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Javier Sánchez-Migallón Royo

 

Vivo en la zona centro histórica de Manzanares, en la zona de Doctor Fleming, Empedrada, calle Monjas, Virgen de la Esperanza…

El otro día, paseando, vi que se han mudado cerca de mi casa un matrimonio con varios niños pequeños, al verlos me hizo mucha ilusión y me hizo reflexionar al darme cuenta de que veía como algo raro ver a unos niños jugando y corriendo por la calle, con sus padres. Y es que me di cuenta de que en mis calles más cercanas no hay niños.

Comencé a hacer memoria entre mis vecinos más cercanos y si no me equivoco en Doctor Fleming, desde las monjas de clausura, creo que hasta el mismo rio, solo me acordaba que hubiera un niño pequeño, en Virgen de la Esperanza, desde la calle Empedrada hasta donde termina, creo que ninguno, en la calle de las Monjas, creo que dos, en Manifiesto ninguno, Carmen, no lo controlo tanto, pero creo que ninguno. Doctor Muñoz Úbeda ninguno…Empedrada no sé si en algún edificio de pisos, pero creo que ninguno, plaza de la Constitución, también creo que ninguno…

En fin, en todas estas calles puede haber sobre cinco niños, en más de una centena de casas. Y me apenó, la verdad es que me apenó enormemente. Recordé mi niñez, cuando, con salir a la puerta de tu calle, reunías un equipete de fútbol para darle unas patadas al balón, y donde el chillerío de los niños, a veces, resultaba casi insoportable a los mayores. No es cuestión de hacer historia ni de ver si otros tiempos fueron mejores o peores, no; pero es normal, desde la edad, añorar esos tiempos, al menos en lo que a esto se refiere.

Manzanares no solo es que pierda población, que la está perdiendo, no es solo que continuamente se cierran negocios, tiendas, bares, etc.

Es que, y esto es peor, se está quedando con pocos niños, está envejeciendo la población.

Y la verdad es que no me lo explico, Manzanares es un buen pueblo, un pueblo en el que es fácil asentarse y vivir. Pocos pueblos de nuestro entorno tienen lo que tenemos en Manzanares: un hospital, instituto, colegios, unas comunicaciones más que excelentes, estamos cerca de Madrid, de Ciudad Real, tenemos atractivos museos, el Gran Teatro, parques y jardines que muchos pueblos quisieran. Es, sin duda, un pueblo atractivo para vivir, es relativamente tranquilo, tenemos un polígono industrial grande, una agricultura floreciente, aunque la mayoría del termino pertenezca a propietarios foráneos y una de las mayores cooperativas del mundo, bodegas punteras a nivel nacional…

Algo falla entonces, y no va este artículo de culpar a nadie, pero algo está fallando, aunque no se reconozca y es que nuestra juventud, la más preparada se va fuera. En Manzanares no tiene oportunidades acordes a su preparación y quien se queda, si solo fija su atención en ver cuando lo saca el Ayuntamiento, hace que se le quite toda ambición de superación en la vida.

El caso es que por una razón o por otra, mi calle no tiene niños que le den alegría con sus gritos y sus risas, y me da pena, mucha pena.

 

Pedro Lozano Martín Buro.

Sergio del Molino, novelista, columnista del El País y colaborador habitual en el programa de Onda Cero “La cultureta” intervino como ponente en la última jornada del año en la llamada escuela de ciudadanía, el 29.11.2019. Autor del famoso libro “La España vacía”. Allí cuestionó que desde la política se pudiera hacer algo para resolver el problema de la despoblación. Se mostraba escéptico pese a que en el periodo post y prelectoral se atisbaba la posible creación de un Ministerio de la Despoblación que apostaría por el mundo rural. Pasadas las elecciones, ya hemos visto que todo sigue igual y que se trataba de falsas promesas. Como siempre.

El pasado 2 de enero se publicó en los periódicos provinciales que se dejaría de vender billetes de tren de forma personal en localidades como Almagro, Almadén-Almadenejos, Campo de Criptana y Santa Cruz de Mudela, incluyendo entre ellas, a la estación de Manzanares, aunque obviaba decir que aquí no se hacía desde el 28 de agosto de 2012.

En los artículos se facilitaban una serie de datos referentes al número de viajeros, destacando la estación de Manzanares junto con la de Valdepeñas con una media de 103 y 105 usuarios al día respectivamente, mientras que en otras como la de Almadenejos-Almadén y Santa Cruz de Mudela apenas había 11 y 12 viajeros. Se indicaba que en algunas estaciones donde el volumen de pasajeros así lo requiriese se asumiría la atención y la venta presencial, es el caso de Socuéllamos y Valdepeñas, donde se mantendría el servicio de venta de billetes presencial, pero en horarios más reducidos.  

Estamos acostumbrándonos a oír a modernillos, pijoprogres, gafapastas petulantes con barba hípster y paniaguados de la política que pretenden alienarnos y convencernos que sus partidos políticos pueden resolver problemas profundos de la España interior, eso sí, renunciando a cualquier tipo de compromiso. Pasan con desfachatez por el alambique de su discurso titulares como “la España vacía como un problema democrático”; “la creación de un Ministerio de la Despoblación y otros como “la promoción del mundo rural en la España del siglo XXI”. Democracia de audiencias donde el largo plazo no cuenta. Lo importante es el titular que les sirve de añagaza para silenciarnos.

Con medidas como las anunciadas por Renfe no se frena este fenómeno, se fomenta el invierno demográfico y ninguno de esa canalla dice nada. Para poner fin a la despoblación no son válidos los criterios económicos de maximización de beneficios que favorecen el desmantelamiento la red convencional a largo plazo. Es necesario cierto intervencionismo, aún a riesgo de pérdidas. Medidas así son otra rémora más para el desarrollo del mundo rural que cuenta como siempre con la abulia y atonía de nuestros políticos que zascandilean de aquí para allá en busca de una foto sin detenerse en lo importante. Pero no son los únicos, tú y yo, cuando leímos la noticia, nos humedecimos las yemas de los dedos y pasamos de largo a la siguiente página, sin inmutarnos. Silencio cómplice. Visto lo visto, Sergio del Molino es un visionario. Desde la política no se puede hacer nada.

 

 

 

NUESTRO PATRIMONIO OLVIDADO

Francisco Nieto, con estudios en arquitectura e ingeniería de edificación ha estudiado el actual estado de la fábrica de harinas y pone el acento en el estado de ruina en el que se encuentra actualmente. ¿Nos preocupamos por nuestro patrimonio arquitectónico?

La Fábrica de Harinas tuvo una época gloriosa de un tiempo a esta parte, parece que nos hemos olvidado de ella, pasamos por delante sin mirarla, como si su sola presencia fuera invisible. Se ha quedado relegada al abandono, al olvido y parece estar condenada a su desaparición. Ha sido una de las más importantes fábricas de molturación de grano de España. En sus más de tres mil metros cuadrados de edificio se albergaban las máquinas más modernas del siglo pasado. Estaba formada por tres edificios: el almacén (o silo) donde se depositaba el grano, el edificio principal, que era la fábrica propiamente dicha, y los hornos.

Su funcionamiento se extendió hasta 1974, superando todos los altibajos históricos y sociales de nuestra historia reciente. Cuando la situación en el país parecía encontrar la tranquilidad, permitimos que nuestra fábrica se viniera abajo. Desde entonces, ha pasado por un espolio, en el que hemos perdido toda su maquinaria, las herramientas, su elegancia… su historia; culminando, poco a poco,  en un estado de ruina casi total.

La hemos olvidado, la hemos hecho invisible y el paso del tiempo está pudiendo con ella: está vieja, castigada por las inclemencias del tiempo; las cubiertas de madera estropeadas o las ventanas sin cristales permiten la entrada de la lluvia y de palomas que anidan en su interior; un silo que está lleno de palomina en vez de grano; los alrededores cubiertos de vegetación y maleza; las construcciones anexas derruidas y los elementos metálicos oxidados.

Habría que darle la importancia patrimonial que se merece y apostar por ella para, al menos y otorgarle su plenitud con alguna actividad que la devolviese a la vida. ¿No se nos ocurre una mejor función que la de ser almacén de materiales de construcción?

Parémonos frente a ella, cerremos los ojos e imaginemos su época gloriosa. ¿No querríamos volver a verla así de nuevo?

EL PATRIMONIO, ECO DE LA HISTORIA

Diego Peris, el que fuera Viceconsejero de Cultura de la Junta de Comunidades de Castilla La Mancha, hace un bosquejo del origen e historia de la Fábrica de Harinas.

Ya a mediados del siglo XIX Madoz señalaba la existencia de cuatro molinos de agua y hablaba del rio Azuer en Manzanares como lugar de sus molinos. En entornos próximos a los ríos surgen las nuevas instalaciones sustituyendo las antiguas y mejorando la producción

Diferentes localidades acogían fábricas de especial importancia: Campo de Criptana, La Solana, Villanueva de los Infantes y Manzanares entre otros. En la provincia de Ciudad Real, un edificio de singular interés era la Fábrica de Ayala y Juan de Manzanares en una zona próxima al río Azuer que hace suponer la existencia previa de un molino harinero. Un edificio de planta rectangular y tres alturas con fachada de ladrillo visto y huecos regulares en su composición. La ornamentación de la fachada, tanto en recercado de huecos como sobre todo en el elemento de cornisa y peto de cubierta, dan al conjunto un carácter noble.

La fábrica de harinas de Manzanares se levanta en un solar de 13.067 metros cuadrados que, en 1900, daba trabajo a 170 trabajadores. Una localización peculiar con diferentes edificios interesantes en su entorno próximo. Una posibilidad de recuperar no sólo el edificio sino un espacio urbano importante.

REPARACIONES URGENTES

Perdido sus usos iniciales es necesario pensar en su posible reutilización. Un edificio de planta sencilla con huecos en todo su perímetro que puede tener utilizaciones y funciones diversas que permitan la necesaria inversión para su rehabilitación y, sobre todo, su futuro mantenimiento.

Una primera y urgente actuación es la de garantizar su conservación evitando su deterioro que hace más difícil y costosa su recuperación.

Pequeñas inversiones deben asegurar el estado de sus cubiertas y cerramientos para permitir una recuperación global en su momento. Y en un horizonte próximo pensar en sus nueva funciones e iniciar un proyecto de rehabilitación integral para el conjunto. Un edificio que merece una actuación de rehabilitación para devolver la vida a una arquitectura que ha sido parte importante de la sociedad y de la memoria de la ciudad.

DEL CONFLICTO POLÍTICO A LAS ALTERNATIVAS RESIDENCIAL O CULTURAL

El arquitecto local Diego Gallego centra su atención en los conflictos de ámbito político que el emblemático edificio ha generado.  Hace dos legislaturas, el Ayuntamiento de Manzanares con gobierno municipal del PP, adquirió la Fábrica de Harinas, un edificio que incomprensiblemente todavía no ha sido declarado Bien de Interés Cultural. En la pasada, ya gobernando el PSOE, se acometió el arreglo de la cubierta del edificio principal, que se encontraba en muy mal estado. En la presente, no se sabe a ciencia cierta si se va a realizar alguna nueva obra en ese conjunto de edificios, y a que uso se destinaría..

En los programas electorales de las pasadas elecciones, no hubo apenas referencias ni propuestas relacionadas con ese excelente ejemplar de arquitectura  industrial de principios del siglo XX. El partido socialista hacía una tibia mención a estudiar la viabilidad de la idea de implantar el Museo de la Ciencia, conforme a la aportación del tristemente desaparecido, Julián Gómez Cambronero. Los populares, incluían integrar el edificio en un conjunto  de ocio y esparcimiento con la Pérgola y las zonas anexas, mientras que UCIN planteaba la opción de redactar un Plan Director para su rehabilitación.

Lo que parece evidente es que nadie tiene muy claro que hacer con la Fábrica de Harinas.

Y no deja de ser sorprendente, porque además de ser un edificio de gran nivel arquitectónico, tiene una estratégica ubicación y se puede considerar por sus condiciones de plantas exentas y gran contenedor, que es adaptable a casi cualquier uso que pueda concebirse. Podría alojar una residencia de mayores, un hotel, un museo, un centro cultural, de ocio, administrativo, o lo que en un momento determinado sea  necesario en la población.

Sin embargo, el mantenerlo en estado de abandono hace que se deteriore aceleradamente su estado dejando una mala imagen y dando la sensación de que no somos capaces de cuidar y proteger un inmueble venerable, del que se ocupan como ejemplar  todos los tratados de arquitectura industrial publicados en nuestra región.

Teodoro Sánchez-Migallón Jiménez, propietario del estudio Arquifolk, de Manzanares considera que es necesario generar el acuerdo de conservar el patrimonio industrial del Manzanares,  liberando los grandes espacios adyacentes al edificio principal de la Fábrica, creando zonas verdes y espacios abiertos de uso público. Los usos posibles son muy variados: del original uso industrial al público, dotacional, comercial, educativo, residencial público, privado, espectáculos, ocio, hospedaje, cultural, administrativo, mercado.

 No faltan las referencias próximas que pueden inspirar exitosos proyectos para este edificio que, por fortuna, es propiedad de todo el pueblo de Manzanares: Centro de artes de vanguardia la Neo mudéjar de Madrid, el Centro Cultural CSA La Tabacalera de Lavapiés, Hotel San Juan de los Reyes de Toledo, La Harinera de Pedro Muñoz, hoy museo y centro de divulgación cultural o la Fábrica de Harinas Fontecha de Albacete hoy palacio gubernamental. 

Por sus alturas y proporciones el espacio que alberga el edificio, sobre todo, en su planta baja se adecua a espacios representativos, teatro, cine, salas de ensayo o de exposiciones, o también salones de actos.

Subdividir estas salas en dependencias menores obtendría ámbitos desproporcionados, por  las grandes ventanas y alturas. Los espacios diáfanos, son flexibles y alternativos, sirven para exponer arte de gran formato, y para realizar representaciones. Las dos plantas superiores, serían susceptibles de dividirse en cuatro salas de 150 m2, para usos administrativos, incluso comerciales, talleres de artesanía, o salas de usos múltiples, según necesidades.

Sánchez Migallón considera que la intervención más necesaria sería la demolición de los silos en ruinas y demás dependencias de menor calidad, para dar mayor relevancia al edifico principal.

EL PROBLEMA DE LA FINANCIACIÓN.

Pero hay otras opciones más baratas, conservarlo como ruina patrimonial o como centro de interpretación de la Industria harinera de principios del siglo XX, con mínima inversión, o reorganizar en un solo edificio la mayoría de las dependencias municipales dispersas por el municipio, con un gran ahorro de costes.

Está claro que se trata de intervenir en uno de los edificios no residenciales de mayor volumen de la población, de gran valor patrimonial, en buen estado, uno de los pocos, junto al Gran Teatro, Castillo, Iglesia parroquial, Mercado de Abastos, de valor histórico.

La Fábrica de Harinas es la de mayor tamaño de la comunidad, y quizás sea el gobierno regional el que deba intervenir sobre ella, dándole un uso comarcal, al igual que los planes regionales para rehabilitar un edificio histórico como hospedería, en cada provincia, para reactivar el sector turístico, dotando a comarcas deficientes de este servicio. 

José Antonio Rincón Quesada, de JARQ arquitectos, tuvo la oportunidad de visitar este conjunto industrial del siglo XIX recientemente y no le decepcionó. Si la fachada exterior impone por su rotundidad, el interior impresiona por su esbeltez. Existe una tensión que se percibe por el contraste existente entre la robustez de los sólidos muros de la envolvente del edifico principal y la delicada estructura interior de acero pero ambas poseen la misma coherencia en la racionalidad del planteamiento de cada uno de los elementos de los que consta.

En primer lugar, existe una inadecuación funcional de un edifico que fue concebido para un uso para el que ya no es necesario. Debe producirse el cambio de un uso previo (industrial) para adaptarlo a otro nuevo. La propia configuración flexible de su estructura original facilitará esta adaptación. Pero el principal problema al que debemos enfrentarnos es determinar un uso para que sea útil y que dé respuesta a las necesidades de los manzanareños. Por tanto, el punto de partida es preguntarnos que necesita Manzanares en este momento o en el futuro o que aspectos necesitan ser solucionados para mejorar la vida de los ciudadanos.

La originalidad de la propuesta de Rincón es que el uso que se le dé al edificio no tiene por qué ser un uso específico sino que puede ser mixto, es más, debe serlo porque es un conjunto de edificios de más de 7.000 m2 construidos y Manzanares no posee una demanda tan grande de espacios de una única categoría. Existen usos compatibles como el cultural y el educativo, el deportivo, el ocio y la hostelería o el comercial.

De hecho, la inversión necesaria para rehabilitar la Fábrica de Harinas es muy elevada para un municipio del tamaño mediano como Manzanares y supone un esfuerzo económico enorme. Rincón, como Sánchez Migallón, considera que el proyecto requiere la implicación de diferentes administraciones y añade  debería recibir también el apoyo de inversión privada.

INCORPORACIÓN URBANÍSTICA

El nuevo uso al que será destinada la Fábrica de Harinas debe suponer un reto muy importante y trascendental para Manzanares. Este hecho debe reflejarse sobre el urbanismo del municipio.

La propia ubicación en la que se encuentra, al principio del Paseo Príncipe de Asturias puede suponer una magnífica oportunidad de dotar de unidad al paseo. Podría generar y potenciar un eje urbano verde y peatonal que comienza en la Fábrica Harinas y que alberga a largo de su recorrido  diferentes elementos dotacionales como el kiosco de la música, la sala de conciertos “La Pérgola”, zonas de juegos infantiles, los bares del paseo y que termine en el recinto ferial del FERCAM. Es una oportunidad dotar de sentido y unidad al eje del Paseo del Rio con un comienzo y un final claramente definidos.

A una escala más pequeña el edifico debe relacionarse con su entorno más próximo que es el parque de los músicos, el propio paseo Príncipe de Asturias y el rio Azuer.  Se podría concebir un espacio semipúblico que albergue usos mixtos, públicos y privados, adaptar y ajardinar los espacios libres del conjunto entre los edificios de la Fábrica de Harinas para que se puedan recorrer por su  interior y acercarlos a la gente facilitando accesos peatonales desde el espacio público exterior.

LA ARQUITECTURA EFÍMERA, UNA POSIBILIDAD REALISTA

Carlos Sánchez Jiménez ,  es arquitecto por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de  la Universidad de Alcalá de Henares y pertenece al colectivo creativo Cometas de Piedra. Especializado en arquitectura efímera por la Universidad Politécnica de Madrid,  Trabaja en un máster cuyo proyecto central se titula “Acciones efímeras para recuperar espacios olvidados” aplicado a La Fábrica de Harinas de Manzanares, incluido en la Lista Roja del Patrimonio por el abandono que sufre y que hace más posible su desaparición en silencio.

Carlos Sánchez considera que se trata de un conjunto de gran complejidad; de modo que para abordarlo sería necesario actuar por partes y en etapas ordenadas. No hace falta habilitar el complejo entero de primeras, ya que sería muy costoso y no habría ninguna prueba de que fuese a funcionar. Además que si se hiciese un megaproyecto así, sin etapas, sería como si aterrizase un ovni y quedase totalmente desconocido y desconectado de la población y de sus necesidades. Por eso considera que la arquitectura efímera es la mejor alternativa para empezar a retomar este edificio. Se trata de utilizar técnicas que son totalmente respetuosas con el patrimonio, ya que no dejan huella. Además permite ir por partes y con presupuestos muy reducidos que no impiden que se generen potentes emociones y sentimientos en la población. Arquitectura efímera también es arquitectura participativa, por lo que el pueblo no es un mero espectador sino que puede tomar parte ya sea comunicando sus ideas o teniendo la posibilidad de transformar y construir esos nuevos espacios. El objetivo principal del proyecto que está desarrollando es darle visibilidad a este conjunto histórico, recuperando su posición dentro de nuestro valioso patrimonio y llamar la atención no sólo en nuestra población sino en la región y no solo conseguir salvarlo de la lista roja sino conseguir que la gente empiece a soñar o imaginar.

DEBATE ABIERTO

Un debate profundo se necesita para darle un uso a este edificio y decidir la inversión a futuro que significa su puesta en marcha. De momento al menos estamos invitados a disfrutar con su altiva presencia, recordando a los panaderos y obreros que sacaban los costales de harina de sus entrañas, en una floreciente y emprendedora Manzanares del primer tercio del siglo XX, origen de la estructura socio-económica actual, de la que debemos ser dignos herederos, y no olvidar, aunque hayan pasado cien años.

 

 

Uno de los factores que hace a los pueblos más habitables y humanos es el cuidado y la integración de su patrimonio. No sólo como algo que se atesora y exhibe con la mentalidad del que guarda un bien preciado en una urna de cristal sino como algo que se disfruta y se vive, integrado en la comunidad. El patrimonio histórico y artístico nos une al pasado y a las vidas y venturas de los que fueron y ya no están. En los espacios que vieron los ojos de los muertos o que aquellos habitaron sentimos la presencia de sus vidas y asumimos con responsabilidad la historia de los pueblos. Por eso es tan importante y no por un mero lucimiento fetichista de un lujo estético.

Manzanares tiene en la Fábrica de Harinas una responsabilidad al tiempo que una oportunidad. Afortunadamente ahora es propiedad del pueblo y no se podrá escurrir el bulto como ocurriera con el llorado Casino. No nos podemos permitir el lujo de que ocurra lo mismo. Junto con el primer Gran Teatro y el Casino, la Fabrica culmina un eje que confería a nuestra localidad un señorío y singularidad irrepetibles y es la conexión con lo que Manzanares fue y puede seguir siendo. Lamentablemente, de los dos primeros edificios sólo queda una sombra, un espectro. El alcalde que tenga el coraje, la habilidad y la imaginación de dar una nueva vida al tercero merecerá un puesto de honor entre los regidores de nuestra historia.

En el presente número de la revista Siembra se reflexiona ampliamente sobre las posibilidades del magnífico edificio de la Fábrica de Harinas. Es probable que la inversión que el edificio necesite para, de nuevo, sentir el bullicio de la vida en su interior sea cuantiosa. Por eso se hace necesaria la financiación público privada y la intervención de otras administraciones sin que se nos hurte a los manzanareños poder sobre su destino. Y, en principio y en definitiva, sólo la voluntad política podrá salvar del un naufragio el imponente navío varado, triste pero digno, a orillas del Azuer.

África Crespo

www.amacrema.com

Estas navidades he recibido una visita muy especial. Mi amiga Celia y su hijo Raúl decidieron hacer las maletas y venirse a pasar unos días a la Mancha y así alejarse del bullicio de Madrid. Se hospedaron en el Parador de Manzanares. Tuvieron nuestro pueblo de referencia porque yo vivo aquí. Y vinieron sin planes, a lo que surgiera. Yo me volqué en hacerles de su estancia lo más agradable posible.

Llegaron a la hora de comer y no dudé en llevarlos al Castillo de Pilas Bonas. Me pareció que era el lugar perfecto para que comenzaran su visita por nuestra ciudad. Se quedaron impresionados con el sitio. Me dijeron que se pensaban que irían a un restaurante llamado Castillo y no a un castillo de verdad. Su camarero, Manu, nos hizo de aquella visita un momento muy especial. Comimos de maravilla platos típicos de nuestra región y después nos enseñó el castillo.

Jamás lo había visto desde la perspectiva histórica que él nos lo mostró. Mis turistas quedaron encantados y yo comencé a enamorarme y a valorar mucho más nuestro castillo. Me quedé mirando la sala donde dicen que estuvo la reina Isabel la Católica como si me encontrar en un plató de cine. Aquello me pareció apasionante. Sabía que estuvo aquí, pero aquel día todo lo vi con otros ojos. Con ojos de turista, una perspectiva que jamás había probado en mi pueblo.

Paseamos después por la calle El Carmen y la calle Mojas. Iba pensando que el pueblo estaba vacío, nadie por las calles. Sin embargo, Raúl y Celia iban disfrutando de la tranquilidad, del canto de los pájaros, del frío de la tarde de diciembre rozando sus mejillas, del aire puro que respiraban y de las formas que hacían las nubes. Esto en Madrid es impensable. Ni aire puro, ni nubes, ni tranquilidad.

Llegamos a la casa de Malpica donde se encuentra el Museo del Queso y el museo de Ignacio Sánchez Mejías. Les fui contando toda la historia que yo me sé, los entresijos de la generación del 27, el porqué de aquel museo. Me di cuenta de que lo iba haciendo con ilusión, con euforia, con júbilo. Todo aquello resumía la historia de mi amado Manzanares.

Quería enseñarles mucho más. Hacer muchas más cosas, pero el tiempo marchaba en nuestra contra. Les mostré con ilusión y nostalgia nuestro convento de las Monjas de Clausura. Desee que no se echara a perder. Lo veía tan bonito…

Fuimos a comprar vino a la tienda de la Cooperativa Jesús del Perdón. Después, a la carrera, llegamos a la casa que Cabrera tiene en la calle Jesús del Perdón a comprar una gran variedad de quesos manchegos. Me encantó el trato que tuvieron con ellos. Probaron todos los quesos sobre los que preguntaron. Les encantaron y a mí me gustó que trataran así a mis turistas.

Siguieron la ruta por Ruidera, Infantes y San Carlos del Valle, de este último aseguraron que era el pueblo más bonito de España. Según su criterio, claro.

Y para acabar con esos días navideños desayunamos churros con chocolate en la cafetería El Temple. Allí leímos varios ejemplares de Siembra, que los propietarios guardan con cuidado sobre el piano. Estaban impresionados.. El lugar les pareció maravilloso, el trato.

Salimos rumbo a Diverinfancia. Un pabellón con decenas de actividades para niños y todo ello gratuito. Llegamos muy pronto y había muy poca gente lo que fue aún mejor. Los niños lo pasaron genial.

Y yo viví aquel viaje como una turista más. Una turista de mi pueblo, del que me he vuelto a enamorar.

Mayte Criado

Psicóloga

   -Si preguntamos a las personas que hay nuestro alrededor acerca de cuál es su estación del año favorita, segura estoy que, en su mayoría, la respuesta será unánime; el verano. La falta de luz y el frío, sin duda, repercuten en nuestro estado de ánimo, aunque no a todos por igual.

Hay personas a las que la temperatura y la estación del año prácticamente no les afecta a su estado de ánimo, pero hay otras que pueden llegar a vivirlo tan intensamente que sufren el conocido como Trastorno afectivo estacional (TAE). A medida que la estación del año va acortando los días y haciendo que éstos sean más fríos, la cantidad de serotonina que segrega nuestro cuerpo es inferior a la segregada en otras estaciones del año. Además, al haber más horas de oscuridad, el cerebro segrega más melatonina (que se activa por la noche y es la hormona que nos ayuda a dormir) y por eso sentimos más somnolencia y más cansancio durante esta época del año.

Los síntomas depresivos tales como: falta de ganas de hacer cosas (apatía), cansancio físico, aumento de la somnolencia, tristeza, frustración, falta de energía, irritabilidad, aumento del apetito por los dulces …, se prolongan en el tiempo y se intensifican sin otra explicación aparente, es decir, sin que a la persona le hayan sucedido otros factores o causantes de ese desanimo. Así, estos síntomas empiezan a dar la cara con el inicio del otoño y pueden mantenerse más o menos intensamente hasta el inicio de la primavera.

Por otro lado, también se ha relacionado el trastorno afectivo estacional con la falta de luz solar en edificios. Muchos de los edificios en los que vivimos o trabajamos, no tienen fuentes de luz solar, sino que es luz artificial. A poca gente le gusta este tipo de luz para trabajar, nos es incómoda y nos cansa más. Las personas con depresión estacional acusan mucho más los síntomas de la depresión en estos ambientes que en aquellos que haya luz natural.

La fototerapia es una de las terapias más habituales para este trastorno. Esta terapia consiste en que la persona afectada de depresión estacional se exponga a una lámpara de luz de 10.000 lux, durante 30 minutos al comenzar su día. De esta manera el reloj biológico se sincroniza y se deja de segregar melatonina. Es habitual que haya que reforzar este problema con terapia psicológica para ayudar a la persona a recuperar sus rutinas y los hábitos perdidos.

 

 

 

 

 

Jesús Isidro Sánchez de la Blanca

Hablamos con Germán Molina Prados, otro emprendedor de Manzanares, que lucha por hacer lo que más le gusta, en este caso la fotografía. Queremos conocer sus proyectos, su andadura profesional y como no, sus inquitudes.

Cuéntanos un poco sobre ti.

Desde pequeño siempre me ha llamado la atención el mundo del arte en general y el de la fotografía en particular. Me acuerdo de que me encantaba mirar aquellas fotos en blanco y negro que mi padre había hecho en el campo con su pequeña cámara Mamiya. Más tarde empecé a experimentar con una cámara que me regalaron y así acabé estudiando fotografía en la Escuela Superior de Diseño ‘Antonio López’. Después empecé a trabajar en la televisión local de Manzanares detrás de las cámaras, algo por lo que seguro mucha gente me reconocerá. Al mismo tiempo no dejaba de lado la fotografía, aunque fue después de salir de la televisión cuando volví a estudiar más cosas sobre fotografía. Sobre todo orientado al mundo de la fotografía de bodas, porque me di cuenta de que había cambiado mucho ese mundo y me producía curiosidad poder fotografiar parejas, captar su amor, su complicidad… Y en eso es en lo que estoy, en poder atrapar con mi cámara esos momentos mágicos que son las bodas.

¿Cómo surge la idea de tu negocio?

Después de acabar de trabajar en la televisión debo confesar que al principio andaba un poco perdido, sin saber bien hacia dónde ir, pero pronto me di cuenta de que era el momento de reiniciar y dedicarme a lo que realmente me gustaba: la fotografía. Me fui a Madrid a hacer el curso internacional de Fotografía de Bodas en EFTI (Centro Internacional de Fotografía y Cine), guiado por grandes artistas del mundo de la fotografía de bodas como Ed Peers o Andrea Corsi y conociendo a compañeras y compañeros increíbles. Me fui enganchando cada vez más, haciendo un portfolio que me enamoraba a pasos agigantados. Me decidí entonces a enrolarme en el mundo del autónomo y montar mi propio negocio de fotografía: Germán Molina fotografía. Nada mejor que tu propio nombre para que tu marca tenga fuerza y personalidad. Seguí haciendo más cursos (flash de mano o redes sociales -tan importantes para mi negocio-) a la vez que iba trabajando. No tengo estudio físico porque soy un enamorado de la luz natural, así que trabajo en exteriores y en casas; y, por supuesto, en los escenarios que cualquier enlace me ofrece.

¿Qué necesidades trata de cubrir tu empresa?

Trato de dar lo mejor de mí a las parejas que me eligen para que cuente sus historias. Porque eso es lo que más me gusta hacer: contar historias, las historias de sus vidas, de su amor, del día más importante del cual me hacen partícipe. Y yo doy el 100 % para que todo quede de lujo. Hago los reportajes de boda completos y me gusta ser yo quien los hace porque mi manera de contar las historias es algo personal. Por eso soy yo mismo el que se ocupa de todo y por eso no hago más de una boda el mismo día, para poder dedicarme por completo a mis parejas. Mi fotografía es fresca y natural, con un toque de fotoperiodismo cuando toca, procurando que no se me escape ningún detalle como las lágrimas en el momento de las lecturas, las sonrisas en los abrazos… No me gusta hacer que la gente pose mucho. Quiero que todo sea muy natural y me encanta descubrir nuevos sitios donde hacer fotos. La naturaleza me encanta y me encanta que mis parejas se pierdan entre plantas, árboles, agua… Trato que mis reportajes sean únicos porque considero que cada pareja es única, con sus vivencias, sus experiencias, su propia ceremonia y por eso me gusta que se vea reflejado que cada historia es diferente.

¿Cuál es el mayor reto al que se enfrenta tu empresa?

Puedo decir que hay mucha competencia y, además, muy buena, pero creo que el mayor reto tanto para mí como para mis compañeras y compañeros de profesión es que el mundo de las imágenes está muy saturado hoy en día. Mucha gente tiene cámaras con las que hace sus fotos (o incluso con sus móviles), y creo que tenemos que marcar la diferencia entre una fotografía bien hecha y una que no lo está. Debemos reivindicar nuestra profesión, hacer valer nuestro trabajo y que la gente sepa apreciarlo. A la vez, hacerse un hueco en internet también es complicado. Hay muchas imágenes y hay que destacar, pero creo que para eso el trabajo bueno y constante hace que llegues donde quieres estar. Tengo mi propia página web (www.germanmolinafotografia.com) y también dos cuentas de Instagram (@germanmolinafotografia para bodas y @germanmolinaportraits para un trabajo de retratos más personal).

¿Qué propuestas o iniciativas se te ocurren para dinamizar o impulsar la actividad empresarial en Manzanares?

Creo que, sin duda alguna, desde el Vivero de Empresas de Manzanares se trabaja a diario para que la actividad empresarial de la localidad no pare de crecer y mejorar. Pienso que es primordial que se nos informe de todo lo que necesitamos para evolucionar, que se organicen cursos y, sobre todo, que se nos ayude a movernos en el mundo digital, ya que creo que ahora mismo es el presente y el futuro de cualquier negocio.

¿Es Manzanares buena plaza para emprender?

Puedo decir sin temor a equivocarme que disponemos de un buen tejido empresarial y que, además, estamos muy bien conectados. Por no decir que hoy en día a través de internet podemos llegar a cualquier rincón, lo cual es mi pretensión: expandirme y poder hacer bodas en cualquier lugar de la geografía española o mundial.

Cayetano Inarejos

En un día determinado del mes de febrero de 2020, oímos noticias a través de la radio y televisión de un virus nuevo que se había detectado en China en Wuhan capital de la provincia de Hubei.

La distancia de Wuhan a Manzanares en línea recta es de unos 10.035 Km., pero si utilizamos necesariamente la línea de conducción que necesariamente tiene que hacer la curvatura de la tierra, serian 12.687 Km., hasta Madrid y a Manzanares unos 12.862 Km., que los expertos calculan se tardaría unas 147 horas en vehículo terrestre y unas 10 horas por vía aérea.

Pero esto no es al asunto en sí, la cuestión es que, si las autoridades chinas y en nuestra parte mas occidental nos empezamos a enterar en febrero, los chinos ya lo sabían en diciembre.

Mientras las autoridades comienzan a dar la importancia, que nosotros no sabemos la difusión y la velocidad del corona-virus, se empieza a reaccionar el día 9 de marzo y el día. Pero no es hasta el día 14 de marzo, cuando se saca el real decreto.

Pero ya el día de la víspera empieza el nerviosismo consumista y en el amanecer del día 14, las colas en los supermercados de esta localidad, son inimaginarios, personas pegados unos a otros sin guardar la distancia recomendada y su inmensa mayoría sin mascarillas, ni guantes (puedo entender que no se pusieran mascarillas ante la falta, pero guantes de látex que se utilizan para fregar el menaje, y otras funciones del hogar).

Me llegan wasaps con fotos y es increíble, y uno de mis amigos me pone “las colas del razonamiento”.

Y acto seguido me llega lo que me contaba mi bendita madre, sobre el racionamiento y las largas colas y cuando llegabas y tenías cartilla de racionamiento, tenías derecho a un mollete de pan por persona para no se sabía cuando habría otra vez pan, arroz y alguna otra legumbre eso lo que tocase y poco, no poquísimo.

Luego podrían llegar las gachas que se hacían con una harina de algarrobas, o depende de la época, recogían collejas (verdura vegetal que crecía por distintas partes de nuestros inexplotados campos de manera silvestre), pero solo hervidas o cocidas, ya que el freír con aceite era algo impensable y si quedaba un cuscurro del mollete, antes mencionado.

El pan, base de la dieta, era el bien mas preciado y por consecuencia más escaso.

Otra circunstancia que me contaban, fue que al escasear el pan en Manzanares, en Valdepeñas lo había en relativa abundancia y sin pegas ni colas de espera. Pues mi padre toma la decisión ante las diversas bocas que había en la familia que alimentar, de cogerse una mula y equipado con dos talegos, aquellos que se utilizaban para llevar el rollizo pan de cruz y que cabían siete por talego y campo a través, para evitar controles por los caminos centrales y carretera.

Lo consigue y llega al atardecer a su casa y ante el alborozo de los hermanos pequeños y su madre, el padrastro observa que a uno de los panes le falta un trozo, ese que se corta al empezar el pan redondo como una barquita rellena de miga. Pregunta que le ha pasado a ese pan y le responde que era lo único que había tomado en todo el día lo había compartido con la mula. Respuesta: Aquí o comemos todos o no come nadie.

A la tarde del día 14 de marzo las estanterías de los supermercados de Manzanares estaban vacíos, como arrasados, al preguntar que se había llevado la gente en general. Respuesta: “PAPEL HIGIÉNICO”- ¿Cómo inquiero, incrédulo? Si, en cantidades muy altas.

Alucinando me alejo y me voy a otro de la periferia y con idéntico resultado:

Me pregunto:

¿Es el papel higiénico el pan de nuestro tiempo?

 

Enclaustrado pero todavía libre lo escribo el día 25 de marzo del 2020.

 

 

 

 

                                               Manuel Rodríguez Mazarro

Tan rápido se cambian las formas y maneras de vivir como la evolución de nuestra mentalidad. Se pasó el aroma navideño. Los ocho meses, 254 días en funciones sin funcionar los políticos de altura y cobrando. Ya nos encontramos en el año 20-20, nueva década, bisiesto para más “inri”. En muchas cosas fuimos a mejor, sobre todo en tecnología, igual que en otras, como en comportamiento, civismo y educación, andamos como los cangrejos.   

Se me rompió el ordenador y recurrí a mi artilugio “Hispano-Olivetti”, máquina de escribir que compré a Teódulo González, tienda en la calle Toledo. La conservo  posiblemente momificada como el Caudillo. –¡Sorpresa!, aún recordaba sus formas y manejo. De momento me sacó del atolladero y crucé los dedos para un futuro próximo.  

Viene a cuento por recuerdos y cambios que los mayores estamos atravesando y con la rapidez que se realiza la transformación de políticos actuales a la “sopa boba” comparados con aquellos que no tenían ni sueldo. Estas cosas de la coalición es el arte de llevar el zapato izquierdo en el pie derecho sin que salgan juanetes.

Aunque vivamos en Manzanares no deja de ser un pueblo de Castilla-La Mancha, con sus muchos regidores que gobiernan que son los que manejan el dinero de nuestros impuestos y los ingresos son los mismos. Es un pensamiento que me hago cuando el hemiciclo del congreso se queda chico, los dineros que nos debe costar mantener todo aquél colegio insultándose mutuamente, el de “me importa un comino” y se llaman “señoría”.

 El resultado de este negocio está claro, al final nos llaman la atención y tendremos que pagar los intereses del dinero que nos prestaron. –¡resultado y acuerdo!, subida de impuestos, con todo lo que nos dijeron en las varias elecciones.

En ocasiones, en mi propio pueblo, cuando veo en los plenos lo expuesto en acuerdos, movimiento de fichas del puzle, los sudockus, juntas y pegas. Pienso que todo está manipulado, estudiadas las preguntas y respuestas con anterioridad, por lo tanto el secretario anota, por unanimidad, no hay más que rascar.

“Moraleja”: –Volviendo al movimiento político de la metamorfosis que actualmente dirigirán las mesas con el nuevo presidente que serán varios, después del letargo del capullo a la mariposa, opino que es cuestión de magia. Son como los matrimonios actuales, se pueden tirar años de noviez, viviendo cada cual con sus padres. En cuanto deciden casarse y formar familia, no sé qué pasa, al poco tiempo deciden separarse y otra vez vuelven con los padres.

 

                                            

 

 

 

   

Consoly León Arias

 Tras días de reuniones familiares y celebraciones, el 2020 comienza de igual modo que se despidió, afrontando nuevos gastos, aunque esta vez, por una maravillosa causa. Un nacimiento.
La reflexión me asaltó, adquiriendo un regalo para un neonato, que entre oropeles, encajes y fragancia de Nenuco, me sumergía de lleno, en este fenómeno consumista que engulle nuestra sociedad, a golpe de tarjeta de crédito.    
Veloz, me dirigí al hospital para conocer al nuevo retoño de la familia, enredada en el fulgor que desprendía el obsequio que me acompañaba.
Una vez en la maternidad, mi sorpresa se incrementó al encontrar abarrotada una pequeña habitación, con infinidad de presentes para un rorro y su madre, a los cuales era complicado acceder entre la muchedumbre, creando un ambiente de hostilidad para el recién nacido. 
 Observé atónita la escena, desde una esquina de la habitación, reconvertida en el camarote de los hermanos Marx, donde el ambiente se iba cargando con una  mezcla indescriptible de perfumes, el incómodo olor a tabaco impregnado en las ropas de los fumadores, los estornudos anunciantes de los primeros resfriados del año, las voces desproporcionadas de los congregados en aquel cubículo, tan nocivas para el pequeño, a lo que se sumaron los omnipresentes e inoportunos sonidos de WhatsApp, como una gran falta de respeto. 

Deberíamos reflexionar y tener la valentía de saber decir NO, cuando la situación nos supera, o simplemente, necesitamos un poco de calma para asimilar los acontecimientos

Por si este escándalo fuese poco, la mitad de los presentes se encontraban realizando fotos y videos, a una bellísima criatura, tan pequeña como indefensa, cuando afortunadamente, entró en escena una matrona, invitando a desalojar aquella habitación y procurar el descanso de la madre y su querubín que comenzaba a llorar, como muestra del agobio, lo que su madre remedió, como sólo las madres saben hacer, con mucho amor, ante la impasibilidad de las visitas, reacias a marcharse.      
He de señalar, que como madre que soy de un precioso niño, dicha circunstancia no me era ajena, pues la viví de un modo semejante en mi momento. Ante esta situación que puede tornarse incómoda para los verdaderos protagonistas del momento, deberíamos reflexionar y tener la valentía de saber decir NO, cuando la situación nos supera, o simplemente, necesitamos un poco de calma para asimilar los acontecimientos, y disfrutar de los primeros gestos de nuestro hijo.        
¿Somos capaces de empatizar con el recién nacido y su madre?, ¿Alguien observa que está en juego la salud del bebé cuando lo exponemos al contacto de la multitud?,  ¿Sabemos que el ruido desfavorece la lactancia materna?, ¿Tenemos presente que un neonato y su madre necesitan tiempo para adaptarse a su nueva realidad y conocerse?.       
Estoy de acuerdo, en que a veces actuamos así movidos por la alegría, pero no debemos olvidar  ser coherentes y consecuentes, pensando siempre en el bienestar de madre e hijo.
Desde estas líneas aplaudo el encomiable trabajo que realiza el personal sanitario, y especialmente, las matronas/es y enfermeras/os, distinguidos en este 2020 por la OMS.
Gracias a ellos, las madres, vivimos del modo más idílico posible nuestra primera cita con el verdadero amor de nuestras vidas.