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Por Miriam Díaz Benito Palomo

 

El descontento de las bandas de Manzanares ante el abandono de su situación se ha visto incrementado con la decisión tomada por el Ayuntamiento, que ha demostrado tener unas prioridades algo dudosas en lo que al campo de la cultura se refiere.

Es indudable que la cultura es uno de los campos que más ha luchado por adaptarse a la pandemia que se ha instalado en nuestras vidas. Ante el cierre de teatros, cines y conciertos, todos los artistas y compañías han encontrado su hueco en las redes, no sólo para seguir ofreciendo su contenido a un público siempre entregado, sino para poder seguir viviendo de su trabajo.

Sin embargo, la cultura ha sido la gran olvidada para los políticos de este país, que estudiaron primero como sacar a flote otros sectores como el del turismo o el de la vida nocturna. Este orden de prioridades se instaló también en Manzanares. Ante el pequeño respiro que dio el COVID durante la época estival, el pueblo comenzó a organizar su vida de ocio. Sin embargo, no fue este quien decidió qué se podría celebrar y qué no.

El telón de la XLVI Festival Internacional de Teatro Contemporáneo ‘Lazarillo’ se mantuvo cerrado mientras que las puertas de la plaza de toros local se abrieron de par en par. Así, el esfuerzo de organizar un festival de tal magnitud se echó por tierra en el último momento, al igual que el placer de disfrutarlo, abogando por lo que se conoce como el ‘arte nacional’.

¿La razón? El peligro de contagio ante la aglomeración de gente. Pero, ¿en aquella plaza se respetó acaso la distancia de seguridad entre los asistentes? Para sorpresa de muchos, lo que se pudo ver fue que las gradas en las que incidía el sol estaban vacías mientras que el público se aglutinó en la sombra. Entonces, ¿qué llevo al Ayuntamiento local a permitir esta corrida pero no un festival de teatro?

Como tantas veces, los intereses económicos y personales prevalecieron, creando así categorías dentro de la propia cultura. El toreo, cuestionablemente considerado como arte, ha prevalecido por encima de las risas, las lágrimas y las emociones que despierta la cultura de verdad en aquellos a los que les gusta. Los jóvenes y artistas locales se proclamaron contra el gobierno local, ¿dónde queda su espacio? Este verano no se han programado ni conciertos ni ningún otro tipo de acto, e incluso se han cancelado, pero sí se habilitó una jornada de festejos taurinos.

Salvemos entre todos la cultura, porque sin cultura estamos destinados al fracaso como personas y como pueblo. Esta es la frase con la que cierra el comunicado que las bandas de Manzanares firmaron y enviaron al Ayuntamiento. El descontento de estas ante el abandono de su situación en la nueva normalidad solo se ha visto incrementado con la decisión tomada por el ayuntamiento, que ha demostrado tener unas prioridades algo dudosas en lo que al campo de la cultura se refiere.

Sin embargo, el mayor error que se ha cometido en Manzanares es, en mi opinión, considerar una vez más las corridas de toro como ‘arte’ o ‘cultura’. Poner al mismo nivel a un torero que a un pintor, músico o actor es comparar profesiones diametralmente contrapuestos. Mientras que unos crean para el disfrute de los demás, otros maltratan y asesinan. Por ello, si unos crean y otros destruyen ¿ambos son cultura? En mi opinión, no.