación de infectados por COVID. A ningún vecino con dos dedos de frente le ha podido pillar por sorpresa esta situación que se vislumbraba en el horizonte desde mediados de agosto cuando el aumento de casos día a día empezó a ser patente. Ahora toca cruzar los dedos, apretar los dientes, cerrar los puños o el gesto que cada uno prefiera hacer en su anatomía, pero, desde luego, estar preparados para un otoño azul oscuro casi negro.

Las colas en el centro de salud para hacerse la PCR, los alumnos que comienzan a faltar a sus clases y el progresivo vaciado de las calles hacen que pensemos, Dios no lo quiera, que vamos derechos a la situación de marzo o abril. La pregunta es ahora si el pequeño comercio que, ése sí, lleva ya bastante tiempo en la UCI, y los otros sectores económicos de nuestra ciudad aguantarán un invierno que se vislumbra desolador.

La retracción del consumo, la degradación de nuestras calles, y el desánimo general, el miedo y la incertidumbre pueden dar la puntilla a este Manzanares nuestro tan querido, pero tan herido.

La unidad a la que se nos llama desde el púlpito de la política ya tenemos claro los que vivimos aquí que solo funcionará si somos nosotros, los manzanareños de a pie, los que la practicamos: unión con nuestros comerciantes, nuestros vecinos de puerta, nuestros mayores, nuestros colegios, nuestros conocidos. Unión, solidaridad y acompañamiento (la responsabilidad va de suyo). Esa es la única unidad posible y necesaria. Lo demás, ya sabemos lo que es. Y nadie va a venir a sacarnos las castañas de fuego.

Sin embargo, ha de prevalecer la esperanza que, como pueblo, depositamos en nosotros mismos como individuos y como sociedad y la confianza de que de otras mas gordas hemos salido y afrontar lo que venga con energía y fortaleza.

 

 

 

                            Por Manuel Rodríguez Mazarro

En el pleno ordinario de septiembre 2018, ocasionó debate las incongruencias de juntas y pegas que, por los alrededores, lugar denominado trasero Plaza del Gran Teatro y Juzgados se solían ver amantes de tertulia con “Don Simón” o “Gran Duque” y algún que otro tetrabrik con “abrefácil”. Presencié uno de estos descorches, sorpresa.

El abrefácil, según la frase indicativa con flecha incorporada es fácil de abrir, resultó no ser de tal efecto, cada oponente echaba mano al tetrabrik con carátula de caserío de viñedos, y el pequeño orificio no había manera de producir el desprecinto. Cada cual pronunciaba su frase, alguna de ellas fue: –“Este invento lo hicieron los científicos para alterar nuestras vidas”. Un señor con barbas de semana larga, comentó: “Con estos problemas de mascarilla han venido a ruinar las viejas normas de beber a morro”.

En el aposento “banco”, escuchaba la voz del parlamento plaza Gran Teatro, el más sensato agarró el envase de cartón y dijo: –“Cada vez nos lo están poniendo más difícil a los amantes a la naturaleza y a las plantas, sino destapo este aparato, habrá que emplear el compresor”. Un rato siguieron dándole vueltas al tetrabrik, sin ver el truquillo.

Llegó el “mellica”, trefe de garrón, garrota con borlas de cortina, conocido en la tertulia por el “prudente”. ¿Qué pasa? –¡nada, que no le damos en el “chís” a este asunto del “abrefácil” de las narices!– “cada vez más pegas por todo, van a hacer que no bebamos”.

El tal “prudente” agarro a Don Simón, le entró un bolígrafo en tal orificio y salió la anilla hacer puñetas. Toda la audiencia aplaudió aquél final feliz, compartiendo el interior del recipiente. Al fin el invento se dio por vencido gracias a la sabiduría del mellica “prudente”.

El resumen de aquella odisea viene a cuento en los actuales momentos que atravesamos del virus y pandemia “covic-19”, fugas eméritas, protagonistas que su mayor problema era poner en práctica el “abrefácil”. Añoranza de aquel pleno, en que se discutió para tomar medidas contra el consumo de “Don Simón” o “Gran Duque” en la Plaza del Gran Teatro y el deterioro que originaban higiénicamente y también hay que incluir los partidos de fútbol de joven edad que se organizan impidiendo el paso del transeúnte y algún balonazo imprevisto.

Colectivo que allí se reunía “marca España”, ambiente de esta plaza que actualmente se ha quedado viuda, se disfruta sin incomodidades y desgraciadamente ha tenido que venir la “corona-19” para dar solución sin crispaciones. No hay mal que por bien no venga.

 

 

Por Javier Sánchez-Migallón Royo

 

El sector del vino, desde el agricultor con sus viñedos, hasta la comercialización de la botella en un bar o restaurante ha sido muy perjudicado por el confinamiento. Empezando quizá por mayor importancia los bares y restaurantes de Manzanares, con comercialización CERO, es decir ni una botella de vino vendida desde que comenzó, hasta que poco a poco, se han podido ir abriendo, son los más perjudicados.

Seguimos con nuestras bodegas que han visto reducir sus ventas, en España y en el mundo, como más tarde comentaré, entre un 45 y un 65%, exceptuando la venta en el canal alimentación, que, si se ha visto incrementada, pero que no cubre las perdidas por el otro lado. Y las exportaciones a otros países que también se han reducido enormemente

Terminamos en el agricultor, que quizá hasta el momento ha sido el menos perjudicado, pero que lo será, seguro, de cara a esta próxima vendimia y a liquidación del precio de la uva en esta campaña en la que estamos al que sea cooperativista y en la ya casi inminente próxima campaña y vendimia.

Dicho esto, que es muy importante, creo y deseo que el sector del vino siempre ha sabido reinventarse y ha salido de innumerables crisis, la mayoría de las veces airoso.

Durante este tiempo de pandemia he tenido la suerte de participar en debates y catas via internet, cosa que nunca había hecho y la experiencia ha sido fenomenal, por eso se la quiero contar.

Empezamos con una conferencia debate con la Organización Internacional del Vino, con sede en París y en la que, con traductores, tuvimos un debate interesantísimo, gente que nos dedicamos al vino, de la práctica totalidad de países del mundo, EE. UU, Francia, Alemania, China, Argentina, Alemania, Italia, Nueva Zelanda, etc. Yo tuve el honor de representar, entre otros, a España como medio informativo. Por desgracia los datos fueron abrumadores, esperaban una caída de ventas a nivel mundial de un 45% y una honda preocupación.

A los pocos días tuve otra presentación por parte de la FEDERACION ESPAÑOLA DEL VINO, que reúne a la mayoría de los embotelladores y bodegas de España y que está presidida por Miguel Torres, de Bodegas Torres del Penedés. también se tuvo un importante debate y también por desgracia las conclusiones no fueron muy optimistas, con bares y restaurantes cerrados y el turismo relegado a la nada, el vino lo acusa enormemente.

Pero no todo es negativo y las bodegas españolas han comenzado a moverse, como dije, a reinventarse, frente a posiciones pesimistas que no vienen al caso, pero que hacen mucho daño al sector, pretendiendo enfrentamientos. Las bodegas comenzaron a promocionar sus vinos de varias maneras, con un decidido apoyo al sector hostelero, con regalos de las primeras botellas de vino para promocionar el consumo tan pronto abran los bares. “la primera copa la pagamos nosotros” es el lema de algunas bodegas en una excelente idea promocional.

Otra idea son catas telemáticas. También tuve la suerte de participar en una cata internacional de un vino de Rioja, en la que estábamos catando gente de América, Inglaterra, Francia, etc. Grandes Gurús del vino, como Tim Atkin, Máster of Wine británico y al que siguen sus consejos millones de personas en el mundo entero, participó también y tuve el placer de catar vinos junto a él y otros aproximadamente 30 catadores del mundo entero. Una experiencia nueva e inolvidable.

Muchas bodegas ofrecen sus vinos por internet acompañados de derecho a una cata telemática y está teniendo un enorme éxito. Se compra el pack de vino, te lo envían a tu casa y vía internet te dan una cata en la que puedes participar.

Con todo esto quiero decir, ciñéndonos al sector del vino, tan importante para Manzanares, que quizá nos toque pasar un tiempo malo, pero que hay que tener confianza en que saldremos adelante, al igual que en otros muchos sectores, quizá sea difícil, pero lo conseguiremos.

Recuerda cuando se salga de esto, apoyar nuestros vinos y nuestro comercio para ayudar a salir y que lo antes posible podamos brindar con un buen vino. Siempre mejor con vino.