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Por Consoly León Arias

Iniciamos 2021 en peores circunstancias de las ya existentes, cuando hace tan sólo unas semanas sepultábamos el annus horribilis que ha supuesto para la humanidad 2020.
La pandemia cercenó las ganas de disfrutar de la pasada primavera como un mal presagio, donde la catástrofe ha superado cualquier previsión posible. Una estratosférica crisis sanitaria imparable, caótica y sin precedentes, donde nuestros sanitarios se han dejado la piel, demostrando su calidad humana y profesionalidad desde el principio. Nuestro recuerdo a los miles de fallecidos, y afecto a cuantos supervivientes se hallan ligados de por vida a un lastre de secuelas con las que tendrán que convivir. A este dantesco escenario se suman otros de gran calado, como las terribles y temibles consecuencias que acucian la vapuleada realidad económica y social española, que arrastraba con debilidad, los efectos de crisis pasadas y que retratan la crónica de la agonía más lacerante de nuestra querida España.
Es casi imposible ser optimista en medio de tanta ofensa, tristeza y desesperación. Quizás el término más apropiado para englobar las extraordinarias circunstancias que concurren en España, y en el mundo globalizado sea INDIGNACIÓN, como palabra asociada a un evidente sentimiento de pesadumbre.
La desazón se magnifica por momentos con imágenes tan plásticas y desoladoras como las de las interminables “colas del hambre”, en los bancos de alimentos, comedores sociales de la Iglesia, y otras ONG que en un grito desesperado ante la situación, se afanan desde la solidaridad, y el compromiso, en hacer el bien mediante la caridad.
No hay espacio para lo positivo en esas colas, que junto a las del desempleo baten records históricos y nos trasladan a tiempos de posguerra, allá por el año 1940, el llamado año del hambre, a juzgar por todas las penurias y sufrimientos de aquellos que vivieron en aquellas fechas y cuyo testimonio hoy es crucial para conocer una dura realidad que muy a nuestro pesar, cada día es más semejante a la nuestra. Llegar a estos niveles es descorazonador, por no hablar de esas ansiadas vacunas que ahora observamos con recelo, y que pretenden inocularnos como meros conejillos de indias, sin atender razón alguna, y caiga quien caiga.
Mientras buena parte de nuestros mayores han sido el centro de la diana en esta pandemia, los más jóvenes se encuentran presos del desconcierto en un sistema educativo que hace malabares para formar, a veces, on line, a quienes algún día tendrán  que desempeñar la compleja tarea de recomponer las piezas de este puzle. Tendrán que trabajar  incansablemente  desde el sentido común y  la responsabilidad, enmendando los gravísimos e inenarrables errores cometidos por un puñado de ignorantes, los cuales aún sueñan  con una gobernanza de España asociada a una barita mágica y una poltrona de vagos.
Si en este desbarajuste hay algún resquicio de luz y esperanza, sin duda lo aportan nuestros jóvenes, a pesar del alto precio que estos tiempos les harán pagar.
La aparición de nuevas cepas del Covid-19 en Reino Unido y Japón, nos reafirman en la idea de un virus  harto difícil de extinguir, y por ende,  cobra fuerza la idea de un implacable virus diseñado en un laboratorio con cariz exterminador, y a sabiendas de que diferentes empresas farmacéuticas y adyacentes, serán las grandes beneficiadas  de esta hecatombe mundial.
En definitiva, es complicado ponerle al mal tiempo buena cara cuando llueve sobre mojado, en una estampa marcada por la ruina, la incertidumbre, el abandono, la tristeza, la enfermedad y la muerte, a la que ha querido sumarse un devastador temporal marcado por el frio y la nieve, llamado Filomena, en un momento histórico donde se disparan los precios de la luz, amen de una interminable lista de impuestos con los que el gobierno pretende avasallar  hasta el extremo al pueblo español, definiendo así a la española, como una sociedad tan empobrecida que  en demasiados casos roza niveles de marginalidad.
En medio de tanta inquietud, sólo nos queda aferrarnos a la fe, dar gracias a Dios por lo afortunados que somos y pensar que cada día ocurren milagros, a pesar que nuestro frenético ritmo de vida a menudo nos impide observarlos.

Por Ramón Morales Sánchez Migallón.

En mi anterior escrito acababa con una felicitación a lo que nos quedaba por vivir de 2020 y éste lo voy a empezar pidiendo para el mismo un “descanse en paz” y que “Dios lo tenga donde se merezca”, ha sido un año de triste recuerdo y que difícilmente olvidaremos.

Hace ya algunos años, cuando advertí que ya había en mi haber más cumpleaños celebrados que los que me quedaban por celebrar, empecé a comprender y a mantener que la muerte no era sino parte de la vida y me he sentido preparado para “bajarme del tren” cuando llegue a la estación de destino. 2020 se marchó y se llevó con él a mucha gente, demasiada, y se me ocurre empezar a revisar todo aquello que hemos perdido con el año y lo que hace que hemos hecho bien en decirle adiós para no volver a acordarnos de él.

Este año hemos perdido muchas cosas y no sé si llegaremos a recuperarlas de nuevo.

Las caras: Salimos a la calle y nos encontramos con la gente embozada, como si estuviésemos en un falso carnaval ya que la mayoría de las máscaras son iguales ¡Qué horribles son las calles sin las caras!

La alegría: Nos ha tocado vivir la época apocalíptica del supermercado, de la falta de papel higiénico, de las colas en los establecimientos, de la ropa deportiva (¿para qué arreglarse?).

La estética: Ya hay mujeres que ni piensan en el maquillaje y hombres que no dudan en salir a la calle sin colocarse la prótesis dental ya que nadie lo va a notar. Diría que, con la cara hemos perdido también una de las formas de elevarnos la moral en estos tiempos en que tanto la necesitamos alta. Lo decía antes con lo de la ropa deportiva, ya ni vestimos, o lo hacemos en muy pocas ocasiones. Al perder la cara, también perdimos parte de nuestra estética. Y si eres de los que hacen teletrabajo, con el atuendo casero te sobra. Este año ¿han comprado mucha ropa? Pues eso.

La vida social: Hemos perdido ciertas fiestas como bodas, primeras comuniones, cumpleaños, Semana Santa, Navidad y tantas ocasiones en las que te juntabas con amigos para, simplemente, cenar y cambiar impresiones.

Los abrazos y los besos: Es una necesidad primordial, desde marzo no he abrazado ni a un hijo ni a un nieto, nos hacemos videollamadas o nos vemos por la ventana y sólo nos queda el consuelo de que lo hacemos por nuestro bien.

Los viajes: Me iría con placer a cualquier sitio, pero no voy; el miedo y la incertidumbre nos tienen paralizados, ahora también el confinamiento perimetral. Hasta 2020, todos los años hacíamos un viaje, normalmente cultural, aunque siempre de forma relajada. Este año, dentro de casa. Y es que no nos sienta nada bien la resignación en la renuncia a ciertas cosas.

La seguridad: Por primera vez nos vemos ante la incertidumbre de no saber qué nos depara el mañana, ni lo que pasará dentro de una semana, nos ha tocado vivir no ya al día, sino al momento. Ahora caemos en la cuenta de que hemos sido unos ingenuos pensábamos que todo estaba controlado y nos hemos dado de bruces con una realidad muy distinta, estamos rodeados por el caos. La Naturaleza nos ha dado un buen ‘zasca’ en plena boca.

La amabilidad: Lo compruebo cada día, la gente ha perdido la sonrisa bajo la mascarilla, muchos, también la esperanza. Ya escasean los saludos y, que yo sepa, el coronavirus no justifica de ninguna manera la falta de educación.

 

 

                                               Por Manuel Rodríguez Mazarro

Me cae bien el nombre de Estaca de Bares, ya saben, el cabo que en alguna ocasión visitamos en La Coruña y que forma parte de la costa atlántica. A lo que vamos, opino que actualmente el gremio de hostelería de Manzanares, se encuentra cargado de pesadumbre, debían formar una asociación que se llamara “ESTACAZO DE BARES”.

Alguno sigue funcionando por su situación y “nueva normalidad” de tramos cortados a circulación en días oportunos, haciendo peatonal la calle Toledo y Libertad. (Pienso que será cuestión de acuerdos con la vecindad). Personalmente me agrada sentarme en la mesa de una terraza y en medio de la calle, me recuerda la época de mis abuelos. Ellos no entendían de mascarillas ni de hidroalcóholico, saludarse con los codos y menos de teletrabajo.

Otros bares no tienen esa suerte por la ubicación en que se encuentran y los gastos generales son los mismos: tienen que cerrar.

Es comparado con la nueva cepa del corona-virus no conoce a nadie, pica, se mete, levanta roncha y última fase, ¡hasta luego!

Olvidemos aquellos lugares de tertulia, información, “gaceta” y trato con nuestra gente del pueblo, tomar una cerveza en barra o ver una boca con mellica, bigotes, labios con silbidos sinfónicos, sonrisa natural, besos de todo tipo y el gesto del gooool en TV. ¡Es una pena!, son las circunstancias. El colmo de nuestro anterior ministro de sanidad, llamarse Salvador.

Ya que estoy de cabos terrenales, tampoco estaría mal recordar el de “MACHICHACO” (Bermeo), semejante al anterior, creo que la palabra define el el estado en que se encuentra nuestro pequeño y mediano comercio “machichacaos”. Veremos, dijo un ciego, este año 2021 los que han quedado y la forma de respirar entre la “Filomena” y las vacunas.

Los autónomos, el pintor, carpintero, albañil, fontanero, chofer, electricista y el todo terreno que dan servicio fundamental a nuestras casas, sienten las cargas de seguros sociales, tasas municipales, carburantes, luz, gas, mercado, colegio… Todo es incertidumbre: la salud es lo más importante y las alarmas por contagio comunitario, ya se sabe… mucho miedo con aquello que tienen que tocar las manos que empiezan a descascarillarse de lejía.

Nos han cortado las alas en este año horrible del confinamiento. Precisamente “Confinamiento” ha sido palabra elegida por la Real Academia del pasado 2020. Me gustaba más “corona-vid”, compuesto de “corona y vid” o un gran vino reserva “Emérito-83 años” de las bodegas en Abu Dhabi, de Emiratos Árabes. Este es otro tema financiero que tiene su bouquet personal.

Hay una frase: –“el que come y bebe, bien duerme y quien duerme no peca, el que no peca sube al cielo, si al cielo vamos ¡pues comamos y bebamos!, –siempre y cuando podamos Así lo hicieron nuestros antepasados celestiales que dieron vida y mataban el virus con  azufre.

 

Enero, el mes en que celebramos las fiestas de los ‘Santos Viejos’ el primero de ellos es “San Antón” la imagen corresponde a su ermita.

Por Javier López Mozos

Sería más fácil y a la vez para muchos más vistoso fotografiar la fachada principal, con sus detalles artísticos. Pero la dificultad está en la parte posterior de esta ermita en la que se aprecian los tres volúmenes que forman la sacristía, el ábside y la cúpula, además de la integración de esta mole en la plazoleta.

Seguramente que en los últimos años, ha corrido mucha tinta, se ha debatido en tertulias y barras de bar, la colocación de los contenedores; pero cuando se piensa en el número de personas implicadas en la ejecución de esta obra; y se analiza la imagen con otra mirada… comenzando por el que tuvo la idea, los que decidieron de llevarla a cabo, el que diseñó el proyecto, el que lo aprobó y los que tuvieron que trabajar en su ejecución, la conclusión es que en su momento ninguno de los intervinientes levantó, aunque fuese tímidamente la mano y comentara que se estaba cometiendo una atrocidad visual, al colocar unos recipientes de residuos junto a un conjunto patrimonial, además de histórico artístico, porque seguramente el resultado hubiera sido muy distinto.

Han pasado ya varias corporaciones por el consistorio, todos defendiendo la buena situación geográfica y potenciando el patrimonio cultural y monumental de este municipio. Pero hasta el momento (que sepamos) no se ha visto ninguna acción al respecto, como por ejemplo reunir a los vecinos afectados, oposición, técnicos en urbanismo, arte y decoración, para sentarse en una mesa ver los pros y contras, recoger ideas y darle una solución cómoda y eficaz para la vecindad, que se tiene que desplazar a depositar sus residuos y de paso resolver este dislate visual.

Es difícil encontrar un ataque parecido al buen gusto en otros pueblos que estén interesados en ser visitados por el mayor número de turistas, en mostrar y poner en valor su patrimonio.

Sería maravilloso poder contemplar con otra mirada… e imaginar que todo es un error, que ha sido capricho de la cámara que impresiono esta instantánea superponiendo unos elementos extraños que en realidad no existen.

 

 

 

Carlos Fernández-Pacheco Sánchez-Gil y Concepción Moya García

El fugado fue acogido la primera noche por su hermano en su vivienda, tras lo cual se refugió durante tres o cuatro días en la casa de un guarda, situada en un monte cercano a La Solana, de la que escapó al ser descubierto, antes de que llegara la guardia civil. Desde allí se trasladó a Argamasilla de Alba, donde se hospedó en la posada “Casa de la plata” propiedad de Manuel Castaños alias “Chocolate”, vecino de La Solana. El 1 de febrero fue detenido, existiendo dos versiones de lo sucedido. Una indicaba que al cruzarse con él Eugenio González, alguacil de la localidad, le resultó sospechoso, siguiéndolo hasta la posada y dando aviso a la guardia civil; según la otra, fue denunciado por una mujer, viuda de un antiguo compañero del perseguido, conocida como “Chocolata”. Hasta el lugar donde se encontraba se desplazaron los guardias Juan Ledesma y José Román Mato, que procedieron a su detención, confiscándole una faca de grandes dimensiones, que llevaba en la manga de su chaqueta.

A las once de la mañana del día siguiente fue trasladado a Manzanares, y puesto a disposición del juzgado a las cuatro de la tarde, junto al dueño de la posada, que fue liberado poco después al demostrarse su inocencia. El miedo a que Miguel Galindo se pudiera fugar, provocó que durante su traslado de la cárcel al juzgado, lo llevaran con esposas en las manos y unos grilletes especiales en los pies, de los que salía una cadena que era portada por un guardia civil.

Las investigaciones de la policía descubrieron que “Cañamón” y “Borguetas” habían trabajado como jornaleros durante la última vendimia con Doroteo, y sabían que disponía de dinero. También fue detenido Simón Bolaños Lara, amigo de Doroteo y conocido de “Cañamón”, que la tarde del crimen había estado jugando a las cartas con el asesinado; así como la mujer y los tres hijos de “Borguetas”1.

Pese a su negativa a reconocer los hechos, las pruebas iban cerrando el cerco sobre los asesinos. La mañana del 8 de febrero se realizó el registro de la casa de “Borguetas”, y de un pozo se extrajo un bulto con varias prendas de mujer (una toca, una falda y un mantón) atadas con una piedra, que podían proceder del robo y en las se observaban manchas que parecían de sangre. Dos días más tarde, un hijo de “Borguetas” conocido como “El cojo de Espartero”, declaró ante el sargento de la guardia civil, que entre las diez y las once de la mañana del 23 de enero, arrojó un martillo y tres limas, que le había entregado su madre, en una noria, situada en la huerta del “Marqués”, junto al río Azuer, propiedad de Agatino Chacón, marqués de Salinas.

Al suponer que las citadas herramientas serías las utilizadas para cometer el crimen, a medianoche se colocaron tres potentes bombas para vaciar la noria. Pese a dos días de infructuosos esfuerzos, solo se logró que las aguas descendieran cinco de las doce varas que tenían, provocando las corrientes de avenida que volviera a llenarse nuevo. Por ello se decidió contratar un buzo de Alicante, el cual bajó a reconocer la noria, situada cerca de las eras de San Blas, el día 16 a las cuatro de la tarde, acudiendo un inmenso gentío a ver las operaciones, pero solo encontró algunos cubos viejos2.

Finalmente, después de más de veinte días de interrogatorios y pruebas periciales, el 15 de febrero, Miguel Galindo Expósito “Borguetas” acabó confesando el crimen y denunció al resto de implicados en el suceso: Francisco Portugués alias “Portus”, José Bolaños alias “Federal”, ambos de Manzanares y Fermín Jiménez alias “Pajarillas”, de Tomelloso.

Con esta confesión y la declaración de “Cañamón”, se pudo conocer la correlación de los hechos. “Cañamón” durmió en Membrilla el 19 de enero, y de allí fue a La Solana, para reunirse con “Borguetas”, saliendo ambos el 21 para Manzanares, donde se dedicaron a pedir limosna. El 22 se reunieron con el resto de sus cómplices para llevar a cabo el robo, situándose en una rinconada que hacía la acera frente a la casa, esperando una oportunidad para entrar, que llegó cuando salió Carmen a hacer un recado, dejando la puerta entreabierta.

El “Portus” se quedó vigilando desde la acera de enfrente y “Cañamón” se apostó detrás de la puerta de entrada. El resto penetró en la cocina, matando primero a la mujer que los recibió gritando: “ahí vienen los ladrones”, y a continuación al marido, que no tuvo tiempo de ofrecer resistencia. Al poco llegó Carmen, a la que “Cañamón” intentó entretener, pero al penetrar en la casa reconoció a José Bolaños, por lo que este le dio dos golpes causándole la muerte, siendo arrastrada por “Cañamón” hasta el centro de la cocina.

Una vez cometido el crimen, se dedicaron a buscar el dinero, encontrando 2.500 pesetas detrás de varios cuadros, a continuación salieron en distintas direcciones, para reunirse en casa de José Bolaños, marchando este disfrazado con ropas de mujer, que abandonó poco después. Decidieron que “Borguetas” se quedara como depositario del dinero, para repartirlo días después, y se marcharon los tres implicados que no eran de Manzanares, por el camino de Argamasilla hasta el “cerro de la Cruz”, donde escondieron las ropas manchadas de sangre debajo de unas piedras. “Cañamón” reclamó su parte, a lo cual se negó “Borguetas”, llegando a las manos e hiriéndose mutuamente, llevando el primero la peor parte. Tras separarse de “Pajarillas”, robaron en una casilla de peones camineros de La Solana, para que les sirviera de coartada. Luego fueron a la casa de un hermano de “Borguetas”, Pedro Galindo, que no aceptó acoger a “Cañamón”, al que no le quedó más remedio que acudir al juez municipal para que le curaran sus heridas, momento en que fue detenido.

La noche del mismo día 15, el juez municipal Alfonso Vega y Fidel Serrano fueron a detener a Francisco Portugués, que no opuso resistencia, mientras que se montó un operativo para rodear la casa de José Bolaños con policías locales y guardias civiles, procediendo a su arresto, ocupándole un revolver cargado. Las operaciones terminaron a las cuatro de la mañana, con la detención de familiares de los nuevos implicados. Al estar la cárcel abarrotada, fueron llevados al ayuntamiento y al teatro viejo, para asegurar su incomunicación.

A primeras horas de la mañana del día siguiente se interrogó a “Pajarillas”, detenido en Tomelloso, negando su participación en los hechos, pero al realizar un careo con “Cañamón”, sufrió un ataque congestivo, motivo por el que falleció a las dos de la tarde. José Bolaños y Francisco Portugués negaron los hechos, pero durante el careo con “Cañamón”, el primero confesó, declarándose culpable del asesinato de la mujer, y que “Pajarillas” mató a Doroteo ayudado por “Borguetas”, y este último asesinó a la niña.

La mujer de José Bolaños aclaró algunas circunstancias que faltaban por conocer, quedando el caso cerrado. Todos, excepto el “Portus” se habían reunido en su casa, donde merendaron y bebieron, dirigiéndose desde allí a realizar el asalto de la casa de Doroteo, uniéndose a ellos el que faltaba, en la calle. Una vez consumada la acción, volvieron todos a la casa, donde ella tuvo que lavar la ropa y las botas manchadas de sangre, y no lo denunció por miedo a su marido, que la maltrataba con frecuencia, hecho que fue corroborado por su hermana. El acusado que no confesó fue “Borguetas”, pese a realizar cuatro careos con “Cañamón”, José Bolaños, la mujer y la cuñada de este último, negando en todo momento su intervención en los hechos, dando muestras de gran cinismo y sangre fría3.

(continuará)


1 El Pueblo Manchego, 1, 3, 4 y 7 de febrero de 1911; La Época, El Globo, El Imparcial y El Siglo Futuro, 3 de febrero de 1911; El Día de Madrid y La Mañana, 7 de febrero de 1911; ABC, 8 de febrero de 1911.

2 El Pueblo Manchego, 8, 9, 10, 11, 13 y 14 de febrero de 1911.

3 El Pueblo Manchego, 15, 16 y 17 de febrero de 1911; La Época, 15 de febrero de 1911; El Imparcial, El Globo, El Día de Madrid y La Época, 16 de febrero de 1911; El País, 17 de febrero de 1911.

 Diego R. Gallego Fernández-Pacheco

      En muchas ciudades se cuida de un modo especial la rotulación de las calles, plazas, parques y otros espacios urbanos. Se utilizan placas en cerámica o bronce, ilustrando y haciendo pedagogía del nombre que reciben, creando una seña de identidad propia.

Si se trata de un personaje histórico, a veces se indica en la placa las fechas de nacimiento y fallecimiento, o si se trata de un médico, de un literato, de un pintor, etc. Si es el nombre de un hecho histórico, se suele añadir la fecha o algún dato relevante, en algún caso el nombre antiguo, y con frecuencia se incorporan escenas alegóricas o la propia imagen del personaje.

Si están tratadas con buen gusto y rigor, son un atractivo de índole estética, muy en consonancia con el entorno de un centro histórico, además de ofrecer información sobre a quién o a qué está dedicada la calle o espacio de que se trate.

En Manzanares es una asignatura que tenemos pendiente. Los rótulos en chapa de nuestras calles y plazas son muy básicos y no ofrecen información sobre el nombre que se les ha dado.

Poca gente sabrá quién es el General Aguilera, Alfonso Mellado, o porque una calle tiene por nombre Anega o Morago. Es evidente que en ese campo hay mucho margen de mejora, de modo muy especial en el casco antiguo, donde unas placas bien diseñadas y documentadas aportarían un plus nada desdeñable al esfuerzo que se viene haciendo por poner en valor el centro histórico de la ciudad.

La opción de utilizar placas cerámicas es la más generalizada en las poblaciones que han cuidado este aspecto. La cerámica aguanta muy bien a la intemperie, no es demasiado costosa y pueden hacerlas artesanos locales. En alguna localidad, como en Cogolludo, crearon un taller de cerámica que se encargó de diseñar y elaborar las placas de ese pueblo. Aquí, la propia Universidad Popular podría acometer un programa como ese, quizás haciendo previamente un concurso de ideas para el diseño gráfico del rótulo.

Me consta que habría muchas personas y alguna asociación como El Zaque, interesadas en colaborar con el Ayuntamiento en un proyecto de esa naturaleza, que sin duda ofrece muchos aspectos positivos y sería bien acogido por la inmensa mayoría de los ciudadanos.

 

 

 

Por Pedro María Castellanos

Hay a quienes el gobierno de turno entrega dos castañas diciéndoles que son dos huevos y se ponen a batirlas para hacer tortilla. Si usted es uno de esos, por favor deje de leer este artículo. Si por el contrario es usted crítico y tiene cierto sentido común, enhorabuena, ha pasado el filtro y es usted bienvenido.

Hablando de filtros, existen unos purificadores de aire, llamados filtros hepa, que son capaces de limpiar el aire de partículas, bacterias, pólenes y virus. Incluso algunos expertos, cada vez más numerosos, se unen a la teoría de que estos filtros hepa, en su nivel 13, los conocidos como filtros hepa H13 o N13, son capaces incluso de limpiar el aire de coronavirus. Son tan efectivos, que, en todos los quirófanos del mundo desarrollado los utilizan para proteger a los pacientes. De hecho, se recomienda el uso de estos filtros, junto con medidores de calidad del aire, en lugares cerrados donde coincidan varias personas al mismo tiempo, como, por ejemplo: oficinas, centros comerciales y colegios.

El Grupo Municipal de UCIN, con su portavoz Pilar Maeso a la cabeza, pidió al Ayuntamiento de Manzanares, mediante un ruego, que, desde la administración local, se ayudara a los colegios de Manzanares en la adquisición de este tipo de filtros, con el fin de proteger a nuestros vecinos más jóvenes en su jornada lectiva. El equipo de gobierno del PSOE, con su alcalde Julián Nieva al frente, se negó en rotundo a esta propuesta, argumentando que el Ayuntamiento no iba a gastar un solo euro en este tipo de filtros y menos para dotar de ellos a los colegios competencia de la Junta.  Sin embargo, este mismo alcalde, que niega a nuestros hijos la posibilidad de respirar un aire limpio de virus en las aulas, no dudó en gastar miles de euros en pintar la fachada de los juzgados, a pesar de ser éste competencia del Ministerio del Interior.

Muchos ayuntamientos cercanos a nuestra localidad, sí están ayudando a los colegios en la protección de los niños y jóvenes, y cabe preguntarse por qué el equipo de gobierno socialista de Manzanares se sigue negando a ello, obligando a muchos padres y colegios de nuestra localidad a sufragar los gastos de estos aparatos que al fin y al cabo redunda en la salud pública de nuestra localidad, algo que sí es competencia de nuestro Ayuntamiento, tanto es así que tenemos una concejalía expresamente para este fin.

De igual modo, llama poderosamente la atención, que el mismo equipo de gobierno que niega incluso la efectividad de estos filtros, contradiciendo a expertos mundiales, sí tenga dinero para comprar purificadores de aire para el Gran Teatro.

Supongo que como el Gran Teatro es más frecuentado por ellos que las aulas de nuestros colegios, entonces sí considera efectivos los purificadores, de lo que se puede deducir, que el coste y la efectividad de estos filtros depende de si van a ser utilizados en aquellos lugares que el equipo de gobierno frecuenta.

Cuando dentro de unos años tengamos de nuevo la oportunidad de decidir quiénes queremos que nos gobiernen, pensad que hubo un grupo político, una Unión de Ciudadanos Independientes de Manzanares, que quiso proteger nuestros colegios y se topó con el NO del PSOE manzanareño, y el NO del PSOE regional. Cuando llegue ese momento de elegir, acuérdense de quienes negaron proteger a sus hijos, de la misma forma que han de acordarse cada día de poner una mantita en sus mochilas. En otras palabras, acuérdense y sepan distinguir entre el huevo y la castaña.

Por Pedro Lozano Martín-Buro

Bajo los efectos de algún narcótico que reduce nuestra voluntad nos hemos ido acostumbrando a términos bélicos con una pasmosa facilidad, estado de alarma, confinamiento, salvoconducto, toque de queda, cierre perimetral, alerta III, entre otros. No oponemos resistencia a vivir atrincherados, ni a que nuestras vidas sean cercadas, silenciosamente, con concertinas invisibles. Vivimos en primera línea de fuego, en nuestros barracones domésticos, abriendo nuevos puentes de comunicación y estilos de vida, ya que el que conocíamos de un tiempo a esta parte, está fuera de stock. Antes de ayer fue el estado de alarma, ayer el toque de queda y hoy, lamentablemente, suena la sirena antiaérea del cierre perimetral en Manzanares a la que tenemos que adaptarnos. Mañana, Dios dirá.

El pasado 8 de enero los indicadores epidemiológicos mostraban un escenario de transmisión comunitaria muy intenso y se decretaron una serie de medidas nunca vistas que limitaban la libertad de circulación de personas en horario nocturno y restringía la entrada y salida de personas de nuestra localidad. La noticia publicada en la prensa nos llegó por mensajes de WhatsApp con enlaces a prensa provincial, sin previo aviso. Alcanzó nuestros móviles por círculos de confianza y se difundió rápidamente como si fuera un parte de guerra. Fue un aviso comunitario, de unos a otros, de forma espontáneamente. Funciona así. Un día antes se publicaba en Onda Cero que la residencia de mayores Los Jardines de Manzanares registraba 58 afectados (39 residentes y 19 trabajadores) por coronavirus y por esos días, ni Lanza, ni Tribuna, ni ningún medio público local se hizo eco de los casos de la Residencia no sé si por falta de información, por no generar ansiedad o una alarma social innecesaria. Realmente, no me gustó enterarme así. Hay muchos más ejemplos como este que no vienen al caso. Considero que seguimos siendo un pueblo, para lo bueno y para lo mano y que existen determinadas noticias que deberían difundirse de otra manera, por ejemplo, como se hace con éxito con los mensajes institucionales de mensajería instantánea para avisarnos de los cortes en el suministro del agua por mantenimiento de la red o el grupo de WhatsApp administrado por la Policía Local para prevenir la delincuencia en los comercios de Manzanares con datos inmediatos sobre posibles incidentes. Algo así debería crearse para el resto de ciudadanos, un canal con información directa que nos permita saber qué pasa y qué puede pasar, especialmente en tiempos de pandemia.

Este tipo de comunicación municipal pública, en estos días, sería de gran ayuda para informarnos de los casos existentes, del número de personas confinadas por contacto estrecho, de posibles focos de contagio, que sé yo, para aleccionarnos, avisarnos y alertarnos de que no debemos bajar la guardia. Vienen mal dadas y todo suma. Considero que hoy día, hay datos, noticias que deberían propagarse de otra forma, estamos en primera línea de fuego, cansados, bajo los efectos de la anestesia de la indiferencia, pero, aún conscientes, no olvidamos que los medios de comunicación municipal pueden funcionar de otra manera.

 

Por M. ª Teresa González Marín

 Mi agradecimiento a la Revista “Siembra” por la oportunidad que me brinda de hacer una reflexión  sobre el Grupo Lazarillo, reflexión que estará basada en los recuerdos que me genera  esta querida asociación cultural que conocí en el año 1972  y con la que tuve el honor de colaborar, muy de cerca, y disfrutar durante muchos años de la cultura, el buen teatro y, muy especialmente, de conocer a numerosas personas que amaban el teatro como yo  y con los que entablé una gran relación y amistad, que aún perduran.

En la década de los 60, 70, y algo entrado ya en los 80, las manifestaciones culturales en nuestra provincia eran muy escasas, las Instituciones Públicas invertían poquísimo en esta materia. Recuerdo cómo, en el año 1981 cuando visitaba los municipios de la provincia de Ciudad Real como responsable del Centro Coordinador de Bibliotecas, mi mensaje a los alcaldes era que había llegado la hora de invertir menos en ladrillos y más en cultura.

Todo este gran vacío cultural lo cubrían, con creces, las asociaciones culturales, así como los grupos de teatro aficionado. Tuve la suerte de conocer a todos ellos muy directamente pues, al   destinarme a la Delegación de Información y Turismo en Ciudad Real, se me encomendó el Negociado de Cultura, teniendo un gran contacto y relación con cada uno de estos grupos y asociaciones.

Prácticamente toda la actividad que se generaba en Ciudad Real capital y en muchas de sus localidades venía propiciada por su tejido asociativo, ejemplo de esto es gran la actividad en esos años en Manzanares, Corral de Calatrava, Tomelloso, Bolaños de Calatrava, Villarrubia de los Ojos, mi propio pueblo Torralba de Calatrava, y un largo etc. Años difíciles en los que, gracias al esfuerzo, ilusión y trabajo de las personas que formaban estos grupos, se ofrecía una interesante programación cultural a chicos y grandes de nuestros municipios.

Pero, en mi humilde opinión, pienso que Lazarillo, creado en 1961, fue algo excepcional por su ambicioso proyecto de difusión del mejor teatro y la repercusión de su Certamen más allá de nuestro ámbito provincial. Lazarillo llevó a cabo una gran labor de fomento de la cultura y, en especial, las artes escénicas, logrando que Manzanares haya sido y sea uno de los pueblos más cultos y con un público más preparado y exigente a la hora de ver un espectáculo.

Los conocí muy a fondo en dos de sus facetas. La primera, sus montajes, que luego representaban por distintos escenarios de la geografía provincial y nacional. En Torralba de Calatrava, cada verano esperábamos con expectación su nueva propuesta, que venía también de la mano de nuestra Asociación Cultural y Deportiva “Torralba”. Así pudimos disfrutar en la Plaza de la Villa de obras inolvidables, como “La Zapatera Prodigiosa”, de Lorca o “Tartufo”, de Moliere, dirigidas o interpretadas por el gran Rafael Zarate, hombre que siempre ha llevado el teatro muy dentro por lo que obra en que ponía su mano la convertía en éxito rotundo.

Montajes de numerosos textos teatrales, algunos de ellos impensables en aquella época, con un elenco de actores ejemplar. Imposible de recordar tantas y tantas representaciones, pero yo quiero hacer mención de las que por una u otra causa sigo manteniendo en el recuerdo: Cómo nos impresionaron, en aquellos años, Los perros, de Luis Riaza, Yo, Bertold Brecht. Poemas y Canciones, La rosa de papel, de Valle Inclán, todos ellos en el Cine Avenida. Así como Octameron y El baile de los ardientes de Francisco Nieva y, por supuesto, esa espectacular e inolvidable puesta en escena de Las Meninas, de Buero Vallejo, con la presencia de este gran dramaturgo.

La segunda faceta a que me refería fue su gran apuesta con el Certamen Nacional de Teatro, en 1974. Certamen para agrupaciones de Cámara y Ensayo no profesionales que puso a Manzanares en los primeros puestos del panorama teatral del país y supuso que el municipio y la provincia pudieran conocer los mejores grupos de teatro de la geografía nacional.

El Certamen Nacional, creo recordar, estuvo diez años, para después pasar a llamarse Muestra Nacional de Teatro y, posteriormente, Festival Internacional de Teatro Contemporáneo. El Certamen estaba patrocinado por el Ministerio de Información y Turismo y tenía un Jurado Calificador que durante los primeros años estaba presidido por el Delegado Provincial de Ciudad Real, D. José Narváez Fernández, delegando su asistencia, en mi persona, para formar parte del jurado.

Fue una experiencia inolvidable, los grupos eran especialmente seleccionados por los directivos del grupo Lazarillo que se desplazaban, por toda la geografía española, para conocerlos y asegurarse del éxito de las obras programadas. En este periodo se pudo ver en Manzanares grupos cómo ¨La Zaranda”, con “Los tinglaos de Mari Castaña” o “Mariameneo, Mariameneo”, una forma nueva y una puesta en escena a la que no estábamos acostumbrados. Un gran acierto y un rotundo éxito. Posteriormente esta reconocida compañía eligió el Certamen de Manzanares para estrenar a nivel nacional su “Obra Póstuma”.

Y, cómo no, recordar a grupos de la talla “El Candil” de Talavera, “Tespis” de Málaga, “Tántalo” de Zaragoza, “La Chambra” de Badajoz y, posteriormente, grupos ya profesionales como el Teatro de La Abadía con la puesta en escena del “Retablo de la Avaricia, la Lujuria y la Muerte”, en la que pudimos conocer, entre otros, a unos actores de la talla de Carmen Machi, Pedro Casablanch, Pepe Viyuela. Grupos, actores y actrices y directores que hicieron de Manzanares uno de los centros emblemáticos de la actividad teatral española, con el  reconocimiento del mundo de las artes escénicas, plasmado en la Medalla al Mérito en las Bellas Artes, concedida a Lazarillo por el Ministerio de Cultura en 1995

Tuve el privilegio y la suerte de compartir Jurado con personalidades como Francisco Nieva o Verónica Forqué, pero no fue menos importante compartir tantas jornadas con personas como Carmelo Melgar, Manuel Álvarez Pedrero, Roberto Muñoz, Agustín Muñoz, así como Francisco Gijón, Rafael Zarate y Cándido Sevilla, a quienes les tengo un gran cariño. Con ellos aprendí mucho, al tiempo que me hicieron pasar días inolvidables. Todos ellos fueron presidentes del Grupo pero quiero también recordar a Juanjo, Mari Loli, Inmaculada, Isabel y muchos más y por supuesto el gran pintor Legassa con el que además de conocer su trayectoria pictórica y teatral, tuve la suerte de conocer también su faceta gastronómica. Mantengo su recuerdo al poder contemplar a diario la pintura elaborada por él para el IX Certamen.

Como botón de muestra quiero recordar la interpretación de “Goliardos”, con A puerta Cerrada, de Sartre y por supuesto la gran Nuria Espert, con la puesta en escena de Maquillaje. Una gran noche en la que la propia actriz hizo suya la frase de su protagonista Yoko Satzuki: “me vais a ver ésta noche dejarme la piel en el escenario”. Y vaya si lo cumplió.

Me he referido a dos de las facetas del extraordinario grupo manzanareño, pero no puedo obviar otras muchas actividades organizadas por Lazarillo recordando, especialmente, el laborioso e importante trabajo didáctico realizado para conseguir y mantener el interés y la afición  del público infantil y juvenil, organizando cada año la Muestra Escolar de Teatro que ha cumplido ya su 37 Edición.

Los tiempos, por fortuna, han cambiado mucho, hoy en día tenemos una buena Red de Teatro a nivel Regional, el programa Platea del Ministerio de Cultura, los Convenios de la Diputación Provincial y las importantes apuestas e inversiones desde los Ayuntamientos y también contar con la figura de los programadores culturales, personas que conocen y trabajan para hacer llegar a sus localidades la mejor oferta teatral. A pesar de todos estos avances, es muy importante poder seguir contando con este tipo de asociaciones que mantienen y son capaces de generar, compromiso, ilusión y pasión por la cultura, al mismo tiempo que desarrollan una gran labor social.

Estos últimos años por mi dedicación muy exclusiva a Torralba, y también por coincidir en las fechas con nuestro Festival Nacional de Teatro y Títeres, en el recuperado Patio de Comedias, he asistido menos a Manzanares, aunque siempre lo he seguido con interés por la prensa o redes sociales, aunque siempre que puedo me desplazo. La última vez que lo hice fue para ver “Iphigenia en Vallecas”, interpretada por Maria Hervás. Monólogo que impresionó a todo el público que llenaba el Gran Teatro con una ovación final muy difícil de olvidar.

Gracias a Lazarillo por la labor realizada en pro de la cultura y, especialmente, el Teatro, y personalmente por tantos momentos inolvidables que me han propiciado y, con mi gratitud, el deseo –ahora que está próximo el 50 Aniversario del I Certamen– de que perdure para siempre como referente de esta hermosa ciudad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La revista Siembra reflexiona este mes sobre la llegada del AVE a Manzanares. Como se podrá comprobar en páginas interiores, tan ansiado proyecto no será una realidad, al menos a corto o medio plazo. Algunos de nosotros puede que “ya no lo veamos”, por utilizar la sabrosa expresión manchega, aunque pueda resultar catastrofista (esperemos que no fatídica). Sin embargo, no han sido pocas las declaraciones públicas que se han hecho al respecto invitando a pensar que el milagro ocurriría en poco tiempo. Nos recuerda un poco a aquella “Ciudad del transporte” que se tuvo la habilidad de “colocar” en dos campañas electorales y de cuya existencia apenas quedó un penacho de humo que se evaporara desde el suelo. Los políticos no deberían vender la piel del oso antes de cazado, bien muerto y desollado para no correr el riesgo de que los ciudadanos pensemos que nos están engañando. Además, acabamos persuadidos de que no se va a hacer todo lo que se anuncia que se va a hacer. Y desengañados. Podría pensarse que los “anuncios osados” por utilizar un eufemismo, salen gratis, pero, después de todo, los ciudadanos no somos tontos y jugar con nuestras expectativas e ilusiones, al no ser honrado, acaba teniendo un pecio político.

Hay diferentes maneras de entender la política. Algunos la entienden como “gestión”, otros como “relato”, muchos como “comunicación” y algunos simplemente como “poder”. Para Siembra la más deseable sería quizá la de “proyecto”. Proyecto es imaginar a medio o largo plazo una ciudad y trabajar día a día para construirla. No es cortoplacismo ni es “fotografismo”. No es bombo y platillo ni creación de expectativas, cuando menos, arriesgadas. La comunicación está bien, pero los hechos están mejor.

La tercera ola se lleva todo por delante

En el momento de escribir estas líneas, Manzanares, y España entera se encuentra sepultada por la tercera ola de la terrible pandemia que padecemos. Más que ola, podríamos llamarla sunami cruel que se ha llevado por delante la vida de queridos vecinos y la salud de familias enteras. Además, corremos el riesgo de que se lleve también por delante el modo de vida de honrados trabajadores, empresarios y autónomos y que ven como sus negocios se van a pique irremediablemente sin que, impotentes, puedan hacer nada. Es urgente un plan de estímulos económicos directos para rescatar la economía de la ciudad en un momento crítico de nuestra historia como pueblo. De ello depende que el tejido social de Manzanares no se deteriore más y que la despoblación y la falta de expectativas acabe engulléndonos sin contemplaciones y dejándonos sin futuro.