Entradas

Por Pedro Lozano Martín-Buro

 

Bartleby, el escribiente es un libro de Herman Melville, autor de Moby Dick. Este cuento narra la historia de un empleado ejemplar de un despacho de Abogados de Wall Street, que de un día para otro decidió no cumplir sus obligaciones de una manera surrealista. Cuando su jefe le pedía que examinara un documento, Bartleby comenzó a contestar lacónicamente de la siguiente manera «Preferiría no hacerlo» (I would prefer not to, en el original). A partir de entonces, a cada nuevo requerimiento, contestaba únicamente esta frase, “Preferiría no hacerlo”, aunque continuaba haciendo otras tareas. Bartleby no abandonaba nunca la oficina, se quedaba a vivir allí pero cuando se le requería para hacer algo Bartleby respondía siempre con la misma frase. Preferiría no hacerlo. Esta falta de compromiso también la hemos visto este verano en Manzanares en relación con el botellón, la pandemia y los problemas de seguridad sanitaria con los vecinos del paseo del río. La respuesta del Ayuntamiento como si del mismo Bartleby se tratara fue similar. Vean.

Ante la preocupación generalizada por los rebrotes surgidos en todo el territorio nacional relacionados con el ocio nocturno y que estaba afectando a grupos de población cada vez más jóvenes, se pidió en el Pleno que se hiciera una valoración sobre los riesgos de la celebración del botellón en Manzanares en el barrio vecinal de la Isla Verde. La respuesta fue de traca, al estilo Bartleby, “el botellón es un acto de socialización…si las circunstancias cambian y hay que prohibir el botellón, lo haremos”.

La calidad de vida de los vecinos del paseo del río y la seguridad sanitaria del resto de la población no importaban, prevalecía la socialización de los jóvenes.

Ver para creer, parece que no disponían de las gafas adecuadas para ver la realidad y acercarse a la lógica con sentido común ya que no sólo no se preocuparon por los problemas de esos vecinos y de la seguridad sanitaria del resto de la población, sino que cegados olvidaron que estamos en una pandemia y que más vale prevenir que curar. No era el momento de debatir sobre botellón sí o botellón no, era el momento de anticiparse, de mirar a largo plazo. No era política, es algo natural que caía por su propio peso.

Días más tarde, afortunadamente la situación se recondujo y el Ayuntamiento de Manzanares rectificó y decidió expedir un decreto de alcaldía por el que se prohibía el botellón, bien porque las circunstancias cambiaron y no lo supimos, por sentido común o simplemente porque analizaron lo que otros pueblos y ciudades estaban haciendo.

El botellón es algo difícil de resolver, es un problema que existe en todas las poblaciones y no le exijo al Ayuntamiento que encuentre la fórmula que nadie tiene. Es otro debate. Era algo más sencillo o más difícil, según se mire. Estamos en un momento único, en plena pandemia, donde no hay que actuar como Bartleby, el escribiente, hay que dar lecciones de liderazgo visible, previniendo problemas futuros y tomando decisiones comprometidas.

 

Por Pablo Nieto-S. Gutiérrez

Desconocía el número real de epidemiólogos que había en España. Me ha parecido increíble saber que pululan por las redes sociales grandes profesionales de la biomedicina y la microbiología. Son muchas las personas que, sentando cátedra y valiéndose del presentismo, ofrecen soluciones y remedios bien fundamentados a la población ante esta grave crisis del coronavirus. ¡Qué lástima que no estén en el Palacio de la Moncloa dando estos maravillosos consejos en las ruedas de prensa! No sabemos lo que nos perdemos.

Desconocía que nuestros políticos de la oposición tuvieran un conocimiento tan sólido —desde el principio— sobre el desarrollo de esta pandemia y me asombra que actuaran como si nada hasta que el gobierno tomó las primeras medidas. Ahora lo critican por lento… ¡qué extraño! Además, veo por las redes sociales cómo difunden verdades a medias y cómo la docta gente del primer párrafo las retransmite fervorosamente…

Desconocía la sapiencia de los tertulianos que, por videoconferencia, llenan las mesas de debate. Hace apenas dos meses parecían conocer todos los entresijos de la política y la economía mundiales. Hoy, descubro que conocen también todo lo relativo a esta pandemia.

Cual hombres renacentistas, duchos en todas las artes y ciencias, estos eruditos muestran, de manera divulgativa, toda su sabiduría. ¡Qué honor es poderlos oír por la tele y qué pena no encontrarlos en la Moncloa donde sus decisiones tendrían la relevancia que merecerían!

Desconocía el atraso tecnológico de la Moncloa… ¡y es la sede de la Presidencia del Gobierno! Se prohibieron por motivos sanitarios las ruedas de prensa y los periodistas tuvieron que mandar las preguntas previamente en lugar de seguirla por videoconferencia. Menos mal que el gallardo secretario de Estado de comunicación estaba preparado, raudo y veloz, para transmitir una selección de ellas a las autoridades para que pudieran informar pormenorizadamente de todos los detalles que daban a conocer. No sé muy bien por qué, pero El Mundo y ABC dejaron de participar en estas ruedas de prensa. Lo que sí sé es que inmediatamente adaptaron la sala para que pudiera seguirse vía telemática y estos medios volvieron. ¡Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad!, como decía Don Hilarión en La Verbena de la Paloma.

Pero, sobre todo, desconocía la capacidad de (casi) todos los españoles para cumplir con las estrictas medidas que el gobierno impuso para frenar la enfermedad. Desconocía que pudiéramos tragarnos nuestras ganas de ver la calle —y juntarnos— y quedarnos en casa perdiéndonos fiestas, celebraciones familiares, paseos, compras, … También desconocía que algunos tuvieran redaños para saltarse a la torera tales restricciones necesarias, pero, como en La historia interminable, eso es otra historia que deberá ser contada en otra ocasión…

 

Por Úrsula López

Trabajo desde hace más de 20 años en Atención Primaria. La Atención Primaria nos brinda tradicionalmente la oportunidad de poder desarrollar un estrecho contacto con el paciente, una confianza mutua y nos permite incorporarnos a sus vidas y acompañarles, a veces, en momentos alegres y en otras ocasiones en momentos dolorosos y difíciles.

Aunque aparentemente nuestra labor no es tan mediática como la que estamos viendo en estos días de los hospitales, es una atención más cercana y familiar, y en las circunstancias actuales está siendo determinante para asegurar la atención y el seguimiento de los pacientes, y para que los servicios de urgencias no se colapsen.

Nuestro día a día en los Centros de Salud se ha modificado de forma sustancial.

No solo en algo tan evidente como nuestro aspecto físico, en el que hemos cambiado ropa de calle, hemos eliminado cualquier atisbo de maquillaje, pendientes y cadenas, y los hemos sustituido por mascarillas, gorros y gafas protectoras.

Hemos hecho cotidianos actos como el de limpiar y desinfectar continuamente todo aquello que usamos o tocamos.

Hemos cambiado la forma en la que nos relacionamos entre nosotros, intentando mantener siempre la distancia adecuada de seguridad, incluso en las reuniones informativas.

Pero lo que más ha cambiado es la gestión en la consulta diaria. El objetivo es el de evitar las consultas presenciales, siempre que se pueda, y ayudar de este modo a que la gente pueda seguir estando atendida sin salir de casa.

Por eso nuestra principal herramienta de trabajo está siendo el teléfono, al que nos pasamos pegados largas horas durante la jornada; con él intentamos ofrecer consuelo, transmitir confianza en estos momentos de miedo y dudas; nos proporciona a veces alegrías y tranquilidad, cuando vemos que el paciente está evolucionando de forma satisfactoria, y a veces preocupación o incertidumbre, si lo que oímos al otro lado es una voz entrecortada por la dificultad respiratoria, como posible signo de complicación de la infección por coronavirus.

En estas ocasiones informas al paciente de que vas a realizar una consulta en su domicilio para valorar la situación o le sugieres en situaciones más graves, que acuda al servicio de urgencias hospitalario, aunque no es raro que toque pactar y negociar, porque hay quien prefiere esperar en sus casas. La gente está aguantando en estos días mucho más de lo razonable. Piden perdón mil veces por estar malos, por necesitar atención, por distraerte, como dicen, con todo lo que hay que hacer, también con sus problemas. Como si fuera su culpa encima el haber enfermado.

En los peores momentos a través de él nos llega el mensaje del fallecimiento de un familiar y solo podemos ofrecer consuelo.

Son momentos de impotencia, miedos y lágrima fácil.

También de compartir sentimientos y preocupaciones: La celadora, que tiene a su hermana ingresada y que da gracias los lunes por estar  bien y poder comenzar la semana trabajando; la enfermera que lleva 3 semanas  viviendo en habitaciones separadas de su marido, por miedo a contagiarle; la administrativa que está infectada y se siente culpable por ello y no poder estar trabajando, con la falta que hace; el médico que está ingresado por una infección por Covid 19, y todavía se preocupa por ti, por si te lo ha pegado en la última guardia juntos.

Todos vamos con las máximas precauciones, pero es inevitable el miedo de llegar a casa y poder contagiar a tu propia familia. Tanto es así que algunos han optado por enviar a sus hijos fuera, a pesar de no poder verles en semanas.

Yo, echo de menos poder ver a mi madre más allá que desde la calle. Echo de menos sentarme con mis hijos a ver una peli todos juntos en el sofá o darles un beso de buenas noches.

Pero si hay algo que esta situación nos ha  demostrado, es la gran generosidad de la gente: Está siendo un regalo poder contar con el apoyo inestimable y el compromiso no solo de todos mis compañeros del Centro de Salud, desde la Unidad Administrativa hasta el personal de limpieza, sino también con el de un montón de ciudadanos, que están apoyándonos y contribuyendo a que podamos trabajar mejor y a que podamos trabajar protegidos, y a los que damos las gracias una y mil veces.

Trabajando todos juntos lograremos superar esto algún día. Y junto a este deseo de esperanza, el recuerdo especial para todos aquellos que ya no podrán acompañarnos y un beso enorme a sus familiares en estos duros momentos de  dolor y soledad.

 

 

                                                                      

 Jesús Sánchez-Migallón Sánchez- Gil

Cuando este artículo se está gestando, aun suenan y leemos en los móviles las múltiples felicitaciones por Nochebuena, los deseos para el comienzo del nuevo año y los parabienes para el día de Reyes. Pero como la resaca no es propiedad de ninguna época del año, febrerillo el loco, quizás sea buen mes para dar a conocer esta situación en la que ninguno nos deberíamos ver nunca.

Pero no todos pueden decir que han pasado agradablemente alguna de esas noches. Sobe todo los que se han excedido en la ingesta de alcohol, habitualmente los jóvenes, (los que hemos pasado esa época de la vida, la experiencia nos dice que es preferible no excederse en la bebida, que pasar un resacón)

Cuanto más alcohol se ingiere, más probabilidades de sufrir resaca al día siguiente. Independientemente de los efectos agudos del alcohol, como el coma etílico, la desinhibición, la perdida de reflejos y los consecuentes accidentes de tráfico, los síntomas de la resaca aparecen cuando la tasa de alcohol en sangre está bajando y llega prácticamente a cero. Eso ocurre habitualmente a la mañana siguiente y puede dar todos o algunos de los siguientes síntomas:

Dolor de cabeza y de todo el cuerpo, estado nauseoso y vómitos, mucha sed, cansancio y debilidad, mareo, bajada del estado de ánimo e irritabilidad, palpitaciones cardíacas, temblores, dificultad para conciliar el sueño o por el contrario sueño excesivo, aumento de la sensibilidad a los ruidos y a la luz.

La resaca no es más que una reacción de nuestro organismo a una sustancia toxica, el etanol, que, para metabolizarlo y expulsarlo, se trasforma en acetaldehído, también toxico, y entre uno y otro son los causantes de que se orine más, con la consiguiente deshidratación ( por eso produce mareo, sed, aturdimiento) o irritación del estómago ( de ahí el retardo en la evacuación, produciendo nauseas, vómitos y dolor abdominal) o bajada de azúcar en sangre, o dilatación de los vasos sanguíneos de la cabeza, produciendo el típico dolor de cabeza de las resacas.

Hay unas condiciones previas que agravan la resaca, que pueden agravarlo, como beber con el estómago vacío, ya que favorece la rápida absorción, o la asociación con tabaco u otras sustancias toxicas, y la mezcla de diferentes bebidas alcohólicas.

Pocas formas hay de prevenirla, únicamente hacer un consumo muy moderado y responsable del alcohol de alta graduación, comer antes y durante la ingesta de alcohol alimentos ricos en hidratos de carbono, evitando las grasas y beber abundante agua, que elimina la sensación de sed, hidrata y ayuda a la eliminación del alcohol en sangre.

La resaca con alcohol no se cura. Únicamente remedios naturales como ingesta de frutas, abundantes líquidos y reposo pueden hacer mejorar ese tránsito entre la borrachera y la normalidad.

¿ La mejor elección? No beber.

Quizás este articulo hubiera sobrado, si las campañas educativas tanto a nivel de familias, centros escolares, sanitarios y juveniles estuvieran dando resultado. Analicemos que estamos haciendo mal, padres, educadores, profesionales…

¿Es tan difícil concienciar a nuestros jóvenes de lo poco saludable y las consecuencias que para su salud tiene el consumo abusivo de alcohol?

                                                      

 

 

 

 

 

Mayte Criado

Psicóloga

   -Si preguntamos a las personas que hay nuestro alrededor acerca de cuál es su estación del año favorita, segura estoy que, en su mayoría, la respuesta será unánime; el verano. La falta de luz y el frío, sin duda, repercuten en nuestro estado de ánimo, aunque no a todos por igual.

Hay personas a las que la temperatura y la estación del año prácticamente no les afecta a su estado de ánimo, pero hay otras que pueden llegar a vivirlo tan intensamente que sufren el conocido como Trastorno afectivo estacional (TAE). A medida que la estación del año va acortando los días y haciendo que éstos sean más fríos, la cantidad de serotonina que segrega nuestro cuerpo es inferior a la segregada en otras estaciones del año. Además, al haber más horas de oscuridad, el cerebro segrega más melatonina (que se activa por la noche y es la hormona que nos ayuda a dormir) y por eso sentimos más somnolencia y más cansancio durante esta época del año.

Los síntomas depresivos tales como: falta de ganas de hacer cosas (apatía), cansancio físico, aumento de la somnolencia, tristeza, frustración, falta de energía, irritabilidad, aumento del apetito por los dulces …, se prolongan en el tiempo y se intensifican sin otra explicación aparente, es decir, sin que a la persona le hayan sucedido otros factores o causantes de ese desanimo. Así, estos síntomas empiezan a dar la cara con el inicio del otoño y pueden mantenerse más o menos intensamente hasta el inicio de la primavera.

Por otro lado, también se ha relacionado el trastorno afectivo estacional con la falta de luz solar en edificios. Muchos de los edificios en los que vivimos o trabajamos, no tienen fuentes de luz solar, sino que es luz artificial. A poca gente le gusta este tipo de luz para trabajar, nos es incómoda y nos cansa más. Las personas con depresión estacional acusan mucho más los síntomas de la depresión en estos ambientes que en aquellos que haya luz natural.

La fototerapia es una de las terapias más habituales para este trastorno. Esta terapia consiste en que la persona afectada de depresión estacional se exponga a una lámpara de luz de 10.000 lux, durante 30 minutos al comenzar su día. De esta manera el reloj biológico se sincroniza y se deja de segregar melatonina. Es habitual que haya que reforzar este problema con terapia psicológica para ayudar a la persona a recuperar sus rutinas y los hábitos perdidos.

 

 

 

 

 

Cayetano Inarejos

En un día determinado del mes de febrero de 2020, oímos noticias a través de la radio y televisión de un virus nuevo que se había detectado en China en Wuhan capital de la provincia de Hubei.

La distancia de Wuhan a Manzanares en línea recta es de unos 10.035 Km., pero si utilizamos necesariamente la línea de conducción que necesariamente tiene que hacer la curvatura de la tierra, serian 12.687 Km., hasta Madrid y a Manzanares unos 12.862 Km., que los expertos calculan se tardaría unas 147 horas en vehículo terrestre y unas 10 horas por vía aérea.

Pero esto no es al asunto en sí, la cuestión es que, si las autoridades chinas y en nuestra parte mas occidental nos empezamos a enterar en febrero, los chinos ya lo sabían en diciembre.

Mientras las autoridades comienzan a dar la importancia, que nosotros no sabemos la difusión y la velocidad del corona-virus, se empieza a reaccionar el día 9 de marzo y el día. Pero no es hasta el día 14 de marzo, cuando se saca el real decreto.

Pero ya el día de la víspera empieza el nerviosismo consumista y en el amanecer del día 14, las colas en los supermercados de esta localidad, son inimaginarios, personas pegados unos a otros sin guardar la distancia recomendada y su inmensa mayoría sin mascarillas, ni guantes (puedo entender que no se pusieran mascarillas ante la falta, pero guantes de látex que se utilizan para fregar el menaje, y otras funciones del hogar).

Me llegan wasaps con fotos y es increíble, y uno de mis amigos me pone “las colas del razonamiento”.

Y acto seguido me llega lo que me contaba mi bendita madre, sobre el racionamiento y las largas colas y cuando llegabas y tenías cartilla de racionamiento, tenías derecho a un mollete de pan por persona para no se sabía cuando habría otra vez pan, arroz y alguna otra legumbre eso lo que tocase y poco, no poquísimo.

Luego podrían llegar las gachas que se hacían con una harina de algarrobas, o depende de la época, recogían collejas (verdura vegetal que crecía por distintas partes de nuestros inexplotados campos de manera silvestre), pero solo hervidas o cocidas, ya que el freír con aceite era algo impensable y si quedaba un cuscurro del mollete, antes mencionado.

El pan, base de la dieta, era el bien mas preciado y por consecuencia más escaso.

Otra circunstancia que me contaban, fue que al escasear el pan en Manzanares, en Valdepeñas lo había en relativa abundancia y sin pegas ni colas de espera. Pues mi padre toma la decisión ante las diversas bocas que había en la familia que alimentar, de cogerse una mula y equipado con dos talegos, aquellos que se utilizaban para llevar el rollizo pan de cruz y que cabían siete por talego y campo a través, para evitar controles por los caminos centrales y carretera.

Lo consigue y llega al atardecer a su casa y ante el alborozo de los hermanos pequeños y su madre, el padrastro observa que a uno de los panes le falta un trozo, ese que se corta al empezar el pan redondo como una barquita rellena de miga. Pregunta que le ha pasado a ese pan y le responde que era lo único que había tomado en todo el día lo había compartido con la mula. Respuesta: Aquí o comemos todos o no come nadie.

A la tarde del día 14 de marzo las estanterías de los supermercados de Manzanares estaban vacíos, como arrasados, al preguntar que se había llevado la gente en general. Respuesta: “PAPEL HIGIÉNICO”- ¿Cómo inquiero, incrédulo? Si, en cantidades muy altas.

Alucinando me alejo y me voy a otro de la periferia y con idéntico resultado:

Me pregunto:

¿Es el papel higiénico el pan de nuestro tiempo?

 

Enclaustrado pero todavía libre lo escribo el día 25 de marzo del 2020.

 

 

 

 

Consoly León Arias

 Tras días de reuniones familiares y celebraciones, el 2020 comienza de igual modo que se despidió, afrontando nuevos gastos, aunque esta vez, por una maravillosa causa. Un nacimiento.
La reflexión me asaltó, adquiriendo un regalo para un neonato, que entre oropeles, encajes y fragancia de Nenuco, me sumergía de lleno, en este fenómeno consumista que engulle nuestra sociedad, a golpe de tarjeta de crédito.    
Veloz, me dirigí al hospital para conocer al nuevo retoño de la familia, enredada en el fulgor que desprendía el obsequio que me acompañaba.
Una vez en la maternidad, mi sorpresa se incrementó al encontrar abarrotada una pequeña habitación, con infinidad de presentes para un rorro y su madre, a los cuales era complicado acceder entre la muchedumbre, creando un ambiente de hostilidad para el recién nacido. 
 Observé atónita la escena, desde una esquina de la habitación, reconvertida en el camarote de los hermanos Marx, donde el ambiente se iba cargando con una  mezcla indescriptible de perfumes, el incómodo olor a tabaco impregnado en las ropas de los fumadores, los estornudos anunciantes de los primeros resfriados del año, las voces desproporcionadas de los congregados en aquel cubículo, tan nocivas para el pequeño, a lo que se sumaron los omnipresentes e inoportunos sonidos de WhatsApp, como una gran falta de respeto. 

Deberíamos reflexionar y tener la valentía de saber decir NO, cuando la situación nos supera, o simplemente, necesitamos un poco de calma para asimilar los acontecimientos

Por si este escándalo fuese poco, la mitad de los presentes se encontraban realizando fotos y videos, a una bellísima criatura, tan pequeña como indefensa, cuando afortunadamente, entró en escena una matrona, invitando a desalojar aquella habitación y procurar el descanso de la madre y su querubín que comenzaba a llorar, como muestra del agobio, lo que su madre remedió, como sólo las madres saben hacer, con mucho amor, ante la impasibilidad de las visitas, reacias a marcharse.      
He de señalar, que como madre que soy de un precioso niño, dicha circunstancia no me era ajena, pues la viví de un modo semejante en mi momento. Ante esta situación que puede tornarse incómoda para los verdaderos protagonistas del momento, deberíamos reflexionar y tener la valentía de saber decir NO, cuando la situación nos supera, o simplemente, necesitamos un poco de calma para asimilar los acontecimientos, y disfrutar de los primeros gestos de nuestro hijo.        
¿Somos capaces de empatizar con el recién nacido y su madre?, ¿Alguien observa que está en juego la salud del bebé cuando lo exponemos al contacto de la multitud?,  ¿Sabemos que el ruido desfavorece la lactancia materna?, ¿Tenemos presente que un neonato y su madre necesitan tiempo para adaptarse a su nueva realidad y conocerse?.       
Estoy de acuerdo, en que a veces actuamos así movidos por la alegría, pero no debemos olvidar  ser coherentes y consecuentes, pensando siempre en el bienestar de madre e hijo.
Desde estas líneas aplaudo el encomiable trabajo que realiza el personal sanitario, y especialmente, las matronas/es y enfermeras/os, distinguidos en este 2020 por la OMS.
Gracias a ellos, las madres, vivimos del modo más idílico posible nuestra primera cita con el verdadero amor de nuestras vidas.  

 

Diego R. Gallego Fdez-Pacheco

Es bastante difícil y duro de asimilar que en el periodo en el cual una persona tiene más necesidad de privacidad e intimidad, que es sin duda  cuando tienen que hospitalizarla o  ingresarla en una residencia de mayores,  este obligada a compartir habitación y aseo con otra persona desconocida y extraña para ella.

Es evidente que las razones de ese sinsentido en la sanidad y en las residencias de mayores públicas, son de tipo económico y presupuestario. No obstante, se argumenta que eso no es lo fundamental, que lo importante es la calidad de la atención sanitaria, la inversión en tecnologías avanzadas, el contar con personal sanitario cualificado, y es cierto que en España estamos en todo eso a un buen nivel, y con respecto a los mayores, que es un privilegio tener una plaza en una residencia pública, dada su escasez.        

Sin embargo, en hospitales y  residencias privadas se ofertan habitaciones individuales, porque los usuarios consideran que no es razonable a estas alturas del siglo XXI, tener que soportar, estando hospitalizado o ingresado en una residencia, las molestias y la incomodidad añadida de un compañero de habitación indeseado,  con problemas y costumbres distintas de las propias, con horarios y visitas que pueden hacerse insufribles, con el riesgo de infecciones y la falta de privacidad e intimidad elementales.

En estos momentos, en los que hay tanto rigor y exigencia  en lo relativo a la protección de datos, no es comprensible que en un hospital público, personas ajenas tengan que presenciar y conocer el proceso de la enfermedad y de la curación de otra persona, o que alguien en la etapa final de su existencia tenga que compartir sus hábitos de vida con el compañero que aleatoriamente le adjudiquen.

Si se reconoce, como no puede ser de otro modo, la realidad y la necesidad de que un porcentaje muy elevado de las habitaciones en estos centros públicos sean individuales, en beneficio del bienestar y la dignidad de los usuarios, habrá que  priorizar y destinar los presupuestos precisos para que en un plazo posible y razonable se pueda corregir la situación actual. Es obvio que hay muchas partidas en los presupuestos de las administraciones públicas que no son tan importantes como las referidas y de las que podrían detraerse cantidades significativas para destinarlas a que las personas que tienen que ingresar en un hospital o ir a vivir a una residencia de mayores lo hagan con la mayor dignidad y confortabilidad posibles.

Sería deseable que tanto en nuestro Hospital Virgen de Altagracia, como en la Residencia de Mayores “Los Jardines”, que ahora va a ampliarse en 30 habitaciones dobles, en un futuro no muy lejano, la mayor parte de esas habitaciones se pudieran convertir en individuales.

 

 

                       

                                                                         

Jesús Sánchez-Migallón Sánchez-Gil

Cuando miramos en los estantes y expositores de los SUPER de Manzanares nos encontramos con una cantidad de productos como derivados lácteos, galletas, aceites, que anuncian su composición y enriquecimiento en Omega-3. Y ello asociado siempre a unos beneficios para la salud el bienestar y el rendimiento físico y psíquico.

El Omega-3 esta considerado como esencial, ya que nuestro organismo no puede sintetizarlo de una forma natural, por tanto, es necesario incluirlo en nuestra dieta.

Es un ácido graso que nuestro organismo necesita, pero que no puede producirlo por sí mismo, por lo tanto, tiene que obtenerlo de algunos alimentos que ingerimos como los pescados azules, el salmón, la caballa, los boquerones y los aceites vegetales, las nueces y la soja

Hace unos 50 años se descubrió que los esquimales que vivían en Groenlandia, sus índices de mortalidad por cardiopatías eran muy bajos comparados con resto de la población mundial y ello se asoció con un consumo importante de pescado.

Por ello se llegó a la conclusión que el corazón es el más beneficiado por la ingesta de Omega-3, ya que este ácido graso tiene unas propiedades antiinflamatorias y anticoagulantes, ayuda a reducir los niveles de colesterol y de triglicéridos y al aparecer también ayuda en el control de presión sanguínea. Se controla mejor la diabetes y disminuyen los accidentes cerebrovasculares

Para los medios de comunicación tanto divulgativos como para algunos científicos, este ácido graso, aporta importantes beneficios en los procesos fisiológicos, está en todas las células de nuestro organismo alterando la composición y la funcionalidad de la membrana de dichas células, cambiando su funcionalidad.

Quizás algunos estos beneficios no estén totalmente contrastados y desarrollados por la investigación científica, pero si está claro, que lo que hay que hacer es comer bien, y que una dieta saludable, pude contener el suficiente omega -3 sin necesidad de recurrir a suplementos mediante patillas o añadírselo de forma artificial en la fabricación de determinados alimentos. Es decir, si una persona come de todo y de forma equilibrada no necesitara de ningún suplemento, ni de Omega-3 ni de ningún otro elemento. Aunque  tampoco sean perjudiciales para nuestra salud.

Estos suplementos no tienen demostrada su eficacia al 100%, y la industria alimentaria nos intenta convencer mediante mensajes publicitarios de lo beneficioso que es la leche o los huevos enriquecidos con Omega-3.

Como ejemplo, los contenidos de Omega -3 por 100 gramos de alimentos son:

Salmon fresco: 2,5 gr

Caballa: 2,67 gr

Atún: 1,29 gr

Espinacas: 0,13 gr

Aceite de oliva: 0,76 gr

Nueces: 2 gr

Una Capsula de suplemento de Omega-3: 0,5 gr

Quizás el problema es, que hacer una dieta saludable, no beneficia a nadie (excepto al que la hace)

Por todo ello, llegamos a la conclusión que no hacen falta suplementos, sino una buena, sana y variada alimentación.

Y si además queremos beneficiarnos de las propiedades del Omega -3, esta Navidad comamos sardinas, boquerones, caballa, salmón y atún.

 Y termino, como muchas de mis colaboraciones “Su salud y su bolsillo se lo agradecerán

Mª José Sánchez de la Serrana Rodríguez

Cuando sentimos alguna molestia, preferimos ir al médico y que nos recete una pastilla para mitigarlo. Nunca nos paramos a pensar… ¿Tengo estrés? ¿Estoy hidratado? ¿Hago el suficiente ejercicio físico? ¿Me alimento saludablemente? ¿Duermo las horas suficientes?

Muchas veces nos cuesta demasiado trabajo hacernos responsables de lo que nos pasa y preferimos mirar para otro lado. Si supiéramos el poder de autocuración que tenemos tan solo siendo conscientes de lo que nos pasa.

Todos sabemos los beneficios que nos ofrece hacer ejercicio, no solo a nivel físico sino también a nivel mental: oxigenación de todo el organismo, mejor circulación, más tono muscular, mejora de la presión arterial, liberación de hormonas de la felicidad, prevención del envejecimiento prematuro… Por ello, qué mejor inversión a largo plazo en nuestro organismo que introducir en nuestra rutina semanal caminar, nadar, un paseo en bicicleta o tonificación muscular.

Lo mismo pasa con el tema de nutrición; la tendencia actual y fácil es comprar comida envasada, precocinada, o ir a sitios de comida rápida, donde lo que priman son las calorías vacías, baja calidad nutricional y llenos de potenciadores de sabor. Así nuestro cuerpo no puede sacar lo que necesita y a la larga sentimos más ansiedad por comer, más trastornos y lo peor aún, enfermedades como la obesidad que lleva a otras muchas más. Pensamos que una buena dieta nos dará salud, pero creemos que una mala alimentación no nos la quitará, y hay que decir que ocho de cada diez enfermedades guardan relación con lo que comemos y bebemos.

Es necesario comer alimentos naturales, preparados por nosotros, mirando etiquetas para evitar ingredientes cuya nomenclatura ni entendemos, exceso de azúcares… y de esta manera nuestro metabolismo funcionará mucho mejor, con más energía.

Otro tema que veo frecuentemente, son personas que tienen alguna dolencia muscular, cervical y prefieren tomarse un antiinflamatorio, sin darse cuenta de los efectos secundarios que tienen a la larga esos medicamentos. Sería mucho más recomendable visitar al fisioterapeuta y tratar esa carga muscular o articular y seguir sus recomendaciones. Con una o dos visitas a este profesional y sus pautas físicas como clases de pilates, os aseguro que ese problema podría evitarse.

Y por último, no olvidar tiempo para respirar y relajarse. Hay semanas cargadas de mucho trabajo y estrés; llega el fin semana y la gente en lugar de desconectar va masivamente a centro comerciales a consumir, comprar, salas de cine, a estar rodeada de más y más gente. Lo más beneficioso sería visitar algún paraje natural, dar un paseo, respirar aire puro, estar en silencio y volver cargado con lo mejor.

Nuestro cuerpo es nuestro medio para relacionarnos con el exterior y es importante cuidarlo para poder disfrutar de la vida más y mejor.